Fanfic Es
Fanfics en español

No solo es teatro por LadyGual

[Comentarios - 5]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +

Notas del fanfic:

¡Espero que os guste! Es una historia muy bonita. ^^

Notas:

¡Hola de nuevo!

Esta historia es un one-shot romántico.

En este relato aparece el libro Romeo y Julieta, que no es de mi propiedad, sino del genial Shakespeare. Además, la estrofa que pongo de dicho libro es de mi invención, así que, no me digáis que esa estrofa no aparece en el libro xD

¡Por cierto! He creado un blog:

http://ladygual.blogspot.com.es

Allí encontraréis información sobre ésta y más de mis historias. También habrá dibujos y curiosidades. ;)

He hecho una encuesta, si esta historia recibe más votos que las demás, ¡haré un dibujo de los protas! ¡así que votad! =D

Por lo demás... Espero que os guste ^^

 

 

 

"No solo es teatro"

 

“Mis manos acariciaban su rostro y él me sonrió, cogió mi mano y la estrechó contra si en un intento por no separarnos nunca, pero sabíamos que llegaría el final, esta historia no tendría un final feliz porque nuestras familias se odiaban. Por ello tendría que sufrir y tragarme mi orgullo, y él el suyo [...]”

 

Dejé el libro en la mesa del salón y suspiré, “Romeo y Julieta” era demasiado trágico hasta para mí. Sheakspeare era un genio de lo trágico y me encantaba… Además leía el libro porque pronto tendría que representar la obra en mi instituto, para subir la nota de clase de literatura y, como ningún chico quería participar, yo me ofrecí voluntaria para el papel de Romeo. Aunque yo quería representar a Julieta, pero como Helena, la hija del director, quería ese papel me tenía que aguantar.

 

Hoy era uno de esos días en los que me sentía frustrada porque no me salía la interpretación de la parte de la obra en la que se requería un beso, claro que en la obra íbamos a fingirlo, no pensaba darle un beso a una chica, ¡qué repugnante!

 

Pero cómo me hubiera gustado besar a un buen chico, por ejemplo, a mi vecino. Tan guapo y varonil… Además Helena se había ido de viaje por unos días y no podíamos ensayar…

Justo en ese momento llamaron a la puerta y me levanté para abrir. Al hacerlo vi que era el vecino de al lado, el guapo, últimamente nos hablábamos más y eso me gustaba porque era tan atractivo que todas mis amigas quería que se lo presentaran.

 

   –Hola, siento interrumpirte pero necesito hablar contigo. –dijo Alex, mi vecino, rascándose la cabeza.

 

   –No pasa nada, entra. –le indiqué abriendo más la puerta para que pasara, era tan alto que apenas cabía por ella. –¿De qué se trata? –pregunté algo nerviosa, a mi también me afectaba su belleza.

 

   –Pues verás, ayer tu hermano lanzó piedras en los cristales de las ventanas superiores, y hace algo más de tiempo vi como lanzaba papel higiénico sobre mis esculturas…No se que le he hecho para que le caiga tan mal. Así que haz algo… ¿no crees?- Preguntó por fin mirándome. Estaba tan avergonzada que casi no podía hablar.

 

   –No sabes cuanto lo siento, ¿cómo ha podido hacer eso mi hermano? Dios es que no puede hacer nada limpio. Ahora mismo iré a buscarlo y ten por seguro que será castigado severamente. Lo siento mucho. –me excusé levantándome del sofá pero Alex me cogió la mano y la retuvo en la suya.

 

   –Tranquila, solo son gamberradas de adolescentes… –respondió con los ojos fijos en mi, parecía sereno, casi como si en realidad esto no le preocupara en absoluto.

 

   –Pero… –deseché la idea de ir a buscarlo, además mi hermano ahora estaba en un campamento de fines de semana y no volvería hasta mañana domingo –. Lo siento de verdad, ¿quieres tomar algo? –pregunté cayendo en la cuenta de que no le había servido nada.

 

   –No gracias… –se disculpó mirando mi libro de Sheakspeare –. ¿Romeo y Julieta? – preguntó cogiéndolo.

   –Si, es que la semana que viene tengo que representar la obra en mi instituto para subir nota en literatura. –expliqué como si nada.

 

   –Ya veo, con tu edad yo también hacía estas cosas. Yo fui el que más fans tenía de todos pues representaba mis papeles muy bien. –suspiró casi como un viejo acordándose de sus años mozos.

 

   –¿Pero cuántos años tienes exagerado? –pregunté riéndome.

 

   –Pues más de los que piensas. A ver, déjame adivinar, tu eres Julieta, ¿a que sí? –su expresión parecía la de un niño juguetón. Negué con la cabeza y sonreí.

 

   –No, has fallado. –Alex puso una cara pensativa. La verdad es que no parecía muy mayor, a lo mejor tenía veintiséis todo lo más. La ropa que llevaba hoy dejaba entrever su amplio pecho, y llevaba unos pantalones vaqueros ajustados. Su pelo rubio, algo largo, atado a una coleta le hacía ver muy bien…

 

   –A ver, entonces eres algún papel secundario… –pensó con una mueca de decepción.

 

   –¡No! Yo hago de Romeo. ¡Romeo! –exclamé riendo a carcajada limpia al ver su cara de desconcierto.

 

   –¿Es que ningún chico quería ese papel? –preguntó ojeando el libro.

 

   –No, y más sabiendo que Julieta iba a ser la chica más idiota del instituto. Yo quería ese papel, pero como es la hija del director. –empecé a contar sin caer en la cuenta de que le estaba contando cosas que a lo mejor no quería escuchar.

 

   –Bueno, es una lástima, a ti te pega el papel femenino, con todas esas curvas…– Insinuó mirándome detenidamente. Me sonrojé, pero supuse que era un abroma así que lo dejé pasar.

 

   –Espero que estés bromeando, Alex… –puso cara de inocente y nos echamos a reír.

 

   –¿Y cómo te va la interpretación? ¿Quieres que te ayude? –preguntó con el libro en la mano.

 

   –Pues, la verdad es que me he atrancado en una parte… pero es que es algo complicada. –le conté sin querer revelárselo.

 

   –Recuerda que yo he sido muy famoso en esto de la actuación. A ver qué parte es chiquilla. –dijo acercándose más a mí. Me puse nerviosa, pero no le di importancia, aun no.

 

-Mira… –le arrebaté el libro de las manos y, con rapidez, le señalé la estrofa indicada. En ella describía como los dos se besaban intensamente bajo la lluvia y luego se abrazaban sabiendo que pronto no se volverían a ver como amantes, sino como enemigos a muerte. Había diálogo, pero apenas, así que el problema no era ese, sino el beso…

   –Si apenas hay diálogo. Oye, un momento, ¿cómo lo vais a hacer? ¿Vas a besar a una chica? –inquirió muy intrigado –. Yo voy a ver esa obra, ¿cuándo me has dicho que es?

 

   –Eres un pervertido. –nos reímos de nuevo –. En realidad… –iba a decirle que no nos besaríamos de verdad, pero se me ocurrió una idea mejor. –… en realidad si lo haremos, pero el director ha sido muy explícito en que lo hagan una mujer y un hombre, así que en lugar de Helena…

 

   –¿Quién es Helena? A si, la hija del director. –pensó para si mismo –. Continúa.

 

   –En lugar de Helena van a poner a un hombre que se haga pasar por una mujer. –expliqué esperando que se lo tragase.

 

   –¿No es un poco raro que un hombre se haga pasar por una mujer y viceversa? –preguntó cavilando y cambiando de posición, ahora estaba recostado en el sofá.

 

   –Ya, pero como Helena no quiere besar a nadie y a mi no me importa mucho pues… Así han salido las cosas…

 

La habitación estaba en total silencio, hoy no había nadie en casa pues todos tenían cosas que hacer así que estábamos solos. No lo había pensado del todo y eso me preocupaba… de todas maneras yo tenía un plan para que él me besara. Todas mis amigas iban a quedar asombradas.

 

   –Entonces, ¿quieres que te ayude con el beso? –asentí con la cabeza sonrojada –. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿No hacerlo bien? –preguntó mirándome los labios por un momento.

 

   –Si, es que no he besado nunca a nadie así que temo hacerlo mal. Además, prefiero hacerlo con alguien que conozca y no con el que al director le venga en gana. –mentí descaradamente pero no me importó, quería saber si él estaría dispuesto a besarme, aunque solo fuera parte de una mentira.

 

   –Ya veo… ¿no es mejor que lo hagas con tu novio? –preguntó sentándose correctamente y paseando su vista por el salón.

 

   –Si tuviera novio ya habría besado a alguien. –Susurré –. ¡Espera, no quiero que tu me beses! Solo te contaba mis problemas. Tu te has ofrecido voluntario a hacerlo –. Le informé cayendo en la cuenta de que parecía muy sospechoso. Seguramente él ya haya besado a alguien o tenga novia. ¡No había pensado si tenía novia! A lo mejor había metido la pata.

 

   –Ya, ya, tranquila. No me voy a arrepentir de lo que he dicho, te quiero ayudar. Además, piensa que el teatro es solo eso, tus emociones verdaderas las tienes bien guardadas, no en el escenario. Por mucho que los actores se besen apasionadamente, como en este libro, no tienen porque tener esos sentimientos, ¿lo entiendes?

 

   –Ya veo. ¿Entonces me ayudarás? –éste sonrió y asintió. ¡Me iba a besar! Hoy era mi mejor día –. Gracias, no sabes lo mucho que me ayudas Alex. Te prometo que si tienes algún problema yo te ayudaré.

   –Me debes una chiquilla. –amenazó levantándose del sofá. Ahora si venía lo complicado, no parecer nerviosa ante aquel espécimen de hombre –. Déjame leer esa parte. –le tendí el libro y lo cogió, yo ya me lo sabía de memoria por lo que no necesitaba leerlo.

 

   –¿Empiezo? –pregunté nerviosa. Este pareció crear su personaje de… ¿damisela?

 

   –OYE, ¡¿quieres decir que yo seré Julieta?! –exclamó algo cabreado dándose cuenta ahora.

 

   –Si, lo siento. –me disculpé algo avergonzada. Vi como poco a poco se relajaba y luego asintió.

 

Se supone que Julieta estaba sentada en la tumba de su abuelo cuando Romeo aparece y se le acerca, luego la mira con mucha intensidad y Julieta se levanta. Romeo la abraza y luego de unos minutos en los que solo existían ellos dos se besan efusivamente.

 

   –Un momento, ¿puedes ponerte de rodillas?, es que así creeré que soy Romeo y no Julieta, viéndote tan masculino… –conté lo primero que pensé y casi me muerdo la lengua por idiota. Este no hizo más que reírse, luego de esto se arrodilló y yo me sentí más alta, por lo que pude empezar la actuación.

 

Me acerqué a Alex y le miré intensamente, luego él me miró de igual forma y se “levantó”, le abracé con todo el sentimiento que podía representar y éste a mi. Parecía raro que yo fuera la que lo abrazara primero pero era así. Aquí venía el momento, poco a poco me acerqué a sus labios y, antes de que le besara Alex me tapó la boca.

 

   –¿Por qué no lo haces bien? No pareces Romeo, sino alguien muy asustado. Espera. –musitó poniéndose de pie y mirando alrededor –. Escucha, yo haré de Romeo y así verás como lo tienes que hacer, ¿de acuerdo? –asentí comenzando a arrepentirme de mi absurdo plan. Al final resultaría que yo iba a ser la víctima y no él.

 

   –Esta bien…

 

Empezamos de nuevo, esta vez él venía hacia mí y yo representaba a una Julieta muy triste. Cuando me miró tan intensamente casi me derretí, pero sabía que era parte de la interpretación y entré de nuevo en el mundo de Julieta. Levanté mi vista y los dos nos quedamos así unos momentos, luego me levanté y Romeo me tomó la cintura para posteriormente abrazarme efusivamente. Yo le rodeé con los brazos su ancha espalda y luego hundí mi cara en su clavícula, después de unos minutos nos miramos de nuevo y pensé que todo esto era real y no una absurda representación, de pronto, cuando ya íbamos a besarnos él se detuvo.

 

   –Muy bien, ¿lo has visto? Pues ahora hazlo tú. –Y se puso en mi lugar, yo me quedé quieta y muy roja, supongo, porque las mejillas me ardían.

 

   –¿Y el beso? Si lo que más me cuesta es esa parte. –resoplé y fingí que no me importaba.

 

   –Eso te lo enseñaré más tarde…–susurró con voz ronca. Yo hice como si no lo hubiera notado…

 

Después de repetir varias veces esa escena, y de que Alex me regañara tres veces por no hacerlo adecuadamente, ya era hora de que me enseñara a besar. Estaba tan nerviosa que no sentí cuando llamaron a la puerta.

 

    –¿Qué hora es? –pregunté instintivamente. Alex solo sonrió, parecía decepcionado.

 

   –Son las ocho, ya es tarde. –suspiró mirando por la ventana.

 

   –Mis padres no pueden ser porque no iban a llegar hasta las diez… –¿Quién será?

 

Me dirigí hasta la puerta y la abrí encontrándome con el cartero. Suspiré aliviada porque no eran mis padres. Para una vez que tenía a un hombre apuesto en esta casa…

 

   –Firme aquí por favor. –explicó el hombre entregándome un bolígrafo. Lo cogí y firmé el papel rutinario, luego me entregó una gran caja, la dejé en la repisa del armario de la entrada y luego me despedí del señor. Al cerrar la puerta eché un vistazo al contenido, al parecer era otra cosa extravagante de mi padre. Le gustaban mucho los libros del espacio y todas esas cosas así que encargaba todos los meses un ejemplar de todos los planetas. Algo innecesario a mi parecer…

 

Volví al salón y encontré a Alex revisando uno de los libros de la estantería del salón.

 

   –¿Te gusta? –pregunté acercándome a él. Éste se giró de golpe y quedamos muy cerca el uno del otro. Me sonrojé y me separé un poco, este sonrió como si nada y luego asintió.

 

   –Disculpa, no pretendía ser chismoso. Pero ya que lo preguntas… me gusta este libro en particular… –señaló el libro de mi padre, uno de sus favoritos del espacio.

 

   –Pues es de mi padre… Le encanta todo ese royo… –anuncié casi sin querer. Con él conversaba de todo sin darme cuenta.

 

   –Yo tengo toda la colección. -Me quedé sorprendida por su respuesta. Según mi padre todavía no estaban en venta los tres últimos ejemplares.

 

   –¿Cómo? Todavía no han salido los tres últimos, ¿no? –éste puso cara de importante y luego deslizó la mirada por mis labios, de nuevo…

 

   –¿No teníamos que seguir con la obra? Si mal no recuerdo me pediste que te besara…

 

   –¡Claro que no! Te pedí que me ayudaras con la obra… –contesté indignada.

 

   –Si, claro, mocosa no trates de evadir la respuesta… Sé que quieres que te bese, lo estás deseando. –Se puso delante mía y empezó a acercarse demasiado. Instintivamente me alejé y agaché mi cabeza.

 

   –¡Solo quiero que me ayudes con el beso! Quiero práctica, solo eso. –le informé mirándolo de reojo para ver su reacción.

 

   –Ya veo, pues chica, manos a la obra…–se acercó de nuevo, y yo me alejé otra vez.

 

   –Oye, si quieres lo dejamos, yo solo quería ayudarte. –suspiró algo molesto por mi reacción.

 

   –No, solo quiero decirte que… nada de tocamientos, ¿vale? –expliqué muy sonrojada. Alex sonrió.

 

   –Claro, no pensaba hacerlo…Por cierto, ¿quieres hacer alguna pregunta acerca de los besos o algo así? Aunque supongo que se aprende con la práctica.

 

   –Pues la verdad es que sí quería preguntarte algo… ¿Es tan asqueroso como se ve por fuera? Eso de las lenguas y tanta saliva es algo repugnante. –expliqué acordándome de una película que echaban en televisión donde se veían demasiadas escenas de besos con lengua, que pronto quité de mi vista.

 

   –Veo que eres algo ingenua… después de todo eres una niña… –eso me molestó pero era la verdad, comparada con un experto como él yo soy una novata –. Lo que ahora vamos a practicar es un beso sin lengua, solo un breve roce con los labios, que es muy diferente de lo que sale en tu guión, pero que vamos a empezar por eso. Por cierto, ¿estás segura de que quieres dar tu primer beso a alguien como yo? –preguntó rascándose la cabeza. Sentí que todo mi cuerpo ardía, ¡claro que quería hacerlo! ¡Todas mis amigas ya habían besado menos yo! Además, Alex me gusta demasiado como para perder esta oportunidad.

 

   –Claro que quiero, es más, eso te lo tendría que preguntar a ti. –musité con tristeza. ¡Anda que si tenía novia! Él solo rió.

 

   –Bien pues, empecemos. Deja que sea yo quien empiece… –musitó posando sus labios en los míos. ¡Por fin lo estaba besando! Esto es muy… agradable. No se mueve, y yo tampoco, pero parece que falta algo. Estamos unidos por los labios pero separados por el cuerpo… Puedo apreciar cuan suaves son sus labios. Al ratillo, se separó y yo me quedé en mi sitio sin poder respirar. Abrí los ojos y lo vi muy pensativo.

 

   –¿Quizás hay algo que no anda bien? –quise saber muy culpable de algo que no sabía el que era.

 

   –No, es solo que con esto no te puedo mostrar el sentimiento del amor que sienten Romeo y Julieta… Esto es solo propio de los niños… ¿Quieres seguir con otro paso?

 

   –Si…pero, ¿qué vas a hacer ahora? –pregunté nerviosa. Quería más de esos besos.

 

   –Espera, estás demasiado tensa… –se acercó de nuevo a mi e intentó tocarme el cuello pero me alejé –. Tranquila, solo te voy a hacer un masaje… algo sencillo, ¿no?

 

Miró el sillón y me indicó que me sentara. Le hice caso pero con la culpabilidad de estar cometiendo el mayor de los pecados. Cuando estuve sentada, se puso detrás de mí y empezó a palparme el cuello, sus manos estaban calientes y eran grandes, poco a poco iban moviéndose de arriba abajo y apretaba justo lo necesario en cada músculo hasta llegar detrás de las orejas y volver a la nuca… Era una sensación tan extrañamente placentera que me dejé llevar hasta que casi gimo del placer que esto me provoca. Me llevé las manos a la boca en un intento de contener mi voz.

 

   –¿Ocurre algo? –su inocencia sonó falsa.

 

   –Nada… solo que eres bueno haciendo masajes. –dije solamente. No quería decirle que me encantaba que hiciera eso.

 

   –No solo soy bueno haciendo eso… –contó dejándome helada. ¿Perdona? ¿Desde cuando hemos pasado a estas conversaciones tan íntimas? No le di importancia pero me levanté indicándole que ya era suficiente.

 

   –¡¿Para qué me has hecho un masaje?!

 

   –Para que puedas meterte en el papel. Julieta no está tensa cuando se encuentra con su amado, además tienes que soltarte cuando besas a alguien. –me informó sentándose en el sillón.

 

   –¡Pero no puedo concentrarme! Besar es fácil como lo hemos hecho pero… –musité sin concluir mis pensamientos.

 

   –Ahora, ahora te haré algo para que te quites las tensiones…

 

Me indicó que me sentara a su lado, lo hice y luego me tumbó, me levantó la pierna y la acomodó en las suyas. Luego me quitó las chanclas y me acarició los dedos de los pies hasta que me provocó cosquillas y no pude parar de reír.

 

   –¿A que te sientes más suelta? –sonrió abiertamente. Casi me derrito con esta imagen y casi me dejo llevar por la situación. Frente a frente, sonriendo los dos con un sentimiento más que no es simple amistad…

 

   –¿Me besas ahora? –pregunto casi en un susurro mirando ardientemente sus labios, deseosa de que me besara sin preámbulos, sin farsas, solo Alex y Lucía.

 

Poco a poco nos fuimos fundiendo en un beso, comiéndonos los labios mutuamente como si el mañana nunca existiera, como dos amantes que tienen que separarse para no volver a verse nunca… como Romeo y Julieta. Alex iba a separarse y yo no le dejé, le rodeé el cuello y le toqué el cabello sedoso. Él no pudo resistirse y me acompañó, hasta que él decidió dar otro paso, me acarició con la lengua en labio superior y solté un pequeño gemido de felicidad abriendo la boca y aprovechó para meterme la lengua sin previo aviso. Me dejé llevar e intenté experimentar en su interior, esto era tan nuevo, tan intenso que casi me ahogo…

 

   –¡Eh! ¡Acuérdate de respirar Lucía! –exclamó casi sin aire y riendo.

 

   –Claro, mi culpa, lo siento… –comencé a respirar muy sonrojada. Pronto su mano me acarició la mejilla y se paró en la comisura de mis labios para limpiarme restos de saliva.

 

   –Tienes baba… Mmm, veo que te ha gustado. Me alegro. –anunció dándome palmaditas en la cabeza –. Esto es lo que tienes que hacer en la obra, pero sin baba. –Explicó sonriendo. Mis ojos se llenaron de lágrimas cuando dijo eso. ¡Solo era por la obra! Claro, yo solo era Julieta y él Romeo, ¡qué idiota he sido dejándome llevar por la situación!

 

   –¿Qué ocurre? –preguntó preocupado. -Sabía que no tenía que haberlo hecho… Lo siento, pensé que te había gustado la experiencia…

 

   –No, no es eso, es que solo es teatro… –expresé conteniendo las lágrimas y el hipo que amenazaba con salirme.

 

   –¿Qué…? –pronto comprendió el significado de mis palabras y me arrepentí enseguida de ellas.

 

   –Yo no…–empecé a hablar, pero fui cortada por sus labios que aprisionaron a los míos y pronto sus manos viajaron hasta mi cintura… Nos separamos un poco y él dijo:

 

   –No solo puede ser teatro, si tu quieres…

 

Me abalancé sobre él y le besé de nuevo. No podía parar de tocarle, su pecho, sus hombros, su cabello… él por su parte me acariciaba la espalda, la cintura y mi pecho, claro que ahí me resistí un poco, pero finalmente sucumbí ante el placer…

 

 

En los días posteriores Alex vino a visitarme todos los días con el fin de conocernos mejor y para poder salir formalmente, aunque esto acarrearía problemas con mi familia… Por fin supe que él tenía 26 años y que no estaba saliendo con nadie, además era profesor de física astrónoma y descubrí que era el autor de los libros favoritos de mi padre. Me sentí tremendamente estúpida a su lado, yo, que aun no salía de mi bachiller…

 

La siguiente semana representé la función con Helena y, como yo ya sabía y para sorpresa de Alex que acudió a mi representación, no nos besamos…

Luego me tocó lidiar con el interrogatorio de Alex… suerte que puse mi cara más adorable y… le confesé la verdad. No se enfadó para nada, solo me abrazó y me besó intensamente, no supe porque pero me encantó esa reacción.

 

Ahora, después de un mes, salimos oficialmente. Es muy amable conmigo y me encanta. Todas mis amigas se mueren de envidia pero eso es lo que menos me importa, lo que en verdad quiero lo he conseguido. A través del teatro conseguí el amor de mi vida, un amor real, no uno como el de Romeo y Julieta, pura ficción…

 

Después de todo, no solo es teatro.

 

 

~~FIN~~

 

Notas finales:

¡¡Gracias por leer!!

Espero que os haya gustado ^^

Decidme lo que os ha parecido, ¿vale?

¡Besos y recordad visitar mi blog! :)

Usted debe login (registrarse) para comentar.