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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡VAYA! AHORA SI QUE ME TARDE EN PUBLICAR. CREO QUE ES LA PRIMERA VEZ, DESDE QUE EMPECE A ESCRIBIR EN ESTA PAGINA, QUE ME HE TARDADO TANTO EN ACTUALIZAR LA HISTORIA. LES PIDO DISCULPAS A LOS LECTORES QUE ME HAN SEGUIDO HASTA ESTE CAPITULO, PERO ES QUE HE ESTADO OCUPADO Y LA VERDAD, NO ME DECIDÍA POR ESTE CAPITULO. 

 

POR LO QUE LES PIDO LO SIGUIENTE, DIGANME QUE LES PARECE ESTE CAPITULO EN LOS COMENTARIOS, CUALES SON SUS IDEAS DE LO QUE PUEDE PASAR EN CAPITULOS FUTUROS Y CON RESPECTO A LOS OTROS ARCOS DE LA HISTORIA, QUE LES HA PARECIDO ESTE, ME PARECE QUE DE TODOS LOS ANTERIORES, HA SIDO EL MÁS LARGO.

 

POR LO QUE LES PIDO SU HONESTA OPINION. 

SIN MÁS POR EL MOMENTO, ESPERO Y DISFRUTEN DE ESTE CAPITULO. LES DIGO DE UNA VEZ QUE EMPEZARE A ESCRIBIR LA HISTORIA DESDE EL ARCO DE CENTRAL, YA QUE AHI ME QUEDE Y NESESITO COMPLETAR LA HISTORIA HASTA ESTE PUNTO, QUE ES HASTA DONDE VA. 

 

GRACIAS POR LEERLE :) :) 

Unas horas antes…

            — ¿Qué…? ¿Qué fue lo que pasó?—dijo uno de los hombres que escoltaba a la princesa Ariana.

            — ¿Dónde estamos?—dijo otro mientras se sujetaba la cabeza y miraba en todas direcciones tratando de ubicarse—. ¿Por qué me duele la cabeza?

            La compañía de nueve hombres y la bella princesa se encontraban dentro de una cueva que descendía a pisos inferiores. No habían penetrado mucho, a decir verdad, estaban a tan solo unos metros de la entrada del lugar. Unos pocos rayos de la luna se asomaban por entre las nubes y las ramas muertas de los árboles, proveyéndoles de un poco de luz para guiarse y reconocerse.

            — ¿Están todos bien?—preguntó una autoritaria voz masculina. Al escucharla, los nueve caballeros y la única mujer se vuelven para mirar al hombre que yacía parado en la entrada de la cueva con espada en mano y con la hoja de la misma ensangrentada—. ¿Ya despertaron?

            Los nueve y la princesa se veían desorientados, confundidos y veían al hombre con una extraña mezcla de asombro y confusión, como si ninguno de ellos fuera capaz de recordar que estaban haciendo en ese bosque y, al mismo tiempo, sorprendidos de haber despertado de una especie de letargo.

            — ¡Rudolph!—exclamó con alegría la princesa Ariana. Al ver al hombre parado en la entrada de la caverna, su memoria había regresado casi inmediatamente, recordó el lugar donde estaba y el porque estaba allí, lo único que todavía ignoraba, era porque ella y sus hombres estaban precisamente en esa oscura cueva. Ya sea por impulso o por un deseo irrefrenable de su corazón, al momento de recuperar la conciencia y ver al caballero de pie a unos metros de ella, la joven doncella corre hacía él y le da un fuerte abrazo. Los nueve hombres aun se veían confundidos y con caras desorientadas, en esos momentos, solo Rudolph y Ariana sonreían mutuamente—. ¿Qué fue lo que nos paso? ¿Dónde estamos?—inquirió la princesa.

            Ya que no tenían mucho tiempo, pues Rudolph temía que en el bosque aun hubiera criaturas peligrosas o más Brujas vigilantes, es que decidió contarles rápidamente a sus hombres y a la princesa, todo lo que había pasado desde la llegada de Summer al campo de batalla. Mientras hablaba, paulatinamente, cada uno de los hombres de la compañía fue recuperando las memorias suprimidas a causa de la magia de la Bruja y a recordar porque estaban en ese bosque y cual era su misión. Al termino del relato, todos los hombres y la princesa, fueron consientes del perverso maleficio del Ser Oscuro.

            — ¡Es por eso que no tenemos mucho tiempo!—continuó hablando el líder de la compañía—. ¡Debemos salir de este bosque ahora que podemos, las Cazadoras que vinieron con nosotros están ahora mismo peleando contra las Brujas que controlan este bosque! ¡Esta es nuestra oportunidad de salir!

            Ninguno de los hombres dudo un segundo ante la orden de Rudolph. Los diez hombres y la única mujer se apresuraron para salir del Bosque Negro, consientes del peligro que correrían si todos volvieran a caer bajo el hechizo de una Bruja o se toparan con otra horda de monstruos.

            Rudolph, sin soltar la mano de su princesa, corre rápidamente, dirigiendo a sus hombres por el camino correcto mientras pensaba en las dos Cazadoras que se habían quedado luchando y, tras meditarlo por varios minutos, es que una vez que los once humanos salen del Bosque, el líder de la expedición se propone regresar por las dos chicas, negándose rotundamente a dejarlas morir solo para que ellos, un grupo de hombres, completaran su misión. Simplemente no lo permitiría.

            Tan pronto como su líder les hizo saber su resolución, las protestas estallaron en boca de sus hombres, negándose rotundamente a dejarlo volver y menos tras escuchar la historia sobre como todos ellos fueron abducidos por la magia de una sola Bruja. ¿Cómo podrían dejarlo regresar? Sin la necesidad de pelear y sin haberse percatado, todos los hombres fueron fácilmente controlados mediante poderes mágicos, estaba más que claro que los humanos ordinarios no podían hacer casi nada contra los poderes oscuros de las Brujas.

            — ¡No hagas locuras, Rudolph!—le dijo uno de sus hombres más confiables y amigo intimo del líder—. Ellas son Cazadoras de un Gremio, están entrenadas para manejar esta clase de situaciones, si tú vas, ¿Qué podrías hacer? Recuerda lo inútiles que fuimos cuando esos monstruos aparecieron, de no ser por la Cazadora, seguramente ya estaríamos muertos, sin mencionar que una Bruja logro controlarnos a todos, ¡y sin darnos cuenta! ¡Eso podría pasarte a ti también! Nosotros tenemos un trabajo que hacer, espero que no lo hayas olvidado. Llevar a la princesa Ariana al reino de Before para se case con el príncipe de ese reino y así dar por terminada esta larga guerra que ya ha cobrado miles de vidas por ambos lados. ¡El rey William te eligió a ti por ser el mejor de todos nosotros! Nuestro deber como caballeros es obedecer las órdenes de nuestro rey.

            — ¡Que clase de caballeros seremos si abandonamos a nuestras compañeras a su suerte!—protestó Rudolph—. No les pediré que entren conmigo una vez más, mis órdenes como su líder es que sigan adelante, lleven a la princesa al reino de Before, una vez que haya encontrado a las Cazadoras, iremos detrás de ustedes, esperen por nosotros dentro del reino.

            — ¡Pero…!—intentó protestar uno de los caballeros.

            — ¡Es suficiente!—para sorpresa de todos los presentes, quien había acallado la acalorada discusión fue nada más y nada menos que la joven princesa, Ariana—. Es suficiente—la princesa se acerco a Rudolph hasta tenerlo a una distancia muy corta; los hombres creían, que siendo obvio para muchos el enamoramiento de la joven princesa para con el guerrero, ésta le pediría que los siguiera, que creyera en la fuerza de las Cazadoras y que creyera que regresarían sanas y salvas. No por un acto egoísta, sino que al estar enamorada del caballero, como muchos en el reino de Dragma lo sabían, puesto que la princesa era tan fácil de leer como un cuento infantil, ella pensaría en la seguridad de Rudolph y por eso le pediría que desistiera de su idea de regresar al interior del bosque, por lo que su resolución final, fue una sorpresa para más de uno—. Ten mucho cuidado allá dentro, te estaremos esperando en el reino de Before.

            Ambos se sonrieron con confianza y seguridad, ignorando las protestas de los otros caballeros, pero basto con una orden de la princesa para acallarlos a todos. De mala gana, los nueve hombres aceptaron la decisión de Rudolph de regresar por las Cazadoras, pero no le guardaron rencor ni a él ni a la princesa, es más, lo admiraban por haber llegado a esa resolución. Rudolph era famoso dentro del reino de Dragma por no abandonar a sus compañeros y por hacer hasta lo último por el bienestar de su gente, inclusive anteponiendo su propia vida. Muchos creían que él era capaz de sacrificar su vida si con eso salvaba a uno de sus amigos o compañeros. Ese aspecto de él lo volvía alguien admirable a los ojos de los otros caballeros. Si se negaban a dejarlo ir no era por egoísmo, sino que todos los hombres sentían el peligro real dentro de ese bosque, todo ellos habían llegado a la conclusión, aun sin haberlo comunicado en voz alta, que lo que pasaba dentro de ese oscuro lugar, estaba muy por encima de sus capacidades y el miedo de perder a tan noble guerrero, a tan buen amigo, los hacía rechazar su decisión de regresar por las Cazadoras.

            Al final, con una última orden a sus hombres, Rudolph regreso al Bosque Negro. Ariana lo veía no con los ojos de una joven enamorada, sino con los ojos de una mujer que veía la firme resolución de un hombre admirable. Ella creía, firmemente, aun cuando no contaba con ningún fundamento, que él regresaría sano y salvo. Así como él tenía algo que hacer y no dudaba a la hora de ir a buscarlo, ella también tenía un deber que cumplir y no podía permitirse sentir miedo e inseguridad. Debía seguir su camino sin titubear.

            —Andando—les dijo a los nueve hombres que se habían quedado viendo la espalda de su líder alejándose de ellos— aun tenemos un largo camino por delante. Striker—se volvió hacía uno de sus caballeros— tu siempre llevas cuchillos o dagas escondidas, ¿no es así? Préstame uno—los nueve miraban confundidos a su princesa, sin embargo, ella seguía siendo la autoridad en ese lugar, por lo que el caballero de nombre, Striker, obedeció a la petición de su señora. Ocultó entre su armadura, el hombre saco un pequeño cuchillo, se lo paso a la joven doncella y ésta, sin inmutarse, empezó a desgarrar el largo vestido que usaba, mostrando así, sus largas piernas. Una vez que terminó, le devolvió el arma a su dueño—. Ahora si, ya podemos seguir adelante.

            Sin cuestionar sus acciones, la princesa encabezó la marcha, deseando para sus adentros, tener un calzado diferente, ya que se le hacía muy difícil caminar con lo que llevaba puesto, pero ya que sería el doble de peligroso para sus pies ir descalza y tampoco deseaba retrasar la marcha, se aguantó el dolor y caminó rápidamente, decidida a cumplir su promesa de verse con Rudolph y las Cazadoras en el reino de Before y no a medio camino.

            El trayecto fue duro, Ariana creía que para cuando llegaran al reino de Before, sus pies se encontrarían con ampollas y muy adoloridos, pero pese al dolor, siguió caminando, ignorando las palabras de sus caballeros de que no había problema al ir más despacio y rechazando olímpicamente la propuesta de más de uno de cargarla lo que restaba del trayecto. Ariana ya no quería ser solamente una linda y adorable princesa que todo el mundo veía como frágil y delicada, si bien estaba de acuerdo que ella nunca fue muy fuerte físicamente, deseaba poder caminar lo que restaba del trayecto con sus propios pies y no contar con la fuerza bruta de sus hombres.

            El recuerdo de la fantasía que la Bruja uso para controlarlos le ayudo a distraer su mente del dolor que empezaba a crecer en las plantas de sus pies. Se avergonzaba y se molestaba consigo misma por el sueño que tuvo y más por haberlo disfrutado. Ya sabía que todo se trataba de la magia de una Bruja pero, aun así, no podía negar que lo había disfrutado mientras duro. Dentro de su sueño, ella y sus hombres llegaban al reino de Before sin ningún inconveniente, la ceremonia se llevaba a cabo sin el menor de los retrasos y todo parecía marchar tal y como se planeo. La boda se realizo con los nobles del reino y su futuro esposo era un joven atractivo, solo que a la princesa, él no le interesaba, por más guapo que estuviera. De pronto, cuando estuvieron a punto de aceptarse mutuamente, repentinamente, Rudolph apareció protestando y alegando que no permitiría que otro hombre tuviera a la mujer que él amaba, los caballeros de Before se levantaron contra él, pero Rudolph, al ser un gran guerrero, los derroto sin el menor problema. Ariana se había alegrado profundamente de su aparición, ya que desde que llego a Before, se había sentido insegura y temerosa, no por compartir su vida con un príncipe, probablemente bueno y muy atractivo, sino por no poder estar con el hombre del que se había enamorado años atrás, por lo que en cuanto apareció y derroto a los guerreros de Before, ella se había sentido profundamente feliz. Luego, de alguna manera, ambos huyeron y lo abandonaron todo. Ella dejo de ser la princesa del reino de Dragma, abandono a su padre y a su gente, así como su deber como princesa; al mismo tiempo, Rudolph abandono su reino, sus ideales, su vida como luchador y ambos empezaron una nueva vida juntos en cualquier parte. Con el paso de los años, ellos se acostumbraron a una vida humilde en un pueblo lejano, tuvieron dos hijos y vivieron el resto de sus vidas en completa paz y armonía, criando a su familia e ignorantes de lo que sea que haya pasado con ambos reinos, aunque, en el fondo, Ariana y Rudolph, dentro del sueño, sabían que la guerra no se había detenido y que mientras ellos eran felices con su pequeña familia, la gente de ambos reinos seguía matándose indiscriminadamente, así hasta que no quedara un solo habitante con vida. Y lo que era peor de ese sueño, es que Ariana era feliz. Abandonó a todos a su suerte por la promesa de ser libre de su cargo como princesa. La gente continuaba matándose y estuvo en su poder el haberlos detenido, pero prefirió ignorarlo y seguir a sus deseos. Y lo disfruto. Le gusto renunciar a todo por querer seguir a su corazón.

            Ahora, estando a poco tiempo de llegar a Before, Ariana se recriminó la aparente felicidad que sintió en ese sueño, determinada a no ser esa clase de mujer. La mujer que antepone su propio bienestar por encima del de otro ser humano. Una mujer así, una princesa que pensara de ese modo, no estaba a la altura de ser la compañera de vida de un hombre como Rudolph y, por primera vez, sintió que ella no se merecía a un hombre tan ejemplar como lo era el guerrero. Pensó, mientras veía las grandes puertas que cerraban el paso al interior del reino de Before, que quizás su relación con Rudolph no estaba destinada a pasar más allá de una profunda amistad, a fin de cuentas, antes de conseguir una cosa de la vida, la vida misma interfiere en tu búsqueda y las cosas no siempre salen como uno lo espera. Ariana estaba convencida de que la vida era así, que no te daba lo que quieres, sino lo que logras conseguir de ella. Los acontecimientos que ocurrieron a continuación pusieron en duda su pensamiento inicial.

            Los guardias del reino de Before vieron al pequeño grupo acercarse a sus puertas, les gritaron desde lo alto de sus torres de vigilancia que estaban apostadas a los lados de la puerta de acceso que se detuvieran. La princesa y sus hombres se identificaron y al momento de revelar su identidad, las grandes puertas de acero se abrieron, un grupo de hombres les dieron la cordial bienvenida sin la menor señal de malicia y una vez dentro y con las puertas de acceso cerradas detrás de ellos, el mismo hombre que se dirigió a Rudolph y a Summer unas horas más tarde, aparece ataviado con prendas lujosas que denotaban su estatus dentro del reino.

            — ¡Princesa Ariana!—exclamó el mismo hombre acercándose a la doncella—. ¡Me alegra tanto conocerla al fin!—detrás del hombre elegantemente vestido, los guardias sujetaban firmemente sus lanzas, pero sin hacer ademanes que denotaran hostilidad—. ¡Por las estrellas del cielo! ¿Qué le ha pasado? ¿A usted y a sus hombres?—inquirió tan pronto advirtió las prendas rasgadas de la princesa y el deplorable estado de las armaduras de sus nueve hombres. Debido a la pelea con los Troll, las armaduras que los caballeros usaban resultaron seriamente dañadas, no obstante, las mismas aun se veían resistentes.

            —Es una larga historia—dijo con resolución la joven princesa—. Usted me conoce, pero yo aun no tengo el placer de conocerlo, señor…

            — ¡Oh! ¿Dónde están mis modales? Le ruego me perdone, mi nombres es Liar, princesa y fui asignado para darle la bienvenida al reino de Before y a tratarla como se merece. Pero no nos quedemos en este lugar hablando, debe tener frío, ordenare que le traigan algo abrigador para que se vista…

            —Antes de eso—la interrumpió la princesa— mis hombres han peleado muy duro a lo largo de esta noche, necesitan comida, descanso y un baño caliente, así como aposentos donde puedan dormir.

            — ¡Princesa!—exclamó Striker inmediatamente tras escuchar las palabras de Ariana—. Si me permite, yo también la acompañare mientras estemos en este reino. Estoy seguro que eso es lo que nuestro líder hubiese querido.

            Ariana se lo pensó por unos momentos.

            — ¿Estas seguro? ¿No deseas comer o descansar?

            —Su seguridad es más importante que mis necesidades—aseguró el hombre—. Además, en ausencia de nuestro líder, es mi deber velar por su seguridad.

            —Muy bien, respetare tu voluntad—confirmó la princesa.

            —Si ya todo esta resuelto, por aquí majestad—le indico Liar.

            Ariana lo siguió cuidadosamente, aun le dolían los pies por la dura caminata. Extrañamente, ese dolor le gustaba, la hacía sentirse fuerte y segura de sí misma. Ese dolor evidenciaba el esfuerzo que la doncella hacía por completar con éxito su tarea.

            —Muy bien, escúchenme—les dijo Striker a los ocho hombres que quedaban—. Yo acompañare a la princesa mientras estemos en este reino, ustedes manténgase alerta, no dejen que los desarmen y compórtense con amabilidad y respeto con esta gente. No provoquen peleas innecesarias, recuerden que hasta que el matrimonio se formalice, seguimos estando en territorio enemigo, no lo olviden. Coman y descansen lo más que puedan, me reuniré con ustedes más tarde, después de que me asegure de que no haya peligro para la princesa y de que haya descansado bien.

            Estas fueron las instrucciones que el reemplazo de Rudolph dio para los ocho hombres. Una vez que termino de hablar, siguió a la princesa Ariana a una choza donde había decenas de caballos ensillados y listos para su uso. Lo cual le pareció perfecto, ya que no deseaba que su princesa siguiera caminando tanto.

            El hombre llamado Liar lo esperaba con un gran caballo negro junto al alazán café claro que montaba la princesa. Se monto en la bestia y los tres emprendieron una marcha tranquila y sin prisas. Los otro ocho hombres también recibieron caballos y fueron escoltados a donde pudieran recibir alimentos. Los hombres de Ariana, pese a estar separados por algunos metros de distancia, no paraban de escrutar meticulosamente los alrededores por los que pasaban, tratando de advertir hasta el más mínimo de los peligrosos o desentrañar cualquier trampa que les hayan puesto. Pero nada. No había señales de trampas o de emboscadas, ni siquiera les dirigían la palabra los hombres de Before a no ser que fuese estrictamente necesario.

            La princesa, por el contrario, veía las condiciones en las que se encontraba el reino. Sus hombres desde el punto de vista militar y ella desde el punto de vista social y económico. Las calles y los edificios no eran especialmente diferentes a los que había en el reino de Dragma, casi todo lo que veía era muy similar. Inclusive la atmosfera oscura y solitaria de aquel reino provocada por la guerra. La diferencia más notoria entre ambos reinos sería la poca iluminación que había en las calles de Before; en el reino de Dragma, casi todas las calles contaban con fuentes de luz, además de que las viviendas y edificios, se veían más viejos y desgastados que los de Dragma.

            Ariana volvía el rostro de un lado a otro, buscando a algún ciudadano, lamentablemente no encontró a nadie. Ella pensó que era porque aun era de noche, aun faltaban pocas horas para que amaneciera, por lo que de momento, el reino era parecido a un pueblo fantasma.

 

            En esos mismos instantes, en un lugar completamente diferente a las solitarias, oscuras y vacías calles del reino de Before, se estaba llevando a cabo una pequeña orgia donde los placeres sexuales se podían respirar con tan solo aproximarse a la vasta, elegante y cerrada habitación.

            Mientras Ariana y compañía se dirigían a paso lento al castillo del reino de Before, en una de sus más lujosas y amplias habitaciones, los gemidos de placer de un puñado de hombres se escuchaban pese a las puertas cerradas. Dentro de los aposentos, sobre una cama grande, cinco jóvenes que no debían de superar los treinta años de edad, yacían rodeando a una mujer de belleza exótica y sensualidad avasalladora. Tres de ellos penetraban con largos miembros masculinos, el ano, la boca y la vagina de una hermosa mujer de piel morena y pechos grandes. La azotaban con fuerza, como tratando de romper el cuerpo de la fémina que no paraba de gemir con cada embestida de los tres jóvenes varones y mortalmente delgados.

            Uno de ellos se encontraba debajo de ella, penetrando su húmeda vagina con fuertes sacudidas de la cintura; el segundo yacía detrás de la misma, apretando con violencia su trasero mientras le penetraba el ano sin misericordia; el tercero estaba al frente de la mujer, sujetando su cabeza con ambas manos y moviendo su cintura de atrás hacia delante, violando la caliente y mojada boca de la morena con cada embestida y, finalmente, a los lados, dos jóvenes eran masturbados por la misma mujer.

            La habitación era un manantial de gemidos placenteros, los seis integrantes empapaban la enorme cama con los fluidos corporales que sus cuerpos despedían. Los hombres atacaban a la morena con una violencia animal, como desesperados por tratar de satisfacerla. Al final, con un potente gemido de los cinco, los varones eyaculan el espeso y blanco líquido de la satisfacción sexual, cubriendo el cuerpo oscuro de la fémina con la blancura del semen. No solo por fuera; su ano, su vagina y su boca, se encontraban llenos con la eyaculación de esos jóvenes.

            Al término del acto y respirando con dificultad, los cinco se dejaron caer sobre la cama, evidentemente agotados y más delgados que nunca, como si la potente eyaculación los hubiese hecho adelgazar más de lo que estaban. Mientras estos caían inconscientes, incapacitados para continuar, la hermosa y sensual mujer tomó asiento en el centro de la cama y limpiándose con la mano los vestigios de semen que tenía en el rostro, se lleva los mismos a la boca y con una larga y lasciva lengua, bebe la eyaculación del hombre que se vino en su boca. Sonriente, después de beber, dice lo siguiente:

            —Aun no estoy satisfecha—dijo con lujuria—, aun tengo hambre.

            En eso, unos leves golpecitos a la puerta atraen la atención de la hermosa y sensual mujer de pechos grandes y cuerpo escultural. Tras unos segundos y sin esperar respuesta de la fémina, un hombre bajo, anciano y encorvado, abre la puerta. El viejo llevaba alrededor del cuello un collar de acero con una correa hecha por cadenas, como si de un perro se tratase.

            —Mi lady—el anciano se postró ante la hermosa mujer y miró hacía abajo. No tenía permitido verla si ella no lo autorizaba—. La princesa y sus hombres han llegado al reino. Actualmente los están escoltando hacía acá, ¿Cuál son sus ordenes?

            La mujer sonrió con malicia, se bajó de la cama y dejó a su suerte a los cinco hombres terriblemente delgados, con la piel pegada a los huesos y que, al igual que al anciano, todos ellos llevaban collares de acero alrededor del cuello, con una correa hecha de cadenas del mismo material.

            — ¡Vaya! Debo admitir que estoy un poco sorprendida y a la vez decepcionada—dijo la sensual mujer mientras miraba la oscuridad de la noche a través de la ventana. El anciano seguía en la misma posición mirando hacía abajo—. Sorprendida de que hayan logrado pasar el Bosque Negro y decepcionada por haber confiado en ese puñado de inútiles y malolientes Brujas. ¡Después de todos los cuerpos que les mande e inclusive después de haberles proveído de un lugar para vivir…, ese cuarteto de inútiles no fue capaz de llevar a cabo una sencilla y fácil tarea!—la mujer soltó un suspiro y prosiguió—. ¡Pero en fin! Eso ya no tiene importancia, así será mucho más divertido—la mujer se volvió y caminó hasta quedar cerca del viejo que seguía en la misma posición de absoluta y total sumisión—. Apestoso, prepara mi baño y dile a los esclavos que traten como es debido a nuestros invitados. Ya sabes lo que tienes que hacer.

            — ¡A la orden!

            Apestoso se levantó con la cabeza inclinada, sin ver ni una sola vez a la hermosa mujer cuya piel oscura seguía marcada con los vestigios del semen de los jóvenes. Cuando ya estaba a punto de salir de la habitación, el anciano es llamado una vez más por la fémina.

            — ¡Ah y no olvides llevarte las sobras de mi comida!—le dijo con desidia—. ¡Odio el olor a carne podrida!

            — ¡Sus deseos son ordenes!—contestó sumisamente.

            Y entonces se fue, primero a preparar el elegante baño de su señora y luego a recibir como se merecían a sus invitados. La hermosa mujer se acercó a la cama donde yacían los cinco jóvenes con la piel terriblemente pegada a los huesos y con los ojos en blanco, los cinco se encontraban muertos. Al ver sus cadáveres, la fémina sonrió con malicia al mismo tiempo que se mojaba con lujuria los labios, tomaba los pocos vestigios de semen que tenía embarrados en el cuerpo, en el ano y en su vagina y luego, se los llevo a la boca y los degusto como si de un maravilloso elixir se tratase.  Después de eso se acercó a un elegante espejo y se vio reflejada en él. En lugar de mostrar a una mujer alta, de piel morena, sensualidad casi divina, cabello ondulado y negro, ojos oscuros y juventud que parecía ser permanente por la suavidad de la piel; la morena ve una imagen totalmente diferente en el reflejo del espejo. Una imagen que haría espantar al más valiente de los hombres, una figura que haría vomitar al más sádico de los verdugos,  al más insensible de los enterradores, y un cuerpo que era sinónimo de todo lo asqueroso y deforme que podría haber en el mundo. Al verse a sí misma tal y como era, la mujer sonríe  mientras sus oscuros ojos se iluminaban de rojo y las pupilas, en lugar de ser redondas, cambiaban a ser dos grietas verticales.

            Apestoso regresó avisándole a su señora que su baño estaba listo, la mujer salió de la habitación de los reyes y espero a que todo continuara como estaba previsto. Fuera del castillo, Ariana y su compañía de nueve hombres se aproximaban.

 

 

            El viaje tardo más de lo que se habían imaginado; Ariana no pensó que el castillo del reino de Before estuviera tan retirado de la entrada principal y que se encontrara en lo alto de una colina; sin lugar a dudas, desde esa altura, era posible ver el reino en todo su esplendor. La joven princesa, más que asustada por la cercanía de su matrimonio, se encontraba intrigada y pensativa por el reino de Before. En las calles se percibía una sensación de abandono, de casi absoluta soledad y una oscuridad profunda y silenciosa, como si en aquellas calles, como si en las viviendas que pasaron, no hubiese ciudadanos y todo el reino se encontrase desierto. El reino entero se encontraba sometido bajo una presencia fría y oscura que era difícil de descifrar.

            Cuando al fin llegaron a las puertas del castillo, la compañía de nueve hombres noto la pobre y baja seguridad que protegía el hogar de sus soberanos. Los soldados del reino se ocuparon de los caballos para que los hombres de la princesa Ariana, cruzaran el puente que bajo sobre una fosa que debía de tener agua pero en que en su lugar, solo había rocas secas y puntiagudas en el fondo. Al penetrar en el castillo, un banquete muy humilde y caliente se encontraba a la espera de los caballeros de Ariana. Tan pronto percibieron el olor a la comida, los caballeros de Ariana tomaron asiento con los estómagos gruñendo y con las bocas llenas de baba y, como si no hubiesen probado alimento en días, comieron. Ariana le dijo a su soldado, Striker, si no deseaba comer con sus hombres, pero éste le respondió que podía esperar hasta que su princesa se encontrase bien vestida, aseada y alimentándose como era debido. Ya que la joven no pudo disuadir al hombre, permitió que su caballero continuara escoltándola.

            Dejando atrás a sus hambrientos escoltas, el hombre de Before, Liar, guió a la princesa Ariana a sus aposentos, los cuales se encontraban en lo alto de una torre que conectaba con una única escalera que descendía a los pisos inferiores. Al llegar a la elegante habitación, la joven doncella se percató casi al instante del olor a polvo y a encierro, como si nadie hubiese habitado esa recamara en muchos años. Mientras la princesa admiraba el mobiliario, ella y su caballero advirtieron las densas capas de polvo que sillas, mesas, suelo, paredes y demás objetos, tenían. Sin mencionar que casi no había ninguna sirvienta o sirviente andando por el castillo.

            —Enseguida mandare a alguien que le prepare el baño, espere por favor—y entonces abandonó la habitación.

            — ¿Qué piensas del reino hasta ahora, Striker?

            —Es extraño, princesa—Striker le respondía a la princesa Ariana mientras observaba con atención el antiguo mobiliario de la habitación, las capas de espeso polvo y las varias telarañas que se encontraban en las esquinas superiores de la recamara. Investigaba que no hubiera peligro dentro del cuarto—. No pude notar la presencia de ciudadanos en los caminos que tomamos para llegar hasta aquí. Las casas, pese a que se veían resistentes, reflejaban cierta sensación de abandono, como si no hubiera personas habitándolas desde hace tiempo. Había una profunda oscuridad y un silencio que, honestamente, llegó a preocuparme un poco. Es como si el viento no se atreviera a soplar dentro de este reino, sin mencionar la pobre y hasta mediocre seguridad que ronda el castillo. Solo conté unos cuantos hombres como centinelas y otros pocos patrullando, sin mencionar que hay poca servidumbre dentro del castillo. Me atreveré a decir que en comparación con el reino de Dragma, la población de Before es mucho más pequeña de lo que pensamos.

            —Eso no puede ser—protestó la princesa—. El reino de Before siempre fue más grande y extenso que el reino de Dragma, mi abuelo y mi padre siempre me lo decían, es ridículo pensar que tengan menos gente viviendo aquí.

            —Es solo una conjetura de la primera impresión que tuve al ver el estado del reino, yo también creo que no puede haber menos ciudadanos que en Dragma, pero…

            En eso son interrumpidos por unos golpecitos a la puerta.

            —Adelante—dijo la princesa. La puerta se abrió y del otro lado, Liar y una mujer joven, muy hermosa y de piel morena, con uniforme de doncella que resaltaba sus grandes senos y su amplio trasero, penetran en la elegante recamara. Tanto Liar como Striker se le quedaban viendo con una mirada hipnótica y con caras de tontos. Mientras tanto la doncella, le sonreía con soberbia a la joven princesa.

            Ya que Liar y Striker habían quedado hipnotizados por la majestuosa belleza de la doncella, tuvo que ser ella misma la que hiciera las presentaciones. 

            —Usted debe ser la princesa del reino de Dragma: Ariana, es un placer conocerla—dijo la doncella con una majestuosa voz mientras hacía una sutil reverencia.

            Había algo sumamente extraño en esa mujer. Era increíblemente hermosa y con un cuerpo escultural que podría derretir hasta la voluntad masculina más firme y resistente, sin mencionar que había algo en sus ojos que la volvía sospechosa. Una especie de brillo malicioso y altivo que hacía sentir incomoda a la joven princesa. Ariana se volvió hacía su caballero y noto como él y Liar, miraban embobados y sonrojados a la exquisita hembra que no paraba de sonreír con orgullo.

            —El placer es mío, señorita…

            —Elena. Puede llamarme con ese nombre.

            Al momento de escuchar ese nombre tan familiar, el tiempo de la princesa Ariana se había congelado y se hizo el silencio en la amplia recamara. Involuntariamente, su mente retrocedió varios años al pasado, cuando era tan solo una niña pequeña que corría de aquí para allá dentro del castillo de su familia. En una de sus carreras dentro de la enorme construcción, accidentalmente, la joven princesa había llegado fuera de la habitación de su abuelo y sin querer, lo había escuchado gritar.

            — ¡Elena! ¡Elena! ¡Oh, mi amada, Elena! ¡Te suplico, no te vayas!—gritaba desesperado el anciano del otro lado de la habitación. Sus gritos eran desgarradores, como si la muerte misma hubiese llegado reclamando su vida—. ¡No me dejes! ¡Daría todo por ti! ¡Mi castillo, mi reino, mi vida es tuya si la deseas, pero por favor, no me dejes!

            Al ser una niña pequeña y no poder soportar la curiosidad que crecía en su interior, la pequeña Ariana habré con cuidado la puerta, procurando no hacer ni el menor ruido, lamentablemente, cuando la puerta ya estaba medianamente abierta, las bisagras hicieron un irritante y fuerte chirrido que hubiese atraído la atención de cualquiera sin importar el cuidado a la hora de abrir la puerta. Una vez abierta, un hombre anciano, terriblemente pálido y con la piel pegadísima a los huesos, miraba, mientras yacía recostado, hacía la ventana abierta. El viento mecía con melancolía las cortinas que se ondeaban llamativamente.

            Antes de que la joven princesa pudiera decir o hacer algo, una mano se posa sobre su hombro repentinamente, provocándole un pequeño susto a la niña y haciendo que se volviera a ver a la persona. Era su padre quien la miraba con seriedad en los ojos.

            —Vamos, hija, no molestes a tu abuelo—fue lo que su padre le dijo antes de cerrar la puerta. Pero antes de que la misma se cerraba, Ariana hecho un último vistazo y vio a su abuelo en la misma posición, con la mirada apuntando directamente a la ventaba abierta, como esperando a que algo entrara por esa abertura, lo cual le pareció a la joven princesa, una idea absurda y carente de todo sentido, ya que se encontraban a varios metros de altura y lo único que podría penetrar esa ventana, era el viento y quizás algún animal volador —. Ya te he dicho que no vengas a esta parte del castillo.

            —Fue un accidente, papa, no quería venir, es solo que no me fije por donde iba—el rey no podía descartar que esa era una buena razón, ya que el interior del castillo se asemejaba mucho a un pequeño laberinto lleno de pasillos y habitaciones que conectaban a más cuartos y estos, a más pasillos. Uno tardaba varios días en poderse guiar dentro del castillo sin perderse—. Papa, ¿Quién es Elena? ¿Y porque el abuelo le decía que no se fuera?

            —No lo sé hija. Jamás llegue a conocer a esa mujer, pero según tu abuelo, Elena era una joven que él conoció hace mucho tiempo atrás, cuando todavía era un príncipe, pero por razones que nunca me aclaro, un día esa mujer desapareció y según tu abuelo, el príncipe del reino de Before, la había secuestrado para luego forzarla a casarse con él. Fue por ese motivo que empezó la enemistad entre nuestros dos reinos. Cuando tu abuelo tomo la corona y aun después de casarse con mi madre, mi padre siguió amando esa mujer con una obsesión que rayaba en la locura y esperaba poder encontrarla algún día, pero por más soldados que mando al campo de batalla, por más largas y por más costosas que resultaban esas batallas, él nunca pudo recuperarla o volvió a saber de ella. La mujer llamada, Elena, simplemente desapareció. Y al final, el único lugar donde tu abuelo puede seguir viéndola, es dentro de sus sueños.

            Después de esa charla en uno de los tantos pasillos del castillo y tras varios días, la princesa Ariana se había enterado por boca de su padre, que su abuelo había muerto mientras dormía.

            — ¿Se encuentra bien, princesa?—las suaves palabras de la hermosa mujer trajeron a la joven de nuevo al presente.

            — ¡Ah, por supuesto! ¡Me encuentro bien, solo estoy un poco cansada!

            La doncella, cuyo nombre era el mismo que el antiguo amor de juventud de su abuelo, la miraba sin poder reprimir una mirada que denotaba una obvia superioridad. Como si en lugar de estar viendo a una princesa, estuviera frente a una vulgar pueblerina que era incapaz de leer y escribir.

            —Por aquí, su baño está listo, no querrá casarse con su futuro marido oliendo y vistiendo de esa manera, sería indecoroso.

            Ariana sigue a la hermosa mujer, convenciéndose de que todo era una simple casualidad. Era solo una coincidencia que esa mujer tuviera el mismo nombre que el antiguo amor de su abuelo, después de todo, habían pasado más de cuarenta años desde su amor frustrado, la susodicha “Elena”, si es que sigue con vida, sería una anciana de edad considerable, no había forma de que esa joven y bella mujer fueran la misma persona. La princesa se sentía un poco tonta por siquiera pensar que eran el mismo individuo.

            —Aquí está el baño, su majestad, tómese su tiempo. Le dejare aquí afuera unas prendas para que se vista.

            —Gracias—le responde ésta sin entusiasmo.

            —Entonces, con su permiso— con una simple reverencia, la bella mujer de nombre: Elena, se retira.

            El baño era muy grande y hermoso, la tina tenía cuatro patas con cabezas de leones hechos de oro solidó, la misma era muy grande y estaba llena de agua caliente; tan pronto como el liquido toco la pegajosa y sucia piel de la princesa, Ariana sintió como sus preocupaciones, pensamientos y dolores, iban disminuyendo pero, sin dejar de estar presentes. Se sentía tan cómoda allí, desnuda, bañada en agua caliente, si tan solo Rudolph estuviera con ella en esa amplia tina, las cosas serían perfectas. La princesa ya se lo imaginaba, el caballero entrando por la puerta, desvistiéndose lentamente sin quitarle los ojos de encima, devorándose mutuamente con la mirada mientras la excitación de ambos crecía. Una vez desnudo, Ariana se deleito con el magnifico cuerpo de su amado: su cuerpo alto y bien entrenado, con duros y firmes abdominales marcados, grandes pectorales; brazos largos y musculosos, un torso con algunas cicatrices de batalla que le daban un aspecto salvaje e indomable que la hacía desearlo con una excitación misteriosa. Bajó la mirada directo a la masculinidad del caballero, colgando entre sus piernas, un miembro grande y largo la había dejado hipnotizada.

            Rudolph metió su cuerpo lampiño a la tina caliente, se aproximó a la princesa Ariana y le dio un profundo y salvaje beso que provoco que ambos abandonaran todo sentido común y se entregaran a la pasión que sus cuerpos podían proporcionarles. Las pequeñas y frágiles manos de la princesa, recorrían con obsesión el cuerpo duro de su amante: ¡era suyo y de nadie más! Rudolph, al igual que Ariana, recorría con deseo el atractivo cuerpo de la joven, tocando y apretando sus pechos, agarrando sus nalgas y metiendo los dedos entre sus piernas. La princesa tomó el miembro erecto de Rudolph y lo frotaba mientras ambos seguían devorándose las bocas con una pasión avasalladora.

            Al no poder resistir más, el caballero separo las piernas de su mujer, debido al tacto de sus dedos, Rudolph sabía que la princesa ya estaba húmeda y lista para recibirlo en su interior. Ambos se miraron con ojos brillantes, él esperaba la confirmación de la princesa, ésta asintió con la cabeza mientras seguía mirándolo a los ojos; deseaba verle la cara cuando entrara en su interior. Cuando finalmente, tras muchos años de desearlo y jamás hablarlo, se volvieran un solo ser. La cabeza de Rudolph tocaba la parte más intima de Ariana, ya había encontrado el lugar por donde entraría, solo hacía falta un pequeño empujón y ambos estarían conectados, no por una sola noche, no por unas cuantas horas o minutos, sino por el resto de sus vidas. La princesa apretó el cuerpo de su amante, lista para recibirlo en su interior, cuando de pronto, la puerta se abrió con un chirrido que atrajo la atención de la princesa y la hizo volverse en la dirección del ruido. La hermosa doncella morena se encontraba en la puerta, sonriéndole con soberbia. Ariana había despertado de la fantasía a la cual se había metido.

            —Princesa—le dijo la doncella— espero no haberla importunado, pero lleva ya varios minutos en la tina, el agua ya debe de haberse enfriado, sino tiene cuidado, puede pescar un resfriado. ¿Se encuentra usted bien?

            No. No lo estaba. Por alguna razón, tras salir de la fantasía que había tenido con Rudolph, el cuerpo de Ariana se sentía pesado y fatigado, los parpados le dolían, solo quería dormir. Ya mañana será otro día. ¡Si, eso es! ¡Mañana será el día en que lleguen al reino Rudolph y las Cazadoras! Si dormía, el tiempo de espera no será tanto.

            —Por supuesto—le respondió la princesa—. Solo estoy un poco cansada.

            Efectivamente, el agua de la tina ya no estaba caliente, sino fría, ¿Cuánto tiempo había pasado soñando? La princesa se levantó, mostrando así su bello cuerpo desnudo; blanco y pequeño, frágil y delicado. Sus pechos, en comparación con los de Elena, eran una burla, así como su cadera y trasero. No poseía el cuerpo escultural de la doncella, sus pechos no eran especialmente grandes, sus pezones rosados eran pequeños, no tenía mucha carne en el trasero y, en general, su cuerpo no transmitía ese deseo sexual que algunos hombres buscaban en las mujeres.

            Ya que ambas eran chicas, Ariana no se sintió avergonzada por mostrar su desnudez, no obstante, si se sintió intimidada por el magnifico y sensual cuerpo que las ropas de criada, no lograban ocultar en la sirvienta. Se preguntó, solo por un segundo, si a Rudolph le gustarían las mujeres con más atractivo sexual, tal y como lo tenía la doncella: Elena. Aunque inmediatamente, éste pensamiento abandono su cuerpo, ella sabía que el caballero no era tan superficial como para poner la belleza física ante todos los demás encantos de las mujeres. 

            Una vez fuera de la tina, Elena ayuda a la princesa Ariana a secar su cuerpo. No había razón para negarse, en el reino de Dragma, las doncellas que asistían a la princesa hacían eso mismo por ella. La ayudaban a secar su cuerpo húmedo, a peinar su cabello, a vestirse y, en pocas palabras, en muchas otras tareas que ella misma podría hacer sola pero, debido al poder de la costumbre, permitió que continuara de esa manera. A fin de cuentas, no le molestaba que las doncellas le ayudaran en esas insignificancias. No era, ni cerca, tan orgullosa como Yura o tímida y reservada como Jessenia.

            Una vez seca y usando las cómodas ropas para dormir, es que salen del baño y se encaminaron a los aposentos de la princesa.

            — ¿Dónde esta mi caballero?—le preguntó Ariana a la doncella que iba delante de ella.

            Sin poder ver su sonrisa maliciosa, Elena le responde con sencillez.

            —No se preocupe por él, princesa, esta donde debe de estar—se detiene frente a la habitación de la princesa, abre la puerta y luego se vuelve para verla a la cara—, con sus hombres descansando.

            No le cabía la menor duda, había algo sumamente extraño en aquella mujer. Sus ojos. Ese par de ojos ocultaban algo siniestro detrás, su tranquilo y hermoso tono de voz, su bellísimo y seductor cuerpo de diosa y, lo más extraño de todo, la presencia que aquella doncella emanaba. Aunque no le había dado ninguna razón fuerte para desconfiar de ella, esa mujer tenía algo que la volvía sospechosa. Ariana no se sentía tranquila en compañía de esa persona.

            — ¿Le pasa algo, princesa?—preguntó la doncella.

            —Si no es mucha molestia, me gustaría estar a solas en mis aposentos.

            —Como usted diga—Elena estaba lista para bajar los escalones cuando de pronto, la princesa volvió a llamarla.

            —Me gustaría quedarme con la lámpara, ¿si no es problema?

            Elena llevaba consigo una herramienta con tres largas velas dentro de unos contenedores de cristal para así, evitar que el viento apagara la brillante flama. Debido a la oscuridad casi total del castillo, era necesario para poder ver por donde se iba sin incidentes.

            —No es ningún problema, aquí tiene.   

            —Te lo agradezco, ¿estarás bien sin la luz? Los pasillos de este castillo son muy oscuros.

            —No se preocupe por mí, alteza, he vivido muchos años en este castillo y en este reino, no hay rincón que no conozca. Entonces, con su permiso.

            Antes de entrar a su habitación, Ariana quería ver como la doncella se alejaba de la recamara. Una vez que Elena fue engullida por las tinieblas de la noche, la princesa entró en sus aposentos y cerró la puerta detrás de sí. Hubiera preferido que Striker, su guardia, permaneciera cerca de ella. Pues ahora se encontraba completamente sola en una habitación que no conocía, en un reino que le era desconocido y muy pronto, casada con un completo extraño. Pero tan pronto como estos pensamientos llegaron a su cabeza, inmediatamente los desecho. Sus hombres habían peleado muy duro contra esos horribles monstruos verdes, luego tuvieron que caminar una larga distancia, con toda seguridad, se encontrarían hambrientos y cansados, por lo que opto por dejarlos dormir toda la noche. Se lo habían ganado.

            Extrañamente, una vez alejada esa mujer, Ariana se sentía con un poco más de energía. La inseguridad del mañana la mantenía despierta al igual que la preocupación. Preocupación por Rudolph y por las dos Cazadoras, inseguridad por los acontecimientos que ocurrirán al momento de que salir el sol. Conocería al rey y a la reina de Before, luego al príncipe, después… ¿Qué pasaría después? ¿La boda? ¿Revisar los tratados de paz que se llevarían a cabo después del matrimonio? ¿Conocer a su futuro esposo? ¿Pasear por el que sería su nuevo reino? Tantas cosas nuevas, tantas inseguridades…

            Se acostó en la cama después de dejar la lámpara de tres velas en un mueble cercano, clavó la vista en el techo y entonces su rostro se ruborizo completamente, pues había recordado las cosas que hizo mientras tomaba un baño caliente; recordó la fantasía que había tenido y lo mucho que la había disfrutado. Aquella fue la primera vez que soñó con ese tipo de cosas y también fue la primera vez que hizo esa clase de cosas con su cuerpo. No creía que tocarse de esa manera, mientras pensaba en un hombre, tuviera efectos tan placenteros. ¡Ni siquiera sabía porque lo había hecho o porque, repentinamente, empezó a sentir esa clase de calor en todo su cuerpo! Un calor que no era el agua, un calor que le provocó un pícaro cosquilleo en ciertas partes de su cuerpo y que exigía ser atendido. Pero ahora, ahora se encontraba tranquila, con el cuerpo y la cabeza fría…, y sin poder dormir.

            Se levanto de la cama decidida a explorar la elegante habitación, tomó la lámpara de tres velas e hizo el recorrido. Pero no encontró nada que le pudiera interesar: solo polvo y más polvo; y una que otra telaraña. La recamara tenía un aire de abandono, como si no hubiese sido usada en muchos, muchos años, olía a encierro, estaba repleta de polvo y tierra. No había libros para leer y no tenía a nadie para platicar, no conocía a las doncellas de ese reino y ciertamente no quería volver a quedarse sola con esa extraña mujer llamada, Elena, ni mucho menos molestar a sus nueve hombres. El único mueble que le faltaba por revisar era un viejo buró de manera, abrió los tres cajones que tenía y en su interior no encontró nada, solo más polvo. Dejando escapar un suspiro de resignación, Ariana vuelve a cerrar los tres cajones, pero al ser tan viejo el mobiliario, estos se negaban a volver a su posición original, por lo que en un intento de forzar los cajones a cerrarse, estos terminaron por romperse y caer uno sobre el otro, provocando que el mueble entero se desbaratara y se destruyera estrepitosamente, dejando escapar una cortina de polvo.

            La princesa abre la ventana para que saliera el polvo de la habitación y, una vez que la cortina se hubo disipado y Ariana acercara la lámpara de tres velas para ver mejor como había quedado el mueble, se encuentra con la sorpresa de que debajo de los escombros, había un pequeño librito negro con letras doradas en la portada. Las letras decían lo siguiente: Diario.

            Sorprendida por el descubrimiento, movió con cuidado los pedazos de madera destruida y tomó el pequeño librito de pasta gruesa y portada negra. Se sentó en la cama y coloco con cuidado la lámpara de tres velas sobre un mueble que yacía cerca del lecho, abrió el librito y en la primera pagina completamente en blanco, en la parte superior decía lo siguiente: PROPIEDAD DEL PRINCIPE JOSHUA.

            Pasó a la segunda hoja y a partir de allí, la historia continuaba…

 

 

            La mujer llamada, Elena bajó al Gran Comedor del castillo donde se habían quedado los soldados de la princesa Ariana, al llegar se encontró con cada uno de los caballeros dormidos. Sus cabezas yacían reposando sobre la larga mesa de madera.

            —Llévenlos al calabozo—ordenó a los soldados que patrullaban el castillo—. Dormirán por un buen rato antes de despertar.

            Junto a la hermosa y sensual mujer, el caballero de la princesa, Striker, miraba con ojos profundos y sin brillo, como los soldados de Before se llevaban a sus hombres. Pero él no podía hacer nada, veía lo que esos hombres hacían, escuchó como esos soldados obedecieron sin protestar la orden de esa doncella y nada de eso le pareció extraño, sino natural. ¿Acaso no era normal obedecer las órdenes de una hermosa mujer? Para empezar, ¿es acaso posible que una dama tan sensual y bella como lo era Elena fuera mala? Su larga cabellera rubia, sus ojos azules, su delgado y frágil cuerpo blanco y lampiño, su poco busto y prominente trasero. ¡Era sencillamente hermosa! ¡Su mujer ideal! ¡Lo tenía todo! Tenía el color de ojos que le gustaban, la tierna y compasiva mirada, un gran trasero y poco busco, como a él le gustaban las mujeres; el color de su piel era blanco, sus rizos eran dorados como el sol, era más baja que Striker y de complexión delicada. ¡Era perfecta! Todo lo que buscaba en una mujer, aquella doncella lo poseía. ¡No había forma de que semejante diosa fuera mala!

            —Vamos, Striker—le dijo la doncella tomándolo del brazo y presionándolo contra sus pechos—. Vayamos a mi habitación, ahí podremos tener un poco más de intimidad.

            Sin protestar, el hombre se dejo guiar.

            — ¡Apestoso!—exclamó Elena. Un pequeño anciano encorvado apareció arrodillándose y bajando la mirada—. ¿Limpiaste la basura de mi habitación?

            —Lo hice, mi señora.

Notas finales:

CONTINUACIÓN DE LA HISTORIA:

 

 

 

—Lo hice, mi señora.

            —Perfecto, ¿ya sabes que hacer si llegan más invitados indeseados al reino?

            — ¡Si!

            —Excelente, ahora iré a mi recamara a disfrutar de un refrigerio de medianoche, no quiero que me molesten mientras como.

            — ¡A la orden!

            Elena llevó a Striker a la habitación de los reyes y cerró la puerta detrás de sí. Mientras ella disfrutaba de su “cena”, en la torre del príncipe, la princesa Ariana aprendía un poco de historia sobre el reino de Before. Fuera del reino, Rudolph y la Cazadora de largo cabello verde, se aproximaban paso a paso y, en el Bosque Negro, Yura estaba a punto de enfrentar a la cuarta y más fuerte de las Brujas. Más fuerte que la Bruja del reino de Fior, más fuerte que la Bruja que controlaba a los Metamorfos de la ciudad de Central y, posiblemente, mucho más fuerte que el Hechicero al que se enfrento el Segador en la Montaña.

             

 

 

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QUE ES EL MÁS LARGO QUE HE ESCRITO HASTA AHORA. 

 

GRACIAS POR LEERLE, HASTA LA PROXIMA. :) :) 

 

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