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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡¡¡ATENCION!!!

Los capitulos ya estan subidos y acomodados, ya se pueden leer de corrido. Lamento muchisimo la espera y los problemas ocasionados, por favor, disfruten de la lectura.

Para cualquier duda, crítica, opinion o sugerencia, no olviden dejarmelo en un comentario.  

Por como  la joven lo veía, solo tenía dos opciones a elegir, la primera: podía juntar su Energía Espiritual en ambos puños y derribar esa pared de roca negra, pero al hacerlo, cabía la posibilidad de que las estalactitas, largas, puntiagudas y amenazantes como hoja de espada, terminen desmoronándose y clavándosele por todo el cuerpo, sin mencionar que también existía la posibilidad de que la montaña entera o una buena parte de ella, acabe cayéndosele encima, terminando así con su propia vida, sino con algún posible sobreviviente que haya del otro lado del muro. 

            Jessenia sopeso éste último pensamiento, siempre cabía la posibilidad de alguien haya logrado sobrevivir a las garras del Nigromante y a su espantosa magia negra, no obstante, este fugaz e ingenuo pensamiento, abandono su mente tan rápido como apareció. Efectivamente, la joven humana no perdía la esperanza, pero tomando en cuenta los rituales y las prácticas de esos hechiceros, Jessenia no creía que existieran muchas probabilidades de que alguien, quien sea: hombre, mujer, niño, anciano, etc., pudiera seguir respirando del otro lado, aun así, la chica, por más ingenua que pudiera llegar a ser, no quería renunciar a ésta posibilidad, por lo que de las dos opciones, eligió la más arriesgada y peligrosa; la segunda y esta era pararse sobre el círculo mágico que yacía rodando en el suelo frente a la pared que le cortaba el paso a la Cazadora.

            Pensó en los agujeros que había fuera de la cueva como una posible entrada alterna, pero dada la cantidad de personas desaparecidas, la antesala de ese frío, húmedo y oloroso lugar, parecía el lugar perfecto para llevarlos, porque, pese al peligro de que todas esas filosas estalactitas caigan, el lugar era muy amplio, idóneo para llevarlos, sin mencionar que siempre existía la posibilidad de que aquel muro este protegido mediante algún sortilegio de magia que haga muy difícil o imposible, ser atravesado mediante métodos simples y vulgares como derribarlo por medio de la fuerza bruta.

            Así que, sin más por el momento, Jessenia se arma de valor y se para sobre el brillante círculo negro con runas y símbolos desconocidos.

            Tan pronto como se paró encima de aquel círculo, de éste, un brillo casi cegador inundo toda la antesala. Jessenia se inclinó contra su voluntad, sentía que iba a vomitar, que se iba a desmayar; sus parpados se esforzaban por mantenerse abiertos, pero estos eran muy pesados, tanto que la chica tuvo los ojos entrecerrados, sentía que estaba a punto de morir, ¡ese círculo le estaba drenando la energía de su cuerpo! No, mejor dicho, se lo estaba arrancando por la fuerza. La humana apoyo la rodilla izquierda contra el suelo rocoso en un intento por resistir y no caer inconsciente. Estaba funcionando. Pues al mismo tiempo que la energía de su cuerpo era arrancada brutalmente, la pared negra que le cortaba el paso, comenzó a temblar, el muro y toda la cueva, por unos segundos creyó que las estalactitas que colgaban sobre su cabeza la atravesarían en cualquier momento, sin embargo, esto no ocurrió. El muro oscuro y solido empezó a hundirse bajo tierra.

            Finalmente, cuando parecía que toda su energía la había abandonado y que las puertas de la muerte ya se encontraban frente a ella, el círculo negro y brillante se extinguió como si nunca hubiese existido. Jessenia comenzó a respirar rápidamente; estar dentro de aquella circunferencia le había arrebatado, además de sus fuerzas, el aire, pero eso no importaba ahora, pues había funcionado. El muro ya no estaba frente a ella, podía cruzar sin preocupaciones.

            Se toma un par de segundos para respirar, se reincorpora sobre ambas piernas, se limpia el sudor de la frente y camina con paso resulto a los misterios que la oscuridad ocultaba bajo su manto imperturbable.

            No obstante, en el momento en que Jessenia puso un pie del otro lado, de donde se supone estaba el muro de roca negra, la chica se para en seco, cierra los ojos con fuerza, se lleva ambas manos a la boca y emplea toda su determinación y fuerza de voluntad por no vomitar. ¡Todo aquel lugar apestaba a muerte y a sangre! El pequeño olorcito que capto en la arena donde se llevó a cabo la primera prueba para ser una Cazadora, no era nada ante aquella inmensa sala negra donde la nada la recibía. Aquel lugar, era un verdadero cementerio de cadáveres y, pese a que no podía ver nada por culpa de las tinieblas de enfrente, sabía que la muerte se encontraba allí, oculta y paciente por hacer su aparición.

            Aun así, Jessenia no retrocedió ante aquel olor, no permitía que ni la muerte misma la amedrentara, pues ser un Cazador de Eternal Soul era como Scar, el enorme y musculoso entrenador con una llamativa cicatriz en forma de garra justo en medio del semblante, le había dicho: “Ser un Cazador no significa no temerle a la muerte, sino atreverse a plantarle cara y enfrentársele, pues así es la vida de los que se dedican a cazar Seres Oscuros por el bien de las personas que no pueden luchar, una continua lucha contra la muerte, peleando por sobrevivir un día más”. Una vez recordadas sus palabras, la joven humana planto el pie con fuerza contra el suelo rocoso, le devolvió una mirada llena de resolución a la nada que se mostraba frente a ella y, como si desafiara a la misma oscuridad, Jessenia inhalo con calma el aire que se respiraba en aquel frío y solitario lugar y lo exhalo con la misma tranquilidad imperturbable de cuando se tomaba algo en serio.

            Pareciera que la oscuridad la había aceptado como una digna oponente, porque para la impresión de Jessenia, aquel olor a muerte fue desapareciendo poco a poco, si bien no se extinguió totalmente, pero a comparación de como estaba antes, ahora la chica ya podía moverse con total soltura y a sus anchas, pese a que aún se encontraba cansada por el arrebato de sus energías.

            ¡Una serie de flamas verdes aparecieron de la nada! Estas flotaban en las paredes del lugar, iluminando todo aquel espacio; delante de los ojos de la humana, un vasto lago de agua negra se presentaba frente a sus azules orbes, se parecía al líquido que vio cuando estaba dentro de la montaña con el Segador hace ya tanto tiempo, en realidad aun no pasaba ni siquiera el mes desde que aquello sucedió, aun así, parecía que fueran meses desde que observo su inexpresivo semblante.

            La joven Cazadora camino hasta ponerse en un orilla del piso rocoso, un paso más y caería de bruces, directo sobre todo aquel liquido oscuro, hizo una sentadilla para mirar más de cerca el agua negra, ésta no le devolvía su imagen como las cristalinas y limpias aguas que debía haber en otro lugares más llenos de vida. Metió las manos dentro del líquido oscuro, gélido como el más frio de los hielos, saco un poco de agua y se la puso a unos centímetros bajo la nariz, respiro profundo. ¡Sangre! Jessenia soltó aquella sustancia que no podía ser agua y que apestaba al elixir vital sin el cual los seres humanos u otras criaturas que se hagan llamar así mismos, seres vivientes, necesitaba para vivir.

            Se incorporó y volvió los ojos a todos lados, buscando algún objeto, un método o algún pasadizo, camino o sendero secreto que le ayude a cruzar al otro lado. Pero no encontró nada. Todo lo que había en ese lugar eran paredes, techos y suelos de maciza roca negra. Debía haber un método para poder cruzar, tenía que haberlo, de lo contrario, ¿Cómo pasaron todas las personas del pueblo al otro lado? A no ser que…

            Jessenia miro con ceño el lago negro que se abría largo y ancho frente a ella. ¿Sería posible que…? ¿Toda esa gente…? ¿Bajo el agua…?

            Pero antes de responder a sus preguntas, algo increíble y siniestro sucedió. Sobre las calmadas, negras y frías aguas oscuras, una serie de pequeñas antorchas de fuego verde aparecieron como construyendo un sendero sobre el líquido. Las pequeñas y brillantes flamas verdosas se mantenían quietas, imperturbables sobre el agua, iluminando un poco más aquel tenebroso y silencioso lugar.

            Los pequeños fuegos se encontraban separados por escasos centímetros uno al lado de los otros y distanciados por unos pocos metros al frente de los mismos, formando un camino negro justo en medio para cruzar al otro lado. O al menos, fue lo que la humana pensó en cuanto vio aparecer aquellas flamas y el cómo se dispusieron unas frente a las otras.

            Sin otra cosa por hacer y sin ningún mejor plan, salvo nadar quien sabe cuántos kilómetros dentro de unas aguas que apestaban a sangre, corriendo el peligro de enfrentarse a cualquier cosa que se ocultara bajo todo ese líquido negro, aunque, por el olor de aquella sustancia, Jessenia ya se hacía una idea sobre lo que pudiera haber en las profundidades de aquel lago.

            Dudando sobre lo que estaba a punto de hacer, pone un pie sobre el agua, acto seguido, pone el segundo y, para su gran asombro, ¡no se hundió, estaba parada sobre el agua!

            Con prudencia es que prosiguió su camino. A los pocos minutos de andar y andar, Jessenia finalmente advierte el final del trayecto, más adelante se podía apreciar tierra firme, igual a la que había dejado atrás.

            Las pequeñas flamas verdes que yacían suspendidas sobre el agua negra, continuaban alargándose, mostrándole el camino como buenos anfitriones de alguna casa privada. Así que, antes de cruzar a salvo, Jessenia toca el agua oscura que no estaba en medio de las pequeñas antorchas verdosas y brillantes. Su mano se había hundido, como era lo normal, puso fuerza y la mano se sumergió tanto como la humana así lo quiso, la recupero a los pocos segundos, y prosiguió con el experimento, ahora, con el agua que la chica estaba pisando. Para su impresión, por más que la Cazadora empujo, no fue capaz de hundir la mano en aquel pedazo de líquido. Se sentía la humedad y la frialdad de la sustancia, pero no podía atravesarla. Entonces la joven miro muy curiosa las flamas verdes que estaban apostadas a su izquierda y a su derecha. ¿Sería posible… que aquellas llamas, impidieran que se hundiera?

            Una morbosa curiosidad por querer conocer invadió a la pelicastaño, se encontraba muy tentada a tocar aquel fuego verde, por más estúpida e ilógica que era su idea, no podía descartarla, no obstante, algo mucho más grande que la lógica y el sentido común la detuvo a tiempo, ese algo le decía que era una muy mala idea tocar con las manos desnudas aquella flama brillante. Y no era por temor a quemarse, es más, algo dentro de la Cazadora le decía que si tocaba aquel fuego, no se quemaría, sino más bien, ocurriría algo peor. Así que, escuchado a ese algo, a lo que Jessenia se refería muy a menudo como “instinto”, retiro la mano y se apresuró a cruzar a salvo al otro lado. Antes de que su anfitrión decidiera retirarle aquellas llamas mágicas que le garantizaban una caminata segura sobre el agua.

            Una vez pisada tierra firme, un nuevo obstáculo se presentó frente a Jessenia. A varios metros de ella se podía apreciar una alta abertura en la pared de roca negra que sin duda alguna, conducía a otra cámara dentro de la gruta, no obstante, acostado frente a la entrada, una enorme bestia de tres cabezas yacía dormido.

            Cuando la humana se acercó con pasos determinados, sin permitir que aquella criatura la amedrentara, el enorme perro negro de tres cabezas mueve las orejas al escuchar pasos, abre sus brillantes ojos rojos y al momento de ver a la intrusa, le enseñe los enormes colmillos mientras gruñía con rabia. Inmediatamente se puso en pie. Debía de medir poco más de diez metros de altura y quien sabe cuánto de largo. A tan solo unos metros de su adversario, el perro ruge varios ladridos que hacen eco por toda la vasta cámara que antes estaba sometida por el silencio.

            Al sentir la voraz sed de sangre que transmitía la bestia frente a ella, Jessenia invoca su Arma Espiritual que apareció delante de la humana dentro de una bola de energía blanca. La tomo por la empuñadora y la sostuvo con firmeza frente a su cuerpo, no obstante, al momento de invocarla, la vista se le nublo a la joven Cazadora y comenzó a respirar con fuerza, empezó a transpirar sudor frio y fue cuando recordó la cantidad de energía espiritual que le fue robada como pago para poder entrar al otro lado del muro que se encontraba en la antesala.

            “Así que ese era su objetivo…,” Pensó Jessenia mientras jadeaba con la espada en mano y sin quitarle la vista al perro de tres cabezas que la observaba con mórbido deseo de comerla de un bocado. “Debilitarme…”

            El perro salto al frente con gran velocidad, el hocico de la cabeza de en medio se abrió grande, mostrando los largos colmillos que bien podrían pasar por hojas de espadas, listo para zamparse a la intrusa de un bocado. Pero en el momento justo, Jessenia salto alto, evadiendo al perro. Aterrizo a unos metros de distancia de él, el guardián, inmediatamente, se puso delante de la entrada, obstaculizando el paso por si la chica quisiera correr hacía la boca de la pared.

            Una vez más, el perro se lanzó con rapidez sobre la humana con las fauces de la cabeza de en medio bien abierta, la humana dio un perfecto salto vertical, ahora se encontraba sobre la cabeza central de la enorme bestia, bajó la espada y descendió impulsada por la fuerza de gravedad, con la clara intención de enterrarle a su adversario la hoja del arma, en su totalidad, en el cráneo.

            Jessenia no advirtió que la cabeza de la izquierda noto el movimiento y antes de que el ataque conectara y aun en el aire, la enorme y larga cola peluda de la bestia se estrelló contra la humana empujándola a varios metros de donde se encontraba. La Cazadora sobrevoló el agua negra a gran velocidad y con una violencia brutal, chocó contra una pared, al momento del impacto, Jessenia escucho el horrible tronido de varios huesos en su espalda, ¿o fue al frente de su cuerpo?, no lo sabía.

            La boca se le lleno de un amargo sabor a hierro y, antes de caer inevitablemente al agua negra, aun sosteniendo la espada con la mano derecha, Jessenia vomita sangre.

            Un sonido seco y frío se escuchó cuando la joven pelicastaño se impactó contra el agua gélida del lago negro. Poco a poco, comenzó a hundirse. El brillante fuego verde que estaba pegado a la pared y proveía de un poco de luz al lugar, fue convirtiéndose conforme la humana se hundía, en un borrón casi ininteligible.

            Mientras la oscura y fría agua que apuñalaba como cientos de diminutos cuchillos atravesaban la piel de Jessenia, la conciencia poco a poco la perdía. Sin embargo, algo impidió que la chica cerrara los ojos para siempre, se tratada de un siniestro y negro cantico que se escuchaba como leves susurros a la distancia y a la vez, como potentes voces atronadores que comenzaban a aproximarse a la joven.

            La humana apretó con fiereza la empuñadora de su espada, negándose a rendirse. Empezó a mover piernas y brazos mientras el oscuro cantico se escuchaba cada vez más rápido. Cuando finalmente logro sacar la cabeza y respirar una feroz bocanada de aire, un agarre con una fuerza brutal le apretó el pie. Al mismo tiempo que la chica emitió un grito de dolor, el agarre la hundió sin miramientos. Antes de  que Jessenia se percatara de lo que estaba ocurriendo, decenas, cientos y quizás hasta miles de seres horrendos, descarnados y podridos, emergieron de las profundidades, sosteniéndolas con sus muertas manos, abrazándola con violencia y empujándola a lo más hondo de las negras aguas con las intenciones de ahogarla.

            Tratando de soltar golpe tras golpe, patada tras patada, nada parecía funcionar, aquellos cadáveres podridos no aminoraban el agarre, continuaban hundiéndola con velocidad. El asqueroso y nauseabundo sabor de la muerte le lleno la boca que antes había sido el lugar para las muchas y las muy variadas comidas que Jaime, con ayuda de Chris, le habían preparado. Por unos momentos, Jessenia temió que la boca se le llenara de vómito y muriera a causa de eso, aunque, pensándolo bien, el sabor del vomito no podría ser peor que aquel caldo negro mezclado con cientos o miles de cuerpos podridos.

            Cuando ya estaba a punto de perder la conciencia, debido al brutal arrebato de energías que sufrió a causa del círculo mágico antes de entrar al lugar, a causa del horripilante sabor del agua negra, a causa de la fuerza que debía emplear para luchar contra aquellos cadáveres, y a causa de la fuerza del impacto momentos antes de hundirse, Jessenia se sentía desfallecer. Y lo que lo empeoraba todo, aquel siniestro cantico no dejaba de escucharse, continuaba fuerte y tétrico.

            La joven humana se preguntó, cuando aún mantenía los ojos abiertos, si un Cazador más experimentado que ella hubiese podido salir de ese aprieto o quizás, si tal vez hubiese encontrado otro modo de enfrentar la situación. No lo sabía. Las fuerzas estaban a punto de acabársele, se sentía cansada, los parpados le pesaban y cada uno de sus músculos debía de haberse convertido en un ladrillo de acero de varios kilos de peso, pues la chica ya no podía moverse para salir a la superficie.

            Si no fuese por el collar que tenía el símbolo de Eternal Soul que Nick le regalo antes de que la humana saliese de Central, probablemente, el cadáver de la joven sería uno entre tantos otros, solo un cuerpo más, solo una muerte más, solo uno de los tantos humanos que yacían muertos y usados por un Ser Oscuro.

            Ver ese collar, ese símbolo con la espada y el escudo, le hizo recordar el alto edificio del Gremio de ciudad Central, le trago de regreso los momentos que pasó junto con Jaime y los demás empleados de la posada Aura y más importante, le trajo de regreso el recuerdo de Megan y las últimas palabras que le dijo antes de que la bella chica de pelo negro cerrara los ojos para siempre. Su dulce y suave voz aun resonaba con fuerza dentro de la mente de la pelicastaño: “Vive”.

            ¿Enfrentarse en una pelea con el Segador para probarse así misma? Para demostrase lo mucho que ha cambiado desde que el misterioso individuo la recogió del reino de Fior. ¿Luchar contra los Demonios que gozan con provocar muerte y destrucción  por el mero placer que les producía hacerlo? Los planes que Jessenia se había propuesto cuando aún estaba dentro de la cálida y confortable ciudad Central se veían, además de lejanos, imposibles. ¿Cómo esperaba sostener una batalla contra el Segador si ni siquiera podía salir de un aprieto como ese? ¿Cómo esperaba derrotar a los Demonios cuando ni siquiera era capaz de soltarse de las garras de un grupo de cadáveres? ¿Cómo esperaba regresar a la ciudad con una sonrisa si ni siquiera era capaz de cumplir su primera misión como Cazadora? ¿Cómo?

            Ahora entendía perfectamente el orgullo del que hablaba Liz, la hermosa y morena camarera que atendía la Sala Común de la Primera Rama. El orgullo del Cazador, no regresar hasta no haber superado la misión. Ciertamente, Jessenia no podía verse así misma saliendo con vida de esas circunstancias y luego salir corriendo como una niña asustada a los brazos de una ciudad cálida y reconfortante, abandonando a su suerte a las personas que depositaron su confianza en ella. ¡No! ¡Jamás lo haría!

            Inmediatamente se sintió ridícula y avergonzada por los patéticos pensamientos de auto derrota que comenzó a tener. ¿Cómo esperaba derrotar a su oponente cuando ni siquiera tenía confianza en sí misma? ¿Cómo abrir una puerta cuando fue la misma persona quien le puso el cerrojo? Muy simple, hay que quitárselo y atreverse a intentarlo, cueste lo que cueste. Cualquier cosa, sería mejor que quedarse tirada sobre un charco de lodo mientras se regodea en su inmundicia, sintiendo pena y lastima por sí misma.

            Repentinamente, las fuerzas regresaron a sus manos, a su cuerpo y al resto de sus extremidades inferiores. Apretó la empuñadora de su espada así como los dientes. Busco dentro de ella, en lo más profundo de ser su ser y, finalmente, logro encontrar la fuerza que buscaba. Ésta empezó a inundar cada centímetro de su anatomía. ¡Era una grandiosa explosión de energía que iba más allá de su imaginación, se sentía bien, delicioso, invencible!

            La hoja de su arma comenzó a emitir un brillo blanco que termino en una explosión de energía que provoco que un gran chapuzón de agua se moviera con violencia en todo aquel lago negro. Su calma y tranquilidad se habían quebrado, ahora parecía un pequeño mar que provocaba diminutas olas meciéndose con desorden.

            Tan pronto la luz los golpeó de frente, los cadáveres perdieron su fuerza, soltaron a Jessenia y ésta salió con estrepito del agua. Aterrizo de pie sobre el área donde se encontraban las pequeñas flamas verdes sobre el líquido, poniéndola a salvo, de momento.

            Los canticos se habían detenido, pero el peligro no había pasado, el perro de tres cabeza seguía a la espera, listo y preparado, siempre en guardia, dispuesto a proteger la entrada que llevaba a cámaras mucho más oscuras. Las Energías de la joven Cazadora se habían renovado milagrosamente, su cuerpo se sentía tan ligero y ella, se sentía capaz de hacer lo que quisiera. Era una sensación embriagadora, sobrecogedora y muy complaciente.

            Jessenia camino con pasos resueltos a donde el perro la estaba esperando. El guardia yacía delante de la abertura en la pared, mirando con sus seis ojos rojos, dos por cada cabeza, a una humana que se aproximaba sin miedo y sin dejarse intimidar por un oponente más grande y mucho más terrorífico en lo que en apariencias se refieren.

            Su larga gabardina negra se mecía por los vestigios de energía que su cuerpo emanaba; cuando finalmente regreso a tierra firme, el perro de tres cabezas, gruñendo y mostrándole los afilados colmillos, corrió hacía ella, esta vez no se lanzó sobre su oponente con la intención de devorarla de un solo bocado, sino que cuando ya estaba cerca de la humana, la enorme bestia movió rápidamente su enorme pata contra la intrusa, obviamente con la intención de empalarla en una de sus garras negras, Jessenia, por el contrario, no se movió, permaneció quieta y tranquila, sopesando cada uno de los movimientos de su adversario, cuando el momento del ataque había llegado, la joven pelicastaño levanto rápidamente la hoja de su espada que emitía destellos blancos, dando un corte limpio y mortal de un solo tajo.

            Un rayo de luz se percibió y luego,  la pata derecha de la bestia salió volando, lejos del resto del cuerpo y hundiéndose con gran estrepito en las aguas oscuras detrás de la humana. El enorme perro dejo escapar un tenebroso y potente chillido que inundo todo el lugar con los horrendos ecos que la bestia provocaba. Con una impresionante sangre fría en sus venas, Jessenia pasó junto al perro de tres cabezas sin prestarle ni un poco de atención. Toda esa energía que no sabía que poseía, aquella fuerza, esa velocidad, esa sensación embriagadora, ¡era orgásmica!

            Jessenia no lo sabía, pero en esos momentos, la muchacha estaba sonriendo con gran satisfacción. No era una sonrisa alegre o feliz, ni siquiera una mueca arrogante o vanidosa, era algo diferente. ¿Placer? ¿Satisfacción? ¿Que era? No lo sabía en ese momento.

            Cuando ya estaba a punto de pasar al otro lado de la abertura, un último rugido, mucho menos potente y menos atemorizante, sonó a su espalda. El perro de tres cabezas, temblando como un niño asustado y con gran dificultad para mantenerse en pie con tan solo tres patas, yacía vuelto a la acción. La joven humana no se volvió para mirarlo. ¿Para qué hacerlo si estaba claro el resultado de la pelea? Aun así, la chica dio un giro de trecientos sesenta grados cuando presintió el último ataque del perro de tres cabezas. Éste se había lanzado sobre la humana y, antes de estar lo suficientemente cerca, Jessenia giro sin detenerse, blandió la espada, un destello salió despedido de está, regreso a su posición original y se adentró a los misterios de esa cueva mientras la mitad inferior y superior de la bestia se desprendían y caían en lugares diferentes.

            El trayecto continuaba hacía abajo, cuando llego a un pasillo que descendía, una serie de flamas verdes aparecieron sobre la cabeza de la chica, pegadas a los muros, iluminando y señalando a la vez su camino, los canticos habían regresado. Leves y escalofriantes, pero mucho más vividos ahora que Jessenia estaba fuera del agua, pero ahora, a diferencia de cuando estaba en el camino oculto entre la neblina, los cantos no le hacían nada, estos no se metían dentro de su cabeza, haciendo que viera cosas y adormeciendo sus sentidos.

            Una repentina voz femenina, suave, fría y afilada, se escuchó con total claridad y nitidez.

            “Se siente bien, ¿no es verdad? El poder, la energía, esa maravillosa y seductora sensación que embarga tus sentidos haciendo que sufras un placer inexplicable cada vez que peleas y te fortaleces”

            Había dicho la suave y familiar voz de mujer.

            —Creí que solo podía verte y escucharte en sueños—le respondió en voz alta, pese a que la voz estaba dentro de su cabeza.

            “Verme, solo en sueños, pero no necesitas estar dormida para poder escucharme. Recuérdalo, yo estoy contigo en todo momento, en las buenas y en las malas. De hecho, por un segundo llegue a creer que necesitarías mi ayuda allá atrás, cuando te estabas ahogando, me alegra ver que pudiste encontrar la fuerza por ti misma, no obstante, aún no es suficiente, todavía puedes llegar a ser más fuerte de lo que en realidad eres…”

            El monologo de la voz se cortó de pronto, frente a Jessenia, una horda de decenas de cadáveres aparecieron. Todos y cada uno de ellos era verdaderamente repulsivo y escalofriante, la mayoría tenía la piel ennegrecida y putrefacta, con pedazos de piel que se les caían de la anatomía, otros no poseían ojos y únicamente tenían las cuencas vacías, algunos sin parpados y con los ojos completamente blancos, a algunos se les veía el cráneo bajo la piel ya podrida. Todos apestaban a muerte, a suciedad y a sangre.

            Jessenia no conocía ningún rostro de los habitantes del pueblo, salvo por el del alcalde Octavio, así que no había modo de saber cuál, de todos esos muertos, era un miembro de ese lugar, no obstante, la sangre dentro de sus venas ardía de excitación ante la posibilidad de seguir y seguir luchando. ¡Era excitante y emocionante! Estaba satisfecha y alegre, no podía ocultarlo, aun así y pese a la adrenalina que corría por sus vasos sanguíneos, Jessenia no pudo dejar de sentirse culpable y mal por la forma en lo que estaba tomando todo aquello. Podría estar a punto de cortar sin piedad a uno de los habitantes del pueblo, claro, ya no había forma de traerlos a la vida, ahora era únicamente monstruos controlados por los oscuros y siniestros canticos del Nigromante que aún continuaban escuchándose por todo el lugar.

            Nunca antes se había sentido de esa manera, bien y culpable a la vez. ¿Era esa la forma correcta de sentirse ante esa clase de situaciones? Estaba delante de un gran peligro y, pese a esto, Jessenia no podía dejar la mueca que formaban sus labios, estaba complacida, satisfecha y deseosa de más.

            Cuando los cadáveres atacaron a Jessenia, esta no dudo por un solo segundo, se abrió camino de frente, cortando a sus oponentes a diestra y siniestra. Por más muertos que el Nigromante le mandara para debitarla, su plan no estaba funcionando, pues en ese momento, la chica humana estaba bailando al compás de la muerte. Cortando y cortando, andando y andando. No solo atacaba con su espada, en algún punto de la batalla, el éxtasis que la chica estaba experimentado hizo que se olvidara de todo, comenzó a destrozar cráneos con la fuerza de sus brazos, destruía huesos y miembros con patadas y puñetazos. No permitió que los cadáveres la hicieran retroceder ni un solo paso, la joven siguió de frente. Cortando y cortando. Golpeando y golpeando. Pateando y pateando.

            Sin darse cuenta, una gran mueca de éxtasis puro invadió su rostro. El corazón le latía de prisa, sus piernas le temblaban, se sentía como en un orgasmo eterno, que parecía nunca acabar. En algún punto del camino, la enorme mueca repleta de satisfacción había cambiado a una más simple y sencilla, mucho más fría y oscura, pero no por eso menos satisfactoria.

            “Se siente bien, ¿no es verdad?”

            Le pregunto la voz mientras Jessenia continuaba abriéndose camino entre un ejército de cadáveres andantes que parecía no tener final.

            “La fuerza, esa orgásmica sensación que se siente como un éxtasis eterno cada vez que luchas. La sensación de tu sangre que corre desorbitada por tus venas, el constante latido de tu corazón bombeando sangre cada vez más rápido. Todo se siente maravilloso, ¿no es verdad?”

            Finalmente, los cadáveres dejaron de aparecer, más adelante, una nueva abertura se presentaba frente a los ojos azules de Jessenia, quienes ya habían perdido esa demencial mirada llena de placer y eran ahora mucho más gélidos de lo que nunca antes habían sido antes.

            “Si necesitas más poder házmelo saber. Lo bueno de nuestra sangre es que es mucho más fuerte que otras, lo malo, es el efecto secundario que tiene cuando se usa sin control.”

            Había dicho la fría y afilada voz.

            Dentro de la nueva cámara había varios soportes de roca y en estos, flamas verdes iluminaban con una luz siniestra el resto del lugar. Al caminar un poco es que Jessenia se encuentra con el objetivo que había señalado la solicitud de trabajo. Era tal y como Octavio lo había descrito previamente. Alto, como de dos metros de altura, vestía una gran armadura negra, con una larga capa oscura en la espalda, un yelmo con picos y tres agujeros al frente, dos pozos oscuros para los ojos donde solo se distinguía un tenue brillo verde y un hueco para la boca, de donde salía despedido vaho oscuro. El Nigromante yacía cómodamente sentado sobre un trono de roca negra y a su lado, una ancha y larga espada de acero oscuro que se veía muy pesada, pero dada la figura física del Ser Oscuro, Jessenia creyó que no tendría problemas a la hora de blandirla.

            Era un enemigo totalmente diferente a lo que había enfrentado hasta entonces, mucho más fuerte y con una presencia más imponente y oscura. El corazón de la humana latía por la emoción. Algo estaba mal, no con su oponente, no con el lugar donde se encontraba, sino consigo misma. Conforme peleaba, la pelicastaño sentía que dejaba de ser ella misma para terminar cambiando en algo que no sabía si deseaba ser. Por unos momentos tuvo miedo. Miedo de sí misma y de lo que era capaz de hacer si no podía controlarse.

           

           

 

 

Notas finales:

A veces el capitulo no se sube correctamente, por si encuentran partes que no tengan sentido, les pido que me lo informen, así como la ortografia o cualquier comentario o critica que tengan, por supuesto, sus demas comentarios, para los que han dejado, se borraron junto a los demas episodios.


Hasta el siguiente capitulo. :) :) :) 

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