Fanfic Es
Fanfics en español

Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

[Comentarios - 138]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

¡Qué tal! Esta vez les traigo la continuación de esta historia a tiempo. Ojala les guste.

El viento de la tarde ondeaba el cabello de Yura, así como la parte baja de su larga gabardina negra. La chica caminaba con tranquilidad, sin mostrar una sola abertura en su defensa, mirando con frialdad y con ojos afilados el montón de rocas grandes y duras que obstaculizaban la marcha y, sobre las mismas, cinco hombres grandes, ataviados con prendas viejas y rasgadas, le apuntaban a la Cazadora con sus flechas en sus arcos, tensados y listos para disparar a la menor señal. Yura vio esto y no pudo más que mostrar una leve sonrisa helada con los labios.

            Al ver como una atractiva y sensual chica se acercaba a ellos, uno de los hombres, probablemente el líder de los bandidos, bajo el arco junto a la flecha, le sonrió a la linda chica y se propuso a parlamentar con ella. El hombre era maduro, probablemente mayor a los cuarenta años, pero de espalda ancha, brazos largos y musculosos, largo cabello gris que le llegaba hasta la espalda y con una barba y bigote, igual de largos.

            Al ver más de cerca a la bella joven, el líder suelta un chiflido de asombro, pero sin perder la arrogante sonrisa de oreja a oreja.

            — ¡Vaya, vaya, vaya! ¡Pero que tenemos aquí!—expreso el hombre mientras desnudaba a Yura con la vista. La veía descaradamente de arriba abajo. Prestando especial atención a sus largas y bien torneadas piernas, a su abdomen plano y a su pecho abundante. El bandido se mojó los labios con la lengua al pensar en todas las cosas que le podía hacer a esa chica en tan solo un par de minutos de estar a solas con ella—. No sabía que una preciosura como tú se encontrara en un lugar tan desolado como este.

            Yura se detuvo a unos cuantos metros de esos bandidos. Ahora los tenía justo al frente. En la cima de las paredes, los demás hombres seguían apuntando con sus flechas a los guardias de la compañía, mientras que estos seguían en modo de espera, con espadas y escudos listos para el ataque y la defensa. A unos metros más atrás, Summer yacía sobre el techo del carruaje de Ariana, observando con detalle cada movimiento de su compañera, esperando a que la bestia finalmente se anime a atacar.

            — ¿Qué te parece si abandonas a ese grupo tan aburrido y te vienes conmigo y mis hombres?—le propuso el bandido—. Todas las chicas lindas reciben un trato muy agradable de mi parte. Si aceptas mi generosa invitación, te puedo prometer seguridad, joyas, dinero y poder. ¡Por supuesto! Tendrás que trabajar para ganarte tu lugar entre mi gente, pero no te preocupes, los trabajos serán acorde a tu género. Vas a limpiar, a cocinar, acomodar las cosas y por supuesto, proporcionarnos entretenimiento nocturno o diurno, o las veces que queramos. ¿Qué me dices, jovencita? Creo que estoy siendo muy generoso con mi solicitud.

            Yura no respondió a las palabras de ese hombre, solo se limitó a bajar la mirada y a ensanchar esa fría sonrisa que esbozaba con los labios.

            —Aunque—continuo el mismo hombre—: si no aceptas, siempre podemos hacerlo por las malas.

            A lo que Yura ya no pudo resistir más y comienza a reírse de todas las cosas que ese bandido le había dicho. Su risa fue larga y un poco estrepitosa, grosera y mordaz. Se reía frente a los bandidos, ridiculizándolos y humillándolos con el simple poder de una carcajada.

            Al verla y escucharla, el hombre que le había hablado no pudo más que sentir una oleada de rabia e ira. ¿Quién se creía que era esa malnacida para burlarse así de él? Él le enseñaría el destino de todo aquel que se atreviera a burlarse de su fuerza y de su postura como líder. Pero antes de mencionar nada, la joven le roba las palabras de la boca.

            —Creo…, que prefiero hacerlo por las malas.

            Se lo dijo con la fuerza suficiente como para que él y sus cuatro compañeros, la oyeran, y no solo esto, sino que también les mostro una sonrisa mordaz, acompañada con una mirada desafiante. Este acto agoto la paciencia del bandido y dio la orden final.

            — ¡Métanle una flecha por esa sucia boca venenosa que tiene!

            El hombre que se encontraba a su lado disparo la primera flecha, pero mientras esta seguía volando en el aire, dirigiéndose hacia la nada, la Cazadora ya estaba detrás de esos cinco hombres sobre las rocas que obstaculizaban el camino. Todo sucedió tan rápido, que ni los bandidos, ni los jinetes, salvo por Summer, quien seguía a la distancia, pudo ver el acto.

            Para cuando la flecha se hizo pedazos al chocar contra el duro suelo de roca, los bandidos habían perdido de vista a la Cazadora que vestía una larga gabardina negra, sobre una serie de prendas cortas y un poco reveladoras.

            — ¡Ah…! ¿A dónde… a donde se fue?—pregunto incrédulo el hombre mientras veía con ojos muy abiertos el espacio vacío donde antes había estado esa linda chica de ojos azules.

            — ¡Señor, se encuentra detrás de usted!—le advirtió a gritos uno de sus hombres, uno que se encontraba en lo alto del muro y que estaba viendo a la chica con profundidad.

            Al momento de advertirle, una rápida sonrisa fría se dibujó en el semblante de Yura y, antes de que el bandido se diera vuelta, la Cazadora le propino un golpe con el codo directamente en la nuca de ese hombre. Los ojos se le pusieron en blanco y cayó cinco metros al suelo.

            Los hombres a su lado miraron la escena incrédulas y con los ojos bien abiertos. ¿En qué momento llego a ese lugar? ¿Cómo lo hizo? ¿Y cómo es que nadie se dio cuenta? Fueron tres preguntas que se hicieron esos bandidos rápidamente al ver a esa joven de pie detrás de ellos.

            Uno se volvió, el mismo que le tiro la primera flecha, con el arco tenso y listo para repetir el disparo, pero antes de tenerla completamente enfocada, Yura se mueve y le propina una patada en la barbilla, un golpe con la fuerza suficiente como para levantarlo un par de metros y empujarlo hacía atrás, provocando que, al igual que el primero, cayera cinco metros al suelo.

            En el mismo intervalo de tiempo, otro de los hombres, uno que se encontraba en la izquierda del supuesto líder, dejo a un lado el arco y la flecha y desenvaino una ancha espada. Con arma en mano trato de penetrar en su totalidad el cuerpo de Yura, más ésta sostuvo con la mano desnuda la peligrosa hoja por la parte filosa y mientras la retenía con su poderoso agarre, le propino al hombre un golpe con el puño de su brazo derecho y, al igual que los otros dos, lo tiro cinco metros al suelo.

            Luego, sin tiempo para pensar, solo para actuar, otro de esos cinco hombres tomo una larga lanza que terminaba en una gorda cuchilla curvada, la hizo girar unos segundos para luego atacar a la Cazadora; Yura lo desarmo en cosa de nada y ella misma maniobro con mayor rapidez y estilo el arma del bandido, lo golpeo repetidas veces, con fuerza y velocidad, con la parte sin filo, finalmente, lo derroto. A él también, de un golpe con su propia lanza, lo arrojo cinco metros al vacío.

            A cuatro bandidos, en menos de diez segundos, ella sola, logro derrotarlos. Fue tan impresionantemente rápida, certera y letal, que los hombres que la veían no podían más que abrir bien los ojos ante semejante espectáculo. Ahora, solo quedaba uno, era el que se encontraba sobre las mismas rocas, pero un poco más separado que los otros cuatro. Al verla en acción, ese bandido había perdido todos los deseos de pelear. Sus ojos bien abiertos y sus piernas temblorosas, eran señal suficiente de que había abandonado la voluntad de seguir luchando.

            Yura lo miro con desprecio en la mirada y con impresionante frialdad en su tono de voz, le dijo lo siguiente:

            — ¡Márchate! Los cobardes no me interesan.

            Y si al pobre desgraciado no le basto con la frialdad en su tono de voz, con ver el desprecio en sus profundos ojos azules, fue suficiente para que el rechoncho individuo y un poco bajo de altura, se marchara corriendo apenas tuvo la oportunidad.

            — ¡Muy bien, ahora, ¿Quién es el siguiente?!

            Yura se había hecho la nueva dueña de la barricada.

            No obstante, los bandidos que se encontraban aun en las alturas, no se dejarían amedrentar por aquella joven, sea quien sea. Por lo que uno de ellos, tratando de pasar inadvertido, cambio de objetivo. Ya no le apuntaba a uno de los jinetes que iban en la retaguardia, sino que fijo su blanco en la Cazadora, justo en mitad de la frente. Cuando disparo la flecha y ésta se movía en el aire, el hombre pensó que por la distancia y la altura, aquella mujer no se percataría que le habían disparado, por lo que no tendría razón de moverse y esquivarlo. Y efectivamente, no lo hizo. Yura se quedó quieta donde estaba y, para asombro de todos los presentes y sin levantar la vista hacía donde el tirador se encontraba, la Cazadora atrapo la flecha antes de que esta la golpeara justo en la mitad de la frente.

            El tirador quedo mudo de la impresión, sin poder explicar mediante las palabras, el escenario que sus ojos presenciaban.

            “¿Cómo es eso posible? ¡Si ni siquiera estaba observando! ¿Cómo supo que le dispare? ¿Cómo pudo reaccionar en el momento adecuado?”

            El tirador se llenó de preguntas que no fue capaz de responder. Todos los testigos veían incrédulos la forma en que la chica atrapo la flecha en pleno movimiento y sin levantar la vista a donde ellos se encontraban. Yura se agacho, tomo el arco que uno de esos bandidos había soltado, con la flecha que atrapo en mitad del vuelo, tenso la cuerda y se dispuso a devolver la flecha a su legítimo dueño.

            Debido a la altura de los muros que tenía a los lados, la Cazadora no pudo apuntar correctamente, por lo que antes de disparar, Yura dio un salto de varios metros de altura y, desde lo alto, fue capaz de ver todo a su alrededor. En cuestión de segundos tenso el arco, apunto rápidamente y disparo. La flecha salió disparada a asombrosa velocidad, paso junto a varios arqueros bandidos sin darle a ninguno de ellos. Finalmente, la flecha se fue a clavar en el hombro derecho de su legítimo dueño.

            Yura aterrizo en el mismo punto donde salto en primer lugar.

            —Vaya, manejar el arco es más difícil de lo que había imaginado—menciono para sí misma—. Yo le apunte a la cabeza y termine dándole en el hombro derecho. En fin.

            Los demás arqueros, impresionados por la joven mujer, comenzaron a replantearse la situación en la que se encontraban.

            — ¿Vieron eso?—pregunto uno de ellos en voz alta.

            — ¡Es imposible que un humano pueda saltar a esa altura!—grito otro.

            — ¿Que haremos ahora?

            — ¿Nos retiramos?

            —Quizás eso sea lo mejor.

            — ¡Cállense, malditos cobardes de mierda!—rugió uno de ellos.

            El mismo hombre que grito se puso de pie, se acercó hasta donde pudo y se dejó observar por todos, arriesgándose a recibir un flechazo por alguno de los arqueros de la compañía, pero, en realidad, no era a ellos a quien deseaba llamar la atención, sino a la mujer que había derrotado en cuestión de segundos, a cuatro de sus mejor luchadores con armas.

            — ¡No vamos a escapar como unos malditos cobardes! ¡Si lo hacemos, ¿qué pasara con nuestra reputación?! ¡Somos mayoría, lo único que debemos hacer para ganar, es hacer que llueva sobre ella decenas y decenas de nuestras flechas!

            Impulsados por las palabras llenas de valor de ese hombre o por la ventaja que les ofrecía el terreno o los números, es que los bandidos, los que superaban los veinte, se olvidaron completamente del grupo de soldados que escoltaban un elegante carruaje blanco y concentraron toda su atención, así como todas sus flechas, en una sola chica que los miraba con unos ojos fríos y una sonrisa burlona en los labios.

            Los jinetes de la compañía habían quedado en segundo plano. Se encontraban allí, empuñando escudos y espadas, listos para pelear y dar la vida por la seguridad de su princesa. Nunca imaginaron que un grupo de hombres bien organizados y armados, fueran a quedar opacados por una sola chica, pues ahora, el capitán de la expedición, Rudolph Strauss, veía con ojos grandes como los muchos bandidos se concentraron totalmente en apuntarle a Yura, mientras que la Cazadora, no hacía nada más que estar de pie, con ambas manos apoyadas en su cintura, observando con una fría sonrisa los movimientos de aquellos hombres. 

            — ¡Capitán!—le hablo uno de sus hombres. Rudolph se volvió hacía él—. Capitán, ¿no cree que este es el mejor momento de atacar? Todos esos bandidos están concentrados en la chica, nuestros arqueros pueden derribar a varios de ellos de un solo tiro. ¡Este es el momento perfecto para el contraataque!

            Rudolph desvió la mirada, de Yura, al resto de sus hombres, efectivamente, como ese hombre le había dicho, muchos de sus compañeros ya tenían los arcos tensos y listos para disparar contra esos bandidos, solo faltaba la orden de su líder para que el tiroteo comenzara. Pero no pudo hacerlo. Las palabras estaban allí, dentro de su mente y dentro de su boca, pero no pudo hacerlas salir. La advertencia de esa joven a un seguía resonando dentro de su cabeza: “Te lo diré solo una vez, si tu o cualquier otro miembro de tu grupo se atreve a intervenir en mi pelea, te juro que haré que sus cabezas rueden por el suelo.”

            El tono tan gélido con la que empleo aquellas palabras, habían logrado lo que antes, el mismo hombre creía imposible; habían logrado amedrentar al valiente hombre que ya antes libro decenas de batallas contra los enemigos más formidables. No fue solamente el tono de su voz, sino aquella mirada profunda y afilada, aquellos ojos hambrientos de sangre fresca como si de una bestia salvaje se tratase.

            Esa era la primera ocasión en que el caballero, Rudolph Strauss, dudo de dar una orden. Y efectivamente, no lo hizo.

            Los bandidos se acomodaron en una formación diferente, se olvidaron completamente de las decenas de hombres que formaban la compañía y se concentraron totalmente en la mujer que yacía parada sobre la barricada de rocas. Apuntándole con sus muchas flechas con punta de acero.

            — ¡Disparen!

            Al unísono y gracias a la orden, el cielo se cubrió por una ráfaga de flechas que caían en picada. Yura esbozo una sonrisa de satisfacción, con el pie levanto la lanza con la que había derrotado a uno de esos bandidos, y a una velocidad impresionante, la comenzó a girar frente a ella, protegiéndose de esa manera de la lluvia de flechas que le caían encima. Aun así, esa defensa no era suficiente, a las flechas que lograban pasar su defensa, lo que Yura hacía era simplemente mover la cabeza o hacerse un poco para atrás o para los lados, según sea la necesidad.

            Los bandidos disparaban flechas a diestra y siniestra, mientras que la Cazadora continuaba repeliendo los ataques con su larga lanza y moviéndose según sea necesario. Finalmente, tras unos breves minutos, aquellos hombres se percataron que habían vaciado sus respectivos carcajes y que se quedaron sin una sola flecha que disparar. No obstante, alrededor de Yura, había decenas y decenas de flechas rejadas por doquier, algunas intactas, otras rotas en diferentes partes y algunas totalmente inutilizables.

            —Vaya, pero que patéticos, ni se percataron que se les acababan las flechas—se mofo la chica. Luego, de un salto, Yura había llegado a la cima del muro izquierdo, lista y dispuesta a terminar con los bandidos que había de ese lado. Al verla, más de uno de esos hombres retrocedió asustado, con los ojos bien abiertos, acobardados de lo que podría ocurrirles si se atrevieran a parpadear por tan solo unos segundos. Con sus caras impregnadas de sudor y temblando de pies a cabeza; la joven les dedica algunas palabras—. Saben, siempre he considerado que esta clase de armas son para los cobardes. Es muy simple y cómodo quedarse atrás, apuntar y disparar, de esa forma no se acercan a su enemigo y evitan el combate directo. ¡Que absurdo y patético! Aunque, ¿qué más puedo esperar de una panda de cobardes? Supongo que al final, estas armas se acoplan a la perfección con ustedes.

            Las palabras altivas de Yura, junto a su tono de voz y su mirada afilada, fueron suficientes para hacer que varios de esos bandidos se echaran a correr en dirección contraria a ella.

            — ¡Qué demonios están haciendo!—les grito, desde el otro lado del muro, el mismo hombre que les ínsito a disparar todo su arsenal de flechas contra la chica—. ¡No permitan que una mujer los asuste de esa manera, ella solo tiene una lanza, ustedes aún tienen sus espadas y sus respectivas armas, utilícenlas!

            Yura movió los ojos hacía donde se encontraba ese hombre que no dejaba de presionarlos a continuar con el ataque. La joven sonrió con simpleza ante esas acciones carentes de sentido.

            —Parece que por allá, está el único intento de hombre por aquí—dijo de forma altiva. Luego regreso los ojos a los pocos hombres que se encontraban frente a ella, aun dispuestos a plantarle cara—. ¿Y bien? ¿Qué es lo que harán?

            Yura sostenía con la mano derecha la larga lanza que terminaba en una gorda cuchilla curvada. El viento desde esa altura hacía mecer su cabello, así como la parte baja de su gabardina al compás del aire. Sobre su cabeza, las nubes pasaban de manera indiferente y debajo de ella, el resto de los hombres de la compañía veían inútilmente el muro, ya que por el ángulo en el que se encontraban, no eran capaces de ver la lucha. Frente a la chica, los pocos hombres sostenían con brazos temblorosos sus respectivas armas. Al verlos con tan poco iniciativa, Yura entrecerró los ojos, soltó un profundo suspiro y dijo con indiferencia.

            —Esto será muy aburrido—luego les clavo a esos hombres una mirada llena de frió desprecio—. Ninguno de ustedes se merece que pierda mi tiempo en este lugar. Acabare con todo este molesto espectáculo de una vez.

            Dicho y hecho, pues Yura corrió hacía esos bandidos con la lanza que había tomado del suelo. Los hombres intentaron defenderse inútilmente con sus espadas y lanzas, pero contra los dotes en combate de la Exterminadora, nada podían hacer. No le tomo más de unos cuantos segundos derrotar a aquellos bandidos con suma facilidad. Luego, una vez vencidos, la chica salta hacía el otro extremo, ignorando totalmente los muchos metros de separación que tenían ambos muros.

            Esta vez, ni uno solo de esos bandidos se quedó para pelear. ¡Habría que estar loco para enfrentarse a esa chica! Cuando Yura llego al otro muro, los pocos hombres que quedaban, huyeron miserablemente. Dejaron en el piso sus lanzas y sus espadas. El único que se quedó, fue el hombre que los había incitado a seguir peleando.

            — ¿Que harás ahora?—le pregunto Yura con una sonrisa afilada y con ojos fríos—. Parece que todo tu séquito te ha abandonado.   

            Sosteniéndole la mirada, el bandido, unos años más joven que el anciano que le hablo a Yura en primer lugar, le responde sin amedrentarse.

            —No necesito a esos cobardes. Si es necesario, te enfrentare yo solo.

            — ¿Crees poder vencerme?

            El bandido cerró los ojos y bajo un poco la mirada, como meditando la respuesta que le  iba a dar a Yura. Al poco tiempo los volvió a abrir, la verdad era que no había nada que pensar, la respuesta era obvia.

            —No. No lo creo—le respondió sin vacilación y sin apartar la mirada—. No creo poder vencerte, solo o acompañado, el resultado será el mismo.

            Yura entorno los ojos al escuchar la respuesta honesta de ese bandido.

            — ¿Entonces porque te quedas? ¿Qué sentido tiene pelear una batalla que sabes que perderás? ¿O es que acaso, crees que ocurrirá un milagro y la victoria será tuya?

            —Lamentablemente, no creo en los milagros y aun si existiesen, no creo que ocurra uno en un momento tan conveniente para mí en este momento. Si me quedo en este lugar y te enfrento, pese a que ya sé cuál es el resultado, es porque no quiero ser como uno de esos miserables cobardes que huyeron con el rabo entre las patas. ¡Voy a pelear contigo aquí y ahora y sea cual sea el resultado, si caigo, caeré luchando, como lo debe hacer un verdadero hombre!

            Yura no pudo ver mentiras, arrogancia o falsedad en los ojos de ese hombre o en su tono de voz. Al escuchar sus palabras, hicieron que una pequeña mueca se dibujara en los labios de la chica.

            —Parece ser, que de todas esas carroñas a las que llamabas compañeros, se encontraba una hormiga con un poco de dignidad—le respondió de manera altiva la arrogante joven—. No obstante, una hormiga será siempre una hormiga, no importa el valor que demuestre.

            El bandido desenfundo su espada y la sostuvo al frente de su cuerpo, listo para el ataque y la defensa.

            —Supongo que te daré un premio por no haber huido como un cobarde—Yura alzo la lanza que había tomado del suelo y la maniobro con gracia y estilo. La hizo girar a los lados y por encima de su cabeza para finalmente sostenerla firmemente al frente de su cuerpo—. Peleare contigo como deseas, deberías estar agradecido.

            Y tras unos segundos de clavarse mutuamente la mirada, el bandido, un hombre que debía rondar los treinta años, alto, de cuerpo atlético y musculoso, de cabello largo y rizado por debajo de los hombros, veía con intensidad a la chica delante de él, mientras que ella, confiada y relajada, con una mirada serena que no aparentaba seriedad ni tampoco hostilidad y con una pequeña mueca en los labios, permanece expectante.

            Finalmente, el bandido se mueve con espada en mano. Deja caer sobre la joven una estocada, movimiento que Yura bloquea con la cuchilla de la lanza, luego, el hombre vuelve a moverse con rapidez y ferocidad, la Exterminadora, sin quitarle los ojos de encima y sin apartar esa mueca burlona de los labios, bloquea y evade cada movimiento con suma facilidad. Aquel hombre no representaba ninguna amenaza para la chica, por lo que no era necesario utilizar un Arma Espiritual, ni mucho menos sus poderes. Con simples y sencillas habilidades en combate bastarían.

            El combate se alargo algunos minutos, el hombre seguía blandiendo la espada tratando de cortar la piel blanca de la chica, pero cada combinación de movimientos era inútil en ella. Al ser un bandido y vivir del robo y el asesinato, era obvio que aquel individuo no lucharía justo contra ella, por lo que empleo todos los trucos sucios que una vida de descarriado le había enseñado. Al tomar distancia de Yura, clavo con fuerza la espada en el suelo, luego la levanto con la intención de que la tierra la dejara ciega por unos escasos segundos, tiempo que el hombre sabría aprovechar, pero dicho truco no funciono. Intento lanzarle rocas o utilizar una de las tantas armas que sus compañeros dejaron atrás, pero nada había funcionado contra la Exterminadora, quien pese a los minutos transcurridos, no mostraba indicios de cansancio o que su cuerpo estuviera empapado por sudor. No obstante, el bandido, al contrario de la chica, tenía el rostro cubierto por humedad, su pecho subía y bajaba rápidamente presa del cansancio. La pelea estaba a punto de terminar.

            —Eres valiente, eso te lo reconozco—le dijo Yura con su tono de voz altivo—. Eres eso, o muy estúpido. Aun no me decido por alguna de las opciones. Has resistido bien el enfrentamiento, pero ya me aburrí de jugar contigo. Tu no me diviertes, así que, ¿Qué tal si el siguiente movimiento es el último?

            El bandido yacía con una rodilla sobre el suelo y resistiendo con la espada clavada en la tierra mientras mantenía la cabeza baja y respiraba con dificultad. Ante la propuesta de Yura, el hombre levanto la mirada y se la clavo a la Exterminadora, quien se veía como si nada hubiese ocurrido. El bandido creyó que molestarse era algo inútil, pues él ya sabía los resultados del combate y aun así decidió enfrentarla. Se levanto temblorosamente, relajo los músculos del cuerpo y dio un profundo respiro mientras mantenía los ojos fijos en el firmamento. Ese sería el último movimiento.

            Tomo su larga espada de acero con ambas manos, mantuvo sus ojos clavos en los de Yura por unos segundos, luego…, el hombre ataco. Se abalanzo sobre su oponente con su arma lista para el ataque, pero, los resultados ya estaban decididos antes de la pelea. Con un movimiento de la gruesa cuchilla curvada en el punto exacto de la espada del bandido, su arma se hizo pedazos y el hombre cayó hacía delante, consiente, mortalmente cansado pero derrotado.

            —Se acabo—dijo la chica dándole la espalda y lista para regresar con la compañía. A decir verdad, se había olvidado por completo de ellos, se preguntaba si seguirían allí donde los dejo. El sol ya había comenzado a caer desde ese mismo día, en poco tiempo anochecería.

            — ¿Por qué no me matas?—le pregunto el bandido antes de perder de vista a la Exterminadora. Ésta se detuvo, pero no se volvió para verlo. Una vez más, no necesitas ver para poder escuchar. Era lo que Yura pensaba en esos momentos—. ¿Por qué dejaste escapar a los otros? ¿Por qué no los mataste? Para ti sería muy fácil.

            —Es muy aburrido aplastar hormigas. No me interesa ensuciarme las manos con insectos que no lo valen.

            — ¿No quieres saber mi nombre?—aunque bandido y hombre criminal como era, él creía importante saber los nombres de aquellos enemigos dignos de recordar.

            —No hay nada que me interese menos.

            Y con estas ultimas palabras, Yura brinca para regresar al sendero que había quedado bloqueado por las enormes rocas. Allí, la compañía seguía apostada, pensado en la manera de cómo removerían el pesado obstáculo y descartando completamente la idea de rodear el camino, pues eso les tomaría demasiado tiempo y esfuerzo.

            Al momento de aterrizar y acercárseles, los jinetes se le quedaron viendo de la misma manera que los bandidos momentos antes, solo que con un poco de tranquilidad en los ojos, ya que esa chica estaba de su lado y no en su contra. Yura caminó hasta acercarse al líder de la expedición, Rudolph Strauss, vio que los cuatro bandidos que derroto en un principio yacían amarrados por una gruesa cuerda a una de las tantas rocas que había en ese sendero. 

            — ¿Cómo? ¿Siguen aquí?—se asombro la chica—. Creí que ya se habían ido.

            Ella no parecía entender que había una barricada de enormes rocas apiladas al frente y que tomaría horas, quizás días de esfuerzo removerlas para dejar libre el paso.

            —Por si no lo habías notado—Rudolph le iba a señalar ese importante punto— no podemos avanzar. Ese muro de rocas nos corta el camino.

            Como si no se hubiese dado cuenta de la existencia de la barrica, Yura observa el montón de piedras con aburrimiento. Deseosa de burlarse por lo débiles y patéticos que todos esos hombres resultaban ser. ¿Cómo era posible que semejante obstáculo sea un problema? La Exterminadora no podía entender los pensamientos de esos que se hacían llamar así mismos “hombres”.

            Yura suspiro con cansancio.

            —Muy bien, muy bien. Supongo que yo me haré cargo de ese obstáculo. No pienso quedarme aquí a esperar a que alguno de ustedes piense en alguna idea.

            Los hombres, algunos habían desmontado de sus caballos, se veían entre si, preguntándose que haría aquella joven tan asombrosa y terrorífica al mismo tiempo.

            Antes de hacer nada, Summer se acerca desde atrás.

            — ¿Estabas viendo la pelea, no es cierto?—le pregunto Yura a la chica de largo cabello verde.

            —Si, lo hacía.

            — ¿Qué te pareció? En comparación con la batalla que tuvo Jessenia en el castillo contra todos esos guardias

            —Creo que el resultado es muy obvio.

            La pelea que presencio Summer no se parecía en nada a la que vio cuando Jessenia se enfrento a todos esos guardias. Para empezar, esa chica llamada Yura, quien al parecer vivía dentro de la mente de Jessenia o, era alguien diferente y la misma persona al mismo tiempo, no utilizo en ningún momento su Arma Espiritual, tampoco ningún movimiento extremo o poderoso que le garantizara su victoria desde el principio. Contraría a Jessenia, Yura supo administrar a la perfección su Energía Espiritual y a utilizar la necesaria sin gastarla torpemente como lo había hecho su compañera inicialmente.

            Aun así y pese a las obvias diferencias en habilidad, a Summer no terminaba de convencerle esta persona llamada Yura. Desprendía la misma presencia que Jessenia, solo que más fuerte y agresiva, obviamente no eran la misma persona y, al mismo tiempo, lo eran. ¿Por qué todo con esa chica debía ser siempre tan complicado? Aunque, después de haber pensado lo siguiente, Summer sonrió para si misma, ella no era nadie para pensar de ese modo de otra persona y menos ella. Ya que desde un principio, su objetivo era observar la lucha y ver si de esa forma, algún recuerdo de su pasado salía a flote. Pero nada había ocurrido. Su último recuerdo fue estar encerrada en una celda de roca con barrotes de acero y ella misma encadena de las muñecas y del cuello, para luego salir liberada por un hombre que la condujo hacía una enorme puerta que se abría hacía arriba. Hasta ese punto, su memoria se había frenado.

            Pero había algo, una extraña sensación la invadió cuando vio a todos esos bandidos, apostados en la cima de ambos muros, observándolos, no era el peligro de que les estuvieran apuntando con flechas, era más bien el simple hecho de estar allí arriba y observar cada uno de sus movimientos. Por alguna razón, esa breve experiencia, le hizo sentir un poderoso arrebato de furia hacía todos ellos y luego, por contrario que suene, una sensación de satisfacción y orgullo. Aunque, por el momento, no sabía porque. Pero de algo estaba segura, las respuestas se encontraban allí, dentro de la oscuridad de su memoria, solo hacía falta la luz necesaria para descubrir los recuerdos que deambulaban perdidos por esas tinieblas.

            Solo que, Summer aun dudada de si deseaba recordar toda su experiencia en ese lugar frió y oscuro. Luego recordó las palabras de Ariana y de alguna forma, eso le dio la fuerza para seguir adelante.

            — ¿Vas a despejarnos el camino?—le pregunto Summer a Yura al ver el obstáculo de rocas.

            —Si, ¿quieres hacerlo tú? A mi me da igual.

            —No. No quiero robarte el protagonismo de éste día, ya tendré el mío en otro momento.

            Entonces Summer se dio la vuelta, lista para regresar a su posición, pero antes, Yura la detuvo.

            —Me parece muy interesante que siempre quieras verme a mí o a Jessenia pelear. Ninguna de las dos ha visto tus habilidades en combate, ni mucho menos la forma de tu Arma Espiritual. Para empezar, ¿puedes pelear? ¿Tienes siquiera la fuerza para luchar?

            Summer se detuvo y se volvió un poco para verla a la cara.  

            —Quien sabe. Eso el tiempo lo dirá. Si no he peleado es porque aun no llega mi momento.

            Y se marcho dándole la espalda a la Exterminadora. Uno de los hombres se le acerco a la chica.

            —Disculpa—le hablo respetuosamente y con un poco de inseguridad, después de todo, una sola chica ahuyentó a toda una panda de bandidos sin ayuda de nadie. Yura lo miro con indiferencia—. ¿En serio puedes retirar esa barricada?

            Yura le dio la espalda y camino unos metros hasta quedar frente a la barricada de rocas.

            —Quédense atrás y observen.

            La joven invoco su Arma Espiritual que había aparecido en su mano derecha. Tomo la espada con ambas manos, la levanto por encima de su cabeza y mientras el arma yacía en ese lugar, la hoja comenzó a emitir un brillo. Cuando la energía suficiente había sido reunida, Yura bajó la espada como si hubiese cortado a un enemigo invisible delante de ella. De la hoja, un poderoso y brillante haz de luz sale disparo y desaparece el montón de rocas apiladas que les estorbaban el paso.

            Todos ellos habían escuchado hablar de los poderes espirituales de los Cazadores de los Gremios, pero ninguno había visto a alguno en acción. El poder que Yura había empleado era el suficiente para derrotar de un solo golpe a toda la compañía de soldados que escoltaban a la princesa. De pronto, un fugaz rayo de esperanza ilumino a cada uno de ellos, con esas dos chicas de su lado, era posible salir intactos del escenario que les esperaba más adelante.

            El Bosque Negro. Un lugar maldito donde reina la oscuridad y las más temibles y fieras bestias que el hombre haya podido encontrar. Antes de verla en acción, muchos de ellos creían que todos iban a morir en esa misión. Más que un trabajo posible, el encargo del Rey William, más se asemejaba a una misión suicida.

            Aun boquiabiertos, su líder de expedición los regresa a la realidad.

            — ¡Muévanse! ¡Mantengan la formación!

            Y sin nada interesante que contar, las horas pasaron. El sol cayó a lo lejos y la luna se alzo por encima de todo. La compañía s detuvo, se prepararon varias fogatas, se les dio de comer y beber a los caballos, los hombres también comieron los alimentos que llevaban consigo ese día. Era la hora del descanso para todos.

Notas finales:

No olviden dejar sus comentarios. Unas preguntas: ¿Qué les parece Yura? ¿Les gusta, les disgusta? ¿Qué piensas de Jessenia? ¿Y comparándolas? Déjenme sus respuestas.

Usted debe login (registrarse) para comentar.