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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Hola lectores! ¡Feliz Navidad! Lamento no haber publicado antes, el siguiente capítulo resultó ser más complicado de lo que había esperado. 

Ya saben, si por alguna razón la narración se corta, continuare con la historia en las NOTAS FINALES y les recuerdo que los siguientes capítulos que publicare serán los del Arco de Central, ya estoy a punto de conectar ese Arco con el de Misiones, por lo que falta poco para que puedan leer la historia de corrido, ténganme un poco de paciencia por favor. 

SIN MÁS POR EL MOMENTO, les dejo la historia y les deseo una Feliz Navidad y les recuerdo que si les gustó el capítulo o no o cualquier otra cosa, me ayuden dejando un comentario con sus impresiones y si pueden, denle a mi historia un poco de publicidad para que más gente la vaya leyendo. Muchas Gracias y hasta los siguientes capítulos. 

 

UNA ULTIMA COSA (IMPORTANTE): Como ya les dije, falta poco para que conecte las dos partes de la historia, por lo que dejare la continuación de éste capitulo pendiente mientras conecto las dos partes, los siguientes capitulos que publicare serán los del Arco de Central, ya que me falta poco para conectarlos. Tenganme paciencia, pues en el momento en que conecte ambas historias, me regresare y continuare con la historia.

 

Gracias y nos leemos despues. :) :) :) 

El viaje de regreso al reino de Dragma, contrarió al que emprendieron para llegar al reino de Before, fue completamente diferente, pues éste se realizó mucho más rápido, directo y con menores riesgos que el primero. Los hombres de la princesa Ariana encontraron en los establos del castillo a varios caballos de los que podrían servirse, luego, tras una búsqueda más exhaustiva, encontraron un par de carromatos grandes, los tomaron, amarraron dos caballos por carro y en uno de ellos depositaron los cuerpos sin vida de sus compañeros, en el último iba la princesa Ariana de pasajera junto a dos de sus escoltas masculinos, un conductor que guiaba a los caballos y yendo a los lados del carromato, el resto de sus hombres iban montados en caballos individuales. Los Cazadores, por supuesto, iban a pie. 

            Alexander, el compañero Cazador de Summer, preguntó porque el viaje de regreso fue más rápido que el de partida, la princesa le respondió diciéndole que había dos formas de llegar al reino de Before, una de ellas era el camino corto y directo que ellos, en esos momentos, estaban tomando y el segundo, era el camino largo, el cual consistía en atravesar el Bosque Negro y, la razón principal para optar por éste segundo sendero fue que el camino principal era el lugar común donde frecuentemente los ejércitos de ambos reinos se encontraban para luchar, por lo que originalmente se temió que si la comitiva tomaba ese camino en un principio, pudieran encontrarse con toda clase de obstáculos, entre los principales estaba la incapacidad de seguir adelante por las centenares pilas de cadáveres que la guerra había dejado a su paso pero, antes de salir del reino de Before y antes de que los hombres de la princesa encontraran los carromatos y los caballos, Alexander conjeturó la posibilidad de que ese camino se hallara libre en esos momentos, puesto que tanto Summer como Jessenia, le platicaron al Cazador por los obstáculos que tuvieron que pasar en el Bosque Negro.

            —Los Ogros y los Trolls—les dijo el Cazador tras escuchar sus historias individuales— son bestias difíciles de vencer, especialmente los Trolls. No son muy listos, sin embargo, en cuanto a combate se refieren, esas criaturas tienen la capacidad de aprender sobre la marcha, por lo que si un Cazador no los derrota rápidamente, los Trolls aprenderán rápidamente el estilo de pelea de su oponente y lograran adaptarse a él o ella y hasta superarlo, por lo que esas bestias están entre las más peligrosas que existen. ¡Y es una completa estupidez enfrentarse a ellos en un combate solitario sin contar con un refuerzo!—Critica que fue recibida por Summer. A lo que la chica respondió evadiendo la mirada de su amigo—. Pero en fin, a lo que voy. Los Ogros y los Trolls son bestias fáciles de controlar para las Brujas, lo malo es que esas criaturas se alimentan de muchos kilos de comida al día, por lo que si mis sospechas son correctas, si tomamos el camino directo hacía el reino de Dragma, princesa, no creo que nos encontremos con ningún cuerpo sin vida.

            Más tarde, ese mismo día, la pequeña comitiva había llegado al lugar donde anteriormente se habían llevado a cabo las múltiples batallas de los reinos. Era tal y como el Cazador había dicho, salvo por algunas manchas de sangre seca que eran bastante evidentes, el camino se hallaba perfectamente limpio. Ni un solo cadáver se apreciaba hasta donde alcanzaba la vista. Tampoco olía mal aquel lugar, era un amplio campo abierto que era duramente golpeado por los rayos inclementes del sol, aunque, para los soldados, la princesa y para Summer, aquel clima cálido resultaba ser una bendición. Se sentían llenos de energía por tan solo recibir las caricias del astro dorado que yacía suspendido sobre sus cabezas.

            Alexander notó que Summer, su compañera de hace ya varios años, estaba extrañamente callada y decaída, normalmente se pondría a cantar alguna tonta canción infantil o hablaría y hablaría de cualquier cosa carente de importancia. Pero ese día solo se limitaba a ver de tanto en tanto el suelo. Cosa rara en ella, ya que a la Cazadora le fascinaba ver el cielo y darle forma a las nubes que flotaban lentamente de un lugar a otro. Jessenia, al igual que Summer, se veía decaída, deprimida y sin ánimos de levantar la cabeza.

            “¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición!” Pensó, con amargura. “¡Fui una completa inútil! ¡Desde que entre a la sala de audiencia del rey William y perdí contra esos guardias, Yura tomó control total de mi cuerpo…!” Jessenia apretó los dientes al igual que los puños. Deseaba gritar, desahogarse y de ser posible, golpearse a sí misma. Estaba enojada consigo misma por ser demasiado inútil. No deseaba que nadie la viera en ese estado, por lo que prefirió guardárselo para sí misma y pensar en alguna solución cuando estuviera sola.

            Lamentablemente. no pudo. Continuó pensando lo mismo. Recriminándose sin piedad y sin cansarse.  

            — ¡Vaya, tenías razón!—exclamó la princesa desde su carromato—. No hay ni un solo cuerpo en éste lugar.

            Summer y Jessenia estaban tan ocupadas lamento sus propias cosas que no alcanzaron a escuchar el comentario de la princesa.

            — ¿Cómo supiste que no encontraríamos cuerpos?—le preguntó al Cazador.

            A lo que Alex se volvió con una sencilla sonrisa en el rostro y con educación y amabilidad, le respondió a la princesa.

            —Como ya le había mencionado en el castillo de Before, los Ogros y los Trolls se alimentan de grandes cantidades de comida, carne, para ser más exacto. Luego de que mis compañeras y usted me hablaran sobre el Bosque Negro comencé a atar algunos cabos sueltos y llegue a la conclusión de que las Brujas que vivían en ese bosque eran aliadas del Súcubo que gobernaba el reino de Before. Llegue a esa resolución tras concluir que el antiguo Bosque Verde perdió su esplendor poco después de que ambos príncipes de antaño, conocieron a ese Demonio. Los tiempos fueron simplemente perfectos. Ese bello bosque perdió su hermosura debido a las constantes batallas que se llevaron a cabo en ese lugar, poco después de eso, un pequeño grupo de Brujas llegó ahí y se asentaron. Aunado a todo lo anterior, sumémosle la repentina desaparición de la mayoría de habitantes de Before y tendremos por resultado final que el Súcubo mandaba habitantes de ese reino al bosque para que fueran alimento de esos monstruos. Por supuesto, los cadáveres caídos en combate no eran la excepción a esa regla. 

            El Cazador expuso el panorama de manera educada, lógica y fría, más, sin embargo, la princesa Ariana se había cubierto la boca con la mano derecha y Alexander notó que los ojos se le habían vuelto brillosos, la doncella quería llorar, pero se reprimía.

            —Entonces…, toda esa gente…, esta…—la voz se le rompía. Alexander pudo escuchar la tristeza y el dolor en las pocas palabras que la princesa artículo. “Es una mujer amable.” Pensó el Cazador al ver a la doncella llorar. “Quizás demasiado buena para éste mundo.”

            —Me temó que sí, princesa—respondió con pesar.

            Tras unos momentos de silencio, uno de los hombres de la princesa, uno que viajaba en su propio caballo, soltó un repentino gritó de furia que atrajo la atención de los presentes.

            — ¡No lo entiendo!—dijo, con ira en el tono de voz—. ¡No lo entiendo! ¡No lo entiendo! ¿Que ganan haciendo esas maldades? ¿Porque querría ese Demonio conquistar un reino y luego ir matando de poco a poco a sus habitantes? ¿Qué sentido tiene gobernar un reino que no tiene población? ¡No lo entiendo!

            A lo que el Cazador le respondió sin titubear.

            —No hay nada que entender—todos se volvieron al joven para escucharlo—. Los Demonios son seres egoístas a quienes no les importa nada ni nadie. Ellos ven a los humanos como ganado del cual pueden alimentarse y algunos nos ven como juguetes que existen para su diversión. Los Demonios hacen lo que hacen por una simple y única razón…Diversión. Les divierte vernos sufrir, vernos llorar y regodearse con nuestro sufrimiento. ¡Así de repugnantes son esas criaturas! ¡Seres que solo pueden vivir del dolor, del sufrimiento que provocaban a otros, de las desesperación, desesperanza y del caos!

            La apasionada respuesta del Cazador había captado la atención de todos. El joven se reprimía, pero era bastante evidente que había rencor y odio oculto en cada una de sus palabras. Por lo que una vez se relajó, se volvió hacía el hombre que había hecho las preguntas.

            —No te molestes en pensar en la conducta de los Demonios ni en la forma de obrar de otros Seres Oscuros. Piénsalo de ésta forma, si los humanos somos creadores, entonces los Demonios y los demás seres de la oscuridad, son destructores. Así de simple.

            Nadie volvió a decir nada por varias horas más. El sol había cambiado de lugar, las pocas nubes que surcaban el cielo ese día eran ignoradas olímpicamente y la brisa cálida que hacía mecer los largos cabellos de las mujeres resultaba pesada y molesta. Ninguno de los humanos consideraba ese trabajo como exitoso, pues se habían dado cuenta de cuál había sido la cruda realidad del reino de Before y de que la criatura que provocó toda esa desgracia, continuaba libre y en alguna parte.

            —Princesa—fue Rudolph en romper el largo silencio. La doncella se volvió para verlo con los ojos rojos por haber llorado en voz baja—. ¿Qué sucederá con los pocos habitantes del reino de Before? Antes de marcharnos, aún quedaban algunos soldados trabajando y no dudo que quizás aún haya ciudadanos viviendo en ese reino.

            Los siete hombres veían a su princesa, esperando su resolución final. Las dos Cazadoras igual la miraban, solo que sin ganas. Summer y Jessenia aún continuaban pensando en sus propios dilemas sin resolver. Para ellas, la misión también fue un fracaso.

            —Una vez que lleguemos a Dragma hablare con mi padre— dijo la princesa con determinación— estoy segura de que si le explicamos correctamente como resultaron las cosas, él no dudara en ayudar a esas pobres personas.

            — ¿Y que pasara con los habitantes del reino que no los acepten?—Inquirió otro de sus hombres—. No es ningún secreto que muchos de los ciudadanos de Dragma se oponían a la alianza entre reinos por medio del matrimonio.

            A lo que la princesa bajo la mirada por unos momentos, pensativa, luego la volvió a subir y habló con resolución.

            — ¿A dónde llegara nuestro reino si permitimos que el odio y el desprecio nos domine? ¡En estos momentos no importa quien nació en que reino o quien hizo que cosa! ¡Todos somos seres humanos y como tales, tenemos derecho a vivir una vida plena, larga y en paz, no permitiré que algo tan ruin como el odio, los prejuicios y la discriminación, le niegue a esa gente su derecho a vivir! ¡Esa no es la clase de reina en la que me quiero convertir! Algún día heredare la corona del reino de Dragma y cuando suceda, me esforzare para que todo el reino goce de una paz larga y armoniosa. Será una lástima para los habitantes que se nieguen, pero deberán aceptarlo. La culpa de ésta guerra y la responsabilidad de todas las muertes que ya hubo, no fue culpa de los habitantes de Before.

            Alexander caminaba adelante de todos, escuchando el discurso de la princesa y sonriendo por lo que escuchaba.

            “Es una princesa interesante, pero…, las cosas puede que no salgan tan bien como ella lo espera. El odio y el resentimiento de los humanos no son para tomárselos a la ligera. Tal parece que la princesa tendrá muchas dificultades de ahora en adelante. Aunque, a decir verdad, son esas mismas dificultades las que nos vuelven más fuertes y sabios. Quien sabe, quizás esa princesa si logre convertirse en alguien excepcional.”

            Unas horas más tarde, la pequeña comitiva había llegado ante las murallas del reino de Dragma. Los guardias que la custodiaban bajaron a recibirlos y en cuanto vieron a la princesa Ariana y a Rudolph, sin demora los dejaron entrar. Terminaron siendo escoltados por el doble de guardias debido a los civiles curiosos que no paraban de arremolinarse para ver lo que pasaba. Muchos de ellos advirtieron a los guardias que acompañaron a la princesa con los cabellos todos alborotados, las armaduras abolladas, sucias y repletas de rasguños y daños. Además de que también repararon en la presencia de los tres Cazadores que iban a pie entre todos los guardias del reino. Al final, llegar hasta el castillo resultó ser una verdadera odisea.

            Tan pronto como el rey William vio a la princesa, padre e hija corrieron para encontrarse en mitad de la sala de audiencias, se dieron un fuerte abrazo. Éste le dio un beso paternal en la mejilla y luego la observó cuidadosamente. Parecía una joven diferente la que tenía delante. Ariana se veía varios kilos más delgada, pálida y bajo sus ojos, unas negras ojeras se hacían presentes llamativamente.

            Rudolph interrumpió en la sala, se postró ante su rey y solicito si podían hablar a solas. Solos él, los Cazadores y el mismo líder de la comitiva. Tenían mucho que discutir.

            El rey despidió a su hija al igual que a la mayoría de sus hombres y en la sala solo quedaron Rudolph, Alexander, Summer, Jessenia y el mismo William. Tardaron un rato y tras omitir algunos detalles inútiles, el rey finalmente aceptó la historia que le contaron. Alex le entregó al padre de la princesa el diario escrito del antiguo príncipe Joshua, como evidencia de que todo lo que discutieron era verdad. El rey William prometió comparar la letra que allí estaba escrita con algunos documentos importantes que el mismo Joshua había firmado en otros tiempos.

            Y, como muestra de gratitud, el rey les ofreció a los Cazadores su hospitalidad. Hospitalidad que fue bien recibida y aceptada por Alexander, ya que ambas chicas se encontraban totalmente asquerosas: los cabellos enmarañados, la cara sucia y con sus ropas desgarradas, sin mencionar que las dos desprendían un fuerte olor a sudor y a suciedad.

            Jessenia permitió que Summer se bañara primero, ya que a la primera le gustaba su intimidad a cuanto a cuestiones de aseo se refería, la segunda aceptó gustosa sin oponer ninguna resistencia. Para fortuna de Jessenia, una sirvienta del castillo le dijo que había encontrado en una de las habitaciones, una mochila negra repleta de ropa limpia y sin usar. Al momento de verla, la Cazadora la reconoció inmediatamente. Ella había salido de ciudad Central con ese equipaje, pero luego de que perdió la conciencia en la Sala de Audiencias del rey, tras su fracaso al derrotar a los guardias, dejó ese equipaje atrás. ¡No! Mejor dicho, Yura dejó el equipaje atrás, pues a su alter ego no le gustaba cargar con peso extra.

            Jessenia se alegró, al menos tendría un poco de ropa para vestirse. Ya en su habitación, mientras esperaba a que Summer desocupara el baño, la chica se miró en un amplio espejo que allí había. La imagen que vio reflejada fue la de una joven sucia, con el cabello asqueroso y enmarañado y, más que todo, deprimida. El recuerdo de su constante inutilidad continuaba carcomiéndola.

            El sol se ocultaba a lo lejos, la poca luz solar que entraba por uno de los ventanales de la elegante habitación, poco a poco se volvía oscura. Jessenia, sentada sobre la cama con ambos codos apoyados sobre las piernas y con gesto pensativo, llegaba a una resolución final. No importaba que, las cosas no podían seguir así.

            Una sirvienta interrumpió su meditación para informarle que Summer ya había salido del baño y que ahora ya podía usarlo. Jessenia se lo agradeció, se levantó de la cama, tomó la mochila negra que Yura había dejado abandonada y se encaminó al baño, pensando que pudo haber usado cualquiera pero, al ser invitados de honor del rey William, ellas debían usar el baño de la realeza. Bueno, ella anteriormente fue una princesa, por lo que entendía que los invitados especiales de un rey debían recibir trato especial, después de todo, a los aristócratas les importaba mucho mantener las apariencias y constantemente recodarles a las personas que los rodeaban que ellos eran gente importante.

            El cuarto de baño, sin lugar a dudas, era enorme. La tina era un gran hueco en el piso llenó de agua caliente que desprendía una constante cantidad de vaho, por lo que el interior de la habitación estaba sumido en la blancura. Los pisos y las paredes eran de roca y el agua salía de un hueco en unas de las paredes. Jessenia de desvistió y entró en la tina gigante. Tan pronto su cuerpo se hubo sumergido en el agua caliente, la joven Cazadora sintió un placer inexplicable que le recorrió cada musculo del cuerpo. Se hundió completamente y una vez que volvió a sacar la cabeza del agua caliente, se percató que el agua donde ella se había sumergido, se tiño de negro. Sus cabellos resultaron estar tan enmarañados que la chica tuvo que desamarrar algunos mechones que tenía.

            Mientras la chica yacía sentada en mitad del agua caliente, disfrutándola, la sensación que experimentaba, sumándole el diseño de ese cuarto de baño, le hizo recordar la antigua vida que había dejado atrás. Cuando en antaño era una princesa del reino de Fior. Jessenia se recordó a sí misma usando los clásicos vestidos de la aristocracia: largos, con muchos encajes y adornados. Buenos para cubrir su piel, pero terriblemente incomodos y difíciles de poner. Tanto así que Jessenia necesitaba la ayuda de sus dos doncellas personales: Emily y Jane, ambas eran chicas de la misma edad que…

            “No…, aún tenemos la misma edad…” Sentada en el enorme hueco, cubierta casi totalmente por agua caliente, Jessenia hizo cuentas y se percató que todavía no se cumplía el mes desde que abandonó el reino de Fior. “Han pasado tantas cosas desde que abandone ese reino y todavía no se cumple un mes…” La joven miró el techo cubierto por vaho blanco y se preguntó cómo estarían esas dos sirvientas suyas. No eran chicas malas, un poco torpes pero dedicadas a sus labores. En sus días como princesa, Emily y Jane fueron lo más cercano que Jessenia tuvo a un par de amigas.

            Soltó un profundo suspiro y continuó con su limpieza corporal.

            Una vez que terminó con su baño, las sirvientas del castillo le ofrecieron apoyo para vestirse y o peinarse, Jessenia las rechazó con educación y paso a ponerse la ropa que había empacado en su pequeña maleta. Sacó una sencilla ropa interior de color blanco, camisetas y pantalones de color negro, un par de botas de cuero y doblada hasta el final, una larga capa de viaje, del mismo color que la camisa y el pantalón, con botones al frente para abrocharla y con una ancha capucha colgando por detrás. En la parte izquierda yacía el símbolo del gremio con letras doradas.

            Al salir del cuarto de baño y encaminarse hacia donde estaban reunidos los demás, en un amplio comedor, Jessenia advirtió que Summer vestía un largo vestido de princesa que no la favorecía en absoluto. Parecía que los vestidos y la Cazadora, fueron hechos para ser enemigos naturales. En lugar de verse elegante, la Cazadora se veía más bien cómica y hasta ridícula.

            — ¿De dónde sacaste esa ropa?—Le preguntó nada más viéndola—. Quieres que cambiemos.

            Ariana, quien estaba presente, obviamente usando un nuevo vestido y tras darse un largo baño para quitarse la suciedad y la fatiga del viaje de regreso, se apresuró a disculparse con la Cazadora.

            —Lamento mucho que no te hayan gustados mis atuendos…

            A lo que Alexander respondió rápidamente.

            — ¡No es su culpa princesa! Es solo que mi compañera no está acostumbrada a usar esa clase de ropa. Debido a la naturaleza de nuestro trabajo, los Cazadores debemos usar atuendos que favorezcan nuestra capacidad para movernos rápida y ágilmente.

            —Ya veo—la princesa se mostró más relajada—. Naturalmente, sus trabajos, además de ser muy difíciles y peligrosos, les exigen una excelente condición física. Por favor, perdonen mi torpeza, no tuve en consideración lo demandante que pueden ser sus vidas. 

            Jessenia le dijo a Summer que aún le quedaba un conjunto exactamente igual en su maleta y que si lo deseaba se lo podía regalar, la chica de largo cabello verde y lacio, aceptó.

            Mientras la Cazadora se cambiaba, los sirvientes trajeron un montón de platos con alimentos calientes y listos para ser comidos. Alexander había aceptado la hospitalidad del rey en la Sala de Audiencias, por lo que cenarían esa noche en compañía del rey y su hija y también pasarían la noche en el castillo, una vez descansados, alimentados y aseados, partirían a la mañana siguiente.

            Summer regresó, advirtió que la larga mesa llena de alimentos estaba encabezada por el rey William, a su derecha estaba la princesa Ariana, su hija y al lado de ésta, su guardia personal, Rudolph. Del lado izquierdo estaba Alexander, un asiento vacío y luego Jessenia. La peliverde se sentó en medio de sus compañeros y empezó a llenar su elegante plato con todas las carnes, pescado y asado que pudo tomar.

            El rey, la princesa y Rudolph hablaban sobre cómo podían ayudar a las pocas personas que quedaban en el reino de Before, el soldado recomendaba algunos lugares dentro de Dragma donde ellos podrían acomodarse, sin embargo, la princesa le decía que no todas las áreas del reino serían seguras para ellos, ya que como uno de sus hombres le había dicho, no todos los ciudadanos de Dragma estarían de acuerdo, por lo que la idea era encontrarles un lugar seguro donde pudieran vivir y trabajar. Alexander, de tanto en tanto, hablaba con el rey cuando éste le preguntaba cosas sobre Demonios, Súcubos y más seres de la oscuridad. Jessenia y Summer, debido a sus propias preocupaciones, comieron en silencio y no se alimentaron como normalmente lo harían.

            — ¿Pasa algo malo?—Les preguntó la princesa con preocupación—. Las notó un poco decaídas, ¿la comida no es de su agrado?

            Jessenia la miró y le sonrió.

            —No es nada malo, princesa—le respondió con educación y amabilidad—. Es solo que hemos tenido unos días muy largos y estamos un poco cansadas, eso es todo.

            Rudolph reforzó la idea añadiendo lo siguiente:

            —Tiene sentido, después de todo, ambas Cazadoras tuvieron que mantener combates muy difíciles con un grupo de bestias salvajes—dijo, con determinación—. Me avergüenza reconocer que yo y tampoco ninguno de mis hombres, fue especialmente útil en la misión que usted nos encomendó, su majestad. De no ser por la fuerza y las habilidades de éstas jóvenes, nunca hubiésemos llegado al reino de Before, mucho menos salir, ya que fue la presencia de las Cazadoras lo que ahuyento a ese demonio.

            —Me tranquiliza escuchar eso—respondió el rey con propiedad—. Debo admitir que al principio no estaba muy seguro, mucho menos luego de presenciar esa batalla en la Sala de Audiencias…

            En éste punto Jessenia dejo de escuchar y entrecerró los ojos mientras su memoria la regresaba a ese enorme fiasco que había provocado su debilidad. Ni se enteró del momento en que el rey había dejado de hablar. Igual no le importo.

            Una vez que los platos quedaron limpios de comida, todos los presentes se levantaron y se encaminaron a sus respectivas habitaciones. Una vez dentro de su cuarto, Jessenia advirtió que la luna resplandecía alta en el cielo y, al igual que ella, Alexander y Summer, veían el mismo paisaje con expresiones serias. Los tres sabían, pese a que no se lo comunicaban entre ellos, que donde sea que el Súcubo estuviera, para ese momento ya habría recuperado sus poderes.

            Jessenia suspiró y se reconfortó al pensar que igual no tenía importancia, con o sin demonio, si ella hubiese estado ante esa criatura, seguramente el Súcubo la habría matado, después de todo, si algo le ha enseñado la experiencia es que sin la ayuda de Yura, Jessenia habría sido incapaz de protegerse por cuenta propia. Pensamiento que tuvo para lastimarse a sí misma y que a la vez, le produjo una sensación amarga y molesta.

            Esa noche, tras muchas dificultades, los tres Cazadores pudieron dormir.

 

            Después de que la cena terminó, Ariana se retiró a sus aposentos. Se cambió las ropas a unas más cómodas para dormir, pero en lugar de dirigirse a la enorme cama, la princesa abrió las puertas que conectaban con el balcón y permaneció largos segundos observando la luna que brillaba distante en el firmamento. El viento fresco de la noche agitó sus largos cabellos mientras recordaba que la mujer con la que habló en el reino de Before, aquella cuyo nombre era Helena, no era otra más que el mismo Súcubo disfrazada. Luego, casi inmediatamente de rememorar la imagen de esa hermosa mujer, la princesa recordó las palabras que el Cazador le dijo a su padre mientras cenaban:

            “—Los Seres Oscuros—recordó— son como enfermedades vivientes. Déjeme plantearle un ejemplo: supongamos que cerca de usted se encuentra una persona muy enferma de gripe y que desafortunadamente, ésta persona estornudó o se sonó la nariz muy cerca de usted, ¿qué cree que vaya a pasar después?—A lo que el rey le respondió que, si él se encontraba con buena salud, compartir una habitación con alguien enfermó de gripe, probablemente causara que luego él tenga los mismos síntomas, es decir, que el enfermó le haya pasado la enfermedad—. Precisamente—continuó el Cazador—. Los Seres Oscuros y más concretamente, los demonios, son iguales a ese tipo de enfermedades. Los Súcubos, al ser criaturas que se alimentan de la vida humana, usando el acto sexual como medio para drenarles la energía, tienen la capacidad, por tan solo estar cerca de los hombres, de provocarles fuertes deseos eróticos o, dicho de forma vulgar, de excitarlos. Con las mujeres sucede algo más o menos similar, pero como los Súcubos se alimentan de la energía de los hombres, si una chica se encontrase cerca de estos demonios, lo más probable es que comenzara a despertar fuertes apetitos sexuales y en el peor de los casos, a tener fantasías sexuales con hombres. En resumen, los Seres Oscuros son criaturas nocivas que por el simple hecho de existir, corrompen tanto el cuerpo como la mente del ser humano.”

            Al finalizar el recuerdo, la princesa recordó la fantasía que había tenido cuando tomó un baño en el reino de Before. Se vio a sí misma dentro de una bañera caliente, luego, de alguna forma, Rudolph entró a donde ella se encontraba, completamente desnudo y Ariana se deleitó por la imagen que presenciaban sus ojos. Nunca antes había visto algo tan hermoso, a continuación y pese a las dimensiones de la bañera, ella y su guardia personal compartieron la tina de baño. Y lo que comenzó con simples caricias y con besos cada vez más apasionados, concluyó con un acto indecente que la princesa nunca antes había imaginado, pero que tras fantasearlo esa noche, ya sea por la influencia oscura de un demonio o por sus propios deseos personales, la doncella no podía negar que disfrutó con aquel sueño y una parte de ella deseaba que hubiese sido real.

            La princesa Ariana había salido de sus aposentos y ya sea por la energía del recuerdo que tuvo, o por la forma en que disfrutó de aquel sueño, es que la joven hizo algo que nunca antes había hecho. Caminó en mitad de la noche, cuidadosa de no despertar a nadie y de dirigió, con resolución, a la habitación donde dormía su guardia personal. Dada la posición que Rudolph tenía, la princesa sabía que su cuarto se encontraba dentro del castillo, pero un poco alejado del cuarto de la joven. Una vez frente a la habitación, la doncella tragó saliva y se llevó ambas manos al nivel del pecho, pudo sentir y escuchar a su corazón latir con fuerza. Estaba tan nerviosa por lo que estaba a punto de hacer que su estómago no paraba de moverse y hacer ruiditos extraños.

            Se armó de valor, levantó el puño derecho y dio tres golpecitos a la puerta. No lo bastantes suaves para que Rudolph no los oyera, pero tampoco tan fuertes como para despertar a alguien. Los segundos que siguieron fueron los más largos de su vida… Silencio. Ni un solo ruido proveniente del otro lado de la puerta, Ariana pensó en golpear con un poco más de fuerza, pero luego recordó que seguramente su caballero estaría demasiado cansado. Así que decidió retirarse por esa noche y dejar a Rudolph descansar. Lamentablemente, cuando ya estaba por darse la vuelta e irse, la puerta se abrió de improviso y una voz surgió del interior.

            — ¿Quién toca la puerta…?

            El hombre calló en el momento en que vio a la princesa Ariana, en camisón, parada delante de su puerta. Detrás de la chica unos altos ventanales filtraron la luz de la luna, haciendo que la imagen doncella se viera verdaderamente majestuosa. En los segundos siguientes tras abrir la puerta, Rudolph advirtió que la princesa solo vestía un corto camisón de un pálido color azul que le llegaba hasta las rodillas, se veía tan impresionante hermosa, bella y delicada con ese atuendo que usaba para dormir.

            — ¡Pri-pri- Princesa!—Articuló luego de pasar varios segundos admirando el cuerpo de la joven que yacía de pie ante él—. ¿Qué es lo que hace aquí? ¡Debería estar durmiendo…!

            — ¿Puedo pasar…?—Preguntó, con timidez.

            — ¡Ah…! ¡Ah…! ¡Po-Por supuesto!—Se hizo a un lado—. ¡Adelante!

            —Gracias.

            La princesa entró lentamente a los aposentos de su guardia personal y notó que, pese a que su recamara era significativamente más pequeña que la suya, ésta estaba limpia, ordenada y se veía acogedora.

            Ninguno de los dos sabía que hacer a continuación. Ambos se quedaron parados, Rudolph cerca de la puerta tras haberla cerrado y la princesa a unos metros del caballero, dándole la espalda, pensado que hacer ahora que había llegado tan lejos.

            —Este… Princesa, ¿hay algo que necesite de mí?

            Ariana volvió a tragar saliva. Su corazón comenzó a latir con mucha fuerza y sabía que ese era el momento. Todo o nada. Si dejaba pasar tan buena oportunidad, quizás no volvería a tener el valor para reintentarlo en algún futuro.

            — ¡Yo…!—Dijo con más fuerza de la necesaria—. Yo… Lo he estado pensando. ¡Lo he pensado y lo he pensado muchas, muchas veces! Pero…, no importa cuántas veces lo intentaba, nunca pude encontrar el valor necesario, al menos, no hasta ahora. Creo…, creo que siempre lo supe, pero nunca le di especial importancia a mis sentimientos. Siempre he creído que como futura reina, mi deber era únicamente para mi gente… Pero, después de estar cerca de ese Súcubo, fue que finalmente me di cuenta de lo mucho que deseaba estar cerca de esa persona y, en cuanto el sueño terminó, me asustó la idea de que ese sueño, solo fuera eso…

            —Princesa… ¿De que esta…?—Rudolph no entendía las palabras de Ariana ni a donde quería llegar, por lo que preocupado, se acercó a la doncella con el brazo derecho levantado.

            — ¡No te acerques!—Le espetó en voz alta—. No lo hagas. Si te acercas, si te veo a los ojos, quizás no pueda decirte lo que vine a decirte, por eso, perdona que lo diga de ésta forma tan egoísta… Pero es que no creo poder hacerlo de otra forma…— Rudolph se quedó de pie sin moverse, viendo la espalda de la princesa. La joven se veía especialmente débil y vulnerable esa noche, ya sea porque él era más alto o por la oscuridad de la noche, Ariana no se veía diferente a una chica ordinaria. Fuera o no de la realeza, aquella joven seguía siendo una mujer. Una chica de veinte años llena de inseguridades, temores y conflictos por resolver y él, ¿qué era él?, ¿su amigo?, ¿su guardián?, ¿o solo un hombre más del montón? La princesa respiró con profundidad y continuó con lo que fue a decir—. Ya han pasado muchos años desde nuestro primer encuentro. Aquella noche oscura, lluviosa y calurosa… Mi chofer estuvo a punto de atropellarte, ¿lo recuerdas?

            —Es imposible que lo olvide—dijo con seguridad—. Fue esa noche el momento que cambió mi vida, princesa…

            — ¡Ariana!—Lo interrumpió con firmeza—. Mi nombre es Ariana, te dije que podías llamarme por mi nombre cuando estuviéramos solos.

            Rudolph se lo pensó unos segundos, al final, decidió obedecer a la princesa.

            —Ariana, fue esa noche que te conocí el momento que cambió mi vida para siempre. En cuanto te vi, supe que deseaba conocerte, al principio para agradecerte que salvaras mi vida. Si esa noche no me hubieras recogido, probablemente no estaría aquí en estos momentos, pero luego supe, tras saber más de ti, que deseaba protegerte, ya que de esa forma, tú podrías salvar a más personas de las que yo jamás podría. Fue gracias a que te conocí que ahora estoy aquí en este momento y no podría estar más agradecido por ello.

            Ambos guardaron silencio. Ariana dándole la espalda a Rudolph, escuchando atentamente cada palabra que el hombre pronunciaba y el caballero mirando la delicada y bella figura de la mujer que estaba ante él.

            —Al principio—continuó la princesa— cuando te vi por primera vez en esos torneos, me avergüenza admitir que no te reconocí, sin embargo, tú fuerza y tú forma de luchar pese a tú corta edad me dejaron impresionada. Luego volví a verte, esa vez fue en los entrenamientos que los Maestros de Armas impartían a los soldados de mi padre y fue ahí cuando finalmente te reconocí. Usando una armadura y practicando con la espada, recordé al niño que cayo inconsciente aquella noche y desde ese momento, buscaba cualquier pretexto y cualquier forma para acercarme a ti. Me dabas mucha curiosidad, después de eso pasaron muchos años y terminamos volviéndonos buenos amigos. Cuando algo me preocupaba, cuando algo me asustaba o cuando me peleaba con mi padre, todo, absolutamente todo te lo decía y sin darme cuanta, llegue a una etapa donde deje de verte como un amigo y comencé a verte como un hombre. Había días en que no nos veíamos debido a nuestras responsabilidades y en esos momentos veía al cielo y me preguntaba, ¿qué estará haciendo él?, ¿estará muy ocupado?, ¿estará comiendo apropiadamente?... ¿Estará pensando en mí…?

            — ¡Lo hacía…!—Dijo, bruscamente—. Yo también…, pensaba en usted pri… Ariana.

            —Luego me di cuenta, tras pensarlo cuidadosamente, de cuales eran mis verdaderos sentimientos pero, por el cargo que ejerzo como princesa y futura reina, siempre creí que mis únicos sentimientos eran para mi gente y para nadie más, por lo que cuando mi padre me habló sobre ese matrimonio y sobre la oportunidad de terminar con la guerra, no lo pensé dos veces, sabía que esa era mi obligación como princesa. Fue entonces cuando me encontré con esa mujer y de cierta forma, me ayudó a entender con mayor claridad lo que realmente deseaba—en éste punto Ariana se dio la vuelta, miró a Rudolph a los ojos y éste pudo ver el rostro ruborizado de la princesa. La luz de la luna se filtraba por las ventanas sin cortinas y el caballero pudo notar, una vez más, lo bella que podía ser la chica ante él—. Tenía miedo. Miedo de no poder volverte a verte si me casaba con otro hombre, miedo de que el primer hombre que me tocara fuera otro y no la persona a quien yo realmente amo… Lo que trato de decir es que…

            Rudolph le dio un fuerte abrazo, interrumpiendo sus palabras y dejando muy sorprendida a la princesa.

            —Está bien—le susurró—no tienes que decir nada más. Yo también siento lo mismo y en cuanto me entere del matrimonio y lo fácil con que habías aceptado, sentí que te ibas a ir a un lugar donde yo no podría seguirte, mucho menos protegerte. Tuve miedo de que ya no me necesitaras y me enfurecía pensar que otro hombre te tendría entre sus brazos, que te abrazaría, que te besaría y que te apartaría de mi lado…

            Rudolph separó unos centímetros a la princesa de sí y la observó por largos segundos, ambos se veían sin decir nada más, pues lo que tanto deseaban decir, lo que llevaban tantos años guardándose para sí mismos, finalmente, esa noche, había salido a la luz y dejándose llevar por el momento, permitieron que las emociones, los sentimientos y los deseos reprimidos imperaran esa noche, la princesa y el caballero abandonaron la razón, las responsabilidades y las jerarquías. Ambos, de pie en la oscura habitación, se habían besado en los labios. Un beso simple, un beso sencillo que ocultaba todos los deseos reprimidos de años de silencio. Al final, el beso se convirtió en una caricia, la caricia en un gemido y antes de que los dos pensaran en lo que estaban haciendo, Ariana y Rudolph estaban en la cama, él encima de ella y ambos se veían a los ojos, sonrojados y respirando entrecortadamente.

            — ¿Esta bien si soy egoísta al menos una noche?—Ariana tomó el rostro de Rudolph y siendo “egoísta”, como ella lo llamaba, lo atrajo hacía si y lo beso.

            Nadie dijo nada más, Ariana y Rudolph fueron egoístas esa noche, se olvidaron del reino, de las personas, de las responsabilidades, de las jerarquías sociales, de la moral, de la ética, de lo correcto, de todo, y solo se concentraron en ellos mismos y en lo que llevaban guardando tantos años ya.

            Esa noche, la luna era intensa, enorme, llamativa y majestuosa. Ariana y Rudolph consumaban el amor que sentían el uno por el otro, mientras tanto, esa misma noche, en otro lugar muy, muy lejano, un Súcubo se alimentaba, buscando reponer las fuerzas que perdió durante el día.

            — ¡Todavía no terminas!—Le espetó un pequeño cuervo de brillantes ojos rojos—. ¡Ya ha pasado una hora desde que iniciaste, sino te apuras volverá a salir el sol!

            El cuervo veía, con sus brillantes y diminutos ojos rojos, como dos hombres con la piel terriblemente pegada a los huesos del cuerpo, penetraban a una sensual mujer de piel blanca y largo cabello rojo ondulado.

            La mujer, la cual no paraba de gemir de placer, hizo caso omiso del regañó del cuervo y continuo disfrutando de las salvajes envestidas que los dos hombres le daban. Finalmente, tras dar el último empujón, el hombre que penetraba el ano eyaculó una feroz cantidad de semen mezclado con sangre, llenando el orificio trasero del Súcubo y cayendo muerto en el proceso con las mandíbulas separas. La piel del primer hombre se había tornado negra, seca y se pegó al esqueleto de manera asquerosa; las cuencas de sus ojos estaban vacías y se le había caído la mayoría del cabello. La bruja, convertida en un pequeño cuervo negro, vio como el semen mezclado con sangre, en lugar de salir del ano de la mujer, se metía más adentro. Luego, cuando el segundo hombre estaba por dar su eyaculación final, el demonio se sacó el pene de la vagina y se lo metió todo en la boca, bebiendo hasta la última gota la corrida de aquel individuo.

            Dentro de su boca, la mujer lamía, chupaba y absorbía ese pene de manera lasciva y repugnante, bebiendo hasta la última gota de semen mezclado con sangre. Se pasó el líquido y para concluir, se relamió los labios con satisfacción, como si hubiese comido un platillo exquisito. El hombre cayó muerto al igual que su compañero, con la piel negra, pegada al esqueleto, arrugada, seca, casi sin cabello y con las cuencas de los ojos vacías.

            “¡Ah, los Súcubos, que criaturas tan más repugnantes!” Pensó la bruja mientras veía como el demonio disfrazado de una sensual mujer buscaba indicios de semen en los penes muertos de los hombres. “¡Y luego dicen que nosotras, las brujas, somos seres horribles, jactándose y presumiendo su inexistente belleza! ¡Bah! ¡No me hagan reír, ustedes Súcubos son tan horribles que solo basta una simple vista a su verdadera forma para que nadie nunca vuelva a caer en sus embrujos! ¡Así de repugnantes son todas ustedes! ¡Patéticos demonios fingiendo ser mujeres hermosas!”

            Evidentemente jamás le diría eso. Por mucha magia que una bruja pudiera usar, resultaba casi imposible derrotar con eso a un demonio, esas criaturas tenían gran resistencia a las habilidades mágicas de cualquier criatura que pueda usarlas.

            — ¿Ya terminaste?—Le preguntó, harta de esperar.

            —Sí, ya termine—le respondió mientras se acomodaba el largo cabello con gesto arrogante—. Sé que es tardado, pero me gusta disfrutar de mi comida. No le veo ningún sentido alimentarse si no vas a degustar tus alimentos.

            — ¡Si, si, lo que digas! Ahora, ¿A dónde vamos? ¿Segura que no quieres regresar al reino ese dónde estabas?

            — ¡Obvio no!—Dijo, hastiada de escuchar eso otra vez—. ¡Ya te dije que ya estaba harta de ese reino tan aburrido! ¡Si, si, comencé una guerra, fue divertida en su momento! ¡Separe a dos amigos y los hice desear matarse mutuamente, eso también fue divertido! ¡Mande a media población de Before al bosque ese para que sus mascotas se alimentaran, muy entretenido! ¡Y para acabar, aniquile a cientos de miles de personas! Todo eso fue divertido en su momento, pero ya me estaba cansado. ¡No! Basta de reinos y de genocidios, ya me aburrí—— de todo eso…, al menos de momento.

            Lo último lo había dicho con una pícara sonrisa. A continuación, el Súcubo se desnudó, revelando un increíble y sensual cuerpo femenino: alta, de pechos grandes, trasero generoso, esbelta, con piernas largas y seductoras, sin vello público y con una mirada que robaba corazones, literalmente hablando. De su blanca espalda brotaron dos grandes alas negras de murciélago, a unos centímetros más arriba de su ano, una larga y fina cola negra que acababa en una figura triangular emergió repentinamente y, para finalizar el cambió, de su frente brotaron dos cuernos delgados, igual de negros que sus alas y cola. Sus brillantes ojos azules se tiñeron de un llamativo rojo sangre, sus pupilas pasaron de ser redondas a verticales y la esclerótica blanca se oscureció hasta adoptar un negro profundo.

            Su cuerpo entero se rodeó de una intensa aura negra y entonces, esa misma energía se convirtió en atuendos cortos y reveladores: unos pantaloncillos que más bien parecían calzoncillos y un sujetador para sus enormes pechos, nada más.

            —Muy bien, ya estoy lista—dijo, haciendo desaparecer el aura negra—. Nos espera un largo camino, por lo que espero puedas seguirme el paso.

            El Súcubo agitó las alas negras y se elevó un par de metros en el aire, la bruja la siguió convertida en cuervo.

            — ¡No me subestimes!—Le espetó, enfadada—. ¿A dónde vamos?

            —Ya te lo había dicho—el Súcubo veía en varias direcciones, como tratando de encontrar el camino correcto. Cuando al fin lo ubicó, dijo lo siguiente—: Es momento de que le haga una pequeña visita a mis hermanas.

            El Súcubo volvió a mover sus enormes alas de murciélago y en un santiamén avanzó una impresionante distancia. La bruja no tuvo más remedio que emplear toda su fuerza para igualar la asombrosa velocidad del demonio y aun así, no fue suficiente. La bella mujer se mantuvo varias decenas de metros por delante del pequeño cuervo, tanto así que el pequeño animal apenas pudo distinguirla a la distancia.

            Sin hablar y sin detenerse, las horas pasaron. No parecía que llegarían a ningún lugar y eso preocupó de sobremanera a la bruja, ya que la luna se había movido mucho y calculó que faltaba al menos una hora antes de que saliera el sol. Por si fuera poco el pequeño cuervo ya estaba cansado, un poco más y la bruja perdería la transformación y se desplomaría en tierra, el Súcubo, por otro lado, no amaino la velocidad en ningún momento. Aunque odiara a los demonios la bruja debía admitir que eran criaturas de cuidado.

            Finalmente, tras mucho vuelo y tras perder la esperanza, la bruja reconoció que más adelante aparecía de entre una profunda neblina, un lago de aguas negras.

            “El agua debe estar envenenada, de eso no hay duda”

            Pero no era solamente el agua del lago, en la mitad del mismo y ocultó por la densa capa de neblina había un islote de gran tamaño y sobre ésta se erguía un impresionante castillo de ladrillos negros. Tenía cuatro altas torres que lo rodeaban con varias ventanas que desprendían luces del interior. La bruja notó que el Súcubo disminuía la velocidad y que finalmente aterrizo sobre la extensión de tierra.

            La bruja, convertida en un pequeño cuervo negro de ojos rojos, descendió y se posó junto al Súcubo, regresó a su verdadera forma: las plumas se convirtieron en prendas de cuero que envolvían completamente la pequeña figura del Ser oscuro, los diminutos ojos y el puntiagudo pico oscuro, desaparecieron.

            — ¿Qué lugar es éste?—Preguntó la Bruja. Ante ella se abría un puente colgante que al momento de levantarlo, asemejaba a una puerta gigante.

            —Aquí es donde los demonios de mi categoría nos reunimos—el Súcubo levantó ambos brazos y continuó con lo que estaba diciendo— observa los alrededores.

            La bruja lo hizo. El lago de aguas negras estaba completamente escondido por una densa capa de neblina blanca que hacía imposible distinguir la isla y el castillo desde las alturas, el agua, sin dejar lugar para las dudas, estaba envenenada, por lo que cualquier ser vivo que tocara ese líquido oscuro, moriría rápidamente y, si esas medidas de seguridad no fueran suficientes, el lago estaba en mitad de unas altas montañas, por lo que la misma naturaleza se sumaba para ocultar aquel lugar.

            — ¿Por qué éste lugar?—Preguntó la bruja luego de observar los alrededores—. ¿Por qué no se reúnen en el infierno? ¿No sería ese el lugar más seguro?

            El Súcubo penetró el interior del castillo caminando como si estuviera en su casa, la bruja la siguió un par de metros detrás de ella, contemplando los elaborados materiales con que fue levantada aquella construcción.

            —Las entradas a otros mundos no son fáciles de encontrar—le dijo mientras continuaba caminando—. Además, la entrada más cercana al infierno está a tres días de distancia, volando sin descanso a toda la velocidad. Y aun si tuviéramos la entrada a menor distancia, los de mi clase no la usaríamos para ir al infierno, los demonios de mi categoría no somos muy apreciados por los otros demonios y si estuviéramos con ellos, sería una batalla de nunca acabar. Por lo que éste lugar resultó ser un hallazgo perfecto de nuestra madre.

            Los largos pasillos, cubiertos por una elegante alfombra roja con bordes dorados, estaban bien iluminados gracias a una serie de antorchas en las paredes que se encendían por si solas cada vez que el Súcubo y la bruja, pasaban por ahí y que luego se apagaban una vez que ya hubieran pasado. 

            — ¿Madre?—Preguntó la bruja, curiosa—. ¿Todos los Súcubos tienen la misma madre?

            —Es correcto.

            Delante de ambos Seres Oscuros, un par de puertas se abrieron por si solas, dándoles la bienvenida a una enorme habitación bellamente adornada con alfombras, pinturas y un impresionante candelabro repleto de velas largas que desprendían una luz demasiado brillante. A unos metros de las puertas, un pequeño grupo de cuatro hermosas y bellas mujeres, yacían sentadas a la mesa con un apuesto hombre desnudo al lado de cada<

Notas finales:

CONTINUACIÓN DEL CAPITULO:

una. La bruja advirtió que todos esos "caballeros", llevaban un grueso collar de acero con cadena alrededor del cuello. 

"Como si fueran perros domesticos..." Pensó el ser oscuro al ver a esos hombres con collar y con rostros dociles, amaestrados. 

—¡Vaya, vaya, vaya! ¡Miren quien se animó a llegar luego de que nuestra hermana la llamó hace ya varios días atras!

Quien habló fue una mujer joven de asombrosa belleza fisica: tenía una larga cabellera rubia, unos brillantes ojos rojos de demonio; piel blanca, vestía un atuendo que lucía sus largas y hermosas piernas, además de unbusto prominente. Al lado de ese súcubo había otra mujer de igual belleza, solo que sus cabellos eran castaños claros, sus ojos eran, igual que todos los demonios, rojos con una rendija vertical a modo de iris; piel un poco más oscura que la primera y de pechos un poco más pequeños pero firmes y hermosos. Su rostro denotaba más tranquilidad que la primera. 

—Lo lamento — de disculpó la diablesa de largo cabello rojo —, perdí la nación del tiempo. Parece que has estado bien, Liliana.

La diablesa de cabellos rojos se acercó a la mesa y tomó asiento en una de las sillas vacias junto a sus hermanas.

 —Me gustaría decir lo mismo de tí, Lilia o quizas debería llamarte, Helena o Ileine o tal vez Liala. Disculpa, pero has tenido tantos nombres, la mayoria estúpidoz, que a veces olvido tu nombre real. 

—A diferencia de algunas, LIliana, a mi no me gusta quedarme con el mismo nombre todo el tiempo, es muy aburrido. 

— ¡Hmph! Preocuparse por los nombres es un asunto demasiado trivial, típico conflicto de los humanos, cuestionándose y preguntándose todo—se quejó otra de las mujeres, en ésta ocasión, la que yacía sentada al lado de Lilia—. ¡Has pasado demasiado tiempo en compañía de los humanos!

            — ¡Ya se! ¡Ya se! Por eso vine, Leda. Me aburrí de estar acompañada de humanos y regrese, esperando que ustedes tengan algo divertido para entretenerme.

            Y al escuchar esa última palabra, las Súcubos: Leda y Liliana, se enfrascaron en una larga discusión con su hermana: Lilia. La bruja no sabía cómo acercarse a ellas, nunca antes había estado en una habitación con tantos demonios, por lo que prefirió quedarse parada donde estaba y observar la escena, notó que había otros dos Súcubos sentados a la mesa. Una era una mujer de largo cabello negro, increíblemente bella pero, no de una belleza provocativa y sensual como la de Lilia, sino de una hermosura elegante, refinada y sofisticada. Parecía una duquesa, ahí sentada, bebiendo de una tasa de manera elegante y con rostro imperturbable. La mujer junto a ella era igual de hermosa, joven, de piel blanca y con un aura elegante. Esas dos mujeres, ¡no!, mejor dicho demonios con aspecto femenino, irradiaban sofisticación y elegancia por todos sus poros.

            La mujer de largo cabello negro dejo de beber, poso su taza sobre un pequeño platico de cristal, abrió lentamente los ojos, revelando dos brillantes orbes rojos.

            — ¡Basta de discusiones!—No había gritado, su voz era fina, elegante, femenina pero cargada de poder, tanto así que con solo decir esas tres palabras, sus tres hermanas se quedaron calladas al instante. Miró a Lilia, la cual se había sentado frente a ella—. Me alegra que te nos unas, Lilia, francamente me preocupe cuando no respondiste a mi primer llamado. Llegue a plantearme la idea de ir a ese reino a buscarte, ¿puedes decirme que era tan divertido como para ignorar una llamada de tú hermana mayor?

            A lo que Lilia, con su aspecto de mujer madura, seductora y hermosa, quedó reducida, a ojos de la bruja, a una niña pequeña e indefensa que no sabía cómo responderle a su madre.

            —Lo lamento, hermana, perdí la noción del tiempo, no volverá a ocurrir.

            —Eso espero, sabes que odio repetir dos veces lo que digo—luego, en tan solo un segundo, miró a la bruja que continuaba inútilmente parada bajo el umbral de las puertas—. ¿No vas a ofrecerle un asiento a nuestra invitada? Es indecoroso mantener a alguien de pie.

            A lo que Lilia, Liliana y Leda voltearon para ver a la bruja, las tres la miraron como si de una mosca se tratase. Pequeña e insignificante.

            — ¿Por qué trajiste a una Bruja?—Le preguntó Liliana—. ¿Que acaso no sabes que a estas tierras solo se le permite la entrada a las de nuestra clase? ¡En serio! Que tan estúpida e inútil puedes llegar a ser, a veces me pregunto porque tienes que ser de la familia.

            Sorpresivamente Lilia no se mostró molesta ni levemente enojada, en lugar de eso sonrió con satisfacción. La mujer y aparentemente hermana mayor, la de largo cabello negro, piel blanca y de belleza sofisticada, habló con cuidado y sin enfado en la voz.

            —Fui yo quien le pidió a Lilia que trajera a una bruja, ¿eso me convierte en una estúpida, una inútil y en una vergüenza para nuestra familia?—La mujer de largo cabello negro se le quedó viendo con sus brillantes ojos rojos de demonio a la Súcubo llamada: Liliana. Ésta respondió rápidamente al escuchar las palabras de la primera.

            — ¡Por supuesto que no, hermana!—Respondió, nerviosa—. ¡Solo era una broma, un chiste! Jamás se me ocurriría pensar semejante barbaridad de alguien como tú, cuando todo lo que haces es inteligente y elegante.

            — ¡Ah, ya veo!—Fue lo único que dijo. Liliana respiró con satisfacción mientras Lilia y Leda trataban de disimular una risa burlona. La mujer de largo cabello negro dejo la tasa sobre el pequeño platito de cristal, miró fijamente a sus cuatro hermanas y entrelazando las manos les dijo con seriedad—: Las he mandado  llamar porque ha llegado el momento de que nos pongamos a trabajar. Madre ha contactado conmigo y ya nos dio una serie de tareas que debemos cumplir.

            Al escuchar la palabra “madre”, los cuatro pares de ojos se fijaron seriamente en la mujer de largo cabello negro que hablaba. Fuera de los muros del castillo y muy por encima de la neblina que rodeaba de ese lugar, la luna descendía y un nuevo amanecer comenzó a brillar. 

 

FIN DEL CAPITULO

 

 

Bueno, aquí formalmente concluye la Segunda Misión de Jessenia, espero les haya gustado los anteriores capítulos al igual que los personajes y la historia, como siempre, si hubo algo que no les gustara, por favor, compartan esas ideas en los comentarios, prometo leerlos y responderlos tan pronto me sea posible. 

 

 

 

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