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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¿Cómo están lectores? Lamento no haber publicado la semana pasada, pero como ya bien dije, he estado ocupado con la Universidad y demás cosas, en fin, aquí les traigo el capítulo número: 23 de la historia.

 

Espero les guste y como siempre les recuerdo que si les gusto o no les gusto, me lo dejen en los comentarios con ideas de cómo puedo mejorar mi estilo.

 

Por mi parte eso es todo y nos vemos después.

 

PD: Les recuerdo que a partir de la siguiente semana, subiré dos capítulos de la historia, pero la parte avanzada, cuando publique los dos capítulos de ese Arco, me regresare a este, así hasta conectar la historia entera, por lo que les pido paciencia. Les repite, no abandonare la historia y si la llegase a dejar, yo les diría, por eso no se preocupen.

 

Hasta la próxima.

Mientras la Bruja esperaba la llegada de Jessenia, la única chica humana que había llamado su atención desde esa noche hace ya varios días; el Ser Oscuro se decide a pasar el rato inmiscuyéndose en el pasado de Megan, determinada a encontrar algo que la puede divertir en lo que pasaba el rato. Esa era una de las diversiones más grandes de ciertos Seres Oscuros, adentrarse en lo más profundo del alma humana, observar sus fortalezas, sus debilidades, sus miedos y traumas más profundos y torturar con esos mismos miedos, a la persona que haya tenido la desgracia de toparse con esos temibles monstruos; en este caso, Megan había tenido la mala suerte de caer en las garras de una Bruja. Ésta, sin el menor remordimiento, corrompe el cuerpo de la chica, luego, rápidamente, el Ser Oscuro había ganado acceso directo a sus memorias más profundas, allí se encontraba la clave para corromper no solo la mente, sino también el alma.

            —Ahora veamos—dijo la Bruja voz expectante y ansiosa— que tienes para mostrarme.

            Mientras la Bruja se adentraba en lo más profundo de Megan, fuera de su escondite y a muchos kilómetros de distancia, Joe interrogaba sin misericordia a Michael; al mismo tiempo, mientras estos dos eventos se llevaban a cabo, dentro del escondite del Ser Oscuro, el falso Matt desnudaba a Jessenia, determinado a violarla, no por su gusto como Metamorfo, sino por haber tenido la desgracia de haberse comido a un humano lujurioso y con aparente adicción al sexo…

 

            Ahora que lo pienso, nunca antes había tenido que preocuparme por nada en la vida, mis padres me lo daban todo: casa, un lugar donde vivir, comida caliente, agua para bañarme, una cama cómoda, seguridad y lo más importante, amor, cariño y aceptación. Vivía mis días normales sin nada que perturbara mis emociones, hasta que cierto día, no, mejor dicho, hasta que cierta noche cayó sobre nosotros, yo no conocía lo que era el dolor, ni mucho menos el sufrimiento…

            Había nacido en un pequeño pueblo de a lo mucho, miles de habitantes, no éramos decenas de miles ni cientos de miles, solo unos cuantos miles. El pueblo estaba situado en mitad de un vello paisaje natural que me era difícil describir, lo mejor que puedo decir y, al mismo tiempo, el mejor recuerdo que tengo de mis padres, es cuando juntos subíamos a una colina cercana al pueblo. El pasto era verde, el viento soplaba calido y suave, el cielo era azul y con algunas nubes que lo surcaban. Disfrutaba pararme cerca de la colina, a tan solo unos cuantos pasos de caer y lastimarme; desde allí, se podía ver todo el pueblo a la perfección y, más adelante, a tan solo unos cuantos kilómetros, los altos cerros se veían esplendidos y hermosos. El pueblo se veía pintoresco y humilde, las cosas, todas, eran de madera, de dos plantas la mayoría; algunas pintadas de colores oscuros y rara vez alguna con colores más vivos y brillantes. Pese a la distancia, alcanzaba a ver a las personas que caminaban por las calles, ¡se veían como diminutas hormigas!, me encantaba esa vista, transmitía tanta paz y armonía. ¿Qué problema podía haber en un pueblo pequeño? Donde casi todos los habitantes se conocían y se ayudaban mutuamente.

            Algunos viajeros que llegaban por obra de la casualidad o algunos que llegaban buscando tranquilidad y silencio, hablaban sobre las grandes ciudades y sobre los imponentes reinos, cada uno, con su respectivo avance tecnológico y métodos de gobierno. Contaban historias de ciudades de cientos de miles de habitantes y reinos de millones; me era imposible imaginar un lugar con tantas personas reunidas. Cosa obvia, pues nací y me críe en este pequeño pueblo y nunca he salido de él y, para ser franca, no me interesa marcharme. Las otras ciudades podrán ser grandes y todo lo que esos viajeros digan, a mi me gusta la tranquilidad de este pequeño pueblo. Un pueblo donde no existe el “yo y solo yo”, aquí la gente se ayuda mutuamente para realizar actos, ya sean, insignificantes o grandes. Por ejemplo, una vez, hace un año, una fuerte tormenta azotó los alrededores, varias casas de madera se vieron afectadas por la fuerza de la naturaleza; techos que presentaban goteras, paredes al borde de la destrucción y ventanas rotas. Una vez que la tormenta pasó y el sol volvió a salir, la gente del pueblo se reunió en un enorme edificio que se construyo para realizar reuniones de emergencia o para hacer algo divertido. Se tomaron nota de las casas y terrenos afectos y entre todos, ayudaron a la reconstrucción y reforzamiento de las viviendas, así como el trabajo en el campo se vio rápidamente restaurado. Así es como es esté pueblo, un lugar donde todos se ayudan para alcanzar un determinado objetivo…

            — ¡Megan!—escucho el llamado de mama—. La comida ya esta servida, ven rápido antes que tu padre se termine todo…

            Tan pronto escuche el llamado, fui corriendo a tomar mi lugar para empezar a comer, conozco de sobra el apetito de mi padre y no permitiré que se termine todos los deliciosos platillos que mama cocina. En cuanto llegue, él ya se estaba metiendo alimentos a la boca y comía como si temiera que yo me fuese a terminar todo por mi cuenta. ¡No permitiría que me ganara! Así que comencé a comer, comer y seguir comiendo…

            — ¡Ustedes dos, coman más despacio!—nos regañó mama—. No importa que bien sepa la comida, si comen a esa velocidad terminaran vomitando todo o con un fuerte dolor de estomago.

            —No puefo efitarlo—decía mi padre con alimentos aun en la boca—. Fu cocina es efelente…

            —Traga antes de hablar—le reprochó mi mama—. ¿Qué harás si nuestra hija comienza a imitar tu comportamiento?

            Quizás fuese porque en ese entonces no sabía mucho de relaciones, sentimientos y compromisos, después de todo, solo tenía doce años en aquella época, pero: ¿Qué le había visto una mujer tan bella y gentil como mi mama, a un hombre de carácter infantil pese a sus cuarenta y tantos años de edad como lo era mi padre? No es que mi papa me caiga mal ni nada por el estilo, es todo lo contrario, lo amo tanto como a mi mama, pero es que no lo entiendo. Pese a que mi madre es tan solo un par de años menor que mi papa, se ve muchísimo más joven, es más, la gente que no nos conoce, cuando nos ven juntas, nos confunde con hermanas: siendo ella la mayor y yo la menor. Ella era de largo y brillante cabello negro, piel blanca y muy hermosa, un atractivo rostro de facciones gentiles y de un cuerpo muy humilde, mientras que mi padre era todo lo contrario; él si se veía como un hombre en sus cuarenta y tantos, su piel era gruesa, un tanto quemada por trabajar bajo el sol, su cabello casi siempre estaba desordenado y era del color de la arena. No era feo y no tenía mal cuerpo, era un hombre alto y robusto, con algo de musculatura normal, aunque algo indiferente en cuanto a su apariencia, había días en los que no se afeitaba y llevaba barba de varios días. Según mi mama, eso no la molestaba, sino todo lo opuesto, a ella le atraían los hombres varoniles, por lo que la barba y el bigote, eran elementos que le atraían en un hombre; si mi padre no se los dejaba mucho tiempo, es porque a él mismo no le gustaba mucho llevar pelo en la cara, en sus palabras: “¡Cabello solo en la cabeza y pelo, solo en brazos y piernas!” Bueno, sea como sea, el matrimonio de mis padres era normal, rara vez había peleas y cuando las había, ellos se arreglaban en poco tiempo. ¡Así es! Hasta este punto, mi vida era lo más cercano a la perfección y sin ningún tipo de inconveniente. Ingenuamente creí que estos días seguirían por siempre, que crecería, que conocería a un chico del cual me enamoraría como mi madre se enamoro de mi padre y que al pasar los años, yo también formaría una familia como mis padres la formaron… Era tan inocente…

            La conclusión de mi felicidad llego un día tan sorpresivamente que ya no recuerdo lo que hice esa mañana o esa tarde, lo único que recuerdo vividamente era el cielo nocturno con su millar de brillantes estrellas, de no ser por el olor a quemado, el hedor de carne calcinada, los estridentes y horribles gritos pidiendo ayuda y mi persona corriendo al único lugar que consideraba seguro, probablemente me hubiese tumbado en el suelo y hubiese contemplado el firmamento…

            Las calles estaban impregnadas por el hedor a carne quemada y el terrible sonido de gritos pidiendo, inútilmente, socorro. A mi izquierda y a mi derecha, las casas y comercios, todo de madera, era consumido por las hambrientas llamas de la furia. ¿Qué eran esas enormes y horrendas criaturas que habían llegado lanzando fuego de las bocas? No lo sabía. Solo me limite a correr, correr y seguir corriendo al único lugar que consideraba seguro: mi casa. Quería ver a mis padres, solo ellos podían protegerme en esos momentos…

            Los monstruos eran grandes, altos, de pieles gruesas y rojas, algunos tenían enormes cuernos en la frente, otros, tenían picos en la espalda o en las partes delanteras de sus cuerpos; otros tenían largas colas con cuchillas al final de las mismas y podían escupir fuego o crearlo de las manos… ¡No sabía lo que eran, solo deseaba escapar, encontrar a mis padres y huir lejos de este calor, de este fuego, lejos de esos monstruos! ¡A cualquier lugar está bien, mientras este con ellos, nada más importa!

            Ignoro la distancia que recorrí, así como ignoraba los gritos que me pedían ayuda cuando pasaba corriendo junto a casas y comercios; ignoraba el calor insoportable, ignoraba el horrible olor de carme quemada y el hedor a muerte, ignoraba todo y a todos los que podía ayudar pero que por miedo o falta de tiempo, abandone a su suerte. Solo deseaba encontrar a mis padres, huir para luego ignorar esta realidad… 

            Me detuve, cansada, respirando con fuerza y rapidez, con el sudor empapando mi cara y mi espalda; podía sentir el cabello en mi rostro y la humedad insoportable en mi cuerpo, la tela de mi ropa, pegada a mi piel húmeda, era en verdad insoportable. Pero no me importaba. No importaba nada. Comencé a sonreír, delante a mí, a unos cuantos metros más adelante, yacía mi casa intacta. El miedo que me  invadió mientras corría hacía a esta dirección se había esfumado. Por unos momentos temí encontrar mi casa destruida, con las paredes hechas escombros en el suelo o quemada como la mayoría de las viviendas por las que pase para llegar hasta aquí… ¡Pero no lo estaba! ¡Ni quemada, ni destruida, sino intacta! Yo estaba sonriendo por eso, como si el pueblo no se estuviera quemando y como si no pudiera escuchar los gritos desgarradores de las personas que eran asesinadas y devoradas por esos enormes monstruos horribles. Corrí en dirección hacia mi hogar, el lugar donde nací, ya me imaginaba entrando por la puerta, abriéndola de golpe, a mi madre que se lanzaba hacía mí para abrazarme, a mi padre que me decía que no era momento de eso y juntos corríamos para ponernos a salvo. Me imagine huyendo del pueblo mientras me acercaba a mi casa y fue entonces que abrí la puerta, del otro lado, la niña ingenua e inocente que siempre fui, había muerto. Mi sueño de una vida similar a la de mis padres quedó reducido a cenizas, mis fantasías de huir junto a mis padres murieron tan pronto vi la escena que me esperaba del otro lado de la puerta.

            Con razón estaba tan segura de que podíamos escapar, la parte delantera de la casa estaba intacta, pues los monstruos habían entrado por la parte trasera y allí, en mitad de lo que fue nuestra cocina, yacía sentada una enorme criatura roja, tenía una enorme barriga, cabeza redonda, ojos profundos y hundidos en sus cuencas, dos largos cuernos en la frente, era calvo y poseía una larga cola que terminaba en una afilada cuchilla; se estaba llevando el cuerpo empalado de mi madre a la boca y le arrancaba enormes trozos de carne con cada mordida. Ya se había comido la mitad derecha de lo que fue mi progenitora, ahora solo le quedaba la mitad izquierda de su cuerpo; antes de comerse lo que quedaba de cabeza, el monstruo se giro para ver el ruido que había llamado su atención. Él y yo nos vimos directo a los ojos, lo miraba sin poder creer la escena que veía, mientras que el monstruo me vio y luego me mostró una enorme sonrisa donde enseño sus afilados colmillos manchados de sangre, luego, sin importarle que lo estuviera viendo comer, prosiguió con lo que hacía.

            El tiempo comenzó a correr muy lentamente, vi como ese monstruo se llevaba lo que quedaba de cabeza a su enorme boca, metió más de la mitad del cuerpo de mi madre a su boca y de una sola mordida, se la había comida casi toda; ahora solo quedaba la pierna izquierda de mi mama y un poco de carne en la parte de arriba; escuche masticar al monstruo, oí como los huesos se hacían trisas dentro de su enorme boca y para entonces, yo ya me había rendido. Si no podíamos estar juntos en esta vida, quizás podríamos juntarnos dentro del estomago de ese enorme y barrigón monstruo rojo. Tomando en cuanta su tamaño y mi pequeña figura, seguramente cabré dentro de la boca de esa criatura y de un solo mordisco, todo habrá terminado. Extrañamente no me asuste, ni espere nada, si igual iba quedarme sola en esta vida, preferiría que todo acabara de una buena vez, por lo que decidí esperar a que ese monstruo terminara de comerse las sobras de mi madre y viniera por mí.

            Sin embargo, la vida no estaba dispuesta a concederme ese pequeño capricho. Antes de darme cuanta, alguien me había tomado de la mano y me jalaba con él. Estábamos corriendo. No sabía quién era la persona. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué molestarse en salvar mi vida si de igual forma ya no me quedaba nada en este mundo? Aun si lograra sacarme de este pueblo perdido, ¿qué me queda? Nada. Esa era la única respuesta. Estaba cien por cierto segura que de sobrevivir esa noche, los recuerdos de lo que había presenciado, me seguirían por el resto de mi vida, negándose a abandonarme. Además, yo no merezco la ayuda de nadie, cuando corría rumbo a mi casa, me topé con personas que se encontraban atrapadas bajo escombros, escuche gritos de socorro, gente que me pedía ayuda cuando me vieron pasar. Personas que yo conocía: vecinos, madres y padres de mis amigos; algunos desconocidos… Pero no hice nada. Aparte la mirada, me concentre en seguir adelante e ignore sus gritos desesperados de ayuda. ¡Un pueblo donde todos se ayudan! ¡Qué gran mentira me dije a mí misma! ¡Deje morir a un montón de personas sin siquiera dudarlo un solo segundo! ¡No importa como lo vea, no merezco estar con vida! ¡De tener que soportar esta clase de sensación, este tipo de remordimiento, entonces prefiero ser devorada por ese monstruo…!

            Estaba determinada a decirle a la persona que me jalaba que me soltara, que no me merecía su ayuda y si aun así no me dejaba ir, entonces huiría por mi cuenta. No me había dado cuenta, sino hasta que levante la mirada del suelo, que la persona que me jalaba del brazo era ¡mi padre! ¡Seguía vivo! 

            — ¡Rápido, Megan!—me gritaba sin volverse—. ¡Tenemos que huir lo más rápido que podamos!

            ¡Pero claro! ¿Cómo había podido olvidarlo? No lo recordé sino hasta que levante la vista y vi que quien me tiraba del brazo, era mi padre. Él tenía un trabajo ese día a las fueras del pueblo, esa tarde nos lo había dicho a mama y a mí, por lo que no estuvo cuando esos monstruos llegaron por la dirección contraria en la que él partía. No obstante, mi padre no debió de alejarse lo suficiente y de donde estuviera, seguramente alcanzó a ver la enorme columna de humo negro que nuestro apacible pueblo desprendía.

            En cuanto acepte que él era real y no un producto de mis fantasías, una nueva fuerza y deseos por vivir comenzaron a invadirme. Me sentía con más energía y con un poco más de vigor. Me puse a pensar, mientras ambos corríamos, que mi padre probablemente, al igual que yo, llegó en el momento justo para ver a mi madre morir y desaparecer dentro de aquella horrenda y deforme criatura. Si yo me sentía devastada por ver morir a  mi madre, no puedo imaginar el dolor que mi padre debió de haber sentido cuando presencio como el amor de su vida; la mujer a la que había conocido y querido por mucho más tiempo que yo, era asesinada y usada como alimento para un enorme monstruo. Si él se había repuesto por mi bien, yo también debía de poner de mi parte. Por lo que apreté con mayor fuerza su mano y comencé a correr con mayor rapidez. Pero nadie nos seguía.

            Seguimos corriendo, ya estábamos casi a las fueras del pueblo cuando más adelante, a unos metros de nosotros, escuchamos pasos acercándose, mi padre inmediatamente cambió de rumbo y nos ocultamos en una casa destruida, permanecimos sentados tras una frágil pared de madera negra. El fuego ya se había consumido por si mismo y la vivienda entera había sido destruida. El segundo piso se derrumbo y estábamos sobre los escombros. No entendía como esa pared había logrado mantenerse en pie, pero me alegro que lo haya hecho, esa era la única defensa de lo que sea que se este acercando.

            Mi padre me acerco a él y cubrió mi boca con su mano para que yo no emitiera ni el más mínimo sonido. Los pasos se acercaban: eran dos. Un par de pisadas eran normales mientras que las segundas, eran más fuertes y pesadas.

            — ¿Tu grupo ya terminó con el lado que les correspondía?—preguntó una potente y profunda voz masculina.

            —Aun no—le respondió la segunda voz. Ésta también era masculina, pero muchísimo más suave y humana—. A mis Demonios les gusta disfrutar de su comida y la verdad no quiero apresurarlos. Después de todo el trayecto que recorrimos para llegar hasta acá, se merecen una cena antes de partir.

            — ¡Pues llámalos y diles que es hora de reagruparnos!—le gritó la primera y potente voz—. No tenemos mucho tiempo, ¿Qué harás si los Cazadores nos alcanzan?

            —No te preocupes, sacrificamos a nuestro grupo más débil para que se fueran en dirección contraria a donde estamos actualmente, aunque los Cazadores los hayan alcanzado, eso nos da varias horas para comer y luego irnos. Te preocupas demasiado, Rock.

            Los monstruos se habían quedado parados hablando del otro lado de la pared a unos cuantos metros de distancia, pese a esto, nosotros podíamos escucharlos con lujo de detalle. Sin embargo, eso no era lo único que yo podía escuchar. Ya que mi padre me atrajo hacía él, presionó mi cabeza contra su pecho, por lo que pude escuchar los fuertes y rápidos latidos de su corazón, estaba asustado. Los monstruos siguieron hablando.

            — ¡Y tu eres demasiado despreocupado!—le recriminó la primera voz. Por alguna razón, la segunda voz, la que se escuchaba más humana, se me hacía profundamente familiar, como si ya la hubiese escuchado antes. Levante un poco la mirada y vi el semblante pensativo de mi padre, fue entonces que lo comprendí, él también había escuchado esa voz en el pasado, ya que él solo ponía esa expresión en el rostro cuando reflexionaba profundamente. Mi padre trabajaba como arquitecto y carpintero, así como leñador, por lo que frecuentemente, pensaba demasiadas cosas y salía recurrentemente con otros hombres para conseguir madera y continuar con las construcciones y reparaciones. Al mismo tiempo, poseía una curiosidad anormal, cuando algo lo perturbaba, no descansaba hasta averiguar el misterio. Fue esa peculiaridad en su carácter lo que lo animo a sacar un poco la cabeza y asomarse para ver a las criaturas que hablaban a cierta distancia de nosotros. Tan pronto los vio, los ojos de mi progenitor se abrieron grandes, comenzó a sudar con mayor ímpetu y regreso la mirada—. Como sea, asegúrate que tu grupo termine de comer rápido, debemos reagruparnos con la legión del señor Amón, bien sabes que es muy impaciente y no le gusta que lo hagan esperar.

            La primera voz, la más inhumana, gruesa y profunda, comenzó a marcharse con pasos pesados y ruidosos. No lo había visto, pero por la fuerza de las pisadas, imagino que debía tratarse de un monstruo igual o más grande que el que se encontraba en mi casa. Yo para ese momento, solo deseaba que los dos se fueran para poder huir lejos de éste lugar. Sin embargo, la primera voz se detuvo a la distancia y le dijo a la segunda voz algo antes de retirarse.

            — ¡Ah! Y no olvides deshacerte de esos humanos que se esconden detrás de esa pared.

            Tan pronto escuchamos eso, nuestros corazones dieron al unísono, un fuerte y rápido latido. La segunda voz alcanzó a decir antes de ponernos a correr como locos lo siguiente:

            — ¿Así que te diste cuenta?

            No alcanzamos a escuchar la respuesta de la primera voz debido a que mi padre y yo ya estábamos corriendo desesperados como dos gatitos que eran perseguidos por una jauría de perros salvajes. Gracias a que la casa estaba destruida, salimos por cualquier lado, no obstante, debido al miedo que nos provoco ser descubiertos, ni mi padre ni yo nos fijamos en la dirección en la que huíamos. El miedo a la muerte se había apoderado de nuestro sentido común, ya no pensábamos, nuestros cuerpos se controlaban automáticamente, programados para salvarse de un inminente peligro. Por lo que no nos percatamos, hasta que ya era demasiado tarde, que en lugar de salir del pueblo, solo termínanos adentrándonos una vez más.

            Corrimos, corrimos y seguimos corriendo. Ignorando los escombros, ignorando el ruido que nuestras torpes pisadas provocaban, ignorando el fuego, el humo negro, el hedor a muerte y a las decenas de cuerpos muertos, mutilados, empalados y calcinados, que nos encontramos en nuestra carrera. Nos detuvimos únicamente cuando nuestras piernas ya no eran capaces de seguir adelante, ambos caímos hacía delante, fatigados, empapados en sudor y con nuestros corazones a un latido de detenerse debido al esfuerzo sobrehumano que pusimos.

            No tuvimos tiempo de tranquilizarnos, pues a unos metros de nosotros, unos fuertes aplausos comenzaron a escucharse. Levante la vista y frente a nuestros ojos, sentado sobre los escombros de lo que debió haber sido una casa, se encontraba un muchacho joven, sumamente atractivo, de cabello negro, piel pálida, cuerpo atlético y con ojos extrañamente oscuros. Estaba sonriéndonos. ¡Era él! Con razón aquella voz se me hacía tan familiar. Tanto mi padre como yo lo conocíamos. Se trataba de un muchacho que había llegado hace unos días a nuestro pueblo, según él, cansado de las grandes ciudades y buscando la paz y la comodidad de un pequeño lugar con gente agradable. Los pueblerinos lo recibieron con los brazos abiertos, sin mencionar que al ser tan guapo, muchas chicas mayores que yo y hasta mujeres maduras, no le quitaban los ojos de encima.

            — ¡Tu…!—articuló mi padre con dificultad. Aun estaba cansado.

            —Hola señor Allen, linda noche, ¿no le parece?—nos sonrió a los dos.

            — ¡Marcus…! ¡Tú trajiste a esas bestias…!—su pregunta más bien parecía una acusación. El chico ante nosotros seguía sonriéndonos con ironía—. ¿Lo hiciste?

            —Si. Yo lo hice—declaró sin titubeos.

            — ¿Por qué? ¿Por qué hacernos esto? ¿Porque a nosotros?

            —No hay ninguna razón en particular, señor Allen. Éste pueblo era el lugar más cercano a nosotros. Yo fui enviado por mis superiores para registrar el lugar y asegurarme que no hubiera Gremios de Cazadores o humanos problemáticos. Como no los había, mande a llamar a mis tropas. Pero no había ninguna razón en particular, ustedes tuvieron la mala suerte de vivir en el momento y en lugar equivocado, eso es todo.

            ¿Eso que significaba? Que nuestro apacible pueblo, que mis amigos y vecinos, ¡que mi madre! Y toda nuestra vida, fueron destruidas por mala suerte. ¿Era eso lo que Marcus trataba de decirnos? ¡Que tuvimos mala suerte! ¡Que estupidez! No importan los años que pasen, nunca aceptare que toda mi vida fue destruida por un capricho del azar. ¡Nunca! Y aun así, estaba pasando…

            —Les propongo un trato—continuó el joven— si vienen hacía mi sin oponer resistencia, prometo matarlos rápidamente y sin que sientan ni un poco de dolor. Si intentan huir, los torturare hasta la muerte. Si intentan defenderse…Bueno, igual los matare, pero de manera muy desagradable. ¿Qué me dicen? Creo que estoy siendo muy amable con mi solicitud.

            Nos dijo todo lo anterior con una cínica sonrisa en el rostro. Para ese momento yo ya no podía tolerarlo más, así que explote todo lo que tenía en la cabeza. Ya no me importaba nada.

            — ¿Por qué hacen esto? ¿Por qué tuvimos que ser nosotros? ¡Que les hemos hecho nosotros a ustedes! ¿Por qué no pudimos vivir en paz y armonía? ¡Porque!

            Tras unos segundos de explotar todo lo que llevaba dentro, el chico de la sonrisa cínica empezó a reírse con crueldad. Se detuvo y clavo sus ahora rojos ojos en mí.

            —Pequeña niña tonta, ¿es que no me estabas escuchando? Ya te lo dije, no hubo ninguna razón en particular, su pequeño y asqueroso pueblo estuvo en el lugar equivocado. El destino de su gente fue sellado por simple mala suerte, eso es todo. Y en cuanto a la “paz” y a la “armonía”, no hay nada más repugnante, hediendo y asqueroso, que esas dos cosas para los Demonios. Los de mi especie viven únicamente para la muerte y la destrucción. No podemos vivir en “armonía” con nadie, ni siquiera entre nosotros. La destrucción y el caos, son naturalezas inherentes en los Demonios. ¡Pero ya me canse de hablar!—la criatura se bajó de la pila de escombro sobre la cual estaba sentado y ahora, estaba delante nuestro, esperando por nuestra elección—. Y bien, ¿Qué será? ¿Vienen voluntariamente o quieren que yo vaya por ustedes?

            —Megan—mi padre me tomo con fuerza y me dio un fuerte abrazo. Me susurró lo siguiente al oído—. Vive, hija. Vive y cuídate mucho—mi corazón palpitó con fuerza en cuanto escuche esas palabras. Sentí deseos de llorar—. ¡Corre Megan! En cuanto te diga que corras, quiero que huyas lo más lejos que puedas. ¿Entendiste?— no sabía que responder. No entendía la naturaleza de su pregunta—. ¡Megan, ¿entendiste?!—No. No entendí. Aun así, me limite a asentir con la cabeza—. Perfecto. Tu mama y yo te amamos desde el momento en que supimos que nacerías. Por lo que deseamos que vivas, no importa los obstáculos que se te presenten en el camino. Sopórtalos y sigue viviendo. Te amo hija—mi padre se despidió de mi dándome un cariñoso y amoroso beso en la frente. El mismo beso que me daba cuando me iba a dormir. Solo que aquel, iba a ser el último…

            Me quede petrificada donde estaba viendo como mi papa se dio la vuelta rápidamente, tomó una pedazo largo de madera que yacía tumbado en el suelo y luego corrió hacia donde el chico llamado Marcus, se encontraba parado. Sé que las órdenes de mi padre era que corriera, pero no podía hacer eso. No podía obedecer esa orden. Sabía que mis padres me amaban, al punto de sacrificarse por mí, pero yo también los amaba demasiado, al borde de negar tener una vida en la que no pueda estar con ellos, por lo que decidí compartir el destino de mis padres. De igual manera, esa era la idea original, de no haberse aparecido en el momento indicado, me hubiese quedado tranquila, en la entrada de mi casa, esperando a que ese obeso Demonio me comiera, ahora, haré exactamente eso. Me quedare tranquila, esperando a que esa criatura acabe con los dos. De igual manera, aunque intente escapar, ese monstruo me atraparía con suma facilidad. No había esperanza, ni escapatoria posible.

            Mi padre intentó golpear a Marcus con todas sus fuerzas en la cabeza. Tomó el largo palo de gruesa madera con ambas manos, se detuvo frente a su oponente y con fuerza, se giró sobre sí mismo para atacar. Sin embargo, el resultado era obvio. La criatura se protegió únicamente levantando el brazo derecho, al momento del contacto, la simple y ridícula arma de mi padre se hizo pedazos, sin ocasionarle ni un leve rasguño, el Demonio que yace frente a él.

            —Así que decidiste pelear—responde el Demonio—. ¡Pésima elección! ¡Y yo que pensé que era un hombre inteligente, señor Allen! Me decepciona.

            La criatura tomó a mi padre por el cuello y lo levantó con la fuerza de un solo brazo. Apretó con mayor fuerza, mi padre hacía ruidos que denunciaban que se esforzaba por respirar, sus piernas se agitaban desesperadamente, mientras que intentaba librarse del brutal agarre con ambos brazos.

            —Creo que una de las opciones era: si eligen pelear, tendrán una muerte desagradable—repitió la criatura—. Que pena y yo que en verdad pensaba otorgarles una muerte rápida. Pero supongo que ustedes los humanos no saben aceptar la amabilidad de los demás.

            Fue entonces que sucedió. Había entendido a que se refería con una muerte desagradable. Con mi padre aun capturado y vivo, el ser llamado Marcus, si es que ese era su verdadero nombre, frente a nosotros comenzó a sufrir una brutal metamorfosis. Las ropas elegante que vestían se desgarraron, sus dos piernas se convirtieron en seis tentáculos, tres izquierdos y tres derechos. Su torso se había quedado igual, solo que más amplia y con la misma tonificada musculatura; sus dos brazos se convirtieron, al igual que sus piernas, en largos tentáculos: dos del lado derecho y otros dos del lado izquierdo. Su cabeza había perdido el color blanco y el cabello negro, se le había caído la nariz y los ojos se volvieron mucho más grandes. Su cráneo se torno largo y no redondo, su boca se había ensanchado y dentro, tres lenguas, largas y finas, se mecían como serpientes. El chico atractivo había desaparecido y frente a nosotros, un desagradable y deforme monstruo había aparecido. 

            —Es una lastima—dijo con una voz que se asemejaba al siseo de las serpientes— de haber elegido una muerte rápida, los hubiese matado sin revelarles mi verdadera forma, ahora, ambos morirán y lo último que verán, es mi desagradable aspecto de monstruo.

            Los largos y anchos tentáculos que el Demonio tenía por brazos, envolvieron el cuerpo entero de mi padre, lo levantó con facilidad y lo colocó en posición horizontal frente a mí; el monstruo me sonrió mientras mi papa me veía con ojos brillantes. La criatura había cometido un error, mi padre moriría viendo a mí y no a él. Fue entonces que lo hizo. De la misma forma en que mama exprimía un trapo mojado cuando limpiaba la casa, de la misma forma el Demonio exprimió el cuerpo de mi padre, haciendo que todos los huesos de su cuerpo le tronaran con un ruido escalofriante que seguiría escuchando en mis sueños y pesadillas. Litros y litros de sangre salieron chorreando del cuerpo de mi progenitor como si él fuese un trapo mojado.

            El Demonio lo levantó encima de él y luego lo exprimió con todas sus fuerzas, sacándole hasta la última gota de sangre mientras el monstruo la bebía con deleite. Una vez terminó, arrojó el trapo inservible y seco del que fue mi progenitor a un lado y con sus piernas de tentáculo, comenzó a aproximarse a mí. Para ese momento yo ya estaba lista para entregarme a la muerte. Me encontraba arrodillada en el suelo frente al Demonio, con la cabeza gacha, esperando lo inevitable.

            —Y pensar que todo esto pudo haber sido más fácil—fue lo que esa cosa dijo, pero para ese momento, ya no me importaba nada. Que dijera lo que quisiera, de igual forma, mi final era inevitable—. Pero en fin, supongo que al menos tú fuiste más inteligente que el idiota de tu padre. Entendiste cual es tu destino y decidiste quedarte y afrontarlo con valor, por lo que en recompensa, te daré una muerte indolora. ¡Deberías agradecérmelo! A veces mi amabilidad me enferma…

            Y acto seguido, uno de los tentáculos que tenía por brazos me golpeo en el rostro del lado derecho. El ataque me empujo a varios metros de distancia de él y termine tendida boca abajo, comencé a perder el conocimiento mientras escuchaba los pasos lentos de ese monstruo aproximarse a mí… Lo último que recuerdo es que empecé a ver borroso, los sonidos los escuchaba distantes y luego… Nada. Oscuridad y silencio. Había perdido el conocimiento.

            Desconozco el tiempo que había pasado, pero cuando volví abrir los ojos, una intensa luz blanca amenazaba con dañar mis sensibles orbes. Me incorpore solo para percatarme que estaba recostada sobre una cama con sabanas blancas. Seguía viva, de alguna forma…

            Mientras la Bruja escudriñaba minuciosamente y con sumo cuidado la mente y los recuerdos de Megan; fuera de su escondite, el Cazador del Gremio, Joe, interrogaba al Metamorfo llamado, Michael por las respuestas requeridas. Ya que corromper la mente de un ser humano con el propósito de ver su pasado era un trabajo complicado que debía realizarse con delicadeza, ya que de hacerlo a la fuerza, la mente y los recuerdos del humano en cuestión, podrían quedar destruidos, inalcanzables o dispersos como las piezas de un rompecabezas. En los minutos que la Bruja estuvo ocupada con Megan, dos situaciones completamente diferentes, se estaban llevando a cabo en esos mismos instantes.

            —Empecemos por lo primero—le dijo Joe al Metamorfo que mantenía atrapado por las cadenas que salían del interior de su cuerpo—. ¿Cómo es posible que esta zona de la ciudad este repleta de energía oscura y que nosotros, los Cazadores de un Gremio, no nos hayamos dado cuenta?

            Michael se resistía a responder a la pregunta del Cazador, por lo que éste añadió más poder a las cadenas que aprisionaban al Metamorfo, ocasionando que las cadenas lo apretaran con mayor fuerza.

            — ¡Responde a la pregunta!—le exigió con una disimulada ira en el tono de voz—. ¡Asquerosa criatura de la noche!

            Las cadenas, parecidas a varias serpientes enrollando al monstruo, apretaban con mayor fuerza el cuerpo falso de Michael, amenazando con destruir el contenedor y exponer la verdadera cara de la criatura. En el instante en que el Metamorfo escuchó como su coraza empezaba a crujir, es que decidió contarle todo al Cazador.

            — ¡Esta bien! ¡Esta bien! ¡Hablare!—Michael sintió como la presión de las cadenas amainaba—. No sé exactamente como funciona el sistema que la Bruja empleó para que la energía negativa de esta zona, no llegara o escapara fuera de aquí. Ella no nos cuenta esas cosas. ¡Es la verdad! No sé que tipo de magia haya empleado.

            — ¿Así que una Bruja?—en sus años como Cazador, Joe se había topado con diferentes Seres de la Oscuridad, entre ellos, Brujas y sabía muy bien que esa especie de engendros, eran muy celosas y desconfiadas con sus trucos mágicos, por lo que encontró plausible el hecho de que esa Bruja no les haya confiado esa información a sus esbirros—. Muy bien, segunda pregunta: ¿Qué tipo de monstruo eres?

            —Soy un Metamorfo—en este punto, Joe entrecerró los ojos, comenzaba a entenderlo todo, pero aun le faltaba un poco de información—. Tercera pregunta: ¿hay otros como tú aquí en la ciudad?

            Michael se resistía a traicionar a sus compañeros, por lo que en el momento en que Joe noto la negativa del monstruo de cooperar, cubrió su boca con las cadenas para que sus compañeros, si se encontraban dentro de la zona abandona de Central, no pudieron escucharlo. La cuchilla triangular que estaba al final de una de las cadenas que el Cazador había hecho aparecer del interior de su anatomía, se incrusto con fuerza dentro del ojo izquierdo del Metamorfo. La criatura gritaba presa del dolor, pero debido a las cadenas en la boca, no podía emitir sonido alguno; una vez que el globo ocultar se encontraba fuera de su cuenca y empalado como albóndiga en la cuchilla triangular, Joe retiró las cadenas de la boca y le acerco el ojo.

            —Sino respondes a mi pregunta, haré que te tragues este nauseabundo ojo tuyo y, si aun así, te niegas a responder a mis preguntas, voy a introducir mis cadenas dentro de tu cuerpo y te causare tanto dolor que me imploraras que te mate. Pero no lo haré. Te mantendré vivo el tiempo que haga falta para enseñarte el significado de la palabra: sufrimiento y agonía.

            Joe se había acercado lo suficiente al Metamorfo y le había susurrado su amenaza al oído con la fuerza suficiente como para que el monstruo entendiera que no estaba jugando. ¡Le había sacado un ojo, después de todo y lo amenazaba con hacérselo tragar!

            —Si. Hay otros como yo—confesó, al fin—. Se están escondiendo ya que no pueden salir de este lugar, al menos, no de momento.

            Con la respuesta de ese Metamorfo, las respuestas finalmente aclaraban la mente del joven Cazador. Desde hace unos meses atrás, una serie de desaparecieron misteriosas se habían comenzando a llevar a cabo. El número no era especialmente grande, por lo que no llamo la atención en una ciudad con decenas de miles de habitantes, pero si atrajo la mirada de los Cazadores del Gremio, ya que para entrar o salir de la ciudad, era necesario pasar por una de las cuatro puertas de acceso que había en Central y todos, civiles y Cazadores por igual, debían registrar sus salidas y sus entradas, de esa forma, se tiene un registro del numero de habitantes, de visitantes o gente que se vaya o se quede. Por lo que la misteriosa desaparición de ese grupo de jóvenes, causo gran revuelta en el Gremio, parecido al escándalo de la llegada de Jessenia, por lo que el Gremio la mantenía bajo vigilancia para resolver el misterio de su repentina llegada.

            Pero en fin, ya que el Cazador conocía la naturaleza y los poderes de los Metamorfos, sin mencionar que ahora sabía que eran varios, todo comenzaba a tener sentido. Aquellas criaturas necesitaban un contenedor humano vivo, una vez que lo poseían, podían copiarlo a la perfección; sus habilidades de camuflaje eran tan perfectos que, pese a tener el Gremio tan cerca, ni un solo Cazador se percato de su presencia. Si se analizaba de esa manera, todo comenzaba a cobrar sentido. Habían sido aquellos monstruos lo que habían secuestrado al grupo de jóvenes en un intervalo de unos meses y luego, cuando el cuerpo ya no les fuera útil, lo remplazaban con otro nuevo.  

            Ahora que eso estaba claro, Joe finalmente podía pasar a su siguiente pregunta.

            —Ahora responde: la chica a la que le mandaste esa carta, Jessenia, ¿ella esta relacionada de alguna forma con ustedes? ¿Es su cómplice?

            — ¡No lo sé! ¡Te juro que no lo sé! La Bruja a la que servimos quería que se la lleváramos con vida por alguna razón que solo ella sabe. Pero ninguno de nosotros sabe porque. Ya te lo dije, ella no nos cuenta todo.

            — ¿Dónde esta la Bruja? ¿Se esconde en esta zona abandonada?

            —No. Ella se esconde en una guarida lejos de la ciudad, jamás ha puesto un pie dentro de la ciudad.

            — ¿Qué paso con Jessenia?

            —Utilice la carta para atraerla hacía mi, luego la convencí de que viniera a este lugar, yo y mis compañeros creímos que caería presa de la Corrupción como lo hizo esa otra chica pero…

            Al escuchar las palabras: “como lo hizo esa otra chica”, las cadenas que apretaban a Michael, lo apresaron con el doble de fuerza, por lo que se interrumpió inmediatamente.

            — ¿Otra chica?—repitió Joe, acercando el rostro a Michael—. ¿Qué otra chica? ¡Responde!

            Y entonces, otras cadenas que emergieron del interior del cuerpo del Cazador, con cuchillas triangulares, se aproximaron al cuerpo del Metamorfo, amenazando con empalarlo con cada una de ellas.

            — ¡La camarera de cabello negro! ¡La que trabajaba con ella en la Posada!—respondió con rapidez.

            — ¡Megan! ¿Qué tiene que ver ella con todo esto?

            — ¡Era nuestro seguro! Desde que la Bruja nos ordeno capturar a Jessenia, creímos que no sería problema, pero luego la vimos peleando esas dos veces en el parque, la primera vez, cuando se enfrento a ese hombre borracho, yo pretendía llevármela ese mismo día, luego observe su fuerza y velocidad, sin mencionar que se había reunido la gente, por lo que opte pedir ayuda a mis compañeros y esperamos por otro momento. Luego, algunos días después, mis compañeros y yo estábamos listos, el plan era emboscarla en mitad de la noche en el parque, pero en esos momentos, un grupo de diez hombres la encararon y fue entonces que nos dimos cuanta que ninguno de nosotros tenía oportunidad de someterla, por que decidimos secuestrar a esa chica de cabello negro, ya que parecía que Jessenia le tenía mucha estima. Cuando ella llego aquí, opuso resistencia y de no haber tenido como rehén a su amiga, lo más seguro es que haya logrado escaparse de nosotros.

            El viento de la noche silbaba de manera afilada, el aire se sentía frío y agitaba lentamente los largos cabellos de los jóvenes esa noche, la inmensa luna bañaba con su resplandor todo lo que se encontrase por debajo de ella, cubriéndolo todo, con una tenue luz azulada.

            Joe empezó a comprender todo lo que se estaba organizando, solo se le escapaba un detalle que, al parecer, ni los propios Metamorfos conocían: ¿Qué relación tenía Jessenia con todo esto? ¿Qué quería esa Bruja con ella?

            —En otras palabras—dijo el Cazador— usaron a Megan como rehén para someter a Jessenia con facilidad, ¿es eso?

            —Ni tanto. A pesar de tener a la chica de cabello negro, Jessenia les dio a todos mis compañeros una buena golpiza. Sus golpes fueron tan fuertes que terminó por romper los cuerpos humanos que poseímos y ahora, gracias a ella, ninguno de ellos puede salir hasta no transferirse a un nuevo huésped que dominar.

            Esa era una de las debilidades de los Metamorfos, pensó Joe mientras veía al monstruo ante él, cuando sus cuerpos falsos comienzan a decaer, los mismos se endurecen, se vuelven sólidos y al final, terminan por romperse, como si de cascarones de huevo se tratasen y entonces, el monstruo del interior emerge, ocasionando que su presencia oscura, empezara a manifestarse contra sus voluntades.

            —Acabas de decir: “ninguno de ellos”, por lo que asumo que la chica no te golpeo a ti y ahora, me atreveré a suponer, vas a la ciudad para atraer a otras personas que sirvan como cáscaras para tus compañeros, ¿me equivoco?

            El Metamorfo bajó la mirada, dándole la razón a Joe con esa acción de su cuerpo. El Cazador continuó.

            —Dijiste que esa Bruja quería a Jessenia por algo, pero también dijiste que su escondite esta lejos de esta ciudad, de ser así, como es posible que se la hayan llevado sin pasar por las entradas del Gremio.

            —La Bruja diseño un círculo mágico que nos transporta dentro y fuera de la ciudad, con él, podemos movernos sin que nadie se de cuenta.

            Por primera vez, desde que capturo al Metamorfo, Joe se percató de lo grave de la situación. Si ese “círculo mágico” tenía semejante poder, eso quería decir que cualquier criatura podría entrar a ciudad Central sin que el Gremio se percate.

            — ¿Cómo funciona ese círculo mágico?—le preguntó.

            —No lo sabemos, solo hay que meterse en su interior e instantemente, apareces en la guarida de la Bruja, pero no sabemos con detalle como opera.

            —Ya veo, ahora responde: ¿en donde esta escondido ese círculo? Y cuidado con mentirme, porque si voy a confirmar su ubicación y no lo encuentro, será mejor que tu mismo encuentres la forma de matarte, porque no querrás que yo lo haga.

            De esta manera, el Metamorfo le indicó la dirección exacta de la casa donde estaba ubicado el pasadizo que conectaba al interior de la ciudad, con el mundo exterior. Por el momento, el monstruo había respondido a todas las preguntas que había podido, sin embargo, en caso de ocultar más información, antes de retirarse del lugar, el Cazador desprende sus cadenas del interior de su cuerpo y deja al Metamorfo amarrado con las mismas. Lo envolvió de forma que no pudiera ni mover un músculo y le cubrió la boca para que no gritara y pidiera ayuda o alertara a los otros. Una vez terminado con Michael; Joe saltó de la construcción sobre la que estaban y se prepara para ir hacía el “círculo mágico.”

            “Has pasado unos minutos desde que Rachel se fue, ya no deben tardar en llegar el grupo de Cazadores” Pensó el joven mirando hacía atrás. “Lo normal sería que esperara a que los otros Cazadores llegaran, pero aun tengo un mal presentimiento. ¿Para que querría una Bruja a Jessenia? ¿Qué quería con ella? Ya sea para algo bueno o algo malo, sigue siendo una verdad que Megan esta en manos enemigas y no puedo quedarme aquí esperando por ayuda. Debo salvarla y poner en claro todo este asunto…”

            Una vez aclarados sus pensamientos y tras haber tomado una decisión, Joe emprende la marcha, determinado a salvar a Megan de las garras de la Bruja y desentrañar el misterio que encerraba todo aquel oscuro y frío lugar. Mientras corría en mitad de la noche, la enorme luna azulada, lo veía con expectación.

 

            Al mismo tiempo, en otro lugar, mientras la Bruja observaba el pasado de Megan para matar el tiempo y Joe interrogaba a Michael, el Metamorfo que tomo el cuerpo del humano Matt, se deleitaba viendo el sensual cuerpo que Jessenia, obstinadamente, se aferraba a ocultar tras una camisa casual de manga larga y largos pantalones que escondieran sus exquisitas piernas. Tras dejarla cuidadosamente en el suelo, Matt le quitó la camiseta aun caliente, se la lleva a la nariz e inhala extasiado el aroma que desprendía el cuerpo de la mujer ante él. Tiró la prenda de ropa con indiferencia al notar los pechos grandes que poseía la linda camarera y un deseo violento por apretarlos, masajearlos, pellizcarle los pezones y chupárselos, lo invadió. Estaba a tan solo unos centímetros de tocar esos calientes bultos de carne cuando notó una peculiar lucecita que yacía suspendida sobre los senos de la chica y colgando bajo la barbilla de Jessenia. Era un objeto pequeño, que brillaba con un destello celeste, lo tomó con una mano y se lo arrancó de un tirón, ocasionando que la joven se moviera un poco hacía delante, para luego golpearse suavemente la cabeza con el muro de atrás.

            Matt observó con curiosidad el pequeño objeto, pero rápidamente perdió el interés. Arrojó la Piedra de Lagrima como si fuera una baratija sin importancia y regresó su concentración a lo que de verdad importaba: los pechos grandes, suaves, calientitos y, posiblemente, virginales de Jessenia. Sería el Metamorfo el primero en tocarlos y al pensar en eso, su cabeza se llenó de un montón de ideas obscenas. Perversiones que deseaba hacerle al cuerpo inerte de la camarera, sin embargo, tanto fue su ensimismamiento con dichas ideas, que no noto que ese simple golpecito que Jessenia se dio contra el muro, al momento de que Matt le arrancó el colgante, fue lo que detono su abrupto despertar.

            Jessenia abrió los ojos en el momento exacto en que Matt tenía la mirada clavada en sus senos y con las manos apunto de tocarlos con fuerza, en eso, el Metamorfo se llevo un buen puñetazo directo en el rostro. Golpe que lo lanzó a unos metros de distancia de la joven mujer y lo hizo aterrizar en el suelo. Mientras la criatura se sujetaba la cara agrietada y trataba de soportar el dolor del ataque, la chica tomó la camiseta que Matt le había quitado y luego se la vuelve a poner. Tanto era su ímpetu, que no noto que la Piedra de Lagrima que Joe le había dado, yacía tumbada en mitad de la oscuridad.

            Caminó rápidamente hacía el Metamorfo que seguía en el suelo quejándose del dolor y sin mucha dificultad, la chica lo tomó con una sola mano de la camisa y lo levantó, lo apretó con el muro izquierdo e hizo que respondiera a sus preguntas.

            —Olvidare lo que estabas a punto de hacer si me dices donde esta Megan—el falso Matt intentó resistirse y rechazar la propuesta de Jessenia, pero ésta lo azotó varias veces contra el muro que estaba detrás de él. Cuando el Metamorfo llegó al límite de su tolerancia al dolor, es que le dijo todo lo que la humana deseaba saber

— Camina todo derecho, luego veras dos aberturas, entra por la del lado izquierdo, luego llegaras a otro pasillo igual de largo, sigue caminando e ignora las aberturas en las paredes, debes seguir de frente y entonces llegaras a la habitación central, allí mi compañero llevo a tu amiga. ¡Lo juro!

Jessenia movió la cabeza para ver el pasillo sumido en las tinieblas; el camino que ella debía transitar yacía rodeado de una profunda negrura, una oscuridad que amenazaba con devorar todo lo que entrase. Se volvió nuevamente hacía el Metamorfo, el cual, seguía sosteniendo contra la pared.

            — ¡Te juro que si me estas mintiendo…!

            — ¡Es la verdad…!

            — ¿Tienes luz o alguna forma de que pueda ver por donde camino? No veo en la oscuridad.

            —No será necesario, cuando empieces a caminar por la oscuridad, una flama mágica aparecerá en la parte superior de ambas paredes, alumbrando el camino. No tendrás problemas por eso.

            La frase: “flama mágica” llamó la atención de Jessenia, pero no tenía tiempo para interrogar al Metamorfo de la misma forma en que Joe lo hacía con Michael en ese mismo instante, la preocupación por salvar a su amiga era lo único que le importaba en ese momento, por lo concluyó la serie de preguntas dándole un golpe al falso Matt directo en el estomago. Pero no fue un golpe cualquiera, ese único puñetazo englobaba la larga serie de mentiras y engaños que habría tenido que hacer desde que se hizo con el cuerpo del verdadero humano, también englobaba el enojo que sentía por haber metido a Megan en todo ese asunto,

Notas finales:

CONTINUACIÓN DEL CAPITULO:

 

 

así como cuando puso esa navaja en la garganta de su amiga y amenazó con matarla si Jessenia no se dejaba capturar y, finalmente, ese único golpe también englobaba el golpe que sus compañeros le dieron a ella justo en la nuca. Aun le dolía, solo que no tanto.

            El Metamorfo cayó al suelo muy debilitado por el golpe que Jessenia le dio y, tras unos segundos de ver borroso, perdió el conocimiento. Semi desnudo, vistiendo únicamente ropa interior, la erección no satisfecha, continuaba estando dura. La siguiente vez que el falso Matt abriera los ojos, la persona que vería, sería la ultima.

            Corriendo con una velocidad que no se conocía, las flamas se encendían mágicamente en la parte superior de las paredes y luego, tras pasarlas, se apagaban, regresando los largos pasillos a la más absoluta de las tinieblas. En esos mismos instantes, mientras Jessenia corría hacía la cámara principal donde yacía la Bruja, en ciudad Central, Joe terminaba de interrogar a Michael y, dentro de su escondite, el Ser Oscuro estaba a punto de acabar de ver los recuerdos del pasado de Megan.

 

 

FIN DEL CAPITULO. HASTA LA PROXIMA. ;) :) :)

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