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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Qué tal lectores! ¡Lamento muchísimo si me tarde en actualizar la historia! Es que hace unas semanas, un manga muy bueno tiene secuestrada mi imaginación y mi tiempo para escribir, no fue sino hasta que lo termine de leer hasta donde iba que fui libre de su malévolo hechizo y me pude concentrar en la historia y en otras cosas. Para los interesados en ese mundo, el manga se llama: Prision School, muy bueno y divertido.

En fin, aquí el siguiente capítulo de la historia, si lo que hago me satisface y no me distraigo con nada, la siguiente semana subiré la continuación, espérenlo por favor.

Bueno, sin más por el momento, disfruten del capítulo, para cualquier queja o critica, dejen un comentario, se los agradecería mucho, sus opiniones son muy importantes para mí así como valiosas, si se molestan en dejar algo, lo tomare en cuenta para poder mejorar.

Lo primero que la pequeña niña vio al momento de abrir los ojos, fue un techo desconocido de color gris. Entornando los ojos, comenzó a mirar sin ver nada, la joven barría con la mirada todo lo que a su alrededor se encontraba. Su mente se encontraba en blanco, incapaz de pensar en nada por si misma, solo recibía la información que captaba a través de la vista sin entender nada en realidad.

            — ¡Ah! ¡Finalmente despertaste! ¡Que alegría, nos tenías preocupados!—dijo una bella mujer madura con una larga bata blanca.

            Sin entender nada de lo que pasaba, la pequeña se irguió, quedando sentada sobre la cama y con los ojos entornados, comenzó a mirar con mayor resolución el lugar en el que se encontraba. Era una habitación amplia, repleta de pequeñas camas individuales y  rodeando a las mismas, un par de cortinas blancas para darles a sus usuarios algo de privacidad; el cuarto estaba impregnando de un olor muy extraño que resultaba molesto, más no insoportable y salvo por el techo, todo en ese lugar, las pinturas de las paredes, los colchones y sabanas de las camas, casi todo, era de un puro y limpio color blanco. Blanco, justo como la mente de la pequeña chica de largos cabellos verdes.

            Aun sin nada dentro de su cabeza, la joven observa que en su brazo tenía unos cables o tubos, no lo sabía, pero tenía algo de plástico conectado a una de sus venas. No sabía que era ese algo, pero como no le molestaba lo dejo estar. La chica se percato que linda mujer madura que vestía una larga bata blanca y con ropas de otros colores debajo, no paraba de mirarla a la cara.

            —Tienes unos lindos ojos color ámbar. Ese es un color muy inusual, pero resulta encantador—le dijo con amabilidad aquella mujer. Más la niña no sabía que responder, ni como hacerlo, por lo que se quedo callada esperando a que algo, lo que sea, pasara, aunque ella misma no sabía que. Tenía un extraño sentimiento dentro de ella, pero no sabía que era ni como explicarlo—. ¿Sabes quien soy yo? ¿Qué es lo último que recuerdas?—le pregunto la amable mujer, pero la pequeña solo se le quedo viendo sin decir nada—. ¿No lo recuerdas?—pero nada. La joven seguía mirando a la mujer sin nada mejor que hacer—. ¿Sabes como te llamas?—no hubo respuesta. La niña de largos cabellos verdes y ojos color ámbar no sabía ni su propio nombre y al parecer, tampoco parecía interesada en saber que le ocurrió—. Dame un momento, debo notificarle a la persona que te encontró que ya despertaste.

            La mujer se alejo de la niña y ésta la siguió con la mirada hasta que se perdió de vista. Se quedo en esa posición por unos segundos, sentada sobre la cama con la espalda derecha, esperando a que algo sucediera, pero como nada pasaba, la joven se levanto y comenzó a caminar. Se quito con indiferencia los cables que estaban conectados a sus venas pasándole alguna clase de líquido que yacía en una bolsa transparente. Pasó junto a una alta vitrina con puertas de cristal y frente a ésta, la niña se vio reflejada. ¿Acaso aquella chica era ella? Una jovencita de unos doce o trece años, no muy alta y con una larga cabellera de color verde y ojos inexpresivos de tinte ámbar. Estaba delgada y su cara era pálida, también, noto que vestía un atuendo ligero que cubría todo su cuerpo, pero que a la vez, le permitía moverse con libertad.

            Al verse así misma, algo dentro de ella la empujo a mirarse las muñecas de ambas manos, allí, unas marcas rojas que estaban apunto de desaparecer, pero que seguían visibles, llaman su atención, inmediatamente, acerca el rostro a la vitrina de cristal y se ve así misma, levanta la cabeza para verse mejor el cuello y allí, las mismas marcas rojas que las muñecas, un poco más acentuadas, permanecían casi inalterables rodeando todo el pescuezo. La niña veía estas marcas con los ojos entornados y con suma tranquilidad, como si estuviera acostumbrada a verlas todos los días.

            Caminó un poco más hasta llegar a una puerta entreabierta, la niña la abre por completo y bajo el umbral, la pequeña permanece unos minutos de pie, mirando la línea divisora que había en el suelo, marca que señalaba que de un lado estaba la salida, mientras que del otro, la habitación de olor extraño. Como si temiera cruzar esa línea sin permiso, la joven se queda dudando unos momentos, aunque la misma no sabía a que se debía ese repentino estremecimiento que la recorría ante la idea de cruzar el otro lado sin autorización. Finalmente lo hace y en el momento en que pone ambos pies del otro lado de la puerta, la chica se queda inmóvil una vez más, como esperando a que algo pasara, algo no precisamente bueno, pero algo a fin de cuentas. Como vio que nada sucedía, la joven sigue su camino por unos largos corredores que tenían varias habitaciones.

            Mientras andaba, unos sonidos comenzaban a escucharse, la chica se percato de ellos y los siguió, más adelante, dos puertas con cristales en medio dejaban pasar una extraña luz brillante, algo que la joven no recordaba a ver visto nunca; los ruidos procedentes del otro lado se acercaban. Se escuchaban con una extraña entonación que la joven no pudo reconocer, sabía que se trataba de un ruido producido por personas y al juzgar por el tono y la suavidad de las voces, no podían ser otros que un grupo de niños y debían de ser varios.

            Al llegar frente a las dos puertas sin perilla, la joven empuja la puerta, sale al exterior y al ver lo que allí se presentaba, la chica se quedo petrificada con los ojos bien abiertos. La peliverde no tenía palabras para descubrir lo que veía, era sumamente hermoso y nuevo para ella. Con los ojos como platos y la boca un poco entreabierta, la niña esboza por primera vez, desde que despertó hace unos momentos, una tierna sonrisa con los labios. Aunque a ella le pareció que esa no fuera la primera vez que sonreía.

            Ignoraba el tiempo que había pasado, pero desde hace un rato que Jessenia yacía sentada en el arroyo disfrutando del agua fría de la noche. Nunca antes habría pensado lo relajador que podría ser bañarse al aire libre si se le daba la oportunidad. Ya habiendo disfrutado de un placentero baño de agua fría, Jessenia toma la ropa de repuesto que había llevado consigo y se viste. Al poco tiempo, estaba nuevamente vestida con sus atuendos y no en ropa interior como Summer. Era extraño, pero casi había imaginado que ella no dudaría en molestarla con ir a espiarla mientras se bañaba.

            Cuando regreso al campamento que las dos habían montado ligeramente, encontró a su compañero ensimismada dentro de si misma, con la vista puesta sobre el fuego con una expresión profunda en los ojos. Con toda seguridad Jessenia creyó que Summer estaba profundizando en algo de su pasado. Lo sabía porque a veces ella hacía lo mismo. Cuando recordaba algo sobre su vida, ella miraba sin ver nada en realidad, lo que sea, mientras que su mente retrocedía a otro punto en el tiempo.

            Sin querer, Jessenia dejo caer su mochila contra la copa de un árbol, produciendo un ruido más fuerte del que esperaba; ese sonido provoco que Summer despertara de su ensoñación y mirara un poco confundida a Jessenia, pero a los pocos segundos recordó el lugar en el que se encontraban y lo que estaban haciendo.

            —Parece que te desperté—comento Jessenia al ver como Summer se sorprendió por el abrupto ruido que se escucho de repente—, ¿recordabas algo interesante?

            Summer parecía confundida, pero a los pocos segundos, los recuerdos de tiempos pretéritos regresaron a su mente. Era extraño, pero habían pasado unos años desde la última vez que soñó con los sucesos de antaño. La joven aun no estaba segura del porque precisamente en esos momentos, los recuerdos regresaban a su mente.

            — ¡No, no, para nada! Solo me estaba quedando dormida. ¿Disfrutaste del baño?

            Jessenia se sentó en el suelo dándole la espalda a un árbol.  

            —Fue mejor de lo que imagine. Jamás llegue a creer que tomaría un baño al aire libre. A decir verdad, no son tan malos.

            — ¡Claro que no lo son! Pero no te acostumbres, durante los trabajos no siempre encuentras lugares como estos para tomar un baño y la mayoría de las veces se viaja con la molestia del sudor y el calor, pero son cosas que tienes que soportar. Si no puedes soportar un poco de sudor en tu piel, ¿entonces como podrás pelear con tus enemigos?

            —Será mejor dormir—dijo Jessenia mirando la fogata ante ella—. ¿Todavía nos queda un largo camino de viaje?

            —No mucho, si nos levantamos temprano yo creo que llegamos a nuestro destino mañana a buena hora.

            —No hay criaturas o animales peligrosos en este lugar, ¿o sí?

            Summer preparaba el lugar donde dormiría cuando escucho la pregunta de Jessenia, así que sin volverse, se la responde sin distraerse en lo que hacía.

            —Criaturas tipo monstruos salvajes, no. No hay de esos aquí. Pero si hay algunos lobos, coyotes, quizás un par de osos por aquí y por allá. Nada serio.

            Era de esperarse que un Cazador de la Segunda Rama, alguien entrenado en combate contra todo tipo de Bestias grandes y peligrosas, no le temiera a algo tan simple y trivial como osos y lobos salvajes, es más, en comparación con los peligros que Jessenia ya ha tenido que superar desde que llego a la ciudad de Central, esos animales que menciono Summer, no eran más que un simple juego de niños para ella y para ambas.

            — ¡Muy bien, ahora a dormir, mañana nos espera la gloria!—dijo Summer ya tumbada en el suelo con la vista fija en las estrellas del firmamento. Luego, sin que nadie se lo esperara, la joven peliverde apunto con su dedo anular de la mano derecha al cielo directamente—. ¡Mañana brillaremos como las estrellas del cielo, no, mejor dicho, nosotras deslumbraremos mucho más que la mismísima luna! ¡Seremos dos pequeños soles que caminen directo hacía su destino, así que a dormir, que mañana temprano nos espere una gran aventura!

            Y acto seguido, Summer cayó dormida casi inmediatamente después de haber cerrado los ojos. A diferencia de ella, Jessenia permaneció sentada con la espalda apoyada contra el tronco del árbol y manteniendo los brazos cruzados, mirando sin saber que pensar de la conducta de su compañera y sin saber que reflexionar sobre sus últimas palabras dichas. No sabía que pensar sobre eso que dijo: “estrellas”, “deslumbrar”; lo único que llamo su atención fue cuando Summer menciono lo siguiente: “Seremos dos pequeños soles que caminen directo hacía su destino”.

            “¿Destino?”

            Es verdad, si no había contratiempos, era probable que mañana las peleas y los conflictos empiecen. Eso era lo normal en la vida de un Cazador. Mañana Jessenia respondería a la pregunta que se ha estado haciendo desde que conoció y hablo con Yura en su habitación hace unos días. La chica descubriría por si misma si realmente tenía las facultades para pelear y poder sobrevivir por si misma en aquel mundo de Cazadores sin contar con la ayuda de su alter ego.

            Jessenia se había percato que dejar salir a Yura era algo peligroso, no solo porque no sabía que podía hacer ella con su cuerpo mientras estuviera fuera de su mente, sino también porque mientras más salga su alter ego, mayor será la fuerza que ella tendrá sobre Jessenia, es decir, podría llegar el caso en que Yura pueda salir libremente cuando se le de la gana y esto preocupaba a la joven. Por lo que debía fortalecerse, no solo en fuerzas físicas y mentales, sino también en habilidades en combate, de esta forma, dependería menos de Yura y ella ya no tendría la necesidad de salir a fuera y hacer lo que le venga en gana con su cuerpo. Hubo un momento en que Jessenia considero la posibilidad de llegar a una especie de acuerdo con su otro yo, quizás si hablaban podrían resolver algo, ¡demonios!, Jessenia hasta considero la posibilidad de turnarse para compartir el cuerpo y no tener que pelear entre ellas, pero después de escuchar lo que ocurrió entre ella y los Cazadores del Gremio, así como enterarse de su carácter arrogante y egocéntrico, sin mencionar despiadado y peligroso; la joven considero que Yura era demasiado peligrosa para dejarla suelta y a sus anchas. Por lo que decidió no volver a depender de su fuerza y sus poderes.

            No obstante, lo que le dijo ese día en su habitación a un resonaba con fuerza dentro de su cabeza. Yura le había dicho a Jessenia que era ella, Yura, quien peleaba en todo momento y que Jessenia era solamente un títere que se movía bajo la influencia de los hilos invisibles de su alter ego para poder ganar y así sobrevivir, en su momento, Jessenia opto por no creerle, pero luego de experimentar ciertas sensación de distanciamiento y disociación con su propio cuerpo, la chica empezó a temer que Yura tuviera razón, por lo que se propuso a comprobarlo por si misma y ese método era simple y directo. Pelear y seguir peleando; ella y solamente ella, sin la ayuda o la intromisión de Yura, de esa forma, Jessenia se demostraría así misma y de paso a su alter ego, que ella podía pelear sin ayuda de otro.

            Pensaba en todo esto mientras veía las flamas rojas y danzarinas de la fogata. El viento de la noche soplaba, haciendo mecer las ramas de los árboles, así como llevándose las hojas que se desprendían de los mismos. Luego, el viento se interrumpió, a unos metros de distancia frente a Jessenia y un poco alejada de la fogata, Summer yacía profundamente dormida, debía estarlo, ya que la joven había comenzado a roncar.

            Jessenia no tenía mucho sueño, pero opto por descansar un poco y estar lista para la aventura de mañana. A ella no le molestaba del todo los ronquidos de su compañera; no obstante, cuando ya estaba a punto de cerrar los ojos y entregarse a un sueño tranquilo y relajador, detrás de ella un par de ramas comenzaron a romperse. Jessenia las escucho. Unos pasos comenzaban a acercarse lentamente, con cautela, pero seguros. Debían de ser animales salvajes del lugar, ya que pisaban ramas tras ramas. La joven Cazadora se levanta tranquilamente, sean lo que sean no deseaba asustarlos y provocar un ataque inmediato. Una vez incorporada, Jessenia se da la vuelta para ver entre la oscuridad de árboles que seguían y seguían; detrás de la penumbra, algo se aproximaba y ese algo no estaba solo.

            Cuando finalmente se acercaron, la humana pudo reconocer unos diminutos ojos brillantes, entonces salieron. ¡Era una manada de lobos salvajes, todos con pelaje negro! Eran seis en total y se acercaban con cautela. Jessenia empezó a moverse con lentitud, no quería asustarlos y obligarlos a un ataque inmediato. Los lobos se acercaron un poco más mientras la miraban con ojos afilados y gruñían a cada paso que se aproximaban. La Cazadora desvió la mirada un poco, Summer seguía dormida y roncaba como si nada pasara. ¡Como era posible que no pudiera sentir la sed de sangre que desprendían esos animales! ¡No, los lobos comenzaban a gruñir con más fuerza y a mostrar los afilados colmillos, claramente listos para lanzarse al ataque, ¿Cómo podía seguir durmiendo?!

            Jessenia no tenía tiempo para pensar en el comportamiento de su compañera, ya que los lobos comenzaron a ladrarle amenazadoramente y luego se echaron contra ella los seis al mismo tiempo. Eran grandes y de cuerpos largos, sin duda alguna, pesados; la joven no se podía permitir ser tirada al suelo, ya que sabía que esos animales apuntarían directamente a su cuello. Los ronquidos de Summer atrajeron la atención de esos lobos en cuanto llegaron, pero dado que la chica estaba inmóvil en el suelo, la dejaron pasar para concentrase en la humana quien se movía con cautela.

            Cuando los lobos se fueron contra Jessenia con la intención de embestirla y tirarla al suelo, la joven pensó en invocar su Arma Espiritual y pelear contra esos animales salvajes, no obstante, cuando estaba a punto de hacerlo, una voz familiar sonó dentro de su cabeza distrayéndola en el último segundo, por lo que la chica tuvo que evadir el ataque de las bestias.

            “¿Es que no puedes pelear contra esos animales sin depender de tu Arma Espiritual? Eres más mediocre de lo que creí.”

            La voz de Yura distrajo la atención de Jessenia impidiendo que liberara su Arma Espiritual, por lo que evadió el ataque de los lobos y se alejó un poco para llevarles ventaja.

            — ¡No me distraigas!—le espeto la joven.

            “Te la has pasado pensando en cosas muy interesantes como volverte más fuerte y todo eso, ¿pero cómo vas hacerlo si necesitas de un Arma Espiritual para vencer a unos simples animales salvajes? Sabes algo, cuando yo luche contra esos Cazadores dentro del Gremio no utilice mi Arma Espiritual, ¿sabes porque? ¡Porque no la necesite! Tan simple como eso. Si realmente quieres fortalecerte, derrota a esos animales usando únicamente las manos desnudas.”

            ¿Usar… únicamente las manos?

            Al ver los rostros de esos lobos salvajes, gruñendo, mostrando los colmillos y despidiendo una fuerte sed de sangre, Jessenia dudo por unos momentos, no obstante, las palabras dichas por Yura la habían molestado de sobremanera. Si ella podía luchar contra Cazadores sin liberar su Arma Espiritual, ciertamente Jessenia podría vencer a unos simples lobos con las manos desnudas, después de todo, ha derrotado cosas más grandes y temibles. No había razón para temer.

            “¿Qué harás?” La apuro Yura con voz burlona. “Pelearas únicamente con las manos o liberaras tu Arma Espiritual. Sea lo que sea, no tengas miedo, si la situación se sale de tu control, yo entrare y te salvare. Aunque no quiero que malentiendas las cosas, te ayudare no porque me intereses, sino porque no quiero que éste cuerpo salga herido, yo también lo uso después de todo.”

            Los lobos regresaron al ataque apuntando hacía Jessenia. En esta ocasión, la chica se quedó quieta apretando los puños, las palabras dichas por Yura la habían molestado.

            —No necesito liberar mi Arma para vencer a estos lobos y ciertamente no necesito tu ayuda—le espeto con seriedad.

            “Ya lo veremos.”

            Jessenia permaneció quieta y tranquila, observando los movimientos de sus oponentes, en cuanto uno de los lobos salto contra ella, listo para tumbarla al suelo, Jessenia se movió unos centímetros y le planto un puñetazo al lobo al lado de su rostro, tras el cual libero un chillido de dolor y cayó al suelo. Casi inmediatamente se levantó, sacudió con rapidez la cabeza y luego se echó a correr, perdiéndose en las profundidades del bosque oscuro. Solo quedaban cinco lobos salvajes, estos, al ver que uno de ellos se había ido, optaron por quedarse. En lugar de lanzarse como lo hizo el primero de ellos, los lobos restantes anduvieron con cuidado rodeando a Jessenia, mirándola con un gesto retador en los afilados ojos impregnados por sangre.

            A continuación, ladrando como señal de ataque, dos de ellos se fueron contra la humana, uno por detrás y el otro por enfrente. Lamentablemente para los animales, el ataque no dio mayor resultado que el primero. Jessenia los evadió con suma facilidad y les propino a las bestias un par de patadas que, al igual que el primer lobo, los hicieron chillar y huir mientras se internaban en el bosque. Jessenia los golpeaba con la fuerza necesaria para hacerlos huir, los lastimaba, pero no les provocaba heridas fatales que peligraran sus vidas.

            Uno de los lobos escucho los ronquidos que una Summer dormida predicaba, por lo opto por atacar a la chica indefensa corriendo hacia ella, se lanzó con las mandíbulas abiertas, listas para ensartárselas en el cuello delgado de la chica mientras que ésta, roncaba y roncaba tranquilamente sin ser consciente del peligro que corría en esos momentos. Antes de que el lobo completara el ataque fatal, Jessenia lo tomo por el pelaje y lo sostuvo con una sola mano antes de que cayera sobre su compañera, mientras el animal se revolvía para zafarse del agarre de la Cazadora, otro de los lobos se fue tras una Jessenia descuidada, salto para atacar, en eso, la humana dio un giro y le propino una patada directo en el abdomen de la bestia, lanzándolo por los aires a unos metros y al aterrizar, se marchó con dificultad del lugar. El último de los lobos ataco de igual forma, pero Jessenia en lugar de golpearlo, simplemente espero por la oportunidad y le lanzo el lobo que aun sostenía con la mano derecha, ocasionando que ambos animales chocaran y cayeran al suelo. Una vez levantados y después de sacudirse la cabeza, las bestias le gruñeron a la chica y huyeron con el rabo entre las patas.

            Jessenia se volvió para ver a su compañera de viaje, Summer continuaba dormida y roncaba como si no hubiera un mañana; tal parece que la joven no se percató en ningún momento que una jauría de lobos había aparecido en su pequeño campamento. Se le veía muy alegre y feliz allí, tendida boca arriba con una idiota mueca en los labios mientras roncaba inmersa en su mundo de sueños.

            La Cazadora miro el lugar que los lobos usaron para escapar, cerró los ojos para ayudarse en su concentración, pero por más que espero, los animales ya se habían ido, no escuchaba los ruidos de sus pisadas y ya no sentía esa sed de sangre que las bestias emanaban. El pequeño campamento había regresado a tener paz y calma.

            “¿Por qué no los mataste?” Le pregunto Yura mientras Jessenia caminaba rumbo al arroyo.

            —No era necesario—fue lo único que le respondió.

            Tomo un poco de agua fría, lleno un recipiente con agua fresca y luego regreso junto a Summer. La chica seguía dormida, solo había perdido su tonta mueca con los labios y se le veía dormir con mayor seriedad. Jessenia la miro por unos segundos, tras asegurarse que se encontraba bien, la joven regreso a donde estaba sentada antes, cruzo los brazos, se llevó las rodillas al nivel del pecho para luego cerrar los ojos y dormir un poco.

            “No necesito de los poderes de Yura, yo también puedo pelear por mí misma. Tengo que demostrarlo, no solo a ella, sino a mí también.”

            Jessenia entonces recordó el temblor que la había invadido al pensar en luchar sin liberar su Arma Espiritual. Por unos segundos, la humana temió por su vida, cosa que quedo olvidada cuando Yura se mofo de ella y le dijo que había derrotado a los Cazadores del Gremio sin usar su Arma Espiritual. Por alguna razón, eso hizo enojar a Jessenia, no contra su alter ego, sino consigo misma. Aun debía volverse más fuerte, mucho más fuerte, así ya no dependería de Yura para pelear, quería bastarse sola.

            Tras pensar en esto por unos segundos, Jessenia cierra los ojos y se deja caer en un sueño sin sueños.

            Ahora que el ruido finalmente había acabado y esa molesta sed de sangre se había ido, Summer podía dormir con un poco más de profundidad. En esta ocasión, la chica verdaderamente cayó dormida. Fuera de la oscuridad de tener los ojos cerrados, su sonrisa se había marchado.

            Los pasos resonaban fríamente por la enorme cámara hecha de roca sólida. El ambiente de ese lugar era pesado y frío, se respiraba un aire viciado y la poca iluminación que brindaba ese tétrico lugar eran luces artificiales colgadas en ciertos puntos para hacer el movimiento más sencillo. En este lugar, un hombre alto camina con frialdad, pasando de celda en celda hasta que finalmente se detiene en una en particular. Era pequeña, con una resistente puerta de acero conformada por gruesos barrotes metálicos. El hombre ve a través de ellos y reconoce un plato que debía de haber llevado en algún momento alimentos, pero ahora, solo quedaban migajas para que las ratas y los insectos se dieran el placer de comer. Al lado de ese plato de plástico, un vaso del mismo material yacía tirado con indiferencia, más al fondo, una pequeña figura encadenada por las muñecas y por el pescuezo a la pared de roca que tenía detrás, yacía sentada con la cabeza hacia abajo. Esa persona tenía un muy largo y sucio cabello enmarañado que le cubría casi todo el rostro.

            El carcelero saca un llavero repleto con todo tipo de llaves de varios colores y tamaños, mientras buscaba la que habría esa celda, le habla a la persona que yacía sentada en el fondo con la cabeza apuntando hacia abajo, parecía dormir.

            — ¡Numero 710, despierta, llego la hora de que vayas al Coliseo!—le grito el hombre mientras introducía una gruesa llave color cobre a la ranura y daba la vuelta. No obstante, la persona que yacía al fondo de la pequeña celda parecía no escuchar—. ¡710, Responde cuando te llaman!

            Pero la persona no lo hizo, seguía con la cabeza echada abajo y con el largo cabello cubriéndole el rostro. Finalmente el carcelero abrió la celda y tuvo que agacharse un poco para poder entrar, cosa obvia, pues el tamaño de las celdas no eran para los adultos, esas se encontraban en un lugar diferente. Una vez que estuvo frente a la encadenada, el hombre se agacho y procedió a liberar las muñecas que ya comenzaban a sangrar por lo apretadas que estaban los grilletes, luego, sin miramientos, tomo del cabello a la persona y se lo hizo para atrás con violencia, provocando que el cráneo se le estampara con fuerza contra el muro de atrás. Allí, bajo la barbilla y sobre los pechos aun en desarrollo de la chica, un grueso collarín de acero que le recorría el pescuezo y que estaba fijado a una cadena que conectaba con la pared de atrás, es liberado por el carcelero al introducir una diminuta llave en el orificio y dar la vuelta.

            —Vamos, ya estas libre, levántate—le dijo el hombre a la chica, pero esta seguía en la posición original: sentada con las piernas abiertas y con la cabeza hacia abajo. El hombre que la libero comenzaba a perder la paciencia—. ¡Maldita sea, 710, levántate de una vez, si llegas tarde seré yo el que se meta en problemas!

            El carcelero tomo con su enorme mano el cabello enmarañado de la chica, listo para soltarle un golpe para que reaccionara, pero apenas le quito el cabello del lado izquierdo que le cubría el ojo, el hombre vio con terror un sádico y sanguinario ojo de color ámbar. Ese solo ojo asesinaba de muchas formas al hombre que yacía ante ella. Al ver la crueldad y la inmensa sed de sangre que un solo ojo desprendía, el carcelero se echó para atrás asustado y se apresuró a salir de la pequeña celda.

            — ¡Vamos… de prisa… todos te esperan!—dijo el hombre con miedo en la voz.

            En esta ocasión la chica hizo caso. Se levantó y empezó a caminar sin agacharse o encorvarse para salir de esa celda, ya que ese lugar fue hecho a la medida especialmente para ella. Haciéndose a un lado para no estorbarle, el hombre cierra la celda una vez que la chica sale. Como ya conocía de memoria el camino a seguir, no era necesario que el hombre la guiara por el enorme lugar.

            La pequeña niña, que debía tener al juzgar por su apariencia, unos diez o doce años, caminaba con soltura y con mucha confianza, no se detenía para nada y no dejaba de mirar al frente. Se había hecho el cabello para atrás para que este no le estorbara. Mientras caminaba, la joven paso junto a muchas otras celdas que como la suya, habían sido hechas especialmente para niñas como ella. Dentro de estas y sentadas en el fondo de las mismas, niños y niñas yacían encadenados de las muñecas y del cuello por grilletes y collarines, todos de un grueso material metálico y fijados a la pared de atrás para limitar sus movimientos, no obstante, las cadenas tenían un largo de unos dos metros para que los usuarios pudieran caminar y comer sus alimentos sin la necesidad de llegar cerca de la puerta.

            Todo aquel lugar era oscuro, frio, maloliente, húmedo y sombrío; ese lugar era la casa de la chica, había nacido y crecido dentro de ese lugar, sea lo que sea, para la numero 710, ese lugar era todo su mundo, fuera de él no había nada más.

            Después de caminar un rato, la numero 710 llega al frente de una enorme puerta hecha de barrotes negros, frente a la misma, una llamativa luz artificial brillaba con intensidad. La pequeña que vestía con harapos, tomo una larga espada que reposaba contra la pared y espero a que la puerta se abriera. Lo mismo de siempre, lo que estaba a punto de hacer lo había hecho ya muchas otras veces, no había razón de dudar o temer.

            La puerta de barrotes comenzó a subir y la chica caminó hacía la luz.

            — ¡Despierta, despierta de una vez, ¿qué no me escuchas?!—Jessenia zarandeaba a Summer con fuerza tratando de despertar a la chica quien seguía durmiendo con la boca abierta y con residuos de baba en la comisura de sus labios. Hace unas horas que el sol había salido, la noche había terminado y era hora de continuar con la misión.

            —Cinco minutos más…—dijo la chica somnolienta.

            — ¡Nada de cinco minutos, ¿qué paso con eso de brillar más que la luna o ser como soles que caminan hacia su destino?, o lo que sea que hayas dicho!

            —Aún tengo sueñito…

            —Te dormiste antes que yo, tuve que pelear con una jauría de lobos salvajes, te deje dormir un par de horas extras y para colmo tienes más sueño que yo—se quejó la chica mientras seguía zarandeándola—. Vamos, despierta de una vez, hace rato que salió el sol. Es hora de irnos.

            Summer refunfuño un poco, al final, acepto de mala gana. La chica se incorporó, bostezo un par de veces, estiro los brazos y las piernas, fue al arroyo a lavarse la cara y enjuagarse la boca, al pasar una media hora, ambas emprenden la marcha hacía su destino.

            Mientras ambas chicas corrían una junta a la otra hacía el reino donde recogerían a la princesa que se supone debían de proteger, Summer reflexionaba un poco.

            “Tengo la sensación de que soñé con algo importante, pero…, no puedo recordar con exactitud que era ese algo. Casi nunca recuerdo los sueños que tengo y cuando los recuerdo, se me olvidan un par de minutos después de despertar. Sin embargo…, cadenas, un plato sucio con ratas encima de él y…, un collarín de acero alrededor del cuello, además…, todo en ese lugar era oscuro y frío… ¿Que era ese lugar?”

            Mientras la peliverde se perdía en sus pensamientos, Jessenia, quien corría a su lado, no hacía más que llamarla una y otra vez, pero como la chica no respondía, la pelicastaño puso una mano sobre el hombro derecho de su compañera para despertar de su ensoñación. Lo había logrado.

            — ¿Que… que sucede?—le pregunto Summer a Jessenia.

            — ¿Te encuentras bien? Te he estado llamando desde hace un rato pero no respondías.

            — ¡Eh! ¡Claro! ¡Claro que me encuentro bien! ¡Lista y preparada para cualquier trabajo que se me ponga en frente! No te preocupes. ¿Qué me estabas preguntando?

            —Te decía que ya llevamos mucho tiempo corriendo, ¿estamos cerca o todavía nos falta?

            Summer, quien desde hace un rato trato de recordar el sueño que había tenido, le echó un vistazo a todo el espacio que las rodeaba. El bosque, con su arroyo y jauría de lobos salvajes había quedado muy atrás desde hace unas horas, ahora, un paisaje desolado y rocoso, repleto de cerros y montañas, las rodeaba a las dos. La peliverde mira al cielo, había unas cuantas nubes blancas en el firmamento, el viento era fresco, sentaba bien al golpear el rostro de las chicas.

            —Si. Ya falta poco para llegar. El reino al que debemos ir está escondido entre estas montañas y cerros, solo debemos encontrar el camino, en cuando lo encontremos solo debemos seguirlo y nos conducirá directamente a dónde queremos ir.

            Como Summer era la guía en ese viaje, fue ella quien se puso al frente de Jessenia para guiarla hacía su destino. Después de correr por una hora más, es que las chicas al fin logran encontrar un camino lo bastante ancho como para que cientos y cientos de personas caminen por él sin problemas.

            — ¡Este es, al fin lo encontré! Si seguimos el camino en esa dirección nos llevara hacia nuestro destino—dijo la joven señalando hacia el sur.

            —Bien, por un momento me preocupe, llegue a creer que te habías perdido.

            —Sí, yo también lo creí.

            Ambas siguieron el camino todo derecho sin desviarse. Summer le había dicho a Jessenia que no era necesario correr ya que se encontraban cerca y lo mejor era conservar sus energías, ya que después de llegar, era posible que se fueran inmediatamente para continuar con el trabajo. La pelicastaño no estaba especialmente cansada y aun podía continuar corriendo por horas y horas sin cansarse, pero opto por escuchar a su compañera.

            Mientras ambas caminaban, una junta a la otra, Jessenia le cuenta a Summer sobre su encuentro con los lobos la noche pasada.

            — ¡Eeehh! Ya veo, así que por eso estaba un poco incomoda durante unos momentos ayer en la noche.

            — ¿Sentiste la sed de sangre que emanaban esos animales?—le pregunto a la peliverde. A lo que esta responde afirmativamente meciendo la cabeza.

            —Me di cuenta desde el momento en que entre al bosque—le explicaba Summer—. Pude sentir la sed de sangre de varios animales diferentes. Obviamente no se dé cuales, pero imagine que de lobos, osos o coyotes salvajes que rondaran por ahí. Después de todo, al acampar cerca de un arroyo donde corre agua fresca y quizás algunos peces, sería obvio pensar que varios animales pasaban por ese lugar para obtener agua, por lo que no me sorprende que te encontraras con una jauría de lobos. Seguramente se dirigían al arroyo y se toparon con nosotras.

            —Sabias todo eso y aun así insististe en acampar en una parte del bosque que era frecuentada por animales salvajes.

            — ¿Esta mal?

            Jessenia no respondió a eso y ambas siguieron caminando.

            —Si pudiste sentir la sed de sangre que emanaban los animales, ¿Por qué no te despertaste cuando los teníamos tan cerca?

            —No creí que fuera necesario. Sabía que aun estabas despierta, por lo que decidí dejarte a los animales salvajes a ti. Evidentemente no se me pasó por la cabeza la posibilidad de que un Cazador perteneciente a un Gremio, fuera derrotado por un par de lobos; después de todo, si un mimbro de un Gremio no puede manejar a un par de animales salvajes, entonces desde un principio no tendría posibilidades como Cazador.

            En pocas palabras, Summer puso a prueba las fuerzas de Jessenia, quería ver si la chica podía arreglárselas con una jauría de lobos salvajes o necesitaría de ayuda. Al menos, así fue como lo entendió Jessenia.

            —O hubieses preferido que te ayudara—continuo la peliverde.

            —Solo eran unos lobos, obviamente no necesitaba ayuda para eso.

            Ambas chicas siguieron su camino en silencio durante un rato hasta que finalmente, más adelante, los altos muros custodiados por guardias desde la cima comenzaron a acercarse. Frente a ellas, el reino oculto de Dragma se mostraba en todo su esplendor.

            — ¡Llegamos!—exclamo Summer—. ¡Es ahora cuando la verdadera aventura comienza!

Notas finales:

¡Ojala les haya gustado, si fue así, dejen un comentario y háganmelo saber, si no les gusto, pues lo mismo y se encontraron alguna falla, háganmelo saber, ya que si no dicen nada, nada cambiara y todo seguirá igual!

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