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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

Capitulo 16 del Arco de Central. Lamento mucho la tardanza, pero la UNIVERSIDAD me tiene muy ocupado. La verdad no se cuando subiré el otro capitulo, el que le sigue al Bosque Negro.

Solo me queda pedirles que esperen hasta que lo pueda terminar. 

Ojala les guste este capitulo y no olviden comentar sus opiniones.

 

Tras decirle la manera en que Jessenia podía pagar por los alimentos y la noche que durmió en una de sus habitaciones; ambos permanecen largos segundos viéndose a los ojos. La chica aun trataba de procesar las palabras del dueño de la posada. El silencio fue interrumpido por la atractiva camarera de cabello negro.

            —Si se lo dices de esa forma lo va a malinterpretar—le dijo la joven al hombre maduro tras dejar una gran bandeja de plata con platos y vasos sobre la barra. Luego, se vuelve hacía Jessenia para aclarar el posible malentendido—. No vayas a pensar mal de él, cuando dijo que te quería a ti, se refería a que desea que trabajes como camarera en esta posada. Nos falta una mucama y una camarera para que trabaje en el restaurante y en la posada.

            — ¡Si, a eso me refería!—dijo rápidamente el hombre moreno tras la barra—. No vayas a pensar que mis intenciones eran otras. Es que creo que eres una chica muy bonita y con buen cuerpo, por lo que pensé que ayudaría al negocio tenerte como empleada.

            La joven de cabello negro suspiro tras escuchar las palabras de Jaime.

            —Te pudiste haber ahorrado el “buen cuerpo”, ¿es que no tienes nada de delicadeza? Hay cosas que no se les puede decir a una chica solo porque sí.

            — ¡Ah! Lamento si te ofendí, es solo que estoy un poco oxidado en lo que concierne hablar con mujeres…

            Por su lado, Jessenia escuchaba pacientemente todo lo que esas personas hablaban. ¡Era fascinante no ser el centro de atención para variar! Luego, tras escuchar la palabra “trabajo”, la chica se planteo muy seriamente, después de todo, había perdido el deseo de la Bruja. Ya no poseía la “maldición” de enamorar a quien sea con un solo vistazo, por lo que de ahora en adelante, nunca persona le regalara nada. Desde ahora y en el futuro, Jessenia debería ganarse lo que desea a través de trabajo duro y honesto. Solo que una parte de ella, una fracción de su mente, aun giraba en torno al Segador. Aun lo recordaba, en cualquiera de sus dos formas.

            Cuando se volvía un chico alto y esbelto durante la noche y cuando regresaba a ser un niño de altura moderada en el día. ¿Es que ya no lo volvería a ver nunca más? Fue lo que la joven se pregunto así misma durante unos segundos. Pero luego de escuchar la tentadora oferta de trabajo, el Segador había desaparecido momentáneamente de su cabeza. En esos momentos, la chica se debatía entre sus deseos de trabajar y ser una chica normal como cualquier otra y su negatividad y pensamientos pesimistas de futuros fracasos en diferentes áreas de su vida, no solo la laboral.

            — ¿Y bien?—le pregunto la joven de cabello negro acercando el rostro al de Jessenia—. ¿Te interesa la oportunidad de trabajo?

            No había nada que pensar. Jessenia no tenía nada mejor que hacer, sin mencionar, que si deseaba sobrevivir en esa ciudad llamada: Central, debía conseguir un trabajo y ganarse su lugar. Por lo que la joven acepto la oportunidad laboral. A lo que su nueva compañera de trabajo de largo cabello negro, le sonrió y le dio la bienvenida a la posada Aura. Nombre del local.

            —Yo me llamo Megan, pero puedes llamarme Meg. ¡Mucho gusto, cual es tu nombre!

            —Jessenia. Me llamo Jessenia.

            — ¡Un placer! Espero poder trabajar bien contigo.

            —Lo mismo digo.

            Luego, detrás de las jóvenes que terminaban de presentarse, un cliente dijo en voz alta: “¡Disculpen, voy a ordenar!”, a lo que Megan respondió:

            — ¡Voy en seguida!

            Y se fue para atender al cliente. Dejando a Jessenia sentada sobre el banquillo y a Jaime del otro lado de la barra.

            —Parece que le simpatizaste. A partir de mañana comenzaras a trabajar, ya tengo el vestido que usaras, espero que te quede. Hablando de eso, ¿te quedo bien la ropa que elegí para ti? ¿No te queda muy apretaba o muy holgada?

            Jessenia lo pensó por unos segundos antes de responderle.

            —La ropa interior me queda un poco ajustada y en cuanto al vestido, si me queda pero… como ya le había dicho, no es la ropa que suelo usar, ni siquiera la me gustaría vestir, pero sirve, así que gracias, no tenía porque molestarse tanto conmigo.

            —Olvídalo, no es ningún problema. No podía dejar a una joven desnuda y sola en esa habitación. Aunque no lo creas, en esta ciudad hay muchos tipos de hombres, hay quienes no dudarían en ponerte un dedo encima, por lo que te recomiendo, si sales a explorar la ciudad, ten cuidado de noche. No te vayas a topar con gente maliciosa. Cambiando de tema, ¿Qué edad tienes y de donde vienes? Digo, si se puede saber.

            —Claro, no hay problema. Tengo dieciocho años y vengo del reino de Fior…

            — ¡¿Fior?! ¿Hablas de ese reino que se conforma de una cadena de montañas y que están conectadas por unos puentes que cuelgan sobre el vació?  ¿Ese mismo?

            A lo que Jessenia asintió con la cabeza.

            —Si, ese mismo.

            —Ya veo. Es interesante. Otra cosa, no me gusta inmiscuirme en la vida de las personas pero… ¿Quién era ese chico que te trajo anoche? Se veía muy sospechoso. La verdad, no es la compañía que yo elegiría para una jovencita. ¿No te hizo ningún daño?

            Hasta el momento, Jessenia no tenía ningún problema a la hora de contestar las preguntas de Jaime. Tomando en cuenta que ese hombre sería su jefe a partir de mañana, consideraba prudente hacerle varias preguntas personales, después de todo, uno no podía darse el lujo de contratar a cualquier, sobre todo si llega a la ciudad misteriosamente, inconsciente y en los brazos de un sujeto misterioso. Pero, por más que se lo debatía, la chica no deseaba contarle a él ni a nadie, las cosas que vivió con el Segador, en primera, porque no vivieron muchas cosas; en segunda, porque ella no conocía nada de ese individuo, ¡vaya!, no sabía ni su nombre. Lo único que sabía de él con certeza era su apariencia, tanto de día como de noche, su fisiología y las armas que usaba. Nada más.

            Claro que podía contarle sobre la Bruja, el contrato que hizo con ella, que ella solía ser una princesa falsa en el reino de Fior, relatarle con lujo de detalle la forma en que el Segador mato a la Bruja a sus Familiares, luego como la saco del reino y como llegaron a la Montaña, así como su aventura en ese lugar pero… ¿y luego que? ¿Seguirían tratándola como hasta el momento si le dijese toda esa historia? ¿O es que acaso la tratarían de forma especial por su loca aventura que, aun ahora, le parecía irreal e inverosímil?

            —Lo único que puedo decirle—empezó a contarle— es que no. Él no me hizo ningún daño, puedo asegurárselo. Pero tampoco puedo decirle quien era él, porque yo misma no lo se. Lo único que  sé con seguridad, es que yo no estaría en ese lugar si no fuera por él.

            Jessenia le dijo esto a Jaime con seriedad y determinación, esperando que no preguntara más sobre el Segador ya que, de ser posible, la muchacha prefería que ese tema quedara solamente entre ella y el joven que la salvo. No obstante, las preguntas de Jaime no se habían detenido.

            — ¿Él te ayudo?—pregunto incrédulo—. ¿Y no te hizo ningún daño? ¿De donde lo conociste?

            —Pues… eso es…

            — ¡Ya basta Jaime, si sigues interrogándola de esa manera me enfadare contigo!—la defendió la chica llamada Megan con el pedido en una pequeña hojita—. Todas las personas tienen cosas que no desean recordar ni mucho menos contar a los demás. Así que no la presiones.

            —Esa no era mi intención…

            —Aquí tienes, es el pedido de la mesa 10—dijo la joven, poniendo la orden encima de la barra de manera. Luego se volvió para ver la bandeja repleta con platos y vasos sucios que continuaba en el mismo lugar—. ¿Dónde esta Matt? Ya debió de haberse llevado estos platos.

            —Yo le digo—Jaime tomo la pequeña hojita y se la llevo a la cocina que se encontraba detrás de la pared repleta con diferentes tipos de licores en botellas de varios colores diferentes.

            —No dejes que te moleste—le dijo a Jessenia—, no es un mal hombre, es solo que le falta tacto y delicadeza.

            —No me molesto—le respondió la chica con tranquilidad—, es solo que se me hizo difícil responder a esas preguntas.

            A los pocos segundos de haber entrado en la cocina, un chico joven, de cabello corto y pelirrojo como las manzanas; atractivo y con porte atlético, sale después de que Jaime entro. Advierte instantáneamente la presencia de Jessenia, por lo que se acerca con cuidado.

            — ¡Vaya, pero que tenemos aquí!—dijo con alegría—. Un par de hermosas señoritas. Conozco a Megan, pero creo que a ti nunca te había visto. ¿Cuál es tu nombre?

            El chico pelirrojo se acerco a Jessenia como un coyote que se aproxima con cuidado a su siguiente presa. Por otro lado, la joven a la que pretendía conquistar únicamente con su atractivo rostro y cuerpo atlético, le devolvió una mirada indiferente.

            —Mucho gusto, me llamo Jessenia.

            — ¡Que bello nombre! ¡Tan diferente y original! ¡Bueno Jessenia, hoy es tu día de suerte, acabas de conocer al hombre que se convertirá en tu futuro esposo!

            — ¿Ah…?

            —Yo me encargare de las presentaciones—intervino la joven de cabellos negros—, este sujeto se llama Matt, es el mujeriego de la posada. Lavaplatos y ocasionalmente mesero y ayudante de cocina. Es el bufón del lugar, así que no te tomes en serio nada de lo que te diga.

            — ¡Eso es muy cruel, Megan!—se quejo el pelirrojo—. No es mi culpa que las mujeres caigan por culpa de mi belleza. Nací con esta maldición y al mismo tiempo, con esta bendición.

            Mientras tanto, el dueño de la posada, Jaime, salio de la cocina y, detrás de él y por encima de su calva cabeza morena, un humito blanco de alimentos cocinándose se escapa del interior de la cocina.

            — ¡Matt, no te pago para ligar ni para hablar, los platos enseguida!   

            — ¡Ya voy, ya voy!—tomo la bandeja de plata y antes de entrar a la cocina, se detuvo y se volvió hacía Jessenia—. Ya nos veremos después, pequeña gatita perdida.

            Y se perdió del otro lado del muro.

            —No dejes que te afecte, es solo un idiota al que le gusta seducir mujeres. Por cierto, acabas de llegar a la ciudad, ¿verdad?—a lo que Jessenia asiente con la cabeza—. ¡Bien! Mi turno termina en una hora, así que si me esperas, puedo enseñarte esta parte de la ciudad, ¿Qué me dices?

            —Te lo agradecería mucho.

            A lo que Megan asiente con una sonrisa en el rostro.

            — ¡Disculpa, voy a ordenar!—dijo la voz de un hombre desde una de las mesas.

            —Bueno, me tengo que ir. Pero cuando termine mi turno nos vamos a explorar por allí, además… debo llevarte a una tienda de ropa. Jaime puede ser un buen hombre y lo que tú quieras, pero definitivamente no tiene buen justo para la ropa, para tu suerte, me tienes a mí.

            Y tras cerrarle un ojo, la pelinegro continúo con su trabajo. Por lo que en esa hora que la estaba esperando, Jessenia permaneció callada viendo trabajar a las camareras. Veía a clientes satisfechos, de todas las edades, géneros y apariencias, entrar y salir del local. Cosa comprensible, ya que la cocina de quien sea que cocinara, era realmente exquisita. Tan solo el olor habría el apetito y hacía rugir el estomago de todos. En especial el de Jessenia, quien aun continuaba con hambre pese a la sopa y a la carne que le trajeron, pero ya que no deseaba seguir aprovechándose de la gentileza de Jaime, es que se aguanto el hambre hasta que pudiera pagarse sus propios alimentos.

            Durante esa hora, Jessenia veía a Megan, con su largo y bonito vestido de camarera ir y venir con diferentes órdenes de comida; de cierta forma, la chica logro aprenderse el número de las mesas. Había treinta en total, de madera elegante; las mesas y sus sillas, estaban cuidadosamente hechas, no eran salvajes y bruscas. Eran cuadradas, cada mesa era suficiente para cuatro personas. Cuando varios clientes, amigos o compañeros de trabajo, iban a comer, simple y sencillamente juntaban dos mesas y se forma una lo bastante larga para alimentar a un total de ocho integrantes. La barra, lugar donde Jessenia se mantenía de espectadora, también era larga, lo suficiente para que frente a la misma se sentaran doce o quince personas en pequeños banquillos.

            Jessenia veía ir a Megan de mesa en mesa, siendo perseguida por la vista de varios hombres que se la comían con los ojos; también observaba a la misteriosa chica rubia con largo cabello dorado amarrado en dos largas coletas a los lados de su cabeza, piel pálida, llamativos ojos rojos y mirada indiferente, tomar los pedidos sin mucho entusiasmo y sin mostrar expresiones en el semblante. Aquel rostro vació casi le recordó a las nulas expresiones faciales del Segador. A diferencia de Megan, a aquella chica rubia, casi ningún hombre se le quedaba mirando. Era extraño, ya que era verdaderamente linda.

            “Quizás su mirada y carácter resultan intimidantes” Pensó la joven desde su banquillo.

            El primer piso de la posada llamada Aura, era muy amplio y limpio al mismo tiempo, bien iluminado y en general, lo inundada un carácter alegre y despreocupado. Fuera del local, una calle transitada por personas, alcanzaba a verse por la puerta de madera con vidriera en medio de la misma y, con un pequeño letrero a cierta altura del cristal y, encima de la puerta, dos campanillas que suenan siempre que alguien sale o entra. Los clientes del local no parecían ser malas personas y tampoco vestían de manera extravagante. De esta forma, Jessenia paso una hora de su tiempo, observando a la gente ir y venir, pasar de largo junto a ella sin prestarle la menor atención suponía para la joven una dicha que no alcanzaba a describir con las palabras.

            — ¡Muy bien, es hora de irnos!—le dijo Megan al terminar de cambiarse su uniforme por ropas más casuales. Pantalón, una camisa y una sudadera sobre la misma. La ropa era simple, pero se le veía muy bien a la atractiva chica de cabellos negros—. Primero te conseguiré ropa de verdad, ya después veremos que encontraremos por allí.

            Megan y Jessenia salieron de la posada Aura, fuera del local, un largo y ancho camino, hecho cuidadosamente de piedra, las recibe a las dos; cruzándolo de un lugar a otro, decenas de personas caminaban; ya sea con su familia, solos o con amigos. A los lados de la posada, había algunas viviendas para familias y mientras Jessenia caminaba por la ciudad, guiada por Megan, le prestaba especial atención a la arquitectura local. Sin duda alguna, las viviendas y tiendas eran un poco diferentes a lo que acostumbraba ver en el reino de Fior. Las construcciones de esta ciudad se veían un poco más modernas, así como los edificios se veían más elaborados, simples y humildes, pero acogedores.

            Después de una caminata de varios minutos, Jessenia y Megan llegaron a lo que parecía ser una tienda de ropa, era un local amplio, de un solo piso y con dos grandes vidrieras por las cuales se podía ver el interior de la tienda. Ambas entraron y, como en la posada de Jaime, cuando atravesaron la puerta, un par de campanillas anunciaron la llegada de posibles clientes.

            — ¡Aquí es!—dijo Megan con satisfacción—. Esta tienda tiene mucha variedad de ropas de todos los tamaños y a muy buenos precios. Siempre que puedo me doy una vuelta por aquí.

            Al entrar, Jessenia observa los diferentes aparadores con todo tipo de ropas de mujer colgando por aquí y por allá. Allí se dio cuenta que no solo la arquitectura de la ciudad era diferente a la del reino de Fior, sino que también la forma de vestir de aquellas personas era muy distinta a lo que ella acostumbraba. Las ropas de esa tienda se veían más ligueras y cómodas, sin mencionar que más coloridas que los vestidos que usaban las mujeres del reino donde Jessenia solía vivir. La diferencia la dejo impresionada por unos segundos. Luego, la realidad la trajo de vuelta.

            —Pero…, yo no tengo dinero, no tengo para comprar esta ropa.

            —No importa, ya me lo pagaras cuando te paguen, por el momento, no puedo permitir que vistas esas cosas que llevas puestas.

            —Ah… te lo agradezco…

            Fue entonces que apareció una mujer madura de algún lugar dentro de la tienda. Debía de tener unos cuarenta y tantos años de edad, vestía de forma extraña y llevaba el caballo largo peinado hacía atrás. Al momento de ver a Megan, la mujer se acerco, ambas se saludaron con afecto y confianza, como si aquellas dos mujeres se conocieran de hace tiempo. Luego, la mujer madura reparo en la presencia de Jessenia y Megan las presento.

            —Elvira, esta es Jessenia, comenzara a trabajar en la posada Aura a partir de mañana. Es nueva en la ciudad, así que pensé en darle un pequeño tour para que comenzara a familiarizarse con los caminos y los lugares cercanos.

            Antes de que Jessenia saludara a la mujer llamada Elvira, ésta se le había adelantado.

            — ¿Quién te eligió esa ropa? ¿Un hombre?

            A lo que la chica asintió con la cabeza.

            — ¡Tenía que ser! Jovencita, cuando se trata de ropa no puedes confiar en el criterio de un hombre, siempre tienes que buscar la ayuda de una mujer si quieres vestir correctamente. Ahora, ¿Qué estas buscando exactamente?

            —Ah… pues… yo, la verdad…—Jessenia nunca se había preocupado por la moda o por su forma de vestir. Cuando vivía en Fior siempre se ponía los largos vestidos característicos de las princesas del lugar; coloridos y llenos con adornos de todas las clases; jamás le gustaron esa clase de vestidos y en general, los vestidos no le gustaban, se los ponía porque eran largos y le cubrían gran parte del cuerpo, pese a que le desagradaban, debía admirar que se sentía segura y protegida con ellos puestos, sin mencionar que en aquel entonces, esos vestidos eran su única ropa, por lo que no tenía nada más que ponerse. Así que, al entrar en un local lleno de ropa extraña para ella, con tantas opciones para elegir, Jessenia se había quedado en blanco, no sabía que decidir—. Yo no se mucho de estas cosas, así que cualquier cosa estará bien.

            —Ya veo. Bien, entonces déjame verte…—Elvira se le quedo viendo a Jessenia con profundidad: su lindo rostro, sus brillantes ojos azules, sus brazos, su abdomen plano, su amplio y generoso busto, sus muslos y el largo de sus piernas; su larga cabellera castaña clara, sus mejillas sonrojadas y labios delgados. ¡Perfecto, ya tenía una idea de lo que le quedaría bien!—. Los vestidos no son malos, es que cosa de saber como usarlos y cuales les quedan bien a las personas. Hay mujeres a las que simplemente, los vestidos no les quedan. ¿Qué me dices, quieres uno?

            — ¡Cualquier cosa menos un vestido!—se apresuro a decir Jessenia.

            —Eso pensé.

            Quizás Jessenia no se daba cuenta de lo que hacía, pero Elvira definitivamente lo noto al instante. La joven trataba inútilmente de bajar la tela del vestido para que le cubriera más las piernas; al ver esto, la mujer se percato que a la chica no le gustaba mostrar su figura; ya sea por baja autoestima, por timidez o vergüenza o, sea lo que sea. La tienda de Elvira siempre estaba para satisfacer al cliente.

            —Es una lastima… con el bonito cuerpo que tienes, el vestido correcto habría causado impacto en ti… los hombres te perseguirían como perros hambrientos… ¡pero, creo que tengo lo indicado!

            Elvira tomo de un par de estantes y vitrinas, unos pantalones y unas camisetas y, junto con la ropa, la mujer se trajo un par de sostenes y unas pantaletas de varios colores: blancas, verdes, azules, negras y rojas.

            —Dime algo, ¿te aprieta la ropa interior?

            —Como supo eso—se sorprendió Jessenia al escuchar la pregunta. Desde hace unos momentos, Megan se había separado para inspeccionar las nuevas adquisiciones de la tienda de Elvira, cuando acabo su rondín, regreso junto a su nueva compañera de trabajo.

            —Elvira lleva mucho tiempo en este negocio, sabe cuando una mujer no esta cómoda con lo que viste.

            —Precisamente—le dio la razón a la pelinegro—. Ahora, toma esta ropa, los vestidores están por allá.

            Jessenia camino derecho hasta un trío de pequeños cuartos individuales. Retiro la cortina que servia como medida de seguridad y entro para cambiarse de ropa delante de un espejo rectangular. Mientras tanto, fuera del vestidor, Elvira y Megan conversan en lo que esperan.

            —Sabes algo—empezó Elvira—, esa chica usa un sujetador más grande que el tuyo.

            — ¡No te pregunte eso!—le respondió avergonzada. Megan era una chica joven, hermosa y de brillante y lacio cabello negro, tenía estilo y gracia, pero su busto dejaba mucho que desear, al igual que sus caderas.

            Al termino de un par de minutos, Jessenia retiro la cortina y salio del pequeño cuartito. El feo vestido había quedado olvidado, ahora usaba unos pantalones que marcaban su exquisita figura femenina, una camiseta de manga larga que no podía ocultar lo grandes que eran sus pechos pero, que gracias al nuevo sujetador que Elvira le proporciono, podía sentir que respiraba mucho mejor. Su largo cabello que, le caía en cascada por la espalda, se le veía muy bien con ese simple conjunto.

            — ¡Lo sabía!—exclamo triunfante la mujer—. Las ropas de mujer sencillas resaltan tu belleza natural.

            Después de varios minutos más de discusiones, debates y regateos, las dos chicas salen de la tienda con un par de bolsas en cada mano. Megan no se había podido aguantar las ganas de comprarse una pequeña boina que encontró en el local y se fue de la tienda luciéndola.

            —Lo lamento, te prometeo que te pagare en cuanto pueda—se disculpo Jessenia por las atenciones tan gentiles que recibía de Megan.

            —No te preocupes, el dinero no es lo importante, a fin de cuentas, el dinero va y viene a cada rato. Ahora lo que debemos hacer es dejar esto en la posada y luego te mostrare un poco la ciudad. Sería incomodo ir de un lugar a otro con las bolsas.

            Dicho y hecho. Las dos chicas se detuvieron en la posada Aura, ya un poco más vacía de cuando la dejaron minutos atrás. El sol estaba por ocultarse y la luna a punto de salir. Las luces de la posada se apagaron un poco, seguían brillando, pero ya no tanto. Esa nueva combinación de luces le daba al lugar una atmósfera más madura y profunda.

            Al salir nuevamente del local, a Megan se le ocurrió que el primer lugar que debían de visitar de la ciudad era el llamado: Central Park. Un enorme parque situado justo en el centro de la ciudad. Lleno de árboles, pasto y campos verdes, lo bastante grande como para que las familias fueran a pasar un rato agradable y calmado. Las dos chicas caminaron por los varios caminos laberínticos, contaron más de veinte bancas para sentarse y a decenas de personas que los transcurrían.

            —Este parque es uno de los mejores lugares de toda la ciudad—le decía Megan a Jessenia—. Como te abras dado cuenta, es enorme y con muchos caminos que conectan con las diferentes zonas de la ciudad.

            — ¿Zonas? ¿A que te refieres?  

            —La ciudad esta dividida en varias zonas. Esta la zona de comercio, donde se reúnen diferentes vendedores a vender sus productos, la zona educativa, donde se encuentran las diferentes escuelas, las zonas residenciales, son varias y como su nombre lo indica, están habitadas por personas, la zona que conecta con el hospital de la ciudad y el Gran Orfanato de Central.

            — ¿Gran Orfanato?

            —Es el lugar donde acogen a los niños que no tienen padres ni tutores legales. Allí se les proporciona educación, alimento, cuidados médicos y se les da un pequeño trabajo. Nada serio, cosas como limpiar, lavar trastes, ayudar con la jardinería y a cambio, se les da un poco de dinero para que los niños lo gasten en lo que deseen. Es un buen lugar para vivir pero, una vez que cumples la mayoría de edad, debes dejar el orfanato y empezar a vivir por tu cuenta. Tampoco es tan malo, el orfanato te ayude a encontrar un buen trabajo. Ellos me ayudaron a encontrar uno.

            — ¿Ellos? ¿Quieres decir que tú viviste en ese lugar?

            Megan clavo la vista al cielo que comenzaba a oscurecerse, entorno los ojos y respondió con seriedad.

            —Así es. Viví en el orfanato por algunos años hasta la mayoría de edad—luego se volvió a Jessenia—. ¿Quieres ir a ver el edificio?

            Jessenia acepto, por lo que Megan se desvió del camino y tomo una nueva ruta por ese inmenso parque que más bien parecía un bosque. Caminaron varios minutos. La joven de cabello castaño se percato que poco a poco y, a cada paso que daban, los ruidos de las personas se iban apagando, señal de que se alegaban de la civilización y se internaban aun más en ese parque.

            Desde que salio de la tienda de Elvira, Jessenia había dejado atrás su timidez y nerviosismo, ya no caminaba encorvada ni apenada por lo que vestía, ahora andaba más resuelta y con confianza en si misma. Nunca se había percatado del poder que podía ejercer la ropa en el carácter de una persona. Vestir las prendas adecuadas ayudaba a aumentar la confianza en uno mismo. Hasta apenas unas horas atrás, se había percatado de este hecho. Jamás le presto atención a la moda ni a su forma de vestir pero, debía de admitir que, a comparación de la ropa anterior elegida por Jaime, lo que Jessenia vestía en esos momentos, le quedaba mucho mejor y se sentía más cómoda con esas ropas.

            Tras una larga caminata en un sendero solitario, rodeadas por árboles y una que otra banca para sentarse a descansar, Jessenia y Megan finalmente logran divisar a la distancia, unas luces más adelante. La joven pelicastaño se imagino que de día, aquel camino quizás resultaría cómodo y agradable, pero durante la noche se veía sombrío y algo lúgubre, como si alguien, en cualquier momento, aparecería de entre los árboles solo para asustarlas a las dos. Por lo que Jessenia caminaba con cuidado y con cautela, prestando atención al más mínimo de los sonidos; en contra parte, su compañera Megan andaba tranquila y resulta, con la confianza de alguien que ha pasado por ese mismo sendero decenas de veces atrás.

            Finalmente, ambas chicas, llegan a su destino. Al final de ese camino que parecía interminable, un edificio de cinco pisos y largo, se levantaba en mitad de la naturaleza. Desde afuera se podía apreciar algunas ventanas y del otro lado, luces encendidas, ocasionalmente, la silueta negra de alguien que pasaba frente a la ventana se alcanzaba a ver desde afuera. Delante de la entrada principal, otro camino de unos metros de largo y a los lados de ese camino, pasto verde, sano y limpio.

            —En la parte trasera del orfanato hay una zona de juegos para los niños—dijo de pronto la chica de cabellos negros—: sube y baja, columpios, resbaladeros, pasamanos, entre otras cosas. ¿Qué te parece?—le pregunto volviéndose a su compañera.

—    ¿Eh…? Pues… Me parece perfecto—no sabía que más pensar o decir.

—Ya veo. Regresemos.

            La regresada tomo otros tantos minutos. Para cuando ya habían avanzado un buen tramo de camino, el poco sol que quedaba en el cielo se había esfumado.

            — ¡Ah… lo olvidaba!—exclamo de pronto Megan—. Aun hay un lugar importante que debemos visitar. ¿Te parece bien?

            Jessenia le respondió que no había ningún problema. A decir verdad, era muy extraño, la joven de cabello castaño era terrible para actividades físicas, ya que durante gran parte de su vida se la pasaba sentada sin hacer nada, por lo que caminar era algo que la agotaba casi inmediatamente, no obstante, pese a todo lo que caminaron en esos pocas horas por la ciudad, Jessenia no se sentía cansada en lo más mínimo, ni mucho menos adolorida. Su cuerpo se sentía sorpresivamente ligero y fresco. No pudo sentir ni una sola gota de sudor mientras caminaba y caminaba. Era sumamente extraño, ya que cuando caminaba en el reino de Fior, por lo general terminaba cansada a la hora y con las piernas y pies, adoloridas por todo lo que tuvo que andar.

            — ¡Es aquí!—las palabras de Megan trajeron a Jessenia de vuelta a la realidad.

            Frente a las dos chicas, un enorme edificio que se alzaba tratando de tocar el cielo, yacía firmemente delante de ella. Jessenia no sabía nada de arquitectura pero, aquella enorme construcción debía de medir más de diez pisos de altura. Delante de ellas y a unos metros más al frente, unas puertas de cristal y, sobre las puertas y a unos metros más arriba, un logotipo resaltaba majestuosamente. Se trataba de un escudo como fondo y dos espadas formando una X al frente del mismo y, a los lados de cada espada, las siguientes letras escritas en dorado: “E-T”.

            — ¿Qué es este lugar?—Jessenia pregunto sorprendida.

            —Es impresionante, ¿no es verdad? Este lugar es el Gremio de ciudad Central, su nombre es: Eternal Soul. Aquí es donde viven y trabajan los Cazadores de la ciudad.

            — ¿Trabajan? ¿Qué es lo que hacen?

            —Su trabajo consiste en pelear contra los Seres Oscuros que atosigan a las personas del mundo. Más exactamente, son como mercenarios. Otras ciudades, reinos, países o pueblos, le pagan al Gremio de nuestra ciudad a cambio de los servicios de los Cazadores. Por ejemplo, si hay una horda de monstruos que atacan a una ciudad; esa ciudad paga determinada cantidad de dinero al Gremio y entonces el Gremio manda a uno o varios Cazadores a que se encarguen del problema. Eso es Eternal Soul.

            —En pocas palabras: son peleadores—resumió Jessenia.

            —Si. Esa es otra forma de verlos.

            Ambas chicas se quedaron contemplando el alto edificio por unos segundos, luego, la pelinegro interrumpió el momento.

            —Es mejor que nos vayamos, se hace tarde y mañana debemos levantarnos temprano para trabajar—ambas chicas se dieron la vuelta y comenzaron a caminar rumbo a la posada Aura—. La posada abre sus puertas a las nueve de la mañana, por lo que nosotras, las camareras y a veces mucamas, debemos estar a las ocho, una hora antes de que el local abra.

            Megan dejo a Jessenia en la puerta del local, se despidió de la chica y quedaron en verse a la mañana siguiente. Al entrar, la joven noto que las luces del restaurante habían bajado a un más, casi no se podían ver las mesas y las sillas. En cambio, la barra se encontraba parcialmente iluminada, detrás de la misma se encontraba Jaime sirviendo varios líquidos oscuros en unos vasitos de cristal llenos de hielo y los servía a los clientes. Le deseo las buenas noches a Jessenia y entonces la joven subió al tercer piso del local. Entro en su recamara, se desvistió y luego se fue a la cama, un poco nerviosa ya que mañana iniciaría su primer trabajo y al mismo tiempo ansiosa e impaciente. En pocos minutos estaba sufriendo una serie de emociones que jamás creyó sentir en su vida. Su vida a penas estaba iniciando nuevamente y ya deseaba comenzar a vivirla. Definitivamente, había tomado la mejor decisión dentro de esa montaña. ¡Vivir era lo mejor! Claro, siempre habrá momentos tristes y dolorosos, pero esos momentos no son los únicos en la vida, cada día nublado tenía su rayo de luz. Solo había que descubrirlo.

            Ya que el sueño se tardaba en reclamarla, Jessenia comenzó a pensar que nada de eso sería posible sin la intervención del Segador en su vida. Ella seguía sin saber nada de él, no sabía si lo volvería a ver, ella, en esos momentos, creía que no. Que sus caminos se habían cortado eternamente desde que despertó en esa habitación. Se lamentaba no haber podido despedirse o agradecerle por la nueva oportunidad que le brindaba.

            De pronto, antes de conciliar el sueño, recordó que antes de salir con Megan, Jaime, su nuevo jefe desde mañana, le había hecho una última pregunta con respeto al Segador. Fue la siguiente:

            — ¡Ah, Jessenia, antes de que te vayas! ¿Puedo hacerte una pregunta?

            —Por supuesto—concedió la joven.

            —El muchacho que te trajo en brazos anoche… era bueno o malo.

            Podía parecer una simple pregunta. El Segador era alguien bueno o alguien malo. Eso era todo. Por un lado, salvo la vida de Jessenia y le otorgo una nueva oportunidad para vivir pero… ¿eso lo vuelve alguien bueno? Es cierto que la ayudo y ella siempre le estará agradecida por ello, aun cuando no conozca ni siquiera su nombre pero… si tuviera que responder a la pregunta de Jaime, Jessenia diría lo siguiente:

            —No lo se—fue su única respuesta.

            Jaime le escruto los ojos por algunos segundos, tras decidir que aquella chica no mentía, es que le concedió permiso para irse.

            Jessenia, a fin de cuentas, no podía responder con claridad. Ella no conocía nada al Segador. Nada de nada. Es cierto que la salvo, que la ayudo y le otorgo un nuevo comienzo en esa ciudad pero… siempre que lo recordaba, le venía a la mente sus afilados y brillantes ojos color zafiro. Fríos y amenazadores como un cuchillo. Aquella mirada que no veía nada en realidad, le hacía sentir un escalofrió helado en todo el cuerpo. Y, pese a que el muchacho jamás le hizo daño alguno, todo el cuerpo del Segador emanaba una presencia pesada y oscura, amenazante y muy peligrosa. Jessenia sabía que aquel chico era alguien sumamente peligroso y que no se le debía tomar a la ligera, por lo que si le volvían a preguntar nuevamente el mismo cuestionamiento de Jaime, la joven estaría más inclinada a responder de la siguiente manera, aun cuando ella misma no estaba del todo segura, solo se guiaría por su instinto:

            —Es alguien malo.

            Es lo que su instinto le diría que dijese. Por lo que pensando en el Segador y el misterio que él representaba para ella; Jessenia empieza a cerrar los ojos y se entrega a un sueño ligero. Esperando despertar a la mañana siguiente y vivir su vida como una nueva joven renacida de las cenizas. 

Notas finales:

Hasta el siguiente capitulo. 

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