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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Finalmente, el tan ansiado capitulo! 


La compañia al fin llego al Bosque Negro. 


¿Que clase de criaturas los estaran esperando? 


¿y que clase de combate nos mostraran las dos Cazadoras? 


¿Al fin veremos pelear a Summer y la forma de su Arma Esporitual? 


¿Que pasara con la princesa y con Rudolph? 


Como ya les dije, las historias de amor y romance no son de mi agrado, pero sentí que así debían de ser los sentimientos y la vida de estos personajes.


¿Terminaran juntos? 


¿Que será más fuerte, el sentido del deber de cada uno, sus responsabilidad o los sentimientos personales que albergan dentro de ellos? 


¡Estas preguntas y más, en los capitulos venideros! 

Habían pasado cinco horas desde que la compañía se había levantado, ahora, caminando rumbo al Bosque Negro, lugar habitado por toda clase de Bestias Salvajes; la preocupación de los soldados era exclusivamente saber cuantos de ellos lograrían regresar a salvo de tan peligrosa misión. A decir verdad, desde que se enteraron del trabajo encargado por el Rey William, la mayoría de los caballeros reales y soldados del ejército, declinaron firmemente la solicitud de su majestad. Respuesta obvia, pues las muchas historias trágicas que rodeaban al Bosque Negro estaban justificadas. Muchos guerreros, soldados, caballeros u hombres valientes que se adentraban en las entrañas de ese oscuro lugar, lo hacían meramente para ganar prestigio, gloria, para demostrarse algo así mismos o, simplemente, para demostrar sus capacidades individuales; pero a todo aquel que entraba le esperaban dos únicas alternativas: la primera era morir y arriesgarse a que su cuerpo inerte se convierta en el bocadillo de alguna bestia salvaje o, regresar corriendo y traumatizado de tal forma, que el valiente guerrero que entro al principio, muriera dentro y en su lugar, regresara un cobarde que ha perdido la confianza.

            Tantas historias, tantos casos, tantos guerreros muertos o perdidos que, cuando los hombres de Dragma escucharon el trabajo, la mayoría dio un paso hacía atrás, solo un hombre, Rudolph Strauss, tuvo el valor de dar un paso al frente y, junto a él, sus leales hombres que lo siguen fielmente. Y aun estos caballeros, leales como pocos lo son, empezaban a ser invadidos por el miedo y la incertidumbre. Es cierto, contaban con dos Cazadoras de un Gremio, pero, ¿esto sería suficiente para vencer al Bosque Negro? Era el pensamiento que muchos de ellos tuvieron cuando se percataron que a cada paso que daban por esa montaña, el Bosque se acercaba más y más. El clima, otro factor preocupante, tampoco presagiaba buenos augures, pues en un abrir y cerrar de ojos, el calido sol y el deslumbrante cielo azul, fueron ocultados por un centenar de nubarrones negros.

            Solo dos personas, de las decenas que se encaminaban hacía una posible muerte segura, estaban tranquilas y despreocupadas. Yura, quien caminaba al frente de la expedición con Rudolph a su lado, esboza una tranquila sonrisa arrogante; la chica se encontraba calmada y relajada, impaciente por llegar y segura de si misma. Mientras que en la retaguardia, una bella joven de cuerpo escultural, cantaba descaradamente una canción infantil que le habían ensañado en el orfanato donde vivió por un tiempo. Como si no pudiera percatarse de la tensión que giraba alrededor de los jinetes, Summer cantaba alegremente. Como si en lugar de dirigirse a un lugar sumamente peligroso, todos fueran a un día de campo.

            —Estas demasiado tranquila—le dijo uno de los jinetes que iba a su lado.

            — ¡Si! ¿Por qué no habría de estarlo?

            — ¿Por qué?—pregunto el mismo confundido—. ¿No estas ni un poco asustada o nerviosa? ¿Si sabes que vamos a un lugar muy peligroso y del cual muchos otros han muerto?

            —No estoy para nada asustada. Esta no es la primera vez que me enfrento a esa clase de peligros— le respondió despreocupada.

            — ¿Siempre vas tu sola a los trabajos del Gremio?—le pregunto otro de los jinetes.

            —No. Casi siempre voy con un amigo. En esta ocasión vine con otra persona para confirmar algo, además de que mi amigo también se marcho a otro trabajo.

            —Y, ¿Cómo se llama tu amigo?

            — ¡Alex! Ese es su nombre. Tenemos la misma edad, nos conocemos desde hace unos años y juntos entramos al Gremio de ciudad Central. Desde ese momento, casi siempre vamos juntos a los diferentes trabajos que encontramos. Trabajamos bien en equipo.

            — ¿Y porque viniste con la otra chica y no con él?

            —Como ya dije, hay algo que quería confirmar al venir con Jess…, no, quise decir, Yur…—en este punto, Summer no sabía si referirse a su compañera como Jessenia o como Yura, ya que la muchacha ignoraba cual de las dos era la personalidad dominante y por lo tanto, dueña original del cuerpo. Para sus adentros, esperaba que fuera Jessenia, ya que a la chica de largo cabello verde oscuro y brillantes ojos color ámbar, no le simpatizaba el carácter altivo, casi soberbio y altanero de Yura. Sin mencionar que creía que esa chica era peligrosa. A los ojos de Summer, Yura era como un perro rabioso con una correa muy larga. Peligrosa si te le acercas demasiado y letal si haces que el perro se ponga furioso—. Lo que quiero decir es que tengo mis razones para venir con esa chica—les respondió con seriedad en esta ocasión—. Aunque…, ya no estoy muy segura de si querer seguir adelante con lo que planee en un principio—susurro para si misma—. No se que es lo que puedo encontrar si sigo escarbando en mi memoria.

            — ¿Qué fue lo que dijiste, no pude escucharte?—le pregunto uno de los jinetes acercando la cara a la joven.

            — ¡Nada, nada, no dije nada!—Summer se aclaro la garganta y volvió a recuperar su tono alegre y energético—. ¡No tienen nada de que preocuparse, aunque no lo parezca, soy muy fuerte, si algo llegara a pasar en ese Bosque, tengan por seguro que yo los protegeré, no solo a la princesa, sino también a todos ustedes!—a continuación, la peliverde comenzó a reír con orgullo.

            Lamentablemente, a diferencia de su compañera Yura, las palabras y la risa de Summer no ayudaron a que los hombres perdieran el nerviosismo y el temor de llegar al Bosque Negro. La razón principal de esto es que aquellos jinetes, acostumbrados a pelear diversas batallas, han aprendido a medir las habilidades de sus oponentes y aliados al verlos luchar; como nunca han visto las facultades de Summer en un combate, era difícil creer en sus palabras, más, en contra suya, aquellos caballeros ya presenciaron los dotes en las peleas de Yura, por lo que le tenían un poco más de confianza a ella.

            — ¡Pero no pongan esa cara!—se molesto la peliverde al ver el rostro preocupado y desanimado de los jinetes—. ¿Es que no confían en mí?

            Y de esta forma, los caballeros de la retaguardia empezaron una discusión, algo que los ayudo a relajarse durante el viaje y no pensar tanto en lo que les aguardaba más adelante. Las voces eran tan altas que se alcanzaron a escuchar en la vanguardia y, en lugar de que su capitán los regañase por hacer tanto escándalo, Rudolph permaneció en silencio, concentrándose en profundas reflexiones.

            —Capitán, no cree que en la retaguardia los hombres están haciendo mucho escándalo—le advirtió el jinete que iba junto a Rudolph—, si ellos siguen así, algunos Bandidos que haya por estos caminos nos podrán escuchar.

            Pero el líder de la expedición se mantuvo tranquilo y callado, se volvió un par de veces para ver a sus hombres y fue entonces que tomo una decisión. Una decisión difícil de aceptar para sus hombres una vez que se las comente, pero para eso todavía faltaban unas pocas horas más. Les haría saber a todos la resolución a la que había llegado. Por su parte, Yura se volvió una sola vez para ver el deslumbrante rostro de Summer y, al momento de verla, regreso el rostro al frente con amargura. Aun no olvidaba que la chica la había llamado “imitación” la noche anterior y todavía no se lo perdonaba. No podía perdonar que alguien, quien sea, la llamase “imitadora” o “copia” de alguien más, ya que al decir esto, es como si dijesen que ella era una falsificación y Jessenia la autentica y original. Y por tales razones, se enfurecía de sobremanera. Si no le dio una golpiza a esa “idiota de largo cabello verde” es porque algo dentro de ella la reprimía y le impedía actuar como ella quisiese. Por esta única vez, Yura decidió pasar por alto la ofensa de Summer, pero si aquella joven la volvía a llamar “copia”, “imitación” o algo parecido, la Cazadora no se tentaría el corazón.

            —Déjalos ser—le dijo el capitán al jinete a su lado—. No creo que nos encontremos con más bandidos en lo que resta del viaje.

            Y así fue. Durante las horas siguientes, la marcha de hombres y caballos, continuo a una velocidad constante, ni muy rápido ni muy lento. Gracias a Summer y a su personalidad espontánea y sociable, los veinticinco hombres que iban en la retaguardia pudieron relajarse mucho y olvidarse por unos momentos del destino que les aguardaba más adelante.

            El clima no había mejorado en nada desde hace algunas horas. Los nubarrones seguían siendo negros, el viento seguía igual de frio y corría a la misma velocidad, no parecía que iba a llover, pero tampoco que el cielo fuera a despegarse. Con cada paso que daban, Yura y Summer, desde sus respectivas posiciones, podían sentir la presencia de la oscuridad cada vez más cerca. Se estaban aproximando.

            Toda la compañía marchaba por una alta montaña y ahora les tocaba bajar por una inclina cuesta, era peligroso si uno no sabía cómo moverse a caballo por esos lados, pero para los hombres de batalla como Rudolph y sus seguidores, esos terrenos no eran nada. Desde lo alto, finalmente, el mayor temor de los hombres se hacía presente: El Bosque Negro en todo su lúgubre y oscuro esplendor. Se extendía a varios kilómetros más adelante, estaba formado por una extraña mezcla de árboles muertos sin hojas, con las puras ramas delgadas y puntiagudas y con el tronco lleno de grietas y de un tétrico color gris, así como de un selecto número de árboles altos de hojas negras.

            Desde la distancia se podía apreciar la presencia oscura que emanaba el lugar. Era una sensación pesada y la atmosfera que rodeaba esa imagen era triste y depresiva. Si alguna vez ese lugar fue llamado: Bosque Verde, por sus árboles llenos de vida, agua cristalina y tierra fértil, ahora era totalmente imposible ver ese territorio como un lugar lleno de vida. Más bien la imagen que todos presenciaban era el reflejo de la desesperanza y la melancolía.

            Desde su lugar, la mayoría de los hombres de la compañía tragaba saliva. Ninguno de ellos había visto antes el Bosque Negro, más que en sus pesadillas más depresivas, un lugar oscuro con una atmosfera que hacía difícil moverse y respirar. Summer veía el lugar muy seria; no era la primera vez que se enfrentaba a un lugar así. Cuando vives como un Cazador, enfrentarte a los Seres Oscuros más diabólicos es cosa de todos los días. La princesa Ariana, desde su carruaje, se negaba a sacar la cabeza, no por miedo a ver el Bosque, sino más bien porque ya lo conocía. Lo había visto dentro de sus pesadillas más tristes y desesperanzadas. Mientras tanto, Yura, debía de ser la única persona en ese grupo de gente que veía el Bosque Negro con una sonrisa impaciente, con una mueca arrogante y hambrienta en los labios. Estaba muy clara su impaciencia por moverse y entrar.

            Pero antes de que la compañía empezara a descender y entraran por uno de los caminos de acceso, el líder de la expedición los detiene para dar sus instrucciones sobre cómo proceder.

            — ¡Escúchenme todos!—y efectivamente, toda la atención estaba sobre él—. Lo he estado pensando mucho y he llegado a la decisión de que no todos entraremos al Bosque Negro. Solo unos cuantos, elegidos por mí, más las dos Cazadoras, escoltaremos a la princesa Ariana a través del Bosque. ¿Entendieron?

            Algunas voces se alzaron en protesta, mientras que otros, ocultándolo dentro de sus mentes, se alegraron por las palabras del capitán y rezaban para sus adentros, no ser los elegidos.

            —Permítanme que me explique—continuo el capitán Rudolph al frente de sus hombres—. La idea original era que todos nosotros, los cincuenta soldados, entrásemos juntos y escoltemos a la princesa Ariana sana y salva por el interior del Bosque, pero, tras pensarlo detenidamente, creo que al movernos en un grupo más pequeño, lograremos garantizar la supervivencia. Como somos ahora, muchos, seres un blanco fácil para lo que sea que nos espere allí dentro. En grupo más reducido, pero con los mejores elementos que disponemos, podremos atacar y defender con mayor rapidez y agilidad. Por lo que solamente entraremos diez soldados, más las dos Cazadoras, las cuales se quedaran junto a la princesa en todo momento y la protegerán de cualquier peligro que amenace su vida. Además, el carruaje y los caballos, los dejaremos aquí. Seguiremos el resto del camino a pie.

            Al escuchar sus órdenes, algunos de los hombres se sintieron aliviados y, por la misma razón, furiosos consigo mismos por demostrar tal cobardía. Otros se levantaron en protesta por las imprudentes decisiones de su líder y le aconsejaban repetidamente que llevar un número más grande aumentaba la posibilidad de sobrevivir. Todos tenían algo que decir o algún sentimiento que ocultar, pero las únicas que no dijeron nada ni expresaron opinión alguna, fueron las chicas del grupo: la princesa y las dos Cazadoras.

            — ¡Capitán, con el debido respeto, ¿pero a perdido usted la cabeza?! ¿Cómo piensa entrar al Bosque Negro con tan pocas fuerzas y exponer de esa manera la vida de la princesa y el éxito de nuestra misión? Sin mencionar que sin caballos podrían tardar todo un día de caminata salir del Bosque, a caballo serían solo unas horas y yendo por los caminos más rápidos. ¡Por favor, le imploro que recapacite!

            Así hablo uno de los jinetes y hombre leal de Rudolph, pero antes de que su capitán respondiese, la Cazadora se le había adelantado.

            — ¿Es que eres idiota? Ningún animal doméstico se atrevería a entrar a ese Bosque. Bueno, a decir verdad, ningún animal se atrevería nunca a entrar a ese lugar. Puede que tu no seas capaz de sentirlo, pero aun desde aquí, se puede sentir una gran energía oscura, si tu acercaras a los caballos a la entrada del Bosque, verías como estos se dan la vuelta y huyen despavoridos. Sin mencionar que la idea de moverse en un grupo pequeño es mejor que en un grupo grande, de ser así, seriamos un blanco muy sencillo de ubicar—luego, tras dirigirse a uno de los jinetes, Yura se vuelve para hablar con Rudolph—. Para ser solo un humano común y corriente, debo admitir que tuviste una buena idea. Te felicito, te daría una galleta si tuviera una.

            A Rudolph le molesto la comparación que hizo de él con un perro cualquiera, pero decidió pasarlo por alto. Ese no era el lugar ni el momento para pelear con esa altiva y arrogante chica.

            —Ya tome mi decisión y se harán las cosas como yo ordene. ¡Ahora, procederé a nombrar a los diez hombres que me acompañaran al interior del Bosque, el resto tomara a los caballos y el carruaje y regresaran al reino de Dragma! Si todo sale bien y la princesa llega sana y salva al reino de Before, nosotros, los que alcancemos a sobrevivir, regresaremos por la ruta larga en algunos días. Mantengan atentos a los guardias de la entrada principal.

            A continuación, el capitán nombro a diez de sus mejores, más fuertes, veloces y resistentes guerreros para iniciar la expedición. Al escuchar sus nombres, estos caballeros no dudaron ni un segundo en pasar al frente. Desmontaron sus caballos y se mantuvieron junto a su líder. No había duda, arrepentimiento o miedo en los ojos de estos hombres. Estaban preparados para todo.

            Luego, al término de esto, Rudolph se acercó al carruaje de la princesa.

            —Alteza—dijo, abriendo la puerta del carro y luego arrodillándose junto a los pequeños escalones que la joven usaba para bajar de su vehículo— lamento mucho decirle esto, pero continuaremos el camino a pie. Le pido de la manera más atenta que se esfuerce en soportarlo.

            A lo que Ariana asintió con la cabeza y dijo:

            —Me esforzare, por eso no te preocupes.

            La princesa, sujetando su largo y elegante vestido con ambas manos, bajo con cuidado los pequeños escalones de su vehículo hasta poner ambos pies en tierra firme. Yura resoplo al verla.

            —Tenía que ser una princesa—dijo con desdén en la voz.

            — ¡Espere un momento!—exclamo Summer repentinamente—. Princesa, no me diga que viajara con nosotros vistiendo eso, ¿o sí?

            — ¿Esta mal?—pregunto con inocencia la chica que nunca antes había salido de su reino.

            — ¿Que si está mal? ¡Está muy, muy mal! No puede caminar por un bosque desconocido luciendo de esa forma. Perdone mi rudeza, pero vistiendo ese largo vestido, usted será más un estorbo que una ayuda.

            Los jinetes se sorprendieron al escuchar que alguien se atrevió a decir lo que muchos otros estaban pensando. Era duro y difícil de decir, pero la Cazadora tenía razón. Las ropas de la princesa no eran adecuadas para los terrenos a los que estaban a punto de entrar. Más de un hombre quiso felicitar a Summer por su osadía, pero nadie lo hizo por respeto a su princesa.

            Afortunadamente, la inocente joven no mostro señal de estar enojada con la chica.

            —Pero no tengo otra cosa que ponerme—dijo la joven princesa.

            —No se preocupe por eso, yo me encargo de ese problemita—y caminando hacía uno de los caballos, uno grande y de color marrón que tenía en vuelto alrededor del cuerpo algunas maletas; Summer saca del interior de una especialmente grande, un par de prendas y unas botas negras. Se las entrega a la princesa—. Aquí tiene. Cámbiese de ropa, partiremos cuando termine.

            A lo que Ariana asintió con la cabeza. Se regresa a su carruaje y comienza a desnudarse para luego volverse a vestirse con las nuevas prendas de ropa. No tardó más de unos minutos. Para cuando finalmente acabo, la chica salió luciendo una camiseta de color oscuro y manga larga y un par de pantalones de diseño extraño, ya que del lado de una pierna, el pantalón terminaba hasta donde comenzaba el pie, mientras que en la pierna izquierda, el pantalón termina hasta el muslo. Con el cabello sujeto en una cola de caballo y luciendo unas botas altas, la princesa estaba lista para adentrarse en terrenos peligrosos.

            Rudolph, sin pretenderlo, no pudo evitar quedarse un par de segundos ensimismado en la bella apariencia que mostraba su joven princesa. Nunca antes la había visto vestir de forma tan informal. Desde que ambos eran unos niños, Ariana siempre vestía largos vestidos, elegantes y con muchos adornos, sin mencionar que su cabello estaba cuidadosamente peinado y se veía siempre elegante y presentable para cualquier ocasión. Ahora, con la boca un poco abierta y sin poder apartar los ojos de la hermosa doncella; la chica advierte su mirada y sin poder evitarlo, baja la mirada un poco ruborizada. No solo Ariana, sino que también sus hombres y Summer, notaron los ojos con los que veía a la joven princesa.

            — ¡Capital, debo pedirle que cierra la boca, se le puede caer la baba!

            Ante el comentario osado de unos de sus hombres, los demás rompen en risas, Mientras que Rudolph, avergonzando, se aclara con fuerza la garganta y pone orden en el grupo.

            — ¡Si la princesa ya esta lista y se siente cómoda con esos atuendos, entonces será mejor que partamos! Mientras más rápido nos movamos, más rápido llegaremos.

            — ¡Ya era hora! Creí que nunca nos moveríamos de este lugar—Yura hablo en voz alta para hacerse escuchar y hacer notar su impaciencia. Y, sin pedir permiso al líder de la expedición, la chica de un salto, aterriza justo en frente de la entrada del Bosque.

            —Muy bien, nos marchamos. Tengan mucho cuidado cuando regresen, especialmente si se topan con bandidos en mitad del camino.

            Los diez hombres, más la Cazadora y la princesa Ariana, estaban listos y separados del resto del grupo. La compañía miraba desde su lugar a los diez valientes que se enfrentarían al Bosque Negro y no podían más que desearles buena suerte.

            — ¡Capitán!—hablo uno de los hombres dando un paso al frente—. Creo que hablo por todos mis compañeros cuando le digo: ¡Buena suerte a usted y a la princesa! Les deseamos la mejor de las fortunas y esperanzas para que logren pasar por el Bosque junto a nuestros compañeros.

            — ¡Estaremos esperando su regreso, por eso no lo dude!—exclamo otro de los jinetes dando un paso al frente.

            — ¡Mantendremos las puertas del reino abiertas el tiempo que haga falta!—dijo otro.

            —Y a nuestros compañeros… ¡No mueran y buena suerte!—había dicho otro.

            — ¿Y que hay de mí?—refunfuño la Cazadora de largo cabello verde—. Para mi no hay: “Que tengas suerte” o “estaremos esperando volver a ver tu bello y angelical rostro”, ¿eh…?

            Después de desearle suerte y algunas palabras más a Summer, es que los hombres finalmente se ponen en marcha. Cargando únicamente sus escudos y espadas y, algunas cosas más, como agua y algunos alimentos, es que los diez valientes bajan por la empinada cuesta. A Summer no se le hizo difícil dar un salto como el de Yura y llegar inmediatamente al frente de la entrada junto a la impaciente chica.

            Cuando los hombres al fin llegaron abajo, la princesa, ruborizada, se baja de los brazos largos y fuertes de Rudolph, ya que el caballero se ofreció para ayudarla a bajar la peligrosa cuesta inclinada. Una vez cerca del Bosque Negro, es que los diez valientes entendieron al fin las palabras previas de Yura. Se sentía una atmósfera pesada que rodeaba todo el Bosque en su totalidad. El aire estaba como viciado y se hacía difícil respirar, sin mencionar que el aura que emanaba todo el negro lugar era tal, que hasta llegaba a afectar el humor de los caballeros. Pasándolos de valientes y gallardos, a temerosos e inseguros. No obstante, inspirados por las palabras de sus compañeros antes de marcharse, es que todos entraron con pasos firmes a través del peligroso lugar.

            Ninguno de los presentes había podido imaginarse aquel viejo y muerto bosque, rodeado por las tinieblas y la neblina, que en otro tiempo haya sido verde, lleno de vida, empapado por los brillantes y calidos rayos del sol y mecido suavemente por el cantar de los pájaros. Ya que ellos solo veían un cielo negro encima de sus cabezas, troncos gruesos, con ramas puntiagudas y muertas que se alzaban altas tratando de alcanzar el firmamento. Algunos árboles eran delgados y llenos de grietas, mientras que otros tantos estaban repletos de hojas teñidas de color carbón.

            El suelo se veía en muy malas condiciones y había ramas enterradas aquí y allá. Fue una sabía decisión haber dejado atrás los caballos y el carruaje, ya que por aquellos caminos desolados e inhóspitos, pasar con semejante carro y con animales grandes, habría supuesto una tarea sumamente difícil. Sorpresivamente, el viaje resulto ser más fácil y rápido yendo a pie. Habían pasado unas cuantas horas desde que entraron y aun no habían sido recibidos por alguna clase de Bestia salvaje. El bosque se mantenía callado y frió, pero, una extraña presencia no dejaba de poner en alerta a todos los hombres y a las Cazadoras. Era como si un par de ojos invisibles los estuvieran observando meticulosamente, pero por más que los caballeros volvían las cabezas a todas las direcciones para detectar señales de vida, no había más que árboles escalofriantes, neblina que pasaba por entre los mismos y un silbido siniestro del viento.

            La formación en la que viajaban era simple, cinco hombres al frente y otros cinco atrás, mientras que las dos Cazadoras yacían apostadas a los lados de la princesa Ariana, de esta forma, los flancos estaban protegidos. El pequeño grupo caminaba de forma constante, tratando de no aminorar el paso para salir con rapidez y al mismo tiempo, yendo a una velocidad moderada para que la princesa no se canse.

            —Princesa, ¿se encuentra bien?—le pregunto Rudolph después de unas horas de silencio. La princesa respondió con obvia agitación en la voz, trataba de ocultarlo, pero al final, había fracasado.

            —Estoy bien—le respondió con algunas gotas de sudor asomándosele por la frente y bajando por los flancos del rostro. 

            Salvo por ella, ni los hombres con sus armaduras, con sus armas y cargando algo de equipaje, ni las Cazadoras quienes caminaron un largo camino sin ir a caballo, se veían ni un poco cansadas. Ariana era la única agitada.

            —Si lo desea, podemos descansar un rato—le dijo el caballero, preocupado por la condición física de la joven doncella. Era obvia que esa chica no fue hecha para expediciones salvajes como lo era esa.

            — ¿Eh…? ¡Tienes que estar bromeando, aun no hemos encontrado nada divertido!—exclamo colérica la Cazadora.

            —No se preocupen por mí, aun puedo seguir adelante.

            La princesa no deseaba ser un estorbo para nadie, por lo que se esforzaba por seguir el ritmo del grupo. Con pesar en su corazón, el capitán Rudolph se vuelve y pone la vista de nuevo al frente. La compañía sigue caminando.

            —Por cierto—comenzó a hablar la Cazadora de largo cabello verde—, ¿Cómo es que este bosque, que se supone antes era verde y lleno de vida, término convirtiéndose en esto? 

            —Debido a la guerra entre Dragma y Before—le explico la princesa. Los demás soldados se limitaron a escuchar la historia mientras seguían pasando entre los árboles oscuros y temibles—. Este bosque, que en antaño se llamaba: El Bosque Verde, era la ruta más directa para llegar a los dos reinos y también era la ruta de comercio más transitada. Pero, debido a lo mismo, fue la sede de numerosas y sangrientas batallas. Muchos árboles resultaron talados o heridos o hasta quemados. El suelo, las ramas y arbustos, se impregnaron con la sangre de los soldados. Las cosas siguieron así por algunos años y en ese tiempo, el bosque poco a poco, comenzó a perecer.

            —Eso es muy triste—dijo con seriedad la peliverde—, me hubiera gustado ver este bosque cuando estaba lleno de vida.

            —A mi también me hubiera gustado verlo, aunque fuera solo una vez. Pero ya vez como son las cosas, el hombre, en sus interminables batallas, destruye todo lo que se atraviesa en su camino. No importa si se trata de un ser vivo o de la naturaleza. Todo se vuelve un obstáculo que debe ser erradicado.

            —Y… ¿de donde vienen las Bestias de las que se preocupan tanto? No creo que hayan llegado a este lugar de la noche a la mañana.

            En este punto, la atmósfera del grupo se lleno con una extraña tensión. Parecía que la princesa se debatía en si revelar aquella información o mantenerla guardada dentro de ella. Lamentablemente, Yura revelo el secreto.

            —Las Brujas las invocaron—revelo la Cazadora sin voltear a ver a nadie y siguiendo su camino—. ¿Me equivoco?

            — ¿Cómo…? ¿Cómo supiste sobre las Brujas?

            — ¿Es una broma? Me percate unos kilómetros antes de llegar a este Bosque. El lugar esta repleto de energía mágica. Magia oscura para ser más exacta.

            — ¿Te diste cuenta desde antes de llegar al bosque? ¡Eso es impresionante!—exclamo asombrado uno de los soldados. Uno especialmente joven, como de unos veintitantos, pero alto y de complexión fuerte.

            —No es la gran cosa—declaro con indiferencia—. Ya me he enfrentado a un Nigromante en el pasado. Comparado con esa oscuridad, esta no es para tanto.

            — ¿Un Nigromante?—replico confundido el mismo soldado. Ningún miembro de la compañía, salvo Summer, sabía de los Nigromantes.   

            —Una criatura que usa magia negra y trata de vencer a la muerte. Nada serio. Al final, cuando me enfrente a él, lo único que hacía era reanimar los cuerpos muertos y usarlos para luchar. Lo derrote muy fácilmente.

            La explicación de Yura era indiferente y sin darle ni una pizca de emoción, como si efectivamente, aquel combate carecía de todo significado. Para todos los oyentes, quienes nunca en sus vidas han visto, ni mucho menos enfrentado a un Nigromante, no sabían lo peligrosos que podían llegar a ser. Solo Summer, con algo de conocimientos sobre las técnicas y la magia que esos seres usaban, se daba una idea.  

            —Es como ella dice, un día, misteriosamente, un Aquelarre de Brujas apareció en el Bosque y, desde que ellas llegaron hace unos años, no han dejado que nadie más salga con vida de este lugar. Todo el que entra o muere, o sale con vida, pero sin ser el mismo de antes.

            —Princesa—empezó el soldado joven—, disculpe mi ignorancia pero ¿Qué es un Aquelarre?

            — ¡Vaya, no lo sabes!

            —Se lo que son las Brujas. He escuchado muchas historias sobre esos seres, pero es la primera vez que escucho la palabra, “Aquelarre.”

            —Ya veo. Se le llama Aquelarre, al grupo formado por algunas Brujas para realizar sus prácticas mágicas. Son como los Gremios de Cazadores, solo que en estos lugares, se reúnen las Brujas para hacer sus cosas y, aunque nadie ha comprobado nada, se cree que en alguna parte de este Bosque, esos seres se ocultan.

            —Ya entiendo.

—    ¡Estoy sorprendida, no creí que usted supiera tanto de eso!—exclamo Summer.

— ¡No subestimes a la princesa!—replico Rudolph desde el frente—. Los Cazadores no son los únicos que reúnen información sobre los Seres Oscuros. El reino de Dragma también ha recabado información sobre algunas Bestias y Criaturas de las tinieblas.

Y de esta forma, la compañía siguió su curso. El Bosque Negro, repleto de variados árboles, unos muy delgados y llenos de grietas, otros enormes, gruesos, que alcanzaban el cielo; el suelo oscuro, el viento frió y húmedo; la neblina que reptaba silenciosa por aquí y por allá; la atmósfera pesada lo volvía todo más difícil. El cuerpo se sentía más pesado en ese lugar, el aire era denso y difícil de respirar. Con forme se adentraban más y más, se volvía más difícil caminar. En algún punto del trayecto, la princesa Ariana, inevitablemente se había desplomado. Los pies y las piernas le dolían de tanto caminar y como no podían detenerse a descansar, uno de los soldados, uno especialmente grande y fornido, se ofreció a llevarla en su espalda. Avergonzada y molesta consigo misma por ser débil y, debido a esto, causarle molestias a los demás, la joven doncella acepta la amabilidad del caballero a regañadientes.

            Finalmente, tras unas horas de viaje, el cielo nublado comenzó a despegarse, en lo alto del cielo, una enorme luna plateada brillaba con majestuosidad e iluminaba de forma increíble los senderos a tomar. Sin darse cuenta de lo que pasaba tras bambalinas, las Brujas organizaban su ataque y los observaban meticulosamente.

            —Los Humanos han llegado al punto sin retorno. ¡Es el momento de iniciar el ataque!—dijo una de las Brujas cubierta por una túnica negra.

            —Hay algo que me preocupa—comento otra Bruja que, al igual que la primera, vestía una larga túnica negra con capucha.

            — ¿Qué es lo que te preocupa? Son solo diez hombres y tres chicas, no puede haber nada más fácil—dijo una tercera Bruja.

            — ¿Es que no lo vez?

            — ¿Qué es lo que debo ver?

            — ¡Esas dos chicas!—señalo una cuarta Bruja con su largo dedo grisáceo—. ¿Las ven? La de largo cabello verde y la otra de cabello corto y larga gabardina negra.

            La cuarta Bruja señalo con su largo y esquelético dedo, la imagen que su enorme bola de cristal les mostraba. Esta esfera, grande, situada justo en medio de las cuatro Brujas, y que despedía un brillo intenso, les había mostrado los movimientos del pequeño grupo desde el momento en que entraron al Bosque.

            —Las veo, ¿qué es lo que tienen?—cuestiono la primer Bruja con voz áspera y arrastrando las palabras.

            — ¿Es que no puedes saberlo con tan solo verlas? ¡Abre bien esos arrugados ojos y presta atención!—la reprendió la cuarta Bruja, la más alta y la que hablaba con voz más o menos clara y audible.

            Las tres Brujas, más bajas de estatura y con voces más difíciles de entender, hicieron caso a la instrucción de la cuarta Bruja, la más alta y de voz nítida y autoritaria. Tras unos segundos, la tercer Bruja lo vio.

            — ¡Ah…! ¡Ahora lo veo!

            No obstante, las otras dos Brujas aun ignoraban lo obvio. Tras un minuto más, la primer Bruja también se percató.

            — ¡Yo también lo veo!

            Solo faltaba la segunda Bruja. Lamentablemente para ésta, no fue capaz de ver lo que las otras Brujas pudieron notar.

            — ¡Eres una maldita desgracia para las Brujas!—la regaño la cuarta.

            — ¡Y así osas llevar el título de Bruja, das pena!—le recrimino otra.

            La segunda Bruja podía pasar por alto las ofensas de la cuarta, ya que ella siempre fue la más poderosa y la más inteligente, pero no se dejaría insultar por la primera ni por la tercera, quienes compartían inteligencia y habilidades similares.

            — ¡Ustedes dos no se atrevan a decirme nada, que también ignoraban lo obvio!—les respondió en tono desafiante.

            — ¡Es verdad, pero al menos nosotras dos nos dimos cuenta, tu todavía no sabes nada!—se defendió la tercer Bruja, incluyendo a la primera.

            Y de esta forma, las tres Brujas pudieron seguir discutiendo por horas y horas y, en todo ese tiempo, ninguna de las tres hubiese llegado a nada. Lo más seguro, sino fueran dirigidas por la cuarta Bruja, es que esas tres hubiesen acabado por matarse las unas a las otras.

            — ¡Ya basta ustedes tres, sino dejan de pelear en este mismo momento, yo personalmente me encargare de convertirlas en tres enormes trozos de carne y las daré de comer a nuestras mascotas!

            Las Brujas, al ser de la estirpe de la oscuridad, no eran capaces de sentir afecto, cariño o algún otro sentimiento noble ante sus iguales, solo podían experimentar rabia, envidia, indiferencia, orgullo, entre otros malos sentimientos. No obstante, si había algo que caracterizaba a las Brujas, era el gran respeto que sentían hacía una compañera más fuerte y con mejores habilidades que ellas, por lo que generalmente, llenas de envidia y rabia, pero sumisas al final a las órdenes y a las instrucciones de la Bruja con mayores atributos para dirigir.

            — ¡Observen, trio de inútiles buenas para nada!—continuo la cuarta Bruja. Entonces la imagen de la enorme bola de cristal se enfocó en la figura de Yura; primero se detuvo en sus fríos e indiferentes ojos, luego se fue alejando la imagen para terminar acercándose al dorso de su mano derecha. La insignia de Eternal Soul fue claramente visible—. Esas dos chicas pertenecen a un Gremio. ¡Son Cazadoras!

            — ¿Que haremos entonces?—cuestiono la primera.

            —Vamos a separar al grupo—concluyo la cuarta Bruja; la más alta de las tres y la más inteligente—. Enfrentar a las dos Cazadoras juntas puede ser un gran error. Separadas serán más vulnerables. Una vez que las matemos, acabar con esos Humanos será un juego de niños. Yo me quedare aquí a coordinar el ataque, tú, Ver, te encargaras de separar al grupo—señalo con su largo dedo a la tercer Bruja, luego lo paso a la primera—. Merg, tú te encargaras del segundo grupo. ¿Entendieron? ¡Ver, acabaras con la primer Cazadora! ¡Merg, tú te encargaras de la segunda!—luego, para el final, la cuarta Bruja se volvió a la segunda—. En cuanto a ti, Lil, cuando las otras dos se encarguen de las Cazadoras, tú me traerás a los Humanos con vida. ¿Entendiste? ¿Crees poder con el trabajo, o debo ir yo en tu lugar? 

            A lo que la segunda Bruja respondió de mala gana.

            —Puedo hacerlo. ¡No soy una inútil!

            —Eso espero. Sabes muy bien lo que te haré si me llegas a fallar. ¡Ahora váyanse y cumplan con mis instrucciones!

            Y de esta forma, el trio de Brujas desapareció en mitad de una neblina negra a sus posiciones designadas. Lo que las tres ignoraban hasta el momento, es que las Cazadoras a las que estaban por enfrentar, no eran humanos cualquiera. La cuarta Bruja, la más inteligente y precavida, siempre tomaba precauciones, por lo que siempre se quedaba atrás, lista para escapar si las cosas se salían de control. Las Brujas, como se dijo antes, eran incapaces de amar o querer, por lo que sacrificarse mutuamente, era un acto que no les representaba molestia o arrepentimiento alguno.

            Cuando creyeron que el Bosque podía ser pasado sin ningún problema, es que la Cazadora detiene la expedición.

            — ¡Deténganse!—exclamo Summer de improviso. Los guardias se volvieron hacía ella preocupados y alertas—. Algo se acerca.

            Los hombres escucharon y creyeron la advertencia de la joven, por lo que al instante desenfundaron sus espadas de acero y se colocaron al frente de su princesa; listos y dispuestos a protegerla. Mientras los caballeros y Summer, con expresiones muy serias en el rostro, esperaban lo inevitable, Yura se mantenía quieta y callada, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo y con la sombra del flequillo ocultándole los ojos, más no su afilada sonrisa de satisfacción.

            —Al fin aparecen—susurro para ella misma—. Me estaba hartando de esperar.

            Al término de sus palabras, entre los muchos árboles que había en el bosque, unas siluetas negras, muy grandes y con ojos brillosos, comenzaron a acercarse lentamente. Eran decenas y los tenían rodeados. De pronto, junto a la aparición de estos seres, un horrible hedor invadió la atmosfera, el aire se tornó rancio y difícil de inhalar.

            Una densa capa de neblina hacía su aparición reptando por el suelo, inundando los pies de la compañía. ¿Cómo era posible que se hayan encontrado tan súbitamente con esas Bestias? Era una pregunta que los hombres se hacían pero que no supieron como responder. Tomando en cuenta la figura alta y gruesa de esas criaturas, era imposible que se le hayan acercado tanto sin hacer ni un leve ruido. Era imposible.

            Lo que la princesa y los hombres ignoraban, es que encima de sus cabezas, de pie sobre una gruesa y puntiagudo rama de árbol, una de las Brujas, cubierta por su larga túnica negra, los veía con impaciencia. El combate que tanto ansiaba Yura, finalmente había empezado.  

Notas finales:

Gracias por su lectura, cuidense y hasta el siguiente capitulo.  


 


 


 


 


 

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