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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

ATENCIÓN: ÉSTE CAPITULO LLAMADO: "SEGUNDA HISTORIA" VA DESPUES DEL TITULADO: "UNA HISTORIA" PODRAN ENCONTRAR EL CAPITULO FALTANTE EN MI CUENTA, LO SUBÍ COMO SI FUERA UNA HISTORIA DIFERENTE PERO ES EL CAPITULO ANTERIOR A ESTE.

POR LOS DEMÁS NO DEBE HABER PROBLEMAS, AUN ASÍ, SI USTEDES NOTAN QUE LOS CAPITULOS NO SE PUEDEN LEER O ESTAN DESACOMODADOS, POR FAVOR, NO DUDEN EN REPORTARMELO, TRATARE DE CORREGIR EL PROBLEMA LO MÁS RAPIDO POSIBLE.

GRACIAS Y LAMENTO LAS MOLESTIAS.

 

¡Lamento la tardanza! Pero ya saben, la universidad y otros quehaceres ocupan mi tiempo. En este capítulo me enfoque en la vida de otro personaje, ojale les guste y, para cualquier duda, queja o crítica constructiva, por favor, no dejen de hacerla.

 

Pero en fin, cualquier comentario ayuda a mi crecimiento profesional.

 

Que disfruten la historia. :) :) :)

“Mi madre murió de una enfermedad cuando yo aún era pequeño, dejándonos solos a mi padre y a mí. Soy hijo único, por lo que mantenerme no fue del todo difícil. Mi familia nunca fue rica ni bien acomodada, entre mi madre y mi padre, ambos trabajando, siendo ella costurera y él herrero, ganaban el dinero suficiente para vivir una vida humilde y estable. Yo era estudiante de un colegio local y a mis ocho años, ya era un chico bastante alto, era el más alto y grande del grupo de treinta que conformaba la clase donde estudiaba. Algunos estudiantes, profesores y gente que te encuentras por el camino me decían con frecuencia que aparentaba unos catorce o quince años de edad.”

            “En fin, un día, tres meses después de mi octavo cumpleaños, la enfermedad de mi madre empeoro, no había nada que los médicos pudieran hacer así que, a esa edad, mi madre murió, dejándonos a mi padre y a mí. Yo seguía siendo estudiante en esa escuela de muros y techo de piedra, no me deprimí mucho y tampoco me puse triste, ¡vaya!, ni siquiera solté una lagrima cuando ví a mi madre allí, tendida con la sábana blanca cubriendo completamente su cuerpo. No podía llorar, una parte de mí quería hacerlo, lo deseaba en verdad, pero no pude. Tenía que ser fuerte. Pese a mi corta edad, ya sabía sobre la condición de mi madre, solo era cuestión de tiempo y, en algún punto de mi infancia, me hice a la idea de que tarde o temprano, más temprano que tarde, ella acabaría muerta, por lo que cuando verdaderamente ocurrió, no me sorprendió. Recuerdo que pensé lo siguiente: ¡Ah, al fin sucedió! No volví a ver el rostro de mi madre; aun ahora, lo único que recuerdo, era su tierna y amable mirada cuando me veía partir a la escuela. Esos ojos llenos de ternura y cariño. Mi madre sabía que su hora se acercaba y pese a eso, ella continuo luchando, esforzándose en su trabajo, en sus quehaceres en la casa y siendo una buena madre. Jamás la vi deprimida o triste, por lo que decidí esforzarme igual que ella y tratar de no mostrar debilidades a nadie, ni siquiera frente a mi padre.”

            “Pasaron otros tres meses. El tiempo continúo de manera indiferente. Como si la muerte de mi madre no hubiese significado nada realmente, solo una muerte más del montón, solo otra mujer de las tantas que hay en el mundo. Pese a que la muerte se presenta muchas veces de sorpresa y bajo muchas formas diferentes, de alguna forma, la muerte termina convirtiéndose en un hecho más del montón, en algo cotidiano, algo que pasa todo el tiempo, todos los días, en cualquier parte del mundo y, aun así, la gente sigue poniéndose triste, buscando culpables, ya sea en otros o en uno mismo. Así es como yo pensaba por aquel tiempo. No fue solo la muerte de un ser amado lo que me hizo pensar así, sino la guerra que Dragma tenía con el reino de Before. Todos los días, más y más hombres eran reclutados, unos se iban y jamás regresaban, había otros que sí. Al ver a todas esas personas irse y no volver me hizo pensar que la muerte, a fin de cuentas, es solo una más del montón. Al final, todos morimos, ¿qué importa si es tarde o temprano? Es una realidad de la cual no podemos desprendernos y es el destino que todos los seres humanos compartimos; no importa de dónde seamos. Muchas veces he llegado a pensar: ¡Qué bien! Esos soldados saben que su hora se acerca. En el campo de batalla, todos esos hombres corren hacía la muerte o la muerte corre hacía ellos, la muerte no los toma por sorpresa. En la guerra, todos bailen los mismos movimientos y a la mayoría le tocara bailar con la muerte.”

            “Yo pensaba y entendía todo eso. Lamentablemente, mi padre no. La muerte de mi madre le supuso un fuerte shock emocional, pese a que yo ya me había hecho a la idea, mi padre, por alguna razón, mantenía la esperanza de que mi madre se fuese a salvar, que alguna fuerza milagrosa la rescataría de la enfermedad que las manos humanos no fueron capaces de vencer. Pero no fue así. Muchos de los doctores, los mejores del reino, fueron reclutados por el ejército de Dragma y empujados al campo de batalla, no como soldados, pero si como los médicos que les provean de medicinas y curas a los heridos y enfermos.”

            “Un día, mi padre escucho, nunca supe por quién ni dónde, que algunas personas culpaban de todo al reino de Before, argumentando que ellos fueron quienes iniciaron la guerra. Ellos lanzaron la primera flecha con fuego que término convirtiéndose en un voraz incendio que lo consumía todo. Tras la muerte de mi madre, mi padre se convenció así mismo que la culpa la tenía Before.”

            “¡Si no fuera por ellos…! ¡Si no fuera por ellos…! ¡Tú madre aun seguiría con vida! ¡Ellos tienen la culpa de todo lo malo que pase en el reino!”

            “Era lo que mi padre decía, no una, sino muchas veces más. Finalmente, como lo había imaginado desde la primera vez que lo escuche decir eso, mi padre se enlisto en el ejército, lo entrenaron en combate y lo mandaron a combate activo. Lo gracioso de todo esto es que mi padre ganaba mejor que cuando era solo un herrero. ¡Mucho mejor, tengo que decirlo! Ya que en el ejército no solo combatía directamente, sino que al ser herrero, pudo combinar sus conocimientos de herrería con los que había adquirido en combate abierto, fabricando así, mejores armas para los soldados, mejores y más resistentes. Y eso no era todo, debido a la guerra, mi padre se le veía más feliz, mucho más expresivo en comparación con el tiempo que le siguió a la muerte de mi madre. Se veía más vivo que nunca. ¡Es muy gracioso la verdad: mataba para sentirse vivo! Todo el odio, la ira y la tristeza, la dirigía al enemigo y al pelear y vencer, se sentía mejor consigo mismo. Como si luchara contra lo que mato a mi madre, tomando venganza de algún enemigo que él mismo se decidió crear. Por supuesto, yo me quede solo en la casa, yendo y viniendo de la escuela a nuestro humilde hogar… ¿hogar?, ¿aun así se le puede llamar de esa forma a una casa sin madre, sin padre y sin hermanos? Se le puede denominar con esa palabra aun terreno oscuro, vacío y que es usado por solo una persona. En su momento no lo sabía. En la realidad estaba solo, pero en mis recuerdos, aquella fría y oscura casa estaba llena con las risas de mi padre, las sonrisas y las miradas tiernas de mi madre y yo…, un chico que reía como su progenitor lo hacía y abrazaba a la mujer que le dio la vida. Todo eso quedo atrás. Y una vez más, como lo hice con mi madre, me obligue a ser fuerte, a resistir a ese enemigo llamado: Soledad, de la misma forma en que mi madre resistió su enfermedad por mí, yo debía soportar estar solo por el bien de mi padre. Si bien ya no lo veía todos los días como antes, mi lugar era estar en esa casa y esperar por él, como todo buen hijo debe ser. Era mí deber ser aquella persona que se convirtiera en la razón de vivir de mi padre. Ser aquel amuleto que lo hiciera alejar a la muerte o que se alejara ella de él.”

            “Afortunadamente, mi padre no estaba del todo cegado por el odio y la ira. Aun recordaba que tenía un hijo en el cual pensar. Cuando regresaba a casa me daba todo el dinero que ganaba, me pedía que lo guardase y que lo usara solo para emergencias. Un día decidió que debía volverme más fuerte, no solo emocionalmente, sino también físicamente, así que en los días que regresaba a casa y las cosas con ambos reinos se tranquilizaban un poco, él se dedicaba a entrenarme. Me enseño todo lo que el ejército le enseño a él: combate mano a mano, me enseñó a pelear contra enemigos más grandes, fuertes y resistentes, a como pelear si me rodean los enemigos, me ayudo a desarrollar fortaleza física y resistencia; finalmente, viendo mejoría en mí en las pasadas disciplinas, es que pasamos a las armas que manejaba el reino para pelear. Espadas, lanzas, hachas, arco y flecha, pelear con escudos, con dagas y cuchillos. Gracias a mi tamaño físico, grande para mi edad, es que no se me hizo muy difícil resistir los entrenamientos, más nunca le gane a mi padre en un solo combate, no obstante, gracias a él, gane experiencia combatiendo contra enemigos que me superaban en todos los términos de la palabra.”

            “Más que heredar los atributos de mi padre, me hubiera gustado uno o dos rasgos de mi madre, al menos así, podría verla en mí mismo algunas veces, lamentablemente, saque el porte de mi padre y casi nada, si es que nada, de la mujer que me trajo al mundo. De esta forma, un año y algunos meses pasaron. Mi padre seguía trayéndome dinero y yo lo guardaba, entrenábamos juntos, comíamos juntos y algunas veces, cuando descansábamos, mi padre reía conmigo. Casi como en los viejos tiempos, sin embargo, aun podía escuchar la tristeza y la ira en su tono de voz y en su mirada.”

            “¡Si tan solo esos bastardos no hubieran provocado la muerte de tu madre, estaríamos los tres juntos ahora, riendo y hablando felizmente! ¡Ellos tienen la culpa de todo!”

            “Me decía con ira controlada en su voz y dirigiendo la mirada a un lugar muy lejano. Finalmente y como con mi madre, me llego la carta que decía que mi padre, al igual que muchos otros soldados del frente, había muerto en combate y que el reino dispondría de sus restos. Al igual que con mi madre, no lo volvería a ver y lo último que recuerdo de él, fue una gran sonrisa que me mostró la última vez que hablamos.”

            “Se fuerte, Rudolph, más fuerte que yo y más fuerte que tu madre. Aunque no lo creas, esa mujer era muy terca y resistente. Ella me ayudó muchas veces y me salvo de mi mismo en varias ocasiones. Aun cuando ella supo que su enfermedad era incurable y que el tiempo se le terminaba, aquella mujer, guerrera como muy pocas las hay, peleo por muchos años, hasta el punto que se nos olvidó que estaba enferma, luego viniste tú y nunca antes la volví a ver tan contenta, cariñosa y amable. Porque así como tú la recuerdas de tranquila y calmada; la mujer que yo conocí era terca, orgullosa y salvaje. La conocí cuando era camarera en un bar, recuerdo que solía meterse en peleas con los clientes y que siempre golpeaba en la cara a todo aquel que le metía mano. ¡A mí me dio unos buenos golpes también! Si… Cambio mucho después de que naciste, supongo que deseaba ser una buena madre y darte el cariño que su propia madre no supo darle.”

            “Esa fue la primera vez que mi padre hablaba tanto de mi madre. Después de su muerte… ¡no!, incluso antes de eso, él jamás hablaba del pasado de ella. Pero cuando finalmente lo hizo, mi padre, un hombre grande y fuerte, estaba llorando. Aún recuerdo la forma en que se le quebraba la voz y aún recuerdo las lágrimas que salían de sus ojos. Nunca imagine verlo a él, orgulloso y varonil como era, aferrado a la idea de no expresar lo que siente, llorar como un niño pequeño como lo hizo esa noche. La última noche que nos vimos. Luego se secó las lágrimas, me volteo a mirar y después me mostró una gran sonrisa de oreja a oreja que revelaba sus dientes mitad amarillos, mitad blancos.”

            “Tú te convertirás en alguien fuerte, Rudolph, ¡me oyes!, en alguien mucho más fuerte que yo y sabes porque. Porque dentro de ti tienes la fuerza de tu madre y por fuera tienes mi fuerza. Si combinas esas dos fuerzas, no habrá quien te derrote en nada.”

            “Una vez dicho eso me revolvió el cabello, hablamos un rato más y luego se fue. No lo volví a ver después de eso.”

            Rudolph, el capitán de la compañía, hablaba como si estuviera solo. Se encontraba sentado en el suelo de roca, mirando directamente a la luna que se veía majestuosa esa noche; mientras la admiraba, el viento mecía los cabellos de Yura y su larga capa de viaje negra. La Cazadora yacía recostada muy cerca del hombre, lo bastante como para escucharlo, pero en ningún momento, la joven se dignó a mirarlo una sola vez. Como el capitán, la Cazadora tenía la mirada perdida en el firmamento negro. Prosiguió con su historia:

            “Después de que me entere de la muerte de mi padre, permanecí varios minutos de pie, sin mover un solo músculo y con la carta en la mano derecha. Ya había leído su contenido:

Por medio de la presente, le informamos a usted, joven Rudolph Strauss, que su padre, Jeremy Strauss, murió en combate activo. Lamentamos profundamente su perdida. A continuación, se le notificara cuales eran los deseos de su padre antes de morir: “la casa y el dinero, todo lo que poseo, es para mi único hijo, Rudolph.” El ejército de Dragma se encargara del cuerpo de manera rápida y eficiente. Para concluir, la carta terminara con la frase clásica del ejercito de Dragma:“Nunca te riendas sin dar la pelea.”

            “Solo leí esa carta una vez, cuando la termine la hice bolita y luego la tire al basurero. Era oficial, a mis nueve años de edad, yo, Rudolph Strauss, me convertí en un huérfano. El dinero que mi padre me dejo fue suficiente para que pudiera sobrevivir por un tiempo, luego, como era de esperarse, se agotó y me vi obligado a dejar la escuela y a trabajar para poder sobrevivir, pero dada la edad que tenía en aquel entonces, diez años reciente cumplidos, pero con la apariencia de un muchacho de quince; nadie quiso contratarme en nada, por lo que termine deambulando por las calles, sobreviviendo como mejor podía.”

            “Abandone la casa de mis padres, no deseaba quedarme en ese lugar, de haberlo hecho, los recuerdos me atormentarían días y noches. Por lo que las calles, los callejones y las esquinas, se convirtieron en mi nuevo hogar. Y fue entonces que sucedió, aquel acontecimiento que cambio mi vida para siempre. Sucedió en una noche tormentosa, lluviosa y con vientos feroces. Los truenos rugían con fuerza en el firmamento y los rayos bailaban entre las nubes. Fue en esa noche, que la conocí a ella…”

            Rudolph se interrumpió en este punto de la historia y fijo la mirada en el carruaje blanco de la princesa Ariana. Yura no pasó por alto su repentino silencio, por lo que siguió su mirada con sus profundos ojos azules súper dilatados. Antes de que el hombre se volviera, la Cazadora ya tenía la vista fija en el firmamento estrellado.

            “Su carruaje casi me atropella, afortunadamente el cochero alcanzo a verme y se detuvo a tiempo. Caí hacía atrás, mis piernas ya no podían soportar mi peso, llevaba días sin comer y mi estómago imploraba por alimentos. Fue entonces que escuche la voz sería de ese hombre, luego la voz dulce y cálida de una niña. Lo último que recuerdo de ella, antes de caer inconsciente, fue una dulce y cálida mirada repleta de amabilidad. Cuando abrí los ojos, ya era de día y me encontraba recostado en una enorme y elegante cama. Me incorpore rápidamente y luego le eche un vistazo a todo el mobiliario. Todo era lujoso, de los más raros y caros materiales que se pudieran conseguir. A continuación, alguien toco a la puerta, un hombre alto, viejo, con un pequeño y delgado bigote, y cabello canoso, entro a la habitación. Vestía un elegante traje negro con un pequeño reloj dentro de uno de sus bolsillos.”

            “Ese mayordomo me escolto a un gran comedor donde se me dio una gran variedad de alimentos. Tan pronto el delicioso y cálido olor traspaso los orificios de mi nariz, me olvide de todos los modales que mi madre me había enseñado y devore todo como un perro callejero a punto de morir de hambre. Una vez que tuve la panza llena, le pregunte a ese mayordomo por la niña que me había encontrado. Aún recuerdo claramente la sensación que tuve cuando me dijo que esa niña, era nada más y nada menos que la hija única del Rey William. No podía creer que una persona tan importante se haya tomado tantas molestias por mí. Por lo que le pedí al mayordomo que me dejara hablar con ella para expresarle mi gratitud como era debido, más no me dejo hablar con ella y de hecho, no volví a ver a la princesa sino hasta varios meses después. Ese mismo día, mientras estaba en el castillo, escuche que uno de los guardias hablaba sobre el torneo anual de Luchadores, aquel donde los mejores eran seleccionados como Guardias del Castillo, personas que protegen los alrededor del castillo, los Guardias Reales, estos eran más escasos, ya que su función era escoltar a la familia real a donde fueran si la situación lo ameritaba, por lo que eran los mejores. Los Guardias del Reino, que como su nombre lo indica, este grupo de personas, más numeroso, se encargaba del orden dentro del reino y, finalmente, los Soldados, los que conforman el ejército de Dragma.”

            “Aquella niña había salvado mi vida esa noche. De no ser por ella, seguramente me hubiera muerto de hambre, de frió o por alguna enfermedad. Debía de pagarle de alguna forma, debía de encontrar la forma de expresarle mi gratitud. Fue lo que pensé, pero por más que le pedí al mayordomo que me vigilaba, si podía hablar un par de minutos con la princesa; que sería más que suficiente para mostrarle mi aprecio y gratitud. Pero ese hombre no me dejo. A sus ojos, yo era una rata callejera, sucia, inmunda, lleno de bacterias y enfermedades. Él nuca me hubiera dejado hablar con la princesa Ariana. Lo sé, lo veía en sus ojos. Detrás de esos orbes marrones se ocultaba el frío desprecio hacia mi persona, por lo que no volví a preguntarle nada.”

            “Me fui del castillo sin poder ver ni agradecerle a la princesa Ariana la oportunidad que me otorgo. Mientras vagaba por los caminos del reino, es que un par de guardias pasó caminando a mi lado y los pude escuchar; hablaban sobre el torneo de Luchadores que se llevaría a cabo el siguiente mes. Fue entonces que se me ocurrió. Entraría al torneo, lo ganaría y me convertiría en Guardia del Castillo o en Guardia Real, sea lo primero o lo segundo, estaré lo bastante cerca como para poder hablar con la princesa y demostrarle finalmente mi gratitud y la segunda oportunidad que me brindo. El resto es historia.

            Las estrepitosas voces de los hombres se habían ahogado, las fogatas aun crepitan, las flamas danzarinas seguían meciéndose y el viento seguía su curso sin cambiar. La historia de Rudolph había concluido. Todo lo demás se podía intuir por la forma en que terminaron las cosas. El hombre estaba con la cabeza abajo, la verdad era que no le gustaba mucho hablar de su pasado y mucho menos con gente que no conocía y en la cual no confiaba del todo, como era el caso de la Cazadora ante ella. Recostada, con ambas manos detrás de su cabeza y sin prestarle la más mínima atención al líder de la compañía, pero sabiendo que escuchaba cada palabra que salía de su boca.

            Un fuerte bostezo de Yura provoco que Rudolph levantara la vista y la posara sobre la Cazadora. La chica se llevó una mano para cubrirse la boca y de sus ojos, unos hilitos de lágrimas emergían.

            —En resumen—dijo después de bostezar—, tus padres están muertos, por lo que terminaste en la calle cuando eras un niño, estabas listo para morir y entonces esa princesa te salvo la vida, desde esa noche la viste como una especie de “salvadora” y deseaste por todos los medios demostrarle tu gratitud, por lo que te convertiste en uno de sus “perros guardianes” y la proteges de todo lo malo que le pueda pasar. Y ahora, estas aquí. ¡Es tal y como lo pensé! La historia de tu vida es tan aburrida que ya me dio sueño. Ya te puedes ir, tu historia cumplió su cometido.

            Al escuchar las palabras frías e indiferentes de la Cazadora, el hombre se levantó indignado y furioso. ¡Le había contado una historia muy personal e importante para él, solo para que esa chica pudiera dormirse!

            — ¡Para eso querías que te contara una historia! ¡Para poder dormir!—le espeto furioso.

            Con los ojos cerrados, Yura le respondió con indiferencia.

            —No hagas escándalo, harás que se me pase el sueño. Ahora lárgate, mañana tenemos que salir temprano, ¿no es verdad?

            Y sin decir nada más, el capitán de la compañía se dio la vuelta y se fue a grandes zancadas alejándose de la Cazadora. Summer, la compañera de Yura, se acercaba por el lado contrario. Ambos no intercambiaron miradas cuando pasaron uno junto al otro, no obstante, la peliverde se volvió para verlo alejarse muy enojado.

            — ¿Qué fue lo que le hiciste?—le pregunto Summer a una Yura  recostada y con ojos cerrados.

            —No lo he hecho nada, solo le ordene que me contara una historia para ayudarme a dormir.

            — ¿Una historia?

            —Si. Una historia. Me conto de la muerte de sus padres, de su horrible y miserable vida, y de cómo se convirtió en el “perro faldero” de esa princesa. Es decir, una historia muy aburrida y por lo tanto, perfecta para ayudarme a dormir.

            Al igual que Rudolph, Summer se enojó con la Cazadora por la forma en que menospreciaba la vida privada de los demás y por la forma en que los insultaba y ridiculizaba. Como si ella fuera alguna clase de ser especial que estuviera por encima de todos los demás.

            — ¿Cuándo volverá Jessenia?—le pregunto con tono molesto a la altiva joven. Yura le respondió sin abrir los ojos. 

            —No lo sé, ni me interesa saber. Por mí, ella puede irse y jamás volver. De esa manera, este cuerpo me pertenecerá solo a mí y no a esa debilucha buena para nada.

            Finalmente, Summer ya no pudo soportar el carácter arrogante de Yura, por lo que le dijo lo que había querido decirle desde que la conocía.

            — ¡No puedes hacer eso, ese cuerpo no te pertenece, es de Jessenia! No sé quién eres ni de dónde vienes, pero lo único que sí sé es que una imitación como tú no tiene derecho a quedarse con el cuerpo de alguien más.

            Tan pronto Yura escucho la palabra “imitación” salir de los labios de Summer, la joven Cazadora abre sus profundos ojos azules con las pupilas muy dilatadas, y sin mover la cabeza, se los clava a la peliverde.        

            —Estas comenzando a hacerme enojar y créeme una cosa, yo no soy una persona a la que te gustaría ver molesta. Ahora desaparece de mi vista, porque te juro que si haces que me levante, ¡tu cabeza terminara rodando por el suelo!

            La mirada afilada y los ojos gélidos de Yura no mentían y tampoco demostraban ni un leve atisbo de duda o remordimiento. Ella hablaba en serio. Pese a que lo dijo de forma controlada y sin levantar la voz, a Summer le pareció estar escuchando los ladridos furiosos de un perro rabioso, listo para lanzarse al ataque a la menor provocación. La peliverde no deseaba empezar una pelea con Yura, pues sentía que si iniciaba una batalla con ella, la misión entera fracasaría, por lo que se dio la vuelta sin responderle nada y la dejo sola en su rincón apartada de todos los demás.

            A continuación, Summer se acerco al capitán, Rudolph, el cual se encontraba sentado en el suelo mirando como las flamas danzaban en la hoguera. Se acerco con pasos de gato y tomo asiento a su lado, los demás hombres de la compañía, al igual que sus caballos, yacían recostados en el suelo de piedra dormidos. Algunos en silencio, otros roncando y otros sujetando alguna botella de licor como si de una almohada se tratase.

            —No hagas caso a nada de lo que ella te diga—le hablo Summer, refiriéndose a los comentarios ofensivos e insensibles de Yura—. En estos momentos mi compañera no es ella misma. No la conozco a fondo, pero creo que ella es una chica muy controlada, seria y respetuosa.

            —Tal parece que tu no eres como ella—le respondió el hombre sin apartar la vista del fuego rojo.

            —No. No soy como ella.

            — ¿Cómo puedes soportar estar junto a alguien con ese carácter altivo, insensible y arrogante?

            —Ya te lo dije, en estos momentos, mi compañera no es ella misma—entonces Summer se volvió para ver a una Yura recostada con las manos detrás de la cabeza.

            “¿Realmente, no es ella misma? ¿O es así como es ella en verdad?”

            Pensó mientras regresaba la mirada a la fogata que yacía crepitando delante de ella.

            — ¿De que estabas hablando con la princesa?—le pregunto de repente Rudolph a la Cazadora, apartándola de sus pensamientos.

            —Le pregunte como se origino el conflicto entre Dragma y el reino de Before. Para ser honesta, es una historia tan increíble que me cuesta creer que sea cierta.

            —Ya veo. Ciertamente, cuando la princesa me contó la misma historia, yo tampoco pude creerla. Recuerdo que me quede pensando: “¿En verdad la gente provoca guerras por razones como esas?”

            Ambos se quedaron callados por largos minutos. Summer y Rudolph eran las ultimas personas despiertas de entre toda la compañía, el grupo de hombres y los caballos, yacían recostados en el suelo, durmiendo. Yura también dormía, apartada de todos. La princesa Ariana dentro de su carruaje. Solo el líder del grupo y la Cazadora, seguían despiertos, uno junto al otro frente a una calida fogata.

            —La princesa es una mujer extraordinaria—dijo la peliverde rompiendo el silencio y sin apartar la vista del fuego—. Piensa sacrificarse para terminar con una guerra que lleva años sin concluir.

            — ¿También te contó eso?

            —Piensa casarse con un hombre que no conoce solo para salvar a las personas de ambos reinos y que ya no haya más muertes inútiles. No piensa solo en la gente de su reino, sino también en las vidas de las personas del reino enemigo. Pienso que es una mujer muy dulce y amable.

            —Tienes toda la razón—le concedió el hombre a su lado—. La princesa, desde muy pequeña, siempre fue muy amable, amigable y cariñosa con todas las personas. Ella nunca discriminaba a nadie, tampoco tiene prejuicios. Ella acepta a todos por igual. Ella incluso fue capaz de salvarme cuando yo era un pobre niño indigente de la calle. De no ser por su amabilidad, probablemente no estaría en este lugar y nunca hubiese conocido a todos mis compañeros, ni vivido todas las experiencias que me ayudaron a convertirme en la persona que soy ahora. No me arrepiento de nada. Aun si mi pasado no fue alegre ni mucho menos feliz, si tuve que vivir todo eso para llegar a este punto, me alegro de haberlo vivido. Jamás rechazaría nada de mi pasado.

            Las palabras de Rudolph eran sinceras y honestas y, aunque no lo sabía, tenían un fuerte peso para Summer. Ya que la joven se encontraba indecisa, no sabía si realmente quería recuperar sus recuerdos del pasado o dejarlos enterrados en las profundidades de su memoria. Tenía tanto miedo de lo que pudiera desenterrar si seguía presionando su memoria. ¿Sería acaso su pasado tan oscuro y pesado que terminaría por deformar su presente? No lo sabía.

            — ¿Y vas a dejar que esto continué?—pregunto Summer de forma casi inconsciente—. ¿Vas a dejar que la princesa acepte un matrimonio con alguien que no ama y que jamás ha visto?

            Las preguntas de la Cazadora parecían sencillas, pero en realidad golpearon con fuerza el corazón del hombre a su lado. Tan pronto la peliverde artículo la última de estas dos, el palpitar del corazón de Rudolph se hizo más rápido y fuerte. Apretó los puños y su rostro comenzó a sudar. Estaba intranquilo, nervioso, casi atemorizado por lo que pudiera ocurrir en el futuro cercano. Si la mayoría de los hombres lograban pasar el Bosque Negro y con esto, superar a las Bestias salvajes que allí los estaban esperando, ¿Rudolph podría soportar lo que vendría después? ¿Podría ver como la princesa, la mujer a la que ha protegido con su vida desde hace muchos años atrás, le era arrebatada por alguien que no conocía y la alegara de él? ¿Podría soportar ver como aquella joven se casaba con un hombre desconocido? Estos pensamientos, tan pronto le fueron inyectados por las preguntas de Summer, hicieron que su corazón palpitara con fuerza y que su determinación recibiera un duro golpe. Estaba comenzado a dudar de si hacía lo correcto.

            La princesa Ariana, aquella pequeña y linda niña que salvo su vida hace tanto tiempo atrás, se había convertido en una joven y hermosa mujer, de una bondad increíble y tolerancia sin límites. Rudolph no podía recordar el momento exacto en que dejo de ver a aquella niña y comenzó a verla como una mujer hecha y derecha. Pareciera que fue ayer cuando se reunieron por segunda vez. Hablando como dos chiquillos inexpertos y despreocupados de la vida. En algún punto de su infancia, el muchacho, cinco años mayor que la princesa, se había vuelto su confidente y amigo de confianza. Sin darse cuenta, ambos se convirtieron en mejores amigos. Se buscaban para hablar, para pasar el tiempo, buscaban consuelo en las palabras y en el hombro del otro. Se apoyaban, se animaban y se divertían juntos. Para los dos fue desconocido el momento y el punto exacto en que cada uno de los jóvenes, vio con ojos diferentes al otro. Sin decirse nada, sin expresarlo abiertamente y ocultándolo muy bien dentro de ellos; Rudolph y Ariana, se deseaban mutuamente. No como amigos, no como confidentes y no como mejores amigos. Sino como un hombre que desea a una mujer, y una mujer que anhela a un hombre. Pero, ellos dos tenían un deber que cumplir. Ella era la princesa del reino de Dragma y debía anteponer el bien de su pueblo al bien personal, no podía ni debía ser egoísta; y él, era un caballero real. Juro proteger a la princesa sin importar nada. Él estaba allí como un guardián, como un protector, no como un hombre independiente. Ese era el destino de los dos. Los dos lo sabían y con amargura lo aceptaban.

            Mientras tanto, Summer, la que había hecho esas dos preguntas, las dijo sin estar consiente de los efectos que causarían en la resolución de Rudolph. Pero no pregunto eso apropósito, lo hizo empujada por un sentimiento de frustración y enojo que despertó en ella repentinamente. Escuchar como el hombre a su lado hablaba tan relajadamente sobre su pasado y como lo aceptaba, hizo que Summer se enojara con él. Provocando así, un incomodo silencio.

            —Lo lamento—dijo al fin la peliverde—. No debí decir eso tan imprudentemente. No soy nadie para meterme en las vidas de los demás.  

            —No te preocupes. Tienes razón. No estoy nada seguro ni conforme con la decisión de la princesa. Su amabilidad y generosidad, terminaran por acabar con su propia felicidad. Esa es la mayor debilidad de la princesa, es demasiado considerada y amable con los demás. Por muchos años me preocupo que la gente tomara ventaja de ella, por lo que siempre estuve a su lado para protegerla, no solo de otros, sino también de ella misma. A veces, la amabilidad puede ser un cuchillo muy filoso si no se sabe cómo usar.

            Ambos se quedaron callados. Summer veía las flamas danzarinas de la fogata, mientras que Rudolph, con la vista en el firmamento, observaba las incontables estrellas brillantes del cielo, luego, al bajar la mirada, el largo carruaje blanco de la princesa ocupa toda su atención. Se imaginaba a la princesa Ariana dentro del carro, acostada sobre el cómodo asiento, con su delicado, frágil y cálido cuerpo inerte. Luego, casi automáticamente, se imaginó a un hombre desconocido abrazándola, besándola, desnudo al lado de ella, tomando cada centímetro de su cuerpo; inmediatamente ambos, respirando con fuerza y con agitación, los dos cuerpos desnudos y sudados uno encima del otro. Perdidos en el éxtasis y en el placer orgásmico. Lo que hizo que el corazón de Rudolph latiera por la rabia y por una ira asesina, fue que el rostro del hombre a su lado se mantenía oscuro y por lo tanto, desconocida para él. La sola idea de que otro hombre tome, abrase y bese el cuerpo de su princesa, era insoportable e inimaginable.

            El caballero sabía que todo eso ocurría dentro de su mente y casi estuvo tentado a darse un puñetazo en la cara por imaginarse semejante escena indecente y de muy mal gusto. Pero, una parte de él, también era consiente que ese posible futuro podría realizarse, si todas las cosas seguían su marcha, ese hombre desconocido bien podría ser el príncipe de Before. Rudolph no podía imaginarse una vida sin la princesa Ariana, desde que se convirtió en su caballero personal, había jurado al Rey, a su hija, la Princesa y a la familia real, que la protegería de todo mal que la amenazara. Pero hasta allí llegaba su juramento. La protegería sí, pero no podía intervenir en sus decisiones personales. No sabía qué hacer. Como en el pasado, como con su madre y su padre, el futuro que tanto temía se aproximaba, solo que en esta ocasión, una parte de él lo rechazaba y lo negaba.

            —Es mejor que durmamos, mañana debemos partir con las primeras luces de la mañana…

            Pero Summer yacía dormida al lado del hombre. Rudolph ignoraba completamente el momento exacto en el que se acostó y se durmió. La Cazadora dormía con una expresión muy tonta en su rostro y respirando con la boca abierta, fácilmente cualquier insecto podría entrar dentro de ella. Se veía tan indefensa y frágil, como cualquier otra joven doncella. No obstante, al volverse para ver a la solitaria Cazadora, se percató que, pese a estar dormida, Yura seguía con la guardia en el alto. El guardia se imaginó a sí mismo lanzándole una piedra y a ella atrapándola en mitad del aire o golpeándola para regresarla. Pero no lo hizo. Se recargo contra el muro de roca que tenía detrás y se entregó a un mundo de sueños.

            8 horas después.

            Las primeras luces de la mañana se alzaban altas en el cielo. Para este momento, el líder de la expedición ya se encontraba completamente despierto.

            — ¡Despierten todos!—les rugió a sus hombres. A lo que la mayoría respondió con quejidos y pretextos para seguir durmiendo—. ¡Ya amaneció! ¡Alístense, partiremos en media hora! 

            Con desgane todos se despertaron y organizaron sus cosas. Los caballos ya estaban listos para la marcha. Yura ya se encontraba despierta y lista, la única que seguía durmiendo sin preocupaciones era Summer, quien roncaba con la boca muy abierta. Costo trabajo despertar a la Cazadora con largo cabello verde oscuro, pero cuando lo lograron, la formación se reagrupo y las dos Cazadoras tomaron sus lugares designados. Yura al frente con Rudolph y sus veinticuatro hombres. Y Summer en la retaguardia con los otros veinticinco. La chica caminaba con pereza, sin poder abrir bien los ojos, tambaleándose de un lado a otro como si estuviera borracha y sin dejar de bostezar. Definitivamente levantarse temprano no era lo suyo.

            —Oyes, ¿qué tan cerca estamos de ese lugar llamado: Bosque Negro? ¡Ya quiero llegar!—le pregunto Yura a Rudolph. Éste le respondió sin voltear a verla.

            —Ya no estamos muy lejos, si mis cálculos no fallan, llegaremos en un par de horas.

            —Más vale que todo este viaje haya valido la pena. Si ese Bosque resulta ser aburrido, nunca te lo voy a perdonar, tenlo presente.

            Sin poder contenerse la emoción de llegar a un lugar donde la esperen batallas increíbles y emocionantes, Yura ansía llegar al Bosque Negro de inmediato. Tal era su emoción que no había notado que encima de la compañía y a cada paso que se acercaban al Bosque Negro, el cielo se ensombrecía. Las nubes se multiplicaban y poco a poco, la luz del sol era eclipsada por las mismas. Al paso al que iban, se encontrarían con las nubes de una tormenta.

Notas finales:

HASTA LA SIGUIENTE SEMANA. DISFRUTEN DE LA LECTURA.

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