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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

Que tal lectores de este Arco, lamento mucho la tardanza pero es que no me decidía a cómo escribir este capítulo, además de que tenía que continuar con el otro Arco de la historia pero, en fin, aquí está el capítulo y en cuanto tenga el segundo lo subiré tan rápido como pueda.

 

Como siempre, si tienen alguna crítica o algún comentario, algo que no hayan entendido, pueden decírmelo, tratare de responderle tan pronto me sea posible.

 

Sin más por el momento, ojala disfruten de la historia.

La luna plateada se alzaba en toda su majestuosidad, iluminaba perfectamente bien la zona abandonada de ciudad Central. Esa noche había pocas nubes flotando en el firmamento y el cielo estrellado se veía majestuoso. Bajo esa intensa luz, un grupo de diez Metamorfos yacía sentado en el suelo frente a una vieja casa en ruinas, misma que contenía oculto en el sótano, el círculo mágico de la Bruja. Los diez monstruos esperaban ansiosos por el regreso de sus dos compañeros, los que fueron a dejar a las dos humanas con su ama y señora y, finalmente, esperaban por el regreso de Michael, el único de ellos cuyo cuerpo seguía en perfectas condiciones. Debido a la naturaleza de los Metamorfos, si sus cuerpos anfitriones se encontrasen heridos, como lo estaban, sus verdaderas presencias emergerían, por lo que serían presa fácil para los Cazadores de la ciudad. Debían ser pacientes y esperar si deseaban salir de ese lugar con vida y continuar con sus cómodas vidas personificando a un grupo de humanos ordinarios.

            —Espero que Michael no tarde demasiado—dijo uno de ellos con la vista puesta en el cielo.

            —Yo igual, este lugar es terriblemente aburrido, ya quiero regresar a la ciudad—se quejó otro.

            —Oigan que creen que quiera la Bruja con esa humana, la que nos dio tremenda paliza—inquirió uno de ellos.

            — ¡No lo sé ni me interesa saber!—rugió molesto el Metamorfo que estuvo a punto de matar a Jessenia con tubo de acero—. ¡Por mí, la Bruja le puede meter una estaca por la vagina a esa maldita perra y ver como le sale por el hocico! A decir verdad, a mí también me encantaría ver eso. O quizás la entregue a sus Necrófagos, esos malditos carroñeros necesitan ser alimentados. No creo que les baste con los cuerpos que dejamos de usar.

            — ¿Aun sigues molesto por la golpiza que te dio?—preguntó uno de ellos con desgane.

            — ¿Qué si sigo molesto? ¡Que si sigo molesto! ¡No, claro que no! ¡Estoy furioso…! No sé ustedes pero a mi realmente me gustaba el cuerpo que le robe a ese humano y ahora, por culpa de esa maldita perra, se encuentra arruinado. El rostro de este cuerpo esta lleno de grietas, así como mi abdomen, ahora debo cambiarlo por uno nuevo. Quien sabe que tipo de humanos nos vaya a traer Michael, ¡maldita sea!, debimos a verle dicho como los queríamos antes de que se fuera…

            — ¡Ya cállate!—le espetó otro—. Deja de quejarte por una vez en tu maldita vida. Esa mujer arruinó el cuerpo de todos nosotros, no eres el único con el rostro o con una parte del cuerpo lleno de grietas. Acéptalo de una vez, a todos nos gustaban nuestros cuerpos, elegiremos otros nuevos con más cuidado la próxima vez.

            Lamentablemente no habría una próxima vez… Ellos continuaban hablando y discutiendo por cualquier cosa cuando de pronto, el suelo bajo sus traseros falsos comenzó a temblar ligeramente. Asustados y en alerta, más de uno preguntó que estaba pasando pero, antes de que alguno diera con la respuesta adecuada, la tierra se quebró y debajo  emergieron decenas de cadenas con picos en las mismas. En menos de un minuto, los diez Metamorfos fueron capturados por las armas del Cazador, el cual se encontraba oculto entre las sombras, no deseaba alertar a el enemigo con su presencia.

            — ¡Que demonios es esto!—exclamó uno de ellos alarmado.

            — ¿Qué esta pasando?—inquirió otro.

            Los diez monstruos fueron suspendidos a varios metros de altura gracias a las cadenas de Joe. Cada uno de ellos trataba inútilmente se soltarse de sus ataduras, forcejeaban lo más fuerte que podían pero, sin importar cuando se movieron, cuanto esfuerzo pusieron, el abrazo de las cadenas que eran como enormes serpientes vivas, no amainaba, lo único que provocaba su esfuerzo inútil era lastimar todavía más sus cuerpos falsos con los picos que rodeaban el largo de las cadenas.

            — ¡Seas quien seas, más te vale que nos liberes ahora mismo…!—amenazó uno de los Metamorfos, gritando al aire por no saber a donde dirigirse.

            Fue entonces que lo escucharon: pasos. Alguien se aproximaba a ellos. Los diez se quedaron callados y siguieron la trayectoria de las cadenas, todas y cada una de ellas convergía en un único punto. En un rincón oscuro, una silueta se marcaba en las tinieblas, de ahí venían los sonidos de pasos y de ahí mismo salían todas las cadenas. Una fría voz se escuchó, respondiendo a la amenaza del monstruo.

            —No estas en posición de amenazar ni de exigir nada, maldito monstruo.

            De entre las tinieblas, un par de brillantes ojos violeta y un largo cabello despeinado de color azabache, emerge a paso lento pero seguro. Con ambas manos dentro de los bolsillos de su largo abrigo negro, los Metamorfos observaron que todas las cadenas salían del interior del cuerpo del joven, de su espalda para ser más exacto.

            El Cazador del Gremio: Eternal Soul, miró a ambos lados, izquierda y derecha. Dos viejas casas destruidas y con apariencia de estar a punto de caerse, se mostraban ante él.

            — ¿En cual de las dos casas se encuentra el círculo mágico de la Bruja?—preguntó a los diez que yacían suspendidos a varios metros del suelo y atrapados por sus cadenas. Joe advirtió la forma sospechosa en que los diez se lanzaron miradas, por lo que antes de que estos hablaran, les dijo lo siguiente—: Es inútil. No intenten mentirme, su compañero de cabello rubio y ojos azules ya me dijo todo lo que deseaba saber, ahora ustedes me dirán lo que yo quiera, ¿entendieron?

            Los diez estaban completamente atrapados, a merced del Cazador que tenían delante y a unos metros por debajo de ellos, no había escapatoria posible y ellos lo sabían.

            — ¡Porque tendríamos que decirle a una escoria como tu…!

            El Metamorfo que había amenazado con matar a Jessenia con un tubo de acero fue el primero en morir. Las cadenas que lo abrazaban se comprimieron con tal fuerza que todo el cuerpo falso del monstruo terminó explotando como un globo lleno de agua. Los restos cayeron indiferentemente al suelo, manchando la tierra con un extraño y repugnante liquido negro. No era sangre, eran los restos del cuerpo verdadero del Metamorfo.

            Los nueve que quedaban vieron espantados como su compañero había reventado frente a sus ojos. Podrán ser monstruos que devoraban humanos para reemplazarlos y vivir a través de ellos pero, como los humanos, no deseaban morir, por lo que en una situación de extremo peligro donde la vida de uno mismo es amenazada, los Metamorfos se sometieron a la voluntad del Cazador.

            Uno de ellos le dijo que la casa de la izquierda era donde se encontraba escondido el círculo mágico que lo llevaría a la guarida de la Bruja luego, Joe les pregunto a los nueve cuanto tiempo había pasado desde que se llevaron a Jessenia y a Megan. Ninguno de ellos lo sabía a ciencia cierta pero uno le respondió que no más de quince minutos, tal vez diez. Una vez que le respondieron a esas dos preguntas, el Cazador ya no los necesitaba para nada. La sola idea de tener que seguir soportando la presencia de tan asquerosas y hediondas criaturas, le revolvía el estomago al joven. Por lo que uno por uno y sin la menor misericordia, el Cazador fue eliminando a los Metamorfos restantes, estos chillaban de dolor y se esforzaban hasta el final por liberarse de las cadenas que los abrazaban con fuerza pero, al final, todos fueron aplastados por la fuerza de las armas del Cazador.

            Para cuando terminó, lo único que quedo de los diez monstruos eran sus vestigios tirados indiferentemente en la tierra, sin duda, pensó el Cazador, sus compañeros del Gremio verían ese desastre en cuanto llegaran a ese punto, después de todo, para eso había dejado a ese único Metamorfo vivo, lamentablemente, Joe no podía darse el lujo de esperar ni de perder un solo segundo. A cada momento que pasaba, Megan se encontraba en peligro, sin mencionar que la inseguridad de no saber de que lado estaba Jessenia, lo estaba matando.

            Joe había propuesto a sus superiores del Gremio, interrogar a la chica tan pronto despertara de su letargo de días pasados, no importaba si terminaban siendo violentos con Jessenia, lo único que valía en esos momentos era sacarle toda la verdad, empezando por la pregunta: ¿Cómo había entrado al Gremio?  ¿Había recibido ayuda? ¿De donde venía? ¿Quién era?, y demás preguntas de esa naturaleza. Lamentablemente sus superiores no accedieron a usar métodos tan hostiles y optaron por espiar a la chica en sus días normales. Si la humana tenía intensiones nefastas para la ciudad o para el Gremio, en algún punto de su rutina, Jessenia lo demostraría pero, hasta el momento nada. Lo único que había logrado hasta entonces era aumentar las sospechas sobre ella.

            Una vez dentro de la vieja y polvorienta casa que estaba a punto de derrumbarse por su propio peso, Joe caminó haciendo rechinar las desgastadas tablas de madera hasta llegar al sótano. Una vez cerca del lugar prometido, el Cazador advirtió una luz azul que brillaba en mitad de las tinieblas, se aproximaba a paso lento y cuidadoso mientras se tapaba la nariz. Todo aquel polvo era un verdadero incordió, sobre todo para alguien fanático de la limpieza como lo era Joe. Ahí, en el suelo y rotando sobre sí mismo, el círculo mágico emitía ese brillo azulado. El Cazador calculaba que un total de cinco hombres entraban a la perfección dentro de aquella circunferencia y, sin perder tiempo, el joven salta a su interior y, al momento, el círculo brilla intensamente, ocasionado que el muchacho cerrara sus ojos. Para cuando los volvió a abrir, ya no encontraba en un viejo sótano repleto de polvo y tela de arañas, se encontraba ahora en una habitación pequeña y cuadrada, dos flamas mágicas se habían encendido tan pronto había llegado, permitiéndole ver a su alrededor.

            Salvo por el círculo mágico, no había nada más en esa pequeña y cuadrada habitación. Joe sacó del interior de sus prendas su Piedra de Lagrima la cual continuaba levitando y emitiendo un brillo celeste. La Piedra señalaba hacía la salida de esa pequeña recamara y luego hacía la derecha. El Cazador siguió la dirección marcada por varios minutos, encontrándose que ese lugar era una serie de largos pasillos oscuros que se iluminaban con flamas mágicas a cada paso que daba.

            La presencia de la Oscuridad era el doble de fuerte que en la zona abandonada de ciudad Central por lo que el muchacho supuso que de haber estado con él, Rachel seguramente se encontraría tumbada en el suelo con dificultades para respirar y sin poder moverse. No todos pueden tolerar esa clase de presencia oscura, se recordó el Cazador.

            De repente, Joe se detiene en mitad del camino y, sin previo aviso, las flamas que iluminaban el sendero se apagaron, dejando el largo pasillo y las cientos de aberturas en la pared, sumidas en la más profunda de las tinieblas y en el más absoluto de los silenciosos. El silencio era tal que el Cazador pudo jurar escuchar con fuerza los latidos de su corazón y el paso del aire a sus pulmones. Algo se aproximaba, el muchacho lo presentía, la Oscuridad viviente se acercaba a donde se encontraba, lo cual significaba una sola cosa: la Bruja sabía que él estaba en su guarida, por lo que optaría matarlo antes de que el Cazador llegue a donde ella se encontraba.

            En mitad de las penumbras y a unos metros de distancia de Joe, el muchacho pudo ver decenas de pares de ojos, todos pequeñitos y rojos, observándolo detenidamente.

            “A mandado a sus perros guardianes” Pensó el Cazador. “Perfecto. Que vengan los que hagan falta, no importa de cuantos se traten, me encargare de eliminarlos a todos.”

 

            Tan pronto como sintió al intruso invadir su guarida, la Bruja perdió el interés en ver el pasado de la humana de cabello negro, igual ya había terminado de verlo. Megan, por otra parte, yacía levitando alta sobre el suelo, con un aura tan negra como el carbón envolviéndola, con la mirada perdida y con los ojos profundos y oscuros como dos pozos sin fondo.

            — ¿Le sucede algo?—le preguntó el Metamorfo que se había quedado esperando a su compañero Matt.

            “Conociéndolo, seguro que a penas debe estar dándole duro a esa Humana. Ojala no tarde demasiado, si lo hace, la Bruja me mandara a buscarlo y la verdad no quiero ver ese desagradable espectáculo.”

            — ¡Hay un intruso en mi guarida!—gritó repentinamente la Bruja—. Un humano, ¿Cómo es eso posible? Diseñe esa cúpula de manera que nadie pudiera sentir la presencia oscura de esa zona de la ciudad…, a menos que… ¡Ustedes! ¡Repugnantes y babosas criaturas!—el Ser oscuro se volvió hacía el único Metamorfo que había en la sala—. ¡Permitieron que un humano los siguiera a la zona abandonada de esa ciudad!

            La Bruja era de aspecto pequeño, llevaba puesta una túnica larga y ancha que ocultaba la mayoría de su anatomía y pese a parecer frágil y débil a simple vista, la verdad es que dominaba magia muy poderosa y ninguno de sus compañeros Metamorfos deseaba hacerla enfurecer.

            — ¡Eso no es posible!—se escudo el monstruo—. Además… además. ¿Cómo podría un humano soportar la Oscuridad que impera en esa zona de la ciudad?, cualquiera que entrara caería irremediablemente presa de la Corrupción, como lo hice esa chica de cabello negro…

            — ¡Idiota!—explotó el Ser oscuro—. Un humano ordinario no podría soportar más de un minuto aquí dentro y moverse a la velocidad que ese intruso lo hace, lo cual quiere decir que no es una persona cualquiera… ¡Si!, eso debe ser… No hay otra explicación. ¡Se trata de un Cazador! Solo esas asquerosas ratas amantes de los Gremios podrían soportar la Oscuridad de mi escondite y moverse con toda libertad. ¡Maldita sea! Vasta con que allá un solo Cazador para que el resto de Cazadores se sumen a la búsqueda, ahora, por culpa tuya y de tus idiotas e incompetentes compañeros, todo mi escondite y mi valiosísimo plan se ha comprometido. No me queda otra alternativa que escapar antes de que lleguen a este lugar…

            — ¡Espere un momento, por favor! ¿Qué pasara con mis compañeros? Insinúa que debemos abandonarlos…

            —Monstruo estúpido—escupió la Bruja desde lo alto de su tarima. Se había olvidado de Megan debido a la gravedad de la situación—. ¿Cómo crees que el humano llegó hasta este lugar, eh? ¡Responde!

            —A través del círculo mágico…

            —Muy bien, te felicito, parece que si hay un cerebro dentro de esa cabeza babosa que tienen los de tu especie. Ahora te haré otra pregunta: ¿Cómo supo ese Cazador donde estaba el círculo mágico y como supo para que servía?

            El Metamorfo pensó e inmediatamente llegó a la respuesta correcta.

            —Mis compañeros…

            A lo que la Bruja comenzó a aplaudir en señal de felicitación.

            —Muy bien, al menos uno de los de tu especie tiene cerebro, es una lastima que los otros idiotas no lo tengan, aunque eso ya no importa, si el humano llegó hasta aquí es porque encontró a los otros Metamorfos y los hizo hablar… Ya deben estar muertos.

            — ¿Muertos…?—repitió el último Metamorfo incrédulo—. No… Esto… Esto no puede ser… No puede ser verdad…

            — ¡Oh, claro que lo es! Es una realidad—luego, la Bruja alzó ambas manos al techo de la cámara y entonces sus manos se envolvieron en una especie de energía de intenso color azul—. ¡Vengan a mí, rápido!—gritó al techo. A los pocos segundos, de los agujeros que había en el techo y en las paredes de la amplia cámara oscura, una pequeña horda de monstruos pequeños, grises, con ojos saltones y rojos, con garras largas y afiladas, emergieron como cucarachas de los huecos abiertos—. ¡Necrófagos, un intruso ha invadido mi guarida, encuéntrenlo y mátenlo!

            Los pequeños monstruos carroñeros se movían usando sus cuatro extremidades, regresaron a los huecos de donde habían salido y rápidamente fueron a cumplir con las ordenas de la Bruja.

            — ¡Perfecto! Mientras el Cazador mata a esas estúpidas criaturas, tendré tiempo de sobra para huir a otro escondite. Una vez fuera de aquí, la magia que sostiene los pilares y las columnas de este lugar caerá y aplastaran al humano como si fuera una asquerosa cucaracha…

            Fue entonces que reparó en la presencia de Megan. Debido al intruso que invadió su guarida, la Bruja se había olvidado de aquella insignificante y diminuta humana que yacía rodeada de la Oscuridad.

            —Da igual, de todas formas ya esta muerta por dentro…

            La Bruja chasquea los dedos y en el acto, la magia que la hacía levitar desapareció y Megan cae desde una altura superior a los diez metros. Si Jessenia no hubiese aparecido corriendo en el momento justo, su amiga se hubiera roto el cráneo al impactarse contra el duro suelo de roca. Tanto el Ser oscuro como el único Metamorfo que quedaba, le clavaron los ojos incrédulos a la humana.

            “¿Dónde está Matt…?” Se preguntó el monstruo al ver como Jessenia llegaba sola a ese lugar. Luego, volvió la vista hacía la Bruja, ésta se le había quedado viendo a la humana con especial atención bajo su amplia túnica negra.

            Tanto Jessenia, con Megan en brazos y la Bruja, desde donde se encontraba en lo alto, se miraban profundamente.

            — ¿Así que tú eres, Jessenia?—preguntó el Ser oscuro con voz áspera—. Si, te vez tal y como lo recuerdo.

            —No sé de qué me esas hablando—le respondió la humana— estoy segura de que nunca tuve la desgracia de conocer a una Bruja como tú. La última con la que me cruce terminó muerta y ahora, por segunda vez, me encuentro con otra. ¡En serio, tengo la peor de las suertes!

            Jessenia le echó una buena mirada a la Bruja que yacía sentada en lo alto de una tarima de roca, rodeada por cuatro largas antorchas de fuego azul. Se veía igual a la anterior con la que se había cruzado diez años atrás, pero eso era debido a la túnica negra que la envolvía. Jessenia jamás olvidaría que debajo de aquella capucha de la Bruja anterior, el Ser oscuro era mitad humano de un lado y mitad bestia del otro. La humana se preguntó si la Bruja que se encontraba frente a sus ojos sería igual que la de antaño.

            — ¿Así que “la última”, eh?, parece que ya tienes experiencia lidiando con Brujas pero, déjame darte un pequeño consejo, al igual que los humanos, existen muchos tipos de Brujas. Algunas más altas que otras, otras más feas y algunas mucho más fuertes que las anteriores. Harías bien al no englobarlas a todas bajo el mismo saco.

            —Nada de eso me interesa, ¡por tú culpa mi amiga se vio involucrada en todo este problema!, ¿qué es lo que quieres conmigo?, ¿Por qué mandaste a tus esbirros tras de mí? Y ¿qué fue lo que le hiciste a Megan?, ¿qué es esa cosa negra que la rodea?

            Efectivamente, el cuerpo de la pelinegro yacía envuelto en un aura de intenso color negro y, pese a tener ambos ojos abiertos, estos se encontraban sin brillo, eran profundos y oscuros. No parpadeaba y, aun teniendo la cara de Jessenia a tan solo unos centímetros, Megan parecía no reaccionar. Se asemejaba a una muñeca desprovista de voluntad.

            Al pensar en esa comparación con la muñeca, Jessenia inevitablemente se recordó a sí misma en el pasado: cuando era la princesa en el reino de Fior, cuando vagaba como una niña huérfana sin padres y sin amigos, antes de conocer a la Bruja que le concedería aquel deseo y como cuando se había rendido ante el peso de la vida en aquel camino desolado, preparada para morir como un perro abandonado…

            —Esa “cosa negra” se llama: Corrupción y cuando un humano es envuelto por eso, la victima pierde poco a poco la voluntad de seguir viviendo. Se queda atrapado dentro de sus peores recuerdos o encarcelado por sus peores pesadillas y miedos y, una vez caído en la Corrupción, es casi imposible que la persona se recupere y regrese a como era antes. Usualmente los Seres Oscuros usamos ese recurso para devorar el alma de los humanos de manera fácil y rápida, ya que no poseen voluntad para seguir viviendo, es muy sencillo para nosotros chuparles el alma y alimentarnos de ella. ¿Entiendes lo que dijo o tal vez deseas que lo explique más lentamente?

            “¿Sus peores pesadillas? ¿Sus más tristes y dolorosos recuerdos?”

            Es imposible que Jessenia no fuera capaz de entender de lo que hablaba la Bruja, después de todo, en aquella montaña ella misma sofrió los efectos de la Corrupción en carne propia. Recordaba claramente el gran vació emocional que se sentía al no poder escapar de tus peores experiencias en la vida y que las mismas se repitan una y otra, y otra vez, como si nunca tuvieran un fin. La chica desconocía que clase de cosas estaría viendo su amiga, pero sea lo que sea, seguro que no era nada agradable.

            —Ahora, en cuanto a las preguntas: ¿Qué quiero de ti? Y ¿Por qué mande a mis esbirros por ti?, bueno… A decir verdad, no eres tú quien me interesa. ¡A quien estoy buscando es al sujeto que entro contigo a aquella montaña! ¿Lo recuerdas?

            “¿Sujeto…? ¡No estará hablando de…!” Y entonces un fugaz recuerdo del Segador pasó rápidamente por su cabeza. Recordó su piel blanca, su largo y despeinado cabello negro, sus brillantes ojos azules que resplandecían en la oscuridad y el frío de su piel. Ya habían pasado más de siete días desde la última vez que lo vio. No era demasiado tiempo pero, a Jessenia le había parecido que habían pasado años desde la última vez que vio su frío semblante limpió de emociones.

            La joven humana tragó saliva y se animo a preguntar.

            — ¿Qué quieres con él?

            — ¿Que qué quiero?—repitió con malicia—. ¡Ese bastardo se atrevió a quitarme uno de mis escondites favoritos! En aquella montaña vivía un Hechicero, entre los dos nos ayudábamos para sobrevivir, sin embargo, ya comenzaba a cansarme de la actitud prepotente de ese lunático, por lo que un día decidí eliminarlo y adueñarme de la montaña para volverlo uno de mis escondites, sin embargo, cuando estaba a punto de llevar mi plan en acción, uno de mis Necrófagos lo vio salir con una mujer humana cargada en sus brazos. Cuando me entere de eso me pareció perfecto que alguien, quien fuese, allá eliminado a esa molestia por mí, por lo que llene ese lugar con mis Necrófagos para que lo cuidaran pero, poco tiempo después, el mismo individuo regreso a la montaña y se adueño de ella. De eso han pasado más de siete días y esa criatura no ha salido ni una sola vez. Todos los Necrófagos que coloque en el interior de esa montaña para que la protegieran terminaron siendo asesinados o huyeron para salvar sus inútiles vidas, fue entonces que me acorde de la mujer que ese extraño ser llevaba cargando y tras investigar la dirección en la que iba, es que fui capaz de dar contigo, Jessenia.

            “¿El Segador..., sigue en la Montaña?”

            Se asombró Jessenia ante la noticia. Cuando la chica despertó en la Posada Aura, la joven creyó firmemente que ya nunca más vería al extraño sujeto que vestía de negro y que la sacó del reino de Fior pero, ahora se daba cuenta que en realidad no estaban muy separados. Jessenia no conocía la distancia de la Montaña a ciudad Central ya que cuando el Segador la llevó en sus brazos, ésta se encontraba dormida pero, aun así, no creía que hubiera mucha distancia de un punto al otro.

            La cabeza de la joven se llenó de tantas preguntas diferentes en la que destacaba solo una: ¿Qué estaba haciendo en ese lugar?, y la segunda más importante ¿Por qué no se había ido? La Bruja había dicho que tras dejar a Jessenia en ciudad Central, el Segador regresó a la Montaña y desde entonces no ha salido ni una sola vez. ¿Qué estaba ocurriendo?

            — ¿Y? ¿Eso que tiene que ver conmigo?—le preguntó a la Bruja en tono desafiante.

            —Quiero que me digas quien o que demonios es esa criatura—exigió el Ser oscuro—. Es obvio que no es un ser humano pues, desde hace unos días, una gran presencia oscura ha comenzando a reunirse en el interior de esa montaña. Con anterioridad he mandado a Necrófagos a investigar a ese individuo pero, tan pronto se acercan, algo los ahuyenta. Por si no lo sabías, los seres denominados: Necrófagos son criaturas carroñeras que solo pueden vivir en los espacios más oscuros. La luz del sol como de la luna es dañina para su piel, por lo que solo pueden sobrevivir en la oscuridad más absoluta, por supuesto, debido a eso, los Necrófagos han desarrollado la capacidad de ver perfectamente bien en la oscuridad así como han ganado resistencia a la misma. En el mundo hay muy pocas presencias oscuras que logran amedrentar a los Necrófagos por lo que inevitablemente, he ganado interés en ese individuo y resulta que tu fuiste la última en estar con él.

            Jessenia debía aceptar que también sentía curiosidad por ese individuo, lamentablemente, la chica no tenía las respuestas que la Bruja deseaba. Se lo hizo saber al Ser oscuro, la cual no lo tomo como verídico y continuó presionando a la joven a que dijera todo lo que sabía sobre ese misterioso personaje. No obstante, antes de continuar, la Bruja sintió una extraña perturbación en su interior…

            “¡Esos malditos y desagradables carroñeros…!” Pensó con furia. “Terminó mucho más rápido de lo que imagine, no hay de otra, tendré que usarlos a ellos…”

            La Bruja que había permanecido sentada cómodamente sobre su tarima de roca con las piernas cruzadas, se levantó con los brazos separados de su cuerpo y con las manos rodeadas de una intensa y llamativa energía color zafiro. Agitó las mismas y entonces, las cuatro flamas azuladas de las antorchas que la rodeaban se agrandaron hasta volverse peligrosas llamaradas que se levantaron como géiseres. Se separaron de las antorchas y entonces las cuatro flamas volaron libres por la cámara oscura hasta entrar dentro de las fauces de las cuatro enormes estatuas de serpientes que había en los muros de esa habitación. Una vez que las cuatro llamas se habían funcionado con las enormes serpientes de roca, los ojos de estas brillaron con el mismo color del fuego y entonces, la cámara donde estaban comenzó a temblar con violencia. Antes de que Jessenia se percatara de lo que estaba pasando, las cuatro estatuas de serpientes se separaron de los muros donde hace unos momentos estaban petrificadas y se alinearon una junta a la otra frente a la Bruja.

            — ¡Tú!—señaló a una de las enormes serpientes que, fácilmente, podría tragarse a un elefante sin problemas—. ¡Quiero que vayas y mates al humano que osó profanar mi guarida con sus sucias y hediondas patas de rata!

            La enorme víbora verde siseó mientras enseñaba los enormes colmillos puntiagudos de los cuales se desprendían gotas de un veneno de intenso color morado, en cuanto el veneno toco el suelo, un poco de vaho blanco emergió de donde había impactado. A continuación la serpiente se movió con asombrosa rapidez y con fuerza, el gigante animal se había enterrado bajo tierra. Acataría por debajo del suelo.

            En la cámara solo quedaban la Bruja, Jessenia y una Megan corrompida por la oscuridad del Ser oscuro, sin mencionar tres de las cuatro enormes serpientes que continuaban en línea esperando por las órdenes de su ama. Sin darse cuenta del momento, el último de los Metamorfos se había ido. Su presencia era tan diminuta e insignificante que la Bruja se olvido de él, en todo momento su concentración se mantuvo en Jessenia a quien tenía delante y en el Cazador que combatía contra sus Necrófagos. En cuanto el humano los derrotó, la Bruja ya se había olvidado de casi todo…

            —Veo que al igual que muchos otros de mis sirvientes—le dijo la Bruja con frialdad en el tono de voz— tú también eres una inútil. Lo único que quería saber era sobre el sujeto que tomó control de esa Montaña. Una Montaña que yo deseaba como escondite pero, una vez más, me doy cuenta de que si quiero algo bien hecho, no hay más remedio que hacerlo personalmente. ¿Sabes? Mis serpientes rara vez se alimentan, son demasiado grandes y requieren de mucha carne para saciarse, por eso las mantengo convertidas en piedra, me resulta más fácil así pero, ya que las libere, no puedo negarles el placer de comer carne fresca y mucho menos cuando la comida se molesto en venir hasta aquí. ¡Ustedes dos!—señaló a dos de las tres serpientes—. La comida esta servida…

            Siseando y sacando sus largas lenguas, dos de las tres serpientes se vuelven hacía Jessenia y hacía Megan mostrando sus largos y puntiagudos colmillos. Jessenia, con su amiga en brazos, saltó hacía la derecha tan pronto advirtió que una de las serpientes se había disparado contra ellas con las fauces abiertas; la enorme bestia terminó estrellándose contra el suelo pero, inmediatamente, sacudió la cabeza y regreso al ataque, solo que en esta ocasión, su hermana fue la que inició y, como la primera, se lanzó con las fauces abiertas contra las dos chicas. Era una competencia, la más rápida se comería de un bocado a las dos humanas pero, hasta el momento, ninguna de ellas había podido. Jessenia, pese a cargar con Megan, se movía con velocidad y agilidad: evadía cada uno de los ataques de esas enormes víboras; se movía apenas sentía el deseo asesino de esos monstruos. La Bruja miraba con satisfacción los pobres esfuerzos de la humana, sabía que tarde o temprano la chica se cansaría, por lo que opto darle un pequeño consejo, solo para hacérselo más emocionante.

            — ¿Sabes? Si dejaras en el suelo el cadáver que tienes en los brazos, quizás podrías lograr sobrevivir un par de minutos más, de lo contrario, en cualquier momento mis mascotas te comerán de un mordisco.

            Jessenia se molestó en cuanto escuchó decir a la Bruja: “el cadáver.” Megan no había muerto, su piel continuaba caliente y podía ver como su pecho subía y bajaba, su amiga seguía respirando. Que la chica parezca ausente de su propio cuerpo no la vuelve un cadáver.

            — ¡Ella no ha muerto!—le respondió, desafiante, mientras evadía a las serpientes—. ¡Sigue viva!

            —Físicamente está viva—le concedió la Bruja, continuó—: pero ha perdido la voluntad de seguir viviendo. ¿No escuchaste cuando te explique cómo funciona la Corrupción? Una vez que la oscuridad se adueña de la mente, del cuerpo y del corazón humano, ya no hay nada que se pueda hacer. La chica podrá seguir viva pero, a fin de cuentas, no deja de ser una muñeca rota. Un mero cascaron vacío. Una pobre sombra de lo que fue anteriormente. No lo entiendes, no hablo de una muerte física, sino de una muerte espiritual…

            — ¡No me interesa!—la interrumpió con un grito que resonó en la amplia cámara oscura—. No me voy a dar por vencida, ¡voy a salvar la vida de mi amiga y luego me la llevare de este horrible lugar!

            El Ser oscuro entrecerró los ojos. Se había interesado en Jessenia como muñeca para sus juegos.

            — ¿Y cómo piensas hacer eso?—le preguntó con arrogancia—. ¿Evadiendo las embestidas de mis mascotas? ¿Así es como planeas rescatar a tu amiguita…? ¿Qué te has creído que eres? ¿Una heroína? ¿Algún caballero?

            Jessenia, hasta el momento, se la había pasado saltando de lugar en lugar, evadiendo todos los ataques de las enormes serpientes y poniendo la mayor distancia posible. Pero ya no más. Para sorpresa de la Bruja, la humana se había quedado de pie con su amiga en sus brazos dándoles la espalda a las dos bestias salvajes. Por unos segundos, las mascotas del Ser oscuro la perdieron de vista pero, al poco tiempo, se volvieron al unísono, la chica ni reaccionó.

            ¿Una heroína? ¿Un caballero? Es verdad, durante una gran etapa de su vida, Jessenia había soñado con ser rescatada del castillo de Fior por uno de esos héroes o por un valiente caballero pero, el sujeto que la libero de su monótona y tediosa vida, era lo más alejado de un héroe o de un intrépido caballero que la chica haya leído con anterioridad. Ni en sus más alocadas fantasías se hubiera imaginado a sí misma como la protagonista de una novela de aventuras o de fantasía pero, ahí estaba, claramente la realidad era otra muy distinta a la que había imaginado con anterioridad. Estaba sola en esa oscura cámara, con dos enormes bestias salvajes hambrientas y persiguiéndola. Su “Yo” del pasado había tenido razón: no habría nadie que la salvara en ese momento, solo podía contar con su propia fuerza e inteligencia para salir de ahí con vida y la chica tenía miedo. No lo demostraba, pero estaba asustada. No por ella, sino por su linda amiga que yacía en sus brazos, ausente de su propio cuerpo e ignorante del gran peligro que enfrentaban. Tenía tanto miedo de detenerse que solo pensaba en la forma de escapar de ahí.

            ¿Un héroe? ¿Un caballero? ¡No bromen! Jessenia nunca fue ni lo uno ni lo otro pero, ahí sola, con su amiga en sus brazos, la chica no tenía permitido sentir miedo o inseguridad. Debía ser valiente e intrépida, fuerte y segura de sí misma como los muchos protagonistas de novelas que había leído.

            Ahí mismo, de pie dándole la espalda a las enormes serpientes, Jessenia depositó con gentileza a Megan en el suelo, la chica continuaba con los ojos abiertos, pero estos eran oscuros y parecía que no tenían fondo. El aura negra seguía rodeándola, negándose a dejarla ir… La joven veía a su amiga, ignorando el peligro que asechaba a sus espaldas. Se había decido a salvar a Megan y nada ni nadie se interpondría en su camino. Fue entonces que lo sintió. Un latido de su corazón. Luego otro y luego otro, y luego otro. Cada latido era fuerte, como un tambor siendo tocado con violencia y fue en ese momento que decidió usar los conocimientos que su “Yo” del pasado le había dejado atrás.

            Jessenia cerró los ojos en el momento justo en que las dos serpientes se lanzaron contra ella con las fauces abiertas, era una competencia de velocidad, el reptil más rápido sería el comiera, el perdedor solo recibiría fría y sólida tierra. La joven hizo lo que su otro “Yo” le había dicho: se concentró y utilizó su imaginación. ¡Ahí estaba, podía sentirlo! ¡La energía comenzaba a fluir dentro de ella! Era un poder cálido que la hacía sentirse segura de sí misma y crecía a gran velocidad…

            A la distancia, la Bruja mostró una sonrisa al ver a la humana de pie, petrificada y sin mover un solo musculo, resignada a su destino.

            “Esto se ha terminado…”

            Pero entonces sucedió. De la dirección de Jessenia, un gran resplandor blanco hizo su repentina aparición. Las serpientes chocaron contra ese brillo y al instante fueron repelidas. No habían muerto, solo fueron empujadas hacía atrás. Las mascotas de la Bruja cayeron al suelo mientras su ama se cubría los ojos con el brazo derecho. Podía sentir como la fría cámara se iba calentando y como su energía oscura iba disminuyendo…

            “¡Que está pasando…! ¿Qué demonios está haciendo…?” Pensó sin poder quitarse el brazo frente a los ojos. Al final el brillo blanco había desaparecido, la Bruja tuvo que esperar unos segundos hasta que sus ojos dejaran de ver borroso, para cuando sus orbes volvieron a ver con claridad, lo que estos veían era una espada larga, como de caballero, sujetada con ambas manos por la humana y, lo que la había sorprendido más no era el arma en sí, sino que la hoja emitía un brillo blanco que la volvía extrañamente amenazante.

            Jessenia se había dado la vuelta en algún momento y ahora, sujetaba una espada con ambas manos, justo como lo había visto en las imágenes de libros y novelas y, justo como recordaba a los caballeros del reino de Fior.

            Al igual que la Bruja, la humana también se había quedado sorprendida. No sabía que había pasado ni como había llegado esa espada a sus manos. Sorpresivamente, el arma se veía pesada pero, para la joven que la sujetaba lo mejor que podía, no le pesaba ni un solo gramo, era como si la espada fuera como uno de sus brazos o como una pierna, la sentía como parte de su cuerpo. Era tan, pero tan extraño… Recordó haber sentido el poder crecer dentro de ella, en ese momento, Jessenia se imaginó un arma para poder defenderse del ataque de las serpientes, y la única arma que le vino a la mente en ese momento, era la herramienta predilecta de héroes y caballeros: una espada.

            Pese a tenerla ahora, Jessenia no tenía los conocimientos para blandirla correctamente, recordaba por imágenes de libros y por los entrenamientos de los caballeros del reino de Fior, como sujetarla y como pararse: piernas un poco separadas, ambas manos sujetando el arma al frente de su cuerpo y sujetarla con firmeza. Nada más.

            — ¡Tú…! ¿Esa espada…? No me digas que… Ya veo, eres igual a ese humano que entro a mí guarida… ¡Eres una Cazadora del Gremio de la ciudad!

            “Eso explica porque fue capaz de resistir la oscuridad que hay en este lugar, así como la oscuridad que impera en la zona abandonada de Central…”

            La Bruja había supuesto que debido a la repentina aparición de esa arma, así como del deslumbrante brillo que cegó por unos momentos los ojos del Ser oscuro, Jessenia era una Cazadora del Gremio: Eternal Soul que yacía en el centro de ciudad Central. No había estado más equivocada, ni ella ni la humana entendían lo que estaba pasando pero, aun así, la chica no se quejaba. Agradecía el misterioso poder que había despertado dentro de ella y ahora, lo usaría para protegerse de la Bruja y de sus serpientes que seguían tiradas en el suelo.

            Jessenia, con espada en mano al frente de su cuerpo, veía con curiosidad el arma que sostenía, le parecía extrañamente peligrosa, la hoja desprendía, además de un filo que se veía sumamente amenazador, un pequeño brillo que la hacía sentirse segura y protegida, aun dentro de esa vasta cámara oscura. Pero eso no era todo, el poder que previamente había sentido correr libre dentro de su cuerpo, ahora lo sentía ahí, en su espada, siendo sujetada con sus inexpertas manos de doncella. ¿Que debía hacer ahora? ¿Cuál era el siguiente movimiento? ¿Debía atacar a la Bruja? Una cosa era pelear con los puños y otra totalmente diferente era luchar con una espada y contra una Bruja.

            Sea lo que sea que fuera a hacer, la humana no tenía mucho tiempo. Después de pasados unos minutos, las serpientes volvieron a erguirse en toda su alta estatura, se sacudieron las cabezas como si tuvieran tierra encima de estas y luego posaron sus salvajes ojos azules sobre la chica.

            “Están a punto de atacar…”  Pensó Jessenia con espada al frente de su cuerpo. Y, antes de que las bestias se dispararan contra ella, la humana pudo sentir como su arma comenzó a palpitar como si de un corazón se tratase. Jessenia observó su espada con interés, sentía que aquella arma trataba de decirle algo pero, ¿qué? ¿Las espadas podían hablar? ¿Era aquella una espada mágica? ¿Una de esas extrañas herramientas que abundaban en las novelas de caballeros? La chica no lo sabía y no tenía tiempo de averiguarlo…

            Las dos serpientes atacaron. Ambas con las fauces abiertas y mostrando los puntiagudos colmillos impregnados de veneno morado y, antes de que el ataque estuviera lo bastante cerca, la espada de Jessenia volvió a palpitar y entonces, la humana simplemente se movió por impulso. Había chocado la punta de su arma contra el suelo al frente de su cuerpo y, al instante, una barrera protectora apareció rodeando a ambas chicas. Las dos estaban a salvo, las serpientes chocaron contra el muro creado por la espada, no podían alcanzarlas.

            Las bestias lanzaban cabezazos tratando de romper la barrera que protegía a Megan y a Jessenia de una muerte segura. Fue entonces que la espada volvió a palpitar, había algo que trataba de decirle a su dueña. Frente a ella, las dos enormes serpientes seguían atacando sin descanso y, pese al peligro, la humana volvió a darles la espalda y puso su arma frente a Megan. Estaba a punto de hacer algo que nunca creyó posible que fuera a hacer, pero lo haría, ¿Por qué? No lo sabía. Llámese “impulso”, “sexto sentido”, “intuición femenina”, “certeza”, o como se le quiera llamar. En esos momentos, Jessenia creía que aquello que estaba a punto de realizar era lo único que podía hacer si deseaba salvar la vida de su primera amiga verdadera.

            “¿Qué es lo que pretende?” Se preguntó la Bruja tras ver desde la distancia como la humana tomaba la espada con ambas manos y apuntaba la punta filosa sobre el pecho de su amiga. “¿Ella va a…?” Y antes de terminar de formular la pregunta, Jessenia había enterrado casi toda la hoja de su arma en el cuerpo de la chica de cabello negro. “¿Pero qué está haciendo…? ¿Ha perdido la cordura…?”

            La Bruja estaba sorprendida por lo que Jessenia había hecho pero, su sorpresa se hizo muchísimo más grande cuando entornó los ojos para ver mejor y se percató de que tras apuñalar a su amiga, la chica de cabello negro no sangraba. ¡La espada continuaba enterrada en su delgado cuerpo y no había ni una gota de sangre en el suelo! ¡Aquella era totalmente imposible! Tomando en cuenta el ancho de la hoja y el largo de la misma, el Ser oscuro supuso y estaba segura que era cuestión de segundos para que se formara un charco con sangre de la humana… ¡Pero nada!

            “¿Que está sucediendo aquí? ¿Qué es lo que hace…?”

            Las dos serpientes seguían dando cabezazos a la barrera de Jessenia, tratando de romperla para darse un bocado con los dos trozos de carne caliente que yacían dentro pero, la defensa de la humana no daba señales de ceder, no tenía ni una sola grieta…

            Fue entonces que ocurrió, el suelo comenzó a temblar violentamente. Trozos de techo se desprendieron y cayeron con un ruidoso golpe al estallar. Varias rocas de desplomaron y golpearon en la cabeza a las tres serpientes, pero estas, como si nada, se las sacudieron. La Bruja destruyó los pedazos que estaban a punto de golpearla con una secuencia de rayos azules que expulsaba con ambas manos y, de debajo del suelo, la serpiente que había mandado para matar al intruso emergió en toda su altura figura. Se llevó un rato en localizar a su objetivo y exterminarlo pero, lo importante es que ya estaba de vuelta y había cumplido bien su labor. Luego, tras unos momentos, la misma serpiente comenzó a chillar ruidosamente de dolor y agitarse con violencia de un lado a otro. Se movía como si estuviera envuelta en llamas y tratara de apagarse…

            — ¿Qué es lo que te ocurre?—le preguntó la Bruja. Al ser su Familiar, el Ser oscuro podía entender a la serpiente y ésta, a su vez, la entendía a ella pero, en esos momentos, el dolor que padecía la bestia era tal que no lograba comunicarse con su ama. Finalmente, tras unos momentos de intensa agonía, la serpiente cayó al suelo, muerta.

            La Bruja no lograba entender que es lo que había pasado y Jessenia no se había movido del lugar de donde estaba, hizo caso omiso del ruido y la destrucción que provocó la última de las serpientes. La humana yacía arrodilla frente al cuerpo inerte de su amiga con ambas manos sujetando la espada, mientras que esta continuaba enterrada en Megan y la barrera seguía en su lugar.

            Luego, segundos después de que cayera la cuarta serpiente, de una parte de su largo cuerpo, un bulto sobresalía y se movía, como si tuviera a un bebe dentro. La Bruja prestó atención a ese punto hasta que la piel explotó y de su interior, un objeto parecido a un capullo emergió, solo que al entornar más los ojos, el Ser oscuro se percató que no era un capullo ordinario, este se encontraba hecho por cadenas…

            Las cadenas se separaron revelando debajo un cuerpo humano. Un cuerpo varonil y joven…

            “¡No, no puede ser…!”

            Pero si lo era. Joe había emergido del interior de la serpiente envuelto por sus cadenas y ahora, el Cazador se encontraba en la vasta cámara con la Bruja, con sus Familiares y con las dos inertes chicas encerradas en su barrera protectora. 

Notas finales:

Hasta la proxima. No olviden comentar.

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