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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Hola lectores! Lamento la tardanza, aqui el capitulo numero 18 de la historia, espero les guste y por favor, no olviden comentar para hacerme saber sus opiniones o criticas para con el capitulo o la historia en general.

Hasta el siguiente capitulo que espero, poder tenerlo a tiempo. 

EL CAPITULO NO SE SUBIO COMPLETO, POR LO QUE EL FINAL ESTA EN LOS COMENTARIOS FINALES. 

NO OLVIDEN DEJAR COMENTARIOS¡¡¡¡

El segundo día de trabajo en la Posada Aura, Jessenia aún se sentía insegura por el largo vestido que debía llevar a modo de uniforme. Le gustaba que fuera largo y le llegara hasta las rodillas, mientras que unas largas calcetas blancas cubrían la otra porción de piel, sin embargo, cada vez que se veía al espejo, una parte de ella no terminaba de acostumbrarse. Fuera del uniforme, la chica también tenía dificultad a la hora de tratar con los clientes regulares del restaurante, le costaba un poco de trabajo acercarse a un desconocido y tomar su orden; la simple tarea hacía que su cara se ruborizara por la pena y anotara los pedidos demasiado rápido, tan rápido que al momento de leer la orden, la misma Jessenia tenía problemas para entender su propia letra. Por lo demás, sus deberes como mucama los disfrutaba de mejor manera ya que, a diferencia del trabajo de camarera, estos implicaban hacer la limpieza en una habitación solitaria del segundo o tercer piso, actividad que la chica prefería y en la cual podía relajarse.

            A lo largo de su segundo día de trabajo, Jessenia, cuando no trabajaba como mucama, aseando los pisos superiores, permanecía tranquila en el restaurante limpiando mesas, limpiando el suelo, ayudando con los deberes en la cocina y demás actividades que Jaime, el dueño y administrador del lugar, le encomendaba. Cuando era la hora de salida de Jessenia, cuyas veces no siempre eran iguales que su nueva amiga, Megan, ésta se dedicaba a dar un paseo por la ciudad para terminar de familiarizarse con los alrededores y así, poder salir y dar un paseo cuando le apeteciera.

            En sus caminatas, la joven observaba con gran interés la arquitectura de los edificios, de las viviendas y de los comercios, así como la moda de las personas que iban y venían de sus destinos para luego compararlos con los del reino de Fior y, tras pensar en un veredicto, Jessenia pensó que la ciudad de Central era un lugar mucho más liberal. La moda de las personas era más simple y sencilla que la que impera en Fior, allí sus ciudadanos debían vestir ropas más gruesas y protectoras. Sin mencionar que el ambiente era mucho más tranquilo y relajado. Pero, sin lugar a dudas, lo que a Jessenia más le gusto de Central eran dos cosas, una de ellas era el enorme parque que más bien parecía un bosque y, en el centro de la ciudad, un alto edificio se imponía por sobre todas las demás viviendas y comercios.

            En su primer día en la ciudad, Megan le dijo que ese edificio era el Gremio de Cazadores llamado: Eternal Soul (Alma Eterna) y que sus funciones eran variadas, era, en resumen, el lugar donde se reunían los Cazadores para aceptar diversos trabajos fuera de la ciudad. Los trabajos eran muy bien pagados, pero cada uno de ellos suponía un peligro mortal del cual no era seguro regresar con vida.

            Ese segundo día, Jessenia andaba por uno de los tantos caminos del parque, ya era el atardecer y el sol estaba a punto de abandonar su reinado como señor del cielo y pasárselo a la luna. En su caminata, llego frente a las puertas de cristal del alto edificio en medio de la ciudad. Sobre las puertas transparentes, a unos metros de distancia, un letrero con letras doradas decía lo siguiente: E-S. De su interior salían varias personas de todas las edades vistiendo un atuendo negro y otras que entraban luciendo el mismo traje solo que blanco. También, aparte de esas personas, un grupo de jóvenes y otros de adultos, vistiendo casual, entraban al edificio entre risas y sonrisas marcadas en el rostro. Jessenia advirtió que uno de esos hombres, uno con el brazo especialmente musculoso, tenía tatuado en el hombro un símbolo que era idéntico al que se encontraba en el edificio. El símbolo consistía en un escudo con dos espadas que se cruzaban al frente del mismo y, al lado de cada espada las siguientes letras en dorado: E-S.

            Algunas chicas, unas que vestían especialmente ligero, también tenían ese tatuaje marcado en rojo en los hombros, en los muslos y una tenía ese tatuaje en su pecho izquierdo. Cuando entraban o salían del edificio, algunos le dedicaban unas miradas intensas a Jessenia, ésta, por su parte, se limitaba a bajar la mirada tímidamente para no ocasionar problemas.

            Cuando estaba lista para irse, la joven se da la vuelta y emprende la marcha, lamentablemente, al haberse vuelto tan rápido, la muchacha choca contra otra persona y ésta cae al suelo.

            — ¡Ah! ¡Lo lamento!—se disculpó Jessenia de inmediato, un tanto sorprendida que el choque haya provocado que otra persona y no ella, terminara en el suelo—. ¿Te encuentras bien?

            Jessenia le tendió la mano a una bella joven de largísimo cabello verde oscuro, no obstante, la chica se levantó de un brinco sin problemas.

            — ¡Claro, claro! ¡No hay ningún problema! Fue mi culpa por no fijarme por donde iba.

            Jessenia noto que esa chica tenía unos fascinante ojos de color ámbar en una energética y agradable mirada. Antes de que la desconocida tuviera tiempo para decir más, un muchacho aparece detrás de ella.

            — ¿Que estás haciendo?—le pregunto dándole un golpecito en el hombro y  pasando corriendo a su lado para luego entrar al edificio—. ¡Rápido, se nos hace tarde!

            — ¡Espérame!—la chica de largo cabello verde fue detrás del muchacho, pero antes de perderse en el interior del edifico, se vuelve una última vez para despedirse—. ¡Hasta pronto, quien quiera que seas!

            Se despidió moviendo el brazo en el aire.

            Jessenia continúo con su peregrinaje por la ciudad de Central. Observo desde la distancia los altos muros que rodeaban la ciudad y, cada vez que los veía, no podía evitar preguntarse: “¿Cómo había hecho el Segador para cruzar a la ciudad sin pasar por la seguridad?” Se le ocurrían diferentes respuestas a esa pregunta, entre la más popular era que logro saltarlos con ella en sus brazos. Pero, como probablemente nunca obtendría una respuesta clara así como no había seguridad de que volviera a ver a ese personaje, Jessenia se regresa a la Posada Aura. Ya habían pasado unas horas desde que comenzó su caminata por la ciudad. Fue a la zona comercial donde se ponían los diversos comercios, resulta que el parque de Central, al estar justo en medio de la ciudad y al ser tan grande como era, conectaba con las distintas zonas de la ciudad. Le parecía increíble eso y a la vez complicado, ya que el parque estaba repleto de caminos, por lo que a Jessenia le preocupo la idea de perderse.

            Regreso a la Posada donde termino su segundo día de trabajo y nada raro o extraño había sucedido.

            En su tercer día, Jessenia ya era capaz de arreglarse sola en cuestión de minutos y, quizás sea por la fuerza de la costumbre, pero cada vez que se veía reflejada usando ese largo vestido de sirvienta, una parte de ella dejaba de sentirse incomoda e insegura. A cada día que pasada, Jessenia se acostumbraba más y más a su trabajo y a tratar con las personas. En su tercer día, un día particularmente ajetreado, pues el restaurante estaba repleto de clientes esa tarde; la ayuda de todas las chicas era imprescindible. Jessenia, Megan y Rachel iban y venían con órdenes de comida, con alimentos sobre grandes bandejas de plata y limpiando las mesas para nuevos clientes. Ese día, ya a unas horas de cerrar el local, un grupo de clientes conformado por mujeres maduras, demandaban, casi ordenaban ver al chef responsable de sus deliciosos platillos. Jaime consintió la breve entrevista y, pese a que Jessenia y las demás camareras nunca lo veían fuera de la cocina, Chris salió con su traje de cocinero impecable y radiante de blanco.

            Jessenia no lo conocía a fondo, lo único que sabía de él era lo que Megan le contaba y eso era lo siguiente: tenía veinticinco años, era el hermano mayor de Rachel y, como ella, poseía ojos rojos, su piel era pálida, de cabello corto y rubio y, contrario a su hermana, cuya mirada era fría e indiferente, la mirada de su hermano Chris era gentil, cálida y madura, sin mencionar que el muchacho era de carácter maduro y altruista.

            Al momento de verlo, allí parado, alto y con cuerpo atlético, añadiéndole una sonrisa cálida en el rostro, Jessenia veía desde la distancia como las clientas babeaban y se sonrojaban en su presencia. Era un sujeto condenadamente guapo y eso Jessenia lo reconocía. Unos segundos después, las puertas de la cocina se abrieron y de su interior, un chico que solamente fue visto por Jessenia una única vez, salió caminando con una mirada igual o más fría que la de Rachel. Al igual que Chris, era muy atractivo, su cabello era azabache y largo, quizás demasiado largo para trabajar en una cocina ayudando a preparar alimentos y sus ojos eran de un increíble y llamativo color violeta. Junto con el chef principal, ese joven recibió las alabanzas de las mujeres que, al igual que el rubio a su lado, lo devoraban con la mirada. Solo que a diferencia de Chris, éste chico no demostró nada, ni unas simples palabras, ni siquiera una leve sonrisa.

            Al momento de regresar a la cocina, su mirada violeta se cruzó con los ojos azules de Jessenia. El contacto duro unos vergonzosos segundos tras los cuales, Jessenia aparto la mirada apenada. No se percató que se le había quedado mirando directamente. Sin embargo, después de que el chico hubo desaparecido del otro lado de la cocina, la joven se percató de algo insólito. ¡Se parecían! ¡Los dos eran casi idénticos! Jessenia se había dado cuenta al fin porque se le había quedado mirando por varios segundos, la apariencia de ese joven era casi igual a la del Segador. Ambos tenían largo cabello azabache, hasta el peinado era parecido, sus miradas eran tan frías como el hielo, tenían casi la misma altura, sino que la misma y, para terminar, ambos emanaban una presencia similar, no igual, solo parecida.

            El resto del tercer día, Jessenia se la paso comparando mentalmente al joven de la cocina con el Segador. Tan ensimismada estaba en sus pensamientos que, en lo que resta del día, se la pasó confundiendo los pedidos y constantemente llevo un platillo equivocado a la mesa errónea. Cuando el restaurante al fin hubo cerrado, Megan no tenía ganas de salir a caminar, solo deseaba irse a casa y dormir lo que restaba de la noche. Extrañamente, pese a que el restaurante estaba a reventar de clientes y todos se la pasaron de pie caminando, Jessenia no se sentía ni un poco cansada ni adolorida, a decir verdad, aun le quedaban energías de sobra para gastar, por lo que salió y dio un largo paseo por la ciudad.

            Ahora que lo pensaba bien, desde que llego a la ciudad, Jessenia había sido invadida por unas nuevas energías que no se conocía. En ese sueño se lo había dicho a su yo del pasado, pero no pareció darle mucha importancia. Jessenia tampoco creía que fuera gran cosa pero, desde que despertó ese día, la joven tenía problemas para conciliar el sueño. Su cuerpo estaba tan lleno de  energía que la pobre muchacha debía de dar decenas de vueltas en la cama para finalmente dormirse, por lo que antes de acostarse, la pelicastaño daba una larga caminata para gastar esa energía extra.

            Al cuarto día de trabajo, las cosas ya eran más normales. Jessenia se tomaba con calma las órdenes de los clientes y no fallaba en ningún pedido y hasta había hecho lo que hace unos días consideraba imposible. ¡Logro sonreírles a los clientes! Una sonrisa tranquila y serena que logró cautivar los corazones de muchos hombres que paraban a comer ahí. Desde su primer día como camarera se había extendido el rumor de que una nueva empleada trabajaba en la Posada Aura, movidos por la curiosidad, muchos clientes masculinos de todas las edades, iban con el afán de recibir una sonrisa de Jessenia. La muchacha de dieciocho años, largo cabello castaño amarrado en una cola de caballo y con dos largos mechones que le caían a los lados del rostro, era la sensación del momento. Su lindo rostro y su gran figura física le habían asegurado, desde ese cuarto día, las confesiones de muchos chicos jóvenes.

            Su modo de preguntárselo era simple, iban al restaurante y esperaban ser atendidos por Jessenia y entonces, aprovechando el momento, le hacían sencillas declaraciones de amor. No era amor en el sentido estricto de la palabra, pero si le pedían que si podía salir con alguno de ellos alguna vez y entonces, el tiempo diría lo demás. Las confesiones, a comparación de cuando se le confesaban en Fior, eran totalmente diferentes, las que recibía por parte de los clientes masculinos se escuchaban y sentían más sinceras y honestas. La primera vez que escucho una, Jessenia se había quedado petrificada por la impresión, no sabía cómo reaccionar a una confesión, no obstante, pese a que no deseaba herir los sentimientos de nadie; la joven los había rechazado con educación y gentileza, argumentando que de momento, el romance y las parejas no le llamaban la atención. Quizás algún día, cuando su vida termine de estabilizarse, Jessenia sienta interés por tener una pareja y formar así una familia. A decir verdad, esa era una de las fantasías que la joven soñaba cuando vivía en Fior. Ser rescatada por un apuesto héroe, guerrero o personaje misterioso, vivir una aventura y luego enamorarse y terminar casada y con hijos.

            Era interesante como sucedían las cosas, a Jessenia le había sucedido algo parecido a ese sueño que tuvo; no obstante, en lugar de enamorarse y quedarse con el héroe, ella se quedó en la ciudad trabajando como camarera y mucama y, lo más extraño de todo, es que no le molestaba, estaba satisfecha con su vida y por el momento, no deseaba ser molestada o cortejada. Por lo que rechazaba con gentileza a todo aquel que le pedía una relación.

            Al quinto día, la fama de Jessenia no hacía más que seguir creciendo y atrayendo pretendientes que no se rendían. A diferencia del reino de Fior, donde todos los compromisos y relaciones debían de ser entre personas de edades similares, en la ciudad de Central, cuestiones como la edad y el sexo, no eran cosas muy importantes. Jessenia entendía que chicos jóvenes, con edades similares a la de ella, la pretendan, pero cuando adultos maduros también la cortejaban, la chica se lo tomaba de manera extraña. No le molestaba, solo no terminaba de entenderlo. No comprendía como alguien más viejo pretendiera a alguien más joven o viceversa. Algo similar ocurrió un día en que Jessenia salio a pasear por la ciudad, se encontraba caminando por el parque, cuando de pronto, vio pasar a una pareja de dos mujeres tomadas de la mano. Ellas se encontraban a varios metros por delante de Jessenia, aun así, ella las vio con total claridad; la joven, para llegar a su destino, debía de pasar al frente de esas mujeres que, decidieron tomar asiento en una banca del parque y, mientras la chica pasaba muy cerca de las dos, estas hicieron algo que la inocente joven jamás se había imaginado posible o, al menos, hicieron algo que nunca antes había visto en el reino de Fior. Las dos mujeres se acercaron la una a la otra y sin vergüenza, ¡se dieron un beso! Esa sencilla muestra de afecto sacudió por completo lo que Jessenia entendía por parejas y relaciones.

            Se avergonzó de sí misma al percatarse que se les había quedado viendo, afortunadamente, esa pareja, estaba tan ensimismada en demostrase afecto publico que no repararon en la presencia de la joven. Ésta se ruborizo y paso caminando rápidamente al frente de las dos mujeres para después perderse de vista. Por varios minutos, la frágil e inocente mente de Jessenia no sabía que pensar de lo que acababa de ver. Si fueran un hombre y una mujer, de la edad que sea, lo hubiese entendido y ni siquiera le hubiese importando, después de todo, no era extraño ver a una pareja de diferente sexo mostrarse afecto en público, pero que haya sido entre personas del mismo género… Simple y sencillamente, la chica de largo cabello castaño no lograba entenderlo. No le molestaba, es solo que no entendía como una persona podía encontrar deseable a alguien del mismo sexo. Durante varias horas, Jessenia trato de encontrar las respuestas a sus incógnitas, pero al no hallarlas, decidió dejarlo pasar, a fin de cuentas, no era un gran problema.

            Ese quinto día, Jessenia se despertó para iniciar un nuevo día de trabajo, lamentablemente, lo que la joven no sabía, es que ese quinto día en la ciudad de Central, era el principio del fin de sus días normales. Se levanto temprano, se dio una ducha caliente, se vistió en tiempo record y acomodo su cabello en una coleta y en dos mechones de cabello que le caían a los lados de la cara, más un flequillo en la frente. Se miró en el espejo por unos segundos, asegurándose que todo estuviera limpio y en orden. ¡Perfecto! No había razón para suponer que ese día fuera a ser diferente al resto de los demás.

            Bajo al restaurante y sin necesitar de las instrucciones de Jaime, Jessenia se había puesto a trabajar. Comenzó limpiando los suelos y las mesas, para luego ir a limpiar la entrada del local y, como la puerta de acceso era de cristal, también debía de limpiarla. Fuera del restaurante, mientras barría la banqueta, un grupo de personas la saludaban con amabilidad y cordialidad, la chica les respondió a los saludos para luego entrar de nuevo en el restaurante. ¡Todo estaba saliendo bien! La vida que tanto deseada desde que vivía en el castillo de Fior, finalmente la estaba obteniendo. En esa época, Jessenia tenía todo lo que una persona pudiera desear: riqueza, fama, poder y una vida tan fácil donde cualquier cosa que pida, por más difícil o ridícula que sea, la obtendría de inmediato; sin embargo, pese a todas estas comodidades, la joven no lograba sentirse a gusto con nada, todo le parecía vació y sin sentido. Su aburrimiento era tal que en varias ocasiones, su único refugio de la tediosa realidad eran los libros de la Gran Biblioteca. Algunas veces se imaginaba que era la princesa rescatada por un apuesto y valiente héroe y, en muchas otras, era ella la heroína que vivía cientos de aventuras sin fin.

            Ya sea por la soledad que tuvo que pasar en Fior, o por la culpa de no merecer nada de lo que tenía, Jessenia nunca pudo sentirse cómoda con nada de lo que había en ese reino, afortunadamente, desde que llego a Central, su vida dio un vuelco positivo. Se sentía con más energías y llena de vida. No deseaba cambiar ese sentimiento por nada.

            Ese quinto día, el trabajo en el restaurante era un poco flojo, no había mucha clientela, por lo que Jessenia y Megan no tenían mucho que hacer más que limpiar las mesas y el piso; Rachel se encontraba haciendo las labores de mucama en los pisos superiores y los tres chicos limpiaban y hacían sus actividades en la cocina.

            — ¿Otra vez?—cuestiono Megan irritada. Veía con una mirada de cansancio como un chico de unos veintitantos intentaba lo imposible, tratar de ligarse a Jessenia. Era una escena que los empleados, sobre todo las camareras, veían habitualmente desde hace unos días—. ¿Es que esos idiotas no tienen dignidad? ¿Cuántas veces deben ser rechazados para darse cuanta que Jessenia no esta interesada en los hombres?

            Jaime, que en esos momentos se encontraba detrás de la barra junto a Megan, río un poco al escuchar las afirmaciones que la chica hacía sobre Jessenia.

            —Yo no creo que ese sea el caso—afirmo el hombre maduro.

            — ¿De que hablas?

            —De que a Jessenia no le gustan los hombres—aclaro, luego añadió—: creo que exageraste con eso.

            — ¿Eso crees? Entonces explícame porque rechaza a cada pretendiente que aparece. Si han venido algunos muchachos que son bastante guapos.

            Antes de responder a eso, una tercera voz proveniente de la cocina se hace notar.

            — ¿Qué no es obvio?— dijo Matt saliendo de la cocina—. Jessenia esta esperando por mí. La pobre se enamoro de mi belleza desde el momento en que me vio. ¡Si, eso fue! ¡Fue amor a primera vista! Esa palomita ha estado esperando a que yo me acerque a ella y la aparte de todos esos buitres que solo desean probar su carne fresca. ¡Oh, espera un poco más, mi querida! ¡Pronto te salvare de las desdichas que estas pasando!

            — ¡Aquí el único buitre eres tú!—le recrimino Megan.

            — ¡Que mala eres conmigo!—se quejo el chico sin darle importancia a las palabras de la pelinegro—. ¿Por qué no lo admites, Megan?

            — ¿Admitir que cosa? ¿De que hablas?

            — ¿Qué no es obvio? ¡Te mueres de los celos! Ya quisieras tú recibir la atención que Jessenia recibe todos los días.

            A Megan se le ruborizaron las mejillas al escuchar las afirmaciones que hacía el muchacho pelirrojo. Matt continúo.

            —Eres atractiva, Megan, de eso no cabe la menor duda, ¡Pero…! ¡Ah! ¿Cómo te lo digo? ¡Ya se! Tú belleza es demasiado simple y normal. Eres una chica bonita que se encuentra en cualquier parte, por eso no atraes la atención de los hombres. En cambio, Jessenia tiene algo, esa chica posee una hermosura extraña, excéntrica, diferente a lo común. ¿Si me captas?

            — ¡Ah! ¿Por qué mejor no te callas y regresas a la cocina? ¿No tienes platos que lavar?

            Matt le dedico una simple sonrisa antes de perderse de su vista y regresar a sus labores.

            Esa tarde, Jessenia y Megan salieron juntas en su descanso. Como no había muchas personas ese día en el restaurante, ninguna de las dos chicas, especialmente la pelinegro, se encontraba cansada. Mientras andaban una junto a la otra en la ciudad, muchos jóvenes y adultos, todos varones, le dedicaban a Jessenia saludos y “buenas tardes” “¿Cómo estuvo su día?” y demás cosas parecidas. Todas las miradas y atenciones, aunque no fueran muchas, estaban dedicadas especialmente a Jessenia y era como si Megan no existiera. Aunque le molestaba un poco admitirlo, se sentía un poco celosa de su amiga y compañera. Desde hace un tiempo, la pelinegro se había propuesto la meta de conseguirse un novio. Uno que fuera alto, guapo, fuerte y decente, pero, por más que lo buscaba, no encontraba a ninguno que llenara sus expectativas y, de manera irónica, cuando encontraba a uno, éste no estaba interesado por cualquier razón. 

            Así que se sentía un poco celosa de que Jessenia recibiera tantas atenciones y las despreciara como si no significaran nada. Sin embargo, lo que Megan no sabía de su compañera, es que ella ya había recibido demasiada atención en el reino de Fior a causa del deseo que le pido a la Bruja y, en esos momentos, lo que Jessenia más deseaba, era mantener un perfil bajo. Tener una combinación perfecta entre ser ignorada y recibir la atención necesaria.

            Esa tarde, ambas chicas se detuvieron en el parque, tomaron asiento en una de las tantas bancas que allí había y se pudieron a platicar de cualquier cosa. Jessenia aun no había podido sacarse de la cabeza la imagen del Segador y del muchacho que trabajaba en la cocina como ayudante de Chris, por lo que aprovecho la oportunidad para preguntárselo a Megan.

            — ¡Ah! ¿Ese sujeto?—la pelinegro se lo pensó por unos segundos, luego respondió—. Lo siento, pero yo tampoco se mucho sobre él. Le pregunte a Jaime y me dijo que su nombre era Joe y que empezaría a trabajar ocupando el puesto de Nick. 

            — ¿Nick? ¿Quién es él?

            — ¡Cierto! Tú no lo conociste. 

            Megan le explico a Jessenia que Nick era el antiguo ayudante de cocina de Chris y que llevaba en el restaurante un año entero. Megan lo conocía muy bien, pues le parecía un muchacho agradable y simpático. Sin embargo, hace unos días, el día exacto en que Jessenia llego a la ciudad de Central, Jaime suspendió de manera indefinida al joven y contrato a Joe como ayudante de cocina. El dueño de la Posada Aura nunca le explico a detalle porque lo hizo, pero si le hizo saber que solo sería momentáneo; cosa de un par de días, quizás unas pocas semanas y, al termino de ese tiempo, Nick regresaría a su puesto y Joe se marcharía. Eso es todo lo que Megan sabía sobre ese muchacho.

            — ¿Entonces solo sabes su nombre?—se aseguro la joven. A lo que Megan asintió afirmativamente.

            — ¿Por qué preguntas?—inquirió curiosa la chica. Luego, al ver que Jessenia no respondía nada y quedo con la vista en el suelo, es que la muchacha hace sus propias conjeturas—. ¡Espera, no me digas que…!—a lo que Jessenia se volvió para verla—. ¡Te gusta, Joe!

            Jessenia ni siquiera se lo tomo como una broma. Miro a su compañera con cara indiferente, como si no terminara de entender de lo que hablaba.

            — ¿De donde sacaste esa idea?—le pregunto con tranquilidad.

            — ¿No es así?

            —Por supuesto que no. Te pregunto sobre él porque me recuerda a otra persona que conocí…—Jessenia se quedo callada de pronto y reflexiono en sus palabras, luego al ver su error, se corrige automáticamente—. Bueno, no es un conocido en el sentido estricto de la palabra, pero si me recuerda a alguien importante para mí.

            — ¿Importante?—la pelinegro se aventuro a explorar terrenos peligrosos—. ¿Tu novio o algo así?

            —Para nada—sentencio de inmediato—. Es importante para mí porque sin él, probablemente yo no estaría aquí, en este momento. Le debo mucho a esa persona, pero no creo volver a verlo.

            — ¿Por qué no?

            —No creo que él sea un sujeto fácil de encontrar y, aunque lo fuera, no lo buscaría. Creo que él me dio una segunda oportunidad para empezar en esta ciudad y no deseo arruinarla. Este en el lugar que este, simple y sencillamente le estaré muy agradecida, pero eso es todo.

            — ¿Cuál es su nombre?

            Al escuchar esa simple pregunta, Jessenia bajo la mirada y entrecerró los ojos. Es cierto, ¿Cuál era su nombre? Ni por un segundo, mientras la joven viajaba con él, se le ocurrió preguntárselo. No había pasado más de una semana desde que sus caminos se separaran y, pese al corto intervalo de tiempo, Jessenia creía que habían pasado semanas desde aquella noche tan ajetreada en Fior. Aquella noche donde toda su vida dio un giro total. Aunque los dos estuvieron tan cerca el uno del otro, Jessenia nunca fue capaz de sentirse cerca del Segador, la distancia que los separaba era enorme, gigantesca y, quizás por eso, la joven se sentía de cierta forma, intimidada por la presencia tan dominante que el Segador ejercía sobre ella, por lo que nunca se le ocurrió preguntarle su nombre, ni alguna otra cosa personal. Simplemente, él caminaba hacía un lugar y ella lo seguía sumisamente, a la espera de que la llevara a un lugar seguro, lo cual, tras un percance en la montaña, logro llegar a Central.

            Aunque Jessenia deseara dejar todo eso atrás y enfocarse totalmente en su nueva vida, ella sabía que el Segador se había quedado grabado en lo más profundo de su ser, no de una forma romántica como Megan, probablemente lo interpretaría, sino como su salvador. El personaje que cambio por completo, de la noche a la mañana, toda su vida y le ofreció una segunda oportunidad de vivir. No le gustaba admitirlo, pero debía confesar que ese excéntrico personaje que vestía casi completamente de negro, atraía su curiosidad. ¿Acaso no era normal querer saber más de la persona que te salvo la vida? Así era como lo interpretaba Jessenia. No obstante, en esa ciudad, con un trabajo y una vida normal, probablemente esa curiosidad nunca pueda ser alimentada.

            —No lo sé—fue lo que le respondió a Megan—. Nunca se lo pregunte.

            Aun les quedaban un par de minutos de descanso, por lo que la conversación dio un giro a otra dirección. Megan le pregunto a Jessenia que pensaba de la ciudad y si le gustaba hasta el momento. La pelicastaño respondió afirmativamente, a lo que la pelinegro le pregunto, “¿Dónde había vivido antes de llegar a Central?” Jessenia le respondió que en el reino de Fior, a lo que Megan se sorprendió de sobremanera, ya que la distancia entre ese lugar y la ciudad, era considerable. Luego, para mala fortuna de Jessenia, Megan le pregunto que hacía en ese reino. La pregunta puso en aprietos a la chica pues, no sabía si decirle la verdad. Contarle todo lo que le había pasado: la muerte de sus padres, su tiempo como vagabunda, el encuentro con esa Bruja, el deseo que le pidió, sus largos años como falsa princesa del reino para luego concluir con la participación del Segador y su rescate de ese reino y, finalizar con su pequeña aventura en la montaña. La cual no recuerda mucho, ya que se encontraba inconsciente en esos momentos.

            Afortunadamente, Megan advirtió el silencio que imperaba en Jessenia, por lo que se disculpo por las preguntas que le hizo.

            —Olvida lo que te pregunte—le dijo tranquilamente y volvió a posar la mirada al frente para ver pasar a las personas— fue insensible de mí parte. Todas las personas tienen cosas de las que no desean hablar. Tú las tienes. Yo las tengo. Chris y su hermana las tienen y ¡hasta Jaime tiene cosas de las que no desea hablar! Lo mejor es seguir adelante y olvidar todo lo referente al pasado. No volver a pensar en ello. ¿Tú que dices?

            En el pasado, Jessenia hubiera estado ciento por ciento de acuerdo con Megan. “Es verdad, lo mejor es olvidar el pasado, tratar de borrarlo de nuestra mente y pretender que nunca paso, de esa forma, podremos movernos hacía un nuevo y brillante futuro.” Eso es lo que le hubiera dicho, pero la Jessenia de ahora no estaba de acuerdo con los pensamientos de la Jessenia del pasado. Ella había encontrado, dentro de esa montaña, una respuesta diferente. Y tras meditarla por unos segundos, es que decide compartirla con su amiga.

            —No creo que esa sea la respuesta correcta. Si olvidamos todo lo referente al pasado, por más amargo que haya sido, entonces no habremos aprendido nada y seguiremos repitiendo los mismos errores una y otra vez. Yo creo que se puede aprender tanto de lo malo como de lo bueno. Por supuesto, en la vida hay cosas que son muy dolorosas y difíciles de asimilar, pero yo pienso, ahora, que si evadimos esos recuerdos, solo por ser muy dolorosos, estaremos faltándole el respeto a las personas con las que compartimos esas memorias. Además de estar rechazando una parte importante de nosotras mismas. Por esa razón, por más triste, solitario o doloroso que haya resultado mí pasado, es precisamente por esas cosas que viví, que ahora estoy en este lugar. Creo… creo que lo que intento decir es que, ¡no pienso seguir huyendo de mi pasado, lo aceptare sin importar el peso que tenga que soportar sobre mis hombros!

            Había dicho Jessenia, al principio con lentitud e inseguridad por la forma en que su amiga se lo tomaría, pero luego fue añadiéndole fuerza a sus palabras. Megan la escuchaba atenta, sin perderse una sola palabra que su compañera le decía.

            —Aunque no rechace mi pasado—añadió la joven— aun no estoy lista para hablar libremente de él. No es por sonar egocéntrica, pero mi viva no ha sido especialmente fácil o normal…, hay cosas que son difíciles de explicar.

            El ambiente comenzó a tornarse pesado y un poco incomodo. Tanto Jessenia, como Megan, habían tenido pasados difíciles y cada una lo afrontaba de una forma diferente. Las honestas palabras de la pelicastaño, contrastaban tanto con las ideas de la pelinegro que, por unos segundos, no sabía como reaccionar ante ellas.

            Megan se había acostumbrado a sepultar sus amargos recuerdos en lo más profundo de su ser, pensando, como lo hacía Jessenia en el pasado, que si no se tocaba el tema, con ayuda del tiempo, esos recuerdos desaparecerían, como si nunca hubiesen existido. Pero nada era tan fácil como lo parecía. Las memorias seguían ahí, Megan podía sentirlas.

            —Ya veo—dijo al fin la amiga de Jessenia—. Eres fuerte. No todas las personas pueden aceptar libremente su pasado y seguir viviendo pese a ello. Yo siempre lo evadía, trataba de no pensar nunca en eso e inventaba toda clase de excusas y mentiras para no tener que enfrentarlo. Supongo que soy un ser humano muy débil.

             —No se trata de recordar el pasado todo el tiempo, todos los días, sino de aceptar lo que te paso y continuar viviendo pese a ello. Poder vivir sin que el peso de tus recuerdos te aplaste solo te vuelve una persona más fuerte. Huir de tu pasado y negarlo constantemente, lo único que sale de eso es volver a la persona más frágil y, cuando una acción similar vuelva a ocurrir, la persona, en lugar de hacerle frente, solo terminara huyendo. Yo tengo la creencia de que si huyes una sola vez, estarás huyendo toda la vida, por eso no pienso darle la vuelta a los problemas que la vida tenga para mí, sea lo que sea que me espere en el futuro, lidiare con eso cuando se me presente. Eso es lo que he decidido. A fin de cuentas, no importa que tan rápido huyas o que también te escondas, tu pasado siempre te va encontrar, por lo que si tienes tiempo para correr y ocultarte, ¿Por qué mejor no solucionas el problema?

            Debido a la intensidad con la que había girado su conversación, ambas decidieron cambiar de tema. Jessenia continuaba sintiendo curiosidad por el Gremio de Cazadores que la ciudad tenía, por lo que le pidió a Megan que le hablara más al respecto, lamentablemente, lo que la pelinegro ya le había contado era todo lo que sabía. Los Cazadores trabajaban aceptando misiones fuera de la ciudad donde se encargaban de enfrentar a todo tipo de monstruos y seres de la oscuridad. Ciudades, países, reinos y hasta pueblos de todos los lados del mundo, los contrataban por grandes sumas de dinero para que se encargaran de ese tipo de problemas. Por supuesto, el Gremio de la ciudad, el cual se llamaba: Eternal Soul, no era el único Gremio del mundo, había otros en diferentes ciudades y reinos; cada uno de ellos con sus propias reglas de conducta, con diferentes tipos de ideologías y Cazadores.

            Megan también le menciono a Jessenia que una vez al año se celebraba un examen donde aceptaban miembros de la ciudad, la única condición es que sean ciudadanos reconocidos y estén dispuestos a pasar por los Entrenamientos Básicos que, según se ha enterado, son mortales y no cualquiera los puede pasar. La joven también le comento que hace un año, más de doscientas personas de la ciudad de Central se postularon para ser miembros del Gremio y, de ese número, menos de veinte lograr ingresar y, de los veinte que consiguieron pasar el examen, menos de seis se volvieron Cazadores. Los otros terminaron como Agentes Públicos.

            — ¿Agentes Públicos? ¿Qué es eso?—inquirió curiosa la joven.

            —Son personas que son miembros del Gremio, trabajan para ellos, pero no son Cazadores. Los Agentes Públicos son personas que fueron capaces de soportar los infernales entrenamientos del Gremio pero, que aun así, no lograron calificar para Cazadores, por lo que se convirtieron en trabajadores que se encargan de mantener el orden en la ciudad y ver que se cumplan las leyes y las reglas. Eso son los Agentes Públicos. He escuchado que son muy fuertes, pero que no son nada en comparación con los Cazadores. ¿Por qué preguntas? ¡No me digas que te interesa meterte para Cazadora!

            — ¡No, para nada!—le respondió con calma—. Solo me dio curiosidad.

            Al escuchar esa afirmación, Megan se tranquilizo mucho.

            — ¡Que bueno! Porque he escuchado que la mayoría termina rindiéndose a la mitad de los Entrenamientos Básicos por considerarlos imposibles, insoportables o hasta ridículos. Por lo que actualmente, hay más Agentes Públicos patrullando las calles que Cazadores.

            — ¿Por qué hay más Agentes Públicos? ¿Y que tan malos son los Entrenamientos Básicos?

            —Lo segundo no lo sé. Solo sé que son extremadamente difíciles y tomando en cuenta que los Cazadores se enfrentan a monstruos enormes y a seres de la oscuridad, tiene sentido que sus entrenamientos sean inhumanos. En cuanto a lo primero, hay más Agentes Públicos porque según me han contado, para poder ser un Cazador debes tener un poder especial. Un poder que muy pocos humanos pueden utilizar a voluntad. Y ya que se trata de un poder muy escaso en las personas, en el Gremio no hay muchos Cazadores. Si me lo preguntas a mí, creo que su número no rebasa las cien personas.

            —Ya veo…—Jessenia se puso a reflexionar en ese “poder especial” que todos los Cazadores debían tener para poder enfrentarse a la oscuridad. Luego, casi instintivamente, la imagen del Segador apareció en su mente. Ese individuo, cuyo nombre jamás alcanzo a preguntarle, ¿se trataría de un Cazador de algún Gremio? Mientras más reflexionaba ante la posibilidad; una serie de pros y contras emergían en su cabeza. Por un lado, Jessenia había comprobado por sí misma que las habilidades físicas de ese personaje eran muy superiores a las de un humano promedio. Ella misma fue testigo de cómo logro partir un grueso tronco de árbol a la mitad con tan solo una patada, luego, miro asombrada como el mismo individuo, usando una velocidad que escapaba a la comprensión de la joven, hacía trizas todas las hojas que se desprendieron de ese árbol. Luego, como si no fuera suficiente, antes de eso, peleo contra una Bruja, contra un pajarraco gigante y contras dos monstruos que, claramente, lo superaban en tamaño y apariencia física. No obstante, también poseía algo, una fuerza que no podía ser humana; Jessenia, en su limitada comprensión de ese mundo, podía sentirlo. Había algo que no era humano en ese personaje.

            Sin quererlo, Jessenia paso varios minutos reflexionando en si el Segador era un Cazador de algún Gremio, en lo que había pasado con él después de que la dejo en la Posada Aura y si era o no, un humano. Un súper humano, pero humano a fin de cuentas. Tanto era su ensimismamiento, que Megan empezó a llamarla al mismo tiempo que agitaba su mano al frente de sus ojos, con la vaga esperanza de que su amiga despierte de su letargo.

            — ¡Oye! ¡Te estoy hablando! ¿Me escuchas?

            No fue sino hasta que comenzó a tronarle los dedos que Jessenia finalmente despertó de su letargo.

            — ¿Qué pasa?—pregunto confundida la chica.

            —“¿Qué pasa?” Eso debería preguntártelo yo. Estábamos hablando sobre los Cazadores y luego te pusiste toda pensativa. ¿Te encuentras bien?

            —Si, claro. Solo me quede pensando en algo…

            Megan miro el cielo y observo la posición del sol, al notar lo bajo que se encontraba el astro, la chica se levantó de un brinco de la banca.

            — ¡Esto es malo!—le dijo a Jessenia—. ¡Levántate, nuestro descanso termina en cinco minutos!

            Megan tomo de la mano a Jessenia y juntas se fueron caminando a paso rápido en dirección a la Posada Aura, sin embargo, debido a las prisas del momento, la pelinegro choco contra un hombre que venía del lado contrario caminando dando tumbos y sujetando con firmeza en la mano derecha, una gruesa botella de licor. El impacto provoco que la bebida del hombre cayera al suelo y se hiciera añicos, derramando el líquido de color oscuro en el suelo y la botella se quebrara a la mitad. Ni Megan ni Jessenia se percataron del estado en que andaba el desconocido hasta que se detuvieron para disculparse.

            — ¡Ah! ¡Discúlpenos, llevamos prisa!—se disculpó la pelinegro.

            Sin embargo, el hombre que a esas horas de la tarde se encontraba en estado de ebriedad, alcanzo a tomar por el brazo a Megan antes de que ésta se fuera junto a Jessenia. El desconocido que, vestía ropas desaliñadas, llevaba el cabello enmarañado y con los ojos rojos en una mirada perdida, comenzó a gritarle improperios a la chica sin modular su tono de voz, provocando que los transeúntes se detuvieran a contemplar el espectáculo sin atreverse a intervenir.

            — ¡Mira lo que hiciste… maldita perra!—hablaba entrecortadamente y con dificultad para modular su tono de voz—. ¡Esa era una botella muy costosa de licor y ahora, por tu culpa, esta tirada por el suelo! ¿Qué piensas hacer para pagarme?

            El hombre comenzó a estrujar con fuerza el brazo de Megan y a zarandearla con violencia. Luego, tras mirarla cuidadosamente y ver las prendas que llevaba ese día, al desconocido se le ocurrió una manera de poder cobrarle los daños de la botella y la pérdida del valioso líquido.

            — ¡Suéltame, esta borracho!—le gritaba Megan en un esfuerzo por zafarse del agarre de aquel hombre.

            El hombre, entre pequeñas risas, le dice lo siguiente a la chica. Se acerca al rostro de Megan y le susurra al oído, al mismo tiempo que la bañaba con su nauseabundo hedor a alcohol.

            —Ya sé de qué forma puedes pagarme la botella…

            Y, en mitad del parque, a la vista de un grupo de personas que no hacían nada por intervenir, el hombre comenzó a meterle mano a Megan. Metió su enorme mano dentro de la camisa de la chica y empezó a bajarla con una sonrisa lujuriosa en el rostro hasta que, sujetándolo con fuerza, Jessenia presiono el brazo del desconocido con una fuerza que lo obligo a soltar a Megan y dar chillidos de dolor. Luego, con la misma fuerza que no sabía que poseía, doblo el miembro del individuo forzando la sumisión del hombre. En la mirada de Jessenia, la calma y serenidad la habían abandonado, abrió grandes los ojos sin parpadear y con una voz cargada de ira, pero sin alzarla, le dijo lo siguiente al borracho:

            — ¡Quita tus sucias manos del cuerpo de mi amiga!—y con la misma fuerza brutal con la que agarro al hombre, lo movió como si de un muñeco se tratase, lo hizo a un lado arrogándolo como si no tuviera peso alguno.

            Se arrodillo para estar a la altura de Megan quien, después de liberarse de las garras de ese hombre, se hizo un ovillo en el suelo, temblando por el susto que le ocasiono ese individuo.

            — ¿Te encuentras bien?—le pregunto Jessenia con voz preocupada—. No te preocupes, no volverá a tocarte. ¡Vamos, levántate! Tenemos que trabajar, ¿lo olvidaste?

            Megan acepto la ayuda de Jessenia, ambas se levantaron lentamente y comenzaron a caminar rumbo a la Posada Aura cuando, de pronto, una de las personas que se quedó para ver el espectáculo que montaba el borracho, grito:

            — ¡Cuidado!

            Sin la necesidad de volverse para ver el ataque, Jessenia empuja a Megan hacía al frente, así para que ella no resulte herida y, en el mismo intervalo de tiempo, la pelicastaño se volvió rápidamente, alcanzo a escuchar los gritos del hombre:

            — ¡Maldita!

            Jessenia se movió justo a tiempo para evadir el ataque de ese hombre, ya que en la mano derecha, el borracho sujetaba la botella rota y, de no haberse movido cuando lo hizo, probablemente se la hubiera incrustado o cortado por el área de los riñones. Inmediatamente, Jessenia giro sobre sí misma, tomo el brazo derecho del hombre y lo sometió con una maniobra de lucha. Lo sometió en el suelo para luego torcerle el brazo y obligarlo a soltar el arma de ataque. Mientras lo sujetaba con fuerza, con la suficiente para dislocarle el brazo entero, el borracho chillaba gritos de dolor, de misericordia y finalmente, gritaba maldiciones, obscenidades e improperios.

            Como a Jessenia le molestaba aquel vocabulario tan vulgar, torció con un poco más de fuerza el brazo del hombre para callarlo, prefiriendo mil veces escuchar sus gritos de dolor y agonía a las obscenidades que escupía. Los espectadores miraban maravillados la fuerza y las habilidades de la chica, pues frente a ellos, había logrado algo impresionante. El movimiento que uso contra ese hombre no era llamativo ni siquiera difícil de realizar, lo que los asombro fue la velocidad con la que reacciono. Todo sucedió en cuestión de segundos. Empujo a su amiga hacía al frente para liberarla de todo peligro, luego, sin ver a su atacante, Jessenia intuyo de donde venía el golpe, se giró en la dirección correcta, evadiendo el ataque y sometió en ese mismo segundo al hombre. Sin temor y sin dudar un solo segundo. Si los espectadores no hubiesen visto como se inició ese altercado, todos hubiesen creído que todo fue preparado, pues por la respuesta que Jessenia le dio a ese hombre, uno pensaría que todo fue montado, casi como si Jessenia supiese de donde vendría el ataque.

            La respuesta del público fue positiva, todos comenzaron aplaudirle a Jessenia y a gritarle comentarios de que había hecho lo correcto y que era muy valiente, y demás comentarios de esa clase. A los pocos segundos de haberse terminado el show, los aplausos que ya comenzaron a sonar fuertes, más la bola que las personas habían montado, atrajo la atención de unos Agentes Públicos que pasaban por ahí. Al acercarse y ver que Jessenia seguía sometiendo al hombre, uno de esos Agentes pidió a gritos silencio y luego una explicación de lo ocurrido. Las personas le contaron con lujo de detalle cómo se desarrolló la confrontación de principio a fin, los hombres del Gremio, vestidos completamente de blanco esa tarde, le pidieron a Jessenia con voz autoritaria que ellos se encargarían del problema. La jovencita soltó al hombre que le doblaba la altura y el peso para así, pasar a manos de los Agentes. La felicitaron por sus habilidades y por el gran valor a la hora de proteger a su amiga; pidieron al público que se dispersara y así, la muchedumbre fue disolviéndose, no sin antes dedicarle una última mirada a la heroína del día.

            Jessenia no lo sabía, pero a partir de ese día, todas las cosas serían diferentes para ella.

            Ayudo a que Megan se levantara, procurando disculparse apropiadamente por la forma en que la empujo, ésta acepto sus disculpas y le dijo que no había problema, pero allí no terminaban las cosas.

            — ¿Cómo hiciste eso?—le pregunto impresionada por la forma en que logro someter a un hombre más grande que ella—. ¿Dónde lo aprendiste?

            A decir verdad, a Jessenia también le encantaría responder a esas dos preguntas, lamentablemente, no podía encontrar la forma de explicarlo, tanto a su amiga, como a ella misma. Nunca antes había usado la violencia para resolver un conflicto y, ahora que lo pensaba tranquilamente, nunca antes se había metido en una pelea con nadie. Ni siquiera había recibido un solo entrenamiento en combate, así que la pregunta del millón era: “¿Cómo hizo ese movimiento?” Y, “¿de dónde había sacado esa fuerza tan impresionante?”  Por más que lo pensaba, solo le venía una respuesta a la mente, y no era lo suficientemente buena como para quedar satisfecha con ella.

            —Los reflejos…, tal vez—fue la única explicación que encontró en ese corto periodo de tiempo.

            —Pero… ¿No te hizo daño?—le pregunto Megan a Jessenia, regresándole la preocupación—. ¿No te dio miedo?

            —Tranquila, no me paso nada.

            ¿Miedo? Esa fue otra pregunta interesante. Cuando Jessenia se movió de esa forma tan rápida, lo único que tenía en la mente era el más absoluto de los vacíos. No había pensado ni sentido nada en particular, solo se movió. Casi como si su cuerpo le perteneciera a otra persona que la controlo de manera automática y le dijera que hacer. Por más extraño que sonara, Jessenia no había sentido miedo, ni ninguna otra cosa en particular, a decir verdad, una vez que hubo terminado el conflicto lo único que sintió fue una agradable satisfacción personal. Se había sentido muy orgullosa de sí misma. Y mientras sometía a ese hombre, Jessenia recordaba no sentir nada al momento de causarle dolor, como si el sufrimiento de aquel individuo fuera incomprensible para ella, volviéndola insensible a sus chillidos de dolor y agonía.

            —Sí, me dio un poco de miedo—mintió la joven pues, bajo esas circunstancias, ella creía que era perfectamente normal estar asustada cuando se es atacada por un hombre—. Bueno, ahora vámonos, ya se nos hizo muy tarde y seguro Jaime estará muy enojado cuando nos vea llegar a estas horas.

            El sol ya casi había desaparecido del cielo, permitiendo que la luz de la luna se impusiera sobre todo lo demás. Cuando finalmente llegaron corriendo a la Posada Aura, efectivamente, Jaime les dio una buena regañina por haber llegado tarde. El dueño del restaurante era bien conocido por su carácter afable y gentil, pero para quienes lo conocían de años, sabían que no toleraba los retrasos, siendo muy exigente con la puntualidad. Una vez que termino la reprimenda, Jessenia le explico a Megan el problema que hubo con el hombre borracho cuando ya regresaban de su descanso. Rachel que, casualmente limpiaba la barra cerca de ellos, escucho la conversación atentamente sin dar señas de que escuchaba. Una vez termino de hablar Jessenia, la joven se retiró disimuladamente.

            Jaime miro a ambas chicas con el ceño fruncido, tras meditar en las palabras de su nueva empleada, es que aflojo la mirada severa y en su lugar, una más comprensiva y tierna se dibujó en sus facciones.

            —Ya veo. Debieron pasar un rato muy desagradable—se volvió hacía Megan para decirle—. Si lo deseas puedes retirarte por hoy, le pediré a Chris que te acompañe a tu casa, ¿te parece?

            A lo que la pelinegra respondió.

            —No se preocupe, estoy bien, no fue más que un susto. Gracias a Jessenia el problema no paso a mayores.

            —Muy bien, si no hay ningún inconveniente, pónganse sus uniformes, el restaurante sigue abierto.

            Ambas camareras corrieron a la habitación de Jessenia donde dejaron sus uniformes, se cambiaron rápidamente y continuaron con sus labores como si nada hubiese pasado. El resto del día pasó sin inconvenientes, esa tarde y noche no había muchos clientes, por lo que el día se pasó un poco lento. Al finalizar la jornada laboral de ese quinto día, Megan volvió a darle las gracias a Jessenia por lo que había hecho por ella, se desp

Notas finales:

CONTINUACIÓN DEL CAPITULO. NO SE SUBIO COMPLETO EL TEXTO. 

se despidieron en la entrada del restaurante con un abrazo y, finalmente, Chris acompaño a Megan hasta su casa.

            Las emociones que Jessenia experimento ese día fueron tan inesperadas que, para su asombro, se encontraba cansada y deseaba desesperadamente irse a dormir. Por lo que se quitó su uniforme, lo guardo en el ropero, se vistió con sus prendas para dormir y finalmente se metió en la cama. Jessenia, así como sus conocidos de la ciudad, eran ignorantes que mientras el tiempo fluía con normalidad esa noche, el principio del fin ya se había llevado acabo y los días pacíficos de Jessenia se acercaban a su final con cada hora que pasaba. 

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