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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

El segundo capitulo de la historia, espero les guste.

Era un día caluroso y el camino continuaba alargándose kilómetros hacia delante, la desaliñada niña que vestía puras prendas sucias y rasgadas alzo su rostro lleno de golpes y moretones; el sol continuaba brillando en lo alto, reinando por sobre todo lo que estuviera debajo de él; en ese instante, a la pequeña le pareció que el brillante astro era demasiado egoísta al igual que el mundo, pues no importa cuanto sufran las personas, cuanto dolor y miseria tenían que soportar día a día, el mundo seguiría su curso y el sol continuaría brillando ignorando los deseos y las necesidades de las personas.

            En eso, la pequeña continuaba deambulando, el calor ya comenzaba a golpearla con fuerza, como si el sol hubiese podido leerle la mente y ahora se vengaba de la insolente chica que pensaba cosas malas de él. La gente de las viviendas que se encontraban a la izquierda y a la derecha del solitario sendero y separadas por algunos metros de sus vecinos, observaban a la niña, la miraban con ojos llenos de una sutil repugnancia, murmuraban mientras los ojos de algunos seguían posándose sobre ella, otros susurraban mientras la señalaban con el dedo y otros se reían de la mala suerte que la pequeña tenia.

            La niña los veía y hasta podía escuchar uno que otro comentario que le recriminaban a sus espaldas, pero no logro odiarlos, ni a enfadarse, solo se sumergió en una terrible tristeza, pues no era querida por nadie. Estaba sola en este despiadado mundo que no sentía afecto por las criaturas que lo habitaban.

            La noche llego tan rápido y tan de sorpresa para la pequeña, pues cuando finalmente se había alegado de las viviendas y de la gente que la señalaba, esta chica había caído inconsciente, cuando logro despertar, la oscuridad ya lo había invadido todo y la fría luna sustituyo al sol como reina del firmamento. 

            Ahora se encontraba completamente sola en mitad de un solitario camino, sin nada ni nadie. No se levanto y continúo tumbada en el suelo, preguntándose lo siguiente:

            “¿Qué lograre aun si me levanto?”

            La niña esbozo una sonrisa vacía mientras observaba las estrellas del cielo: tan brillantes y hermosas. El viento rozaba la piel sucia de la chica con calma y ternura, trayendo consigo el deseo de la comida, pues una dulce fragancia que no había olido en días llego a su nariz. Se moría de hambre mientras continuaba en el suelo, incapaz de encontrar una razón lo suficientemente fuerte para levantarse y seguir luchando contra el mundo. Después de varios minutos llego a una absoluta conclusión:

            “No hay ninguna” “No tengo razón para seguir viviendo”

            Así que la niña se resigno y se quedo tendida en el suelo, esperando a que la fría mano de la muerte llegara para reclamarla.

            “No será tan malo. Al menos, en la muerte, ya no pasare por hambre, nadie volverá a lastimarme ni a señalarme con los ojos o los dedos, porque en verdad odio que hagan eso, solo la fría y negra oscuridad me envolverá y junto a ella nos haremos uno solo. Ya no abra dolor ni sufrimiento, solo la nada absoluta.”

            Intento convencerse así misma con esos argumentos, pero la verdad… es que una solitaria lagrima descendía sutilmente de su ojo derecho. Intentaba sonreírle a la muerte, pero las lágrimas comenzaban a bajar por ambos ojos, ahora más intensas que nunca. Cuando de pronto, una fría y orgullosa voz apareció de la nada y puso punto final a los lloriqueos de la niña maltratada.

            —La verdad es que no deseas morir, ¿no es así, pequeña?

            Era la voz de una mujer. Entonces una persona cubierta por una tunica negra y cuyo rostro estaba detrás de la oscuridad que la capucha le provocaba, se acerco a la niña.

            —No tengas miedo, yo te entiendo como nadie jamás podrá hacerlo—le hablaba con una forzada amabilidad—, nadie desea morir, nadie quiere ser cubierto por la oscuridad y desaparecer en ese mar negro y que todos se olviden de ti. Eso sería algo muy triste. Una vez dicho esto, dime pequeña, ¿tienes algún deseo que te gustaría ver hecho realidad?

            La desaliñada niña aun trataba de asimilar lo ocurrido. Según ella, estaba lista para la muerte, cualquier cosa con tal de huir del dolor y el sufrimiento de la vida, pero entonces, llego esta mujer, le hablo con calidez en su voz y le pregunto cual era su deseo. La pequeña tardo varios minutos en pensar en algún deseo, pues nunca creyó que nada que ella deseara se volvería realidad, aun así, la mujer espero y entonces la niña hablo, al principio con voz tímida y sumisa, a la segunda con inseguridad, pero a la tercera y una vez claro cual era su deseo, lo confeso con una gran resolución:

            — ¡Deseo ser amada! ¡Quiero que la gente me ame, que me quieran, que me acepten sin importar que, eso es lo que yo deseo más que nada en esta vida!

            Entonces la mujer río con frialdad y repitió para estar segura.

            —En pocas palabras, deseas que la gente te ame y te acepte sin importar nada, ¿es ese tu deseo?

            — ¡Si!

            La mujer volvió a reír con frialdad.

            —Pues hoy es tu día de suerte, resulta que yo tengo los poderes para conceder cualquier deseo que se me pida, aquí y ahora, bajo los ardientes rayos de la luna llena, cuando se encuentra en su punto más alto. Ahora niña, lo único que tienes que hacer es tomar mi mano y tu deseo se ara realidad, PERO, algún día voy a volver y tomar algo que te pertenezca. ¿Aceptas el trato? Si lo haces solo debes tomar mi mano y yo te ayudare a levantarte.

            — ¿Quién es usted?

            —Solo soy una mujer que viaja buscando niños o niñas que tengan problemas e intento aligerar un poco su carga. Porque, ¿sabes?, la vida puede ser terriblemente pesada, no tiene nada de malo recibir un poco de ayuda cuando haga falta.

            La mano de la mujer seguía suspendida frente a la niña, esperando pacientemente, acercando a la presa hacia ella con amabilidad y lindas palabras, pero por debajo de la capucha negra, ella sonreía con unos largos y afilados colmillos blancos.

            Entonces, la niña tomo la mano de la mujer y de repente, de las dos manos que se habían entrelazado, un destello blanco comenzó a emerger de la nada; la mujer sonreía con gran alegría, su plan había resultado.

            Sin darse cuenta de cómo paso, el cabello de la niña que antes era de un castaño claro y corto por encima de los hombros, se empezó a teñir de otro color, el nuevo tinte comenzó a subir desde las puntas hasta cubrir la cabellera en su totalidad de un brillante color plata. Se parecía al color de la luna y ambas aun continuaban dándose la mano. No se dio cuenta de cuando se había puesto de píe, pero no sentía nada diferente en ella.

            —Ya esta hecho—aseguro la mujer—, por cierto, ¿Cómo te llamas?

            La niña, que comenzó a examinar cada rincón de su cuerpo buscando el más pequeño de los cambios, escucho la pregunta de la mujer pero espero por contestarla, cuando finalmente se dio cuenta de que no había cambiado en nada, le respondió a su pregunta:

            —Jessenia, es mi nombre.

            —Jessenia—repitió la mujer. Esta comenzó a alejarse unos metros de la niña, le dio la espalda y continuo hablando—: estoy segura que nos volveremos a ver en el futuro, después de todo, nuestros destinos están ahora entrelazados.

            Sin entender a que se refería y desapareciendo frente a los ojos de la niña, lo único que sobro de la mujer, fue su tunica negra. Parecía que la tierra se la había devorado.

            Diez años después, la muchacha se despierta, habían pasado años desde que tenía aquel sueño. Las cortinas de su enorme y muy elegante dormitorio se agitaban con fuerza atrayendo la atención de la chica y allí, de pie, observándola con fríos ojos azules, una persona cubierta por una vieja tunica de color café claro se mantenía expectante.

 

            

Notas finales:

Hasta el siguiente.

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