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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Que tal lectores! Lamento la tardanza, pero este capitulo me dio muchos problemas, no podía decidir como escribirlo. La verdad, los capítulos largos, pese a algunos comentarios positivos, no terminan de convencerme, me angustia que por ser demasiado largos, los encuentren tediosos y pesados, de ser posible, me gustaría que a lo máximo fuesen de doce o trece cuartillas y lo mínimo de nueve, pero últimamente me salen casi de 17 o 18. 

Les agradezco a las personas que me han dicho que no les molesta la extensión de los capítulos (los pocos que se animan a comentar) y si a la otra mayoría de personas no les gustan que sean así, pues me lo pueden dejar en un comentario y tratare de arreglar el problema.

Bien, sin más por el momento, disfruten del capitulo, ya saben, para cualquier duda, critica o lo que sea, no duden en dejar un comentario. Tratare de subir la continuación de este capitulo lo más rápido que me sea posible. 

PD. Igual se van a dar cuenta, pero a partir de este capitulo, la personalidad de la protagonista comenzara a mostrar alteraciones que se explicaran en capítulos futuros. 

Esa misma noche, unas horas después del enfrentamiento contra los diez hombres enmascarados, Megan yacía tumbada en su cama moviéndose de un lado a otro en el colchón, apretando los ojos con fuerza y con el sudor recorriéndole la frente y el rostro. En sus sueños, la joven de largo cabello negro veía la silueta de un hombre que se encontraba parado delante de ella, a su izquierda y a su derecha, casas y comercios en ruinas, fuego por doquier, un horrendo olor a carne quemada impregnaba la atmosfera y resonando profundamente en su cabeza, gritos y más gritos desgarradores pidiendo ayuda y auxilio, junto con unas profundas, siniestras y morbosas carcajadas impregnadas de maldad.

            Megan veía, desde donde se encontraba tumbada en el suelo, como la espalda del hombre corría hacia delante alejándose de ella; inmediatamente, la imagen de ese hombre se convirtió en la de Jessenia, ahora era su espalda la que veía desde atrás y la que corría hacia delante, alejándose de ella con el afán de protegerla. En ese momento, antes de ver la continuación de esa terrible pesadilla que la había estado atormentando desde hace años, la joven de cabellos negros despierta respirando entrecortadamente. Se endereza un poco sobre la cama y se esfuerza por respirar con mayor lentitud. Vuelve la vista hacia la derecha y se percata gracias a una columna de luz de la luna que atravesaba su ventana que aún era de noche.

            La joven bajó la cabeza un poco y trató de calmarse, intenta alejar esos pensamientos y esas tétricas ideas, pero por más que lo intentaba no podía lograrlo. No había tenido aquella pesadilla desde hace varios años, cuando por fin creía que podía dejar el pasado atrás, éste regresa con fuerza, como si lo ocurrido hace muchos años, hubiese pasado hace unas horas. Megan rememoro, con lujo de detalle, los acontecimientos ocurridos en antaño con una claridad aterradora. Cada imagen, cada olor, cada sonido y cada una de esas risas, regresaron a ella. Atrayendo sus rodillas a su pecho, Megan comenzó a llorar sobre su cama. Esa noche no pudo seguir durmiendo.

            Mientras la chica de cabellos negros era atrapada por su pasado, fuera de su departamento, un par de siluetas oscuras vigilaban con cuidado el siguiente objetivo que tenían en la mira.

 

—Adelante—concedió el hombre anciano detrás de un amplio escritorio.

            Un muchacho joven, como de unos veintitantos años de edad, largo cabello azabache y ojos color violeta, penetró en una elegante oficina tras haberle dado unos golpecitos a la puerta de acceso. Caminó hasta quedar de pie delante de un largo y elegante escritorio, frente a él y sentado en una elegante silla, dándole la espalda, un hombre mayor veía la ciudad desde la altura.

            — ¿Ya tienes listo tu reporte?—le preguntó sin volverse para verlo.

            —Sí, Maestro. Ésta noche, yo y mi compañera fuimos testigos de las habilidades físicas del objetivo.

            —Ya veo. ¿Y qué tal?

            —Me temo, señor, que la chica no es lo que aparenta. Al principio mi compañera aseguraba que era una joven común y corriente, y que llego a la ciudad de Central por una mera casualidad, debo admitir que, como mi compañera, yo también llegue a pensar lo mismo. Por más que vigilaba al objetivo, no podía sentir en ella una presencia amenazadora o notar que tramara algo; a decir verdad, si no hubiese visto esta noche lo que presencie en el parque, probablemente seguiría pensando que Jessenia es tan solo una chica normal.

            — ¿Que te hizo cambiar de opinión?

            —Maestro, el objetivo posee un avanzado conocimiento en combate cuerpo a cuerpo. Fue capaz de vencer en menos de tres minutos a un grupo armado de diez hombres y me temo que no posee solo conocimientos de lucha, sino también una fuerza, una velocidad y unos reflejos sobresalientes. Añadiéndole la forma tan sospechosa en la que entro a la ciudad de Central y las características físicas del individuo que la ayudo a entrar, sugiero que pongamos en custodia a la chica cuanto antes y la interroguemos a fondo. Es posible que esconda sus verdaderas intenciones.

            El anciano reflexionaba en las palabras del muchacho de ojos color violeta. Tras unos segundos de meditación, es que llego a un veredicto.

            —Joe, cuéntame todo lo que viste ésta noche, no te guardes nada.

            — ¡Como diga!

            En el preciso instante en que los diez hombres se lanzaron contra Jessenia, Megan había salido corriendo en busca de ayuda; mientras ella se alejaba, su compañera evadió con facilidad el golpe que el cabecilla de ese grupo le iba a dar con un largo tubo metálico. Con rapidez, Jessenia da un giro sobre sí misma y flexionando la pierna, le propina una patada justo en la barbilla a ese hombre, provocando que varios de sus dientes salieran disparados al aire. Sin perder el tiempo, evadió nuevamente el ataque de otros dos hombres que se lanzaron contra ella con golpes simultáneos, esos sujetos no paraban de lanzar golpe tras golpe mientras que, sonriendo con malicia, Jessenia los esquivaba mientras se reía de los pobres intentos de esos sujetos por golpearla. El peor error que esos enmascarados habían cometido era atacar a la pelicastaño en un lugar tan abierto como lo era ese parque, tenía mucho espacio para moverse con total libertad.

            Tras aburrirse de esquivar ataques enemigos, Jessenia corre a su encuentro con los nueve enmascarados que quedaban, al líder ya lo había derrotado tras dejarlo inconsciente y sin varios dientes luego de haberle propinada aquella patada en la barbilla. La chica se dirige al más cercano de los enmascarados, evade su ataque y luego le propina un puñetazo directo en el estomago; una vez que su puño toco su cuerpo, éste dio un giro y se impactó con mayor profundidad, provocando que el hombre vomitara sangre; Jessenia le había dado un golpe que había lastimado uno de sus órganos. Sin perder tiempo, uno de los amigos de ese hombre trato de atacar a la camarera con una botella de licor rota, pero Jessenia atrapo el brazo del hombre antes de que el arma tocara su tersa y blanca piel; con un simple movimiento y añadiéndole su renovada fuerza; la joven le tuerce el brazo al hombre, provocando que este grite por el dolor, a continuación, sin soltarlo, Jessenia brinca unos metros en el aire y le estrella el dorso de su pie derecho justo en la cabeza de ese enmascarado; al momento del impacto, los ojos del tipo se tornaron blancos y cayó hacía delante, derrotado. No había pasado el minuto y la joven ya había derrotado a tres hombres con un solo golpe a cada uno.

            El cuerpo de Jessenia se sentía increíblemente ligero, como si la chica no tuviese peso alguno, sin mencionar que todo su cuerpo poseía una flexibilidad aterradora, pese a que jamás realizo ejercicios de estiramiento; aunando a eso, la mente de la joven se encontraba en completa paz, no pensaba en nada, su mente yacía totalmente en blanco, observando cuidadosamente todos los movimientos de sus oponentes y, al hacer eso se percato que cuando los hombres se movían, supuestamente rápido para atacarla; Jessenia los veía como en cámara lenta, por lo que esquivarlos era increíblemente sencillo.

            Quedaban siete hombres y apenas había pasado el minuto. Jessenia corrió hacía dos de ellos, la rapidez de la joven era tal que tomo por sorpresa a los dos enmascarados  que estaban en su vista; a penas tuvieron tiempo para levantar los puños para defenderse, pero ya era tarde, aquellos individuos eran demasiado lentos. Jessenia brinco en el espacio que había entre los dos, tomo las cabezas del par y sumándole su peso y fuerza, los tumbo hacía atrás, estrellando sus cráneos con brutalidad contra el piso de piedra. El sonido que hicieron sus cabezas al impactarse fue escalofriante. Ya no volvieron a levantarse por esa noche. Quedaban cinco hombres.

            Al sexto hombre, al que estaba más próximo a los dos derrotados, fue noqueado de una sola patada que Jessenia le había plantado justo en el lado derecho del rostro. Quedaban tres sujetos y a penas habían pasado los dos minutos. El séptimo era un sujeto alto y claramente musculoso, como arma portaba un largo cuchillo en la mano derecha. En cuanto Jessenia le dio la espalda para noquear el sexto hombre, el séptimo tomo la oportunidad, corrió hacía donde estaba la joven y trato de clavarle la peligrosa arma justo en la nuca, no obstante, a unos centímetros de tocar su piel con la punta del cuchillo, Jessenia alargo su brazo hacía atrás y atrapo el brazo del hombre antes de que el ataque finalizara.

            Utilizando su fuerza bruta, el séptimo intentaba por todos los medios liberarse del agarre de la pequeña y delgada chica que no aparentaba mucha fuerza física, pero por más que forcejeaba, por más que estiraba su brazo, no fue capaz de soltarse; Jessenia lo tenía fuertemente agarrado y no lo soltaría. Luego, los hombres número ocho y nueve, viendo como la chica se mantenía ocupada con su amigo más grande y fuerte, es que decidieron atacarla por dos lados diferentes; uno por la derecha y el otro por la izquierda. Al hacer esto, Jessenia mostró una pequeña sonrisa triunfar, usando su fuerza, levanto el hombre que seguía prisionero de su formidable agarre y lo azoto sin soltarlo contra el suelo al frente de ella, luego, utilizando al mismo enmascarado como arma, es que golpeo al hombre que la atacaba por la derecha, luego se giro sobre sí misma y le lanzo al séptimo contra el noveno, provocando que por la fuerza empleada, los dos hombres se alejaran arrastrándose un par de metros lejos de ella.

            Dos minutos y treinta segundos, nueve hombres derrotados y ya solo quedaba uno. Los segundos siguientes que transcurrieron fueron los más largos de su vida, el décimo y último de los hombres era un sujeto más bien pequeño, no aparentaba mucha fuerza física y era más bien delgado, con ropas desaliñadas y moviendo con torpeza un ridículo y pequeño cuchillo de unos centímetros de largo con sus manos temblorosas. En tan solo unos breves minutos, el enmascarado había visto como toda su pandilla de amigos fue derrotada por tan solo una chiquilla que ni siquiera llegaba a los veinte años de edad. A su alrededor, inconscientes en el suelo y unos con heridas que podrían resultar mortales de no ser atendidos a tiempo por cuerpos médicos, el hombre tiembla de pies a cabeza al momento de ver como Jessenia se acercaba lentamente hacía él.

            Una vez que la tuvo lo bastante cerca, es que el pánico creciente que invadía al hombre finalmente termino por adueñarse de él, exclama un alarido desesperado y levantando el brazo derecho que portaba el arma, ataca desesperadamente a Jessenia, ésta, por el contrario, bloquea el torpe ataque enemigo y una vez que lo tuvo frente a ella, la chica le propina un rodillazo justo en el abdomen flácido de aquel hombre. El tipo cruzo ambos brazos en el área afectada, como tratando de minimizar el dolor del golpe, finalmente, tras dar unos pasos hacía delante, el enmascarado cayó de rodillas para terminar desplomándose en el suelo. Jessenia los había derrotado a todos en un tiempo menor a los tres minutos. Luego, tras uno o dos minutos, tiempo que la joven empleo para ver su obra, es que Megan regresa con ayuda.

            Joe le contó todo lo anterior al hombre que yacía sentado en su elegante asiento detrás de su escritorio y mirando con profundidad la noche estrellada a través de sus ventanales.

            — ¿Qué piensa, Maestro?—le pregunto el joven tras acabar con su informe detallado de lo que presenció esa misma noche—. ¿Debemos tomar medidas?

            El hombre escucho con cuidado la historia del joven: los movimientos de Jessenia, su velocidad de reacción, la fuerza que demostró en cada uno de sus ataques y, más importante aun, las expresiones que ponía al momento de atacar. Éste último punto era importante ya que, dependiendo del tipo de rostro o carácter que la joven pusiera al momento de pelear, era una buena forma de saber el tipo de chica que era. Podría ser una jovencita tranquila y seria o una salvaje y amante de los conflictos o, en el peor de los casos, una sádica que lastimaba a diestra y siniestra con una impresionante sangre fría en las venas. Sin embargo, la imagen mental que el hombre evoco tras escuchar la detallada descripción de Joe le hizo pensar que Jessenia, se encontraba en esos momentos, entre una chica sería y calmada y a su vez, como una salvaje amante de los conflictos.

            Tras meditarlo por unos momentos, es que el anciano se da la vuelta junto con su silla y entonces Joe pudo verlo cara a cara. Se trataba de un hombre que debía rondar los sesenta o los setenta, pero que no aparentaba debilidad o la característica fragilidad de las personas mayores. Su cabello era blanco al igual que su barba; poseía una mirada intimidante y combativa y, pese a la edad que debía de tener, se le veía fuerte y resistente. Tan solo estar en su presencia, Joe podía sentir una poderosa energía emanando de aquel hombre.

            —Por el momento no haremos nada—hablo al fin el viejo maestro con una voz gruesa y autoritaria.

            —Entiendo—acepto el chico de ojos color violeta—. Pero si no le molesta mi pregunta, ¿no le preocupa que Jessenia este planeando algo contra la ciudad? Es decir, tomando en cuanta la manera en que entro en la ciudad y sus facultades físicas, sin mencionar que llego acompañada con un Ser Oscuro y no uno cualquiera…

            —No hay problema—lo interrumpió el viejo, luego abrió uno de los cajones del escritorio y saco una pequeña cajita rectangular que le paso al muchacho de ojos violeta—. Entrégale esto a la chica la siguiente vez que la veas.

            Joe tomó la cajita y frente a su maestro, la abrió: dentro había una cadena con una piedra de color celeste en forma de gota de agua.

            — ¿Una Piedra de Lágrima?—luego el anciano saco otra pequeña cajita igual que la primera y se la entrego al muchacho.

            —Ya sabes que hacer.

            —Como usted diga

            Lentamente, el joven se dio la vuelta y salio de la oficina del viejo Maestro del Gremio. Una vez solo, el hombre se levantó, se acerco a uno de sus ventanales y posando la mano sobre el frío cristal, miró la ciudad con un gesto expectante. Sin proponérselo, su mente dio un viaje rápido al pasado. En su juventud, más bien, en su niñez, el viejo maestro del Gremio vivía en una ciudad distante a la que se encontraba en esos momentos, aquella lejana ciudad, al igual que Central, poseía su propio Gremio de Cazadores.

            Un Gremio independiente, con su propio código de conducta y creencias a seguir; con varios Cazadores que aceptaban todo tipo de misiones. A la tierna edad de ocho años, los padres del viejo maestro eran Cazadores del Gremio: Anima Fortis, es debido a la influencia de sus padres que el maestro, desde tan joven, sintió gran respeto y admiración por el trabajo que aquellos guerreros hacían. En su inocente mente, el Maestro del Gremio: Eternal Soul, veía a esos Cazadores como héroes que luchaban por el bien y la justicia; luchadores que arriesgaban sus vidas por el bienestar de las demás personas del mundo; los tachaba de valientes peleadores que destruían monstruos y bestias salvajes. En otras palabras, los admiraba como grandes héroes y, de ser posible, cuando cumpliera la mayoría de edad, le gustaría formar parte de ese maravilloso Gremio de Cazadores, cuyo símbolo era un escudo con alas blancas a los lados y una espada en el centro del mismo.

            Sin embargo, un día; no, una noche, algo horrendo llego a la ciudad. Uno por uno, los miles de habitantes que la poblaban comenzaron a ser asesinados brutalmente por unos largos y anchos cuchillos. Mientras el viejo maestro dormía en su cama de antaño, una fuerte explosión lo despertó junto a sus padres; el niño de ocho años que era entonces, miro por la ventana del segundo piso y noto que a la distancia, una gran cantidad de humo negro emergía, a continuación, poco a poco, el caos se fue apoderando de las calles. Gritos y más gritos desgarradores, la gente estaba siendo asesinada no por un ejercito de enemigos, sino por un solo individuo, una criatura espantosa de la noche que, en tan solo unas horas y antes de que saliera el sol, ya había eliminado a la mayoría de todos los ciudadanos.

            El pequeño niño veía las casas destruidas, fue testigo, mientras huía del caos, de como varios de sus héroes, caían uno por uno en las garras asesinas de ese temible monstruo. No era una criatura inmensa ni con una fisonomía bestial; el asesino que mataba a todas las personas era un joven; un chico de unos veintitantos años de edad, con dos largos cuchillos como armas y con una sonrisa marcada de oreja a oreja en los labios. Todos los Cazadores que lo enfrentaron esa noche, fueron inevitablemente asesinados por él. El asesino que, vestía una larga gabardina negra, tenía la capacidad de lanzar rayos de energía de las manos, utilizando esa técnica destruyo casas, comercios, edificaciones, terrenos y al final, el Gremio de Cazadores: Anima Fortis. Los últimos humanos que quedaron eran solamente tres: los padres y el viejo maestro de niño.

            Sus padres lo desafiaron y frente al pequeño, el asesino los mató con relativa facilidad, los apuñalaba, los acuchillaba y cortaba mientras que en el rostro, el joven tenía los ojos bien abiertos, estos eran azules y sus labios estaban marcados por una sonrisa demencial. Disfrutaba con cada asesinato que llevaba a cabo. Al final, en una ciudad de miles, en tan solo unas horas, ese gran número se vio reducido a tan solo uno. Un pequeño niño de ocho años yacía en el suelo frente al asesino de miles de personas. El asesino lo miraba con una sonrisa gélida en el rostro…

            Ahora, tras muchas décadas de lo ocurrido en esa ciudad, el viejo maestro, frente al ventanal de su oficina, rememoraba con total claridad las imágenes de su pasado.

“Así que al final… ese individuo no esta muerto y tras muchos años, la Muerte Negra vuelve y ésta vez, trajo consigo a una chica humana. ¿Qué es lo que estará planeando ese endemoniado monstruo?”

 

Esa misma noche, durmiendo sobre su cama en la Posada Aura, al igual que Megan, Jessenia tenía extrañas pesadillas que no lograba comprender. No eran terroríficas como las de su amiga de cabello negro, tampoco regreso al parque donde normalmente hablaba con su “yo” del pasado, sino que en sus sueños, Jessenia se encontraba en alguna parte, no sabía en que lugar exactamente; no sabía si caminaba o flotaba, pero desde donde estuviera, veía a un grupo de personas: hombres, mujeres y niños. Todos ellos se encontraban en un enorme y rectangular cuadrilátero y se la pasaban peleando entre ellos.

            La joven no lograba entender el significado de ese sueño, veía a hombres y a niños haciendo ejercicio, corriendo, saltando, lanzando golpes y patadas al aire, siguiendo una coreografía de movimientos de lucha, veía a los jóvenes blandir espadas, lanzas, hachas, mazos, cuchillos, etc., los veía entrenar noche y día; niños con niños, jóvenes con jóvenes y adultos con adultos. Las mujeres, al igual que los hombres, también se ejercitaban y practicaban constantemente el combate cuerpo a cuerpo y armado.

            Mientras veía a ese grupo de personas, Jessenia los miraba entrenar de tantas maneras diferentes, haciendo ejercicios simples para luego pasar a otros mucho más extremos; presenciaba como algunos niños, de tan solo ocho o diez años, practicaban combate cuerpo a cuerpo con adultos que les doblaban la altura, el peso y la fuerza y, lo más extraordinario de todo, es que los adultos lanzaban fuertes golpes y patadas y los niños, pese a sus cortas edades, los bloqueaban y evadían como unos luchadores profesionales; veía a otros jóvenes manejar diversas armas como expertos. En suma, durante las horas que duro ese sueño, Jessenia presencio todo tipo de entrenamientos, tanto físicos como mentales, diversos modos de combate y el manejo de las variadas armas que allí había.

            En un determinado momento, todo el sueño se torno negro y luego, la joven abrió los ojos y vio el techo de la Posada Aura, había despertado. Su séptimo día en la ciudad comenzaba.

            Se levanto de la cama y con pereza se dio una baño, se vistió con su uniforme, se arreglo el cabello y entonces bajo a trabajar. Era todo muy extraño, hace unos cuantos días, a Jessenia le gustaba y le entretenía sus quehaceres como camarera y como mucama en la Posada Aura, pero ahora que los hacía, le parecían tediosas, monótonas y hasta fastidiosas. Mientras tomaba el pedido de los clientes, mientras les llevaba las ordenes de comida y mientras limpiaba las mesas después de su uso, barría o ayudaba en alguna otra tarea; Jessenia solo podía pensar en la pelea que tuvo contra los diez hombres enmascarados y lo medianamente divertida que resulto. Si comparaba su trabajo normal con la pelea que tuvo el día anterior, la batalla le resultó mucho más excitante y atractiva que solo llevar platos y limpiar mesas.

            Cada vez que Jessenia pensaba de esa manera, se molestaba consigo misma, pues le estaba dando la razón a las palabras dichas por su “yo” del pasado. La pequeña Jessenia le había dicho que la mentalidad y su cuerpo, poco a poco presenciaban cambios constantes; al escuchar sus palabras, la joven camarera no quiso creerle, en primera, porque muy en el fondo no le gustaba el cambio que se estaba llevando a cabo dentro de su cuerpo. Nunca le habían parecido interesantes las peleas, las consideraba violencia inútil y sin significado; pero luego se encontró con ese borracho en el parque y tras ese día, todas las cosas en su vida comenzaban a derrumbarse lentamente. Por ejemplo, desde que comenzó su jornada laboral, Megan se veía pálida, cansada y con una expresión melancólica en el rostro, pareciera que no hubiese dormido en toda la noche. Cada vez que Jessenia se le acercaba para preguntarle si se encontraba bien, la pelinegro evadía la mirada y le respondía que no había problemas, que solo tuvo una mala noche.

            Durante el resto del día, con pocas o muchas personas en el restaurante, Megan trataba fríamente a Jessenia; evadía su mirada, le sacaba la vuelta cada vez que la chica se le acercaba y evitaba hablar con ella siempre que se lo pedía. La camarera imaginaba que su amiga seguía enojada por lo ocurrido el día anterior, por lo que decidió darle un poco de espacio y dejarla sola para que pensara.

            Mientras el día continuaba, la noticia que se había vuelto sensación de la noche a la mañana era de cómo Jessenia derroto y sometió a un grupo de pandilleros que ya tenían fama de molestar e intimidar a las personas en las calles. Ya que Jaime, el dueño de la Posada, había prohibido el acceso al restaurante a todo aquel que no fuera para comer; fuera del local, con las caras pegadas a las vidrieras del establecimiento, un grupo de personas veía trabajar a la celebridad del momento, esperando a que la chica saliera para su descanso y entonces abordarla con todo tipo de preguntas. Ya que Jessenia era nueva en la ciudad, con apenas una semana de haber llegado, la gente la encontraba excesivamente misteriosa y por lo tanto, interesante.

            La mayoría de las personas de Central se conocían tanto de vista, como de nombre y apellido, por lo que cuando una nueva o nuevas personas llegaban a la ciudad, inevitablemente, los ciudadanos no pueden evitar mostrarse curiosos e interesados; no obstante, como la mayoría de las personas que llegaban a la ciudad eran personas comunes, que esperaban conseguir un trabajo normal y vivir una vida ordinaria, los ciudadanos no los encontraban tan interesantes, por lo que era fácil ignorarlos y tratarlos como a gente del montón, debido a esto y a las acciones de Jessenia en los pasados días, no era raro que la chica llamara tanto la atención, ya sea de hombres como de mujeres.

            Durante su aburrida jornada laboral que ya no le parecía interesante ni entretenida y mostrando un semblante tranquilo e indiferente, Jessenia lleva los pedidos a sus respectivas mesas; en más de una ocasión, algún cliente que había escuchado de la fama de la camarera, aprovechando su cercanía para dejar los platos, es que la persona la abordaba y le pide unos momentos de su tiempo libre para invitarla a caminar y después a tomar algo. Como ya era una costumbre, Jessenia trato de rechazarlo con amabilidad, pero como ese día se encontraba un poco molesta por todos los cambios que se estaban llevando a cabo en su vida, es que tras dejar la comida sobre la mesa y soltar un suspiro de cansancio, la camarera miró fríamente el sujeto y le responde lo siguiente:

            —No estoy interesada—le dijo secamente para luego darse la vuelta y regresar a sus labores.

            Tras avanzar unos cuantos pasos, el sujeto que la abordo se puso bruscamente de pie, provocando que la silla cayera hacía atrás haciendo un fuerte ruido que atrajo la atención de todos los clientes. Jessenia seguía dándole la espalda al cliente que resulto ser un chico joven, rubio, de ojos azules y piel blanca. Vestía elegantemente y era alto, con un cuerpo un tanto atlético. Tras la caída de la silla, se hizo un incomodo silencio, todas las miradas estaban en la joven camarera y en el muchacho de rizos dorados.

            — ¡No te vayas, escucha lo que tengo que decir!—exclamó, levantando un poco la voz. ¡Perfecto, lo que Jessenia más quería y necesitaba en esos momentos, que un cliente le haga un drama y terminar por llamar más la atención!

            Ya estaba harta de todas las cosas que le habían comenzado a pasar desde hace unos días. Lo único que Jessenia deseaba era una vida sencilla, tranquila y normal. Ser una más del montón, ser ignorada por la mayoría y tener la atención de solo unos cuantos. La camarera ya había tenido su momento de gloria, ya vivió, por muchos años, como una celebridad a causa del deseo que le pidió a esa Bruja en Fior, ahora solo deseaba una vida pacifica, pero parecía que la vida misma la empujaba por caminos que ella no deseaba tomar. Si no fuera suficiente con su “fama”, ahora también tenía que lidiar con los repentinos cambios que su cuerpo y su mente empezaban a mostrar desde hace unos días; el repentino aumento de energía en el cuerpo de Jessenia, su mentalidad que cambiaba a una mucho más agresiva y violenta. Antes, todas las cosas que le habían pasado, las hubiese tomado y aceptado, pero ahora, muchas cosas la enojaban, la molestaban y constantemente, desde hace unos días, sentía fuertes deseos de gritarles a todas esas irritantes personas. Gritarles y golpearlos para que la dejaran en paz, pero de hacer eso, solo terminaría atrayendo más la atención y peor aun, si algún Agente Publico se percataba que Jessenia había entrado de manera ilegal a la ciudad, siempre estaba presente el riesgo de que la desterraran o la encerraran.

            —Quizás no me recuerdes—continuo el chico— pero yo soy el chico que te aviso del ataque de ese hombre con la botella de licor…

            Jessenia dejo de escuchar por unos momentos y agudizo su memoria, era verdad, la voz de ese chico era la misma de aquella vez. Era la misma voz que le grito: “¡Cuidado!”, cuando el hombre tomo la botella de licor y corrió hacia la joven para atacarla.

            —…Desde ese momento—Jessenia volvió a escuchar las palabras del joven— no he podido dejar de pensar en ti. Creó que eres una chica impresionante, nunca antes había conocido a alguien como tú y para serte honesto, desde que te vi defender a tú amiga, algo dentro de mí comenzó a moverse, creo…, creo que lo que intento decir es que… ¡tú me gustas y quisiera que me des una oportunidad para gustarte!

            El local se había quedado callado, todos los presentes le dedicaban unos segundos de atención a Jessenia y luego al chico que se le había declarado tan dramáticamente en publico. Sin embargo, sin permitir que la presión social la afecte, pues ya estaba acostumbrada a recibir esa clase de declaraciones de cuando vivía en Fior; Jessenia le responde esforzándose por ser educada.

            —Ya te lo dije, no estoy interesada—le respondió fríamente para luego continuar con su vida.

            Por alguna razón que la joven y que su “yo” del pasado tampoco terminaban de entender, el carácter gentil y pasivo de Jessenia se estaba transformando en uno más agresivo, a la chica no le agradaba ese cambio, por lo que se esforzaba en mantener la calma aun cuando deseaba gritar y romperle a ese chico una silla en la cabeza.

            — ¡Entonces dime, ¿Qué debo hacer para interesarte?! ¡Dímelo y haré lo que me pidas!

            Jessenia comenzaba a perder la paciencia.

            —Nada, solo déjame en paz. Olvídate de mí y continúa con tu vida—le respondió tratando de no alzar la voz.

            — ¡Pero…!

            — ¡AH! ¡YA CALLATE!—lo que Jessenia tenía guardado desde hace mucho, mucho tiempo, desde antes de llegar a Central, toda su cólera, toda su ira reprimida, finalmente, salía disparada, aunque solo fuera una pequeña parte—. ¡Tú y todas las demás personas de esta ciudad ya me tienen harta! ¿Por qué no pueden dejarme en paz? ¡Yo no soy su maldito juguete de entretenimiento! No es mi culpa que sus malditas vidas sean tan aburridas y miserables. ¡He pasado diez malditos años de mi vida siendo el centro de atención de todas las personas de un reino y ya estoy cansada! ¡Solo quiero una tranquila y sencilla vida normal, ¿eso es mucho pedir?!

            —Pero…

            — ¡Ay, ya cállate, maldito fracasado! ¡Escúchame bien, por que solo lo diré una vez; ni hoy, ni mañana, ni pasado mañana, ni nunca, me vas a interesar, así que porque no tomas la poca dignidad que te queda y te la metes por el culo! En serio, eres igual aun perro que corre directo a su amo, sacándole la lengua, moviéndole la cola y esperando por una caricia en la cabeza. ¿Cómo puedes ser tan patético? ¡Una basura sin valor como tú no tiene derecho ni siquiera a respirar el mismo aire que yo respiro!

            Jessenia respiraba con rapidez, ahora que había terminado de decir todo lo que quería, debía admitir que se sentía un poco mejor, más ligera y menos estresada; no obstante, una vez que se tranquilizo y se hizo el silencio en el restaurante, con todas las miradas sobre ella; la joven entro rápidamente en razón, recordó todas las cosas que dijo y sintiéndose sumamente avergonzada, la chica empezó a caminar torpemente.

            —Yo… yo no quise…—comenzó a decir, pero ya que la vergüenza termino por ganarle, Jessenia corrió directo hacía la puerta de entrada, la abrió y salio corriendo con su vestido de sirvienta. Todas las miradas la vieron alejarse.

            Su carrera la llevo a parar a un parque de niños con varios juegos. Tomo asiento en uno de los cuatro columpios que allí había, uno de color verde metálico y mientras el tiempo pasaba, Jessenia oculto su rostro usando sus manos, se inclino hacía delante y comenzó a pensar en lo que había hecho.

            “No puedo creer que haya dicho todas esas cosas. ¿Qué me esta pasando? Yo no soy así, no soy esa clase de persona. Ahora todos van a odiarme…”

            Jessenia se sintió culpable y mal consigo misma por las cosas que había dicho, pero luego de unos minutos, un nuevo pensamiento vino a su mente.

            “¡A quien le importa! Esos idiotas se lo tienen merecido, eso les enseñara a dejar de molestarme. Además, ¿Quién se cree que es ese perdedor? No hay forma de que alguien como yo, salga con un fracasado mediocre como él. Los malditos debiluchos que tienen flores, corazones y arco iris en la cabeza, no hacen más que repugnarme…”

            Jessenia siguió pensando en ese parque, sentada sobre un columpio verde metálico.

            “¡No, aun así, lo que les dije estuvo mal! Fui demasiado grosera, tal vez si regreso ahora, aun puedo alcanzar a disculparme con todos los clientes y con ese pobre chico, pensándolo bien, no tiene la culpa, a fin de cuentas, él se dejo llevar por sus sentimientos, de la misma forma en que yo lo hice cuando dije todas esas cosas…”

            Y siguió y siguió pensando, contradiciéndose a sí misma con cada nuevo pensamiento, haciendo imposible estar de acuerdo consigo misma.

            “¿Disculparme? ¿Por qué? ¡Por decir la verdad! ¡Jamás! ¡Mientras viva nunca me disculpare con esa bola de retrasados! Lo que les dije se lo tienen bien merecido. Esos idiotas no paraban de mirarme y de acosarme cada vez que salía a caminar a cualquier parte. ¡Son ellos los que deben disculparse, no yo…!”

            “¡Pero si no lo hago, tal vez ya no pueda tener una vida normal…!”

            “¿Una vida normal? ¡Y para que quiero una de esas, igual son aburridas! Más que trabajar como camarera en esa Posada y servirle comida a un grupo de imbéciles sin cerebro, sería mucho más divertido volver a pelar contra alguien…”

            “¿Pelear…?”

            “¡Si, pelear! Aun recuerdo lo bien que se sintieron mis puños cuando golpe a ese grupo de debiluchos, ¡nunca antes me había sentido tan llena de vida! Desearía tener a alguien para golpear en este momento…”

            Y de esta forma, Jessenia paso horas y horas, sentada en ese columpio, con la cara escondida por ambas manos, contradiciéndose a sí misma, cada pensamiento que tenía, era bloqueado por un segundo pensamiento que la chica tuviese. Se hizo de noche. Para cuando se dio cuenta que ya había oscurecido, la mente de la camarera se encontraba al fin en orden, ya se había tranquilizado, por lo que se levanto y camino tranquilamente a la Posada Aura, decidida a disculparse con Jaime por la conducta que había mostrado antes. Seguía sin saber lo que le había pasado, nunca antes le había hablado de esa forma a alguien en su vida, lo pensó, pero nunca se animo a realizarlo.

            En mitad del camino y del lado contrario, un chico con un rostro familiar caminaba en su dirección. Cuando ambos se acercaron lo suficiente, la camarera logro reconocerlo, era Joe, el ayudante de cocina de Chris, si estaba en el parque a esas horas, eso solo significaba que el restaurante ya había cerrado.   

            —Hola, ¿podemos hablar?—el muchacho la detuvo en mitad del camino. Jessenia acepto hablar con él y ya que en el parque había demasiadas bancas para sentarse, no fue difícil encontrar una desocupada—. No era mi intención escuchar, pero cuando quieres tienes una voz muy fuerte.

            Jessenia entendió que se refería a su exabrupto de esa tarde.

            —Si… lo lamento—se disculpo avergonzada de sí misma.

            —No importa, todos tienen esa clase de días...—ya que Joe, ni Jessenia eran buenos conversadores, es que el muchacho paso a ser directo—. Como sea, quiero darte esto—le entrego una pequeña cajita rectangular, la joven la destapo y dentro, un collar con una piedra en forma de gota de agua, reposaba en su estuche.

            — ¡Ah, gracias, pero no soy fanática de las joyas y esa clase de adornos!

            Quizás sea por el parecido superficial o por la presencia ligeramente similar que el muchacho emanaba, pero Jessenia se sentía cómoda estando  junto a Joe, quizás por que le recordaba un poco al Segador. El único individuo que la había tratado con fría indiferencia cuando más lo deseaba la chica.

            —Acéptalo—insistió con tranquilidad el chico—. Tómalo como un regalo de bienvenida. Es resistente al agua y escuche que da buena suerte a las personas que lo usan constantemente.

            Al final, Jessenia lo acepto, no quería seguir hiriendo sentimientos.

            — ¿Me ayudas a ponérmelo?

            Jessenia hizo hacía delante su larga cabellera, el muchacho le puso el collar firmemente alrededor del cuello y una vez termino, se excuso diciendo que tenía cosas que hacer. La joven camarera continua con su camino hacía la Posada Aura. Una vez que llego, encontró a Jaime sirviendo tragos a los clientes en el bar nocturno. Apartó la mirada con timidez, después de todo, cuando Jessenia empezó a gritar, el dueño de la Posada estaba allí y pudo escucharlo todo.

            —Lo lamento—le dijo tras acercarse a la barra—. Lamento todo lo que dije y haber salido corriendo como lo hice, no sé lo que me paso…

            —Ya no importa, lo dicho, dicho ésta, además, no soy yo con quien debes disculparte. Ese muchacho al que le gritaste se quedo unos minutos deprimido en su mesa, pensando que regresarías, cuando vio que no volvías, se levanto y se fue. Ve a dormir, aclara tus pensamientos y ya mañana le preguntas a Megan donde vive el chico para que vayas a disculparte.

            — ¿Megan? ¿Es amigo suyo?

            —No lo creo, después de que te fuiste, Megan intento animar al chico, se quedaron unos minutos hablando y luego salieron juntos en el descanso de ella.

            —Ya veo—dijo melancólicamente.

            Jaime, desde que empezó el día, pudo notar que sus empleadas se veían distanciadas la una con la otra, como repeliéndose mutuamente y al mismo tiempo, queriendo acercarse, pero sin saber como.

            — ¿Paso algo entre ustedes dos?—pregunto el hombre moreno, a lo que Jessenia bajo la cabeza tímidamente—. ¡Maldita sea con la juventud de hoy en día! ¡Siéntate!

            La joven camarera tomo asiento en uno de los banquillos frente a la barra de madera. Jaime puso delante de la chica, dos pequeños vasos de cristal y luego vertió un líquido color café en ambos.

            —Ya tienes dieciocho años, ¿no? Lo que significa que ya tienes la edad para beber.

            Mientras Jessenia olfateaba el líquido que yacía dentro del pequeño vaso de cristal, Jaime se llevo el suyo a la boca y de un trago se lo había tomado.

            —Gracias, pero no tomo.

            Rechistando, el hombre alto y moreno tomo el pequeño vasito de Jessenia y se lo llevo a los labios para terminárselo.

            —Entonces, ¿Qué ocurrió entre tú y Megan?

            Jessenia le contó a su jefe todo lo que había pasado el día anterior, de igual forma, tarde o temprano se iba a enterar, que mejor que enterarse por boca de la principal involucrada.

            —Ya veo. Si eso paso, entonces es normal que Megan se tome unos días antes de volver a hablarte, pero no te preocupes, ella no te odia ni nada por el estilo, es solo que lo ocurrido ayer le trajo amargos recuerdos. Una vez que se calme, todo volverá a la normalidad. 

            — ¿Amargos recuerdos? ¿Qué significa eso?

            —Significa que no eres la única que ha pasado por una injusta y dolorosa vida, ahora vete a dormir, mañana tendrás que trabajar el doble de duro para compensar tu falta del día de hoy.

            Jessenia asintió con la cabeza y ya más tranquila, sube al tercer piso de la Posada Aura para irse a dormir, esperando poder ver mañana a su amiga de largo cabello negro.

           

            Esa misma noche, caminando por la zona abandonada de ciudad Central, un par de jóvenes seguían adelante, adentrándose sin miedo al desolado y abandonado lugar.

            — ¡Llegas tarde!—le recrimino una chillona voz masculina—. ¿Dónde esta la chica que falta? Solo traes a la de cabello negro y para ser honesto, esa no nos sirve.

            El chico rubio que le había declarado sus sentimientos a Jessenia esa tarde en la Posada Aura, yacía de pie junto a una Megan que mantenía unos ojos profundos y vacíos de emociones.

            —Desgraciadamente, no pude traerla, pero no te preocupes, mientras tengamos a esta chica en nuestro poder, podemos traer a la otra siempre que queramos.

            — ¿Estas seguro de eso?

            — ¡Claro que estamos seguros!—exclamo una tercera voz masculina. De entre la oscuridad, un muchacho pelirrojo hace su aparición—. Jessenia se toma muy enserio su amistad con Megan, solo necesitamos el método correcto y entonces ella vendrá a nosotros. Por el momento, esta chica nos será de mucha utilidad. 

Notas finales:

Si les gusto el capitulo, no olviden comentar. Hasta la proxima. 

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