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Colores oscuros por 00star00

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Notas del fanfic:

Por razones en donde el plagio se vio intervenido, he decidido borrar todas mis historias de wattpad.com, pero no desespereis? ... Me encuentro en wattpad :3 Un beso y gracias por leer! 

 

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Capitulo 1:Visita al hospital

Suspire nuevamente al ver terminado mi sueño, ese en donde me encontraba siempre empapada bajo la lluvia. Un sueño que irrepetibles veces había atormentado mi subconsciente ya que, por más extraño que lo pareciera, nunca podía recordarlo con claridad.

 

Era tan ilógico que evocara la humedad del sueño pero no mi rostro siendo bañado de arriba a abajo. No recordaba si tenía una sonrisa o si lloraba, tan solo sabía que del cielo oscuro caían gotas feroces sobre mi y que yo trataba de abrir los ojos para enfrentármeles con valentía.

 

Ahí era cuando los rayos tan molestos se metían en mis sueños y me hacían despertar. ¡Qué sueño tan más repetido había tenido a lo largo de 7 años! Mismos en donde insistía mis acciones, que como todas las mañanas, me tallaba los ojos molesta y me resignaba a mi destino, estirándome en la cama para despertar sin ganas.

 

Pero este día era medio diferente. No estaría toda la mañana acostada. Hoy era uno de esos días que me ponían nerviosa desde pequeña. El Día de la visita al Hospital Universal.

 

Como todos los primeros de cada mes, me levante temblando como gelatina, haciendo la cama con leves temblores y encaminándome hacia la cafetera al terminar. Con cierta costumbre, accionaba el botón de la maquina con rapidez y al oírse su sonido, sonreía al oler como se molían los recién comprados granos de café. 

 

No tardaba ni un minuto en moverme hacia la izquierda y abrir los cajones del estante superior, en donde como recordaba, se encontraban todas las tazas que se hallaban protegidas del polvo. 

 

Pocos minutos pasaban cuando ya estaba mi desayuno listo y la radio en mi estación favorita. Esos días siempre terminaba algo más temprano de lo usual, y mientras aspiraba a tragos rápidos mi bebida, usualmente suspiraba por la pesadez en que mi mejor amiga se tardaba en llegar esas mañanas de primeros de mes.

 

—¿Por qué estará tardándose tanto? —Le di un mordisco a la galleta de chocolate al terminar de decir aquello— ¿Le habrá pasado algo?

 

El silencio reino entre mi departamento y yo, siendo costumbre de que fuéramos solo nosotros dos, los que compartiéramos el piso entre pocas palabras y malas sonrisas. Así que no dude en suspirar al terminar de tragar el alimento que todavía mantenía en mi boca. Intranquila por el día que se avecinaba.

 

—¿Nicole? ¿Ya estas lista? ¡Se me hizo tarde!

 

Lla voz melodiosa de Ana se escucho de repente a las afueras del algo pequeño cuarto, junto con las llaves en el picaporte y el sonido de la puerta abrirse tras aquello.

 

—Si, ya estoy... lista —Le dije desilusionada pero aun con la comida en la boca

—No te preocupes —dijo riendo a causa de la cómica escena—. Estoy segura que hoy será un buen día

 

Llego hacia mí y sus manos llegaron a las mías mientras me hacia levantarme de la mesa y me abrazaba con esa delicadeza que la caracterizaba. Mi rostro no esbozaba una sonrisa o algún gesto que mostrara felicidad, solo la tristeza de volver a oír esas mismas palabras desesperanzadas que recordaba desde pequeña.

 

Con la cabeza baja, espere a que Ana terminara de recoger lo que yo misma había tirado y, con cierta vergüenza y tristeza, partimos a aquel odiado recorrido para ir a ese odiado hospital, el cual me ponía los pelos de punta.

 

Odiado recorrido porque lo caminabamos siempre. ¿Saben? El hospital no queda tan lejos de mi hogar pero aun así, Ana siempre me toma de la mano, y yo me dejo hacer. Simplemente con aquellos modernos lentes oscuros que escondían casualmente mi mirada entristecida. Entristecida por la monotonía, por las malas noticias... por el típico día que me hacía desilusionarme cada vez más para dejarme vacía. 

 

¿Pero que es monotonía?

 

A como tengo entendido, es falta de variedad... que no haya cosas nuevas en tu vida y que todo se repita una y otra vez. 

 

¿Porque ese día tenía que ser tan NO tan monótono?

 

Nunca olvidare ese momento, el momento en donde mi vida dejo de ser tan uniforme. Donde mi hombro tuvo que chocar con el suyo. Cuando esa voz, entre juvenil y fría, me hablo a mis espaldas, rompiendo de esa manera, el hechizo de lo constante y aburrido de mi vida.

 

—¡Observa a tus mayores cuando te reprimen! —Sentí sus manos en mis hombros, obligándome a verlo— ¡Que malcriada! ¿No te enseñaron tus padres a disculparte?

 

Padres. Conjunto de personas mayores que se suponía tendrían que estar a mi lado para protegerme.  Mal que yo no los tenía para enseñarme que o no hacer.

 

Baje la mirada, sin tener ese valor que se necesita para sacar las palabras de la garganta y enfrentarle. Manteniéndome sorprendida por la diferencia del día y callada por la impresión, esperando el regaño por parte de aquel hombre que, como se escuchaba, soltaba fuego de la lengua.

 

—¡Eres una escoria! Escoria que no sabe disculparse —soltó poco después de varios regaños con ese tono frío que se grabo en mis oídos como cinta en un cassette

 

Ana, quien había permanecido al igual de inmutada que yo, reacciono en aquel instante para luego proporcionarle una cachetada que resonó en mis pámpanos... escuchando luego un murmuro que le escupía a el joven,  algo mal educado y altanero. 

 

—¡Vámonos Nicole!

 

Accedí a su petición en silencio, sin atreverme a voltear hacia atrás. Con mis pensamientos enfocados en aquella voz helada, en las manos suaves que me habían sostenido para regañarme y en aquel secreto que Ana le habría dicho a aquel chico que, sin golpearme el rostro, había partido sin despedirse.

 

* * *

Seguimos el recorrido en silencio y no falto mucho para llegar a ese hospital, al cual siempre había acudido desde pequeña. Entramos como usualmente lo hacíamos y como era muy común, esa voz robusta me sorprendió por detrás haciendo que me recorriera un escalofrío por mi espina dorsal.

 

—¡Señorita Whitman! Qué alegría volver a verla 

—Buenos días Doctor Collins —Respondí tímidamente

 

La plática con el Doctor siempre me estremecía. Podía sentir aquella mirada asesina que se clavaba en mi cuerpo aunque no le mantuviera la pelea. Me hacía habitualmente erizarme, ya que, aunque a él le parecía cómodo y algo divertido, para mí era un martirio... casi como un homicidio.

 

Pasaron así los minutos, que para mi fueron más eternos que las horas. No solo por la mirada normalmente acosadora de mi médico, sino por aquella voz que se topaba una y otra vez con mi orgullo de niña tímida.

 

—¿Así que es eso? —La voz amable de Ana me saco de mis pensamientos— ¿Doctor podría hablar con usted tan solo un momento?

 

Gire mi cabeza hacia mi mejor amiga cuando el susodicho acepto, algo confundida del porque Ana había pedido unos cuantos momentos de primacía con el que había sido mi galeno por tantos años.

 

—¡Bien! Ven conmigo Nicole

 

Salí de la habitación con cierto alivio acompañada de la mano de mi mejor amiga. Llevándome con lentitud hacia uno de los sillones que varias veces había calentado por hasta horas. 

 

—¿¡Ya te habías aburrido ahí dentro, verdad!?

—Ana... ya me estaba preguntando del porque querías hablar con el Doctor —solté con una leve sonrisa—. Gracias por sacarme de ahí

—No hay de que tontita —Rio débilmente—, pero si tengo que hablar con él, hare algo de tiempo para que te destenses y regreso en un par de minutos, ¿vale?

—Vale —dije en un tono de voz bajo antes de escuchar los pasos de Ana desaparecer en el pasillo

 

La puerta se escucho cerrarse a lo lejos y por fin respire con profundidad. Esta vez, realmente, tenía que agradecerle a Ana por lo que estaba haciendo. No era nada lindo escuchar una y otra vez las palabras que siempre me dejaban desilusionada, algo frustrada. Además, sentir aquella mirada y el olor a hospital no eran muy agradables para mi... es más, lo odiaba. Así que por lo menos solo tenía que tolerar lo último y nada más.

 

* * *

¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces?

 

Espere por mi mejor amiga mucho tiempo. Tal vez 1 o 2 horas. ¿Quién sabe? Pero lo que si me estaba dando muchísimo miedo, era el porqué aun no regresaba. ¿Estarían hablando de algo serio? ¿De algo malo o algo bueno? Un millón de preguntas se formularon en mi mente y por cada segundo, yo formulaba cinco variables del por qué Ana aún no volvía… o por qué ese color negro no se desvanecía.

 

¿Y ahora que haremos cerebro?

Tratar de conquistar el mundo pinki

Tratar de conquistar el mundo…

 

Al escuchar tales palabras, sonreí al imaginármelas. En mi mente se divisaban aquellas escenas tan graciosas que como había escuchado, dos pequeños ratones eran los protagonistas. ¿Conquistar el mundo, eh? Que pionera idea para los niños.

 

Respire profundamente… si tan solo aquella idea se pudiera aplicar a mi infancia no estaría con tan terrible futuro, menos en el hospital. Pero mi sonrisa desapareció gracias al jaloneo de mis ropas que me sacaban de mis pensamientos solitarios y de mi gran aislamiento eterno.

 

—¿Hola? —Tome la iniciativa —¿Quién eres? —pregunte a la criatura, que como suponía, se encontraba justo frente de mi

—Soy Diana, Diana Smith

 

Mi ceja se arqueo un poco. Sí, no era común que una niña dijera su nombre con ese acento tan elocuente y formal. ¿Sería de Inglaterra, acaso? Pensé por varios segundos, pero deje que con mi sonrisa amable, la incógnita desapareciera de a poco. Más aun por que escuche como esbozaba una sonrisa a mi lado, entre tierna, traviesa y tímida.

 

—Hola… yo soy Nicole, Nicole Whitman —Iguale su presentación, para no desentonar en nada

—Hola Nicole —Hizo una pausa, entre cohibida y tímida— ¿Q-Quieres jugar conmigo? 

—¿A que estamos jugando?

—A que tu y yo, bueno…

—Anda, dime —comenté, entre feliz y divertida por que esta vez no estaría esperando a Ana sola y entablaría conversación con alguien más que no le importaba mi situación lamentable

—¿Quieres jugar a que somos amigas?

 

La pregunta me saco una seriedad por segundos, más luego sonreí ante aquel pedido. ¡Qué tierno era ser un niño! Extendí mi dedo meñique hacia donde ella estaba y le esboce la mejor sonrisa que pude encontrar en mi rostro.

 

—No, no quiero jugar contigo a eso —balbucee con una media sonrisa— Mejor hay que ser amigas de verdad

 

Yo misma me pensé tonta por tal comentario, pero cuando escuche a la pequeña y tímida Diana sonreír, hice mi sonrisa aun más grande. Su dedo meñique no tardo en enredarse en el mío y así pactamos el inicio de una bonita amistad de entre una chica de 17 años y una niña de entre unos 10 o 12 años de edad.  

 

Diana más que nada salto de emoción ante nuestro pacto, como si realmente fuera lo mejor del mundo. Reí tontamente por su comportamiento, alegre al igual que ella. Más cuando se acercó de pronto a mí, me tomo de las manos y me dedico ese gracias especialmente en susurro, me llene de muchísimas dudas y preguntas.

 

—¿Por qué? —pregunte sin pensarlo

 

Después de aquella pregunta, deje de escuchar la sonrisa alegre de Diana, como si se hubiera desaparecido en el aire y todo hubiera quedado nuevamente sumergido en el silencio.

 

—No te vayas a enojar —soltó de pronto sería

—¿Enojarme? ¿P-Por qué debería? —mantuve mi media sonrisa aún, más yacía algo miedosa y desorientada de tan brusco cambio de comportamiento

—Es que… tengo sífilis —contesto a mi pregunta, entristecida

 

Una ventisca acaricio el cabello de las dos y lo meció en el viento. Mis dudas habían sido corregidas, ¿Cómo una niña de tan solo 12 años podría padecer de esa enfermedad tan cruel y mortal? ¿Y cómo podía decirlo tan fácilmente?

 

—Nicole, no te preocupes, no te puedo contagiar ¡Solo estoy en la segunda fase! ¿Ves?

 

Yo, tras mis lentes oscuros, tan solo no pude contenerme. Antes de que Diana hiciera cualquier otra cosa, me eche hacia adelante, abrazándola afectuosamente.

 

—Eso no importa —Mis labios rozaron su oído—. No te preocupes 

 

Pude sentir como sus pequeñas manitas rodeaban mi espalda y se aferraban a mi camisa con cierta fuerza. Sonreí débilmente ante aquello y el silencio reino luego. No sabía que decir o como moverme pero sentía que su boca estaba topando con mi cuello. ¿Estaría llorando? Sonreí débilmente. Esto era tan épico, que me daba lástima separarme de ella. Ya que, ¿Cuándo, desde que me había convertido en paciente interna, tenía la posibilidad de conocer a tan increíble persona? Respire profundamente, disfrutando del abrazo que de cierta manera, parecía querer sofocarme. 

 

Notas finales:

Por motivos ya comentados, he tenido que borrar la historia de fanfic.es . Si aún así, les ha quedado la curiosidad de leer, pueden hacerlo por wattpad.com Gracias y un beso.

 

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<3 Los amo

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