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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

CAPITULO 41 DE LA HISTORIA.

Lamento la tardanza. Aun no logro conseguir el resto de los capítulos. Espero les guste el capitulo de esta semana. No olviden dejar criticas, sugerencias, comentarios o lo que sea que se les ocurra, siempre y cuando no sea mal intencionado.

La sangre que corría desenfrenada dentro de sus venas aún continuaba excitada, no obstante, Jessenia había perdido aquella sonrisa que rebosaba de excitación y deseo, ahora solo miraba con frialdad al ser oscuro que yacía sentado sobre su tétrico trono negro rodeado por las penumbras de su escondite e iluminado pocamente por las antorchas de fuego verde que rodeaban el lugar.

            Ambos seres, totalmente diferentes el uno del otro, se observaban con fría expectación, esperando el más mínimo movimiento por parte del otro, calibrándose, midiéndose a través de la vista, poniéndose a prueba. La joven y linda humana no sabía que pensaba el Nigromante de ella, pero la Cazadora pensaba que su oponente era alguien fuerte. Con tan solo estar sentado sin moverse, Jessenia ya podía sentir una presencia brutalmente amenazadora, no era nada que haya sentido en el pasado. ¿Metamorfos? ¿Brujas? ¿Serpientes gigantes? ¿Cadáveres y un perro de tres cabezas? ¡Ja! Que buena broma. Esos enemigos no eran nada en comparación con el Nigromante que Jessenia tenía en frente.

            Era tal y como Octavio, el alcalde del pueblo, había dicho unas horas antes, el Nigromante parecía medir dos metros de altura, vestía una fiera armadura negra, poseía sobre su cabeza un yelmo con picos puntiagudos, la humana reconoció una larga capa oscura a su espalda y a su lado, reposando contra el trono, una ancha y muy larga espada de acero azabache; se veía fiera, pesada, intimidante y filosa. Si el Nigromante no poseyera el físico que tenía, la Cazadora dudaría si el monstruo ante ella pudiera maniobrar aquella arma con éxito.

            El tiempo parecía congelado así como el viento, lo único que se movía en esa cámara era la sangre excitada de Jessenia, quien le pedía a gritos que iniciara la batalla de una vez por todas, después de todo, aun no tenía suficiente. Cortar en pedazos a esos cadáveres, eliminar al perro de tres cabezas no había sido suficiente para ella, aun deseaba más, ¡mucho, mucho más! Y no se detendría hasta quedar totalmente satisfecha.

            Pese a tener estos sentimientos corriendo desbocados dentro de ella, Jessenia, usando un control impresionante y demostrando así su fuerza de voluntad, logra suprimir estos deseos en lo más profundo de su ser y no permitir que queden revelados en su semblante; la joven deseaba que su rostro permaneciera serio, frio e inescrutable. Además de que una parte de ella se sentía muy insegura y algo temerosa por esos repentinos deseos que despertaban dentro de ella, Jessenia nunca había sido una chica amante de las peleas, mucho menos una sanguinaria que deseara manchar su espada con la sangre de los Seres Oscuros. Era como si algo, alguien dentro de ella, la empujara a ser algo que ella no deseaba ser. Ciertamente, la humana no deseaba convertirse en un arma viviente cuyo único propósito en la vida fueran las peleas. Aunque no solía reflexionar en esas cosas, la chica pensaba que los Cazadores debían de ser algo más que luchadores que solo saben pelear.

            No obstante, sus pensamientos quedaron interrumpidos al escuchar como unos pasos resonaban en esa amplia cámara oscura. Se oían lentos, ligueros, pero retumbaban con un tétrico eco. Era como si el sonido corriera como loco dentro de la habitación, yendo y viniendo una y otra vez.

            No parecían ser más cadáveres, mucho menos algo de gran tamaño. Al final, lo único que apareció en ese lugar, fue una mirada llena de asombro. Jessenia no podía creer lo que sus ojos veían. De las tinieblas que había detrás del trono del Nigromante, una pequeña, delgada y pálida niña de largo cabello oscuro, seco y enmarañado, emergió indiferentemente y, con la misma sangre fría, se quedó de pie junto al Ser oscuro. 

            Con la mirada puesta en el suelo y con largos mechones de pelo cayéndole frente al rostro, la sombría niña se detiene por unos segundos. Finalmente, la pequeña levanta el rostro y en ella, unos anormales ojos brillantes, de color verde, la observan con una mirada carente de emociones.

            —Nunca imagine que una Cazadora lograra llegar hasta donde estoy, al menos…, no sola—dijo la pequeña con voz mecánica—. Respóndeme, ¿viniste sola hasta aquí, Cazadora?

            Ahora lo entendía. Esos brillantes ojos verdes, quedarse parada al lado de un ser sombrío y tétrico como el Nigromante. La pequeña estaba siendo contralada por la magia oscura del ser ante ella.

            — ¡Si…! Vine sola—le respondió.

            —Eso es impresionante—volvió a hablar la niña—. Sabía que tarde o temprano esos humanos pedirían ayuda a los Cazadores, pero jamás me imagine que solamente una pudiera llegar hasta donde estoy, al menos, no sola. Eso es algo digno de alabanzas.

            Jessenia frunció el ceño y apretó más la empuñadura de su espada.

            — ¿Qué tiene de impresionante?—le espetó al Nigromante—. Si una Cazadora novata como yo pudo llegar hasta aquí, entonces para un Cazador o Cazadores con experiencia, llegar hasta aquí, no hubiese sido la gran cosa.

            La joven humana no podía ver el rostro desnudo del Nigromante debido al yelmo que llevaba puesto, pero se imaginó que sonreía con arrogancia, esto debido a que la pequeña, a la que usaba como interprete, torció ligueramente los labios para mostrar una mueca de burla.

            —Te equivocas—la pequeña hablo, solo que esta vez ya no era su tono de voz, sino uno mucho más profundo y oscuro, mesclado con su voz original—. A lo largo de mi existencia en este mundo me he enfrentado a diferentes Humanos-Cazadores, solo la minoría de ellos ha podido llegar hasta donde estoy yo y eso porque han venido en grupo. La mayoría han caído sin siquiera encontrase con el perro de tres cabezas. Pero tú, eres alguien muy diferente al humano común y corriente. Aun cuando se te arrebato una gran cantidad de energía espiritual para poder llegar hasta aquí, aun cuando lograste vencer al perro de tres cabezas y pasar a todos los cadáveres que te mande, así como salir del Lago de los Muertos, donde muchos han caído y casi ninguno ha vuelto a ver la luz del día. ¡No! No puedo aceptar que tú seas una Cazadora más del montón, si lo fueras, ya hubieras caído antes de entrar aquí. Hubieses caído del camino de piedra y te hubieras ahogado por los muertos que duermen ahí. Eres sin duda un ser extraordinario.

            Jessenia estaba acostumbrada a recibir elogios infundados de cuando vivía en Fior, presa del deseo que le pidió a aquella Bruja diez años atrás. Por eso entonces, todas las palabras bellas, positivas, los cumplidos y los halagos que la gente le predicaba, habían perdido para la chica, todo su significado. A la humana le dejaron de interesar esos cumplidos vacíos y carentes de verdadero sentimiento. Ahora, un Ser Oscuro la elogiaba por su fuerza y por su habilidad en combate, cumplidos que se había ganado con su propia fuerza, pero que aun así, no deseaba recibir de un monstruo que había matado a quien sabe cuántas personas. Más que alegrarla o llenarla de un exagerado orgullo, lo único que la joven sentía era una absoluta indiferencia por lo que sea que el Nigromante diga.

            — ¿Por qué no usas tu propia voz para hablar?—le pregunto sin dejarse influenciar por sus palabras aduladoras—. ¿Dónde están las personas que secuestraste del pueblo? ¡Contesta!

            Pensó preguntarle que había hecho con toda esa gente, pero luego de leer sobre los Nigromantes en su pequeña bitácora de bolsillo, la misma que Liz le había dado antes de salir de Central, Jessenia creía saber ya la respuesta.

            —Si usara mi propia voz no me entenderías—había dicho la niña con voz ya indescifrable. Era mezcla de su propia voz infantil con el oscuro y siniestro tono del Nigromante, aun así, el tono de voz seguía escuchándose indiferente y carente de emociones—. Fue una fortuna que hayas llegado hasta aquí, estaba pensando alimentar a mi mascota de tres cabezas con esta pequeña niña antes de tu llegada, de alguna forma lograste alargar un poco más su tiempo de vida. En cuanto a tu otra pregunta, una buena parte de esos humanos se encuentran ahora dentro del estómago de mi perro. ¿Cuántos humanos crees que necesito para satisfacer el hambre de mi mascota? Sobre todo porque aún estaba en crecimiento, si no lo hubieras matado se hubiese convertido en un perro adulto de más de quince metros de altura. Es una lástima que haya muerto siendo un adolescente. La otra parte se encuentra bajo el lago del cual huiste y la parte final, bueno…, a esos los mutilaste cuando venías para acá. Pero no importa. No importa nada. Todos esos humanos fueron solamente experimentos fallidos. Es una suerte que haya muchos más en ese pueblo y hay todavía más en el mundo de afuera.

            Jessenia se puso furiosa al escuchar la indiferencia con la cual trataba a los seres humanos.

            — ¡Las personas no son tus juguetes personales, mucho menos alimento para tus monstruos o sujetos de prueba para tus experimentos!

            —El depredador más grande y fuerte se come al más débil y pequeño. Así es la cadena alimenticia—explico fríamente la niña—. Así como el ser con más fuerza y poder, puede gobernar y usar a los más débiles, eso es todo.

            Lo que más enfurecía a la Cazadora era que usara a la pequeña niña a su lado para decirle todas esas cosas. ¡La salvaría fuese como fuese!

            Jessenia se puso en guardia en cuanto el Nigromante se levantó de su trono de roca. Puso su espada al frente de su cuerpo, la sostuvo con ambas manos y miro con ojos fríos y expectantes no solo a su oponente que yacía a unos metros de ella, sino también el espacio que la rodeaba. Se familiarizaba con el campo de batalla: un amplio espacio, lo suficientemente grande para sostener una fiera pelea, varios soportes para el techo y agujeros en el mismo de dónde provenía un frio soplido de aire fresco.

            De súbito, su oponente alargo el brazo derecho hacía Jessenia, comenzó con su oscuro y frio cantico.

            Mientras el Nigromante recitaba conjuros y hechizos en una lengua extraña e ininteligible, la joven humana sopesaba sus posibilidades. La pequeña niña yacía a pocos metros del Ser Oscuro, si se movía con la rapidez necesaria quizá podría llegar hasta ella y apartarla del Nigromante antes de que este reaccione.

            No obstante, ocurrió algo que la joven no esperaba, ambas manos, las mismas que sostenían con firmeza su confiable Arma Espiritual, comenzaron a temblarle. No por miedo o por frio o por inseguridad, sino por emoción, en cuanto el Nigromante comenzó a recitar sus conjuros, Jessenia sabía que la batalla estaba a punto de comenzar. Su corazón no había dejado de latir por la adrenalina, la sangre dentro de sus venas no había dejado de bailar excitada ante la emoción de la batalla. La humana había hecho acoplo de una impresionante sangre fría y fuerza de voluntad mientras se obligaba a mantenerse calmada y tranquila, sin dejar que sus emociones le nublen el juicio, pues sabía muy bien lo que estas emociones podían ocasionarle si se dejaba dominar por ellas. Aun así… ¡lo deseaba tanto! ¡Pelear y seguir peleando hasta la muerte! ¡Hasta que uno de los dos, el Ser Oscuro o la Humana, estén muertos!

            La batalla era un dulce e hipnotizaste afrodisiaco que sometía a Jessenia a un mundo de sensaciones increíbles. No podía explicar esos extraños sentimientos que comenzaba a despertar con cada batalla que libraba, porque la joven estaba segura que nunca antes los había sentido antes. Ese nuevo mundo, esa nueva realidad llena de opciones completamente nuevas e inesperadas eran a la vez excitantes e inseguras para la chica.

            Las venas de las manos comenzaron a marcársele notablemente, ya sea por el fiero agarre de la empuñadora, por las emociones tan confusas que se libraran dentro de la humana o por el repentino desplante de energía que Jessenia estaba despertando dentro de su cuerpo. Por unos segundos, la pequeña niña pálida, desnutrida y sucia, había desaparecido de su mente, lo único que aparecía en ella era pelear, pelear, pelear y ¡seguir peleando hasta el final de sus días!

            ¡A quien le importaba una pequeña niña sucia y desnutrida! A fin de cuentas, era como el Nigromante le había dicho, en este mundo hay demasiados humanos, ¿qué más daba que unos pocos murieran?

            Fueron los pensamientos que atravesaron repentinamente la mente de la joven Cazadora cuando ya no podía seguir reprimiendo esos deseos tan fuertes que la embargaban, quería pelear, ¡pelear y seguir peleando, así como eliminar a quien sea que le prive de ese maravilloso deseo repleto de sensaciones!

            ¿Que tenia de malo ser consideraba un arma viviente? ¿Acaso no era eso? ¿Acaso los Cazadores no eran eso? Armas vivientes, de ser así, ¿Cuál era el problema al dejar ir los deseos que su cuerpo le estaba suplicando dejar libres? ¿Cuál era el problema al dejarse arrastrar por la deliciosa corriente? ¿Cual?

            Jessenia estaba a punto de lanzarse contra el Nigromante e iniciar la excitante pelea. Tanto era su deseo, que la pequeña niña que respiraba con dificultad quedo en segundo plano, casi desaparecía de ahí. Lo único que logro detener a la furiosa bestia que rugía exigiendo pelea y más pelea dentro de la humana, fueron unas pequeñas y delgadas lágrimas que caían de los ojos de la pequeña infante al lado del Nigromante. La niña estaba llorando.

            En algún punto dentro de su mente, la niña aún seguía luchando contra la magia de su captor. Solo bastaron unas pocas lágrimas derramadas en el frio y duro suelo de roca negra para hacer que Jessenia abriera los ojos y la bestia que rugía en su interior fuera acallada por órdenes de la chica.

            La niña se veía tan pequeña e indefensa parada ahí en mitad de la oscuridad. Con un rostro vacío de emociones y con una mirada indiferente, pero con ojos llenos de lágrimas. Vistiendo ropas sucias y rasgadas y con el rostro repleto de tierra.

            De los ojos de Jessenia, las lágrimas comenzaron a emerger. La pequeña niña se había convertido en ella. Diez años atrás, antes de su encuentro con la Bruja y con el Segador, cuando la Cazadora vivía en la calle, cuando debía alimentarse de la comida que sacaba de los basureros, cuando debía vestirse con ropas viejas y sucias, cuando debía robar cuando ya no tenía con que comer, cuando se escondía de las personas, para huir de las burlas y de esas miradas llenas de lástima que le lanzaban.

            En esa pequeña niña, Jessenia se vio así misma y se odio más que nunca por haber si quiera pensando en la opción de abandonarla a su suerte, solo para seguir un deseo egoísta dentro de ella. Por primera en su vida, deseo golpearse realmente fuerte en la cara. ¡Esa no era Jessenia, no deseaba ser esa clase de ser humano! ¡No quería convertirse en un arma viviente cuyo único propósito eran las peleas, solo para terminar abandonando aquello que no consideraba valioso! ¿Acaso no era así la gente de Fior? Personas que abandonaron a su suerte a la pequeña huérfana cuando sus padres murieron. ¿Acaso no eran iguales todas esas personas que ignoraban sus sentimientos? Jessenia estaba a punto de convertirse en el ser humano que más detestaba. Alguien que solo pensaba en sí mismo y abandonaba a su suerte a aquellos que la necesitaban. Esa no era la Jessenia, esa no era la humana, esa no era la amiga por la cual Megan dio su vida. Esa no era ella y no deseaba ser nunca así.

            Respiro profundo y se tranquilizó. De alguna forma logro someter y doblegar el hambre de la bestia que yacía dentro de ella. Se limpió las lágrimas que le caían del rostro. Había perdido la oportunidad de acabar con el Nigromante, pues termino de recitar los conjuros y los hechizos, ahora, de las penumbras, una nueva horda de cadáveres, igual de tétricos, horribles y descarnados, emergieron de la oscuridad, solo que estos, a diferencia de los anteriores, portaban espadas, hachas, cuchillas y diferentes armas de lucha. Mientras Jessenia luchaba contra sí misma, estos zombis la rodearon. Pero eso no le importo en lo más mínimo. ¡Salvaría a la niña, cueste lo que le cueste!

            Observo a sus oponentes sin un leve atisbo de duda o miedo. Jessenia no sabía si alguno de esos entes era un miembro del pueblo que había contrato sus servicios como Cazadora, pero esto no le importaba, después de todo, había hecho una promesa con Octavio, su alcalde y esta era que si las historias sobre la magia de los Nigromantes fuera cierta, la Cazadora haría lo que tuviera que hacer. No permitiría que el Ser Oscuro hiciera lo que quisiera con los cuerpos de los muertos.

            La pelea comenzó.

            Los cadáveres se movían con una velocidad y agilidad sorprendente, totalmente diferentes a los anteriores. Tanta era su habilidad que parecían seres vivientes. Jessenia, al principio de la batalla, presento algunas dificultades para contratacar. Aquellos zombis sabían maniobrar sus armas como si de expertos se tratasen. La silenciosa y espaciosa cámara negra, la que antes estaba inundada por el silencio y por el frío, ahora se había llenado del sonido del metal chocando contra el metal y del calor de una batalla.

            La joven Cazadora evadía los ataques de sus oponentes, los bloqueaba con su espada y luego contraatacaba. La batalla se fue alargando angustiosos minutos. El Nigromante veía la contienda mientras reposaba ambas manos sobre la cabeza de su larga espada. Tranquilo y calmado, con la figura de la pequeña niña parada indiferentemente a su lado.

            Tras varios minutos de combate, Jessenia comenzó a respirar con dificultad. El sudor se le amontonaba en el rostro, en el pecho y en la espalda. Sus ropas comenzaban a pegársele a la piel y esto le resultaría intolerable si no tuviera que concentrarse en la batalla. De las decenas de muertos que habían aparecido, ahora solo le quedaban cinco por enfrentar, pero estos resultaron ser los más fuertes. En otro tiempo, esos cadáveres debieron de haber sido hombres grandes y fuertes, ahora, pese a que su piel estaba podrida y negra y hasta rasgada, aun se lograba apreciar lo que fueron en vida. Guerreros excepcionales.

            Los cinco cadáveres sostenían espadas tan diferentes las unas de las otras, una de ellas era curvada, otra era perfectamente liza, otra tenía varias ondulaciones en la hoja, una de ellas era especialmente corta y la última poseía doble filo, además de ser larga y ancha. Con solo ver esas armas tan diferentes, Jessenia comprendió que esos muertos, cuando estaban vivos, debían de practicar estilos de pelea totalmente diferentes. No era solo por el diseño de las espadas, en el combate, la joven humana se percató que cada uno de ellos peleaba con movimientos muy distintos a la de los otros, volviéndolos impredecibles y difíciles de vencer cuando te enfrentabas a cinco usuarios de estilos diferentes.

            Aun así, la joven vació su mente de pensamientos inútiles. Pensar y pensar no la ayudaría en esos momentos. Cerró sus ojos y dejo que su instinto de lucha se hiciera cargo de todo. El aire entraba y salía de su cuerpo con tranquilidad y parsimonia. Ahora podía escuchar hasta el más mínimo de los sonidos procedentes de ese lugar, pero sus oídos no le servirían, esos cadáveres eran mortalmente silenciosos, parecían reptar en el suelo como serpientes, venenosas, letales y silenciosas. Así que, recordando el consejo de Octavio, dejo que su olfato se encargara de todo.

            Podía detectar el olor a muerte de esos cadáveres a kilómetros de distancia si se concentraba lo suficiente y, por el momento, ninguno de ellos se había movido, seguían en calma. No necesitaba de sus ojos para saber esto, ya que el simple olfato bastaba para decírselo.

            Al final, tres de esos cadáveres se movieron. Jessenia, con ojos cerrados y calmada, sin moverse, detecto la perturbación en el olor de esos cuerpos. Se habían movido. La fragancia a muerte que esos cuerpos emanaba se acercaba, uno directamente por el frente, estaba a pocos metros de llegar a la chica, otro por la izquierda y el último por la derecha, los tres, estaban a la misma distancia, los dos que faltaban no se habían movido, seguían donde mismo. Cuando ya se encontraban sobre ella, Jessenia se mueve. Evade con suma facilidad el ataque del que venía de frente, bloquea el ataque del que se acercaba por la izquierda e impacta su espada contra el que se aproximaba por la derecha, cortándolo en pedazos. Con impresionante velocidad y con una maestría en el manejo de su espada, la humana corta en pedazos los otros dos cadáveres antes de que se alejen de ella.

            Mientras la pelea finalizaba, un ruido extraño se escucha. El Nigromante había chocado la punta de su espada contra el suelo de roca, al hacer esto, un amplio circulo verde apareció bajo los pies de Jessenia. La humana no había tenido tiempo para reaccionar, para cuando se percató que el circulo ya se había formado, éste se había vuelto mucho más pequeño, se había elevado del suelo y logro aprisionar a la joven dentro de él, apretándola con fuerza  e impidiéndole moverse.

            La Cazadora aun sostenía su espada con furia, negándose a soltarla, como si fuera una parte más de su cuerpo. No obstante, el círculo mágico había subido hasta su torso y le apretó fuertemente los brazos contra su cuerpo, impidiéndole moverse con libertad.  

            La humana frunció el ceño con furia y forcejeo todo lo que pudo, pero la magia no aminoraba el agarre por nada. Desde su lugar, el rostro del Nigromante seguía siendo un misterio bajo el yelmo oscuro y puntiagudo que llevaba puesto, a su lado, la pequeña niña humana respiraba con lentitud y la observaba con vivo interés en los ojos, como tratando de resolver los misterios que la muchacha ocultaba dentro de su ser.

            —Creo que ya lo entiendo—dijo finalmente la pequeña con voz oscura tras un largo silencio de varios minutos—. Ahora sé porque eres tan fuerte. Ya comprendo de donde viene esa gran cantidad de Energía Espiritual. Eres descendiente de los Exterminadores, los primeros usuarios de la Energía Espiritual. No me sorprende que hayas llegado tan lejos si realmente posees una sangre tan valiosa como esa. Sin duda alguna, eres un espécimen interesante, valdría la pena hacer uno o dos experimentos contigo, es probable que consiga mi meta si utilizo tu vida.

            ¿Exterminadora? ¿Qué significaba eso?

            Lamentablemente, debido al poderoso agarre de ese círculo mágico, Jessenia no tenía tiempo para ponerse a pensar. Trataba de enfocar todas sus fuerzas en ambos brazos para tratar de romper esa magia, pero por más que lo intento, ese círculo no parecía dejarse destruir, era al contrario, la humana sentía como todas sus energías eran drenadas peligrosamente rápido de su cuerpo.

            La cabeza comenzaba a darle vueltas así como arderle, como si llevara horas con la cabeza expuesta a los intensos rayos del sol; el estómago comenzaba a gruñir y a moverse, alertando a la chica de que en cualquier momento podría vomitar. Sus ojos comenzaban a ver borroso y doble, estaba perdiendo el conocimiento. Las fuerzas empezaban a abandonar sus brazos y piernas, trataba de ahorrar toda lo que pudiera para no soltar su espada, pero el agarre era demasiado débil, en cualquier momento, Jessenia ya no sería capaz de resistir el peso de su propia Arma Espiritual.  Sus manos le temblaban. El frío invadía cada centímetro de su anatomía. Sus parpados le pesaban. Faltaba poco.

            La voz de la niña se escuchaba tan pequeña y tan lejana, como si estuviera a varios metros de distancia de la humana.

            —Espero que no lo hayas olvidado—le había dicho, pero las palabras a penas si llegan a oídos de Jessenia y ésta, a penas las comprendía—, es el mismo circulo que use al principio.

            Mientras sus ojos se cerraban presas de un cansancio insoportable, el corazón le palpitaba lentamente, poco a poco se iba apagando. Ahora, suspendida a unos centímetros del suelo, todavía atrapada por el círculo mágico pero negándose a soltar su espada, Jessenia cayó inconsciente. Lo último que escucho con total claridad fue la voz fría y afilada de una mujer.

 

           

 

Notas finales:

Gracias por leer.

No estoy muy seguro como me salio este capitulo, espero les guste. Para cualquier critica, dejen sus comentarios.

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