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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

Cuarto capitulo, ojala les guste, dejen sus comentarios, sus opiniones son de gran importancia para el desarrollo de la historia.

El Segador cuyo semblante permanecía oculto bajo la amplia capucha, caminaba indiferentemente por los largos pasillos cubiertos por un espeso manto oscuro. El suelo así como las paredes, estaban hechos de gruesos ladrillos y cada paso que el individuo daba sobre estos, provocaba un opaco ruido sordo. Más adelante, se encontraba la escalera que lo llevaría al nivel más alto de la torre, pero delante de esta, una nueva horda de guardias del castillo permanecían expectantes. Con espadas en mano, un total de veinte o treinta hombres, todos altos y con portes fuertes, se mantenían en espera.

            El misterioso personaje camino hacia ellos sin darles ninguna importancia, estos caballeros escucharon las pisadas del fondo, al principio como un leve susurro, pero con forme se acercaba, sus pasos se escuchan fuertes y profundos. Finalmente había aparecido ante ellos, se detuvo al ver que estos hombres bloqueaban el paso y algunos de ellos estaban listos para la pelea pues habían adoptado una postura de ataque.

            Los ojos de cada uno de esos guardias se mantenían profundos y serenos, ninguno de ellos tenia pupila, solo era el ojo de un profundo y vacío color. Cinco de estos se adelantaron con las espadas en mano, caminaron despacio hacia su objetivo, no le quitaron la vista de encima, preparados para cualquier tipo de ataque proveniente de este intruso. Éste, por su parte, se quedo quieto, observándolos con sus fríos y brillantes luceros que se distinguían detrás de esa capucha. No había miedo, duda, pena, odio, ira o cualquier otra emoción en aquella mirada afilada.

            De súbito, uno de los guardias ataco blandiendo su enorme espada hacia el Segador, pero este logro evadirlo sin mucho esfuerzo, continuo con el ataque, pero sin importar cuantas series de golpes intento propinarle a su adversario, éste consiguió evadirlos con una impresionante facilidad, al instante, sus cuatro compañeros se unieron a la lucha. Cinco espadas que eran portadas por cinco hombres de gran tamaño así como de fuerza y ninguna de las hojas de sus armas logro rasgar ni un centímetro de las prendas de su oponente. Éste, por su parte, saco del interior de sus ropas dos largos y afilados cuchillos, adopto una postura de combate y sin miramientos corto las manos de los guardias de un simple y rápido tajo de sus gruesos cuchillos, las espadas de estos hombres se desplomaron sin más al suelo, en el mango de cada una de estas armas aun permanecía aferrada la mano cercenada de cada uno de esos guardias. Los chorros de sangre que brotaban de las heridas habían ensuciado todo el suelo y parte del pasillo.

            Pero aun no estaban muertos, bueno, no por mucho tiempo. El Segador utilizo una impresionante velocidad para avanzar unos pasos por delante de los cinco hombres. Sus cuchillos se encontraban en una posición de ataque y de las hojas, ilitos de sangre caían al suelo sin hacer el menor ruido. El individuo permaneció de pie siéndole indiferente a los cinco hombres sin manos que se encontraban a sus espaldas. Estos también se habían quedado completamente inmóviles, con la vista fija al frente y con la sangre aun brotando sin control de las heridas, insensibles al dolor y al miedo. entonces, una finísima línea de sangre aparece alrededor de los cuellos de los cinco hombres y como si fuera la cosa más natural del mundo, cinco cabezas se desprenden de sus cuerpos y caían al suelo provocando un ruido sordo.

            Bajo los cadáveres, un enorme charco de sangre había tomado forma con forme el liquido rojo brotaba de las partes mutiladas. El resto de los hombres que se mantenían de píe frente a las escaleras, impidiéndole el paso al Segador, se mantuvieron firmes; la sangrienta muestra de habilidades por parte de su adversario no los había amedrentado. Aunque, por supuesto, estos soldados eran insensibles al dolor e inmunes al miedo. Los brillantes ojos azules del encapuchado eran capaces de ver los sortilegios a los que fueron impuestos los hombres ante él. Sabía que ya no se podía hacer nada por ellos.

            Los guardias estaban listos para emprender otro ataque, pues sus manos se aferraban a sus espadas con fuerza, comenzaban a moverse con lentitud, calculando la mejor ofensiva posible. El Segador, ignorando los cadáveres y el enorme charco de sangre que se encontraba a sus pies, comienza a calcular también su ataque: el pasillo era largo, pero no era muy ancho, sus oponentes lo superaban en número, pero no en fuerza, ni en velocidad, ni en agilidad, en pocas palabras, sus adversarios no lo superaban en destrezas físicas. Y así de la nada, sus enemigos se fueron contra él. Adoptando su posición de pelea: con los cuchillos al frente de su cuerpo, las piernas separadas y con los ojos abiertos y al pendiente de cada uno de los movimientos de sus oponentes, el Segador también ataco. Frío, insensible y sin miramientos. Sus afilados ojos azules que veían directamente hacia la muerte lo hacían el asesino más peligroso que pudiera a ver en ese castillo. Sin remordimientos por sus acciones vuelve a mutilar con ayuda de sus afiladas armas a sus adversarios.

 

 

            Mientras el Segador cortaba a los guardias del castillo que se encontraban presos de una poderosa maldición; en la parte más alta de la torre y en el centro de un gran circulo que brillaba, una bruja se encontraba intercalando palabras con una vieja conocida.

            —Han pasado diez años desde nuestro encuentro, ¿me extrañaste, Jessenia?—hablo la persona en medio del brillante circulo con una voz que se asemejaba a la de una mujer pero que al mismo tiempo no lo era—. ¿Recuerdas que te dije que volvería para cobrar mi pago por el deseo que te concedí aquella noche? ¡Pero que estoy diciendo, claro que lo recuerdas! ¡Solo mira todo lo que tienes a tu alrededor, cuando te encontré eras solamente una niña indigente, triste y patética, lista para aceptar la muerte por no poder soportar las desgracias que la vida te lanzo!—se volvió para mirar desde la altura de la torre el reino que se apreciaba desde lo alto. Luego y sin volverse, reanudo su platica con la chica que se encontraba suspendida a unos metros en el aire. Sus manos estaban amarradas por un pequeño círculo café oscuro y al igual que sus brazos que permanecían juntos, sus piernas también se encontraban inmovilizadas por un aro del mismo color—. Pero hay que ver como un deseo pudo cambiarte la vida, fíjate hasta donde has llegado—se volvió para hablarle mientras el circulo sobre el cual estaba parado atraía los rayos de la luna—. Anteriormente todos te miraban hacia abajo, pero ahora… ¡Eres tu la que los mira desde las alturas! Y todo gracias a mi maravillosa amabilidad de conceder tu deseo.

            —Tu…—empezó a decirle a la bruja. Como cuando era niña, al principio con poca convicción, con falta de confianza y seguridad, pero después se armo de valor y le espeto todo lo que tenía que decirle—. ¡Tú no concediste mi deseo! ¡Yo no deseaba que la gente me idolatrara como si fuera una clase de ser divino, no deseaba ser adorada de esa manera, eso no era lo que yo había pedido!

            Una vez terminado de espetarle todo lo que tenía en la mente. La bruja que ya hacia en el centro del circulo brillante empezó a reír a grandes carcajadas, como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo.

            — ¡Niña estúpida, eso era lo que tu deseaste hace diez años! “Deseo ser amada por todos sin importar que”—repitió las antiguas palabras que Jessenia le había dicho tiempo atrás—. ¡Tu deseo fue ser amada por todos sin importar nada, y eso fue lo que hice; desde esa noche, todas las personas que te veían quedaban cautivadas por ti! Se enamoraban con tal solo un rápido vistazo y en la mente de toda la gente que te veía, solo había un único pensamiento: ¡Hacerte feliz, sea como sea! Por esa razón nunca desobedecían ninguna de tus órdenes, no importaba que tan inverosímiles fuesen, también por esa razón satisfacían hasta el más burdo de tus caprichos y por lo mismo te regalaban cosas aun cuando no hubieras hecho nada para merecerlas, como por ejemplo: Una lujosa habitación dentro de la torre más alta de un impresionante castillo y la oportunidad de formar parte de la familia real de este reino. Como puedes ver, ¡Cumplí tu deseo, el que tu no pudieras valorarlo es culpa tuya!

            — ¡Yo no quería ese tipo de amor, quería que la gente me aceptara y quisiera como una persona normal!—le grito con lagrimas en los ojos—. ¡Por culpa de ese enfermizo amor he estado más sola que nunca, nadie se esforzaba en hablar conmigo, por más regalos y atenciones que me daban, siempre estuve completamente sola en este reino, jamás tuve un solo amigo y nunca nadie me quiso por lo que soy!

            La bruja volvió a reír a carcajadas al escuchar los lloriqueos de la chica.

            — ¿Y tu crees que eso a mi me importa?—inquirió con esa cara deforme: mitad bestia, mitad mujer madura—. Fue tu culpa por no especificar claramente que tipo de amor querías recibir. La culpa de absolutamente todo, es tuya—y volvió a reír, solo que en esta ocasión más tranquilamente que antes—. Yo no te obligue a formalizar el contrato, no es mi culpa que hayas sido una patética e idiota niña tristeza y solitaria que en lugar de luchar contra la vida, elegiste simplemente el camino fácil cuando lo tuviste presente. A decir verdad, deberías darme las gracias de rodillas, si no fuera por mí, seguramente te hubieras muerto en aquel camino solitario hace diez años. ¡Si, al igual que un perro que lo dejan tirado junto a la basura cuando muere y ya no sirve para nada! Eso eras tú Jessenia, un sucio animal inservible que nadie quería y nadie necesitaba.

            Las palabras de la bruja entraron fuertemente en la mente de Jessenia. Pues todo era verdad. La dura, fría y cruel realidad que debía afrontar por más que la odiara. Nunca fue amada por nadie, ni antes ni mucho menos ahora. Siempre había estado sola, recibiendo la amargura del mundo. Desde niña los adultos la golpeaban y la explotaban, cuando se enfermaba pocas veces se preocupaban por ella, la dejaban a su suerte, los niños de su edad se burlaban de ella por estar sola y no tener a nadie. Muchas veces, nadie le ofrecía comida, mientras seguía suspendida a varios metros del suelo, sus recuerdos aparecieron dentro de su mente y los vio todos con total nitidez: se veía sacando restos de comida de la basura, peleando con perros callejeros por algún alimento que sobrara en los contenedores; cuando hacia frío, sus únicas prendas estaban sucias y se veía forzada a robar para soportar los crudos inviernos.

            Muchas veces, al ver pasar a la gente por las calles, Jessenia se ocultaba donde pudiera y esperaba a que las personas se alejaran. Llego al punto de que le daba miedo ser vista por cualquiera, pues sabía a lo que se arriesgaba. En algunas ocasiones, veía pasar a familias pequeñas, observaba desde su escondite las alegres caras de los hijos y la felicidad que se notaba en el semblante de los padres y ella se preguntaba:

            “¿Qué se sentirá ser feliz?”

            Pero es una pregunta que aun ahora seguía sin respuesta.

            Poco después de conocer a la bruja, las cosas cambiaron radicalmente para ella, las personas que la trataban como si fuera un saco de basura empezaron a valorarla como si fuera uno más de sus hijos. Le daban comida, refugio, camas suaves y calientitas, calor de hogar, cariño y en general, un alegre entorno familiar. Mientras recordaba a las muchas personas que fueron gentiles con ella después de conocer a la bruja, el semblante de Jessenia pasó de estar lleno de lágrimas a esbozar una pequeña sonrisa, pero entonces, un nuevo recuerdo de esos tiempos la había invadido:

            La gente que la rodeaba empezaba a quererla demasiado. No paraban de regalarle cosas, todo tipo de objetos, desde lo más simples como un ramo de flores arrancado de un jardín, hasta impresionantes joyas de gran tamaño. Los niños y hombres que se le acercaban a lo largo de su vida le soltaban de imprevisto y sin conocerla, que se habían enamorado de ella y que querían que fuera feliz por siempre junto a ellos. No paraban de adularla, de regalarle objetos, los hombres siempre se le acercaban con nuevas y estrafalarias muestras de afecto y amor eterno. La personas dejaron de escucharla y de verla por quien era realmente. Cada individuo veía a Jessenia como su propio ser perfecto dentro de sus propias mentes y no como era en realidad.

            Simple y sencillamente, con o sin deseo, nada había cambiado. Jessenia seguía estando sola en un mundo que giraba alrededor del sol ignorando el sufrimiento individual de cada ser humano, seguía atrapada dentro de una realidad que no escuchaba el llanto de su corazón y que se negaba a cumplir su deseo.

            — ¿Qué es lo que pretendes hacer conmigo?—le pregunto la chica a la bruja con voz indiferente y carente de emociones. Ya no la veía a ella, ahora sus ojos se concentraban en el frío y duro suelo gris.

            — ¿Qué pasa, ya no vas a llorar?—inquirió en tono molesto.

            —Llorar no hará que mi deseo se haga realidad. Nadie puede cumplir mi deseo, así que al menos, espero que me digas que quieres hacer conmigo—le respondió con tono de resignación.

            —Me alegra ver que te estés dando por vencida—la bruja observo el cielo y noto que la resplandeciente luna llena se encontraba en su punto más alto. El amplio círculo había dejado de brillar y se volvió tan pequeño que rodeaba únicamente a la bruja que seguía de pie en el centro—. Esto se llama: Ritual de la Luna Llena. Las brujas lo usamos para extraer energía de los rayos de la luna y volvernos más fuertes por un corto periodo de tiempo. Como te abras dado cuenta, la ceremonia tarda un poco en completarse, pero una vez que ha terminado, las brujas nos llenamos de una impresionante cantidad de energía. Y es ahí donde entras tu, querida. Generalmente hubiera esperado por otros dos años, pero un indeseable a llegado de improviso y me vi forzada a adelantar el ritual. Veras: una vez que la luna esta en su punto más alto, puedo hacer una magia prohibida muy poderosa que requiere de una gran cantidad de energía así como de concentración y esa es… Arrancarle el alma a una de “Las Malditas” Son niñas o niños que formalizan contratos como el que tú hiciste conmigo diez años atrás. Se les concede un deseo y una vez cumplido, un vínculo inquebrantable se formaliza entre la que cumplió el deseo y el que lo pidió. Después se pasa un tiempo y la bruja regresa por el pago, como yo lo hago ahora contigo.

            Durante toda la explicación de la bruja, Jessenia permaneció con la vista clavada en el frío suelo gris sin dar ni una sola muestra de miedo o arrepentimiento. Ya no le importaba que pasara con ella, a fin de cuentas, su deseo jamás se hizo realidad y nunca se haría.

            —En pocas palabras, piensas arrancarme el alma—dijo con voz mecánica carente de toda emoción humana. Sin mirar a la bruja, la chica de pelo plateado comienza a sonreír—. Ya veo. ¡Ya entiendo todo! Es lo mismo que hace diez años. Esta bien, solo hazlo, al igual que antes, no tengo ninguna razón para oponer resistencia, aun si me matas no pierdo nada valioso, solo mi inútil vida.

            Y dicho lo anterior y como si no hubiera pasado el tiempo, viejas reflexiones vuelven a posarse dentro de la mente de la joven, como si nunca se hubieran ido, solo estaban esperando a que la chica los notara:

            “Esta bien así. En la muerte no hay nada malo, ya no abra dolor ni sufrimiento, en pocos momentos todo abra terminado y finalmente me veré libre de esta vida. No más tristeza y no más de esas falsas muestras de amor. “

            Pero como bien se ha demostrado anteriormente, el mundo, la vida o el universo, jamás hace realidad los deseos de las personas. Antes de que Jessenia bajara de donde estaba suspendida para terminar con el ritual. Un fuerte chirrido atrae la atención de todos los presentes. Del otro lado de la puerta, una persona envuelta en viejas prendas color café claro y cuyo semblante permanecía oculto detrás de la oscuridad que provocaba su capucha, había aparecido.

            —Parece que esos inútiles no pudieron matarlo, ama—dijo una de las criaturas de un metro de altura.

            — ¿Quiere que nos encarguemos de él?—pregunto el segundo con voz áspera.

            —Destrúyanlo por completo, que no quede ni una sola gota de su sangre, no permitiré que interfiera con el final del ritual.

            Obedeciendo fielmente las ordenes de su ama, los dos pequeños seres se pusieron uno al lado del otro y de súbito, las túnicas negras que los envolvían en su totalidad, salvo por las muy largas y anchas colas, quedaron desgarradas, pues en pocos segundos, el pequeño cuerpo de estas criaturas empezó a volverse más y más grande.

            Eran de un intenso color verde, estaban llenos de escamas y su piel se veía muy dura y seca. Sus brazos se alargaron y estos se tornaron anchos y musculosos, de largas uñas negras, en la espalda de ambos, ocho picos negros y puntiagudos habían emergido. Tenían colmillos amarillentos, largos y cuatro de estos sobresalían de sus largas quijadas. Sus colas permanecieron del mismo tamaño, pero lo que cambio totalmente fue la altura, pues antes solo median un metro. Una vez que la transformación concluyo, fácilmente aquellos pequeñazos habían superado los dos metros de altura. Eran mucho más grandes que el Segador que debía medir un metro setenta. Y por supuesto, mucho más musculosos.

            Los largos y afilados cuchillos del Segador brillaban bajo los intentos rayos de la luna mientras adoptaba su posición de pelea, estos aun estaban impregnados con la sangre de su batalla anterior, pues pequeñas gotas se impactaban contra el suelo gris.

            El viento que azotaba en las alturas de la torre era fuerte y mecía el largo cabello plateado de Jessenia, se llevo las partes rasgadas de las túnicas negras de esas criaturas y las viejas prendas color café claro que vestía el Segador se movían de forma dramática mientras fulminaba a sus dos oponentes con sus brillantes ojos azules. Abajo, en el reino, las personas dormían plácidamente sin saber que en el castillo, en la torre más alta de este, se libraba una lucha entre seres oscuros.

 

 

Notas finales:

Hasta el quinto.

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