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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Qué tal lectores! A tiempo y muy puntual, les traigo el capítulo 19 de esta historia. Déjenme que les diga que como ya subí dos capítulos del tercer arco seguidos, los siguientes que publicare serán del cuarto arco. Aun así, téngame paciencia, ¡hago lo que puedo!

 

En fin, estos últimos dos capítulos me salieron más largos de lo que esperaba. Los capítulos originales, que se borraron debido a mi estupidez, a mí criterio, eran más cortos, concisos y, bueno, mejores. Lamentablemente, no recuerdo muy bien como los aborde aquella vez ni lo que sentía en su momento, por lo que en los capítulos de este Arco, los haré un poco más largos para explicar y poner cosas que explicaran los sucesos futuros. Es decir, poner pistas y diálogos que serán importantes para entender cómo se dieron las cosas.

Una cosa más, seguro que muchos ya se habrán cansado de leer sobre la vida normal de Jessenia, lamento si fue así, pero esto lo hice para meter al personaje en futuros conflictos. El capítulo que le sigue a éste, el número 20 en orden cronológico, será con muchísima más acción, pues ahí pretendo poner la pelea entre Jessenia y esos diez enmascarados, así como el pasado de un personaje de la obra, así mismo, la trama se ira intensificando. ¡Espérenlo con ganas!  

 

SI EL CAPITULO SE CORTA COMO EL ANTERIOR, BUSQUEN LA CONTINUACION DEL TEXTO EN LAS NOTAS FINALES.

Esa misma noche, mientras los demás inquilinos de la Posada Aura dormían, Jessenia tuvo un sueño. Había regresado al mismo lugar de cuando se encontraba con su “yo” del pasado. El lugar era el parque en el cual Jessenia jugaba en sus días de infancia. Antes de que toda su vida cambiara drásticamente y ese pequeño y tranquilo parque, solo pudiera ser visto en sus recuerdos. Era el atardecer, con algunas cuantas nubes surcando el firmamento. Sentada sobre un columpio verde pero sin mecerlo, una pequeña niña la esperaba.

            — ¿Por qué siempre es este parque?—Jessenia inicio la conversación con una pregunta que llevaba tiempo llamando su atención.

            La niña se le quedo viendo fijamente sin mencionar palabra alguna por varios segundos, al fin, con un largo parpadeo, comienza a hablarle a su “yo” mayor.

            —No tiene que ser este parque—le explico mientras se sujetaba de las cadenas del columpio que lo mantenían suspendido en el aire unos centímetros—. Este lugar no es real, estamos dentro de tú mente, por lo que el espacio cambiara según sea tú voluntad. Si este parque se mantiene como es, es porque así lo deseas, por ejemplo…—la pequeña Jessenia, de largo cabello lacio y castaño, se pone de pie, levanta la mano derecha y luego truena los dedos, provocando algo impresionante. Al momento de hacer aquel gesto con unos simples dedos, todo el espacio comenzó a sufrir una brutal metamorfosis. El cielo azul teñido por el color del atardecer, el sol, las nubes, los árboles del parque y el mismo parque, todo estaba sufriendo una transformación. El firmamento se convirtió en un techo, el césped del parque en un suelo de piedra, el área de los columpios en una enorme cama como para veinte o treinta personas. ¡El parque había sido convertido en la habitación que Jessenia usaba cuando vivía en el reino de Fior!—. ¿Y bien? ¿Qué te parece? ¿Este lugar es más de tu agrado?—le dijo con una sonrisa arrogante en los labios. Luego, a continuación, volvió a levantar la mano derecha y poner los dedos en posición de un chasquido—. Pero, si este lugar no te gusta, siempre podemos cambiarlo por un espacio más abierto.

            Dicho y hecho. La pequeña Jessenia volvió a chasquear los dedos y en cuestión de segundos, la elegante habitación que la chica había utilizado por largos años, sufrió una trasformación, convirtiéndose así, en la torre del reino de Fior. El techo de la recamara se había convertido en un cielo nocturno y estrellado, la luna se encontraba a la distancia y debajo de la altísima torre, las viviendas de la gente.

            — ¿Qué te parece?—continúo la pequeña niña con una sonrisa en el rostro—. Este es el lugar donde tu vida comenzó a dar un giro inesperado.

            Jessenia, que hasta ese momento se había quedado callada, se encontraba impresionada por la forma en que el paisaje cambiaba tan drásticamente en cuestión de segundos y sin hacer el menor de los ruidos.

            — ¿Tienes el control de mi mente?—inquirió confundida la joven.

            — ¿El control? ¿De qué me hablas? Tú posees el mismo control que yo. Ya te dije que estamos en tú interior. En este lugar, puedes controlar las cosas a tú antojo, lo único que tienes que hacer es visualizar un lugar que conozcas y entonces, este lugar cambiara. Es realmente simple. ¿Por qué no lo intentas?

            Jessenia acepto el desafió. Observo cuidadosamente cada aspecto del lugar: el cielo nocturno, la enorme luna del firmamento, las incontables estrellas que se alzaban hasta donde alcanzaba la vista, las pequeñas viviendas iluminadas por la suave luz de las velas y, finalmente, a su “yo” del pasado que la veía fijamente a unos metros de distancia con el ceño fruncido. La miraba con una intensidad tan impresionante que pareciera que estuviera analizando cada centímetro de su anatomía, tratando de localizar hasta el último vello de su cuerpo.

            Después de unos largos segundos, Jessenia finalmente había logrado obtener la imagen mental perfecta para cambiar el lugar: el restaurante de la Posada Aura. Se concentro en ese lugar por varios segundos, tratando de modificar el espacio como su “yo” del pasado lo hizo. No obstante, por más esfuerzo que lo ponía, no lo lograba.

            —Concéntrate más, eso no es suficiente—le indico su “yo” del pasado.

            Jessenia escucho el consejo de su otro “yo” más pequeño. Visualizo cada mueble, cada color y cada localización de las cosas y trataba de plasmarlas en el exterior.

            —Deja que la imagen invada cada centímetro de tú mente—la aconsejo con voz tranquila, sin dejar de obsérvala con intensidad, como tratando de descubrir algo nuevo en la chica que tenía delante—. No te quedes fuera de la imagen mental. Para poder cambiar este espacio por algo de tú elección, debes verte a ti misma en el, no solo al lugar vació. Pero tampoco intentes forzar el recuerdo. Recuerda la primera vez que estuviste en ese lugar, la sensación que experimentaste, tus impresiones, los olores y sonidos, el tacto que experimento tú cuerpo en ese lugar. Recuérdalo todo y déjate invadir por esa sensación, así será mucho más fácil.

            Con los ojos cerrados, para ayudarla en su concentración, Jessenia recordó la primera vez que despertó en la Posada Aura. Se veía a sí misma levantarse de la cama, caminar torpemente, medianamente dormida. Ver la sencilla habitación que no era nada parecida a la enorme y hermosa alcoba del castillo en el reino de Fior. Recuerda haber escuchado los pasos de alguien que se acercaba, los golpecitos a una puerta, la misma siendo abierta y aun hombre alto, calvo, de piel morena y cuerpo musculoso. Luego, una vergüenza como la que nunca había sentido antes. Después, la inseguridad de usar una prenda que no era de su agrado. Los deliciosos olores de comida recién preparada en el restaurante, los ruidos que provocaban los clientes, el tacto de su mano tocando las paredes del establecimiento, la sensación de pisar los escalones de madera que crujían para bajar a los pisos inferiores y, finalmente, encontrase parada en mitad de un amplio restaurante con varias mesas dispuestas en orden con sus respectivas sillas en el local y, más adelante, una larga barra de madera con quince banquillos al frente de la misma y detrás, un estante del mismo material lleno de botellas de licor y demás bebidas alcohólicas.

            —Abre los ojos—le indico su “yo” del pasado.

            Jessenia los abrió y para su asombro, se encontraba en el restaurante de la Posada Aura y todo estaba tal y como ella lo recordaba, solo que el local estaba vació y sin olores de comida y, sin los ruidos de los clientes o de las personas que pasaban fuera del establecimiento.

            —La clave para modificar el espacio dentro de tú mente, es tener un fuerte sentimiento por el lugar en cuestión—le explico la pequeña Jessenia con voz tranquila mientras tomaba asiento en uno de los altos banquillos al frente de la barra—. Es decir, mientras mayor sea tu lazo con ese lugar, será mucho más fácil cambiar el lugar usando tus recuerdos y tu imaginación. Por ejemplo, el parque de antes, la razón por la que pudiste crear ese espacio, es por el valor sentimental que tenía para ti. Pero eso no es de lo que quería hablarte—la pequeña Jessenia se quedó callada de repente y le echo una profunda mirada a Jessenia, como tratando de verificar alguna cosa antes de continuar con lo que trataba de decir—. Como lo pensé… Has cambiado, puedo darme cuenta que estas más centrada y tranquila que antes.

            — ¿Eso te parece?—cuestiono insegura la chica—. Yo no me siento diferente.

            —Quizás tú no te des cuenta, pero yo sí. A diferencia de nuestro primer encuentro, ahora te vez mucho más relajada, tranquila, con un poco más de confianza y seguridad. ¿Te ha pasado algo extraño? O, ¿has sentido algo diferente en ti?

            Jessenia no necesito de mucho tiempo para dar con la respuesta a esas dos preguntas, así que en lo que continuaba el sueño, la joven le conto a su “yo” más pequeño lo que le había ocurrido en el parque de Central. Su encuentro con ese hombre, la forma en que defendió a su amiga Megan, los movimientos de lucha que no sabía que sabía y, lo más extraño de todo aquello, la impresionante fuerza que despertó repentinamente. Jessenia se conocía muy bien, sabía cuáles eran sus fortalezas y debilidades y la chica nunca, nunca, se consideró una mujer fuerte o con mucha resistencia física. Por lo que la asombrosa fuerza que demostró cuando enfrento a ese hombre la dejo impactada, sin embargo, no reparo en ese misterio sino hasta que hubo regresado al restaurante y comenzó a reflexionar sobre ese acontecimiento mientras trabajaba llevándole comida a los clientes. Otra cosa que le conto a su “yo” del pasado y que también la impresiono, fue la insensibilidad que demostró cuando encaro a ese hombre borracho. Así como Jessenia nunca se consideró una mujer fuerte físicamente, tampoco se consideraba una chica valiente o temeraria, a decir verdad, ella siempre creyó que era del tipo tímida y retraída, por lo que su muestra de iniciativa la había tomado por sorpresa. Fue, en pocas palabras y para terminar de contarle lo sucedido, un día muy extraño que no sabía cómo explicar.

            Al terminar de contarle toda la extraña experiencia, la pequeña Jessenia meditó en las palabras de la mayor mientras hacía ruidos con sus dedos al golpearlos contra la barra.

            — ¿Qué piensas?—inquirió la mayor—. ¿Crees que me pasa algo extraño?

            La pequeña dejo de hacer ruidos con los cinco dedos de la mano derecha sobre la barra. Se bajó de un brinco del banquillo, le dio la espalda a Jessenia y tronando los dedos de la misma mano, hizo que todo el espacio volviera a cambiar rápidamente. El cambio fue instantáneo y sin el menor ruido que delatara la transformación. El parque donde Jessenia solía jugar de niña reapareció, con su atardecer coloreando el cielo azul.

            —No sé tú, pero a mí me gusta este lugar —le dijo mientras tomaba asiento en el columpio de color verde—. Y en cuanto a tus preguntas… La verdad no sé qué pensar. Y tampoco sé que decirte. La razón por la que aparecí en tus sueños es porque sentí algo extraño dentro de ti. Después de escuchar tú historia, me quedo claro que algo ha empezado a cambiar dentro de tu cuerpo y dentro de tú mente. No estoy segura de que sea ese algo, pero lo que te esté pasando, sea cual sea el cambio, ha empezado a provocar leves alteraciones en tu personalidad, así como te ha dado una mayor fuerza y resistencia física. Si es algo bueno o malo, solo el tiempo lo dirá. Por el momento no puedo sacar juicios apresurados si no conozco el panorama entero.

            Fue la explicación que la pequeña Jessenia le dio a su “yo” mayor y actual.

            —Bien, supongo que de momento, eso es todo lo que tenemos que hablar—la Jessenia del pasado había levantado la mano derecha y formo los dedos para soltar un chasquido; movimiento que la Jessenia actual sabía que la haría despertar, por lo que antes de que su “yo” del pasado la despertara, ésta decidió hacerle una última pregunta y algo que había llevado inquietándola desde la primera vez que soñó con ella.

            — ¡Espera!—la pequeña le devolvió la mirada desde su columpio—. Aún hay algo que quiero preguntarte. 

            — ¿Qué es?

            —Con exactitud, ¿Quién eres tú?—la pequeña Jessenia levanto la ceja izquierda, dando una señal de que no terminaba de entender la pregunta o, quizás para dar a entender que la pregunta era demasiado tonta como para mecer una respuesta. Por lo que Jessenia añadió—. Es decir, sé que tú representas mi pasado doloroso y eres la parte de mí que se negaba a aceptar los recuerdos amargos de mi vida, pero… Aquella vez en la montaña, recuerdo haberte aceptado y entonces tú entraste en mi interior, así que… ¿Quién eres tú realmente?

            —Sigo siendo la misma entidad—le respondió con calma y mirándola con intensidad—. Solo que en aquella ocasión, yo me encontraba corrompida por la oscuridad que nosotras mismas creamos dentro de nuestro cuerpo. Cuando me aceptaste como una parte importante de ti, toda mi esencia fue limpiada de la oscuridad gracias a la luz que tu creaste en tu interior. Escucha, los seres humanos son propensos a crear dos fuentes de energía dentro de su cuerpo, la luz y la oscuridad. La oscuridad que me corrompió fue creada por el miedo, la inseguridad, el odio hacía la vida y el resentimiento que ambas sentíamos por aquel entonces. Yo representaba esa parte que tú te negabas a aceptar como propia, pero, luego de que tú me aceptaras dentro de ti, la luz que nació del valor, de la determinación de seguir viviendo, y de la esperanza por creer que existe un futuro mejor, logro limpiar la oscuridad que me envolvía y entonces me volví a unir a tú cuerpo. Dicho de otro modo, solo soy una entidad que deambula dentro de tú mente y que terminara de asimilarse a todo tú ser cuando lo crea conveniente. ¿Entendiste?

            —Eso creo…

            — ¡Bien, por hoy eso es todo! Ahora despierta o se te hará tarde para el trabajo.

            La pequeña Jessenia trono los dedos y la actual abrió los ojos en su habitación. Veía el techo de la Posada Aura y podía sentir el aire matinal que entraba por la ventana de la pequeña habitación, agitando la sencilla cortina blanca que allí había.

            Se incorporó y como cualquier otra mañana, Jessenia siguió con la rutina diaria: se dio un baño caliente, se vistió con su uniforme de sirvienta que, para ese momento, el sexto día de su estancia en la ciudad de Central, ya no le parecía la peor cosa que pudiera vestir. Se amarro su cabello en una coleta para luego detenerse frente al espejo y echarse una profunda mirada de largos segundos mientras reflexionaba en las palabras que le dijo su “yo” del pasado dentro del sueño.

            “¿He… cambiado…?”

            Jessenia se acercó un poco más al espejo, como esperando a que el reflejo le susurrara la respuesta al oído. Luego se alejó del mismo y empezó a inspeccionarse cuidadosamente. Vio con cuidado su cuerpo, su rostro y finalmente, el diseño de su vestido. Era sumamente extraño pero, a comparación de cuando lo uso los primeros tres días, ahora se sentía un poco más tranquila con su apariencia. Es decir, ya no sentía la vergüenza ni la inseguridad del principio, ahora solo sentía una tranquila indiferencia para con su uniforme. No le gustaba y si lo pensaba por unos segundos, esas no eran las prendas que ella vestiría si tuviera la opción de elegir, pero tampoco las odiaba al extremo de querer arrancárselas y luego hacerlas pedazos con sus propias manos. En el fondo, a Jessenia le tranquilizaba el hecho de que ese vestido, no mostrara mucho de su figura y, al mismo tiempo, le molestaba de cierto modo.

            Viéndose con cuidado en el espejo, Jessenia al fin se dio cuenta que era una chica atractiva. Tenía un lindo rostro que resultaba encantador y un cuerpo demasiado erótico que no concordaba con la lindura de su semblante. Sin embargo, tan pronto como se dio cuenta de los pensamientos vanidosos y narcisista que tenía, la joven sacude la cabeza rápidamente como para terminar de despertarse.

            Jessenia no era esa clase de chica. No era del tipo que se la pasaba horas o varios minutos contemplándose en el espejo con una cara de idiota, tampoco tenía la confianza necesaria como para pensar tan positivamente de sí misma. Allí, parada frente al espejo, con su reflejo devolviéndole la mirada, Jessenia piensa seriamente que tal vez, solo tal vez, su “yo” más pequeño tenía razón. Estaba comenzado a cambiar su forma de pensar y no estaba segura de querer algo así.

            Moviendo lentamente su cabeza de un lado a otro, como para terminar de poner sus ideas en orden, Jessenia sale de su habitación. No tenía tiempo para ponerse a pensar en esas cosas, tenía un trabajo que llevar acabo. Bajo al primer piso del restaurante con su uniforme listo y comienza con un nuevo día de trabajo. Sin embargo, lo que Jessenia no sabía, es que ese sexto día en la ciudad de Central, las cosas comenzarían a cambiar para ella, en más de un sentido y a gran velocidad.

            De forma impresionante, la noticia sobre como Jessenia logro derrotar y someter a un hombre que le doblaba el peso y la altura, se propago como un virus desconocido por toda la ciudad. Y unas pocas horas después de que el restaurante de la Posada Aura comenzara a operar, una gran cantidad de personas llegaron queriendo ver y saludar, así como comer, en el local donde trabajaba la celebridad del momento. Jessenia se había convertido de la noche a la mañana, en una heroína que atraía la atención de cientos de personas y eso, era lo último que la chica deseaba provocar en su nueva vida. En Fior ya había tenido toda la fama y atención que una persona pudiera desear en vida, ahora solo quería mantener un bajo perfil y pasar desapercibida, pero, gracias a los acontecimientos del día anterior, esos simples deseos de paz y tranquilidad, se tambaleaban con una peligrosidad de muerte.

            En el restaurante, las personas hacían fila para poder entrar y ser atendidos por la celebridad local del momento. En Central, una ciudad monótona y costumbrista, donde su gente está habituada a ciertos acontecimientos, el que llegara una chica desconocida e hiciera una escena como la que Jessenia hizo el día anterior, los saco a todos de su zona de confort y provoco la fascinación que sentían en esos momentos.

            Para Jessenia, tener que soportar nuevamente toda la atención, era como regresar al pasado, y eso era algo que la chica no deseaba. Por otro lado, mientras la heroína local sufría en silencio, soportando las palabras de admiración de unos, forzando su sonrisa como lo hacía en Fior; el dueño de la Posada, Jaime, sonreía con satisfacción, pues su restaurante estaba operando a su máxima capacidad. Sus empleados, por el contrario, estaban ahogados en sus determinados trabajos.

            Jessenia no se había dado cuenta, pero desde aquel incidente con ese hombre; Rachel, la hermana menor de Chris, la miraba con mayor atención que nunca. Al igual que la pequeña Jessenia, la camarera de largo cabello dorado, también se percató de los cambios que estaba sufriendo el cuerpo de la heroína local. Estos eran lentos pero constantes.

            De esta forma, Jessenia soporto en silencio su sexto día de trabajo en la Posada Aura. Llevando comida a los clientes, soportando una atención que nunca había pedido, rechazando, con toda la gentileza que podía soportar su corazón, las invitaciones de sus pretendientes. Respondiendo a sonrisas con más sonrisas. Reprimiendo, en lo más profundo de su ser, su cólera, ira y los deseos de gritarles a todos y a cada una de esas personas, que la dejaran en paz. Que no se merecía sus muestras de afecto y atención. Que ella no hizo lo que hizo para ser famosa, sino para ayudar a su amiga mientras que todos los demás se quedaron viendo como unos idiotas cobardes. Ansiaba gritarles eso y hasta más, pero los buenos modales y educación, terminaron por ganarle.

            Al final del día, Jessenia no estaba cansada, pero si frustrada y enojada con todo el mundo por su comportamiento. Deseaba regresar a los sencillos días donde la mayoría de la gente la ignoraba, donde solo era una chica más del montón que solo recibía la atención necesaria y ya. Temía perder su normalidad y que la ciudad de Central terminara por convertirse en un nuevo reino de Fior. Ya tuvo su momento de fama y hasta una pequeña aventura donde su vida corrió peligro, ahora tan solo deseaba vivir con normalidad. Tener un trabajo común, salir con amigos y a la larga, ¿Por qué no? Un novio, formar una pareja y si las cosas les resultan muy bien, una familia con un par de hijos. Esa era la vida que Jessenia deseaba desde que vivía como princesa en Fior. Claro, quitando sus fantasías de ser una aventurera en un mundo de fantasía. ¿Era acaso mucho pedir una vida como esa?

            Cuando el restaurante hubo cerrado sus puertas y apagado su cocina, el bar que era atendido por Jaime comenzaba a cobrar vida. Jessenia se encontraba sentada en un banquillo, aun con su uniforme puesto y con la cara sobre la barra. Megan se le acerco ya cambiada con ropas casuales y la invito a salir a dar una vuelta. La pelinegro creía que recibir el viento de la noche y salir a caminar, le ayudarían a despegar su mente y a olvidarse, aunque sea solo por un momento, sus frustraciones. Todos los demás empleados se habían retirado, solo Jaime se había quedado para atender el bar nocturno. La Posada Aura era un restaurante de día, uno como cualquier otro y de noche, un bar atendido por el dueño.

            Ambas chicas salieron a caminar y se perdieron en su plática.

            — ¿Cuál es el problema de toda esa gente?—se quejaba Jessenia con su amiga—. Les agradezco sus palabras de apoyo y todo eso, pero no hice la gran cosa, solo ayude a mi amiga cuando lo necesitaba. ¿No pueden dejarlo pasar y seguir con sus vidas?

            —Es que los impresionaste—le explico Megan, ya que Jessenia era nueva en la ciudad y no parecía entender cómo funcionaba la mentalidad de los ciudadanos de Central—. Veraz, la gente de esta ciudad está muy acostumbrada a que los Agentes Públicos solucionen un problema como el que tuvimos ayer con ese hombre. Aun si tú no hubieras hecho nada para ayudarme, alguna de esas personas que nos miraba, hubiese ido por un Agente y él o ella habrían puesto orden, pero como tú te les adelantaste y ellos, obviamente no esperaban que tú intervinieras, quedaron asombrados por tu habilidad. Sin mencionar que se corrió el rumor de que eres nueva en la ciudad y eso solo ayudo a que tuvieran más curiosidad para con tú persona. Pero si, estoy de acuerdo contigo. Creó que toda esa gente está exagerando, después de todo, para ser ciudadana de Central debes pasar por los trámites legales como todos los demás. Así que no veo cual es el problema.

            Al escuchar las últimas palabras de Megan, Jessenia se había quedado petrificada. ¡Era cierto! ¿Cómo pudo haberlo olvidado? Llamar la atención era malo, ya que ella no había hecho ningún tipo de trámite para ser reconocida como ciudadana oficial de Central. ¿Qué pasaría si un Agente Publico se enterara que entro de forma ilegal? ¿Qué le harían? ¿La obligarían a marcharse de la ciudad? ¿La encerrarían en el mismo lugar donde tengan encerrado al hombre que ataco a Megan el día anterior? ¿O la dejarían ser ciudadana? Sea cual sea la respuesta a esas preguntas, con la nueva fama que Jessenia se estaba formando, solo era cuestión de tiempo hasta que alguien se entere. Por el momento se creía a salvo, ya que no había forma de que supieran que entro de manera ilegal, ¿cierto?

            Sin embargo, lo que Jessenia ignoraba, es que varios Cazadores sabían que ella entro de manera ilegal y acompañada de un Ser Oscuro. Si nadie había hecho nada contra ella, es porque el momento aún no llegaba. Otra cosa de la que Jessenia no sabía nada, es que mientras caminaba por uno de los tantos caminos del parque, esa noche despegada de luna llena junto a Megan, es que un par de ojos de diferente color la seguían desde la distancia y desde la altura.

            En lo alto de un edificio cercano al parque, dos figuras vestidas de negro para camuflarse con la oscuridad de la noche, seguían con la vista a las dos jóvenes que hablaban despreocupadamente.

            — ¿Y bien, Rachel? ¿Hay algo nuevo con la chica?—le pregunto con voz fría y masculina, el dueño de un par de ojos violeta.

            La hermana menor de Chris, Rachel, se volvió para ver como el muchacho se aproximaba a ella y se situaba a su lado para ver caminar a las dos camareras.

            —Joe—dijo la joven con indiferencia—. Hay algo extraño. Diferente, sería la palabra más adecuada.

            — ¿Diferente? ¿En qué sentido?   

            —Bueno…—Rachel bajaba la vista tímidamente, como avergonzada por revelar información que la pondría en aprietos.

            — ¿Qué ocurre? ¿Paso algo que deba saber?

            —Antes de ayer, no había ningún problema con Jessenia, por lo que yo…

            — ¿Qué ocurre? ¡Dímelo de una vez!

            —Ayer, cuando Jessenia y Megan salieron en su descanso, no las seguí y cuando ellas regresaron, bueno… Se había producido un cambio en nuestro objetivo.

            Al escuchar la confesión de Rachel, Joe, el muchacho de ojos color violeta, abrió grandes los ojos por unos segundos y luego los paso a Jessenia, como tratando de descubrir cualquier secreto que la chica estuviera escondiendo tras una cara tranquila y despreocupa. Tras unos segundos de escrutarla con la mirada, es que se vuelve hacía su compañera.

            —Ya entiendo todo. Es por lo que ocurrió ayer que todas esas personas llegaron al restaurante y se la pasaron haciéndole todo tipo de preguntas a Jessenia. ¿Fue muy serio el problema?

            —Al parecer, no. No lo fue. Un hombre que caminaba en estado de ebriedad ataco a Megan y Jessenia salio en su defensa. Eso fue lo que escuche por boca de la misma chica.

            — ¿Y el hombre? ¿Qué paso con él?

            Rachel negó con la cabeza.

            —Nada. Los Agentes Públicos llegaron y se lo llevaron. Después de que me entere del suceso y el restaurante cerró sus puertas, fui a hablar con ellos para que me explicaran como se dieron las cosas. Al parecer, Jessenia logro someter al hombre con una sencilla maniobra de lucha, pero…

            En este punto, Rachel bajo la mirada, como pensativa y al mismo tiempo culpable por haber fallado en su misión de seguimiento. El trabajo era realmente simple, seguir al objetivo desde la distancia y reportar si el blanco hace alguna anomalía o movimiento extraño. Eso era todo, pero la seguridad que la joven tenía en sí misma la había poseído. Rachel estaba segura que Jessenia era una chica cualquier, sin ningún tipo de secreto u habilidad especial y que solo llego a Central por mera casualidad. Sin embargo, después de que la joven regreso junto con Megan, un cambio se había producido en Jessenia. Rachel no sabía que había ocurrido, pero esa noche anterior, la presencia que emanaba el objetivo, se había vuelto más intensa y pesada. Como si la sola presencia de Jessenia se hubiese vuelto mucho más fuerte y llamativa.

            — ¿Pero que…?—la apresuro el muchacho.

            Rachel soltó un suspiro y luego le contó a Joe lo que los Agentes Públicos le contaron a ella.

            —Los Agentes Públicos me dijeron que Jessenia no solo logro someter a ese hombre con una maniobra simple de lucha. Cuando se lo llevaron, registraron su cuerpo y encontraron una marca fuertemente tatuada en su brazo derecho.

            — ¿Una marca…?

            A lo que Rachel asintió y continúo con la historia.

            —La marca de una mano. De acuerdo con los testigos, antes de que Jessenia sometiera a ese hombre, lo sujeto fuertemente por el brazo, luego, como si ese individuo no pesara nada, lo arrojo a un lado como si de un mero muñeco se tratase. Después de eso, el hombre tomo la botella rota de licor que se encontraba tirada en el suelo y corrió hacía Jessenia con intenciones de atacarla y, en ese preciso segundo, sin la necesidad de verlo, Jessenia lo esquivo, para luego someterlo a una velocidad de reacción impresionante. No necesito ver el ataque de ese hombre, tampoco dudo o sintió miedo en lo absoluto, solo se movió por puros reflejos. Según lo que me dijeron los Agentes Públicos luego de encargarse de ese hombre, si Jessenia hubiese apretado con un poco más de fuerza el brazo de esa persona, le hubiese roto el hueso y, luego de que sometió al hombre, si hubiese apretado con más fuerza el brazo, se lo hubiese dislocado. Eso es todo.

            La mirada fría y violeta de Joe pasaba de su compañera Rachel a Jessenia, quien seguía caminando junto a Megan por los caminos del parque. Como ambas camareras empezaban a alegarse del lugar de donde las vigilaban, los dos muchachos tuvieron que moverse para no perderles el rastro. Corrían y saltaban de techo en techo sin el menor inconveniente. Cuando volvieron a detenerse en la cima de una construcción, Joe retoma la palabra.

            —Para ejercer tal presión, Jessenia debe tener una fuerza considerable—dijo el muchacho repentinamente. Desde donde se encontraban, ambos jóvenes veían a las dos amigas acercándose a una zona amplia del parque y, algo que llamo la atención de los dos comenzaba a llevarse acabo. 

            — ¡Eso es…!—dijo Rachel al notar el peligro al cual se aproximaban las dos jovencitas si continuaban con el mismo trayecto—. ¡Joe, tenemos que…!

            —No haremos nada—sentencio tranquilamente el muchacho—. Veremos que ocurre y si las cosas se ponen malas, intervendremos, pero por el momento nos limitaremos a observar.

            Más adelante, siguiendo el mismo camino que transitaban Megan y Jessenia, un grupo de diez hombres, todos con mascaras en la cara y portando diferentes tipos de armas como tubos, gruesas ramas de árbol, cuchillos, mazos y navajas, yacían ocultos entre los árboles. Desde donde estaban Joe y Rachel, eran fácilmente visibles pero, para una persona que pase por allí, siempre y cuando los diez no hagan ruido, no se percatarían de sus presencias.

            — ¿Crees que se ponga peor?—le pregunto Jessenia a Megan mientras seguían caminando.

            —La verdad no lo sé. Cuando salí en mi descanso para comer, escuche varias versiones de lo que ocurrió ayer en la noche. Parece que las personas van cambiando la historia.

            — ¿Y que hay de ti? ¿Ya estas bien?

            —Si. No te preocupes, no puedo dejar que el miedo gobierne mi vida, además, no es justo que solo tú me protejas de las cosas malas, yo también…

            Las palabras de Megan fueron interrumpidas cuando miro al frente y vio a un grupo de hombres frente a las dos, cortándoles el paso y usando mascaras blancas para evitar ser descubiertos. No era necesario ver las diferentes armas que portaban para saber que aquellos individuos las esperaban para causar problemas.

            — ¡Vaya! ¡Vaya! ¡Vaya!—dijo uno de esos hombres. Uno que llevaba un largo tubo de acero a modo de arma—. ¿Pero que tenemos aquí? Es la chica que provoco que arrestaran a nuestro amigo. Y su linda amiga.

            Sin temor a lo que pasaría a continuación, Jessenia da un paso al frente para encarar a ese grupo de hombres.

            — ¿Qué es lo que quieren?—les pregunto sin titubeos.

            — ¿Qué que queremos?—luego se volvió hacía sus compinches—. ¡Que no es obvio! ¡Por tu culpa nuestro amigo fue detenido y humillado públicamente! Si hubiese sido por uno de los Agentes Públicos no habría mucho problema, pero el hecho de que una mujer, una chiquilla insignificante, ¡una simple camarera!, ¡una tipa recién llegada a la ciudad! Lo derrotara, es una vergüenza que lo seguirá el resto de su vida. A donde quiera que vaya, la gente lo recordara y se mofara de él por tú culpa. ¿Qué que queremos? ¡Queremos venganza!

            Jessenia escucho atenta los motivos de ese hombre para lo que estaban haciendo o, para lo que pensaban hacer y, sin un ápice de temor o respeto, o sentido común, la joven se ríe de ellos en sus caras. Al principio lento y bajo, pero luego su risa se fue volviendo más y más fuerte hasta ser perfectamente audible a varios metros de distancia.

            — ¡Que divertidos son todos ustedes!—les dijo Jessenia tratando de controlar su risa—. Su amigo no era otra cosa más que un cerdo morboso, pervertido y degenerado que trato de aprovecharse de mi amiga y ustedes lo defienden hablando de orgullo y vergüenza…—Jessenia volvió a reírse de todos ellos, solo que en esta ocasión, de manera más controlada, pero aun así, insultante y denigrante. Cuando hubo terminado de reír, respiro profundo para recuperar el aliento, los miro fijamente sin sentir nada de pánico o un leve atisbo de miedo. Por más extraño que pareciera, Jessenia se encontraba en completa paz y calma ante semejante situación. Sabía que todos esos hombres no bromeaban, sabía que las estaban esperando y que por eso portaban armas y mascaras y, también sabía lo que pretendían hacerles. Primero querrían vengarse por su amigo, seguramente golpeándolas, luego, tal vez, trataran de violarlas para así, humillarlas y, pese a que Jessenia intuía esos posibles resultados, cada fibra de su ser se encontraba en paz, como si su mente fuera incapaz de reconocer la situación que enfrentaban como algo peligroso—. Será mejor que todos ustedes desaparezcan de mi vista—les dijo a todos con una voz cargada de seguridad y plena confianza en sí misma. Al mismo tiempo, los veía con intensidad y con una sonrisa arrogante marcada en los labios—. Ya que me hicieron reír con sus idioteces, puedo pasar por alto esto que están haciendo o, mejor dicho, lo que pretenden hacer, pero, si acaso se atreven a atacarme, voy a dejar salir toda la frustración y enojo que llevo acumulando desde que inicio mi día. Ustedes escogen.  

            ¿Quién era esa chica que hablaba? ¿En verdad era Jessenia? Ella misma escuchaba las palabras saliendo de su boca, escucho su arrogante y orgullosa risa y, pese a la situación que enfrentaban ambas camareras, la joven era incapaz de sentir temor o pánico. Haciendo a un lado las palabras arrogantes que no sabía que sabía, Jessenia aun conservaba un poco de sentido común y era ese sentido común el que comenzaba a preguntarse, ¿de donde había sacado ese nivel de confianza y seguridad en sí misma? ¿En donde había dejado su miedo y su prudencia? ¿Los habrá olvidado en la montaña cuando fue con el Segador? ¿Acaso él le había hecho algo a ella mientras yacía inconsciente en sus brazos? ¿O es que acaso… siempre fue así de valiente? Aun cuando en Fior la sola imagen de una cucaracha la hacía sentir escalofríos en la espalda. No lo sabía. La joven de largo cabello castaño escuchaba las palabras que salían de sus labios pero sin reconocer que eran de ella.

            No obstante, mientras una parte de Jessenia se hacía las siguientes preguntas, delante de las dos camareras, los diez hombres se reían ante la palabrería que la muchacha les dijo. De la misma forma en que Jessenia se mofo de ellos, ahora ellos se reían de la chica. ¿Es que era estúpida? ¿Cómo una sola chiquilla se enfrentaría a diez hombres armados? ¡No! Aun si no tuvieran las armas, la simple fuerza superior de un hombre bastaba para someter a ambas. ¡Esa jovencita debía de haber perdido la cabeza! Ninguno de los hombres entendía como su amigo pudo perder contra ella. Más de uno pensó que se debía a que se caía de borracho y que por eso perdió. Ganarle la pelea a un hombre que apenas era capaz de sostenerse en dos piernas era algo que cualquiera podía hacer.

            —Para ser una chiquilla hablas demasiado—le respondió el cabecilla del grupo y el que portaba un largo tubo de acero—. Pero no te preocupes, una vez que termine con ustedes, me asegurare que tú y tú amiga le den un buen uso a ese par de bocas que tienen. Seguro que pueden hacer más que hablar.

            — ¿Que vamos hacer, Jessenia?—le pregunto Megan quedándose unos pasos detrás de su amiga.

            Por unos momentos a Jessenia se le olvido que su amiga se encontraba junto a ella. Cuando la escucho se volvió a la camarera para decirle fríamente:

            —Quédate atrás—fue lo único que le dijo mientras se tronaba los huesos de las manos.

            — ¡Vas a enfrentarte a ellos!—exclamo aterrada la pelinegro al escuchar el tronido de los huesos de su amiga—. ¡Son diez y tienen armas!

            —Lo sé—le respondió sin voltear a verla—. Ojala fueran más, si son solo diez no será tan divertido.

            ¿Divertido? Acaso escucho bien la palabra que salía de su boca.

            — ¿Y bien?—les dijo a los diez hombres enmascarados—. ¿Van a venir o necesitan que les de permiso?

            Su exceso de confianza y seguridad en sí misma, había molestado a los diez hombres. Si dentro de aquellos enmascarados les quedaba un poco de decencia y misericordia, las palabras arrogantes de Jessenia fueron suficientes para quitarles cualquier tipo de remordimiento. Y tal como la chica lo pidió, los diez hombres atacaron al unísono.

            Al momento de ver correr a los diez hombres contra ellas, la pelinegro se echó a correr dejando atrás a Jessenia. Su intención no era abandonarla a su suerte o utilizarla como chivo expiatorio, sino más bien ir en busca de algún Agente Público. Megan sabía, por las dimensiones del parque, que siempre hay varios Agentes patrullando esas zonas cada tantos minutos, por lo que si corría rápidamente y gritaba, como lo estaba haciendo, alguien la escucharía. Afortunadamente, al poco tiempo encontró a una pareja de Agentes Públicos, vistiendo sus uniformes negros y patrullando el bosque. Megan les conto exaltada lo que les había pasado y como su amiga se quedó para pelear contra los diez hombres. Los Agentes siguieron rápido a la muchacha para llegar al lugar donde se estaba llevando acabo la pelea, esperando llegar a tiempo.

            Una vez que llegaron al lugar donde fueron abordadas por esos diez enmascarados, la imagen que se mostraba ante los tres testigos era inimaginable. Jessenia se encontraba de pie mientras que a su alrededor, los diez hombres yacían derrotados y tumbados en el suelo en diferentes posiciones. Algunos boca arriba, otros boca abajo y otros haciéndose un ovillo, presas del dolor que la chica les hizo sentir.

            Al escuchar los pasos que se acercaban corriendo, Jessenia se dio la vuelta y vio a su amiga junto a dos personas que vestían un extraño uniforme negro. Megan no tardo más de cinco minutos en encontrar ayuda y cuando regreso, las cosas ya estaban en orden.

            — ¿A dónde fuiste?—le pregunto Jessenia—. Te estaba esperando para continuar con nuestra charla.

            Sin embargo, en lugar de Megan, quien hablo fueron los dos Agentes Públicos, le preguntaron a Jessenia lo que estaba ocurriendo y ella se los explico a los dos. Como Megan estaba con ella, la camarera de cabello negro fue el testigo que corroboro la historia que Jessenia les dijo a los Agentes. Uno de ellos se fue para llamar refuerzos y así llevarse a los hombres a que recibieran tratamiento médico. Si bien la vida de todos estaba fuera de peligro, la mayoría tenía lesiones severas que tardarían en sanar, uno tenía una contusión en la cabeza; otro tenía dos costillas rotas, otro tenía la quijada rota y perdió varios dientes. Los demás solo quedaron inconscientes debido a la fuerza de los golpes. 

            Una vez que se llevaron a los diez hombres, más de un Agente Público felicito las acciones de Jessenia, pues las consideraba no solo valientes, sino también impresionantes, después de todo, no todos los días una sola chica derrota a diez pandilleros peligrosos por sí misma. Sin embargo, esa noche, no todas las personas festejaban y elogiaban a Jessenia como los Agentes lo hacían. Su amiga Megan, en lugar de felicitarla, se encontraba llorando. Tan pronto la vio, la joven de cabello castaño se acercó a ella.

            — ¿Por qué estas llorando?—inquirió preocupada—. ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?

            — ¿Por qué lo hiciste?—susurro la pregunta—. ¿Por qué hiciste algo tan arriesgado como pelear contra esos hombres?

            —De no haberlo hecho, probablemente te hubieran lastimado…

            — ¡Y qué hubiese pasado si te hubieran lastimado por intentar protegerme!—le corto de pronto la pelinegro.

            —Eso…

            Pero Jessenia no supo cómo responder a los comentarios de Megan.

            — ¿Cómo crees que me sentiría si me entero que por protegerme, a ti te hubiera pasado algo?—le recrimino bajando la mirada—. No quiero volver a pasar por lo mismo, si eso ocurriese de nuevo, yo, yo…—susurró para sí misma.

            —Lo lamento—fue la única respuesta que se le ocurrió a Jessenia—. Lamento haberte preocupado. La verdad, la verdad no sé qué me paso. Estos últimos días, siento que hay algo extraño conmigo.

            Y era cierto. Esa fuerza, esa velocidad, era precisión, esos reflejos y esa ferocidad en combate que Jessenia demostró cuando se enfrentó a los diez enmascarados, no eran para nada propios de ella. Pese a que ya lo volvió a hacer, seguía sin comprender como sabía movimientos de lucha que jamás aprendió de ningún lugar. Por el momento, esas dudas quedaron en el aire, frente a la joven, su primer y más valiosa amiga se encontraba llorando por ella, era la primera vez que alguien derramaba lágrimas por Jessenia y la chica las correspondió dándole un abrazo a su amiga. Lamentaba profundamente haberla preocupado de ese modo, pero de no haberlo hecho, probablemente ambas hubieran resultado seriamente heridas. Lamentaba haber hecho llorar a Megan, pero no lamentaba haberla protegido contra esos hombres tan peligrosos.

            Mientras el par de amigas se encontraba en el parque; a la distancia, en lo alto de un edificio observando la conmovedora escena desde la oscuridad, un par de jóvenes veían lo acontecido.

            —Esos movimientos de lucha, esa velocidad de reacción y esa fuerza—decía Joe para sí mismo, pero con Rachel a un lado, escuchando todo lo que decía— no le pertenecen a una chica ordinaría. Aunque no esté al nivel de un Cazador de Eternal Soul, con esa experiencia en combate, podría darle una dura batalla a los Agentes Públicos—luego se volvió a Rachel—. No conozco el pasado de esa chica, pero sea quien sea, no es normal. Obviamente recibió formación en combate y posee experiencia en peleas cuerpo a cuerpo.

            —Es probable—concedió Rachel, mirando a Jessenia como si fuera la primera vez que la veía. ¿Cómo se pudo haber equivocado tanto con una persona? Aquella chica era más de lo que aparentaba.

            Mientras los dos jóvenes veían a Megan y a Jessenia retirarse del que fue un campo de batalla, en otro lado, en lo profundo del parque y ocultos en las tinieblas que provocaban los árboles, un grupo de brillantes ojos rojos observaron la impresionante pelea que se llevó a cabo y que no duro más de tres minutos.

            — ¡Ya está decidido!—dijo una chillona voz masculina—. Nos llevaremos a esas dos chicas.

            La vida normal que tanto deseaba Jessenia, comenzaba a desmoronarse frente a sus ojos.

Notas finales:

 

¡PARECE QUE EL CAPITULO NO SE CORTO!

 

NO OLVIDEN DEJARME SUS COMENTARIOS PARA PREGUNTARME DATOS SOBRE LA HISTORÍA O DEJARME UNA CRITICA CONSTRUCTIVA!!!!!

 NO SE OLVIDEN DE LEER EL CAPITULO 20 Y CONTINUACION DE ESTE, ALLÍ LES ESPERARA MUCHA MÁS ACCION QUE EN LOS ÚLTIMOS CAPITULOS QUE HE SUBIDO. HASTA ENTONCES.

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