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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

En fin, me hubiese encantado subir este capítulo numero 25 una o dos semanas antes pero, lamentablemente, no me decía. Ni siquiera ahora, este capítulo, para serles honesto, no termina de convencerme mucho.

 

Ya saben que estor reescribiendo los primeros arcos de la historia ya que accidentalmente los borre y, sinceramente, creo que la historia original, antes de que la borrara accidentalmente, era un poco mejor que esto estoy escribiendo.

 

Me gustaría escuchar su opinión con respecto a este capítulo y lo que les pareció.

 

En fin, eso es todo, disfruten de la lectura. Si tengo tiempo, subiré la continuación este domingo o el lunes que viene.

 

Hasta la próxima y no olviden comentar.

Las flamas azules que levitaban en lo alto de las paredes a su izquierda y a su derecha se habían apagado, dejando al Cazador en la más absoluta de las oscuridades. A continuación, una fuerte sed de sangre lo hace volverse y allí, a la distancia y cobijados por las tinieblas del lugar, varios pares de puntitos rojos brillaban amenazadoramente. Se estaban acercando.

            No había necesidad de que alguien se lo dijera, era obvio lo que estaba pasando. La Bruja se había percatado de la presencia del Cazador en su guarida, por lo que desactivo la magia que usaba para encender las flamas azules y además le había mandado a su jauría de perros guardianes.

            “¿Necrófagos, eh?”  Pensó el chico al verlos aproximarse.

            Esas pequeñas anatomías y sus ojos saltones, grandes y brillantes en la oscuridad, tan rojos como la sangre y tan fieros como los de una bestia hambrienta, sin mencionar que esas pequeñas y feroces criaturas tenían la costumbre de moverse usando sus cuatro extremidades. Algunos se acercaban por el piso y otros, se aferraban al techo o a las paredes de los lados para avanzar rápidamente.

            Pese a que eran decenas y se aproximaban rápida y amenazadoramente, Joe no saco las manos de sus bolsillos en ningún momento, se había quedado parado con los ojos cerrados, aparentemente, tranquilo y despreocupado, indiferente al peligro que se acercaba. En realidad, daba lo mismo tener los ojos abiertos o cerrados, no había ninguna diferencia. A diferencia de los Necrófagos, los humanos no podían ver en la oscuridad pero, había algo que ciertos humanos podían hacer y que esos monstruos nunca serían capaces y eso era, la capacidad de sentir presencias.

            Un humano bien entrenado, como lo eran los Cazadores de los Gremios, tenían la capacidad de sentir las presencias hostiles de sus enemigos y, a la vez, desaparecer sus propias presencias para esconderse o moverse con especial sigilo. Los Necrófagos, al ser bestias carroñeras, de poca inteligencia y de naturaleza agresiva y salvaje, nunca serían capaces de sentir la presencia de sus enemigos, cosas que los humanos podían hacer con la concentración y el entrenamiento adecuados. Como lo era Joe en ese momento.

            “Son cuarenta y cinco Necrófagos. Treinta vienen por delante, los otros quince vienen por detrás… Perfecto.”

            Y una vez que ya los tenía ubicados y contados, las armas de Joe, las cuales eran una serie de cadenas largas que acababan en una cuchilla triangular, salieron disparadas a gran velocidad del cuerpo del Cazador. No importaba de que parte, ya fuera la espalda, el torso, las piernas o las manos, las cadenas emergían del interior y cada una se ensartaba en alguno de los monstruos sin fallar.

            Los Necrófagos que iban por delante de los otros fueron los primeros en caer, seguidos por los segundos y así sucesivamente; solo unos cuantos fueron lo bastante hábiles para esquivar las armas del Cazador antes de que estas se ensartaran en sus cabezas como había ocurrido con los otros pero, en realidad, contra un oponente como Joe, poco importaba que los Necrófagos fueran capaces de evadir por unos centímetros sus cadenas, ya que estas, al fallar en ensartar a uno de los pequeños monstruos, terminaban siendo asesinados cuando de las cadenas, más cuchillas emergían.

            Las cadenas del Cazador emergían del interior de su cuerpo y eran capaces de alargarse tanto como Joe así lo deseara y, al final de estas, el joven podía crear una cuchilla triangular o alguna otra arma blanca al final de la misma según sea su voluntad, esto para atacar a sus oponentes y, cuando los oponentes evadían sus ataque y estos continuaran cerca del cuerpo de la cadena, del cuerpo más cadenas con cuchillas emergían, atrapando o eliminando al objetivo según sea la decisión del usuario del arma, en este caso, Joe decidió acabar con la vida de todos los Necrófagos. Estos terminaron siendo empalados por las cuchillas al final de las cadenas del Cazador y, algunos pocos, envueltos por las mismas, solo para acabar siendo apretados hasta la muerte.

            Pese a que la oscuridad y el silencio imperaban en ese largo corredor, Joe estaba completamente seguro que ambos lados del pasillo se encontraban impregnados por la sangre de sus enemigos, así como de los cadáveres de los mismos. La contienda contra esos Necrófagos duro únicamente pocos minutos, minutos que el joven creyó fueran una total pérdida de tiempo, así que giró y emprendió nuevamente la marcha. La Piedra de Lagrima continuaba flotando frente a su pecho y señalaba el camino a seguir. Sacó las manos de sus bolsillos y empezó a correr, guiado por la brillante Piedra. No sabía que más adelante, una Bruja lo maldecía a él y a las criaturas que había matado sin esfuerzo alguno.

            Ya que los humanos eran incapaces de ver en la oscuridad, el Cazador junto una mano frente a la otra al nivel del pecho y, de en medio, una esfera de brillante luz blanca comenzó a generarse, proporcionándole la luz suficiente para moverse en ese oscuro lugar y, como lo había imaginado, la luz revelo un pasillo impregnado por la sucia, asquerosa y olorosa sangre de los enemigos, así como los restos de los mismos. Pasando por encima de ellos, el Cazador pisó los restos de los Necrófagos con una fría indiferencia. Antes de comenzar a moverse, Joe había esperado a que la sangre de esas sucias y hediondas criaturas resbalara de sus cadenas antes de que estas regresaran nuevamente al interior de su cuerpo.

            Una vez que todo estuvo listo, el joven emprendió la marcha rumbo a su objetivo. Minutos después y sin saberlo, Joe había transcurrido el mismo camino que los Metamorfos cuando cargaban a Jessenia y a Megan y, al llegar a la distancia suficiente, el Cazador se detuvo repentinamente. Más adelante, cobijados por las tinieblas, dos presencias se movían. Eran débiles y avanzaban lentamente pero, aun así, Joe decidió tomar sus precauciones. Amparado por la oscuridad del lugar, el humano hace desaparecer la esfera de brillante luz blanca que le servía de linterna. No quería alertar a los enemigos que se alejaban a paso lento de su posición.

            Una vez que la brillante luz desapareció, el muchacho se percató que la Piedra de Lagrima ya no apuntaba hacía el frente como lo había estado haciendo hasta el momento, en su lugar, la resplandeciente piedrecita señalaba algún punto en el suelo. El Cazador la siguió con la mirada y ahí, tirada indiferentemente como si de un vulgar pedazo de basura se tratase, yace la otra mitad de la Piedra que le había entregado a Jessenia. Joe se agachó para recogerla y, en cuanto las dos mitades de la Piedra de Lagrima volvieron a estar juntas, estas extinguieron el tenue brillo celeste que hasta el momento, habían despedido.

            Con una mirada fría y afilada, el Cazador cerró el puño donde sostenía ambas Piedras, las metió en su bolsillo consiente de que ya no serían útiles. Recordó entonces las dos presencias que se alejaban lentamente por ese mismo pasillo y fue entonces que se decidió a capturarlos. No suponía ningún problema para él torturarlos y obligarlos a que revelaran la ubicación de la Bruja y también el paradero de las dos chicas. Desapareciendo su presencia para no ser escuchado y sentido, Joe se aproximó sigilosamente hacía sus objetivos. Estaban conversando.

            — ¡Esa maldita de Jessenia me las va ha pagar!—escuchó hablar a uno de ellos. Como todo el pasillo seguía a oscuras, el Cazador no podía verlos pero, no hacía falta, reconocía esa voz. No lo conocía a fondo y la verdad, mientras trabajaba como ayudante de cocina en la Posada Aura, Joe nunca mostró especial interés en Matt, lo consideraba un idiota cualquiera. Un muchacho bonito que se aprovechaba de su buena apariencia para conquistar mujeres. Un perdedor más del montón. El Cazador nunca se hubiera imaginado que él también fuera un Metamorfo. No había otra explicación, un humano ordinario no podría soportar la enorme presencia oscura que imperaba en esos largos pasillos silenciosos. La idea de haber estado trabajando tan cerca de un monstruo y no haberse percatado de ello, hacía que se le hirviera la sangre de ira. En esos momentos, Joe solo pensaba asesinarlo de la forma más lenta y dolorosa posible, a él y a su compañero—. ¡Te juro que si por algún milagro sale con vida, yo la buscare y la haré pagar por lo que me hizo! ¡Arruinó un buen disfraz de humano…!

            —No es momento de quejarse—dijo su compañero. Debido a la oscuridad, Joe no podía verlos, solo escucharlos, por lo que no vio que el Metamorfo más alto y musculoso, ayudaba a caminar al falso Matt, ya que antes de irse, Jessenia le había dado un golpe directo en el abdomen que lo había dejado muy lastimado— hay un intruso en la guarida. Este lugar y la ciudad de Central ya no son seguros para nosotros, debemos irnos a otra parte.

            — ¿Qué pasara con los otros?—inquirió el falso Matt.

            —Ya es muy tarde para ellos—sentenció su compañero con camisa de tirantes—. Para que el intruso haya llegado hasta aquí requería de información, por lo que es obvio que nuestros compañeros ya debieron haber muerto. Solo un Cazador podría hacer eso, por lo que debemos apresurarnos e irnos de aquí antes de que nos alcance.

            — ¿Qué nos hará la Bruja cuando se entere que la abandonamos?

            Antes de que su compañero musculoso hablara, una fría voz se escuchó detrás de ellos. Sumido en las tinieblas, unos pasos se escuchan aproximarse.

            —Yo no me preocuparía por la Bruja—dijo el Cazador a sus adversarios—. Una vez que termine con ustedes, iré tras ella. De una u otra forma, ningún monstruo saldrá con vida de este lugar.

            Los dos Metamorfos se quedaron paralizados donde estaban, el monstruo musculoso volvió la cabeza pero no veía nada, solo oscuridad sin fin.

            — ¿Quién eres?—preguntó—. ¿Cómo nos encontraste?

            Matt se había quedado mudo de la impresión, eran raras las ocasiones cuando lo escuchaba hablar pero, con toda certeza, reconocía esa fría voz. No había forma de que la olvidara. Durante su breve tiempo como ayudante de cocina, Joe nunca le dirigió la palabra a Matt, ni siquiera una vez, con los únicos con los que rara vez hablaba era con Chris, el hermano de Rachel, la misma Rachel y con el dueño de la Posada: Jaime. No le molestaba que no le dirigiera la palabra, al pelirrojo nunca le simpatizo el ayudante de cocina, le ponía los pelos de punta cada vez que se cruzaba con él en la cocina de la Posada.

            — ¿Joe?…— inquirió con vacilación—. ¿E-Eres tú?

            Los sigilos pasos continuaban acercándose, lentos y amenazadores. Al final se detuvieron. Todo estaba sumido en las tinieblas.

            —No tienes idea del asco que me da que una criatura nauseabunda y asquerosa como tú diga mi nombre pero… Algo que me da muchísimo más asco y que me enfurece como no tienes una idea, es el hecho de que trabaje y estuve cerca de un fenómeno hediendo como tú…

            De entre la oscuridad, una serie de cadenas con picos emergieron disparadas. Rodearon el cuerpo del falso Matt hasta dejarlo completamente envuelto por las mismas. El compañero del Metamorfo salió huyendo tan pronto uno de los picos de las cadenas, accidentalmente lo corto y tras sentir que había perdido a su compañero. Ni bien avanzó unos cuantos pasos cuando de repente, varias cuchillas largas atadas por cadenas lo empalaron por la espalda. Las cuchillas entraron por la ancha espalda musculosa y salieron por el abdomen tonificado, impregnando todo lo que estuviera a su alcance de sangre viscosa y negra. El compañero de Matt cayó hacia delante, muerto.

            Ahora solo quedaban el falso Matt y el Cazador. Ninguno de los dos sabía que la Bruja ya había despertado a sus serpientes gigantes y que le estaba dando órdenes a una de que fuera a matar al intruso.

            Un potente chillido hizo eco por todos los amplios pasillos. Joe le había destrozado el brazo derecho al Metamorfo al apresarlo contra sus cadenas.

            —Oye, no te desmayes, tengo un par de preguntas que quiero hacerte—le dijo con tono gélido en la voz. A Matt ese tono le ponía los pelos de punta y ahora, en esos momentos, le hacía sentir terror—. Dependiendo de tus respuestas es si esto terminara rápido e indoloro o lento y extremadamente doloroso, por que créeme, destrozarte un brazo es lo más gentil y suave que soy capaz de hacer… ¿Entendiste?

            No hubo respuesta. Joe le destruyo la pierna izquierda y el falso Matt soltó un chillido agudo de dolor que resonó por todo el lugar.

            —Cuando hago una pregunta espero que se responda, ¿entendiste?

            — ¡S-S-Si!—el Metamorfo apenas si podía hablar correctamente. El insoportable dolor de la pierna y del brazo lo amenazaban con dejarlo inconsciente pero sabía que si caía, el Cazador lo despertaría para continuar con la tortura. Con la pierna en este estado, Matt sabía que no había forma de que saliera de ese lugar con vida, por lo que al menos prefería una muerte rápida a una llena de dolor—. Re-Responderé a todo lo que me pre- preguntes.

            —Más te vale. Primera pregunta: ¿Dónde estamos?

            —No lo sé con certeza, pero es un lugar retirado de ciudad Central. La Bruja lo hizo así para tener tiempo de escapar en caso de que los Cazadores de tú Gremio vinieran por ella. Eso es todo lo que sé, lo juro. La Bruja nunca dejo que saliéramos al exterior cuando nos reuníamos en este lugar.

            Le creía pero, aun así, deseaba verlo sufrir antes de matarlo. Joe tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para pensar con la cabeza fría y no dejarse controlar por sus emociones.

            “¡Piensa con la cabeza, no con las emociones! ¡Piensa con la cabeza, no con las emociones! ¡Piensa con la cabeza, no con las emociones!” Repetirse a sí mismo lo anterior lo ayudaba a conservar la calma y la sangre fría. El Cazador odiaba dejarse llevar por sus emociones, para él, era una muestra de debilidad. Una debilidad que no se permitía tener.

            —Segunda pregunta: ¿Qué lugar es este?

            —Es un escondite subterráneo, los Necrófagos que la Bruja controló con magia lo construyeron…

            —Tercera pregunta: ¿Dónde están Megan y Jessenia?  

            —En estos momentos, ambas deben estar en presencia de la Bruja.

            —Muy bien, la última pregunta: ¿En donde esta la Bruja? ¿Cómo llego hacía ella?

            Lamentablemente, antes de que el Metamorfo respondiera a la pregunta del Cazador, el suelo comenzó a vibrar con violencia. La tierra se sacudió, vestigios de polvo y piedritas se desprendían del techo mientras el piso se llenaba de grietas. Algo grande y hambriento se acercaba.

            El suelo que estaba bajo los pies del Cazador se llenó de enormes grietas, Joe abrió grandes los ojos justo en el momento en que saltó hacía atrás para protegerse. La tierra se rompió y del interior una enorme boca emergió devorando de un solo bocado al Metamorfo. Ya que el humano tenía al falso Matt suspendido a unos centímetros del suelo frente a él, en el momento en que salto hacía atrás para evadir las fauces de la enorme bestia, el Metamorfo quedo en el mismo punto que Joe antes de moverse, por lo que los colmillos venenosos de la serpiente lo abrazaron, perforando varios puntos de su cuerpo y provocándole una muerte rápida.

            En el momento en que Joe advirtió el enorme colmillo perforando el pecho del falso Matt, el joven regreso las cadenas al interior de su cuerpo y se preparo para atacar. La enorme serpiente se volvió para mirar al Cazador, aun sin las luces para guiarse, los reptiles de ese tipo eran capaces de sentir el calor de sus victimas, por lo que la oscuridad no representaba ningún impedimento a la hora de atacar. En cuanto al Cazador, él podía decir lo mismo. Ya que era capaz de sentir la enorme sed de sangre de esa bestia, podía saber el momento exacto en que la serpiente se lanzaría sobre él con las fauces abiertas y esquivarla a tiempo. 

            Antes del segundo ataque, a Joe ya se le habían ocurrido varios formas de matar a esa enorme bestia de sangre fría, pero antes de llevar a cabo sus tácticas de combate, el Cazador recordó que no sabía en donde exactamente se encontraban Jessenia, Megan y la Bruja por lo que mientras evadía los ataques de la bestia, Joe fraguaba un plan de contingencia. Pasados unos minutos, había llegado a una resolución final. No le agradaba el plan que tenía en mente pero era el más rápido, sencillo y con mayores probabilidades de éxito. Sin mencionar que tomaría a la Bruja por sorpresa.

            El Cazador evadía las embestidas salvajes de la enorme serpiente y, cuando logro esquivar unos de los ataques, Joe retrocedió hasta poner una distancia de varios metros entre él y la bestia. Un par de largas y anchas cadenas emergieron de su pecho y dado que el Cazador podía controlarlas a voluntad, en lugar de atacar a la fiera, las armas empezaron a dar vueltas alrededor del humano, envolviéndolo como si fuera un capullo y él fuera la oruga. Una vez que las cadenas lo rodearon perfectamente y no quedó ni un centímetro de piel expuesta, todos los requisitos del plan se habían llevado a cabo, solo faltaba la serpiente.

            La bestia no tardo en dar con él, se arrastró velozmente hacía el capullo hecho de cadenas mientras siseaba y sacaba y metía su enorme lengua. Abrió grandes las fauces tras detenerse ante el humano y de un solo bocado, la serpiente se lo zampo. Con la orden de su ama cumplida, la enorme bestia se metió nuevamente a su agujero y regresó por donde vino.

            Joe se había rodeado de cadenas para evitar que los fluidos estomacales de la enorme serpiente, le quemaran la ropa y la piel, al mismo tiempo, evitaba que el estomago del animal gigante se comprimiera sobre él, ocasionando que se le rompieran todos los huesos del cuerpo. Lo único de lo que no fue capaz de salvarse, fue de la horrible peste que imperaba dentro de la bestia.

            El Cazador podía sentir el movimiento de la serpiente, se movía sorpresivamente rápido para una bestia que reptaba por debajo de la tierra. El humano se preguntaba que tipo de espectáculo se encontraría una vez que la víbora se detuviera. No tuvo que esperar mucho para responder a su pregunta. La presencia oscura de la Bruja, la presencia más fuerte y temible de ese lugar, se aproximaba rápidamente. Ya faltaba poco.

            Finalmente, tras un viaje de algunos minutos, Joe sintió una fuerte sacudida y entonces, la serpiente se detuvo. Era el momento. Había llegado a la cámara donde se ocultaba la Bruja. 

            Las cadenas que lo envolvían comenzaron a expandirse, provocando que en el cuerpo de la serpiente, un bulto comenzara a crecer. La bestia se agitó con violencia mientras chillaba de dolor. Joe se había hartado de escuchar los chillidos y rugidos de la serpiente, por lo que opto deshacerse del peligroso animal. Desde dentro y usando sus cadenas, el Cazador destruyo el cuerpo de la mascota de la Bruja, provocando que éste cayera irremediablemente de espalda luego, sin perder tiempo, el bulto que sobresalía del cuerpo de la serpiente estalló, dos largas cadenas que terminaban en afiladas cuchillas, emergieron del interior y se clavaron con firmeza en el techo de la cámara y, lentamente, un capullo hecho de cadenas, emergió del hueco que la bestia tenía en su largo cuerpo verde y lleno de escamas.

            Las cadenas se movieron y revelaron al Cazador en el interior. Gracias al material del cual estaban hechas, la sangre y los fluidos de la serpiente, resbalaban de las armas del humano, permitiéndole regresarlas al interior de su cuerpo sin el menor problema o temor.

            Una llamativa y resplandeciente luz blanca fue lo primero que llamó su atención. Joe esperaba encontrar la cámara ahogada en las más absolutas de las tinieblas pero, definitivamente, no esperaba encontrar aquella misteriosa luz a varios metros de distancia de donde había aparecido. Dos serpientes lanzaban cabezazos con fiereza hacía la luz pero esta, parecía repeler cada uno de los ataques de aquella bestias, por más que atacaban, la luz no aminoraba ni un poco. Joe entornó los ojos y ahí, en el centro de la luz, se encontraban las dos mujeres que había ido a buscar pero… había algo extraño con esa escena.

            Era difícil distinguir lo que pasaba debido a la distancia que los separaba, sin mencionar que las dos grandes serpientes que no paraban de atacar, resultaban ser un molesto estorbo pero ahí, en mitad de esa barrera hecha con luz…

            “¿Qué…? ¿Qué es lo que esta pasando? ¿Quién esta creando esa barrera?”

            Joe entornó los ojos y se concentro en las dos siluetas negras que se distinguían en el interior… ¡Era Jessenia! Se asombró el Cazador al notar que la chica sujetaba una espada cuya hoja brillaba de un intenso color blanco y, eso no era todo. La joven había enterrado, casi en su totalidad, la misma hoja brillante en el pecho de Megan pero ésta, continuaba respirando con normalidad, sin mencionar que no podía notar ni una gota de sangre en ellas.

            “¿Qué esta sucediendo aquí? ¿Qué es lo que hace…?”

            Pero antes de que sus dos preguntas fueran respondidas, Joe abrió grandes los ojos momentos antes de saltar y quitarse del camino. La tercera serpiente que la Bruja había despertado lo atacó con rapidez, pero el Cazador fue más veloz y evadió las fauces abiertas de la temible bestia. Dejo para después las preguntas que invadían su mente, por ahora, su única y verdadera misión era eliminar a la Bruja y a esas tres serpientes que la obedecían.

            —Que decepción—la escuchó hablar—. Y yo que pensé que esa serpiente te había devorado. ¿Usaste una de esas Armas Espirituales? Sino me equivoco, esas Armas son las que usan siempre los Cazadores. Son las únicas armas que los protegen de la oscuridad del mundo.

            Joe levantó la vista para ver a la Bruja parada en lo alto de su tarima. Ahí en lo alto, una criatura de baja estatura y cubierta por una gruesa túnica negra, yacía de pie, expectante.

            El Cazador la miró con un frío ceño en el rostro.

            —Las Armas Espirituales no solo sirven para protegernos de la oscuridad del mundo, sino también para acabar con los asquerosos y hediéndoos seres que la habitan. Ahora, responde a mis preguntas: ¿Qué clase de truco usaste para que los Cazadores del Gremio de Central, no nos percatáramos de  la presencia oscura de esos Metamorfos? ¡Responde!

            La respuesta de la Bruja fue una risa arrogante y rebosante de desden.

            — ¿Por qué tendría que revelar mis secretos a un apestoso humano?

            —Porque de esa manera, mientras hablas y yo escucho, podrás alargar tú miserable vida, aunque solo fuera por un par de minutos. Deberías darme las gracias por mi generosidad, Bruja.

            —Ahora mismo yo te demostrare mi generosidad…

            Pero antes de que la Bruja hiciera nada, una serie de cadenas la atacaron por detrás, ésta se percató del ataque y las evadió al volar por el aire pero, aun así, las armas del Cazador la persiguieron sin descanso. A donde sea que la Bruja tratara de huir por el aire, las cadenas de Joe la seguían a gran velocidad, negándose a dejarla escapar.

            Para cuando las cadenas la rodearon y se dispararon contra el Ser oscuro para empalarla con sus cuchillas, la Bruja alargo los brazos, uno hacía cada lado, las manos de ésta comenzaron a emitir un destello azul y en eso, una esfera del mismo color la rodeo, protegiéndola de los ataques del Cazador de todos los puntos posibles y, como las serpientes lo hacían con la barrera de Jessenia, las cadenas del muchacho embestían la defensa de la Bruja, tratando de romperla.

            La Bruja hizo una señal con su magia y en eso, las tres serpientes gigantes que quedaban en la caverna, se volvieron hacía su ama y fueron hacía ella. Una de las bestias tomo las cadenas de Joe con las fauces y al moverlas, también movió al Cazador con ellas, lo levantaron a unos metros del suelo para luego arrojarlo cerca de la barrera que Jessenia había creado para protegerse de las embestidas de las serpientes. Joe cayó de pie sin el menor rasguño y regreso sus armas al interior de su cuerpo. Ahora se encontraba frente a la barrera que Jessenia había creado, el muchacho se tomó el lujo de girar unos segundos y comprobar por sí mismo, que es lo que la chica hacia ahí encerrada.

            Las tres serpientes gigantes rodearon a la Bruja, dos a los lados y una detrás. El Ser oscuro planeaba hacer algo nuevo. Mientras lo hacía, Joe se giró y vio como la espada de Jessenia brillaba con un destello calido. La luz que emergía de la hoja de la espada era tal que lograba iluminar casi toda la cámara oscura, como si la espada fuera un pequeño sol dentro de la oscuridad.

            Joe se percató, al bajar la mirada, que no había rastros de sangre, por lo que asumió que lo que sea que estuviera haciendo Jessenia, no lastimaba de ninguna manera a Megan, sin mencionar que ninguna de las dos se encontraba herida, al menos, físicamente. Aun así, las acciones de Jessenia seguían siendo un misterio para el Cazador y lo intranquilizaban. No le gustaba ser un ignorante, cada vez que se enfrentaba a algo que no entendía, buscaba la explicación, fuese como fuese, de lo contrario, no dejaría de preguntarse por lo que no entendía y eso le impedía concentrarse en las batallas.

            Al menos, de todo lo que pasaba, había averiguado algo. Jessenia no podía ser un enemigo de los humanos, de ciudad Central y de los Cazadores, después de todo, estaba protegiendo a Megan, ¿no es así? Creó esa barrera de luz para que las serpientes gigantes de la Bruja no lograran alcanzarlas, ¿no es verdad? De ser así, la chica no podía ser su enemiga, eso es lo que el joven pensaba… Sin embargo, aquella espada que sujetaba... No había otra explicación posible. Aquella espada era un Arma Espiritual. Una herramienta que solo unos cuantos humanos logran despertar y controlar a voluntad. Debía ser eso.

            Sin embargo, aun si se tratara de un Arma Espiritual, eso solo planteaba más preguntas que respuestas, como por ejemplo: ¿era Jessenia miembro de un Gremio de Cazadores o de otra naturaleza? ¿Había recibido entrenamiento especializado en la destrucción de Seres Oscuros? De ser así, ¿Qué hacía en Ciudad Central?, y ¿Por qué llegó acompañada de un Ser oscuro como aquel? ¿Sería verdad lo que le dijo Rachel días atrás? Que Jessenia había llegado por casualidad a ciudad Central y que nunca antes había recibido entrenamiento de ningún tipo. Aquello era remotamente imposible… No había forma de que Jessenia despertara el poder de un Arma Espiritual y que lograra dominar ese poder sin antes pasar por algún tipo de entrenamiento especializado.

            Tantas preguntas que merecían una respuesta y, por el momento, Joe no conocía ninguna de ellas. La sola idea de mantenerse tan ignorante lo enfurecía. Quería saber quien era Jessenia y la única forma de saberlo era llevándola devuelta a ciudad Central y sacarle las verdades, de una forma u otra. Pero primero, debía eliminar a la Bruja y, de ser posible, sacarle unas cuantas respuestas al Ser oscuro.

            Cuando Joe regresó la mirada a su oponente, la Bruja ya había preparado un gran círculo mágico de brillante color azul oscuro debajo de ella y debajo de las tres serpientes que la rodeaban. De pronto, mientras la magia del Ser oscuro se activaba, la serpiente que yacía apostada detrás de su ama, abrió grandes las fauces y de un solo bocado, se tragó a la Bruja. El Cazador no apartó la mirada, sabía que la magia de las Brujas era siniestra y engañosa, con ellas, pocas veces lo obvio era lo correcto.

            Tan pronto la serpiente se hubo tragado a la Bruja, las otras dos serpientes de los lados se habían pegado a la tercera; el círculo mágico seguía activo en el suelo, lo que demostraba que el Ser oscuro continuaba viviendo. A continuación, algo impresionante ocurrió. Con ayuda de la magia de la Bruja, las tres serpientes lograron fusionarse y formar un solo ser: una enorme bestia que casi rozaba el techo de la caverna. Tenía un cuerpo muy grande, sin brazos y sin piernas pero si con tres cabezas de serpientes. La cabeza del centro abrió grandes las fauces y en su interior, la Bruja yacía intacta. Se había fusionado con sus Familiares.

            Joe la miró expectante, listo para responder al menor ataque de su enemigo.

            “Las Brujas siempre tienen un truco nuevo bajo las mangas de sus túnicas…”

            La enorme bestia de tres cabezas, soltó un rugido tan potente que la caverna entera comenzó a sacudirse.

            —Ya sabes lo que dicen, Cazador, tres cabezas son mejor que una.

            Joe la miró con frío despreció en los ojos.

            —Lo único que veo son tres cabezas vacías y una asquerosa rata negra dentro del hocico de una víbora—Joe intentó reírse de su oponente pero, lastimosamente, la risa no le salió como se lo había imaginado. “Han pasado años desde la última vez que me reí” —. En serio, todos los Seres Oscuros me dan tanta lastima. Destinados a vivir bajo tierra, en las sombras, temerosos de la luz del sol. Todos ustedes son igual de patéticos, no importa si son Brujas, Necrófagos o Metamorfos, al final, son exactamente lo mismo. Pobres y tristes criaturas que se ocultan en la oscuridad, viviendo con el miedo de que algún día, los humanos los encontremos para exterminarlos. 

            La altanería y la arrogancia debían tener un límite. A la Bruja no le importaba lo que el humano le dijera, sin embargo, en el momento en que la puso al mismo nivel que los Metamorfos y que los ruines Necrófagos, el Ser oscuro no pudo contener su rabia. ¡Hasta se había atrevido a decir que los humanos eran superiores a ella!

            — ¡No me hagas reír!—le espetó la Bruja desde el interior del hocico de la serpiente—. ¿Qué los humanos son superiores a los Seres Oscuros? ¿Y que nosotros vivimos a su sombra, temerosos de que algún día nos encuentren y nos maten? ¡No te creas la gran cosa, Humano! ¡Solo porque hayas logrado matar a mis Necrófagos, a los Metamorfos, a una de mis serpientes y que además, hayas conseguido ver a través del Domo que cubre la zona abandonada de ciudad Central, no te hace superior a nosotros! Date cuanta de la posición en la que estas, Cazador. Los humanos son solo alimento y juguetes para nosotros, los Seres Oscuros. Ustedes existen únicamente por nuestro propio bien, para nada más.

            Las palabras: “Domo que cubre la zona abandonada de ciudad Central”, fueron las únicas que el Cazador escuchó, toda la palabrería que la Bruja escupió no le interesaba en lo absoluto.

            “¿Un domo, dijo? Ya veo. La Bruja uso su magia para crear una especie de cúpula mágica que cubre la zona abandonada de ciudad central, de esa forma, cuando los Metamorfos usaban esa parte de la ciudad, la energía oscura que desprendían no se expandía a otras zonas de Central, se quedaba atrapada, concentrada únicamente en ese mismo lugar. Eso explica porque cuando Rachel y yo entramos a esa zona, la energía oscura se encontraba tan concentrada…”

            Joe se sintió mucho más tranquiló ahora que había descubierto ese misterio, no obstante, las cosas no estaban más que comenzando. La idea le desagradaba pero, antes de matar a la Bruja, el Cazador necesitaba interrogarla sobre muchas cosas aun, por lo que solamente se limitaría a matar a la bestia de tres cabezas que el ser oscuro había creado.

            Ese día, Joe vestía atuendos de algodón de color negro; unos largos pantalones, una camisa negra de manga corta y una capa de viaje con capucha. Antes de iniciar el combate contra la bestia de tres cabezas, el Cazador se desabrochó la capa de viaje y la arrojó lejos de sí para que no le estorbara. Inmediatamente, unas cadenas que emergieron de su espalda envolvieron el cuerpo del humano como si de serpientes se tratasen, se enrollaron en ambas piernas, alrededor de su torso pero sin estorbarle y a lo largo de sus brazos. Era como si vistiera una armadura hecha de cadenas.

            Debido a la intensa luz que provocaba lo que sea que estuviera haciendo Jessenia en esos momentos, la Bruja pudo ver con lujo de detalle como Joe se armaba y se rodeaba de sus múltiples cadenas que yacían suspendidas a unos centímetros de su cuerpo. Sea lo que sea que tuviera pensando hacer, el Ser oscuro no se lo permitiría.

            La cabeza izquierda y derecha del cuerpo de la bestia, se dispararon a gran velocidad contra el Cazador, lamentablemente, éste salto a gran velocidad y evadió la embestida; el ataque de las serpientes, en lugar de golpear al humano, terminó por estrellarse contra la barrera que Jessenia había creado, provocando que las cabezas salieran despedidas hacía atrás pero sin resultar heridas.

            La cabeza central de la bestia siguió al Cazador hasta donde se encontraba, en cuanto lo ubicó, las otras dos cabezas se percataron al instante donde se encontraba éste. Gracias a que los tres pares de ojos de cada cabeza estaban conectados, la Bruja que yacía dentro de las fauces de la cabeza central, siempre sabía lo que pasaba y, mientras ésta se encontrase dentro del hocico de una de sus serpientes, las armas del humano no alcanzarían a tocarla.

            “Adelante, Cazador, ataca cuanto quieras, no me molesta en absoluto. La piel de las serpientes ha sido endurecida gracias a mi magia, no importa cuántas cuchillas lances, tampoco importa como intentes atrapar a mi criatura. Mi bestia de tres cabezas tiene la fuerza para romper tus cadenas y la resistencia para soportar cualquier cuchilla. ¡Nada de lo que hagas tendrá resultado!”

            La Bruja confiaba en su victoria. Mientras se mantuviera dentro de las fauces de la cabeza central de la serpiente y, mientras los tres pares de ojos estuvieran conectados con los de ella, el Ser oscuro sabría siempre la localización del humano y podría atacar, así como defender al mismo tiempo. Lamentablemente, atacar el enorme cuerpo de la bestia de tres cabezas no era su plan. Joe podría hacerlo si lo deseara pero, atacar un cuerpo tan grande y resistente, solo ocasionaría un desperdició inútil de energía. ¡No! Su objetivo era otro, algo mucho más pequeño y redondo…

            Su plan de ataque ya estaba formulado, solo faltaba llevarlo a la acción cuando de pronto, una explosión de luz se llevó a cabo. Tanto Joe como la Bruja se giraron hacía la barrera que Jessenia había creado y se sorprendieron al ver como la luz se hacía cada vez más brillante. La luz resultaba ser cegadora, el Cazador se alegró que ambas chicas tuvieran los ojos cerrados, de lo contrario, aquel destello podría haberlas dejado ciegas de por vida.

            El humano se limitó a cerrar los ojos con fuerza y a cubrírselos con el brazo, la Bruja, por otro lado, no paraba de chillar de dolor conforme la luz se expandía en toda la cámara.

            “Parece que la estuvieran quemando viva…”

            Fue lo que pensó el Cazador al escuchar los gritos desgarradores de la Bruja y, la verdad, no podía sorprenderse. Pese a que Joe tenía ambos ojos cerrados, la luz que lo abrazaba se sentía cálida, como estar caminando bajo los rayos del sol en un día no tan caluroso. Resultaba ser una sensación cómoda y agradable, entendía porque la Bruja gritaba de esa forma.

            La luz solo brillo por unos meros e insignificantes segundos pero, para el Cazador, fue como si el destello llevara ya varios minutos deslumbrándolos a todos. Una vez que todo pasó y la oscuridad retomó su dominio de esa cámara subterránea, Joe volvió a abrir los ojos para encontrar el cuerpo de la bestia de tres cabezas completamente negro, como si lo hubieran quemado con una llama que ardiera con un calor espeluznante.

            Las tres cabezas yacían tendidas, inertes y negras, boca arriba. Ahí donde solían estar sus tres pares de ojos, solo había dos huecos vacíos por cabeza. Joe se acercó a la bestia y con cuidado, tocó el cuerpo muerto.

            “¡Esta frío!”

            El cuerpo de la bestia decía a gritos que fue quemado por una llama horriblemente caliente y, aun así, el cuerpo del monstruo estaba extremadamente frío y negro. Casi imposible de reconocer.

            “¿Qué demonios está sucediendo aquí? Acaso… ¿Aquella luz fue…?”

            Joe recordó la calidez que le hizo sentir aquel destello una vez que abrazo su cuerpo pero, no importaba como lo viera, era imposible que esa luz haya logrado calcinar a esa enorme bestia en tan solo unos segundos.

            El Cazador recordó que la luz se originaba de la espada que Jessenia sostenía. Corrió hacía donde estaban las dos mujeres y ambas, se encontraban aun en el suelo. La chica de largo cabello castaño claro yacía arrodillada en el suelo con su brillante espada a su lado, mientras que Megan descansaba tumbada en el suelo con su cabeza sobre los muslos de su amiga. Ambas estaban despiertas.

            El aura negra que envolvía el cuerpo de Megan se había extinguido como si nunca hubiera existido. Ambas compañeras se miraban fijamente, como tratando de comprobar si aquella era realmente la realidad y no aquel horrible y doloroso recuerdo que se repetía y repetía en la mente de Megan como si se tratara de un círculo infinito.

            Joe llegó a su lado y las dos lo miraban sorprendidas, definitivamente, Jessenia no se esperaba que alguien fuera hasta ese oscuro y frío lugar.  Antes de decir nada, el Cazador observó la espada de la joven que yacía flojamente sujetada con su mano derecha; el destello blanco que inundo toda la cámara era apenas un brillo insignificante. El enorme poder que manaba era ahora mucho más débil.

            —Jessenia…—comenzó el joven pero, ante todas las preguntas que tenía que hacerle, las mismas se arremolinaban dentro de su mente, impidiéndole formular una sola—. ¡Tu…! ¿Esa espada…? ¿Qué es lo que…?

            Jessenia comprendía que el joven tendría muchas preguntarles que hacerle, era comprensible, ella misma tenía demasiadas cosas y deseaba que alguien se las explicara pero, de momento, lo más importante era salir de ese lugar y poner a salvo a su mejor amiga. Cuando le propuso la idea al Cazador, éste acepto de buena gana. Como Jessenia se encontraba muy débil y apenas podía ponerse en pie, Joe tuvo que ayudar a Megan a levantarse.

            “Si la energía que sentí se originó a través de Jessenia, tiene sentido que este sumamente cansada. Seguramente, después de salir, ella dormirá por varias horas. La pregunta ahora es: ¿Cómo salir de este lugar?

            Antes de que se le ocurriese alguna solución y mientras cargaba a Megan, una voz siniestra y cargada de ira se escuchó.

            — ¡Es imposible…!—chilló la voz con dificultad. Los tres jóvenes se volvieron hacía el origen del sonido y el trío presencio como la enorme boca de la serpiente de la cabeza central, se abrió lentamente y debajo, una pequeña criatura arrugada, deforme y con el cuerpo sangrante de tantas heridas, salía con dificultad. La Bruja seguía viva, solo que ahora, su pequeño cuerpo se encontraba lleno de quemaduras que le sangraban y, donde debía estar su ojo derecho, solo había un agujero vacío con un hilito de sangre que salía del interior—. ¡Es imposible! ¡Yo misma cubrí el cuerpo de esa humana con la oscuridad que desprende mi cuerpo de Bruja, no hay forma de que esa chica haya logrado recuperarse! ¡Es totalmente imposible! ¡Para estos momentos, esa mujer ya debería ser una muñeca sin alma y sin voluntad! ¡Un mero cascaron vacío! ¿Cómo demonios lograste recuperarla?

            Con las piernas temblorosas y con dificultad para ponerse en pie, Jessenia lo consigue. Encorvada por el cansancio y respirando trabajosamente, la humana le respondió al Ser oscuro.

            —Te lo dije, ¿no es así? Te dije que salvaría la vida de mi amiga, costara lo que me costara.

            La Bruja apretó los pocos dientes que tenía en la boca. De las comisuras de sus labios salían dos hilitos de sangre, la mitad derecha del rostro del Ser oscuro yacía terriblemente quemado por la luz que cubrió a la cámara entera. La Bruja estaba muriendo, lo sabía, podía sentir sus energías abandonando su pequeño cuerpo terriblemente quemado y, pese a esto, el odio y la ira que sentía para con la humana, le daba nuevas fuerzas para alejar a la muerte un poco más.

            — ¡No te lo perdonare! ¡No te lo perdonare!—susurraba la Bruja para sí misma—. ¡NO TE LO PERDONARE! ¡Por tú culpa todos los planes que tenía para el futuro se han venido abajo! ¡Escúchame bien, Jessenia, si yo caigo en este combate, te juro por mi vida que no moriré en vano, haré hasta lo imposible para asegurarme que este final no sea feliz para ti! Así deba dar mi vida para lograrlo, voy a provocarte una herida tan letal que jamás sanara sin importar el tiempo que pase…

            Y cumpliendo con su palabra, el cuerpo herido de la Bruja fue rodeado por una intensa aura azul oscuro y, frente a los tres jóvenes, el Ser oscuro comenzó a multiplicarse en decenas de Brujas que poblaron la negra cámara subterránea. Al momento de verla, Jessenia se puso delante de su amiga Megan, la cual fue dejada en el suelo por Joe mientras el chico avanzaba unos pasos hacía el frente con la intención de acabar de una vez por todas con la Bruja.

            —Al igual que un virus que se resiste a desaparecer, te niegas a morir, ¿no es verdad, Bruja?

            —Me encantaría matarte a ti también, Cazador, lamentablemente, solo pude reunir energía suficiente para un último ataque, pero créeme cuando te dijo que recordaras este día por el resto de tu miserable y corta existencia.

Notas finales:

Hasta la próxima y como siempre, no olviden dejar uno o dos comentarios sobre su opinión o crítica de este capítulo. Prometo responderlas tan pronto me sea posible.

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