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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡FINALMENTE ESTA AQUI! Este capitulo conecta los capitulos que borre por accidente con los que logre rescatar y al mismo tiempo con los que continue, no obstante, debo darles una advertencia:

 

ADVERTENCIA, LEER, MUY IMPORTANTE:

Todos los capitulos que han leído hasta ahora fueron borrados por accidente, por lo que me vi obligado a reescribirlos, es decir, no son iguales a los originales que subi hace dos años atras, sino que sufrieron modificaciones por parte de la narrativa, de la redacción y de mi estilo de escritura. Cuando lean los capitulos que le siguen a estos, ustedes podran comparar mi estilo de escritura pasado, con el actual que ya conocen, se darán cuenta que he mejorado un poco o tal vez, segun criterio de ustedes, los lectores, empeore. En fin, los capitulos que le siguen a este son los que logre salvar, por lo que la historia estara narrada con un estilo un poco diferente al que ya conocen y quizas, en los capitulos futuros, hay información que ya di anteriormente en los nuevos capitulos o tal vez doy nueva, por lo que les pide que si no entienden algo de los capitulos que leeran a continuación, me lo pregunten en los comentarios, haré lo posible por aclarar sus dudas. 

Sin más por el momento, disfruten de este capitulo que conecta con todos los demás, a partir de la siguiente semana continuare escribiendo donde deje la historia pausada para concluir estos, en verdad espero que los siguientes capitulos sean de su agrado, tomando en cuenta que mi estilo de escritura ha cambiado un poco en comparación de hace dos años. 

A medida que los capitulos avancen, yo mismo fui mejorando como escritor, si no me equivoco, el estilo que ustedes me conocen empezara desde la Segunda Misión en adelante, apartir de allí mi estilo fue mejorando y comence a ponerle mayor empeño a la escritura. Espero puedan tolerar los capitulos que vienen pues, como les dije, son lo que rescate de hace dos años. 

Hasta los capitulos futuros, gracias por leer y disfruten de la lectura. 

 

Rivendel. Es el nombre que yacía tallado en el arco que daba acceso al pueblo que se encontraba inundado de una frágil capa de neblina. Tan pronto como Jessenia puso un pie del otro lado, notó que el manto de blancura no salía más allá del arco, por lo que intuyó, al menos de momento, que  aquel fenómeno ocurría solo dentro del pueblo.

 

            “La neblina parece agua…” Razonó Jessenia al notar como el manto blanco le llegaba hasta las rodillas. Se detuvo en mitad del camino y giró la cabeza a izquierda y derecha, aguzó el oído, intentando ver o escuchar cualquier indicio de vida inteligente. En el firmamento, el sol se ocultaba a lo lejos, por lo que los rayos del sol anaranjado se perdían cada vez más a la distancia y el cielo se teñía de negro sobre su cabeza.

 

            “¿Dónde están todos?”  El cielo finalmente se oscureció por completo y la Cazadora notó, con gran asombro, como la neblina que le llegaba hasta las rodillas se levantó como si de un ser viviente se tratase e inundó por completo el pueblo de Rivendel. “Si la niebla fuera agua, en tan solo unos minutos me ahogaría…”

 

            A Jessenia le resultó impresionante que hasta hace unos segundos atrás, todas las viviendas eran claramente visibles, ahora, por culpa de la neblina que lo cubría todo, las edificaciones eran a penas siluetas negras que se veían amenazantes. La Cazadora ya conocía la niebla, en antaño, cuando aún vivía en el reino de Fior, ocasionalmente la ciudad era tragada por aquel fenómeno, solo que en esta ocasión, la situación era mucho, mucho peor. La visibilidad era por completo nula, por lo que la chica pensó en extender los brazos al frente de su cuerpo para guiarse y que no fuera a chocar contra nada. Fue entonces que los escuchó.

 

            Eran pasos. Pasos que se hacían más fuerte a medida que se aproximaban a donde Jessenia se encontraba y fue entonces que los vio. A varios metros más adelante, varias docenas de puntos luminosos se acercaron a la chica hasta que ésta quedo totalmente rodeada. Frente a ella, detrás, a izquierda y a derecha, la Cazadora se vio envuelta por siluetas negras y por aquellas bolas de fuego que crepitaban.

 

            — ¿Quién eres tú? — Le preguntó una feroz voz masculina —. ¡Identifícate!

 

            Las siluetas se acercaron todavía más, por lo que Jessenia logró reconocerlos: ¡eran los habitantes del pueblo y aquellas bolas de fuego eran antorchas! La Cazadora advirtió que cada uno de esos pueblerinos: hombres, mujeres y jóvenes, portaban algún tipo de arma, solo que estas eran de cultivo o de construcción; las que Jessenia logró reconocer fueron algunos anchos mazos, un par de martillos por aquí y por allá; otros portaban largos cuchillos o machetes; otros pocos guadañas para cortar hojas y la mayoría sostenía una de esas herramientas con tres picos afilados. También reconoció picos para romper rocas y palas. .

 

            Como la chica los notó asustados y alterados, levantó ambas manos abiertas en señal de paz y con su voz más tranquilizadora dijo:

 

            —Me llamo Jessenia y soy una Cazadora del Gremio: Eternal Soul. Su alcalde, Octavio Secundus, escribió una solicitud pidiendo ayuda a los Cazadores de ciudad Central, si me lo permiten se los demostrare.

 

            El hombre que le pidió que se identificase miró a los demás y luego asintió con lentitud. Jessenia tomó el morral que llevaba consigo, lo abrió y sacó la solicitud que Liz, la camarera, le aconsejó que se llevase, ya que existía la posibilidad de que le fuera útil: tenía mucha razón. Le entregó el documento al mismo hombre, el individuo bajó su herramienta con tres picos y analizó el pedazo de hoja a la luz de su antorcha. Cuando terminó de leer escrutó fríamente el cuerpo de la Cazadora, luego le devolvió la solicitud, misma que tomó para volverla a guardar. Uno nunca sabía cuándo volvería a ser útil.

 

            —Es la firma del alcalde — sentenció con seriedad —. Dice la verdad, aunque… — El hombre volvió a mirar el cuerpo de Jessenia con desconfianza —. ¿Realmente eres una Cazadora? No te ves fuerte y tampoco impones una presencia intimidante, a mis ojos pareces una chiquilla más del montón.

 

            Por alguna razón las frías palabras de ese hombre le recordaron a todo lo que la “voz”  le dijo antes de llegar a ese pueblo, por lo que Jessenia levantó la mano derecha y le enseñó a ese individuo la marca del Gremio que se tatuó en el dorso con su propia sangre.

 

            — ¡Quizás no lo parezca, pero soy una Cazadora de un Gremio y aquí está la prueba!

 

            Jessenia deseó que el tatuaje en el dorso de su mano fuera suficiente para tranquilizar la desconfianza| reflejada en los ojos de la mayoría de los pueblerinos, lamentablemente no fue así. La chica sabía que todos ellos la veía como una chiquilla insignificante con poco o nulo valor, lo que la hizo determinarse a completar ese trabajo costara lo que costara para demostrar su valor.

 

            —Una marca roja dibujada en el dorso de tú mano no significa nada — Dijo el hombre —. Los resultados hablan por sí mismos. Si eres capaz de deshacer esta maldita neblina y resolver el problema que tenemos, quizás consideremos tomarte en serio, pero hasta el momento no has hecho nada para ganarte el respeto de nadie. Ahora vamos, te llevaremos a la oficina del alcalde, él es quien mejor entiende la situación que tenemos presente y te explicara los detalles de lo que ha estado ocurriendo en Rivendel las últimas semanas.

 

            Se abrió un camino en el círculo de personas que habían rodeado a Jessenia; el hombre la guío al edificio del alcalde mientras los pueblerinos los veían caminar en silencio. Cuando al fin llegaron a su destino, la Cazadora notó que la edificación no era especialmente grande, debían tener tres o cuatro pisos como mucho. El hombre abrió la puerta y condujo a la joven por el interior de la construcción. La neblina había quedado atrás y ahora se encontraba bajo una serie de luces producidas por docenas y docenas de velas largas.

 

            El guía golpeó suavemente una elegante puerta de madera y a los pocos segundos, una profunda y cansada voz se escuchó del otro lado:

 

            — ¡Adelante! — Jessenia opinó que por el sonido de la voz, el hombre que estaba detrás de la puerta debía pasar de los cincuenta años.

 

            —Señor alcalde — inició el guía —, la Cazadora que mandó llamar está aquí. ¿La hago pasar?

 

            A lo que el alcalde respondió levantándose de golpe de su cómodo asiento.

 

            — ¡Por supuesto que debes dejarla pasar! — Exclamó el alcalde como si fuera la respuesta más obvia del mundo —. ¡Los Cazadores son la solución a nuestro problema!

 

            —Entiendo… — Respondió, poco convencido. Le hizo una seña a Jessenia para que entrara, la joven penetró en la amplia y elegante oficina notando una cálida chimenea encendida, unas cuantas pinturas por aquí y por allá; un mueble repleto de libros con todo tipo de grosores y advirtiendo también un suelo tapizado con una bonita, pero polvorienta alfombra roja.

 

            La chica reparó al final en el hombrecillo de cabello cañazo, bigote blanco y un poco regordete que se encontraba del otro lado de un amplio escritorio negro. Al igual que los otros pueblerinos, Jessenia notó la decepción en los ojos grises de ese alcalde. Nadie la tomaba en serio.

 

            “¿Es por qué soy mujer o por qué no cumplo con las expectativas que tenía?”

 

            —Gracias, Theo. Puedes retirarte.

 

            El guía, llamado Theo, asintió y luego se fue. Cerró la puerta detrás de sí. Jessenia y el alcalde se quedaron solos en la amplia y cálida habitación. La joven notó que esa oficina contaba con cuatro ventanas, pero en cada una de ellas se veía un denso manto blanco del otro lado, por lo que la chica intuyó que si se abrían, la niebla penetraría la estancia.

 

            —Bueno… — Inició el alcalde —. Debo reconocer que no eres lo que esperaba.

 

            —Sí, me di cuenta… ¡Pero si estoy capacitada para realizar este trabajo!

 

            El alcalde suspiró con resignación.

 

            —Eso espero, el futuro de Rivendel depende de que seas capaz de vencer a la criatura oscura que provoca esta ¡maldita neblina!

 

            — ¿Criatura oscura? — Repitió Jessenia, entrecerrando los ojos.

 

            El hombre le señaló a la Cazadora el asiento vacío frente a él.

 

            —Toma asiento, te contare como inicio todo… — Jessenia hizo lo que se le pidió. El alcalde se levantó y trajo consigo una tetera blanca adornada con flores —. ¿Un poco de café?

 

            Jessenia aceptó y el alcalde le llenó una taza especialmente grande. El vaho emergió tan pronto el líquido estaba por el borde. Ambos bebieron tranquilamente antes de continuar con la charla.

 

            —La neblina llegó hace poco más de un mes — inició —. Al principio no le dimos ninguna importancia, no era la primera vez que la niebla pasaba por el pueblo pero, a diferencia de tiempos pasados, esta no se fue. Se quedó con nosotros y desde entonces, sea de día o de noche, la neblina no abandona el pueblo de Rivendel y, más extraño aún, la niebla permanece dentro del pueblo, no sale ni un centímetro fuera de nuestros terrenos, casi como si tuviera vida propia y fuese un parasito que permanece aferrado a este lugar. Claro que en sus inicios, yo y los habitantes no le dimos especial importancia, es decir, era solo neblina, ¿qué daño podía hacer?, no obstante, con forme los días pasaban, la niebla se fue haciendo cada vez más y más densa, al punto de que la visibilidad era casi nula. En su momento nos preocupamos, pero luego notamos que la niebla se volvía densa durante las noches y como en esas horas no trabajábamos, pues igual lo ignoramos, al menos, hasta que eso comenzó a ocurrir…

 

            El alcalde Octavio bebió de su taza de café caliente y Jessenia lo imitó. La cafeína no le desagradable ni tampoco le gustaba, bebía si se lo ofrecían, pero nunca bebía café por voluntad propia. Igual, el sabor de ese café no era malo, se arriesgaría a suponer que era uno de los mejores que había probado, por lo que cuando el alcalde le ofreció llenarle la copa, Jessenia aceptó con gusto.

 

            —“¿Eso?” — Repitió la Cazadora. El alcalde asintió con pena.

 

            —Al principio no pudimos creerlo y nos tomó algunos días aceptarlo y todavía más en reconocer que no había nada que podíamos hacer, por lo que nuestra última esperanza era contratar a un Cazador de algún Gremio para que viniera a investigar y fue así que dimos con ustedes.

 

            — ¿Qué fue lo que no podían creer? — Le preguntó. El alcalde entrelazó las manos a unos centímetros de su rostro mientras apoyaba ambos codos sobre su escritorio.

 

            —Los habitantes de Rivendel comenzaron a desaparecer, al principio uno por uno, pero conforme los días avanzaban, esos “unos” fueron remplazados por docenas; esas “docenas” por varias docenas; y esas “varias docenas” acabaron por convertirse en cientos y cientos… Rivendeltiene una población máxima de poco más de treinta mil habitantes, pese a que no somos un pueblo pequeño, igual las desapariciones se hicieron notar desde el inicio, ya que todos aquí tienen un trabajo que realizar y faltar es algo que no sucede a menudo. Un día nos percatamos que las desaparecieron se llevaban a cabo en mitad de la noche, cuando la neblina es más densa y es casi imposible ver algo a no ser que lleves antorchas o alguna fuente de luz que avise de tú presencia.

 

            — ¿Cómo se llevaron a cabo las desaparecieron? — Preguntó Jessenia, interesada por la historia del alcalde —. ¿Fueron secuestros?

 

            El alcalde negó con la cabeza.

 

            —La gente misma se levantaba a la mitad de la noche y caminaban en mitad de la neblina sin ninguna fuente de luz, lo que es muy peligroso ya que algunas áreas del pueblo están en reparación y es posible tropezarse y lastimarse en la caída. Cuando nos percatamos que ellos mismos se marchaban de Rivendel, yo y otros hombres intentamos detenerlos, pero todo resultó imposible. Nada los paraba y por más que les hablábamos, ellos no parecían escuchar, era como si estuvieran en una especie de trance hipnótico y fue entonces que decidimos seguirlos. Si no podíamos despertarlos, al menos averiguaríamos a donde se dirigen cuando se levantan en mitad de la noche. Como lo sospechamos, esas personas salían de Rivendel y caminaban por viejos senderos en dirección a las grutas subterráneas que están a las afueras del pueblo. 

 

            — ¿Grutas subterráneas?

 

            El alcalde asintió.

 

            —Rivendel es un pueblo que se dedica principalmente a la minería, joven Cazadora, importamos joyas y piedras preciosas que encontramos en las grutas, por lo que nos sorprendió que la gente fuera a esos lugares. Las grutas son muy peligrosas y solo los mineros, los cuales las conocen muy bien, tienen permitido entrar, no obstante, las mismas grutas son bastante grandes, por lo que es posible que dentro se puedan encontrar las cientos de personas desaparecidas… Sin embargo, cuando descubrimos que allí se dirigía la gente, nosotros intentamos llegar a ellos para regresarlos a sus casas, pero fue imposible para nosotros. No nos podíamos acercar a las entradas de la gruta de noche.

 

            — ¿No podían? ¿Por qué? 

 

            El alcalde bebió otro sorbo de café antes de continuar.

 

            —Las grutas se encuentran a las afueras del pueblo, del lado contrario por donde llegaste, para poder acceder a la entrada principal, es necesario caminar por un delgado puente de tierra que pasaba justo por en medio de un riachuelo que esta medianamente seco. Esa misma noche, cuando nos percatamos del rumbo que tomaban las personas desaparecidas, yo y otros hombres fuimos a regresarlos a todos, por lo que inevitablemente debíamos pasar por el puente de tierra pero…, tan pronto como lo atravesábamos, regresábamos caminando por donde llegamos… ¡No tenía sentido! ¡No importaba si caminábamos solos, todos juntos tomados de la mano o si corríamos, siempre, siempre terminábamos volviendo y nunca logramos cruzar del otro lado…!

 

            — ¿Y la gente en trance…?

 

            —Ellos sí lograron cruzar… — respondió con pena —. Fue entonces que me percate que debía tratarse de algún tipo de ser oscuro que dominaba la magia, y que mediante alguna clase de hechizo o sortilegio mágico, nosotros, la gente del pueblo, no podíamos cruzar del otro lado del puente de tierra, solo los que estaban poseídos por ese trance hipnótico podían atravesarlo sin ningún problema, el resto de nosotros veíamos con impotencia como ellos seguían adelante…

 

            —Pero… ¿Acaso no podían someter a las personas en ese trance? Es decir, si se percataron que esa gente se levantaba en mitad de la noche y era poseída por algún poder mágico, ustedes no podían simplemente impedirles físicamente ir a ese puente de tierra, no lo sé, amarrarlos a un poste, a una cama; amarrarles pies y manos y así, evitar que se fueran.

 

            —Lo intentamos — respondió el alcalde, derrotado —. Luego de esa primera noche en que fuimos incapaces de cruzar al otro lado del puente, uno de los habitantes de Rivendel propuso la misma idea que tú: vigilar la entrada del puente durante toda la noche y someter físicamente a la gente que se dirigiera hacía allí, no obstante, ya fueran hombres, mujeres o niños, nos fue imposible someterlos. Ya sea a causa de la neblina o a causa de un extraño poder mágico, todas las victimas despertaron una increíble fuerza bruta, por lo que capturarlos y amarrarlos fue algo irrealizable para nosotros. Una vez más, vimos impotentes como esa gente se marchaba sin poder hacer nada para evitarlo.

 

            Jessenia agachó la cabeza.

 

            —Ya veo — luego levantó la mirada —. Antes mencionó a una criatura oscura, si no le molesta, ¿cómo llegó a esa hipótesis?

 

            El alcalde miró  a los ojos a la bella joven Cazadora de cabello castaño, se levantó de su asiento color vino, caminó a uno de sus estantes repletos de libros y de entre todos los volúmenes, sacó una pequeña y vieja libreta que parecía estar deshojándose. Se la tendió a Jessenia.

 

            —Mi abuelo era una especie de fanático de lo paranormal: monstruos, demonios, brujas, bestias y toda clase de seres de la oscuridad; él tenía una especie de fascinación enfermiza con esas criaturas, por lo que un día, incapaz de seguir viviendo tranquilamente en Rivendel, mi abuelo tomó sus cosas y se fue. Yo debía tener por aquella época unos diez años. Mis padres y yo no lo volvimos a ver hasta veinte años después: envejeció demasiado; su rostro y cuerpo adoptaron un enfermizo color gris, estaba llenó de manchas y arrugas por doquier, tanto así que daba un poco de asco bañarlo y atenderlo cuando era necesario, no obstante, nos contó que viajo con un grupo de Cazadores y tomó nota de todas las criaturas oscuras que presenció durante sus viajes. La noche en que fuimos incapaces de cruzar al otro lado del puente, supe que debía tratarse de un ser mágico, por lo que regrese a la oficina, busque sus viejas anotaciones y cuando las encontré, las leí de principio a fin y creo, aunque sea solo una hipótesis, conocer la identidad de la criatura que está detrás de todo esto aunque, como te dije, no es más que una hipótesis. Las hojas de la libreta están numeradas, ábrela en la página cincuentaicinco.

 

            Jessenia hizo lo que se le mandó, abrió aquella vieja y raída libreta. Leyó:

 

            — ¿Ni-gro-mante…? — Los escritos de la libreta eran tan viejos y gastados que le costó leer correctamente —. Es un Ser Oscuro sumamente poderoso que se especializa en la llamada Necromancia, una temible magia oscura que se caracteriza por invocar las Almas en Pena de aquellos que el Nigromante asesinó y usarlas para sus propios propósitos. Otros de los aspectos que definen a estos horribles y temibles seres, es su aparente obsesión por vencer a la muerte y alcanzar la Inmortalidad, estado en que la criatura no podría morir bajo ninguna circunstancia pero, hasta la fecha, ninguno de los Nigromantes ha estado cerca de alcanzar dicho estado, por lo que estos, persiguiéndola de manera obsesiva compulsiva, requieren de muchísimos sujetos de pruebas, entre los que se encuentran humanos, bestias, animales y diferentes seres oscuros; cualquier ser viviente que los ayude a alcanzar su objetivo final el cual es, vencer a la muerte…

 

            Allí concluía la explicación escrita por el abuelo del alcalde Octavio. Era breve, concisa y directa, luego de leerla, Jessenia entendió por qué ese hombre creía que un Nigromante estaba detrás de esas desapariciones, después de todo, su abuelo escribió que esos seres necesitaban de muchísimos sujetos de pruebas.

 

            —Además de la información que viene en la libreta de mi abuelo, yo y otros pueblerinos confirmamos por cuenta propia que esto, la neblina y las desapariciones, eran cosa de algún Ser Oscuro.

 

            — ¿Cómo es eso? — Inquirió la Cazadora.

 

            —Después de que no pudimos cruzar el puente de tierra, mismo que se encontraba inundado por una densa capa de neblina, los habitantes del pueblo y yo decidimos esperar a la mañana siguiente, cuando la niebla desciende y es posible caminar sin problemas. Al siguiente día, muy temprano y con las primeras luces del amanecer, un grupo de cien hombres nos propusimos a investigar el caso y, para nuestra sorpresa, en esa ocasión si logramos llegar del otro lado del puente de tierra. En esos momentos pensamos que cualquier magia que evitaba el paso se había debilitado, por lo que no perdimos tiempo y cruzamos. Una vez que llegamos, nos encaminamos sin tardanza a la entrada principal de la gruta subterránea, misma que es lo bastante grande como para que un gran numere de personas pudiera entrar sin problemas. Una vez allí nos llevamos la desagradable sorpresa de que el camino había sido bloqueado. Una gruesa pared de roca apareció de la nada, cortándonos el avance. No pudimos seguir adelante, por lo que no tuvimos más remedio que regresar al pueblo, derrotados y humillados por no poder hacer nada.

 

            —Ya veo. Y si no le molesta mi pregunta, ¿por qué no se fueron? ¿Por qué quedarse más tiempo a la espera de ayuda? Se pudieron haber marchado momentáneamente y luego regresar cuando el problema se solucionara.

 

            — ¿Y a donde podríamos haber ido? Las desapariciones del último mes ascienden a más de quinientas personas, no obstante, en el pueblo aun quedan miles y miles, ¿quien nos habría dado refugió? Además, para muchos de nosotros, Rivendel es nuestro único hogar. No podemos abandonarlo tan fácilmente.

 

            “¿Hogar…?” Pensó Jessenia con extrañeza. Aquella palabra había sido un gran misterio para la joven desde hace mucho tiempo atrás, pues desde que vivió con sus padres, la chica no volvió a saber lo que significaba aquella palabra.

 

            —Entiendo — mintió —. No se preocupe, señor alcalde, le prometo que haré lo que pueda para traer sanos y salvos a las personas que se encuentren dentro de esas grutas, si siguen con vida, juro que los traeré de regreso, cueste lo que cueste.

 

            Jessenia dijo aquellas palabras con especial seriedad y fuerza que, por unos segundos, el alcalde creyó que aun había esperanza para su pueblo.

 

            —En nombre de Rivendel le estaríamos eternamente agradecidos señorita…

 

            —Jessenia, ese es mi nombre, señor alcalde.

 

            —Jessenia…

 

            En esos momentos la puerta de la oficina del alcalde se abrió de golpe y el guía llamado Theo apareció, sudando y agitado como si hubiese corrido varios kilómetros.

 

            — ¡Señor alcalde, rápido…!

 

            — ¿Qué esta sucediendo aquí?

 

            Tanto el alcalde como Jessenia se levantaron de golpe, mirando al hombre que respiraba entrecortadamente.

 

            — ¡Más personas…, señor alcalde! — Dijo entre fuertes respiros —. ¡Cincuenta para ser exactos…! ¡Están caminando rumbo al puente de tierra, lo cruzaran de un momento a otro…!

 

            — ¡Cómo dices…! — La sorpresa del alcalde fue genuina pese a todo lo que ya experimentó en las semanas pasadas —. ¡Eso no es posible, las personas se levantan a altas horas de la noche, cuando la oscuridad esta en su punto más fuerte! ¡No ha pasado ni una hora desde que oscureció…!

 

            — ¡Pues esta pasando, señor alcalde, ahora mismo…!

 

            Theo miró al alcalde, luego el alcalde miró a Jessenia y entonces Theo también la miro a ella y ella los miró a los dos. ¡Era el momento…!

 

            — ¡Llévenme a donde se encuentran esas personas!

 

            Theo miró al alcalde antes de acceder, éste asintió con la cabeza y el guía ya no tenía duda alguna.

 

            — ¡Rápido…!

 

            Y los dos salieron corriendo por la puerta, dejándola abierta y dejando solo a un viejo alcalde de cabello canoso y bigote blanco. Él sabía que no podía hacer nada, nada más que esperar, nada más que creer y tener esperanza en aquella joven Cazadora.

 

            Cuando salieron del edificio, Jessenia se reencontró con un paisaje totalmente blanco e indefinido.

 

            — ¡Sígueme no te separes de mí, por culpa de esta maldita neblina sería fácil que te perdieras!

 

            Jessenia accedió y corrió detrás de ese hombre, asegurándose de mantener sus ojos fijos en la brillante antorcha que portaba. Fue mientras corría que volvió a escuchar la familiar voz dentro de su cabeza:

 

            “Oye, en verdad creo que sería una buena idea que cambiáramos de lugares. La criatura que esta causando esta neblina no es como aquella bruja, ni como ese trío de bestias que enfrente en el Gremio, nos enfrentamos a otra cosa mucho más fuerte.”

 

            “¡Ya te dije que no!” Le respondió mentalmente, ya que si lo hacía en voz alta, Theo la escucharía y pensaría que estaba loca y no necesitaba parecer demente en su primer trabajo como Cazadora. “¡Enfrentare a este enemigo con mi propia fuerza y con mi propia habilidad, no dependeré de ti para todo!”

 

            A la fría voz le hubiese encantado replicar con algún comentario mordaz, cruel y sarcástico, no obstante, se contuvo, ya que aún no poseía la fuerza suficiente para tomar posesión del cuerpo por voluntad propia.

 

            “¡Vamos!, déjame ayudarte. Técnicamente hablando, yo soy tú, por lo que al dejarme ayudarte, en realidad estas dependiendo de ti misma y de nadie más, ¿qué tiene eso de malo?”

 

            A lo que Jessenia respondiendo riendo mentalmente.

 

            “¿Qué tú eres yo? ¡Que gracioso! Hasta hace unas horas atrás estabas diciendo que yo era tú y que éste cuerpo en realidad te pertenecía a ti. ¿A que se debe el cambio tan repentino en tú actitud?”

 

            “¡Solo escúchame, maldita idiota con caca en lugar de cerebro, si tú mueres, yo moriré contigo y no permitiré que eso pase, ¿te quedo claro?! ¡La criatura que provoca esta cochina y hediendo neblina no es un enemigo al que puedas enfrentar con tú lamentable nivel de pelea, por lo que si estas determinada a no dejarme controlar el cuerpo, al menos cuando lo arruines o te acobardes, llámame, de esa forma podré salvar tú coño virgen, ¿esta claro?”

 

            “Eso no sucederá”.

 

            “¿Si…? Ya lo veremos.”

 

            La voz guardó silencio y Jessenia pudo concentrarse en el punto brillante que Theo mantenía encendido más adelante. Con forme se acercaron a las afueras del pueblo, la Cazadora comenzó a escuchar susurros siniestros en el aire. Era una vez ronca, profunda e ininteligible, se la pasaba cantando una serie de palabras que Jessenia no logró comprender.

 

            —Oye, ¿qué es eso que se escucha? — Le preguntó a Theo. Con forme avanzaba, los cánticos se fortalecían.  

 

            — ¿Eh…? ¿De que hablas? Yo no escucho nada… ¡Apresúrate!

 

            Pero ella si podía escuchar los cánticos, se escuchaban cada vez más fuertes conforme avanzaban. Jessenia miró a izquierda y a derecha pero todo se veía igual, una gruesa capa de neblina blanca obstaculizaba la imagen de las viviendas e inclusive el cielo nocturno era tapado por el espeso manto blanco. La Cazadora llegó a preguntarse si realmente estaban avanzado o solo corrían sin rumbo fijo. Fue entonces que llegaron. Jessenia advirtió cuando pasaron un segundo arco muy similar al que se encontró ella al momento de entrar al pueblo, supuso que aquella era la salida del mismo. Los cánticos eran ya tan fuertes que resultaría imposible que Theo no pudiera escucharlos pero, al verlo correr tan determinado hacía el frente, la Cazadora entendió que no escuchaba nada.

 

            —Aquí es, mira… — El hombre alumbró el suelo con su antorcha y Jessenia vio un caminito que continuaba varios metros hacía delante. Por la anchura del mismo, la Cazadora calculó que dos personas podían ir juntos, lado a lado, tomados de la mano rozando peligrosamente las aguas turbias de los costados —. No sé lo que el alcalde te haya contado pero cuando nosotros tratamos de llegar al otro lado, por alguna razón que nunca entendimos siempre terminábamos regresando hacía acá. Las únicas veces que logramos cruzar fue cuando se hacía de día, tal vez quieras esperar a mañana para…

 

            — ¡Lo haré hoy! — Respondió con firmeza —. Mientras más tiempo pase, la gente que se encuentra del otro lado podría estar siendo victima de toda clase de tratados horribles, cada minuto cuanta y no pienso desperdiciar ni un segundo. Haya lo que haya del otro lado, lo derrotare y regresare con todas las personas vivas que pueda, ¡lo prometo! ¡No abandonare ni al más pequeño ni al más viejo! ¡Todos deben regresar sanos y salvos!

 

            —En ese caso toma esto — Theo le entregó a Jessenia su antorcha —. Te podría ser útil cuando cruces.

 

            —Pero tú…

 

            —No te preocupes, he vivido más de treinta años en este pueblo, no hay rincón que no conozca, por lo que estaré bien, tú por otra parte, estas a punto de enfrentarte a lo desconocido, por lo que cualquier fuente de luz podría servirte a la hora de confrontar a la oscuridad. ¡Tómala!

 

            Jessenia sostuvo la brillante antorcha que despedía un brillo calido.

 

            —Si es que logras llegar del otro lado, será mejor que te cuides, porque estarás sola, nadie ira a salvarte si corres peligro, tenlo presente antes de marcharte.

 

            —Lo sé — respondió sin vacilación —, lo supe desde el momento en que acepte este trabajo.

 

            Fue en ese momento cuando de entre la neblina emergieron varias docenas de personas. Theo y Jessenia miraron como todos esos individuos caminaban con las cabezas inclinadas hacía abajo y con los ojos cerrados y, lo más extraño de todo, es que esa gente tenía el brazo derecho levantado.          

 

            —Así es como se ven las personas cuando se marchan del pueblo en mitad de la noche — dijo el guía mirándolos con lastima —, por más que lo intentamos no pudimos despertarlos y tampoco pudimos conducirlos de vuelta a sus casas, por lo que tú eres…

 

            Al momento de girar la cabeza para ver a Jessenia, Theo cerró la boca al notar la cara sorprendida de la Cazadora.

 

            — ¿Qué te sucede? — Le preguntó —. Pareciera que hubieras visto a un fantasma.

 

            Y no le faltaba razón. Jessenia se quedó boquiabierta con los ojos bien abiertos al momento de notar cual era la fuerza que empujaba a esas personas: ¡eran espíritus! Fantasmas rodeados de siniestras auras negras tomaban de las manos a esa gente y los conducían del otro lado del puente de tierra. ¡Era imposible no verlos, eran claramente visibles para cualquier humano con un par de ojos! Fue entonces que Jessenia recordó el cántico y que el mismo continuaba escuchándose, más fuerte que antes y sin detenerse. Al parecer, solo ella podía escuchar esa siniestra y profunda voz que se oía en el aire.

 

            —Dime la verdad — le dijo Jessenia a Theo —, ¿no escuchas nada, verdad?, ¿ni siquiera un leve sonido?

 

            A lo que Theo la miró extrañado.

 

            —Ya te dije que no. No escucho nada salvo el sonido del viento al pasar, ¿por qué?, ¿tú escuchas algo?

 

            Jessenia no respondió, se hizo a un lado para dejar que los fantasmas continuaran guiando a los habitantes del pueblo a través del puente de tierra. Una vez que pasara el último, la chica los seguiría, de esa forma la conducirían directamente con el responsable de toda aquella neblina. Cuando el último habitante de Rivendel cruzó por el puente, Jessenia se despidió de Theo y fue tras los pueblerinos.   

 

            Theo permaneció parado con la vista puesta en la neblina que obstaculizaba la vista, Jessenia desapareció frente a sus ojos al internarse en la densa cortina blanca y, por unos instantes, el hombre creyó que la volvería a ver caminando de regreso, tal y como les había sucedido a él, al alcalde y a los demás habitantes que intentaron cruzar de noche. No sucedió.

 

            Los segundos se convirtieron en minutos y Jessenia continuaba sin aparecer del otro lado…

 

            —Impresionante — se dijo a sí mismo —, no ha regresado. En verdad logró cruzar del otro lado…

 

            No era del todo cierto. Jessenia aún no lograba cruzar sana y salva del otro lado del puente de tierra, sino que era todo lo contrario, la joven Cazadora caminaba encorvada, jadeando y con el rostro empapado en sudor. Estaba sumamente cansada, no solo por el largo trayecto que corrió hasta hace unos minutos atrás, sino que la atmosfera que se sentía dentro de esa neblina, en ese pequeño puente para ser más exacto, era sumamente pesada. Hacía un calor terrible, los temibles cánticos sonaban cada vez más fuertes y era difícil respirar ahí dentro; Jessenia sentía que cada paso que daba era asfixiante, una tortura. Su cuerpo, por algún motivo, se sentía más pesado que de costumbre y no era por el cansancio, había algo dentro de esa neblina que la volvía más pesada de lo que en realidad era.

 

            “Maldición…” Pensó entre jadeos. “No puedo respirar… Es como si algo me quitara el aire tan pronto como entra dentro de mi cuerpo…”

 

            Jessenia comenzó a tambalearse y por poco se caía del lado izquierdo del puente, en lugar de eso, la chica cayó de rodillas hacía delante con la mirada puesta en el suelo y con las gotas de sudor desprendiéndosele del rostro.  

 

            “¡Oye, idiota! Más vale que no caigas en este lugar. Tal vez no te hayas dado cuenta pero estamos rodeadas, si la presión que sientes hace que pierdas la conciencia tendremos problemas. Haz algo inteligente por primera vez en toda tú miserable vida y cambie de lugares conmigo, no estas lista para enfrentarte a un oponente de éste nivel, tú idiotez y terquedad no solo nos puede costar la vida a nosotras, sino también a esos imbéciles que quieres salvar. ¡Me estas escuchando, retardada de mierda…!”

 

            — ¡Podrías callarte! — Le espetó Jessenia ؅—. ¿Cómo quieres que me concentre en salir de aquí si no cierras esa enorme y sucia boca que tienes…? ¡No necesito de tú ayuda, soy perfectamente capaz de salir de este embrollo por cuenta propia!

 

            “¿Ah, sí? A mí me parece que estas medio muerta. ¡Ni siquiera te puedes poner en pie, idiota!”

 

            Jessenia continuó respirando con fuerza, se quitó el sudor de la frente con la manga del brazo derecho e hizo acopió de todas sus energías para ponerse de pie. Se apoyó sobre su pierna derecha y luego se levantó con ayuda de la izquierda. Fijó la mirada al frente y notó que perdió de vista a los pueblerinos que eran jalados por fantasmas envueltos en auras oscuras. Con lentitud y entre tambaleos, Jessenia continuó adelante, ignorando los horribles cánticos que parecían debilitarla conforme estos se volvían más fuertes, rápidos y repetitivos.

 

            — ¡La culpa la tienen esos malditos sonidos que escucho! — Dijo para sí misma —. ¡No tengo idea de lo que signifiquen, pero me vuelven más débil a medida que avanzo!

 

            “Eso es bastante obvio. Quien sea que este provocando esta neblina y haya mandado a esos fantasmas, quiere debilitarnos para que sea más fácil derrotarnos, es por eso que nos dejó cruzar el puente, quiere matarnos en persona”.

 

            Las palabras de la voz tenían sentido, en especial conforme Jessenia avanzaba y más al frente fue capaz de ver el final de la neblina. Tan pronto como la chica cruzó del otro lado, un fresco aire frío chocó contra su cuerpo devolviéndole parte de su energía. Jessenia dejo de sentir su cuerpo pesado y adolorido y la cabeza dejo de darle vueltas, ya no veía borroso y los cánticos al fin se detuvieron.

 

            — ¡Finalmente! — Exclamó aliviada —. Por un momento creí que no volvería a ver la luz de la luna.

Notas finales:

CONTINUACIÓN DEL CAPITULO:

 

Y era cierto. Del otro lado del puente ya no había neblina que obstaculizara el camino ni el firmamento, por lo que desde ahí Jessenia era capaz de ver el cielo estrellado y una resplandeciente luna llena. La chica continuó su camino. Mientras andaba, buscando cualquier señal de los pueblerinos, notó que el suelo tenía varios agujeros que descendían muchos metros bajo tierra, por lo que tuvo que tener cuidado de no caer en alguno de ellos, ya que la Cazadora no sabía a donde la conducirían.

            Fue entonces que lo vio, ante la joven se levantaba un cerro bastante alto y en uno de sus muros había una enorme cueva de unos cinco o seis metros de altura que era lo bastante ancha como para que entraran diez personas juntas a la vez. Al acercarse, Jessenia notó que el caminó descendía, acercó la antorcha que Theo le entregó y aun así fue incapaz de ver el final del camino. No tenías más opción que bajar, consciente de que lo que sea que estuviera allí abajo, la estaba esperando.

            Comenzó a descender con sumo cuidado, alumbrando con su brillante antorcha los muros de piedra de izquierda y derecha, luego el techo y el suelo, notó que en la parte superior de esa caverna había docenas de largas y puntiagudas estalactitas que amenazaban con desprenderse de un momento a otro y ensartársele como espadas afiladas; también advirtió que en el suelo de roca había docenas y docenas de estalagmitas, las cuales eran igual que las primeras, salvo que estas estaban enterradas en la tierra y no en el techo. Siguió su camino, cuidando que alguna de esas estalactitas no se fuera a caer del techo sobre su cabeza y matarla en el proceso, también se cuidó de no tropezar con las muchas grietas que había en tierra para luego caer encima de alguna de las estalagmitas. No deseaba ser la primer Cazadora que moría por algún estúpido descuido.

            Fue entonces que llegó al final del túnel. Frente a Jessenia una gruesa pared de roca le cortaba el camino pero, según la historia de Octavio, el alcalde de Rivendel, ese muro jamás existió, desde el principio el paso siempre estuvo despejado, por lo que la Cazadora intuyó que debía tratarse de una barrera mágica para proteger el interior, lo cual significaba que se estaba acercando a los habitantes, al Nigromante y al meollo del asunto. Tocó la pared y la sintió real: dura, fría, un poco húmeda y rasposa. Cualquiera que la viera por primera vez no dudaría de su autenticidad, no obstante, Jessenia sabía que era falsa. Un engaño creado con magia.

            Y en eso, Jessenia se percató de otra cosa: rotando sobre sí mismo, en el suelo había un brillante círculo mágico de color negro, tenía grabado varios símbolos y letras que la joven no fue capaz de descifrar. No hacía falta ser un genio para saber lo que se tenía que hacer.

            “Quiere que entres dentro de ese círculo”. Le dijo la voz entre gélidas risitas. “Esto se pondrá interesante”.

 

FIN DEL CAPITULO. 

Aqui se conecta los dos partes de la historia, para cualquier duda que tengan, no olviden dejar un comentario. Nos vemos en capitulos futuros, cuidense. 

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