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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Que tal lectores, lamento mucho la tardanza, he estado ocupado! 

En fin, les dejo el capitulo, no olviden comentarios.

 

Ambos combatientes yacían uno frente al otro separados por algunos metros de distancia; el Nigromante, con su densa y oscura aura rodeándolo, con su larga y ancha espada de acero azabache sujetada con firmeza con sus dos manos enguantadas en cuero negro, listo y preparado para el ataque. Yura, delante de él, con su espada que era mucho más delgada y sujetada con una sola mano, veía con indiferencia a su oponente, no obstante, lista para el combate, esperando que el Ser Oscuro delante de ella pudiera darle un combate divertido.

            El campo de batalla, oscuro y frío, hecho de sólida y áspera roca negra, espacioso y más que nada silencioso, se vio interrumpido por el estrépito combate que había iniciado. El Nigromante tomo la delantera, usando su avanzada velocidad se coloco delante de la joven en tan solo unos segundos, bajo su enorme espada con toda su fuerza. Si Yura no lo hubiera bloqueado en el momento justo, el arma de su oponente la hubiera partido por la mitad, ahora, tanto la humana como el Ser Oscuro, yacían a tan solo unos cuantos centímetros de distancia del otro, la primera soportando la fuerza de su oponente con un solo brazo, mientras que el segundo, utilizaba ambas manos para presionar su colosal arma contra la de la Cazadora.

            Por más que presiono su ancha espada, el Arma Espiritual de Yura, así como la fuerza de la humana no amainaba en lo más mínimo, con un solo brazo, la chica podía sostener un combate contra el Nigromante.

            —No me subestimes—le dijo la humana con tranquilidad al Nigromante mientras sus espadas seguían luchando una contra la otra—, yo no soy igual de débil que Jessenia. Soy mucho más poderosa que ella. He estado dormida dentro de su patético ser durante mucho tiempo, ahora que finalmente desperté y puedo mover mi cuerpo por mi propia voluntad, espero que puedas ofrecerme un combate divertido y emocionante.

            Al finalizar su monologo, Yura concentro una cantidad mayor de energía en su espada, deshizo la unión de espada contra espada y contraataco. A diferencia del Nigromante, quien no pudo hacerla retroceder con sus fuerzas oscuras, Yura, cada vez que atacaba a su oponente con una ferocidad gélida y controlada, su enemigo se veía obligado  a retroceder varios pasos debido a la fuerza y a la velocidad con que la humana lo atacaba. Finalmente, mientras el Ser Oscuro retrocedía y bloqueaba lo mejor que podía, la Cazadora concentro una gran cantidad de Energía Espiritual en la hoja de su espada, claramente, con la intención de destruir el arma de su oponente, no obstante, éste pareció darse cuenta del plan, ya que en el último momento, antes de que las espadas chocaran una contra la otra, el Nigromante dio un salto hacía atrás con una voltereta para salvarse del ataque. Su arma seguía intacta, ahora, nuevamente, los oponentes estaban separados por varios metros de distancia.

            Al momento de ver lo que hizo, Yura dejo escapar un suspiro de cansancio.

            — ¿Qué pasa? ¿Te rindes?

            El Nigromante se mantenía indescifrable, no obstante, repentinamente, el Ser Oscuro comenzó a recitar nuevamente unos cánticos que se escuchaban lentos y profundos pero más que nada, siniestros. Levanto el brazo izquierdo con la palma de la mano abierta y a su alrededor, algo impresionante comenzaba a ocurrir. ¡Una serie de flamas verdes aparecían una tras otra flotando alrededor del Ser Oscuro, a su lado, delante y detrás de él!

            “Así que comenzaras a utilizar tu magia. ¡Perfecto! Así el combate será mucho más divertido.

            Las flamas verdes salieron disparadas una tras otra contra la humana. Yura, por otro lado, se mantenía tranquila y expectante. Logro evadir con perfecta agilidad y velocidad las primeras flamas que se acercaban a ella, estas se estrellaron contra el suelo provocando agujeros donde sea que se impactaran. La lluvia de flamas verdes no dejaba de caer sobre ella. Usando su velocidad y agilidad, logro evadir cada uno de los ataques de fuego de su enemigo, no obstante, las llamas no solo caían en una sola dirección. Cuando Yura las evadía, algunas flamas se detenían antes de tocar el frio suelo de roca y se redirigían contra la humana, siguiéndola sin importar a donde tratara de huir. En cuando la cazadora se percató de este hecho, dejo de moverse e intercepto cada uno de los ataques del Nigromante con su espada. Logro destruir cada una de las flamas con su Arma Espiritual.

            Mientras Yura estaba ocupada lidiando con las flamas verdes del Nigromante, éste había alargado su arma delante de su cuerpo, sostuvo la empuñadora con la mano derecha mientras que con la izquierda estaba escribiendo unas runas verdes sobre todo el ancho de la hoja. Más claramente, los dedos índice y corazón brillaban en una pequeña flama verde que yacía suspendida sobre estos dos dedos, con el mismo fuego, empezó a dibujar runas sobre el acero azabache.

            Una vez que termino de hacer esto, Yura había concluido de pelear contra las pequeñas flamas proyectiles y a la distancia, presencio como la antes espada de acero negro del Nigromante se convertía en una flama verdosa y alargada. Es, en pocas palabras, una espada hecha de fuego.

            En cuanto vio que la hoja del arma de su oponente se había envuelto en una feroz llamarada verde, la chica no pudo evitar mostrar una pequeña mueca en los labios. El encuentro se tornaba cada vez más divertido.

            “Creo que jugare un poco más con él.”

            Esta vez, Yura había iniciado el ataque ofensivo y el Nigromante se mantenía a la defensiva. Los feroces y rápidos tajos de la espada de la cazadora eran bloqueados por la nueva espada de fuego del Ser Oscuro.

            El Nigromante, cuando contrataco con su nueva y poderosa espada de fuego verde, lo hizo con una fuerza renovada que, al momento de bloquear el impacto con su Arma Espiritual, Yura salió despedida hacía atrás. No obstante, dio un giro mientras se encontraba en el aire y cayo de pie, aun así, fuera arrastrada unos cuantos metros dejando unas huellas en el suelo de roca negra.

            A continuación y sin perder tiempo, el Ser Oscuro enterró la espada de fuego verde en el suelo frío y oscuro, lo que ocurrió inmediatamente fue algo verdaderamente complicado. Una intensa llamarada de fuego verde empezaba a moverse bajo tierra siguiendo una única dirección.

            El suelo comenzó a temblar y la tierra empezó a brillar de un llamativo color verde y a calentarse más de la cuenta. Las grietas que habían aparecido se dirígian a gran velocidad hacía Yura y bajo estas, un brillo verde las seguía. Cuando finalmente llegaron bajo la humana, la chica da un salto rápido hacía la derecha evadiendo el geiser de fuego verde que se había levantado del interior del suelo. Enseguida, las grietas volvieron aparecer en la tierra y debajo de la misma, el fuego corría en una nueva dirección: hacia Yura.

            La Cazadora saltaba de dirección en dirección evadiendo los geiseres de fuego verde que salían disparados como una catarata al revés. A donde sea que la joven se movía para evadir el ataque, el fuego la seguía bajo tierra y salía disparado hacía arriba cuando se encontrara sobre Yura. Mientras tanto, el Nigromante seguía con la espada clavada en la tierra, claramente, dirigiendo la dirección del fuego hacía su oponente.

            En un último salto alto, Yura se sostiene de una de las estalactitas que había en esa caverna. Era delgada, larga, puntiaguda y fría, pero a la vez, resistente. La chica le clavo la mirada a su oponente que yacía con la espada a un enterrada bajo tierra, éste, por su lado, la veía desde abajo, ahora, del interior del yelmo, un par de circulares y brillantes ojos verdes se mostraban.

            El Nigromante levanto el brazo izquierdo con la palma de la mano abierta en dirección a Yura, recito un rápido conjuro en una lengua ininteligible; a continuación, una serie de flamas verdes aparecieron a su alrededor y tan rápido aparecieron, todas se dispararon contra la Cazadora que seguía sosteniéndose de la estalactita. En el suelo, debajo de Yura, la tierra brillaba por el fuego verde que había debajo, justo donde la humana caería si se soltara para evadir los proyectiles de fuego. No tenía donde esconderse.

            No obstante y sin importarle en lo más mínimo, Yura se suelta. Al hacer esto los proyectiles de fuego se estrellaron contra la estalactita de roca y la destruyeron en cientos de pedacitos, mientras caía, el suelo debajo de la humana comenzaba a romperse. El geiser de llamas había salido disparado como un poderoso rayo de fuego verde que ascendía a su encuentro con la humana, ésta, apunto su espada directamente contra el ataque del Nigromante. Al momento del contacto, la temible e intensa llamarada se partió por la mitad para finalmente dispersarse.

            La joven humana logro aterrizar sin ningún problema. Blandió la espada en el aire. Perfecta, sin un solo rasguño.

            Delante de ella, el Nigromante desenterró la espada de fuego del suelo y la volvió a sostener con ambas manos, en una clara señal de que deseaba terminar el duelo con un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.

            El aura negra que rodeaba al Ser Oscuro se había reducido significativamente; este hecho no pasó desapercibido para Yura. Era hora de ponerle fin a este encuentro. El Nigromante estaba agotando todas sus energías, si la lucha se alargaba ya no sería divertida.

            Y así fue como paso, ambos oponentes sostuvieron sus respectivas armas frente a sus cuerpos con ambas manos. La espada de Yura, delgada y larga, brillante con un filo amenazador, contra la ancha espada de fuego verde del Nigromante. Ambos atacan.

            Ambas armas se estrellan una contra la otra en un intercambio rápido de tajo contra tajo, bloqueos y esquivos de parte de ambos oponentes. La velocidad con la que ambos contrincantes se movían era imposible de ver para el simple ojo humano, no obstante, lo que si era claramente visible, eran las chispas de fuego verde que desprendía la espada del Nigromante cada vez que chocaba con el arma de Yura. De esta forma el encuentro se fue alargando por algunas minutos, con el paso de este tiempo los movimientos del Ser Oscuro se volvían cada vez más lentos y predecibles, inclusive la fuerza de sus ataques se vio reducida a un insignificante esfuerzo. Yura solo necesitaba de un solo brazo para maniobrar su espada para poder resistir los ataques del Nigromante. ¡No! Su oponente había agotado ya las energías que lo volvían un enemigo respetable, ahora, aun sin usar su Arma Espiritual y usando únicamente su fuerza física, la Cazadora podía vencerlo.

            Estos pensamientos aparecieron dentro de la mente de Yura y decidió ponerlos en práctica, llego a un punto en que ya no bloqueaba los ataques de su enemigo, ahora solo se dedicaba a evadirlos con los ojos cerrados. Su cuerpo resaltaba cierta clase de gracia, sus movientes no eran torpes, pesados o innecesarios, no evadía más de la cuenta, cada vez que se movía para esquivar un tajo de la espada de fuego del Nigromante, el arma pasaba casi rosando la piel de la chica y aun así la joven no abría los ojos. La humana estaba confiada de su victoria, no, mejor dicho, desde que despertó sabía que no podía perder ese encuentro.

            Ya cansada de pelear contra un enemigo débil que no presentaba un verdadero reto para ella, Yura abre ambos ojos, evade el golpe de la espada de su oponente, flexiona su larga pierna y de una sola patada directo en la cabeza, el yelmo de picos que usaba el Nigromante salió despedido por los aires.

            —Así que es así como luces bajo ese ridículo casco tuyo—le había dicho sin atemorizarse o amedrentarse contra la tétrica imagen de su oponente.

            Bajo el yelmo que usaba, bajo la oscuridad que lo cubría, se encontraba una calavera con las cuencas vacías y una sonrisa siniestra, todo el cráneo estaba cubierto por una flama verde y donde deberían estar un par de ojos, solo un brillo verde se encontraba apostado.

            El Ser Oscuro avanzo. Nuevamente trato de atacar a Yura, esta bloqueo el ataque con su espada y mientras tenía a su oponente tan cerca, la chica le planta una patada directo en el abdomen. La armadura que cubría esa área de su cuerpo se llenó de grietas y el Nigromante salió disparado hacia atrás, estrellándose con gran estrepito sobre el trono de roca negra que antes usaba tan arrogantemente. El asiento se destruyó a pedazos.

            —Supongo que no es tu culpa ser débil—dijo Yura sin prestarle atención a los patéticos intentos por incorporarse del Ser Oscuro—, yo soy demasiado fuerte. Aun así, este combate me ayudó mucho, ahora ya sé que tan resistente es éste cuerpo. No está mal, Jessenia lo mantiene en forma, pero no es suficiente, puede mejorarse.

            El Nigromante se arrastraba por el suelo con su espada en la mano derecha; el fuego verde se había extinguido, ahora solo quedaba la hoja ancha y oscura. Con dificultad se puso de pie, Yura lo veía mientras el Ser Oscuro apuntaba la punta de su arma al cuello de la pequeña niña que yacía inconsciente en el suelo. Su última carta de triunfo o de escapatoria. Lamentablemente al ver esto, la Cazadora no mostro ningún indicio de preocupación o interés.

            — ¿Realmente crees que esa mocosa es mi punto débil?

            Las palabras de Yura eran firmes e indiferentes, no obstante, en cuanto el Nigromante, con su cara inescrutable de calavera, acerco la punta de su espada a tan solo unos centímetros de la manzana de la niña, la joven Cazadora no pudo evitar entrecerrar los ojos. Le gustara o no había hecho una promesa con Jessenia y no quería que nadie la llamara traidora o mentirosa, por lo que por el momento, pondría el bienestar de esa pequeña y la de los otros (si es que los hay) primero.

            Como observo que el Ser oscuro no se detendría, Yura empleo su impresionante velocidad para acercarse a los dos antes de que fuera demasiado tarde. El Nigromante advirtió movimientos por parte de la humana, por lo que inmediatamente levanto la espada y la bajo con fuerza. Si Yura no hubiese llegado a tiempo, la cabeza de la pequeña niña estaría rodando por el suelo.

            La espada de grueso acero negro del Ser Oscuro termino partida por la mitad. La Cazadora tenía ahora a la niña firmemente sujeta bajo su axila. Deposito a la pequeña en el suelo y regreso para terminar con el trabajo.

            Camino lentamente hacía su oponente que ya comenzaba a ponerse de pie, en cuanto se incorporó, Yura corrió hacía él, se puso delante de su enemigo y entonces comenzó a lanzar tajo tras tajo. El Nigromante ya no tenía forma de defenderse, su única arma yacía partida por la mitad, completamente inútil para el ataque o la defensa.

            Tras lanzar varios ataques, la armadura que protegía el pecho del Ser Oscuro se destruyó inevitablemente, detrás de la misma, un pecho que consistía en puros huesos se revelo. El Nigromante era solamente un esqueleto bajo esa pesada armadura y esto no era todo, el ente poseía dentro de su esquelético cuerpo un corazón que latía con un resplandor verde. No estaba conectado a ningún ligamento, pues el Ser Oscuro era tan solo una serie de huesos. Aun así, el órgano estaba allí, latiendo, aun cuando no tenía sangre para bombear.

            Sin miramientos en su mirada, Yura atraviesa el órgano con su espada, el Nigromante proclama algo parecido a un grito de dolor y a continuación, los huesos que lo conformaban se deshacen, cae al suelo derrotado. Lo que antes era un alto esqueleto que vestía armadura y capa, ahora solo era un saco de huesos cubiertos por las mismas prendas que usaba para vestirse. La presencia oscura que despedía se había extinguido, el enemigo estaba derrotado.

            Con indiferencia Yura camino aun lado de los huesos, sin prestarles ninguna atención y camino hasta ponerse junto a la niña en el suelo. La joven se arrodillo y le coloco la mano sobre la frente; la piel de la chiquilla estaba sucia y pálida, sin mencionar fría y casi esquelética, no obstante, el pecho de la pequeña seguía subiendo y bajando. Estaba viva, respiraba.

            Tras unos segundos, la piel fría de la niña se fue calentando poco a poco, los residuos de la magia de control mental que el Nigromante uso en ella para que la pequeña hablara por él, comenzaban a desaparecer. La chiquilla abrió los ojos, lo primero que vio fue la fría y afilada mirada de Yura, sus ojos azules y el techo de oscura roca negra. Debido a unos agujeros en el techo de la caverna, un poco de la luz de afuera se filtraba al interior de esa cueva, aunque no fuese mucho, algo es algo. Las antorchas de fuego verde se apagaron en el instante en que el corazón del Nigromante fue destruido.

— ¿Puedes levantarte?—le pregunto la Cazadora a la pequeña.

Yura se enderezo. La niña se encontraba bien, un poco débil, sucia y mal nutrida. Ignoraba totalmente cuanto tiempo había estado encerrada en ese lúgubre lugar y tampoco le interesa saber ni preguntar, había hecho lo que tenía que hacer. 

            La niña movió la cabeza en un gesto positivo. Con esfuerzo logro colocarse sobre sus piernas, estas le temblaban por el simple hecho de cargar su pequeña figura. Una vez de pie, la pequeña mira a todos lados preocupada, como esperando a que algo llegara. Yura advirtió esa mirada de preocupación y miedo.

            —No te preocupes, ese monstruo ya no aparecerá, me encargue de eliminarlo. Ahora, ¿hay otras personas vivas en este lugar?

            Yura esperaba que la respuesta de la niña fuera un simple “no” o un movimiento negativo de la cabeza, no obstante, la pequeña hizo un ademán positivo y señalo un lugar más al fondo con el dedo de la mano derecha. La Cazadora fue hasta el lugar donde la joven señalaba mientras que la niña la seguía detrás.

            Con el Nigromante muerto, la atmósfera de la caverna había cambiado un poco, el lugar seguía siendo frió y oscuro, de eso no cabía la menor duda, sin embargo, el aire que se respiraba allí era mucho más ligero, limpio y el cuerpo se sentía más liviano, fácilmente movible. Yura lo sabía, cuando un Ser Oscuro invade o llega a un área determinada, este ser emana un poder que modifica la atmósfera donde sea que se encuentra, su presencia puede hacer que el simple aire se vuelva pesado y difícil de respirar, si es demasiado poderoso, la gravedad puede aumentar, provocando que el cuerpo de los seres más débiles se vuelvan mucho más pesados y por lógica, más lentos y vulnerables y, en los casos más extremos, una poderosa presencia liberada de golpe puede incluso llevar a la muerte de los más débiles alrededor.

            Con la muerte del Ser Oscuro, la atmósfera de esa caverna se repondrá por si sola.

            Yura y la niña caminaron por algunos minutos en una sola dirección, internándose cada vez más en las profundidades de ese vasto lugar, la caverna resulto ser mucho más larga y profunda de lo que la Cazadora pensó en un principio. De no ser porque prometió a Jessenia liberar a esa gente, Yura ya se hubiera retirado, dejando que los demás se las arreglen como puedan.

            Finalmente, al tornarse la oscuridad cegadora, Yura levanto su Arma Espiritual, la hoja empezó a emitir un brillo que ahuyentaba a las tinieblas. Se estaban acercando, en el fondo unos ruidos comenzaron a escucharse. Pasos, murmullos y unos golpecitos.

            — ¿Qué es eso?—se escucho una débil voz al fondo.

            — ¡Es una luz!—exclamo esperanzado otro.

            — ¿Quién anda ahí?—pregunto alarmado otro.

            A continuación, más y más voces se unieron a las primeras. Tan pronto la niña las escucho, adelanto a Yura corriendo para ponerse frente a lo que parecían ser unas cámaras con barrotes de piedra. Eran amplias y muy largas, en cada una fácil podrían entrar entre cincuenta y sesenta personas. Estas celdas seguían y seguían apareciendo hasta perderse más allá de las tinieblas, la Cazadora se pregunto cuanta gente había encerrada en ese lugar.

            Cuando la Cazadora se acerco con la luz que emanaba su espada a la primera cámara con barrotes, las personas se echaron para atrás, cubriéndose los ojos con las manos. Debía de ser la primera vez en mucho tiempo que veían una luz tan brillante, sobre todo una vez que los ojos se acostumbran a la oscuridad total.

            —E-Eli, ¿eres tu?—inquirió uno de los hombres detrás de los barrotes de roca—. ¿Qué ocurre, donde esta ese monstruo?

            —No hay nada de que preocuparse, esta persona lo derroto y vino a salvarnos—dijo la pequeña señalando a la Cazadora que los veía todos como si ninguno de ellos valiera algo.

            Los hombres y mujeres dentro de esas celdas empezaban a soportar la luz que emanaba la espada de la chica, se acercaron para ver mejor a su salvadora. Tan pronto vieron su afilada mirada y sus ojos carentes de brillo, las personas se percataron que esa chica era alguien de cuidado.

            —Apártense, voy a destruir esos barrotes.

            La gente se hecho para atrás, lo suficiente como para topar con el muro que había detrás de todos. Yura levanto la espada y la blandió horizontalmente en dirección a los barrotes, un has de luz salió disparado de la hoja y destrozo los impedimentos de roca. Hizo lo mismo con las otras celdas que había a los lados.

            Después de unos minutos, más de cien personas seguían a la Cazadora poniendo una distancia de algunos metros entre ellos y ella. Yura iba al frente de la expedición, guiándolos hacía la salida; la única que parecía no amedrentarse por la afilada mirada de la chica era la pequeña niña llamada Eli, quien en todo el trayecto del viaje no paro de hablarle y preguntarle todo tipo de cosas a la Cazadora. Obviamente, la chica recuperaba sus energías.

            Tras un viaje de varios metros de distancia, tras pasar por el campo de batalla y pasar por el largo camino repleto de cadáveres mutilados regados por el suelo, teniendo especial cuidado en no pisarlos, aunque, a la joven Cazadora parecía no importarle esto, ya que pisoteaba y pasaba por encima de varios de esos cuerpos muertos. Llegaron finalmente al lago negro.

            El viaje duro más de lo que Yura esperaba, ya que muchas de esas personas, al parecer, habían vivido toda su vida sin ver un espectáculo tan sangriento y sádico como el que presenciaron cuando caminaron por el largo sendero oscuro, el mismo que transito Jessenia cuando se enloqueció por unos momentos. Decenas o hasta cientos de cuerpos muertos, todos mutilados de formas que nunca antes se habían imaginado, con sangre derramada por todos lados, miembros desmembrados por aquí y por allá, intestinos cortados por todos lados. Más de una persona se detuvo a vomitar, no solo por la imagen tan grotesca y repulsiva, sino por el hedor insoportable que se respiraba en todo el lugar. El mal olor de la muerte. Un olor al que no todas las personas se acostumbran, por lo que a esa gente le impresiona todavía más cuando Yura paso con indiferencia por todo ese camino repleto de muertos sin dudar un solo segundo, pisando los charcos de sangre, pisoteando brazos, piernas, cabezas, intestinos regados con absoluta indiferencia.

            Sin embargo, lo que hizo que las personas se asustaran más de la Cazadora fue cuando ya desesperada por esperar a una sarta de cobardes, la chica se volvió hacía todos ellos y les dijo:

— ¡Solo son cadáveres, no volverán a la vida para atacarlos, son solo trozos de carne prudiendose en mitad del suelo, no hay razón para tener miedo, ahora caminen o me iré sola y ustedes se quedaran aquí para siempre!

         Yura siguió su camino adelantándose. De mala gana la mayoría de la gente se pone en marcha, caminando a través de todo ese sendero repleto de muerte.

         —Se comportan como si nunca hubiesen visto un cadáver en su vida—murmuro para si misma.

         El miedo de la gente solo se hizo más profundo cuando llegaron al lago negro, allí la imagen de una enorme bestia partida por la mitad, con litros y litros de sangre derramada por doquier, con órganos enormes desparramados en el suelo, solo provoco que las personas vomitaran, ya sea por la grotesca imagen o por el hedor que el cuerpo desprendía.

         Una vez frente al lago negro, Yura toma su Arma Espiritual, reúne sus energías en un solo golpe y hace lo que Jessenia no pudo lograr cuando visito el mismo lugar días después, partir el lago por la mitad, hacer que las aguas se arremolinen a la izquierda y a la derecha para dejarlos pasar justo por en medio.

         La compañía logro salir por el mismo lugar que Jessenia uso para entrar momentos antes. La sensación de estar libre, el aire fresco golpeando sus rostros, la luz de día y el clima fresco fue algo de lo que muchas personas agradecieron. Muchos de ellos se habían resignado a morir en la oscuridad. La verdad es que uno nunca valora lo que tiene hasta después de que lo pierde, solo entonces los humanos toman conciencia de lo valiosos que son hasta los momentos más simples y sencillos.

         La densa capa de neblina que cubría el pueblo había desaparecido, ya que ese fenómeno fue causado por los poderes sobrenaturales del Nigromante, ahora que ya no esta, su magia comenzaba a perder efecto. La gente fue recibida de tantas formas cuando regresaron. Muchos intentaron darle las gracias a Yura, pero la chica los rechazo a todos, sin mostrar indicios de estar interesada en lo que sea que esa gente tenga que decirle, la humana entra a la casa de Octavio, ya que el alcalde se la ofreció para que descansara. La Cazadora acepto.

         Una vez recostada sobre la vieja cama, con la vista puesta en el techo de madera, Yura empieza a cerrar sus ojos.

            —No estuvo mal para ser mi primera pelea, supongo que por el momento, dejare que Jessenia tenga este cuerpo un poco más.

            Y una vez dicho esto, Yura se sumerge en un sueño oscuro que duro horas y horas. Y antes de lo que había previsto, Jessenia aparece ante ella, las dos cambian de lugar nuevamente, la primera para tomar control del cuerpo, mientras que la segunda se queda dentro para ver los recuerdos de la pelea contra el Ser Oscuro.

            Cuando abrió los ojos, Jessenia reconoció el techo que veía, la suavidad de la cama y la calidez de las sabanas. Se irguió sobre el colchón, le hecho una rápida mirada a la habitación y a lo que esta contenía, había regresado a ciudad Central y se encontraba en su habitación dentro del Gremio.

            El hecho de haberse ido a dormir bajo un árbol a la intemperie y luego despertar dentro de su habitación en el Gremio sin recordar haber llegado hasta ahí, es algo que debería sorprenderla de muchas maneras, no obstante, la tranquilidad que la invadió hizo que la joven se asustara un poco.

            Se levanto de la cama para dirigirse al baño, cuando ya se encontraba frente al espejo del tocador, una voz le habla, provocando que la chica se quede petrificada en el suelo sin moverse.

            —Ya era hora de que despertaras—fue lo que dijo la voz. En el pasado esto hubiera espantado a Jessenia, no obstante, la joven ya reconocía esa fría voz carente de emociones y con un ligero tono de arrogancia en él. Era Yura.

            La joven Cazadora se vuelve para fijarse en el espejo que yacía a su lado izquierdo y en el, una figura con afilada mirada, fríos ojos carentes de brillo y profundos, la veía desde el otro lado del mismo. Ese no podía ser su reflejo, era Yura a la que veía, no a si misma.

           

 

             

 

Notas finales:

Una vez más, ¡lamento la tardanza! Es probable que este domingo no pueda subir capitulo, lo intentare pero no prometo nada. 

Nos leemos despues.

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