Una de las tantas historias que me ha contado el viento de camino a casa. Se resume y titula “La vida es un Jardín”, donde cada árbol que habita en él es distinto el uno del otro, como los seres humanos… existen árboles que muestran parte de sus raíces; personas extrovertidas que tienen la capacidad de hablar de si mismas, pero aun así siguen ocultando lo que esta en el fondo de sus corazones, ocultan –como árboles -sus raíces. También otros árboles que solo muestran lo que piensan que deben mostrar: tronco y hojas, nada más.
En este jardín se pueden encontrar flores de diversos colores y aromas, portes y formas. Y millares de animalitos: hormigas, abejas, mariposas y muchos más
Me comenzó a contar el viento, en un susurro lento sobre la vida de uno de los árboles que se encontraban en este inmenso jardín.
Muy cerca de la plantación de rosas había un naranjo. El dueño del jardín lo planto allí esperando que diera sombra a las rosas junto con todos los insectos que habían en ellas… y también, para que diera fruto bueno.
Pasaron los años y creció lo bastante, se transformo en todo un árbol, cada año daba frutos de los cuales se alimentaban las aves y las hormigas… pero luego que se acababan las naranjas, el arbolito quedaba solo ya que no había ningún otro árbol alrededor para conversar o para tratarlo y ser tratado como igual; otros insectos que aun en las épocas faltas de frutos se acercaban a él, solo lo hacían para burlarse y reírse.
A veces reclamaba al dueño del jardín por haberlo aislado, pero esa era la forma para que el árbol viviera solo y creciera solo para el dueño del huerto. Así… conoció a muchos insectos que solo querían su sombra, su sabia, sus frutos para luego irse… pero aun así el naranjo les daba sombra, su sabia y sus frutos, después de todo para eso estaba ¿no? Para eso lo habían plantado.
A los años; las hojas del árbol se veían decaídas y sus frutos no tenían la suficiente fuerza para crecer, fue cuando el dueño comenzó se dio cuenta de esto y planto tres árboles ya crecidos a su lado, estos árboles habían crecido juntos, siempre lo habían estado y por mas que el naranjo intentara acercarse a ellos e integrarse, la soledad era mayor y se autoaislaba sin remedio… lloraba en silencio y pensaba: “Siempre han estado los tres juntos… ¿que hago yo aquí en medio?” “Aunque en un principio cuando los vi por primera vez anhelé poder estar junto a ellos” “Pero cada vez… me aíslo mas”
Un año, llego una hormiga, que también estaba sola, se acerco al árbol y juntos se intentaron sacar la soledad, ambos se sintieron queridos. Pero luego llego el invierno y tuvo que partir… El único ser que había logrado entregarle cariño se marchaba. Así también como el primer insecto que le acompaño, sin burlarse aunque no tuviera frutos; antes que los árboles, antes que la hormiga… tal vez gracias a ese insecto pudo lograr ver a la hormiguita como su amiga, ya que él le enseño que si existía la amistad, aunque solo el insecto viera y sintiera como amigo al arbolito, no así al naranjo al insecto… ya que en un principio pensaba que era como los demás y aun lo piensa, pero como el insecto lo logro ver como amigo y no como un ser del que se podían obtener cosas, el naranjo le entrega sombra cuando lo necesita… le da frutos cuando siente hambre y el insecto le presta compañía momentánea, para luego también irse.
Al año siguiente… después de haber vivido 15 años en ese lugar y 1 año intentando acercarse a esos tres árboles… se percato que en una de las rosas vivía una abejita, todos los días la miraba y ella siempre estaba sola… “Ella esta igual que yo y eso me hace sentir aliviado” pensó el naranjito “Eso me hace feliz, pero no quiero que esa abejita siga sola” “¿Cómo le hablo?¿como hago que se acerque a mi?” Pero el árbol no le dijo nada, solo la miraba y se preguntaba “¿Por qué? ¿Por qué será así? Si tiene tanto bichito alrededor…” Se le ocurrieron muchas teorías, sobre todo después de una tarde en donde la abejita se pozo en una rosa cercana y el naranjo dejo caer una de sus hojas al lado de ella, pero ella no miro, no hizo nada. Después de esa tarde, el naranjo, solo miró a la abejita de lejos, pero aun así seguía con las intenciones de acercarse
Hasta que al año siguiente… no recuerdo cuando ni como fue el primer “Hola” y si pudiera recordarlo, describiría como y cuando fue, así haría más emocionante este relato, pero cuando algo es espontáneo y casi de casualidad… creo que la memoria no es capaz de retenerlo.
El viento tomo una pausa en su relato, el viento soplo fuerte desordenándome el pelo y continuo...
Desconozco el motivo pero la abejita comenzó a hablar con el naranjo y este ya no se sentía tan solo. Después de haber pasado varias semanas dándole sombra a la abejita y esta prestándole compañía… pensó:
“¿Qué tanto he sufrido?
¿Qué tanto he llorado?
¿Cuantas soledades he pasado?
…me he martirizado
¿Cuántos ahí que han sufrido mas que yo?
¿Cuántos han derramado mas lagrimas que yo?
¿Cuántos han estado más abandonados que yo?
No entiendo porque me he sentido solo, si después de todo han estado los demás árboles, los insectos… no entiendo porque me he aislado. He despreciado y mal agradecido la compañía que me permitió tener el dueño del jardín, al decir que me siento solo… al decir que siempre he estado solo.
Pero el que siempre o desde que tiene memoria ha estado solo, tiende a autoaislarse, aunque tenga más seres al lado se siente extraño en este jardín… porque los insectos que han estado al lado solo lo has hecho por su conveniencia, pero… ¿Para eso no me plantaron aquí? ¿Para ayudar? ¿Para dar? Creo que si…
Quise tanto acercarme a esa abejita, poder hablarle, porque no quería que siguiera sola… nunca… nunca más, a veces me daba la impresión que le gustaba estar sola, pero en el fondo sabia que no, después de todo yo muchas veces dije a los demás árboles que me gustaba la soledad aunque no fuera así… en un principio pensé que le molestaba mi presencia a la abejita, que tal vez quería estar sola y yo era un estorbo en su soledad, ya que toda soledad tiene un inicio, no se como comenzó la suya, pero siempre me lo he preguntado, aunque tampoco busco saberlo. Lo único que se es que el inicio de mi soledad ya la he olvidado, supongo que desde siempre lo he estado… y aunque la soledad siempre este… con alguien al lado se hace mas pequeña… o menos grande, porque lo único que uno espera es algo de afecto, cariño… donde a veces es sincero, pero otras –la mayoría –es solo por conveniencia. He llegado a pensar incluso que la amistad terrena es solo por conveniencia.
Desde que llegó al jardín me pregunte ¿Por qué es así? ¿Por qué usa esa muralla, esa protección, esa barrera de silencio? Recuerdo aquella hoja que cayo a su lado y ni si quiera la miro.
Siempre miraba como se todos le fueran a hacer daño… y yo… creía entender porque miraba de esa forma, creía saber porque era así… no se si alguna de mis entupidas teorías fue correcta, ya no las recuerdo, ni tengo intenciones de recordarlas, porque creía que tenia la capacidad de entender a los demás con solo mirarlos pero me equivoque… nuevamente me equivoque y esas teorías fueron solo basura… ¿De que sirvieron? ¿De que sirve todo intento mío si no es la Voluntad del Dueño del jardín? Pero a El de doy gracias también por haberme plantado cerca de las rosas… sino, nunca habría conocido a la abejita”
Todo ese fue el monologo del naranjo y lloro... lloro, pudiendo comprender y valorar el motivo d su soledad"... termino de contarme el viento y aunque seguía conmigo apenas podía sentirlo.
_Gracias –Le dije –gracias por tu historia
_De nada –Respondió dulcemente el viento, meneando mi cabello –Pero ¿Qué harás con ella? –Me pregunto cuando estaba a punto de llegar a mi hogar
_Regalársela a mi abejita –Le respondí sonriendo –Y también permitirles leerla al publico.
Y así termina una de las cientos de historias que me ha contado mi acompañante de caminatas: el viento.
