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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Que tal lectores!

Lamento la tardanza, recién empecé con la facultad y tal vez ya no tenga tanto tiempo para dedicarle a la escritura. Por razones que desconozco éste capitulo me salió especialmente largo, ojala les guste de igual manera, sino, háganmelo saber en un comentario y tratare de hacerlos más cortos.

Sino me dicen nada, simplemente asumiré que no les molesta la extensión de los capítulos y seguiré haciéndolos iguales. Esta en su poder si los hago más, igual o menos cortos. ¡Ustedes dicen!

¡Sin más por el momento, les dejo el capitulo!

POR CIERTO: SI SE CORTA, REVISEN LAS NOTAS FINALES, ALLÍ CONTINUARE DESDE DONDE SE CORTO.

Bajo el resplandeciente astro nocturno, Summer yacía tumbada boca arriba sobre un charco de su propia sangre. Poco a poco, sus ojos color ámbar comenzaban a perder su brillo, siguieron así hasta que, finalmente, estos se hubieron apagado. La joven Cazadora de larga cabellera verde oscuro se encontraba ahora sumida en las más absolutas tinieblas; la oscuridad, la frialdad y la dureza del suelo, continuaron hasta que, tras unos minutos, una brillante luz, acompañada de un par de pasos que retumbaban debido al eco, se aproximaban hasta donde se encontraba ella.

            “¿Qué es esa luz?” Pensó Summer desde donde se encontraba. “Se esta acercando.”

            A unos metros de donde se encontraba, un par de hombres habían aparecido, gracias a la luz artificial que sostenía uno de los dos en la mano, la joven pudo verlos claramente. Eran grandes, fornidos, con ropas sucias y olorosas a sudor, desaliñados y de aspectos temibles. Uno de ellos saco de uno de sus bolsillos una gruesa llave que se veía muy antigua. Desde donde Summer se encontraba, veía a ese individuo insertar ese objeto en la ranura que tenía delante y, al hacerlo, un sonido metálico se escucho claramente con el movimiento de la llave. La puerta que era de gruesos barrotes de acero se abrió hacía afuera.

            “¿Quiénes son esos hombres? ¿Por qué no me puedo mover? ¿En donde me encuentro?” Eran los pensamientos que Summer tenía en esos momentos. Pese a que la chica le daba ordenes a su cuerpo para poderse mover, éste no respondía al llamado de la joven, se quedaba quieto y tranquilo dentro del lugar en el que este. Los hombres seguían del otro lado de la puerta de barrotes metálicos. 

            “¿Qué esta pasando? ¿Por qué mi cuerpo no responde? ¿Qué lugar es este? ¡Ya recuerdo! Estaba en el bosque, enfrentando a un grupo de Trolls…, luego… Luego…, uno de ellos me mato. ¡Si, eso es! ¡Ese Troll femenino me ataco con su arma, me provoco un gran corte! Luego… Luego… Nada. Oscuridad.”

            — ¿Qué demonios estas esperando?—le grito uno de los hombres del otro lado de la puerta de barrotes—. ¡Sal de una maldita vez, no tenemos tu tiempo! ¿Me estas escuchando, numero 710?

            “¿Me están hablando a mí? ¿Numero 710? ¿Quién es esa persona? ¿En que lugar me encuentro y porque no puedo moverme? Mi cuerpo no me responde. ¿Estaré bajo el hechizo de un Ser Oscuro? ¿Habrán usado drogas en mí?”

            — ¡Eres un idiota!—le espeto el hombre junto al otro—. No es que no quiera moverse, es que no puede. ¡Ya olvidaste que estos animales están amarrados por cadenas y collarines a los muros de roca!

            — ¡Ah, es cierto! Lo olvide completamente.

            — ¡Pero que inútil eres!—luego el segundo hombre le arrebato los llaves al primero—. ¡Dame acá, yo la liberare! Pásame la luz.

            Summer ignoraba lo que estaba pasando, no sabía en que lugar se encontraba ni quienes eran esos hombres, ni porque la llamaban “numero 710”, ni mucho menos porque no era capaz de mover su cuerpo a voluntad. Lo único que sabía, gracias a la poca luz que penetraba y llegaba hasta donde ella se encontraba, es que el lugar en el cual estaba era una pequeña cueva; la Cazadora supuso que se encontraba sentada, ya que si se levantaba, tendría que inclinarse para poder caminar. Otra cosa de la que también estaba segura, es que se encontraba amarrada por un collarín que rodeaba su cuello y la mantenía con la cabeza aferrada al muro detrás de sí misma. Podía sentir el grueso metal que rodeada su pescuezo, sin mencionar los grilles que apresaban ambas de sus muñecas, terminaban en gruesas cadenas de acero que conectan con el suelo de roca. Summer no necesitó de mucho tiempo para darse cuenta que se encontraba secuestrada en algún lugar.

            El hombre que le arrebato las llaves al primero penetro en la pequeña celda donde Summer se encontraba y, como la chica lo había intuido, el hombre tuvo que andar inclinado para poder caminar. Ya que sostenía una pequeña lámpara con luz artificial en la mano izquierda, la Cazadora pudo ver con mayor claridad el lugar donde se encontraba encerrada. La distancia que la separaba de la salida era de unos tres o cuatro metros, a su alrededor había platos y cubiertos de plástico con vestigios de comida y en un extremo de la celda, una cubeta metálica con poca cantidad de agua. Mientras el oloroso hombre se acercaba a Summer con su camisa empapada en sudor, la chica pudo apreciar con mayor detalle el lugar que la retenía. Los muros, el piso y el techo eran de maciza roca negra. Seguía sin saber donde se encontraba, pero fuere donde fuere, una vez que ese asqueroso individuo la liberara de sus cadenas, ella aprovecharía para dejarlo inconsciente de un golpe y luego huir.

            Una vez que lo tuvo bastante cerca, el hombre tomo dos pequeñas llavecitas que se encontraban en el llavero junto a la llave más grande y antigua; abrió sus grilletes de las manos para luego abrir el collarín de acero que la mantenía aferrada al muro detrás de ella. ¡Era el momento! Sin embargo, su cuerpo seguía sin reaccionar. ¿Qué estaba pasando? Su cabeza y sus brazos ya eran libres para moverse, ¿Por qué no podía controlarlos a voluntad?

            —Muy bien, levántate—le ordeno el hombre mientras caminaba dándole la espalda—. Llego tú momento.

            Sin la necesidad de inclinarse como ese individuo lo hizo, Summer caminó perfectamente bien, sin agacharse y sin encorvarse. El tamaño de esa pequeña cueva era perfecto para ella. ¿Cómo era posible? Tras ver la altura de ese hombre, la Cazadora estaba casi segura que eran de altura similar, si ella se levantase en ese lugar, por su altura, era necesario que se inclinara hacía delante para no golpearse la cabeza con el techo.

            Una vez que salió al exterior, la oscuridad y el frío seguían imperando, solo que ya no era tan profunda como cuando despertó en esa pequeña cueva que le servía como celda de confinamiento. 

            —Andando—ordeno uno de los hombres.

            Summer caminaba en medio de ambos individuos y estos se encontraban separados de la chica por un metro de distancia, por lo que hablaban un poco alto para poder escucharse. La Cazadora intentó volverse en todas las direcciones para tratar de ubicarse y descubrir el lugar en el que se encontraba, pero no podía hacerlo. ¡Ni mover los ojos podía! Lo único que alcanzaba a ver era la espalda sudorosa de uno de esos hombres y, cuando mucho y difícilmente, más celdas como la de ella a su izquierda y a su derecha, nada. A su derecha había un hueco enorme que conectaba con una caída a pisos inferiores.

            La chica, junto con los dos hombres, uno delante y otro detrás, seguían su caminata en círculos, pero la Cazadora sentía que estaban bajando.

            — ¿Con ésta cuantos animales van?—le pregunto el hombre de atrás al de enfrente.

            —Quien sabe, hace tiempo perdí la cuenta—le respondió el que iba delante—. Por cierto, ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en éste lugar?

            —Empecé hace unos meses, ¿Por qué?

            —Con que hace unos meses, ¿eh? Dime, ¿ya has visto los enfrentamientos que se llevan en la arena?

            — ¡Por supuesto! Tarde unas semanas en poder verlos, pero cuando lo hice, me parecieron increíbles. ¡Estos animales tienen buena resistencia y habilidades!

            —Opino lo mismo, por eso es una lástima que la numero 710 vaya a ese lugar, ninguno de los otros animales que ha ido, ha logrado regresar con vida.

            “¿Animales? ¿Arena de combate? ¿Numero 710? ¡De que hablan estas personas! ¿Por qué me llaman 710 y a donde me están llevando?”

            Debido a que Summer no era capaz de controlar su cuerpo y tampoco de articular palabras para preguntar a sus captores lo que estaba ocurriendo, poco a poco la angustia iba creciendo en su interior. No sabía lo que le harían, ni el lugar donde se encontraba, pero su instinto le decía que todo aquello, solo estaba a punto de volverse peor.

            — ¿A qué te refieres con que ningún otro ha regresado con vida?—inquirió confundido el hombre que iba detrás de Summer—. ¿A dónde llevamos a la 710?

            — ¿Cómo? ¿No te has enterado de lo que pasa en este  lugar?—le pregunto el que iba delante de la Cazadora volviendo un poco la mirada. Dio un leve suspiro y luego le respondió al hombre que iba detrás—. Cada tanto tiempo debemos llevar a uno o varios de estos animales al laboratorio de los alquimistas para sus pruebas. Desde hace tiempo que llevo a varias de estas bestias de pelea, pero ninguna de ellas ha regresado con vida. Sean lo que sean esos experimentos que hagan, estos animales mueren casi al instante y los que sobreviven, viven días después, pero terminan convirtiéndose en monstruos horribles y deformes y, después de esos días que te acabo de mencionar, igual terminan muriendo. Por eso digo que es una lástima, la 710 es uno de los mejores animales de pelea que hay en éste lugar.

            “¿Experimentos? ¿Animales de pelea?”

            Su mal presentimiento se empezaba a confirmar paulatinamente. Seguía sin entender muchas cosas de la conversación que llevaban esos dos hombres, pero no había nada que Summer pudiera hacer. No podía moverse ni hablar, solo podía obedecer a un cuerpo que se mandaba por sí mismo. Luego, tras reflexionar un poco en las palabras de esos individuos, es que la Cazadora finalmente se percató de un punto demasiado obvio. ¿Cómo era posible que no se haya percatado antes? ¡Aquellos dos hombres eran más altos que ella! ¿Eran acaso de la especie de los gigantes? No, no podía ser eso. Los gigantes eran una raza extremadamente difícil de encontrar y solo habitan los alrededor de las montañas rocosas más grandes. No había forma de que estuvieran cerca del Bosque Negro.

            —Ya veo. Ciertamente vi uno de los combates de la 710 y sus habilidades de pelea eran sobresalientes, ¿crees que por eso los alquimistas la quieran para sus pruebas? 

            — ¿Cómo quieres que sepa eso?—le espeto el hombre de adelante—. Nuestro trabajo consiste únicamente en limpiar las jaulas de estos animales, alimentarlos, llevarlos a que hagan ejercicio y procurar que no mueran antes de sus enfrentamientos en la arena de combate y, cuando mueren en esos lugares, debemos llevarlos con los demás cadáveres a la Habitación Apestosa.

            — ¡Esa habitación me da asco!—confirmo el individuo de atrás—. ¿Cuándo fue la última vez que tiraron la basura? El lugar está lleno de cadáveres. Muchos de ellos ya están podridos y el cuarto repleto de ratas, lombrices y demás insectos rastreros.

            — ¡Qué clase de idiota eres! No tiramos los cadáveres, los cremamos. ¿Dónde crees que habrá lugar para desechar semejante cantidad de basura sin que los ciudadanos se percaten? Una vez que la Habitación Apestosa está repleta con los cuerpos de estos animales, discretamente los sacamos de éste lugar y esperamos el momento oportuno para deshacernos de ellos.

            “¿Cadáveres? ¿Una habitación repleta de ellos? ¿Cremación? ¡En donde demonios me encuentro!”

            Sin embargo no podía moverse, hablar o actuar a voluntad, lo único que podía hacer en esos momentos, era pensar con total libertad, pero siendo esclava de un cuerpo que se controlaba solo. No tenía más opción que obedecer sumisamente a las exigencias de esos hombres y aceptar lo que sea que vaya a ocurrir en el futuro cercano. No obstante, con forme la caminata continuaba hacía abajo, un fuerte malestar comenzó a invadir los pensamientos de Summer. No sabía en qué lugar se encontraba, ni lo que pensaran hacerle una vez que llegaran, pero algo, había algo dentro de ella misma que le decía que no quería seguir adelante. ¡Algo terrible le pasaría si continuaba con el camino hacia delante!

            Aunque su cuerpo no lo demostraba, Summer hacía uso de toda su fuerza de voluntad para recuperar el control del mismo y librarse de las drogas o de la magia que hayan usado en ella para tenerla sometida de aquella forma, pero sin importar cuanto lo intento, su cuerpo continuaba sin obedecerla.

            Finalmente, tras una larga caminata por aquel oscuro, frío y rocoso lugar, es que los dos hombres llegan frente a una habitación de doble puerta que se habría empujándola hacia delante o hacía atrás. Una vez dentro, la Cazadora vio que ese cuarto era totalmente diferente a su pequeña cueva de confinamiento donde había despertado y muy distante al resto del lugar que presencio para llegar hasta allí. ¿Que era ese lugar?

            —Disculpen—dijo uno de los dos hombres—. ¿Hay alguien aquí? Trajimos a la 710 como lo pidieron.

            Tras unos segundos de silencio, los sonidos de palabras y pasos comenzaron a acercarse desde el otro lado de una puerta que había en la habitación. Esa misma se abrió y del interior, cinco hombres maduros, uno de ellos anciano, todos vistiendo largas batas blancas y con un pequeña libretita para tomar apuntes en las manos, aparecieron.

            Agradecieron el servicio de los dos hombres y luego les pidieron con amabilidad que se fueran para proceder con sus actividades, los individuos asintieron con la cabeza y luego se retiraron. Summer se había quedado sola con esos cinco hombres de bata blanca. Quieta, tranquila y siempre obediente a las órdenes, el cuerpo de la Cazadora esperaba instrucciones.

            —Muy bien, si ya todos estamos listos, procedamos donde nos quedamos con la número: 709—les dijo el hombre anciano de larga barba desaliñada al resto de sus compañeros—. Niña, has el favor de recostarte en este lugar.

            Cubierta por una manta negra al frente de su cuerpo, el hombre quito el obstáculo y revelo una pequeña cama metálica como para el cuerpo de un niño y, a los lados de la misma, había gruesos grilletes, un par para sostener los brazos y otro par para las piernas. Sea lo que sea que estuvieran a punto de hacerle a la Cazadora, esta no deseaba averiguarlo. Cada fibra de su mente consiente pensaba únicamente en escapar. Pero su cuerpo tenía órdenes de esos hombres y no podía desobedecer. Por lo que sumisamente acato las instrucciones. Con tranquilidad se recostó en la cama metálica, separo los brazos unos centímetros del cuerpo al igual que las piernas, uno de esos hombres apretó con fuerza los grilles de las cuatro extremidades para mantenerla quieta.

            Arriba de donde Summer yacía recostada, había un objeto circular que no sabía lo que era: podría ser un espejo, fue el primer pensamiento que le vino a la mente ya que ese objeto reflejaba perfectamente su cuerpo inerte en esa cama metálica. Su sorpresa fue inmensa al ver la imagen reflejada. ¡Era la imagen de una niña pequeña! ¡Esos ojos de color tan característico: ámbar, ese largo cabello verde, solo que enmarañado, revuelto y sucio! Summer se reconoció así misma diez años más joven.

            El cuerpo de la niña que se reflejaba en ese objeto era pequeño, delgado, llevaba prendas sucias y rasgadas, todo su cuerpo se encontraba cubierto por tierra y uno que otro corte, su mirada era vacía, carente de emociones o sentimientos. Parecía incapaz de procesar que lo que estaba a punto de pasarle cambiaría su vida para siempre. No había calidez humana en ese rostro de muñeca. Era solo un caparazón vacío que obedecía dócilmente cualquier mandato que se le pedía.

            —Profesor—escuchó como uno de los hombres le hablaba a otro, Summer pensó que al hombre viejo, pero ya que sus ojos estaban fijos en el objeto que tenía a unos metros sobre su cabeza, no pudo ver nada. Solo podía escuchar y sentir— con este espécimen ya van demasiadas pruebas fallidas. Les hemos inyectado a todas las demás la misma sangre y los resultados han sido desastrosos. Algunas morían casi al instante y las pocas que lo soportaron, vivían solo un par de días después de haber presentado severas mutaciones en todo el cuerpo.

            — ¿Que insinúas?—le respondió con tono desafiante el profesor.

            —Que tal vez sea momento de abandonar este proyecto y pensar en nuevas investigaciones. Los dueños de este lugar ya comienzan a cansarse de darnos más especímenes, sin mencionar que tuvimos que pagar una gran suma de nuestro dinero por la número 710, y no han visto resultados favorables. Por cómo van las cosas es solo cuestión de tiempo antes de que ellos decidan echarnos de aquí.

            — ¡Va! ¡Tú y los dueños de éste lugar son una bola de insensatos sin visión futurista! Los resultados que promete mi investigación cambiaran a la raza humana al siguiente nivel de la evolución. ¿Que ha habido fracasos? ¡Pero claro que los hay y los seguirá habiendo! Los grandes resultados siempre vienen acompañados de grandes sacrificios. Uno no puede esperar a conseguirlo todo a la primera, ni siquiera a la segunda o tercera. Hay que ser perseverantes, si lo somos, seguro que alcanzaremos nuestra meta. ¡Ahora dame la sangre! Aunque tú y el resto de mis alumnos alberguen sus dudas, algo me dice, un buen presentimiento que con esta niña, conseguiremos el primer paso a futuros éxitos. ¡Solo espera y ve!

            “¿Sangre? ¿Evolución?”

            Sea lo que sea que estuviera a punto de suceder, faltaba poco para que se realizara. Desde donde se encontraba, con la vista fija en el objeto que reflejaba su imagen sobre su cabeza, la niña pudo ver como uno de esos hombres le pasó al hombre viejo una ancha jeringa trasparente, dentro del cartucho de plástico, el utensilio estaba lleno con un espeso liquido negro. La aguja era fina y larga, el hombre viejo la sujetaba con sumo cuidado, como si aquel liquido fuera oro puro.

            El profesor se acercó a la pequeña niña con la jeringa en mano, listo para inyectarla en alguna parte de su cuerpo, pero antes de hacerlo, se detiene y le dirige unas cuantas palabras a los hombres que parecían ser sus alumnos.

            —Señores, este es el momento, puedo sentirlo. No tengo una explicación racional para decírselos pero les juro que algo, algo dentro de mí me dice que esta niña es la clave a futuros experimentos exitosos—en la voz del anciano se escuchaba un tono de júbilo, casi de éxtasis. El hombre estaba seguro de conseguir lo que deseaba con la pequeña Summer—. ¡Manténganse atentos y documenten todas las reacciones del espécimen numero 710! ¡Aquí vamos!

            “¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!”

            Pensaba con impotencia Summer que, al no poder hacer nada, no tenía más alternativa que aceptar lo inevitable. A través del reflejo que veía en ese objeto sobre su cabeza, la niña pudo ver como la larga aguja penetraba su delgado pecho y se incrustaba más a fondo. No podía moverse, pero si podía sentir la presión que ejercía esa herramienta al penetrar su cuerpo, también pudo sentir el espeso y caliente líquido entrar dentro de ella.

            —Inyectando la sangre negra de Demonio en el corazón del espécimen número 710—decía el profesor mientras sus alumnos tomaban apuntes. Tras terminar de inyectar todo el contenido, el hombre viejo y sus alumnos, se alejaron unos pasos de la cama metálica, temerosos de lo que estaba a punto de suceder. El hombre continuo—. Como en pruebas anteriores, la sangre negra tarda unos momentos en regarse por todo el cuerpo del espécimen. Las reacciones documentadas hasta ahora son las siguientes—con cada palabra que el profesor decía, sus estudiantes apuntaban rápidamente—: 1) Fuertes convulsiones acompañados de enormes gritos de dolor; 2) aceleración desmedida del ritmo cardiaco; 3) muerte o explosión del corazón por no soportar el poder de la sangre de Demonio y, en casos sumamente extraños, de los cuales ningún espécimen ha salido con vida: 4) mutación del cuerpo humano a un aspecto bestial, luego de esta fase, el sujeto entra en un estado de coma del cual ya no es capaz de salir, unos días después, el espécimen muere y su cuerpo permanece en el estado cambiado.

            Justo como lo había dicho el profesor, unos segundos transcurrieron sin que se produjera algún cambio notable, de pronto, Summer abrió grandes los ojos y comenzó a moverse con una violencia aterradora. Su corazón palpitaba a una velocidad alarmante y se escuchaba como si alguien tocara con gran fuerza un enorme tambor de guerra. Lo único que apartaba el sonido del órgano eran los constantes gritos desgarradores que Summer estaba proclamando. Los grilletes en manos y piernas eran lo suficientemente fuertes y resistentes para tolerar sus embestidas furiosas. Su cuerpo se arqueaba todo lo era posible mientras sufría violentas sacudidas.

            Los hombres maduros, así como el anciano profesor, retrocedieron alarmados todo lo que la habitación les permitía. Se quedaron en los extremos viendo como la niña se arqueaba peligrosamente tratando de zafarse de sus amarraduras al mismo tiempo que proclamaba violentos gritos que lastimaban los oídos de todo aquel que los escuchaba. De pronto, para asombro de los adultos presentes, algo impresionante, fuera de todas las predicciones de esos alquimistas, comenzó a ocurrir.

—    ¡Profesor, el espécimen!—grito alarmado uno de sus pupilos.

— ¡Si! ¡Lo veo!—el profesor mantenía una sonrisa alegre en los labios—. ¡Esta funcionando! ¡Rápido, anoten todo lo que estamos presenciando! ¡Que no les falte nada!

            Los alquimistas miraban, algunos, como el profesor, maravillados con lo que su obra producía en esa niña, mientras que otros, presenciaban la escena con profundo terror a lo desconocido.

            Summer se encontraba aun arqueada, con manos y piernas inmovilizadas, gruñendo salvajemente con una fuerza violenta, en algún punto de sus constantes gritos desgarradores, su voz se había vuelto mucho más gruesa y ronca, pesada y siniestra. Luego, mientras continuaba proclamando alaridos, su cuerpo entero empezó a despedir un vaho negro, una pequeña cortina de humo que emergía de la piel de la niña. Pese a estar en una habitación completamente sellada de ventanas y con las puertas cerradas, dentro parecía que una feroz tempestad se había originado, pues los cabellos de esos hombres, así como la larga barba desaliñada de ese profesor, se sacudían con violencia. Finalmente, para terminar con el exabrupto de Summer, la niña siguió en su esfuerzo por liberarse de las cadenas de acero que la retenían y, para asombro del profesor y terror de sus alumnos, la pequeña niña había podido zafarse del lado izquierdo usando puramente la fuerza bruta. Los resistentes grilletes de acero habían cedido a su fuerza superior. Luego siguió el lado derecho y para terminar, las cadenas que amarraban sus piernas.

            Uno de los alumnos del profesor miro rápidamente la esfera que servía como espejo que yacía suspendida sobre la cabeza de la infante a unos metros de distancia y allí, el hombre observó espantado como el color de los ojos de la niña había cambiado drásticamente. Sus orbes que antes eran de un característico tinte ámbar, ahora eran de un brillante color rojo, con las pupilas negras y rasgadas verticalmente y, lo más impresionante, la esclerótica había pasado de ser blanca, a adoptar un intenso color negro.

            Lo que esos alquimistas no sabían, es que lo que desprendía el cuerpo de Summer no era viento, ni mucho menos humo negro, sino una potente concentración de energía que era visible al ojo humano gracias a la acumulación desmedida de la misma. La sangre de Demonio había despertado a la fuerza los poderes espirituales que Summer poseía y, si no se le controlaba, la niña terminaría por agotarlos todos, provocando así su muerte.

            Después de varios minutos que supusieron horas para los implicados, el vaho que despedía el cuerpo de Summer comenzó amainar paulatinamente; sus brazos, los cuales se encontraban hasta el momento estirados lo más que eran posible, se relajaron al igual que sus piernas y, como si nada hubiese pasado, se hizo el silencio y la calma regreso al pequeño laboratorio. La numero 710 se quedó callada y tranquila sobre la cama metálica con los ojos cerrados. Los alumnos, temerosos de otro salvaje despertar, no se animaron a aproximarse a la niña, el único con la valentía suficiente fue el viejo profesor que, al acercarse, le tomo sus signos vitales y luego procedió a examinar su respiración. Al momento de comprobarlo todo, una gran sonrisa se dibujo en sus viejos labios, se volvió hacía sus estudiantes y con júbilo les dijo:

            — ¡Es un éxito! ¡La numero 710 ha logrado soportar la conversión y su corazón no se rindió ante el poder de la sangre de Demonio! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ¡Ah, ese buen presentimiento me lo decía! ¡Esta niña, este espécimen, es el primero de futuros éxitos! ¡Con esto, la especie humana no solo se volverá mucho más fuerte, sino que también más rápida, inteligente y resistente al pasar del tiempo!

            El profesor estaba que no soportaba la alegría de haber tenido su primer gran éxito en su campo de investigación. Tras tantos fracasos, tras tantas perdidas y desconfianzas por parte de sus semejantes, ahora, esa niña era la prueba viviente de que era posible mezclar sangre de Demonio con sangre humana para lograr un tremendo fortalecimiento en las capacidades humanas. Mayor fuerza, inteligencia, resistente al tiempo y al clima, capacidad de adaptación, un sin numero de posibilidades se habrían ante los ojos de ese anciano alquimista. Creyó haber encontrado, en la sangre negra de esos temibles seres de la oscuridad y en la sangre roja de los humanos, su piedra filosofal. Aun incompleta, repleta de fallas, pero allí estaba, al alcance de sus arrugadas manos, solo faltaba pulirla, limpiarla, buscar sus verdaderas capacidades y entonces… ¡La perfección! 

            El anciano, más que un hombre intelectual y de avanzada edad, parecía un niño bailando en su primera fiesta de cumpleaños. Tan absorbido estaba por su éxito que no se percato de las miradas llenas de desconfianza y terror con la que sus pupilos miraban a la numero 710. Todos ellos, al parecer, los alumnos y no el maestro, vieron como los ojos de la niña se habían tornado rojos como la sangre y, como dentro de su boca, los que eran unos pequeños dientes infantiles, se volvieron repentinamente largos colmillos amenazantes, sin mencionar la sorprendente fuerza bruta que, si fue capaz de doblegar el acero como si fuera plástico, ¿Qué haría con los miembros humanos?

            Una vez pasado el júbilo, el anciano alquimista hablo con alegría.

            — ¡El experimento fue todo un éxito!—les decía a sus pupilos, aun sin percatarse de la desconfianza marcada en sus semblantes—. ¡El primero de muchos! Lleven a la número 710 a que descanse apropiadamente y no dejen de monitorearla, quiero un reporte del más mínimo cambio.

            Los estudiantes obedecieron las instrucciones de su maestro y llevaron a la pequeña niña que yacía inconsciente por el enorme desgaste de energía, a una habitación mucho más cómoda que la pequeña y sucia celda de piedra donde había despertado ese día.

 

 

El Troll llamado, Azag veía desde la  distancia como debajo de la Cazadora, un charco de sangre se formaba. Sonriente y satisfecha de su victoria, le habla a los pocos soldados que le quedaron tras la batalla.

            —No fue tan divertido como lo esperaba—les dijo en la lengua de los Troll— pero algo es algo.

            — ¿No se quedara con la cabeza?—le pregunto uno de sus esbirros. Sus tropas sabían que a Azag le gustaba coleccionar trofeos de batalla pasadas.

            —No lo vale—le respondió con indiferencia—. Solo colecciono trofeos que hayan sido difíciles de conseguir, los fáciles los dejó allí tirados a que se pudran.

            —Si es así, mi señora, ¿nos la podemos comer?—le pregunto otro de sus esbirros en la lengua de los Troll.

            —Hagan lo que quieran.

            Los Trolls festejan ante la posibilidad de disfrutar comida aun calientita. Los pocos sirvientes que le quedaron a Azag se acercaron lentamente a la humana, disfrutando con el olor a sangre fresca que yacía desparramada debajo de la joven. No obstante, ninguno de ellos se había dado cuenta que mientras hablaban, el corazón de la Cazadora que, ya debió de haberse dado por vencido, continuaba latiendo normalmente y con cada palpitar, el corazón se hacía escuchar más fuerte y rápido.

            Del cuerpo inerte de la Cazadora, un vaho oscuro comenzó a emerger y la enorme herida que Azag le provoco a Summer empezó a borbotear gotitas de sangre negra. A continuación, el corte que el Troll le había provocado comenzó a sanar a gran velocidad, así hasta cerrar la herida como si nunca la hubiese tenido.

            Cuando las tropas de la líder de los Trolls se acercaron lo suficiente para degustar de su platillo, estos se llevaron una gran sorpresa al ver el estado del cuerpo de la humana. ¡Había sufrido una metamorfosis! El lado izquierdo de su cuerpo se había transformado en lo que parecía ser un monstruo de piel negra; su ojo se tiño de rojo y negro, lanzó un terrible rugido bestial que resonó por los cielos, atrayendo la atención de Azag. Al momento de advertir la presencia de enemigos, con un movimiento increíblemente rápido de su brazo izquierdo, una ráfaga de energía horizontal salió despedida cortando a los pocos siervos de Azag por la mitad; el ataque de energía había sido tan poderoso que, aun después de cortar a los Troll, la energía siguió su curso y de no haber saltado cuando lo hizo, Azag hubiese corrido con la misma suerte que sus esbirros y que algunos árboles detrás de ella.

            Summer se levanto encorvada, gruñendo como un animal salvaje ante la presencia de un enemigo y, como los perros salvajes, enseñando los afilados colmillos. La mitad izquierda de su cuerpo había adoptado una apariencia bestial de tinte azabache, su brazo se había alargado y ensanchado, su mano se convirtió en una afilada y gruesa garra que hubiesen ridiculizado a las de cualquier animal salvaje y, veía con una mirada repleta de sed de sangre a su oponente.

            Antes de iniciar su ataque, Summer proclamo un poderoso rugido en la dirección del único Troll que quedaba. Azag fue golpeada por una fuerte corriente de viento que logro soportar al cruzar los brazos al frente de su cuerpo y aferrando ambos pies al suelo. Cuando la nueva bestia término de rugir, se disparó a una velocidad alarmante contra Azag, ésta logro percibir la enorme sed de sangre que se aproximaba, por lo que desenvaino ambas espadas con gran velocidad y logro detener la enorme y afilada garra izquierda de Summer.

            Una vez que su ataque fue detenido por la gran fuerza del Troll, Summer seguía enseñando los colmillos y rugiendo amenazadoramente mientras la baba se le caía de las fauces. Usando su nueva y mejorada velocidad, desapareció de donde estaba; Azag la había perdido de vista pero, al instante, la incontrolable sed asesina que Summer sentía en esos momentos, la volvía tan llamativa como la brillante luna en la noche más oscura.

            Azag se volvió hacia arriba y allí, la Cazadora caía con su garra izquierda lista para arremeter el terrible golpe, el Troll pensó rápidamente y llego a la conclusión de que no podía bloquear ese ataque, por lo que opto por la opción más sensata. Salto a un lado para evitar el poderoso impacto de Summer que, al chocar contra el suelo, provoco un cráter de varios metros de diámetro y profundidad. El polvo y la tierra lo cubrían todo como la neblina de esa Bruja antes de llevarse a los humanos.

            Azag, con espadas en mano, trataba de retirar la cortina de tierra y polvo lanzando estocadas rápidas al aire. Se volvía a todos lados, alarmada y preparada para otro temible ataque de pura fuerza bruta. Cuando de pronto, de entre la cortina de polvo salió disparada como bala de cañón, la Cazadora que en esos momentos era controlada por una irrefrenable sed de muerte y sangre. El Troll intento cortar por la mitad el cuerpo transformado de la humana, sin embargo, Summer había logrado detener los brazos de su oponente antes de que se conectara el golpe. Ahora los dos oponentes estaban uno frente al otro, separados por escasos centímetros de distancia.

            En esos momentos, el aspecto temible del rostro deforme de Azag era eclipsado por el semblante tenebroso y perturbador de la Cazadora. Si bien la cara del Troll era verde, de larga nariz puntiaguda, orejas largas, ojos profundos y hundidos en sus cuencas; el rostro de Summer, siendo la mitad derecha humana y la mitad izquierda demonio, resultaba horripilante a la imaginación humana. Tan profundo fue el cambio en el cuerpo de la joven que hasta el tinte de su largo cabello sufrió una transformación, siendo la mitad izquierda negra y la derecha conservaba su color original: verde oscuro.

            Empleando a fondo su bestial fuerza bruta, Azag intenta librarse del agarre de la Cazadora, pero por más que se estiro no fue capaz de moverse ni un centímetro y, recordando las palabras previamente dichas por el Troll: “Que lastima, si hubieses tenido un poco más de fuerza, esa patada en verdad me hubiese puesto en aprietos”, es que Summer le vuelve a plantar a ese Troll una patada directo en el abdomen cuadrado que ese ser poseía. La fuerza del golpe fue tan intenso que al momento de recibir el impacto, los ojos de Azag se tornaron rojos y amenazaron salirse disparados de sus cuencas. Inmediatamente, la bestia de color verde comenzó a vomitar sangre desmedidamente. Y, con una última patada directa en el mentón, utilizando la fuerza superior de su pierna izquierda, es que el Troll sale disparado varios metros al aire con varios de sus colmillos rotos. La Cazadora le da alcance al dar un impresionante salto vertical, y una vez que lo tuvo cerca, le planto un tercer golpe con lo que lo mando directamente a tierra.

            Azag se estrelló contra el duro suelo de roca, provocando que su silueta se quedara grabada en la tierra. Un segundo después de su aterrizaje, la Cazadora cayó a un metro de donde había caído el Troll. El familiar de la Bruja, apretando con fuerza los colmillos que le quedaban, con vestigios de sangre roja en las comisuras de los labios, reprimiendo los deseos de gritar y tratando de no mostrar el dolor que lo embargaba en esos momentos, hace un esfuerzo increíble por levantarse. Sus piernas le temblaban y su respiración se volvió entrecortada; al final logro incorporarse, solo que cansada, adolorida y encorvada.

            Con su cuerpo gravemente herido por los tres golpes de la Cazadora, es que el Troll le echa una profunda mirada a su oponente. La mitad derecha de Summer seguía siendo humana: su cabello continuaba siendo verde oscuro, su ojo era de iris color ámbar, su esclerótica blanca y de pupila negra y circular, poseía un brazo y una pierna; mientras que del lado izquierdo, el lado más próximo al corazón, la apariencia de su rostro se había convertido en la de un demonio, su brazo se alargó y se tiño de negro, más que un brazo humano parecía el miembro de alguna clase de monstruo salvaje, su cabello se tiño de negro y su pierna izquierda adopto una forma bestial. Era un cambio impresionante y, lo que más amedrentaba al Troll no era la apariencia física que la Cazadora había adoptado, sino la poderosa presencia y sed asesina que había despertado dentro de ella. En su larga vida de bestia guerrera, Azag nunca presencio un humano con aquellas capacidades.

            — ¿Qué cosa eres tú?—le preguntó reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban.

            Fue entonces que la parte monstruosa de la Cazadora decidió ponerle fin a la batalla de una vez por todas. Alargó su brazo izquierdo y delante de éste, una cortina de humo negro empezó a emerger y ésta a tomar la forma de una larga guadaña de cuchilla larguísima y curvada. Summer había invocada su Arma Espiritual, solo que esta era ligueramente diferente a la anterior. La primera poseía doble cuchilla curvada en cada extremo de la hoz y las puntas de la hoja apuntaban a una dirección contraria. La guadaña que la parte monstruosa de Summer invocó era casi idéntica, solo que el cuerpo era más largo y delgado, la hoz tenía una única cuchilla mucho más larga que la anterior y el arma en su totalidad era de color negro.

            Al momento de ver el arma de la Cazadora en sus manos, el Troll sabía que su momento había llegado. Su cuerpo se encontraba herido tras recibir tres golpes por parte de su adversario, mientras que las heridas de su oponente, habían sanado al instante de levantarse.

            — ¡Ah, ya lo recuerdo! Ahora entiendo porque la presencia que emanabas se me hacía tan familiar y al mismo tiempo tan diferente. Dentro de tú cuerpo, corre sangre demoniaca—una vez que afirmo un dato que llevaba momentos inquietándola, es que Azag comienza a reírse quedadamente—. Parece que pude vencer a la mitad humana, pero la mitad demoniaca termino por derrotarme. Al final, no perdí contra un humano, sino contra la fuerza desmedida de un Demonio. 

            Riéndose en sus últimos momentos, la cabeza de Azag se desprende de su cuerpo tras haber sido cortada por una ráfaga de energía horizontal que disparó el arma de la Cazadora. Después de unos segundos, el cuerpo cae hacía atrás carente de vida.

            La Cazadora soltó la larga guadaña negra y, proclamando un tremendo rugido a los cielos, la joven cae hacía atrás con ambos ojos cerrados. Poco a poco, la transformación en demonio iba perdiéndose y las facciones humanas de Summer regresaban paulatinamente.

 

 

— ¡Erta…!—escucho una voz en la profunda oscuridad que la invadía.

            — ¡Pierta…!—ahora no solo la escuchaba, sino que también sentía como su cuerpo era sacudido violentamente.

            “¿Que…? ¿Qué es ese ruido?” Pensó con somnolencia la joven de cabellos verdes.

            — ¡Despierta, éste no es un lugar para dormir!—dijo la voz masculina a la chica que yacía tendida frente a él en el suelo.

            “Alguien… Alguien me está llamando. ¿Quién es?”

            Cansado de gritarle a la chica y de sacudirla con fuerza, es que el hombre decide ponerle un poco más de fuerza a sus acciones, levantando la mano derecha, agarró vuelo y luego le estrelló la palma del mismo brazo en el cachete izquierdo de la Cazadora. Al instante la joven abrió sus llamativos ojos color ámbar, se sujetó el cachete que se había teñido de rojo y luego se alejó arrastrándose en el suelo mientras reprimía las lágrimas en los ojos.

            — ¿Cuál es tu problema?—le grito la joven con el cachete rojo y unas cuantas lágrimas en los ojos—. ¡Eso me dolió!

            Summer finalmente había reaccionado. El hombre que la veía era nada más y nada menos que el capitán de la compañía, Rudolph Strauss, quien tras finalmente levantarla, puso una cara de cansancio en el rostro.

            — ¿Cuál es mi problema?—repitió las palabras de la Cazadora—. ¡Tú te quedaste dormida en pleno campo de batalla! ¡Imagínate mi sorpresa al regresar, ver esos cuerpos muertos de monstruos y luego encontrarte a ti, tirada en el suelo roncando como si nada estuviera pasando! Por un segundo creí que estabas muerta.

            Summer intentó levantarse, pero cada vez que reunía sus fuerzas en ambas piernas, estas terminaban temblando momentos antes de tirarla al suelo. No le dolía tanto, pero le costaba reunir sus energías en esos miembros de su cuerpo, sobre todo en la pierna izquierda, por alguna razón, su pierna y su brazo, los sentía especialmente pesados y temblorosos.

            Al ver sus inútiles intentos por incorporarse, Rudolph camina hacía la Cazadora, le pasa un brazo por la cintura, mientras que el brazo derecho de la joven rodea la nuca del hombre y, de ésta forma, la ayuda a levantarse.

            —Gracias—le dijo al hombre con tranquilidad.

            —No hay problema, ahora vayamos por tú compañera. ¿Crees que siga viva?

            Al evocar la imagen de la Cazadora, por alguna razón Summer se la imaginó sonriendo sobre una pila de cadáveres que ella misma amontono para coronarse sobre la misma. Si había una persona en ese bosque que le preocupara menos, esa era Yura. No porque la odiara, es decir, el carácter tan especial del alter ego de Jessenia no terminaba de agradarle, es más, la veía como una especie de perro rabioso que siempre tiene hambre y que está al borde de lanzarse contra cualquiera por el más nimio de los motivos. No. Lo que le preocupaba era la seguridad del cuerpo de Jessenia, pero ya que en esos momentos se encontraba en posesión de Yura, la joven de cabello verde imagino que estaría bien.

            —Ella es la que menos me preocupa. ¿Qué paso con la princesa y con tus hombres? ¿Dónde están?

            —Bueno, pues… Paso lo siguiente—mientras Rudolph ayudaba a la Cazadora a moverse, es que le cuenta la historia de cómo logro librarse del encantamiento de la Bruja y dirigir a sus compañeros a la salida del Bosque Negro.

            En sí misma, la historia es muy corta y sería la siguiente:

            “Iba caminando por el bosque como todos los demás, cuando de pronto, algo comenzó a parecerme muy, muy extraño. Mi mente se sentía liguera y dispersa, es decir, se me dificultaba concentrarme en algo. Sin embargo, conforme seguíamos andando, me percate que el camino que la Bruja había tomado era el incorrecto, esa no era la ruta para salir del Bosque, sino para adentrase más a fondo. La Bruja tomo tu apariencia y hasta hablaba igual a ti, solo que le fallo el largo del cabello y tenía información que tú misma me aseguraste no tener. Al juntar las piezas di con la conclusión de que ella no podría ser tú. Luego recordé la neblina de antes, en esos momentos, mi mente se sintió más liguera y yo me sentí algo adormilado. Aun ignoro porque su magia funciono con los demás y fallo conmigo. Pero en fin, cuando fui consciente de que no podía despertar a mis amigos de ese embrujo, es que decidí esperar por la oportunidad perfecta. Tras caminar otra distancia, esa única oportunidad se me presento. La Bruja, disfrazada de ti, quería que entráramos a una caverna subterránea. La princesa y mis hombres, entraron sin el menor inconveniente y sin sospechar de los peligros que podrían aparecer allí abajo. Yo fui el último en entrar y, gracias a que la Bruja estaba segura de su victoria sobre nuestras mentes o, por la confianza que tenía en sus poderes mágicos; el Ser Oscuro nos dio la espalda para asegurarse que nos internáramos profundamente en aquella cueva. En cuanto la tenía a tan pocos metros de distancia y, consiente que esa iba a ser mi única y última oportunidad, desenvaine mi espada lo más rápido que pude y con único golpe certero, atravesé el corazón de esa falsa Cazadora. La Bruja apenas tuvo tiempo de advertir el peligro y, cuando al fin lo hizo, ya era tarde, pues mi arma ya la había atravesado. Mientras la boca se le llenaba de sangre, intente articular algunas palabras que no logre entender y luego cayó muerta hacía delante. Unos segundos después, la magia que usado en nosotros se fue debilitando y mis compañeros, así como la princesa, despertaron de ese embrujo. Les di instrucciones rápidas y entonces los guie fuera de esa caverna, pasamos junto a la Bruja que yacía sobre un charco de su propia sangre, recupere mi espada y, a toda prisa, abandonamos aquella zona, así hasta salir del bosque.”

            Ahí termino la narración de Rudolph. Mientras el hombre ayudaba a la Cazadora a caminar, le contó esa historia que la chica escucho atentamente. La joven se impresiono por la buena suerte del caballero y lo felicito y, al igual que Rudolph, Summer se encontró extrañada de que la magia de esa Bruja no lo haya afectado como a los demás, causa que hasta el momento, ninguno de los dos supo explicar. Sin embargo, la razón era muy simple. El encantamiento que esa Bruja había utilizado en los humanos provocaba que la mente se relajara y evitara concentrarse, al mismo tiempo que llevaba a quienes eran afectados por el embrujo, a crearse ellos mismos, una feliz y alegre fantasía imaginaria que los mantuviera contentos y dichosos, de esa forma, ninguno de los humanos pondría en duda la veracidad que ocurría a su alrededor. No obstante, el enojo, la rabia, la decepción y frustración  que Rudolph sentía hacía su persona y hacía los demás, sirvió como un escudo para protegerse de algunos efectos de la magia de la Bruja, por lo que logro liberarse tras relajarse un poco.

            — ¿Y qué hay de ti?  ¿Por qué estabas dormida en mitad del campo de batalla?

            Summer no sabía que responder. Se recordaba así misma llegando en ayuda de los demás, peleando contra los Troll, sin embargo, en algún punto de la batalla, la Cazadora llegaba a una imagen completamente negra. Había una fracción que no lograba recordar. ¿Cómo derrotó a los Troll que le faltaban? No lo sabía.

            — ¿No tengo nada en la cara o en el cuerpo?—la pregunta extraño a Rudolph que, tras escucharla, observo con atención el semblante de la joven, así como su torso. No había nada inusual, salvo que su ropa yacía cortada diagonalmente. El corte empezaba desde su hombro izquierdo, hasta donde comenzaba la cintura del lado derecho, salvo que sus prendas estaban arruinadas, no podía percibir ningún daño físico en la chica. Las heridas que Azag le provoco en el rostro y, el enorme corte en su torso, habían sanado rápidamente gracias a los efectos secundarios de la sangre negra que corría dentro del cuerpo de Summer.

            —No tienes nada, ¿Por qué preguntas?

            —No lo sé muy bien, pero tengo la sensación de que debería estar muy mal herida del rostro y del cuerpo, pero no siento nada en esos lugares, ni siquiera un leve dolor. La verdad no lo entiendo, pero no puedo recordar nada de esa pelea. Ni siquiera como termine dormida. ¿Cuánto tiempo te tardaste en salir del bosque y regresar?

            —No lo sé, pero creo que si me tarde un poco.

            Todo aquello, la falta de recuerdos de Summer y, la inexplicable resistencia de Rudolph a la magia de esa Bruja, eran incógnitas que, de momento, no podían ser respondidas, por lo que la Cazadora cambio de tema.

            —Por cierto, había querido decírtelo pero…, yo, lamento mucho lo que te dije antes—el hombre no entendía a qué se refería la joven, por lo que Summer aclaró—. ¡Si! Cuando te dije que serías un estorbo para mí si te quedaras. Lamento mucho si herí tus sentimientos.

            —Eso ya no importa—respondió rápidamente el hombre—. Tú tenías razón. De haberme quedado, probablemente hubiera conseguido que nos mataran a los dos. Al fin me di cuenta que en este mundo, hay muchas formas de luchar y que no todos los oponentes que haiga, son para uno mismo.

            Ambos compañeros siguieron adelante cuando de pronto, Summer se quedó petrificada. La chica se había quedado quieta repentinamente y con los ojos muy abiertos mirando directamente al frente. ¿Qué era aquella tenebrosa sensación que la había invadido tan de repente? A unos metros más adelante, se podía sentir el frío y el hedor de la muerte. Un gélido escalofrió había recorrido sus piernas, su espalda y se había quedado clavado en la cabeza. La presencia que se sentía más adelante era terriblemente fuerte y excesivamente violenta; la sed de sangre y destrucción que la chica podía sentir más adelante resultaba aterradora. Era como sentir el hambre insaciable de un enorme monstruo.

            Tras unos segundos, la chica se recuperó de su estupor, trago saliva e ignoro las gotas de sudor que se formaron en su frente y resbalaban por los lados de su rostro. Rudolph le pregunto qué ocurría, pero la Cazadora se limitó a negar con la cabeza y ambos siguieron adelante. Una vez que llegaron a donde Yura se encontraba, ambos quedaron mudos de la impresión al ver la impresionante destrucción que se había llevado a cabo en esa parte del Bosque. Árboles destruidos, otros partidos por la mitad, había decenas de cráteres y grietas en la tierra y, lo más impresionante de todo, eran las decenas de cadáveres de monstruos que yacían desparramados por doquier. Aquella pelea había sido una tremenda carnicería, pues el suelo estaba repleto de sangre, intestinos de monstruos, con partes mutiladas de bestias por aquí y por allá. El hedor era tan increíble que tanto la Cazadora como el caballero de la princesa tuvieron que taparse tanto la boca como la nariz con las manos. Y, para terminar la descripción, en el centro de esa brutal carnicería, bajo la luz de la deslumbrante luna y, parada con la vista puesta en el cielo y con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro y, sosteniendo una cabeza con la mano derecha, la compañera de Summer, Yura, sonreía con satisfacción mientras toda su indumentaria se encontraba impregnada de sangre.

            Al sentir sus presencias, la chica se vuelve para encontrarse con la Cazadora y con el caballero. Al momento de verle el rostro, ambos se percataron que Yura tenía la mitad de la cara empapada en sangre que aun goteaba. La joven perdió la sonrisa, los mira con sus profundos, oscuros y dilatados ojos azules y, con tranquilidad les dice lo siguiente:

            —Aun no estoy satisfecha. 

Notas finales:

Hasta la proxima. 

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