Fanfic Es
Fanfics en español

Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

[Comentarios - 165]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

¡Hola! 


 


¿Cómo están lectores? ¡Aquí está el siguiente capítulo de esta historia! 


 Como de costumbre les dijo que ojala disfruten la lectura y que ya saben, si el capítulo se corta dejare la continuación del mismo en las NOTAS FINALES. 


 


Sin más por el momento, iniciemos con la lectura: NO OLVIDEN DEJAR COMENTARIOS CON LO QUE SEA QUE LES HAYA PARECIDO EL CAPITULO ;) ;) ;) 

Toda la batalla resultó ser sumamente extraña para Jessenia, la chica estaba ahí, en el campo de batalla, luchando contra esas bestias y, aun así, era como si otra persona estuviera peleando por ella. La joven pudo ver todo el enfrentamiento pero desde una perspectiva diferente, como si usara una gruesa mascara y viera la batalla a través de los orificios de la misma, solo que a cierta distancia, como si estuviera a dos o tres metros de su cuerpo. Y eso no era todo, pese a que su cuerpo se movía con rapidez para esquivar y atacar a los enemigos, Jessenia no podía sentir los movimientos, era como ver a otra persona manejando su cuerpo mientras ella se quedaba apartada, relegada a cierta distancia del combate. Condenada a ver y a escuchar, pero no a sentir ni a participar.

 

            Desde la distancia, como si fuera un espectador que viera el combate en primera persona, observó como el Sátiro tomó su lanza, la desenterró del suelo, la hizo girar rápidamente por encima de su cabeza y luego la bajo para apuntarle con una de las gruesas cuchillas a su oponente. Jessenia apretó con fuerza el mango de su espada, colocó el arma al frente de su cuerpo, lista y preparada para repeler, bloquear, contraatacar o esquivar el movimiento del Sátiro. Ninguno se movió. Ambos adversarios se quedaron plantados donde mismo observándose, analizándose y esperando por el movimiento del otro, el Sátiro con su lanza de doble cuchilla al frente de su cuerpo y Jessenia con su delgada espada delante de sí…

 

            Lo que dio inicio con el combate fue una sonrisa arrogante que Jessenia dibujo en sus labios, la chica avanzó velozmente al encuentro con la bestia con su espada lista para atacar, el Sátiro bloqueó el tajo de la chica usando el largo de su lanza y luego la repelió de la misma manera. La bestia se lanzó contra su enemiga utilizando las dos cuchillas que su arma poseía en cada extremo, manejando su herramienta de manera prodigiosa y manteniendo a Jessenia a la defensiva; la humana retrocedía mientras bloqueaba todos los tajos que el Sátiro le lanzaba de manera brutal y salvaje. Un solo error al momento de esquivare los ataques y con toda seguridad uno de sus brazos o piernas, ya habría salido volando con absurda facilidad. Aquellas cuchillas estaban tan filosas como el hacha doble del Minotauro y la joven no deseaba probar ese filo tal y como lo había hecho el Centauro, el cual continuaba despedazado sobre un charco de su propia sangre.

 

            Ambos enemigos dejaron de moverse y comenzaron a lanzarse ataques feroces con sus respectivas cuchillas, Jessenia esquivaba por pocos centímetros cada una de los estocadas del Sátiro, mientras que la bestia hacía exactamente lo mismo; pese a que su cuerpo era más grande y alto que el de la humana, su agilidad y flexibilidad a la hora de moverse era asombrosa. Con toda seguridad esa criatura era tres veces más fuerte que las otras dos bestias que ya había derrotado.

 

            Los adversarios estaban a poquísimos metros el uno del otro, ninguno retrocedía, ya sea por arrogancia o por orgullo, las cuchillas de ambas armas pasaban a pocos centímetros de la carne de cada uno de los combatientes. Las cuchillas del Sátiro casi rozaban la cara, el cuello, los brazos, el abdomen y las piernas de Jessenia y, para que la humana esquivara esos ataques necesitaba agacharse, levantar las piernas y mover los brazos al igual que la cabeza en el momento justo. La criatura reaccionaba de la misma forma, pues la espada de la joven rozaba por pocos centímetros el cuello del Sátiro, su abdomen y sus largas patas de chivo.

 

            En lo alto del mirador, los Entrenadores seguían cada uno de los veloces movimientos de ambos contrincantes, asombrados que ninguno de los dos haya retrocedido para ganar espacio. El sonido de las armas cuando chocaban era ensordecedor y se repetía constantemente a una velocidad alarmante. Ambos oponentes no eran solamente rápidos y fuertes, también poseían una velocidad de reacción que los volvía enemigos de cuidado. Ninguno cedía terreno al otro. No querían hacerse retroceder.

 

            Finalmente, luego de muchos intercambios de golpes, ambos oponentes impactaron sus respectivas armas y luego los dos dieron un salto de varios metros hacia atrás, poniendo una clara distancia entre ambos.

 

            Jessenia comenzó a reírse con tranquilidad, conteniendo las carcajadas.

 

            — ¡Eres más divertido que las otras dos bestias! —Le dijo, señalándolo con su Arma Espiritual —. ¡Vamos! Continuemos con este juego hasta que uno de los dos muera…

 

            El Sátiro giró nuevamente su lanza, en esta ocasión a los lados de su cuerpo y luego por encima de su cabeza para terminar poniéndola al frente de su cuerpo, acto seguido, la bestia se lanzó a toda velocidad contra la humana, la cual evadió con una sonrisa de satisfacción en el rostro, el ataque de la bestia. Se inclinaba para atrás, agachaba la cabeza, bloqueaba con la espada y retrocedía mientras mantenía esa mueca arrogante en su rostro.

 

            La humana contraatacó lanzando tajos con la punta de su espada y luego la giraba para golpear con todo el cuerpo de su arma, cada movimiento que la chica usaba era bloqueado por la lanza de su enemigo o esquivado con una impresionante flexibilidad que nadie creería posible en una bestia de ese tamaño. El Sátiro volvió a hacer girar su lanza por todas partes de su cuerpo y mientras lo hacía, atacaba a Jessenia. La humana veía con los ojos bien abiertos de emoción como el Sátiro giraba su lanza por encima de su cabeza y a los lados de su cuerpo y aun así, lograba atacar con su arma.

 

            —Esta tratando de confundirla —sentenció uno de los Entrenadores—. Gira de esa manera su arma para que la chica tenga dificultades de prever de donde vendrá el siguiente ataque. Una buena estrategia que sin duda acabaría con la mayoría, pero para un Cazador entrenado en sentir presencias, esos movimientos no representaban ninguna amenaza.

 

            —Estoy de acuerdo— opinó Maxwell mientras veía con ojos serios el combate de Jessenia contra el Sátiro —. Si esa bestia solo tratara de confundirla con esos rápidos y confusos movimientos de su lanza, Jessenia podría pasarse todo el día esquivándolos o bloqueándolos sin problemas…

 

            —El verdadero problema —continuó Scar, quien miraba el combate con su usual expresión severa y con los brazos cruzados al nivel del pecho — es que Jessenia se esta emocionando demasiado y toda su concentración esta puesta en el Sátiro y la criatura lo sabe…

 

            —… sabe que ese movimiento no le servirá para nada —continuó otro de los Entrenadores — pero igual lo utiliza porque quiere que la atención de Jessenia este completamente centrada en él y en su lanza, de esa manera no verá lo que le espera unos cuantos metros detrás…

 

            —… quiere replicar la estrategia que la chica uso contra el Centauro —finalizo el Maestro del Gremio —. Veamos como supera esta dificultad.

 

            —Los Cazadores no solo deben prestar atención a su objetivo, sino también al lugar que los rodea —explicó Maxwell cerrando los ojos — no hacerlo es un error mortal.

 

            La pelea continuaba con ferocidad, el Sátiro continuaba haciendo girar rápidamente su lanza de doble cuchilla por todos los lados de su cuerpo mientras hacía retroceder a Jessenia, aunque ésta no se veía preocupada en lo más mínimo, sino entretenida, divertida, como si estuviera viendo un espectáculo muy divertido y no quisiera perderse de nada.

 

            —Esos movimientos que haces con la lanza son bastante buenos, pero si crees que me golpearas estas muy…

 

            Jessenia cayó abruptamente cuando su pie piso algo suave y resbaladizo, sintió como su pie derecho se deslizó rápidamente varios centímetros hacía delante y sin perder un solo segundo, el Sátiro golpeó el abdomen de la humana con el largo cuerpo de su lanza, provocando que la chica perdiera el equilibrio y cayera sobre el charco de sangre repletó de los miembros mutilados del Centauro. En tan solo una fracción de segundo, mientras Jessenia caía sobre la sangre, entendió cual había sido su error. La joven se concentró tanto en esquivar y bloquear los movimientos rápidos y confusos del Sátiro que no advirtió que ambos se acercaban al gran charco de sangre repleto con los órganos desparramados del Centauro. Jessenia piso uno de esos órganos, provocando que éste reventara bajo la fuerza de su pisada y liberara más sangre, lo que ocasiono que la joven perdiera, aunque fuera por tan solo unos segundos, el equilibrio, segundos que el Sátiro no desaprovecho, la golpeó en el abdomen con el cuerpo de su lanza y terminó por tirarla sobre el charco de sangre fresca. 

 

            “¡Maldita sea, como pisar la cáscara de un plátano!”  Maldijo mentalmente.

 

            Jessenia intentó ponerse de pie tan pronto cayó sobre el charco de sangre, no obstante, el Sátiro puso una de sus pesuñas sobre el abdomen de la joven y presionó hacía abajo, provocando que la humana se quedara tendida sobre la calida sangre fresca. Los órganos desparramados yacían inmóviles a su izquierda y a su derecha y el Sátiro, mirándola con esa enorme cabeza de cabra, estaba listo para asestarle el golpe de gracia, tomó su lanza de doble cuchilla, la hizo girar por encima de su cabeza y luego la apuntó hacia el cuello de la chica, acto seguido, atacó con toda su fuerza.

 

            De haberse tratado de cualquier otra persona, probablemente ese habría sido su fin, pero no para Jessenia, la cual tomó su espada y bloqueó la cuchilla antes de que se impactara contra su cuello desnudo, a continuación y mientras aun la sometía en el suelo sobre el charco de sangre, el Sátiro lanzó ataque tras ataque sin cansancio. Los Entrenadores veían nerviosos el desenlace que estaba tomando aquel enfrentamiento: Jessenia tendida boca arriba sobre un charco de sangre, con órganos y miembros mutilados de Centauro rodeándola, con una fuerte pezuña presionando su abdomen, impidiéndole levantarse y con una enorme bestia lanzando cuchillazos a diestra y siniestra. Para cualquier observador, por tonto que fuese, sabría que en esos momentos el Sátiro tenía arrinconada a la humana y que ésta, si no hacía algo pronto, terminaría con el cuerpo perforado o peor, quedaría exactamente igual que el Centauro, con todo su cuerpo desmembrado en docenas y docenas de partes.

 

            “¡Maldición…!” Pensó la humana mientras bloqueaba los cuchillazos del Sátiro con su espada. Ya que la bestia aún tenía su pesuña sobre su abdomen, Jessenia no podía levantarse, tampoco podía reunir la energía necesaria para tumbar o empujar a la criatura sin descuidar, por un solo segundo, su defensa. En esos momentos el Sátiro estaba aprovechando al máximo su oportunidad de ganar y no la desperdiciaría por nada del mundo, atacaba con rapidez y ferocidad. El combate se había vuelto una lucha de resistencia, ¿Cuál de los dos terminaría por cansarse primero? La bestia se agotaría de atacar o la humana de defender. Los Entrenadores en la cima se hacían la misma pregunta, esperando por el resultado final. “¡No puedo creer que esta cochina y hedionda bestia haya usado la misma estrategia que yo use contra ese maldito caballo!: hizo que me concentrara en sus ataques y en él para que no advirtiera que nos aproximábamos al charco de sangre repleto de órganos… Mierda. No prestar atención al campo de batalla terminó por joderme mucho… Ahora, ¿qué debo hacer?”

 

            Por encima de ella, el Sátiro tomó con ambas manos su larga lanza de doble cuchilla y la bajó con fuerza sobre la humana, ésta resistió los constantes y rápidos ataques usando su propia Arma Espiritual. De haberlo querido, Jessenia habría podido quedarse en esa posición por varios minutos más y esperar a que la bestia se cansara, pero ella jamás usaría una táctica de combate tan cobarde y lamentable como esa: esperar a que el oponente se agotara para acabarlo. Pero también era cierto que no podía seguir tirada en el suelo, con la pesuña de esa criatura sobre su abdomen, presionando con fuerza para mantenerla controlada dentro de ese charco de sangre fresca. Y, al mismo tiempo, Jessenia sabía que no podía hacer un movimiento erróneo, el Sátiro atacaba de manera constante y rápida, por lo que cualquier movimiento mal planeado terminaría en su inevitable derrota.

 

            “Así que por esto no atacaste en todo el rato que estuve peleando contra esas dos bestias…, me observabas, analizabas mi fuerza, mi habilidad y mi velocidad y, aunque no lo pareciera, planeaste esta estrategia luego de verme usarla con ese asqueroso caballo mutante. ¡Joder! Es cierto, ni por un segundo llegue a creer que una hedionda y mugrosa bestia sería capaz de planificar un plan como este…”

 

            Jessenia cerró el puño libre que tenía por la frustración que le provocaba haber caído en la trampa de una asquerosa bestia como aquella y, al momento de hacerlo, la humana sintió la sangre aun tibia del Centauro. Abrió grandes los ojos al ocurrírsele una idea para escapar de esa embarazosa situación pero, luego de un par de segundos, Jessenia descartó la idea al considerarla una táctica cobarde y débil para superar aquel predicamento.

 

            “¿En qué estoy pensando…? ¿Agarrar un puñado de sangre de ese caballo mutante, esperar por una apertura en sus ataques y luego arrogar ese líquido rojo a los ojos de la bestia con la esperanza de cegarlo el tiempo suficiente para liberarme de este embrollo…? ¡ES UNA IDIOTES! ¡Jamás usare un plan tan cobarde como ese…! ¡Si es esa mi única oportunidad de escapar sin una sola herida de este problema, entonces preferiría morir aquí mismo…!” Jessenia se tranquilizó y cuando al fin lo hizo, cuando al fin olvido la vergüenza que sentía por haber caído en una trampa tan estúpida como esa, la chica vio la luz al final del túnel. La humana comenzó a reír, primero tranquila y silenciosamente pero, poco a poco, la risa se fue convirtiendo en una estruendosa carcajada que resonó por toda la vasta habitación. 

 

            — ¡JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA, JA!

 

            Jessenia volvió a guardar silencio. La chica esbozó una enorme sonrisa arrogante, repleta hasta los bordes de satisfacción personal, por unos segundos parecía que la humana no estaba tirada sobre un charco de sangre y, que en esos precisos instantes, mientras reía y mientras callaba, una bestia no trataba de matarla con una enorme lanza con gruesas cuchillas en cada extremo. En lo alto del mirador, los Entrenadores se preguntaban cuál era el problema de aquella joven mujer, ¿por qué se reía en una situación tan precaria como en la que se encontraba? Más de uno llegó a la conclusión de que Jessenia estaba completamente loca, nadie en sus cinco sentidos se reiría de esa forma y menos bajo las condiciones en que la chica se encontraba.

 

            “No puedo creer lo estúpida que soy…” Pensó, terminando de reír. “La solución a esta vergonzosa situación estuvo siempre dentro de mí, pero la vergüenza y la frustración que sentí por haber caído en esta trampa me frustro tanto que no fui capaz de ver la salida del túnel pese a tenerla frente a mis narices. ¡Me hace enojar tanto…, mi propia idiotez!”

 

            Fue entonces que Jessenia se recuperó y de una forma que nadie había contemplado en un inicio. La humana detuvo la lanza del Sátiro al sujetar la cuchilla con la mano izquierda que no estaba utilizando, la apretó con tal fuerza que la cuchilla terminó por llenarse de grietas y, con una última sonrisa y apretando con más fuerza, uno de los extremos de la lanza del Sátiro acabó por ser destruida por una mano humana. Inmediatamente de terminar con ese obstáculo, Jessenia agarró con la misma fuerza la pata izquierda del Sátiro que la mantenía contra el suelo, lo hizo caer y después de que la chica se levantó, chorreando los libros de sangre que se le habían acumulado, pasó a azotar al Sátiro una y otra vez contra el suelo.

 

            Primero lo levantó en el aire con facilidad y sin soltarlo, Jessenia lo azotó contra el suelo, luego lo volvió a levantar de la misma manera y volvió a azotarlo pero del lado contrario; volvió a levantarlo y nuevamente lo azotó del lado derecho, repitió el acto y lo azotó contra el suelo del lado izquierdo, lo hizo otra vez y otra vez y otra vez. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha… Finalmente, las dos partes de tierra que habían recibido los constantes azotes de la criatura terminaron agrietados.

 

            —Fue divertido —dijo Jessenia, caminando por la arena de combate mientras arrastraba al Sátiro por el suelo. En algún punto de los constantes azotes, la bestia había soltado su lanza y ésta fue aparar al otro extremo de la habitación — pero no me gusto ni un poco caer en esa estúpida trampa, por lo que…

 

            Jessenia, quien arrastraba al Sátiro por el suelo mientras lo sujetaba de la pata izquierda, lo levantó una vez más y una vez más lo azotó delante de sí misma antes de arrogarlo fríamente a una de las tres jaulas que se habían abierto. La chica ignoraba si la criatura seguía con vida, al final no le importaba saberlo, ya había terminado esa aburrida prueba. Las tres bestias fueron derrotadas, quizás no de la forma en que se lo habían ordenado, pero vencidas a fin de cuentas y eso era lo único que a Jessenia le importaba. El fin justificaba los medios para la altiva y arrogante chica.

 

            —… aquí nos despedimos, asquerosa, hedionda y estúpida criatura.

 

            Jessenia levantó la cabeza y les clavó a los Entrenadores sus profundos y oscuros ojos azules, estos advirtieron la completa ausencia de brillo en los orbes de la chica, como si la joven no tuviera un alma dentro de ella.

 

            — ¿Y bien? —Les preguntó con tono altanero —. ¿Disfrutaron del especulo o es que acaso necesitan que elimine a más de una criatura? —Jessenia levantó los hombros con gesto burlón mientras sonreía y decía lo siguiente —: La verdad no me molestaría luchar contra otras bestias, esas tres fueron un poco entretenidas, pero aún no estoy satisfecha, por lo que sí tienen algo más escondido bajo la manga, este es el momento de revelarlo. Ya disfrute del tentempié, ahora me gustaría comer algo un poco más pesado y luego, si es que tienen algo más aquí abajo, disfrutar de un delicioso postre. —Jessenia les sonrió a los hombres con arrogancia y con una total seguridad en sí misma. Su deleite aumentó cuando advirtió las miradas furiosas de un par de Entrenadores y, sin darse cuenta que lo hacía, se mojó los labios superiores e inferiores con la lengua. El único que se mantenía perfectamente controlado y sin dar muestra de emoción alguna era el Maestro del Gremio. La chica lo miró con una mueca soberbia en los labios —. ¿Y bien? ¿Tienen algo más para entretenerme?

 

            — ¡Mocosa grosera, arrogante y respondona, yo te daré tú entretenimiento!

 

            Uno de los Entrenadores, uno que odiaba especialmente a la gente altiva y arrogante, estuvo a punto de lanzarse a la arena de combate para enseñarle una o dos lecciones a la joven pero, antes de hacerlo, el Maestro del Gremio habló, aplacando con su voz el humor de todos los presentes.

 

            —Eso fue muy impresionante. —Declaró el viejo de cabello canoso —. Demostraste gran habilidad y manejo de tú Energía Espiritual. No cualquiera se arriesga a detener la cuchilla de una bestia y menos aún derrotarla con las manos desnudas. Lo que me queda claro, luego de presenciar este combate, es que tienes las facultades necesarias para sobrevivir en la segunda rama del Gremio, serías una excelente Cazadora de bestias salvajes…

 

            — ¡Obviamente…! —Interrumpió la chica y luego ella fue interrumpida por el Maestro.

 

            —… pero fallaste en una cosa. Te convenciste tanto de tú superioridad que no consideraste la posibilidad de que esa criatura te llevara a una trampa y, por culpa de esa arrogancia, estuviste  a punto de no solo perder el encuentro, sino también de perder la vida. ¿Qué tienes que decir a eso?

 

            Jessenia lo escuchó mientras lo apuñalaba con una mirada más gélida que el hielo y, antes de responderle, la chica miró el punto exacto donde había estado tumbada momentos antes. Los litros y litros de sangre continuaban ahí, ensuciando el suelo con órganos y miembros mutilados sobre el espeso liquido rojo.

 

            —No tengo nada que decir —le respondió sin vacilación —. Cometí un pequeño error, eso es todo. No volverá a ocurrir.

 

            Maxwell veía los profundos, oscuros y fríos ojos de Jessenia como si fuera la primera vez que veía a la chica por quien era realmente.

 

            —Un pequeño error —dijo Scar con los brazos cruzados al nivel del pecho y con el ceño fruncido —, por mínimo que sea, puede conducir a la muerte, incluso al Cazador más experimentado no se salva de ese hecho.

 

            —Me di cuenta del error que cometí mientras caía sobre ese charco de sangre y, en esos breves segundos, ya tenía contemplado mi siguiente movimiento, la única razón por la que no me moví antes es porque la frustración y la vergüenza me tenían paralizada. Una vez que me tranquilice, visualice claramente la salida de ese problema y, como pudieron ver, logre derrotar a esa bestia sin matarla… creo.

 

            Jessenia veía a los Entrenadores con unos ojos que decían: “estoy completamente segura de lo que estoy diciendo y no aceptare crítica alguna”; al parecer, el pequeño grupo de hombres también escuchó las palabras que se ocultaban detrás de esa afilada y desafiante mirada, por lo que ningún optó por discutir, ellos sabían que replicar los argumentos de Jessenia sería igual que discutir con una pared o con una roca enterrada en la tierra, por más que le gritaras, la amenazaras o le suplicaras, la piedra siempre seguiría ahí donde esta y la pared nunca se movería, por lo que no valía la pena gastar energía ni saliva en una causa ya perdida. Los Entrenadores sabían que la vida y las experiencias que obtuvieras de ella, era la mejor maestra de todas.

 

            —Muy bien… —El Maestro del Gremio cerró ambos ojos y comenzó a reflexionar en sus ideas, luego de unos segundos los volvió a abrir y posó la mirada en un punto alejado de Jessenia; veía una de las jaulas que seguía cerrada a la distancia, justamente en el extremo izquierdo de la arena —. Permitiré que realices la segunda prueba, la prueba que le corresponde a la rama principal del Gremio.

 

            A la distancia se escuchó como una de las jaulas se abría ruidosamente; Jessenia se giró y miró como una de esas puertas de barrotes de acero se abría hacía arriba, revelando detrás de sí, una densa capa de oscuridad. La chica esperó por unos momentos, convencida de que saldría otra criatura pero, por más que espero, nada emergió de las tinieblas.

 

            —Tú segunda prueba te estará esperando haya abajo. Baja los escalones y al final de los mismos encontraras una antorcha, tómala y comienza a caminar.  

 

            Jessenia se volvió para mirar al anciano.

 

            — ¿Cuál es el objetivo de esa prueba?

 

            —Ninguna en especial, solo bajar las escaleras hasta el final, caminar algunos metros, darse la vuelta y regresar por donde entraste, ese es todo el objetivo de esta prueba.

 

            Jessenia entrecerró los ojos, recelosa.

 

            —En otras palabras, ir y regresar, ¿es eso? —Resumió.

 

            —Efectivamente.

 

            La chica lo miró con obvia desconfianza por varios segundos, pero luego de descubrir que el anciano ya no diría nada más, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia esa jaula abierta. Cuando ya estaba a punto de llegar, la joven escuchó que el anciano le preguntaba algo.

 

            —Una última pregunta —le dijo —, ¿qué es lo que más valoras en esta vida?

 

            Jessenia se giró, levantó una de sus cejas, confundida por las palabras de ese viejo.

 

—    ¿Qué quieres decir?  —Le preguntó alzando la voz para que el anciano lo escuchara.

 

            —Te pregunte ¿qué es lo que más valoras en esta vida? ¿Es la victoria? ¿El poder? ¿Algún ser querido? ¿La riqueza? ¿Qué es lo que te motiva a seguir viviendo? Eso es lo que quiero saber.

 

            Jessenia no necesito reflexionar mucho la pregunta, pues la respuesta, al menos para ella, era bastante obvia. Tan clara y evidente como el sol durante el día y la luna y las estrellas por la noche.

 

            —Divertirme. —Fue la respuesta que le dio al anciano —. Divertirme es por lo único que vale la pena vivir. Nada más importa.

 

            El Maestro reflexionó en sus palabras antes de añadir lo siguiente:

 

            —Ya veo, con que diversión… ¡Vaya, me sorprendiste! Por unos momentos creí que responderías que la victoria y el poder eran lo único por lo que valía la pena vivir. No me esperaba esa respuesta en lo absoluto.

 

            — ¿Qué tiene de divertido ganar un juego aburrido? — Preguntó, aunque la verdad no esperaba que nadie le respondiera. Jessenia continuó —. Estoy de acuerdo que el poder es importante para que los juegos sean divertidos, pero si uno tiene demasiado poder entonces todos los juegos de esta vida se tornaran aburridos. No tiene ningún significado, al menos para mí, conseguir poder si no tengo con quien divertirme.

 

            Y con esas últimas palabras, Jessenia se internó en la profunda, densa y silenciosa oscuridad que se encontraba del otro lado de la jaula. Los Entrenadores la miraban penetrar las tinieblas desde el mirador entendiendo un poco mejor la verdadera naturaleza de la joven. Solo hasta que la chica se perdió de vista, es que uno de ellos se animó a hablar.

 

            —Dicho de otra forma, para esa mujer todo en esta vida es un juego que sirve para su propia diversión. No le importa en lo más mínimo las vidas que se pueden perder en un trabajo como este y tampoco le interesan las vidas que se puedan perder si algo sale mal en el mundo exterior. Ella solo quiere jugar y divertirse. —El Entrenador que expresó en voz alta sus pensamientos miró al Maestro del Gremio con seriedad —. Maestro, ¿esta usted seguro de querer darle una oportunidad a una chica como ella? Ya la escuchó hablar, ella solo se preocupa por sí misma y por sus propias intenciones.

 

            El Maestro cerró los ojos y reflexionó en las palabras dichas por el Entrenador.

 

            —Entiendo lo que usted dice pero… ¿usted realmente cree que todos nuestros Cazadores se unieron al Gremio porque desean el bien común para la gente del mundo? ¿No ha considerado la posibilidad de que cada uno de nuestros integrantes tenga sus propias motivaciones personales para arriesgar la vida en un trabajo tan peligroso como lo es este? —El viejo Maestro miró nuevamente a la jaula abierta y observó la densa y profunda oscuridad que allí había, sabía que Jessenia se toparía con un oponente mucho más difícil y complicado que esas tres simples bestias, después de todo, el más peligroso y poderoso monstruo es el que se encuentra escondido dentro de la oscuridad humana —. A menudo las personas no obran por las razones correctas, ni siquiera actúan por lógica o razonamiento, a veces, la gente hace cosas impulsadas por sus emociones, por sus deseos personales, por caprichos infantiles… En nuestro Gremio hay un buen número de Cazadores que piensan primero en sí mismos antes que en el prójimo, pero eso está bien, ya que esos impulsos personales, esas motivaciones que los obligan a poner sus vidas en juego, han demostrado buenos resultados. ¿Cuántas personas se han salvado debido a esos impulsos personales? ¿Cuántos Seres Oscuros han sido derrotados gracias a que los Cazadores ante ponen sus propias metas al bienestar ajeno…?

 

            —Pero Maestro… —Farfulló el Entrenador —. Por como usted lo está poniendo pareciera que salvar la vida de gente inocente es más un acto secundario, un bono extra que viene acompañado luego de satisfacer una necesidad personal…, algo de poca importancia.

 

            A lo que el Maestro respondió con una cansada risa de anciano.

 

            —Puede ser, joven amigo, puede ser, pero respóndame una cosa, si nuestro Gremio aceptara personas que tengan por único interés en la vida salvar gente inocente ¿Cuántos Cazadores creería usted tendría nuestro Gremio?

 

            El Entrenador, un hombre que aparentaba unos cuantos años menos que el resto de hombres, se mantuvo callado ante la pregunta del anciano. No sabía exactamente que numero podía dar ya que él esperaba, desde el fondo de su corazón, que todos y cada uno de los Cazadores se unieran al Gremio no por la esperanza de fama, dinero, emociones fuertes, venganza, odio o, como en el caso de Jessenia, por diversión; sino porque realmente desearan marcar una diferencia, porque realmente desearan salvar la vida de gente inocente que no podía defenderse. Era esa la razón principal por la que ese Entrenador se unió al Gremio en otra época y él esperaba que las futuras generaciones siguieran su ejemplo.

 

            Ya que él no respondía, el Maestro le repitió la misma pregunta a otro Entrenador, luego a otro y finalmente les preguntó lo mismo a Scar y a Maxwell, los cuales habían entrenado a los suficientes Cazadores por el tiempo requerido como para conocerlos a fondo. Todos ellos repitieron más o menos lo mismo.

 

            —Menos de la mitad —respondió Maxwell con honestidad y añadió —: Aunque sea doloroso admitirlo, muchos de nuestros Cazadores se unieron al Gremio con el propósito de asesinar Seres Oscuros, ya sea por odio, venganza personal o esa clase de sentimientos. Para muchos de nuestros agentes, el salvar vidas inocentes es más una afortunada consecuencia que un deseo primario.

 

            A lo que Scar añadió con fuerza:

 

            —Nuestro Gremio entrena guerreros no héroes. Si es posible habrá vidas que serán salvadas, no obstante, también es importante enseñarle a los Cazadores que no siempre llegaremos a tiempo, que no siempre será vencer al malo, salvar a los buenos y que todo acabe en un final feliz. A veces, aunque los malos hayan sido derrotados, la historia está lejos de concluir en un “y vivieron felices para siempre”. No es recomendable pero si uno de nuestro Cazadores encuentra la fuerza para seguir viviendo en el odio, la ira, la venganza o la obsesión, entonces él o ella deben aferrarse a esos sentimientos y utilizarlos para algo positivo, en éste caso, acabar con los Seres Oscuros. 

 

            Si Jessenia hubiera escuchado las palabras de Scar, no habría podido estar más de acuerdo con su punto de vista ya que, aunque ella logró superar varias adversidades desde que llegó a Central, era verdad que su historia no había concluido en un “y vivieron felices para siempre”. Megan había muerto, Jessenia consiguió salir del reino de Fior y, aun así, su vida estaba muy lejos de alcanzar el tan anhelado final feliz de los cuentos de hadas. A decir verdad, a Jessenia poco le importaba ser feliz, lo único que deseaba la joven era aferrarse a una nueva esperanza de vida y comenzar desde el principio y pensó que como Cazadora sería un buen inicio.

 

            Mientras el Entrenador bajó la cabeza, un poco a penado por las respuestas de sus compañeros y del Maestro, Jessenia ya casi terminaba de bajar los múltiples escalones que el anciano le había dicho que bajara.

 

            Tan pronto como la chica puso un pie en el primer escalón y miró hacia abajo, notó que la caída sería larga y dolorosa si pisaba erróneamente los escalones. Quien sabe cuántos metros de profundidad tendría la habitación a la que la mandaron pero, sea lo que sea que haya en el final, Jessenia no se dejaría amedrentar por nada. Comenzó el descenso. Bajando con cuidado y con una mano en el muro de la derecha para mayor precaución, la chica advirtió, luego de algunos minutos de bajar y bajar, una luz anaranjada que se aproximaba a cada pasó que ella daba.

 

            Tal y como el Maestro del Gremio le había dicho, una antorcha la esperaba al finalizar el descenso, la joven la tomó con la mano derecha, la puso al frente de su cuerpo para luego moverla de izquierda a derecha en busca de sus enemigos. No encontró nada, nada más que una profunda y densa oscuridad que se alejaba y se alejaba de ella, como si nunca tuviese fin.

 

            “Debe de tratarse de alguna criatura que no soporta la luz y que solo puede vivir en estos ambientes…” Conjeturó la chica mientras escrutaba con cuidado las penumbras. Se quedó quieta, con sus gélidos ojos moviéndose lentamente de izquierda a derecha, buscando lo que sea, cualquier leve indicio de movimiento; también se concentró en los sonidos, luego de comprobar que la vista no le serviría para nada, la chica cerró ambos ojos y se enfocó en escuchar algo, el más mínimo sonido de pisadas o movimiento… Nada. No se oía más que el crepitar de la leña que se consumía por culpa del fuego que la chica sujetaba. El silencio que embargaba esa cámara subterránea era aterrador. Jessenia intuyó que en cuanto comenzara a caminar, sus pisadas harían eco en ese vasto lugar. “La criatura debe encontrase más al fondo.” Pensó con seguridad. “Seguramente el objetivo de esta prueba es que me topé con alguna clase de criatura oscura, ese ser no me dejara regresar por lo que mi meta será enfrentarlo y derrotarlo para abrirme camino. De no ser eso a lo mejor mi objetivo es luchar contra monstruos que viven en la oscuridad y demostrar que no necesito mis ojos y oídos para enfrentar los peligros del mundo. Si, con toda seguridad debe tratarse de una de esas dos cosas.”

 

            Jessenia caminó todo derecho con la convicción de que tarde o temprano se encontraría con algún tipo de criatura y que su objetivo era enfrentarlo y derrotarlo para regresar triunfante… Se había equivocado.

 

            Los minutos pasaron y Jessenia continuaba caminando todo derecho a la espera de algo… Los minutos volvieron a pasar, la joven continuaba caminando por esa penumbra, iluminando su camino con la antorcha que poco a poco se consumía, amenazando con extinguirse tarde o temprano… La chica continuaba y continuaba caminando todo derecho pero, por más metros que trascurría, nada había pasado. La oscuridad era absoluta y el silencio solo era destruido por el eco que provocaban las pisadas de Jessenia cada vez que andaba.  

 

            “Esto es extraño..., muy, muy extraño…” Pensó mientras apretaba los puños y los dientes por la frustración de verse caminando hacía ningún lugar para enfrentarse a un oponente que no existía. “¿Que está sucediendo aquí? ¿Dónde están los monstruos, las criaturas de la oscuridad? ¡Ya llevo caminando bastante tiempo y aun no veo ni escucho nada! ¿Qué demonios está ocurriendo…?”

 

            Jessenia comenzó a sudar, desesperada. Caminó y caminó. Las pisadas producían un fuerte eco con cada avance de la chica… Caminó y caminó pero no llegó a ningún lugar.

 

            “¿Cómo es posible que este lugar sea tan grande? ¡Es absurdo! Desde que baje de las escaleras no he visto nada, ¡nada de nada! ¿Que acaso no hay un techo sobre este lugar? ¿No hay muros o vigas de soporte? ¡No me he topado siquiera con una maldita pared! Llevo varios minutos caminando en línea recta y aun no me he encontrado con nada. Ni con un monstruo, ni con un muro, ni siquiera con una jodida piedra en el camino… “

 

            La antorcha que Jessenia llevaba en la mano derecha estaba a punto de extinguirse, la flama anaranjada se debilitaba a cada minuto que transcurría y la joven continuaba caminando en línea recta. Desde que bajo de las escaleras la chica no giró en ninguna dirección y aun no llegaba a ningún lugar. Ese lugar, esa oscuridad parecía infinita. No existían los techos, las paredes, el suelo, el tiempo, no existía nada de nada en esas penumbras. Nada, salvó la humana, la que traía la luz a través de la antorcha, la que traía el sonido a través de sus pisadas y la que traía la conciencia del tiempo y de las cosas a través de su entendimiento del mundo y, al igual que la antorcha que se extinguía poco a poco, esas cosas que la chica traía consigo también desaparecerían. Era solo cuestión de tiempo.

 

            Jessenia, harta de esperar a enemigos que no aparecían por ningún lugar, se echó a correr en línea recta, determinada a encontrar algo, lo que sea: un muro, una pared, una roca en mitad del suelo, un sonido que no fueran sus pisadas, un enemigo con el que pudiera luchar, ¡algo, cualquier cosa siempre y cuando se olvidara de la oscuridad que lo inundaba todo! Pero no encontró nada. Solo más y más y más oscuridad por doquier. Finalmente, luego de quien sabe cuántos minutos, la antorcha se extinguió, ahogando a Jessenia en un océano de negrura.

 

            Su respiración se volvió dificultosa y violenta, su pecho subía y bajaba con fuerza; los latidos desenfrenados de su corazón se escuchaban como tambores de guerra, el rápido palpitar de su órgano hizo eco, al igual que sus pisadas, en esa vasta y desolada cámara subterránea. El rostro de la joven se impregnó de un frío sudor y sus ojos iban como locos de izquierda a derecha, buscando cosas que no existían en esa oscuridad.

 

            Luego de correr quien sabe cuántos metros, Jessenia se detuvo en mitad de las tinieblas, apoyó ambas manos sobre sus rodillas mientras encorvada hacía delante respiraba con dificultad, se limpió el sudor de la cara y el sudor de la frente y ya frustrada, fastidiada y enojada por la circunstancia en la que se encontraba, la joven gritó a todo pulmón:

 

            — ¡MALDITA SEA! —Explotó —. ¡Ya estoy harta de éste lugar! ¿Qué sentido tiene que me hayan mandado aquí abajo si no voy a pelear contra nadie? ¡NO FUE MÁS QUE UNA GRAN PERDIDA DE TIEMPO!

 

            Jessenia giró, dispuesta a retirarse de ese oscuro lugar y, en mitad de las tinieblas, la chica anduvo a paso rápido, decidida a salir de ahí a como diera lugar y en el menor tiempo posible. Caminó y caminó. Caminó y caminó. Caminó y caminó y continuó caminando por metros y metros y metros de distancia pero, por más rápido que andaba, Jessenia no creyó que se estuviera moviendo ni un solo centímetro. ¿Cómo saberlo? ¡Estaba atrapada en mitad de la nada! No había nada con lo que pudiera ayudarse a saber si avanzaba o no luego, repentinamente, la chica se quedó quieta. Tardó en descubrir un hecho siniestro y escalofriante. Había pasado quien sabe cuántos minutos caminando a paso rápido y fuerte y, aun así, la chica no fue capaz de escuchar el sonido de sus pisadas, tal y como las había estado escuchando hasta el momento. ¿En qué punto del trayecto los sonidos se extinguieron? No lo sabía.

 

            Jessenia se quedó petrificada en mitad de un océano de silenciosa oscuridad, plenamente consciente de lo precaria que era su situación. La joven levantó ambos manos y las puso al frente de su cuerpo; las tinieblas eran tan absolutas que la chica era incapaz de ver sus propios miembros aun cuando los tenía a centímetros de distancia y, eso no era todo, con forme el tiempo transcurría, Jessenia empezaba a sentirse distanciada de cuerpo, lo sentía un poco insensible; cada vez más le costaba moverlo a voluntad.  

 

            —Maldición —susurró mientras su rostro se impregnaba de sudor frío — no regresare a esa maldita oscuridad otra vez. Estuve muchos años encerrada como para regresar luego de que al fin logre salir.

 

            La chica relajó su respiración, se quitó el sudor del rostro y luego pasó a tomar asiento en mitad de la nada. No había suelo, por lo que Jessenia no estaba segura sobre de que estaba parada, igual no le importó.

 

            —Oye, ¿me escuchas? —Dijo para sí misma —. Sé que estás ahí y que puedes escucharme, quiero que salgas ahora mismo, ¡ya estoy más que harta de este aburrido lugar!, si no hay enemigos con los cuales luchar, entonces no tiene ningún sentido que yo permanezca fuera… ¿Me estas escuchando…? Te habló a ti, Jessenia, sal de una vez…

 

            La Jessenia que permanecía dentro se encontraba con los ojos cerrados, aparentemente flotando en un espacio completamente negro y totalmente desnuda. Su mirada yacía cerrada, sus orbes se sentían tan pesadas y adoloridos, no quería abrir los ojos, quería seguir manteniéndolos cerrados. Fue entonces que comenzó a escuchar esa familiar, profunda y fría voz que le decía: “… ¿me escuchas?... ¿Me estas escuchando…?… Te habló a ti, Jessenia, sal de una vez…”

 

            Los ojos cerrados de Jessenia temblaron al momento de escuchar aquella voz.

 

            “¿Que es ese ruido?” Se preguntó. “¿Alguien me está llamando? ¿De quién se trata? ¿Su voz…? ¿Esa voz se me hace tan familiar…? ¿En dónde la he escuchado antes…?”

 

            La Jessenia de afuera continuaba hablándole:

 

            — ¡Respóndeme de una jodida vez, Jessenia! —Le gritó desde fuera de su cuerpo —. ¡Reacciona, maldita sea, sé que puedes escucharme, habré tus estúpidos ojos y mírame…!

 

            “¡Ah, ya recordé…!” Pensó con voz somnolienta, como quien recién despierta de un largo sueño. “Esa voz…, mi voz…, suenan tan similares y, aun así, son diferentes…! ¿Eh…? ¿Por qué estoy escuchando mi propia voz…?”

 

            Con dificultad, Jessenia abrió sus ojos y lo que vio delante de sí misma la impresionó tanto que acabo por abrirlos grandes e incrédulos. Ante la chica había otra Jessenia, exactamente igual a ella, salvo que sus ojos eran profundos y sumamente oscuros, tanto que por unos segundos la chica no logró ver irises en los orbes de esa otra Jessenia. Ambas estaban desnudas de pies a cabeza, por lo que ambas Jessenias inspeccionar sus cuerpos con curiosidad y, sin ponerse de acuerdo, llegaron al mismo veredicto: salvo por los ojos, físicamente eran exactamente iguales. La misma estatura, el mismo largo de cabello, el mismo tamaño de pechos y caderas, ¡parecían gemelas idénticas!

 

            “¡Ya era hora de que despertaras, maldita idiota!” Le espetó con ira la Jessenia de ojos oscuros. “¿Tienes idea del tiempo que pase llamándote? Ahora saca tú trasero de aquí, ya hice mi parte, acabe con esas bestias por ti, supongo que serás capaz de encontrar la salida de este lugar por ti misma. La verdad, no creo que seas tan inútil como para no encontrar la forma de salir.

 

            Ambas Jessenias estaban una frente a la otra, flotando sobre la nada, totalmente desnudas y separadas por una línea perfectamente vertical que las mantenía, cada una, del lado contrario. La Jessenia de ojos brillantes continuaba viendo a la otra Jessenia de ojos oscuros con la incredulidad y el asombro reflejados en su rostro.

 

            “¿Tu eres…?” Comenzó la segunda Jessenia.

 

            “¡Da lo mismo quien sea yo en estos momentos, ahora saca tú trasero de aquí! No es conveniente que el cuerpo permanezco demasiado tiempo vacío sin una de las dos dentro de él.”

 

            “Tú eres la vocecilla, la de antes, la que me dijo que se encargaría de todo…”

 

            “¡Que perceptible eres! ¿Qué quieres? ¿Una medalla por señalar las cosas obvias de la vida? Si ya acabaste de perder el tiempo, cruza de este lado de la línea, debemos hacerlo al mismo tiempo para que se produzca el cambio, de lo contrario cada una se quedara en su lado respectivo…”

 

            “¡Dijiste que responderías a mis preguntas y tengo muchas que me gustaría hacerte, por ejemplo…!”

 

            “¡Ah…! ¡Este no es el momento de responder a tus estúpidas e idiotas preguntas…!” La Jessenia de ojos oscuros se rascó la cabeza con fuerza y velocidad que terminó por despeinarse completamente. Levantó la mirada y se la clavó a la otra Jessenia, trató de mantener la calma. “Escucha, sal ahora mismo, regresa al cuerpo y luego escapa de esa cámara oscura, después de que haya concluido esa segunda prueba, responderé a todas tus dudas, ¿está bien? Lo digo en serio, el cuerpo no se puede mantener mucho tiempo vacío, si ninguna de las dos regresa pronto, correremos el riesgo de quedarnos atrapadas aquí dentro y no volver a salir jamás. Si entendiste lo que digo, has exactamente lo mismo que yo haga.”

 

            La Jessenia de ojos oscuros levantó el brazo derecho y lo posó sobre la línea vertical que las separaba; la segunda Jessenia, la de ojos brillantes, pensó en lo que haría por unos segundos, quería que esa otra chica respondiera a todas sus preguntas pero, de momento, haría lo que ella pidiera y regresaría a su cuerpo. La verdad es que no deseaba dejarlo abandonado en donde sea que se encontrase, por lo que imitó todos los movimientos que realizó la Jessenia de ojos oscuros. Ya que ambas eran exactamente iguales, en esos momentos, sus movimientos idénticos parecían una sencilla coreografía ensañada frente a un espejo.

 

            La Jessenia de ojos oscuros levantó el otro brazo y lo posó sobre la línea vertical que las separaba, la otra Jessenia la imitó y una vez que los brazos de ambas estaban exactamente en la misma posición, pero de lado contrario, fue que las dos comenzaron a traspasar la línea que las separaba. Se traspasaron a sí mismas, como si ambas fueran inmateriales y así quedaron, cada una, del lado contrario.

Notas finales:

CONTINUACIÓN DEL CAPITULO

 

La Jessenia de ojos brillantes y vivos se encontraba del lado de la Jessenia de ojos fríos y oscuros, mientras que ésta, pasó al lado opuesto. Mientras el par de chicas se atravesaban como si ninguna de las dos fuera material, ambas pudieron sentir, por breves instantes, mucho de cada una. Aunque fuera muy breve, gracias a ese inexistente contacto entre las dos, la Jessenia de ojos vivaces ya tenía una idea de la identidad de la otra, aunque como habían quedado, dejarían las explicaciones para después.

            “Muy bien” dijo la Jessenia de ojos oscuros “ahora ya puedes volver, espero que no seas tan inútil como para no poder regresar por cuenta propia.”

            La Jessenia de ojos vivaces la miró con seriedad y profundidad. Luego de unos segundos le dio la espalda a la segunda y antes de marcharse caminando, la primera giró la cabeza para decirle a la segunda algunas palabras antes de retirarse.

            “Cuando todo esto termine puedes estar segura de que volveré por respuestas, asegúrate de tenerlas listas.”

            A lo que la segunda Jessenia le respondió mirándola con ojos desafiantes.

            “¿Si? Pues ya veremos, a mí nadie me dice lo que tengo o no tengo que hacer. Grábatelo en esa cabeza hueca que tienes.”

            Y sin decirse más, cada una siguió su camino por lados contrarios. La Jessenia de ojos oscuros desapareció en ese espacio negro mientras que la chica de ojos vivaces los abrió mientras se encontraba a sí misma sentada en mitad de la nada. Regresó a su cuerpo.

            La Jessenia original se puso de pie solo para terminar cayendo de rodillas, su cuerpo se sentía cansado y un poco pesado, como si hubiera estado corriendo por varias horas, luego recordó que su cuerpo, antes de que ella regresara a él, había sido utilizado por la otra Jessenia, la de ojos oscuros, por lo que en esos momentos ella sentía el cansancio y el dolor que la otra chica le había dejado luego de utilizar su cuerpo para derrotar a esas bestias.

            La joven se puso nuevamente en pie, familiarizándose nuevamente con las sensaciones de su cuerpo y es que, mientras ella veía desde la distancia como la otra Jessenia la manejaba, la dueña original del cuerpo no sentía nada en absoluto, podía ver y escuchar, pero nada más. No podía intervenir en las órdenes directas de su propio cuerpo. En esos momentos, durante la batalla contra esas tres bestias, la Jessenia de ojos vivaces no era diferente a un espectador más del montón: alguien que podía ver y escuchar el encuentro, pero no interferir de manera directa.

            Tan pronto como la chica se puso de pie y tan pronto como empezó a caminar, la joven fue capaz de escuchar una especie de susurros extraños e ininteligibles en alguna parte de esa absoluta oscuridad. La negrura era impresionante, de no ser por los leves dolores y el cansancio que sentía su cuerpo, Jessenia habría duda de su propia existencia. La oscuridad y el silencio eran tan penetrantes y profundos que uno podía olvidar que existía.

            Fue entonces que ocurrió. El espacio vasto y oscuro comenzó a sufrir una brusca metamorfosis: la oscuridad que parecía ser eterna en ese lugar comenzó a cambiar, de la nada aparecieron cientos y cientos, quizás miles y miles de puntitos brillantes, el suelo que parecía estar hecho de oscuridad pura se convirtió en un camino de tierra y a los lados empezó a emerger césped verde, en lo alto, donde debería estar el techo de esa cámara subterránea, aparecieron docenas y docenas de pequeñas nubes y, detrás de estas, entre los miles y miles de puntitos brillantes, emergió como por arte de magia, una enorme, redonda y deslumbrante luna llena que bañaba todo lo que estuviera por debajo de ella con su luminosa y resplandeciente luz azul.

            Lo que en antaño fue una cámara vasta donde imperaban las tinieblas más absolutas, se había convertido ahora en un camino solitario iluminado por los rayos de la luna. A la distancia se alcanzaban a ver docenas y docenas de casas, todas pequeñas, con luces que se alcanzaban a ver a través de las ventanas y con humo que salía de cada una de las chimeneas.

            Jessenia veía con los bien abiertos ese impresionante cambió de escenario que ocurrió en pocos segundos y sin un solo ápice de ruido. Levantó la mirada y vio las innumerables estrellas del firmamento, todas y cada una de ellas se veía majestuosa, brillante y como si tuviera vida propia y, entre todo ese océano de estrellas, la luna se imponía por sobre todas, inmensa, hermosa y deslumbrante.

            — ¿Qué esta sucediendo? —Preguntó, mientras advertía que era la única que se encontraba parada en mitad del camino de tierra.

 FIN DEL CAPITULO

 

Hasta la proxima, ojala y les haya gustado el capitulo, de ser así, por favor dejen un comentario para saber sus opiniones. Nos vemos. :) :) :)

Usted debe login (registrarse) para comentar.