Fanfic Es
Fanfics en español

Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

[Comentarios - 167]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

¡Qué tal lectores! Aquí estoy de vuelta con un nuevo capítulo de ésta historia. Como siempre, lamento la tardanza, ya saben, uno tiene obligaciones y demás cosas que hacer en su vida diaria.

Como siempre les recuerdo que si notan que los capítulos se cortan repentinamente o que hay capítulos que no se puedan leer o están mal acomodados, por favor, me lo hagan saber para corregir el problema.

Gracias por seguir con la lectura y hasta el próximo capitulo. 

Cuídense y disfruten la lectura. :) :) :) 

La escena se repitió una vez más, Jessenia se encontraba parada a unos metros de Megan y de sí misma, había regresado al escondite de la Bruja y desde la distancia, la joven podía ver como una sombra salía del interior del hocico de una de esas serpientes gigantes. Jessenia le gritaba a sus compañeros que tuvieran cuidado con la sombra, que ninguna de las Brujas que veían ante ellos era real, todas eran falsas, meras imágenes diseñadas para engañar y atacar por la espalda. Pero por más que grito, ella misma, Megan o Joe, ninguno pudo escucharla, todos continuaban absortos en las palabras que la Bruja decía para ganarle tiempo a la sombra y ponerse en el lugar adecuado.

Cuando sus palabras acabaron, Joe y la Bruja empezaron a pelear y la sombra ya estaba demasiado cerca de Megan y Jessenia, fue entonces que la chica de largo cabello castaño decidió correr hacía donde estaban los tres y apartar del camino a Megan para que no recibiera el ataque, pero fue inútil. Jessenia corría y corría, gritaba y gritaba pero nadie podía escucharla y no podía acercarse, era como si el camino que la separara de Megan se fuera alargando. Finalmente, frente a ambas Jessenia, la escena final se llevó a cabo. La Bruja emergió de la sombra y apuñalo con una enorme cuchilla el pecho de su amiga, algunas gotas de sangre salpicaron a una Jessenia incrédula e impactada por lo que había ocurrido.

La primera se había quedado paralizada con los ojos bien abiertos, sin dar crédito a lo que presenciaba, mientras que la segunda que veía desde la distancia, se dejo caer sobre sus rodillas y comenzó a llorar mientras apretaba los dientes y los puños ante la impotencia de haber fallado en su cometido.

— ¡Perdóname…! ¡Perdóname… Megan!—susurraba para sí misma mientras mantenía la mirada abajo y golpeaba el suelo negro con los puños—. ¡No pude salvarte…! ¡Por favor, perdóname!

            Sorpresivamente, Megan apareció ante una Jessenia desesperada y derrotada, la chica levantó la vista y ahí, delante de sus narices, a unos cuantos metros, su amiga de cabello negro, yacía de pie con la herida sangrante en el pecho.

            — ¿Megan…?—inquirió con incredulidad.

            La camarera de cabello negro la miró con soberbia y frialdad, como si estuviera ante una criatura lamentable y asquerosa a la vez.

            — ¿Qué te perdone?—repitió con arrogancia y frialdad—. ¿En serio me estas pidiendo que te perdone? ¡Fui asesinada! ¿O es que acaso no lo viste? Y todo por tú culpa, Jessenia. Fuiste tú la responsable de mi muerte… Esa Bruja y sus monstruos me utilizaron como carnada para atraerte, ¡por ti es que perdí mi vida!—en este punto Megan comenzó a llorar, pero sin dejar su tono cargado de amargura y rencor—. ¡Dijiste que me salvarías! ¡Que no dejarías que la oscuridad me consumiera! ¡Creí que eras mi amiga…!

            — ¡Lo lamento…!

            — ¡MENTIROSA!—el grito de Megan resonó en todo el espacio negro en el cual se encontraban—. ¡Mentirosa! ¡Mentirosa! ¡Mentirosa! ¡ERES UNA SUCIA MENTIROSA! ¡Por culpa de tú debilidad perdí mi vida!—Jessenia continuaba disculpándose y llorando, Megan la escuchaba pero eso solo provocaba que su enfado aumentara, la chica de cabello negro caminó hasta llegar a Jessenia y con despreció, la joven le puso el pie sobre la cabeza y por la fuerza la obligo a que la bajara hasta que su frente chocó con fuerza contra el piso—. ¡Las asquerosas y débiles mentirosas merecen ser castigadas! ¡No te mereces el derecho a mirarme, no después de lo que me hiciste!

            — ¡Lo lamento mucho, intente salvarte pero…!

            —Pero fracasaste…—repuso con frialdad—. ¿Tú crees que sea justo? Yo morí para que tú pudieras vivir… ¿Qué piensa hacer al respecto? ¿Eh…?

            — ¿De que hablas?—repuso Jessenia sumisamente, a lo que Megan presionó con mayor fuerza la cabeza de la chica contra el duro y frío suelo totalmente negro.

            — ¡Eh…! ¿Acaso no me escuchaste? Dije, ¿Qué que piensas hacer al respecto? ¡No di mi valiosa vida para que te la pasaras lloriqueando y lamentándote como una bebe recién nacida! No aceptare que tires a la basura la oportunidad que te otorgue, ¿esta claro? ¡Responde! ¿Qué piensas hacer de ahora en adelante?

            —Yo…, yo…

            Pero antes de responder a la pregunta de Megan, unos fuertes golpes contundentes se empezaron a escuchar por todo el lugar. El ruido era ensordecedor y Jessenia era incapaz de escuchar sus propios pensamientos, luego, la imagen de Megan comenzó a volverse borrosa, los labios de la chica de cabello negro se movían, pero Jessenia no escuchaba sonido alguno proveniente de ella. Todo el espacio oscuro comenzó a derrumbarse y del otro lado, la luz empezó a manifestarse. La joven de cabello castaño abrió los ojos y lo primero que vio fue su almohada blanca, la pesadilla había concluido y alguien tocaba la puerta con insistencia.

 

 

            Jessenia se incorporó perezosamente sobre el colchón, se limpió las lagrimas y las lagañas de los ojos, la puerta continuaba siendo golpeaba con insistencia pero la joven decidió no darle mucha importancia, se levantó lentamente de la cama y con somnolencia caminó hasta la puerta. La luz que iluminaba pobremente el cuarto provenía del baño, Jessenia había olvidado apagar la luz después de salir y eso, no era lo único que había olvidado hacer.

            Debido a la fatiga del día anterior y a la prematura muerte de su mejor amiga, Megan, Jessenia se desconecto de su mente por varias horas y, debido al sueño y al cansancio que todavía padecía, la joven no reparó en la presencia de la ropa que yacía tirada con indiferencia en el suelo. Abrió la puerta y del otro lado, Joe se encontraba dándole la espalda mientras sostenía dos grandes bolsas con cada mano.  

            —Ya era hora de que abrieras la puerta, llevo un rato…—al darse la vuelta para ver a la joven, Joe se quedó callado de golpe, las dos bolsas se le cayeron de las manos y fueron a estrellarse silenciosamente contra el suelo. Los ojos del Cazador se abrieron un poco al igual que su boca, sus mejillas se tiñeron de rojo y, tras unos segundos, Joe tragó saliva, se aclaró la garganta, cerró los ojos para organizar de mejor manera sus pensamientos y cuando al fin lo logro, dijo lo siguiente—. No creí que tuvieras la costumbre de dormir de esa manera…

            Jessenia continuaba con una expresión somnolienta y con los ojos apenas abiertos, no entendió lo que Joe quiso decir, por lo que el Cazador se lo tuvo que sugerir.

            —Mira hacía abajo—fue lo que dijo. Jessenia hizo lo que se le pedía y en cuanto bajo la mirada, vio que se encontraba completamente desnuda ante un hombre y frente a un pasillo que, afortunadamente, estaba desierto. Los segundos siguientes pasaron silenciosamente, al poco tiempo, Jessenia abrió grandes los ojos, su rostro se tiño de rojo, sus labios temblaron y sin decir palabra alguna, se dio la vuelta, tomó la puerta y la cerró de golpe mientras se deslizaba al suelo cubriéndose los pechos con los brazos y cerrando las piernas una vez llegó al piso de la habitación. Su cuerpo entero temblaba de la vergüenza y su rostro estaba totalmente rojo. Desde dentro, escuchó las palabras del Cazador—. Te traje ropa, ayer por la noche fui a la Posada Aura y hable con Jaime, él me dio toda la ropa que tenías y aquí la traigo, te dejare las dos bolsas frente a la puerta, tómalas y vístete, tenemos que hablar.

            Jessenia escuchó los pasos de Joe alegándose unos cuantos metros de la habitación, en cuanto dejo de oírlos, la joven abrió tímidamente la puerta, saco un brazo y comenzó a estirarlo hasta que finalmente dio con las dos bolsas, las agarró con fuerza para luego meterlas dentro de la habitación. Se cubrió con una los pechos y con la otra la entrepierna, tomó asiento en la cama y empezó a sacar la ropa que usaría.

            Nada más sacó una prenda e inmediatamente, la imagen de Megan apareció en su mente, no la Megan con la que había soñado, sino la que había conocido en la Posada Aura días atrás, la que la llevó a conocer la ciudad de Central y la que la llevó a conocer varias tiendas de ropa. A decir verdad, toda la ropa que había en esas bolsas, desde las camisas, pantalones y ropa interior, todo, fue seleccionado por Megan. Jessenia le había dicho que le devolvería el dinero en cuanto recibiera su primera paga como camarera pero, al parecer, eso ya no sería necesario.

            Recordar a Megan hizo que Jessenia se olvidara de que Joe la había visto desnuda, la pena, la frustración y el arrepentimiento, sustituyeron a la vergüenza como sentimientos dominantes dentro de ella. Ya que el Cazador la esperaba fuera de la habitación, Jessenia tomó la ropa más sencilla que pudo encontrar, se vistió para luego salir de la habitación. Antes de salir volvió a poner la ropa de Megan dentro de las bolsas y la que había llevado en su encuentro con la Bruja, la que estaba impregnada de la sangre de su amiga, la dejo tirada con indiferencia en el suelo de la recamara.

            Una vez fuera de la habitación, la joven de largo cabello castaño encontró a Joe recargado contra la pared con los brazos cruzados, esperándola. En cuanto éste advirtió su presencia, comenzó a andar hacía el ascensor, oprimió el botón, las puertas metálicas se abrieron, ambos entraron y la maquina se puso en marcha.

            — ¿A dónde vamos?—preguntó la joven a penas se hubieran cerrado las puertas.

            —Hoy el Gremio ha decidido enterrar a Megan en el cementerio de la ciudad. El entierro se programo al atardecer de este día, luego de eso, unos hombres del Gremio te llevaran a una sala donde responderás a unas cuantas preguntas que te haremos. Si no hay ningún problema con las respuestas que des, tal vez el Gremio te deje marchar hoy mismo al anochecer.

            —Ya veo.

            Jessenia inclinó un poco la cabeza, Joe la vio desde el fondo del ascensor donde estaba recargado con los brazos cruzados.

            —Pasaste la mayor parte del día de hoy durmiendo—mencionó el Cazador— faltan pocas horas para que oscurezca. Aunque, tomando en cuanta lo que hiciste en aquel lugar, no me sorprende que estuvieras tan cansada.

            Jessenia no respondió al comentario casual del joven y pasaron el resto del camino en silencio. El ascensor se detuvo, las puertas metálicas se abrieron, los dos chicos se apearon de la máquina y caminaron rumbo al cementerio de ciudad Central. Al salir del Gremio, una brisa cálida los recibe a ambos, el viento mecía sus cabellos mientras el cielo azul se teñía de anaranjado, el sol descendía lentamente mientras algunos Cazadores y Agentes Públicos entraban libremente por donde Jessenia y Joe salieron.

            El Cazador iba al frente mientras la joven lo seguía de cerca, en realidad, Jessenia ya sabía dónde quedaba el cementerio de la ciudad, es solo que a la chica no le apetecía ir adelante y tampoco tenía deseos de caminar especialmente rápido. Jessenia creía que mientras más lento camine y mayor sea la distancia entre ella y el cementerio, de esa manera, la muerte de Megan le parecía algo falso o muy lejano, una simple pesadilla de la cual despertaría tarde o temprano. Pero no lo era. Jessenia caminaba y caminaba a unos metros de Joe, con cada paso que daba se acercaba a la triste realidad de la cual trataba de mantener la mayor distancia posible.

            Todo le parecía tan irreal e ilógico, Jessenia estaba destrozada por dentro, triste y decepcionada de sí misma por haberle fallado de esa manera a su mejor amiga y, en cambio, había un montón de niños riendo y jugando al alrededor de ella. Parejas de hombres y mujeres que caminaban tomados de la mano por el amplio parque de ciudad Central, riendo y sonriendo alegremente, como si ese mismo día fuese el mejor de toda su vida. Ellos reían, mientras que Jessenia se caía a pedazos. Y de repente, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo, negándose rotundamente a ver la felicidad de todas las demás personas, Jessenia sintió un profundo y amargo odio hacía ellos. Por unos breves momentos, la chica tuvo deseos de estrangular a cada hombre en ese parque, tomar un afilado cuchillo y degollar hasta la última mujer y quemar vivos a todos los niños. ¡Deseaba convertir esas risas, esas sonrisas y esas muecas felices, en expresiones llenas de terror, dolor y sufrimiento!

            ¿Por qué debía ser ella quien sufriera de esa manera? ¿Porque ella y no otro? ¿Que había hecho mal para merecer semejante castigo? ¿Acaso no había hecho las cosas correctamente? ¿No había ido a la zona abandona de ciudad Central para salvar la vida de Megan? ¿No se había dejado golpear en la cabeza apropósito solo para que no lastimaran a su amiga? ¿No se había dejado secuestrar? ¿Acaso no arriesgó su vida para salvar la de Megan? De ser así, ¿Por qué es ella a la que le tocaba sufrir de esa manera mientras todos los demás se reían y paseaban felices? ¡No era justo! ¡Las cosas nunca pasaban así en las novelas de héroes y caballeros que ella tanto leía en la Biblioteca de Fior! En esos libros el héroe, el caballero o aventurero, se arriesgaba para salvar a la doncella y en recompensa a sus esfuerzos, a sus nobles y puros deseos o en recompensa por haber superado muchos desafíos, él y ella terminaban juntos de una forma u otra. ¿Por qué no había pasado igual con Megan y ella? ¿Es porque Jessenia no era hombre? ¿Por qué le faltaba fuerza y habilidad? O simplemente porque tuvo mala suerte… Sea cual sea la explicación no era justo…

            Tras una larga caminata bajo los rayos del atardecer, las risas y las pláticas casuales fueron volviéndose distantes hasta desaparecer. Jessenia y Joe llegaron a la entrada del cementerio, no más entrando, las primeras de muchas lapidas les dieron la bienvenida. Los jóvenes pasaron muchas hasta que finalmente se acercaron a donde estaba reunido un grupo de algunas docenas de personas. Las caras de unos le fueron familiares a Jessenia: Jaime, el dueño de la Posada Aura; el cocinero principal y hermano mayor de Rachel, Chris; su pequeña y linda hermana menor con un semblante inescrutable; la vendedora de ropa que atendió a Megan y a Jessenia los primeros días de la llegada de ésta y algunos pocos rostros más que la joven apenas si pudo reconocer.

            De todo ese grupo de gente solo algunos cuantos lloraban frente a la tumba aún abierta de Megan; Jaime, Chris y Rachel mantenían rostros serios pero tristes; la vendedora de ropa se veía decaída, algunos jóvenes que Jessenia recordaba haber visto en la Posada Aura, yacían con las cabezas bajas y con expresiones melancólicas. Algunas chicas, jóvenes que Jessenia no conocía de nada, lloraban desconsoladas ante la tumba de Megan.

            Jessenia alzó la vista y se percató que varias personas habían asistido al funeral de su amiga, la chica comenzó a preguntarse en qué momento Megan conoció a toda esa gente, si de lo poco que la conocía, la pelinegro nunca le dio la impresión de ser alguien muy sociable, es decir, lo era, mucho más que Jessenia pero no creyó que tanto.

            Algunas personas dijeron unas palabras en memoria de la joven, otros callaron y prefirieron quedarse con sus recuerdos, otros dejaron flores blancas sobre el montón de tierra, el cuerpo ya había sido enterrado. Poco a poco, la gente fue retirándose mientras se limpiaban las lágrimas de los ojos y los mocos de la nariz, los últimos que quedaron fueron los empleados y el dueño de la Posada Aura. Los primeros en irse fueron Chris y su hermana, ambos pasaron junto a Jessenia sin decirle nada, el tercero fue un chico atractivo de cabello negro y el último fue Jaime. Antes de marcharse, el dueño de la Posada poso una mano sobre el hombro de su empleada y se lo palpo con gentileza, luego se retiró. En el cementerio solo quedaron Jessenia, Joe y dos Cazadores adultos que estaban a unos metros separados de donde se había formado el grupo.

            Jessenia se aproximó a la tumba de Megan y con esfuerzo, articulo algunas palabras.

            —Perdóname, Megan. Ojala…, ojala hubiese podido hacer algo más por ti… ¡Lamento mucho no haber podido salvarte…! ¡Lo lamento tanto…!

            Y entonces cayó de rodillas frente a la tumba de su amiga, llorando, suplicando su perdón… El sol estaba por ocultarse a lo lejos, la oscuridad se acercaba y el viento se volvía frío e intenso…

 

 

            La noche había llegado, Joe se acercó a Jessenia quien continuaba arrodillada frente a la tumba de Megan, le dijo que ya era hora de irse, a lo que la joven se levantó, se limpió las lágrimas de los ojos y asintió ante lo que el Cazador le había dicho. Jessenia fue conducida nuevamente al Gremio Eternal Soul con Joe al frente de la marcha y con dos Cazadores adultos a unos metros detrás de Jessenia. Querían asegurarse que la joven no huyera por cualquier motivo. A la pelicastaño ni siquiera se le ocurrió esa posibilidad y aunque se le hubiese ocurrido, ¿A dónde iría? No tenía ningún lugar al cual ir, Central era su hogar ahora y ya sea con o sin Megan, Jessenia debía continuar viviendo su vida. Era tal y como la Megan del sueño le había dicho de forma ruda y un poco salvaje, la pelinegro no había dado su vida para que Jessenia la desperdiciara en lamentaciones y lloriqueos infantiles.

            Una vez dentro del Gremio, Jessenia fue conducida a una habitación cerrada sin ventanas, dos Cazadores adultos estaban con ella, la invitaron a tomar asiento en una silla metálica frente a una mesa del mismo material. Las preguntas comenzaron. Los dos Cazadores se veían mayores a los treinta años, iban vistiendo un largo uniforme negro con el logotipo del Gremio y sus expresiones eran severas y estrictas, ambos hacían preguntas directas que esperan ser respondidas de la misma manera. Comenzaron con preguntas como: ¿Cuál es tú nombre? ¿Dónde trabajas? ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en la ciudad? ¿Puedes decir los nombres de las personas con las que trabajas a diario? ¿Cuántos años tienes? Luego, las preguntas directas pasaron a ser más personales. Jessenia no estaba de ánimos para mentir o alterar su realidad, por lo que les dijo a esos dos hombres absolutamente todo lo concerniente a su vida. Donde creció, el nombre de sus padres, que solía vivir en el reino de Fior, que un día, después de jugar, regresó a casa y encontró a sus padres muertos, que pasó un tiempo deambulando como vagabunda por todo Fior, alimentándose de basureros y dependiendo de la bondad de la gente con la que se cruzara y, finalmente, que cuando se había propuesto a morir en un sendero solitario, una Bruja se ofreció a concederle un deseo.

            Al mencionar la palabra Bruja y deseo, los dos Cazadores se mostraron especialmente interesados, ninguno interrumpió la historia de Jessenia, ambos querían que la chica continuara con la sinceridad y no deseaban confundirla con preguntas innecesarias. La joven les dijo que su deseó consistió en ser amada por todas las personas sin importar que y, desde ese encuentro, todas las personas que conocían a Jessenia la trataban con gran cariño y gentileza. Personas que antes la rechazaban y se distanciaban de ella por ser una niña vagabunda, sucia y con el cabello enmarañado lleno de piojos, ahora la trataban con gran respeto y admiración.

            Los dos Cazadores entendieron inmediatamente, por la forma en que Jessenia contaba las cosas, que la Bruja había utilizado una magia de control mental en el aspecto de la niña, es decir, cualquier persona que la veía a ella, veía a una niña hermosa, limpia y dulce, no la veían por lo que realmente era, sino por lo que ellos consideraban que era lo correcto y lo mejor. Con el paso del tiempo y conforme Jessenia se fue haciendo una mujer, la magia de la Bruja fue haciéndose más intensa, provocando una especie de ligera obsesión a quien quiera que la viera. Todas las personas que veían a Jessenia la deseaban como amiga, como madre, como esposa y amante. Aprovechándose de esa magia, la joven se hizo, de cierta forma, con el control del reino entero, ya que ninguna persona le negaría nada a ella.

            Los Cazadores la escuchaban atentamente, claramente interesados por su historia de vida, las interrupciones comenzaron cuando Jessenia habló sobre la aparición del misterioso sujeto vestido completamente de negro y a quien nunca le preguntó su nombre. Las preguntas iniciaron de ésta forma: ¿Cómo era él? ¿Qué clase de características únicas puedes decirnos sobre su apariencia? ¿Qué tipo de armas usaba? ¿Cuál era su estilo de lucha? Jessenia respondía a todas las que podía, finalmente, los dos hombres dejaron que prosiguiera con su historia.

            La joven habló sobre como el Segador mató con mucha facilidad a la Bruja y a sus dos esbirros, así como al pájaro gigante que invocó al final; luego sobre como la sacó del reino de Fior y la llevó a esa Montaña, después les contó sobre su corta odisea en el interior de ese oscuro lugar para finalizar con el viaje de ida a la ciudad de Central, lugar en el cual despertó horas después de la partida del Segador. Ahí concluyó su historia, todo lo demás acontecido después de despertar en la Posada Aura, el Gremio ya debería de saberlo, después de todo, Joe y Rachel fueron asignados para vigilar a Jessenia. Sus días como camarera, sus paseos por la ciudad en compañía de Megan, sus peleas callejeras con esos hombres y, al final, su encuentro con esos Metamorfos. Toda su vida, oficialmente, ya era conocida por esos dos Cazadores.

            Ambos hombres se miraron al finalizar la historia, le pidieron a Jessenia que esperara en lo que recibían nuevas ordenas. Los Cazadores se retiraron y tardaron varios minutos en regresar con su resolución final. Jessenia podía irse, oficialmente estaba libre de sospechas y podía hacer, de ahora en adelante, lo que quisiese, los Cazadores que estaban a cargo de vigilarla serían retirados para que la chica pudiese vivir en paz.

            Sin nada más que tratar con ella y una vez que sabían lo que les interesaba, Jessenia se levantó de la silla metálica y se retiró del Gremio. Al salir por las puertas de cristal, Joe la estaba esperando. La joven caminó hasta quedar frente a frente con él. Ambos permanecieron en silencio por varios segundos.

            —La muerte de Megan no fue culpa tuya—le dijo—. El único responsable por su muerte soy yo, debí haber sabido que ninguna de esas Brujas era la autentica, debí haber sido más rápido, más prudente e inteligente, pero la arrogancia me cegó, impidiéndome ver la verdad ante mis ojos, por eso te ofrezco una sincera disculpa—Joe se inclinó unos centímetros hacía delante en señal de arrepentimiento, movimiento que Jessenia ignoró olímpicamente para continuar su camino sin dirigirle palabra alguna al Cazador. Éste se limitó a verla partir sin ir tras ella.

            “¿Me ofrece una sincera disculpa?” Pensó Jessenia mientras se alejaba del Cazador. “¿Eso de que me sirve?, nada de lo que él haga le devolverá la vida a Megan…Ni él, ni nadie…”

            Sin saber a donde dirigirse, Jessenia comenzó a caminar de forma aleatoria por los caminos del parque de Central. Caminó y caminó por largo rato, tratando de pensar que hacer a continuación pero, como no se le ocurría nada, la joven tomó asiento en una de las bancas de piedra que había en las cercanías, levantó la mirada y la clavo en la deslumbrante luna llena que brillaba intensamente esa noche.

            “¿Qué se supone que haga de ahora en adelante?”

            Pero como la respuesta parecía no estar en el brillante astro del cielo, Jessenia se levantó de la banca y se encaminó al único lugar que le quedaba: la Posada Aura. Mientras se dirigía hacía su destino, la joven pensó lo siguiente: “Al final, no importa cuanta gente muera, ya sea un Cazador, una persona normal o Megan, la luna nunca dejara de brillar y las personas jamás dejaran de hacer lo que se supone que hagan. Una vez que amanezca, yo y algunos cuantos habitantes de la ciudad, seremos los únicos que recordaremos a Megan, para todos los demás, será como si ella nunca hubiese existido, será solo un día más del montón…” Jessenia se detuvo frente a la Posada y la contempló por varios segundos mientras reflexionaba sus ideas. “Éste es el lugar donde todo comenzó… ¿podré seguir trabajando pese a la ausencia de Megan? ¿Usar el mismo uniforme que ella usaba? ¿Hacer las mismas cosas que ella? Jessenia bajó la cabeza, melancólica y pensativa. “Me pregunto… ¿algún día olvidare su rostro? ¿Llegara el día en que tratare de recordarla y en lugar de su cara, solo veré una neblina borrosa? No lo sé… ¡Yo no sé nada sobre nada!”

            Y acto seguido, entró al interior del local, el único lugar al cual podía regresar. Subió al último piso, entró a su habitación y cerró la puerta detrás de sí, se dejó caer sobre la cama y se alistó para dormir, consciente de que una vez despertara, Megan ya no trabajaría con ella en la Posada Aura y cuyo único lugar donde podría verla, era dentro de sus recuerdos. A partir de mañana, la vida seguiría su curso…

 

 

            El primer día tras la muerte de Megan pasó sin novedad alguna, Jessenia se levantó temprano, antes de que el restaurante abriese, fue al Gremio a recoger la ropa que se había olvidado en una de las habitaciones y al regresar, se puso su bonito uniforme de camarera y comenzó con el trabajo. Algunas cosas habían cambiado desde ese día; Joe, el ayudante de cocinero se había marchado, como el joven era en realidad un Cazador del Gremio que seguía ordenes de vigilar a Jessenia, una vez que la chica quedó libre de sospechas, el muchacho fue libre para marcharse, tal y como lo hizo. Rachel también era miembro del Gremio, ella iba en sus ratos libres a ayudar en la Posada y también a visitar a su hermano mayor, por lo que ese día solo estaban Jaime, el dueño de la Posada, Chris, cocinero principal y hermano mayor de Rachel y un joven de cabello negro, el mismo sujeto que Jessenia vio el día anterior en el funeral de Megan.

            Resulta que su nombre era Nick y él era el ayudante de cocina original de la Posada Aura y camarero del local junto con Matt, Rachel y Megan, pero debido a la repentina llegada de Jessenia, Jaime lo suspendió temporalmente de su trabajo para dárselo a Joe y así, poder vigilar mejor a la pelicastaño, una vez retirado el Cazador, el muchacho de cabello negro recuperó su puesto en la Posada.

            Ese día no fue mucha gente al restaurante, por lo que el trabajo fue ligero en comparación con días anteriores, sin embargo, pese a la poca clientela, Jaime no paraba de observar a Jessenia con seriedad, notó que la chica estaba ausente de sí misma, es decir, ahí estaba y cumplía con sus labores, pero parecía una maquina carente de voluntad propia, realizaba sus quehaceres más porque debía y tenía que hacerlo, no porque lo deseara o lo quisiese.

            Los tratos de la chica con los clientes eran más fríos y distantes, no era grosera ni irrespetuosa, sino que parecía no interesarle nada de lo que hacía, no demostraba entusiasmo y el aura que la rodeaba era más bien melancólica y depresiva. Cuando los clientes notaban esa pésima aura que la rodeaba, algunos se retiraban del local, contagiados por los sentimientos negativos de la camarera. Jaime veía como las personas se iban por culpa de Jessenia pero decidió no hacer ni decir nada, después de todo, la muerte de Megan había ocurrido el día anterior, la herida aún estaba fresca y el dueño de la Posada entendía que esa clase de heridas requerían tiempo para sanar, algunas veces se necesitaba de mucho, mucho tiempo.

            En sus ratos libres, dentro y fuera de la Posada, Jessenia enfocaba toda su concentración en pensar y aclarar sus ideas. Algo había cambiado dentro de ella, podía sentirlo, ese día no se sentía como ella recordaba sentirse en días anteriores. Llegó a creer que era debido a la reciente muerte de su mejor amiga pero, mientras más lo pensaba, menos creíble le parecía esa solución. Efectivamente se sentía muy mal por la muerte de Megan, aun así, el cambió que ella sentía no era debido a eso, sino a otra cosa. La sola idea de continuar sirviendo mesas, limpiarlas, lavar platos, tratar con clientes, ayudar con el aseo de la Posada, tender camas y demás quehaceres, ya no le parecía, ni por asomo, interesante o divertido.  

            Jessenia recordaba que cuando comenzó a trabajar en la Posada Aura, hace apenas unos cuantos días atrás, la idea de trabajar en algo simple y ganarse así el pan de cada día, le resultaba interesante y emocionante, pero ahora, todo eso había cambiado. El antiguo plan de vida que había pensado se había esfumado, ahora le parecía un mal chiste. Tener una familia, casarse, concebir hijos y tener una vida tranquila y mundana en la ciudad de Central, le parecía ahora que lo pensaba, una idea terriblemente aburrida y cansada.

            Cuando llegó la hora de su descanso, Jessenia salió de la Posada Aura tras quitarse su uniforme de camarera y vestir prendas más comunes. Sin ser consiente de a donde se dirigía, sus piernas la condujeron inconscientemente a la entrada principal del Gremio de Cazadores. Las puertas de cristal estaban a unos metros de ella y sobre las mismas yacía el símbolo del edificio: un escudo de fondo con dos espadas que lo cruzaban formando una perfecta X y a los lados de cada espada, una letra mayúscula y dorada: “E” y “S” (Eternal Soul).

            Cazadores y Agentes Públicos salían del interior del Gremio pasando junto a una Jessenia que se había mantenido estática en mitad del camino. Algunos la ignoraban al pasar, otros le dedicaban miradas curiosas y algunos otros susurraban cosas a sus espaldas. No era secreto que Jessenia fue vista cargando un cadáver por muchos ciudadanos de la ciudad y que, en poco tiempo, la mayoría de los habitantes de Central se habían enterado de la noticia.

            Cuando se cansó de estar mirando el edificio que se levantaba imponente tratando de alcanzar el cielo, Jessenia se dio la vuelta y regreso por donde vino, ignorando olímpicamente los comentarios que algunas personas decían de ella a sus espaldas. Era en verdad muy extraño, la joven lograba escuchar esos comentarios y ninguno de ellos le afecto en lo más mínimo, cuando lo normal hubiese sido que lastimaran sus sentimientos, ahora era como si nada de lo que opinaran de ella le importase nada. Siguió adelante con la frente en alto y con la mirada puesta en el camino de adelante, sin gastar tiempo en dedicarles un poco de su atención a las personas que la rodeaban.

            El resto de ese día se la paso pensando en lo que haría de ahora en adelante con su vida. Al llegar la noche, Jessenia subió a su habitación en el tercer piso de la Posada Aura, se recostó sobre su cama y a continuación se quedó profundamente dormida. Esa noche, mientras descansaba, la joven tuvo un sueño sumamente extraño, la chica se encontraba en un lugar completamente diferente a la ciudad de Central, estaba de pie sobre una plataforma de combate y a unos metros delante de ella, un muchacho con el cuerpo tonificado y en posición de pelea, la miraba con intensidad. Al igual que el chico, Jessenia también estaba en posición de ataque y en cuanto se escuchó un contundente sonido, la pelea había iniciado.

            Ambos contrincantes corrieron a su encuentro e inmediatamente intercambiaron una rápida y feroz secuencia de ataques; patadas y puñetazos, llaves de lucha, derribos y evasiones de técnicas. La lucha era intensa, rápida y salvaje, pues los golpes de los dos contrincantes iban directo a puntos vitales del cuerpo, como lo eran el cuello, en mitad del pecho, bajo la barbilla y en el centro del rostro; afortunadamente, ambos peleadores eran rápidos y hábiles, esquivaban y bloqueaban los violentos ataques que, de haber golpeado el cuerpo, la persona que los hubiese recibido, seguramente se encontraría en estado critico. La lucha continuó y continuó, hasta que ambos oponentes estaban completamente empapados en sudor y con todos los músculos del cuerpo lastimados y adoloridos.

            El sueño no concluyo con la pelea cuerpo a cuerpo, inmediatamente, una batalla con armas blancas se dio a cabo entre otros dos contrincantes, un joven y una joven, ambos, evidentemente expertos en el manejo de su respectiva arma, ya que las blandían como verdaderos maestros y en cuanto la lucha comenzó, ninguno de los dos dio señales de rendirse ante el otro y, al igual que con la pelea cuerpo a cuerpo, parecía que los dos oponentes quisieran matarse, pues se atacaban sin una pizca de misericordia. Esa batalla concluyó con uno de los guerreros poniendo hábilmente su afilada cuchilla en el cuello de su adversario, no lo mato, pero la pelea había concluido. Solo hacía falta un solo movimiento para que su enemigo terminara en el suelo con el cuello rajado y con litros y litros de sangre ensuciando el cuadrilátero.

           

 

Mientras Jessenia soñaba con personas luchando salvajemente, fuera de la Posada Aura, algunos Cazadores del Gremio se ponían en marcha. La joven les había revelado que el Segador, la persona que la llevó a ciudad Central, se encontraba en la Montaña que anteriormente habían visitado, esas fueron las palabras de la Bruja. Uno de sus esbirros había visto al Segador irse de la Montaña con Jessenia en brazos para después regresar completamente solo y, si las palabras del Ser oscuro fueron ciertas, aun debía encontrase en el interior de ese lugar y eso era lo que los Cazadores iban a registrar. 

            Un grupo de diez Cazadores se alistaron para salir esa misma noche de ciudad Central, entre los cuales se encontraban Rachel, la hermana menor de Chris, Joe, el antiguo ayudante de cocina y dos Cazadores adultos que parecían tener más de treinta años de edad, los otros seis eran jóvenes entre sus veintes y treintas. Los diez salieron corriendo a gran velocidad rumbo a la Montaña donde supuestamente, el Segador se encontraba. Sin embargo, cuando ya estaban a punto de llegar, Rachel les indica que se detengan.

            — ¿Qué sucede?—preguntó uno de los Cazadores adultos—. ¿Por qué nos detienes?

            Rachel miraba directamente al frente con los ojos bien abiertos, como no dando crédito a la poderosa y siniestra presencia que sentía más adelante. Era mucho más fuerte, intensa y oscura que la que sintió en la zona abandonada de ciudad Central.

            —Puedo sentirla… Una poderosa presencia oscura como la que nunca antes había sentido…

— ¿De que estas hablando? ¡Aun nos falta un poco para llegar! Ni siquiera hemos visto la punta de la montaña. ¿Estas diciendo que la presencia oscura de lo que sea que este ahí dentro están fuerte que llega hasta éste lugar?

            A lo que Rachel asintió con la cabeza. Los otros Cazadores se vieron preocupados ante las palabras de la pequeña y linda chica de largas coletas doradas. Todos sabían que Rachel no era la mejor luchadora pero, en cuanto a sentir presencias se refería, ella estaba entre las mejores, por lo que si ella decía que sentía una poderosa presencia desde tan lejos es porque el enemigo o la criatura que los esperaba más adelante, era en verdad un monstruo espeluznante. Los dos Cazadores adultos decidieron ir con mayor precaución.

            Al seguir adelante, los diez Cazadores se encontraron con un espectáculo que no creyeron ver en sus vidas. ¡La montaña entera estaba cubierta por una densa aura oscura! La pequeña comitiva se quedó donde estaba contemplando con incredulidad lo que pasaba ante sus ojos.

            —Pero… ¿Qué demonios esta ocurriendo aquí?—preguntó uno de ellos.

            — ¿Qué clase de criatura oscura tiene el poder de cubrir una montaña entera con esa clase de aura?—inquirió otro.

            — ¿Es verdad que el responsable de esa aura entro a nuestra ciudad?—indagó uno de los diez Cazadores—. ¡Es imposible! De ser verdad, hubiésemos sentido su presencia al acercarse, no tiene sentido.

            Los dos Cazadores adultos comenzaron a sudar al ver y al sentir la enorme presencia oscura que rodeaba la montaña. Sea lo que sea que estuviera ahí dentro, era sumamente peligro, ninguno de los dos se sentía en condiciones para enfrentarse a semejante enemigo.

            —Rachel ¿Qué pasaría si cualquiera de nosotros entrara al interior de esa montaña?—preguntó uno de los Cazadores adultos.

            La pequeña y linda joven le devolvió una mirada incrédula, como no creyendo que ese Cazador veterano no conociera la respuesta a su pregunta.

            —Si cualquiera de nosotros atraviesa esa Aura, lo que sea que este ahí dentro se dará cuenta al instante de que hemos entrado y no tardara en encontrarnos, sin mencionar que una vez dentro de la montaña, ninguno de nosotros podrá luchar apropiadamente debido al poder tan grande de esa presencia.

            Los dos veteranos se miraron preocupados. Tras escuchar la historia de Jessenia, ambos Cazadores se dispusieron a investigar la montaña donde supuestamente se encontraba el Segador, sin embargo, ninguno de los dos se esperaba encontrar con un poder semejante. Aunque se trataran de diez Cazadores, si cualquiera de ellos o todos juntos luchaban con lo que sea que produjera ese poder oscuro, sin lugar a dudas, perderían.

            —Muy bien, escúchenme—dijo uno de los adultos—. Por el momento observaremos desde una distancia segura la montaña. Todos tienen prohibido acercarse demasiado o entrar a su interior. Si cualquiera de ustedes comienza a sentir algo extraño dentro de ese lugar, repórtenlo enseguida. Dos de nosotros se quedaran para vigilar el lugar, los demás regresaremos a la ciudad y esperaremos instrucciones del Maestro del Gremio. Si lo que sea que este ahí dentro comienza a moverse, no lo enfrenten solos. No es necesario que se los diga, pues igual ya lo habrán descubierto, pero nosotros diez no somos rivales para lo que sea que este ahí dentro, por lo que no vale la pena arriesgar inútilmente nuestras vidas.

            Una vez dicho lo anterior, uno de los veteranos asigno a dos Cazadores jóvenes, ambos muchachos, a que permanecieran vigilando la montaña un par de días, el segundo adulto les aviso que mañana por la mañana vendrían otros Cazadores a dejarles alimentos y bebidas para su trabajo. Luego, después de despedirse, los ocho Cazadores regresaron por donde vinieron. El resto de la noche pasó tranquilamente.

 

 

            Al segundo día tras la muerte de Megan, Jessenia se levantó a penas recordando el extraño sueño que había tenido. Se puso frente al espejo de su habitación y se echó una buena mirada, tras observarse a sí misma por unos segundos, la joven no fue capaz de percibir el más mínimo cambio en ella. Casi todo seguía igual, salvo por los sentimientos que había despertado hacía su trabajo, la idea de ponerse ese tonto vestido y atender clientes ya no le parecía en absoluto divertido o interesante, una gran parte de ella deseaba hacer otra cosa, algo mucho más emocionante, dinámico y excitante.

            Se vistió, como ya era su costumbre, con el mismo uniforme de camarera, amarró su largo cabello castaño en una larga coleta que le llegaba hasta la espalda media, dejo que dos mechones de pelo le cayeran libremente a los lados del rostro mientras se arreglaba un flequillo lacio que simulaba picos apuntando hacia abajo. Una vez que terminó de arreglarse se contempló en el espejo y lo que vio no le hizo sentir nada en realidad. Era muy extraño, días atrás se sentía avergonzaba de usar ese atuendo: una falda que le llegaba hasta las rodillas con unas largas medias blancas que cubrían la totalidad de sus piernas, se veía y no sentía más que pura indiferencia para su aspecto. Salió de su recamara y se encaminó al restaurante que quedaba en la planta baja.

            Con una fría expresión indiferente y mientras se sumergía en sus propios pensamientos, Jessenia realizaba las tareas correspondientes a su trabajo, limpiaba los pisos del restaurante, barría la entrada, acomodaba sillas y mesas, las limpiaba, sacaba la basura y ayudaba en lo que hacía falta en la cocina. Cuando en las mañanas no había muchos clientes, Jessenia subía a los pisos superiores y arreglaba las habitaciones de los huéspedes que salían temprano por sus propias razones personales. Jaime notó un incremento en la habilidad de su única empleada femenina, realizaba sus quehaceres de una forma rápida, ordenada y silenciosa. De no ser por su aparente estado de mutismo permanente, Jessenia sería la empleada perfecta.

            Contrarió a otros lugares de la ciudad que Jaime conocía, su restaurante era familiar, a menudo iban padres de familia con sus hijos a comer, parejas u hombres solteros; básicamente, personas sencillas, normales y que buscaban un servicio alegre y dinámico, por lo que las expresiones frías e insensibles de Jessenia, contrastando con su mejoría en el trabajo físico, dejaba mucho que desear, ya que dejando de lado la limpieza y la organización de la Posada, Jaime le ponía mayor atención a la atención a los clientes y en ese aspecto, Jessenia no resaltaba para nada.

            El resto de ese segundo día, su empleada femenina continuó con su apariencia de mujer ausente de sí misma, Jessenia continuaba ensimismada en sus reflexiones personales. No quería adelantar las cosas, Jaime quería llevar las cosas con calma pero, al notar que Jessenia no reaccionaba como él esperaba que reaccionara, decidió tener una charla con ella al finalizar el día.

            Esa misma noche, a una hora de que el restaurante cerrara, los clientes habituales del local ya se habían ido horas atrás. Un hombre maduro, como de unos cuarenta y tantos años de edad, entró, tomó asiento en la barra y pidió una botella de licor. Como faltaba una hora para que el bar abriera, Jaime se sintió tentado a rechazarlo y pedirle a ese hombre que regresara un poco más tarde pero, al ver que todos los clientes normales ya se habían retirado y como parecía que nadie llegaría a últimas horas, el dueño de la Posada Aura hizo una excepción. Le sirvió a ese hombre varios tragos de licor mientras Jaime escuchaba sus preocupaciones y problemas con la vida. 

            Después de varios tragos que hicieron que ese hombre se pusiera rojo de la cara y que despertara un molesto hipo, Jaime le recomendó que era mejor que se fuera a casa, él hombre decidió acceder solo porque ya estaba muy cansado y en cuanto se levantó para ir a la salida, Jessenia apareció caminando rumbo a la cocina de la Posada. El hombre miró el trasero grande de la camarera y con una sonrisa morbosa en el rostro, se encaminó hacia ella. Jessenia continuaba ensimismada dentro de sí misma, sin embargo, en el momento en que el hombre estiro su enorme mano para apretar el trasero de la chica, la joven soltó lo que llevaba a la cocina, agarró con fuerza el brazo de ese sujeto y se lo torció de manera que pudo habérselo roto.

            Jessenia había dejado caer unos platos que se hicieron añicos al tocar el suelo, el ruido atrajo la atención de los hombres que seguían trabajando en la Posada y en cuanto salieron de donde estaban, vieron como su empleada femenina sometía a ese hombre mientras éste no paraba de chillar de dolor y gritaba una y otra vez: “¡Mi brazo…!” “¡Me romperás el brazo…!”

            Jaime se apresuró a separarlos, en cuanto llegó a donde estaban los dos, notó como Jessenia mantenía una mueca llena de satisfacción con los labios; ¡lo estaba disfrutando! Disfrutaba lastimar a ese hombre…

            — ¡Ya basta, Jessenia, le romperás el brazo…! 

            Al escuchar las palabras de Jaime, la camarera reaccionó y soltó al hombre que se sujetaba el brazo con expresión adolorida mientras se arrastraba hacía atrás, tratando de mantener la mayor distancia posible con Jessenia.

            La camarera veía a Jaime con una expresión sincera de asombro, como sin darse cuenta de lo que había hecho.

            —Yo… ¿Qué estaba haciendo…?—inquirió la joven.

            — ¿Qué que estabas haciendo?—repitió Jaime, molesto—. ¡Por poco le rompes el brazo a ese hombre!

            Jessenia miró a donde Jaime señalaba y ahí, a unos metros, tirado en el piso sujetándose el brazo derecho, un hombre con la cara roja y empapada en sudor, la veía con una expresión de terror en el rostro.

            La camarera no entendía de lo que Jaime estaba hablando, no recordaba haber lastimado a ese hombre, ¡Vaya!, ni siquiera había reparado en su presencia. Todo el tiempo se la pasó trabajando como una maquina que no le pone atención a su entorno; todo lo que veía, escuchaba y sentía, no alcanzaba a llegar profundo dentro de su ser, trabajaba sin ser consiente de que trabajaba.

            —Yo, lamento si lo lastime señor…—Jessenia se aproximó al hombre tratando de disculparse, lamentablemente, el tipo no reacciono como Jaime o la camarera hubiesen deseado.

            — ¡No te me acerques!—gritó espantado.

            Y entonces el hombre se levantó rápidamente y se fue corriendo del local, dejando atrás a Jessenia y a Jaime, quienes no paraban de mirar la puerta de acceso al restaurante.

            —No hace falta que te lo diga—comentó Jaime— pero cuando haces algo como eso, le das mala fama a mi restaurante. Ninguna persona querría ir a un lugar donde los empleados le rompen los brazos a sus clientes.

            —Lo lamento, no recuerdo haber lastimado a ese hombre, ¡ni siquiera me había dado cuenta que estaba ahí!, desde que desperté ésta mañana, tengo la sensación de que me la he pasado en un lugar oscuro. Caminando de un lugar a otro pero sin saber que es lo que hacía, es un sentimiento muy extraño de describir…

            A lo que Jaime suspiró y decidió tener una pequeña charla con su empleada. El dueño de la Posada Aura miró a sus otros dos empleados masculinos, Chris entendió el mensaje, el hermano mayor de Rachel llevó al otro empleado, Nick, de vuelta a la cocina con el pretexto de que lo ayudara con algo. Una vez que se fueron, Jaime comenzó a charlar con Jessenia.

            —Escucha, Jessenia, no eres la única que ha pasado y esta pasando, por un mal momento. Todos aquí queríamos a Megan, ella era como un miembro de nuestra pequeña familia y te puedo asegurar, que tú no eres la única en ésta ciudad, que ha pasado por momentos malos. He sido paciente contigo por que la muerte de Megan fue reciente pero debes entender que éste es un restaurante familiar, la gente viene con sus hijos o sus parejas a pasar un momento agradable y lo último que quieren es ser atendidos por una empleada que más que un ser humano, parece una muñeca carente de voluntad propia. Todos aquí queríamos a Megan y créenos, nos duele su muerte, pero la vida, con o sin ella, continua y no tenemos más alternativa que seguir viviendo con el dolor que nos produjo su muerte. ¿Entiendes lo que digo?

            A lo que Jessenia asintió con la cabeza y añadió:

            —Lo sé. Entiendo todo lo que me estas diciendo pero… ¿Cómo lo hago? Trabajar en el mismo lugar donde la conocí, usar el mismo uniforme y hacer las mismas cosas que ella hizo, ¡todo en éste lugar me la recuerda! Y también me recuerda mi fracaso a la hora de protegerla… Dímelo, Jaime, ¿Cómo puedo seguir adelante con mi vida sabiendo que ella murió por mí?

            A lo que el dueño de la Posada Aura bajo la mirada mientras mantenía los ojos cerrados y los brazos cruzados.

            —Lo lamento, pero eso es algo que debes descubrir por ti misma, cualquier cosa que yo te diga o sugiera, no serviría si no piensas por tú propia cuenta. Sin embargo, si ya no estas cómoda trabajando en éste lugar, te recomiendo que pienses en lo que quieres hacer de ahora en adelante. Una empleada que no siente ningún interés por su trabajo y que además lastima a mis clientes de esa forma, es más un estorbo que una ayuda.

            Dicho lo anterior, Jaime se retiró hacía la cocina, dejando a una Jessenia pensativa detrás.

            — ¿No crees que fuiste demasiado duro con ella?—le dijo Chris en la cocina—. Si Megan estuviera aquí te diría lo que siempre te dice: “te falta delicadeza.”

            A lo que el dueño de la Posada respondió:

            —Algunas cosas son mejores decirlas directamente.

            Algunas horas más tarde, después de que el restaurante y el bar nocturno cerraran, Jessenia veía la noche desde la ventana de su habitación, pensando en cual sería su siguiente movimiento. A la distancia, la torre del Gremio se levantaba alta e imponente. 

Notas finales:

Gracias por leer y como siempre, si les gustó el capítulo, por favor, déjenme un comentario con sus opiniones o críticas constructivas. 

Hasta pronto, cuídense :) :) :)

 

Usted debe login (registrarse) para comentar.