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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

¡Hola lectores! ¿Cómo les va?

 

 Lamento mucho la tardanza, pero aquí estoy, con un nuevo capítulo. 

 

 Espero, si los están leyendo, les hayan gustado los capítulos resubidos de los primeros Arcos de la historia y, sin más por el momento, DISFRUTEN del capítulo. :) :) :) 

 

 

Un día antes…

 

            Alexander, el amigo y compañero de Summer, ayudó a caminar a una Jessenia que no podía sostenerse por sí misma. Luego de que Yura derrotara a la bruja en el Bosque Negro tras activar una habilidad o un poder que la Cazadora no conocía, su cuerpo terminó no solo muy lastimado, sino que también muy falto de energía, por lo que a cada paso que Alex daba, Jessenia resistía el impulso de irse a dormir.

 

            Los dos avanzaban a gran velocidad debido a que el Cazador daba enormes saltos que los adelantaban muchos metros y luego de moverse por un rato, ambos advirtieron a la distancia las murallas que protegían el reino de Before. Alexander aterrizó a pocos metros de la pared, uno de los guardias los vio aterrizar, a lo que inmediatamente dio la alarma con ayuda de un corno que tenía amarrado en un cinturón del lado izquierdo del cuerpo. Tan pronto lo hizo sonar, del otro lado de la muralla se comenzaron a escuchar toda clase de ruidos. Al Cazador no le gustó como fue que los recibieron, por lo que no bajó la guardia en ningún momento.

 

            Sin previo aviso y sin intentar parlamentar con los Cazadores, es que los guardias del otro lado de la muralla comenzaron a bombardearlos con flechas. Docenas y docenas de proyectiles cayeron sobre Alex y sobre Jessenia, afortunadamente, el Cazador evadió cada una de las flechas al dar un salto de varios metros hacia atrás. Dejó a Jessenia sentada detrás de una gran roca que yacía enterrada en el suelo para que le sirviera como escudo.

 

            — ¿Qué está pasando? — Le preguntó, confundida —. ¿Por qué nos atacan?

 

            Alex no respondió, sino que se quedó mirando la alta muralla y a los guardias que cargaban en sus arcos la siguiente ráfaga de flechas.

 

            —No lo sé — contestó —, pero voy a averiguarlo. Tú quédate aquí, si intentas ayudarme en el estado en el que te encuentras, solo te volverás un estorbo.

 

            Y sin decir nada más, Alex caminó tranquilamente hacía la muralla. Jessenia lo vio desde atrás, frustrada y apretando dientes y puños al notar que, una vez más, estaba haciendo gala de su inutilidad. Fue totalmente consciente que durante todo ese trabajo, Jessenia no sirvió para nada.

 

            El Cazador invocó su Arma Espiritual, la cual consistía en un largo palo que parecía estar hecho de metal, salvo que en el extremo superior había una especie de gancho afilado a modo de cuchilla y, en el extremo inferior, una maza repleta de puntiagudos y anchos picos. La primera era perfecta para cortar, mientras que la segunda para golpear.

 

            — ¡FUEGO! — Gritó uno de los soldados desde lo alto de la muralla.

 

            Docenas y docenas de flechas encendidas surcaron el cielo y desde la distancia Jessenia observó cómo Alexander uso el mismo movimiento que Yura empleó contra aquellos bandidos en Paso Largo: el Cazador hizo girar a gran velocidad su Arma Espiritual, lo que lo ayudo a bloquear cada una de las flechas enemigas mientras avanzaba. La ráfaga de disparos se detuvo por unos segundos para que los centinelas recargaran sus arcos, tiempo más que suficiente para que Alexander contraatacara desde su posición. El joven notó que pese a que sus “enemigos” estaban en las alturas, sus cuerpos y cabezas quedaban fácilmente expuestos, por lo que el Cazador clavó en el suelo su larga arma e invocó entre sus dedos ocho pelotitas perfectamente redondas y, sin perder ni un solo segundo, el muchacho lanzó las esferas contra las cabezas de sus oponentes, derribando y dejando inconsciente a ocho guardias exactos.

 

            Para cuando el resto de los centinelas terminaron de cargar sus respectivos arcos, Alexander ya se encontraba disparando la segunda ráfaga de esferas contra las cabezas de otros ocho hombres; volvió a derribar a esa misma cantidad y después, los soldados perdieron más tiempo en bañar con aceite las puntas de las flechas, por lo que cuando finalmente estuvieron listos para abrir fuego, el Cazador ya había derribado a más de la mitad de centinelas al golpearlos con duras esferas hechas de Energía Espiritual. Las pocas flechas encendidas que alcanzaron a surcar el aire por segunda ocasión, fueron interceptadas por las pequeñas y duras pelotitas que Alexander arrojaba con la fuerza de sus dedos y, antes de que los guardias entendieran lo que había pasado, el Cazador derribó al resto de centinelas con la última ráfaga de esferas. Todo esto ocurrió en menos de diez segundos.

 

            —Idiotas — sentenció el Cazador tras dejar noqueado el último centinela —. Hubiese sido más inteligente que no le prendieran fuego a sus flechas, así es muchísimo más fácil interceptarlas, bloquearlas y esquivarlas; además hubiese sido más inteligente que usaran yelmos, al menos así se hubiesen protegido un poco contra mi ataque y, por sobre todas las cosas, no debieron quedarse a la vista del enemigo si pretendían cargar sus arcos, debieron retroceder un par de metros para que yo no los viera. Su nivel de inteligencia es bastante bajo… — Alex miró al suelo y allí vio las flechas aun encendidas —. Aunque admito que tienen buena puntería. Más de una flecha me hubiese atravesado la cabeza si hubiese fallado en mis movimientos…

 

            Sus palabras fueron cortadas por la repentina apertura de la puerta principal; del otro lado emergieron doce soldados montando enormes caballos negros que galoparon a gran velocidad hacía el Cazador que se mantuvo quieto en el mismo lugar. Los hombres portaban, en esta ocasión, un yelmo sobre sus cabezas y una larga lanza en la mano derecha, misma que pretendían usar para atacar al joven.

 

            El primero de los jinetes alargó su arma con la cuchilla al frente, listo para empalar al Cazador, no obstante, cuando la cuchilla ya estaba a pocos metros de Alexander, el joven levantó la mano derecha, agarró la cuchilla que el jinete sostenía con firmeza, luego se hizo a un lado para que el caballo pasara y, ante los ojos impresionados de Jessenia, el Cazador sacó de su montura al soldado, el cual quedó suspendido en el aire por seguir agarrando la lanza desde el otro extremo y, sin perder tiempo, lo azotó contra el suelo con la fuerza suficiente para que no volviera a levantarse por un buen tiempo. La batalla no concluyó.

 

            Luego de que derribó al primer jinete, al más cercano, Alexander se movió con la gracia, la elegancia y la ferocidad que debía caracterizar a los Cazadores profesionales; el joven invocó nuevamente cuatro esferas que sostuvo con los dedos de ambas manos y las arrojó contra las largas cabezas de los caballos y estos, al recibir el fuerte impacto, cayeron hacía delante derribando a sus jinetes y haciéndolos rodar en el suelo. Nueve monturas fueron derrotadas, quedaban tres.

 

            Alex derrotó al décimo jinete al saltar por encima de su caballo y, cuando el soldado quedó perfectamente bajó las piernas del Cazador, éste lo apresó con sus piernas alrededor del cuello y lo tumbó de la montura. Una vez que cayó, el joven se apresuró a noquearlo para que no volviera a levantarse. Quedaban dos jinetes.

 

            Al igual que Jessenia, los dos jinetes se percataron que no podía derrotar al Cazador yendo de frente como sus compañeros lo habían intentado, por lo que pensaron en una nueva táctica de combate. Ambos hombres se vieron a los ojos desde sus monturas y, como si se hubiesen transmitido un mensaje telepático, el par asintió al unísono. El par se apeó de sus sementales, se quitaron los pesados y sudados yelmos de la cabeza, levantaron sus largas y afiladas lanzas y los dos, al mismo tiempo, atacaron al Cazador en un combate frontal.

 

            Desde la distancia y protegida por una gran roca enterrada en el suelo, Jessenia presenció lo que ella no fue capaz de lograr cuando luchó contra aquellos guardias en el reino de Dragma. Los movimientos de Alex, al momento de esquivar cada una de las estocadas de esos hombres, eran ágiles, fluidos y calmados. Su cuerpo no se movía a la fuerza y no hacía movimientos bruscos que provocaran un gran desperdició de energía. En pocas palabras, Alexander estaba haciendo todo lo contrario a lo que hizo Jessenia en el pasado. Más que pelear contra esos hombres, la Cazadora creyó que el joven estaba bailando con esos soldados. 

 

            Fue entonces que contraatacó; Alexander esquivó la estocada de uno de esos hombres y antes de que el mismo se retirara hacía atrás, el chico le arrebató la lanza, la hizo girar con maestría por encima de su cabeza y le devolvió cada uno de los golpes al soldado, salvo que el Cazador lo hizo con la parte inferior del arma, sin usar la cuchilla.

 

            —Comprendo que te hayas quitado el yelmo para tener mayor libertad de movimiento — le dijo al guardia —, pero fue un gran error.

 

            Y acto seguido, Alexander le estrelló con fuerza la dura lanza en la cabeza, provocando que el tipo pusiera los ojos en blanco, escupiera saliva y luego cayera hacía atrás, derrotado.

 

            —Igual no tiene importancia — continuó con calma, mirando al último de los soldados —, fuera el arma que fuera; o la estrategia que hubiesen utilizado, su derrota se aseguró en cuanto decidí pelear contra ustedes.

 

            El último guardia evaluó sus opciones: pelear o huir. De ser lo primero sería fácilmente derrotado por el Cazador y acabaría como el resto de sus compañeros: tirado en el suelo, inconsciente y con la baba escurriéndosele por las comisuras de los labios y, de optar por lo segundo, viviría el resto de sus días consciente de que huyo de una batalla y entonces esa cobardía lo perseguiría por el resto de su vida. Cobardía u orgullo, ¿cuál de las dos dominaría al final dentro de él? Fue la segunda. Prefería caer derrotado como el resto de sus valientes compañeros a vivir el resto de sus días con el estigma de un cobarde que abandonó a sus camaradas cuando más lo necesitaban.

 

            El último guardia corrió hacía Alexander con la lanza en alto y señalándolo con la larga cuchilla frontal.

 

            —Una interesante decisión — comentó el Cazador mientras veía al hombre acercarse —. Personalmente hablando creo que elegiste correctamente, no obstante… — Alex levantó la mano y detuvo el ataque del soldado al sujetar con delicadeza la cuchilla por la parte filosa. El guerrero intentó cortar las manos del joven al deslizar la cuchilla para recuperarla, no obstante, fue inútil. El hombre no fue capaz de recuperar ni de mover la lanza por más fuerza que le puso. El Cazador lo tenía firmemente agarrado y no lo dejaría huir fácilmente —, no hay que nada que puedas hacer para derrotarme.

 

            No era arrogancia ni complejo de superioridad, sino la pura, autentica, fría y objetiva verdad. Fue lo que Jessenia pensó y razonó tras abandonar la seguridad de la roca y acercarse al Cazador para escuchar las últimas palabras que le dedicó a ese hombre.

 

            Alexander apretó la cuchilla con la mano desnuda y en el acto la misma se quebró en pedazos, como si en lugar de estar hecha de acero o de algún otro metal resistente, en realidad estuviera fabricada de cristal. Acto seguido y, con una gran velocidad, el Cazador atravesó la defensa del guardia y le propinó un único puñetazo en la boca del estomago, provocando que la armadura que lo protegía se desquebrajara y que el hombre que la vestía se inclinara hacía delante luego de recibir el potente golpe. Como todos sus demás compañeros, el guardia cayó, derrotado.

 

            Jessenia miró a las docenas de guardias que cayeron en combate contra el Cazador en menos de cinco minutos y, luego de observarlos a todos, la joven recordó lo inútil que fue en la Sala de Audiencias del rey de Dragma. Entendió que un solo Cazador se bastaba para derrotar fácilmente a personas normales, lo que provocó que su frustración y rabia hacía sí misma aumentara.

 

            — ¿No los mataste? — Preguntó con tranquilidad.

 

            —No era necesario — respondió Alex —, si hubiesen sido controlados por magia de bruja, entonces si los habría matado.

 

            — ¿Cómo sabías que no lo estaban?

 

            —Cuando una bruja usa magia de control mental, ésta destruye la mente de la persona, sometiendo a la victima a un permanente control del que ya jamás se librara — explicó —. Debido a que destruyen la mente de la persona, estos se convierten en marionetas carentes de voluntad, por lo que son insensibles al dolor o a los golpes que normalmente los dejarían inconscientes. Si estos hombres fueran marionetas de una bruja, entonces mis golpes no los hubiesen detenido, habrían seguido atacando hasta que se les matase. No. En ellos sentí una energía diferente. Definitivamente estaban siendo controlados, pero no por una bruja, sino por algo mucho más siniestro y oscuro. — Alex miraba la entrada abierta del reino de Before y como más allá, el sol empezaba a levantarse. Calculó que para cuando llegaran al castillo que estaba en lo alto de un elevado monte, el sol ya estaría en lo alto del firmamento —. ¡Andando! Aún nos queda un largo tramo que recorrer.

 

            Jessenia continuó con dificultad detrás del Cazador, advirtió que el Arma Espiritual del joven ya había desaparecido del lugar donde la dejo clavada…

 

            “Da lo mismo”. Pensó. “No es como si él la necesitara…”

 

            Y más adelante, sus pensamientos fueron confirmados. Conforme ambos Cazadores se acercaban al castillo real, más y más soldados aparecieron en mitad del camino para tratar de bloquearles el paso: ya sean jinetes o guardias armados, Alexander los derrotó a todos sin hacer uso de su Arma Espiritual. El transcurso del viaje continuó hasta que llegaron ante las puertas del castillo; Alex arrojó con fuerza a uno de los soldados, lo que provocó que las puertas se abrieran de golpe de par en par y, del otro lado, la historia había finalizado…

            Jessenia recordó las increíbles proezas del amigo de Summer al momento de combatir contra los múltiples soldados del reino de Before, por lo que le pareció que Alex era la persona perfecta que podía ayudarla en su entrenamiento.

 

            — ¿Quieres… que te entrene…? — Preguntó el Cazador con cuidado. A lo que Jessenia asintió —. ¿Por qué yo?

 

            —Porque vi tus movimientos y tu forma de pelear contra esos soldados y, para ser honesta, quede impresionada, por lo que me he estado preguntando si no te molestaría enseñarme algunas cosas.

 

            Alex no respondió enseguida como Jessenia esperaba, sino que el joven se le quedó viendo por largos segundos.

 

            —No te lo recomiendo — le aconsejó Summer, atrayendo la atención de Jessenia.

 

            — ¿De qué hablas? — Le preguntó.

 

            — ¡De que Alex sea tu maestro! Confía en mí, no te conviene. A primera vista puede parecer un chico serio y callado, pero en realidad es el sujeto más controlador que he conocido. Si él te entrena estará encima de ti día y noche, no habrá momento en que te deje descansar. ¡Créeme! Él y yo entrenamos juntos por tres años antes de ser miembros del Gremio y su régimen de entrenamientos es un verdadero infierno. No solo terminaras físicamente cansada y llena de moretones, sino que abra días en que desearas no haber nacido solo para tener un día de reposo. Si realmente quieres entrenar, te sugiero que escojas bien a tú maestro.

 

            Jessenia creyó que Alex le diría algo a Summer por la forma tan poco positiva en que lo describió pero, asombrosamente, el joven no pareció molesto en lo absoluto.

 

            —Es como dice Summer — respondió éste —. Jessenia, yo soy un hombre que se exige mucho a sí mismo, por lo que jamás te exigiría algo que yo mismo no pueda o no quiera hacer. Si yo aceptara ser tú maestro, te prometo que te enseñare todo lo que sé y todo lo que he aprendido en mis dos años en el Gremio, no obstante, debo advertirte que me tomare tu entrenamiento con especial seriedad y, al final, será como dijo Summer: estere encima de ti día y noche hasta que logres cumplir con las expectativas que pondré sobre ti. Si en algún punto del entrenamiento renuncias, entonces nunca más te aceptare de vuelta y no te reconoceré como una Cazadora. Pasará lo mismo si me doy cuenta que no le pones el esfuerzo debido. ¿Te ha quedado claro lo que he dicho?

 

            —Sí, me ha quedado claro.

 

            Tanto Alex como Jessenia se miraron a los ojos por varios segundos, tratando de encontrar vacilación o inseguridad en el otro. El chico no se amedrento en ningún segundo y la chica no deseaba echarse para atrás; simple y sencillamente porque no podía hacerlo. Jessenia no deseaba que Yura terminara dominando su cuerpo, por lo que si su otra personalidad se fortalecía cada vez que aparecía en escena, la joven debía hacer exactamente lo mismo.

 

            —Está bien, te entrenare — concluyó Alexander —. Pero solo porque nunca he conocido a una persona con un caso como el tuyo y, para serte honesto, esa otra personalidad tuya me da mucha curiosidad.

 

            —Te lo agradezco — le dijo Jessenia con solemnidad mientras Summer negaba con la cabeza en señal de derrota.

 

            —No digas que no te lo advertí…

 

            —Muy bien, ¿qué tal si comenzamos de una vez?

 

            — ¡Eh…! — Jessenia se sorprendió —. ¿Qué? ¡Ahora mismo!

 

            — ¿Hay algún problema? — Alex la miró con severidad, a lo que Jessenia negó con la cabeza.

 

            — ¡Perfecto! Porque a mí no me gusta dejar para el día siguiente lo que puedo hacer hoy mismo. Ahora, comencemos con una pregunta: del uno al cinco, ¿Cuál dirías tú que es tú habilidad para controlar a voluntad la Energía Espiritual?

 

            — ¡Eh…! ¿Pues…?

 

            — ¿Tenemos que hacer esto ahora mismo? — Inquirió Summer, molesta —. ¿Aquí, en mitad de la nada, bajo este horrible sol de la mañana?

 

            —Sopórtalo — le respondió —. Ahora, ¿cuál es tú respuesta?

 

            —Yo diría que un dos — contestó, insegura —. Si he podido controlar la Energía Espiritual pero, en todos los casos, lo he conseguido durante momentos de mucha presión emocional, es decir, cuando he estado en mitad de un peligro mortal. Creo que es en momentos de calma y paz cuando más se me dificulta controlar ese poder.

 

            A lo que Alex asintió.

 

            —Estoy de acuerdo, muchos Cazadores despiertan su Energía Espiritual o comienzan a hacer uso de ella en momentos de gran estrés o presión emocional. Es mucho más difícil invocarla cuando se está calmado, no obstante, una vez tranquilo es más fácil controlar ese poder. Primero quiero poner a prueba tu resistencia física, por lo que a partir de ahora, los tres regresaremos corriendo a la ciudad de Central sin detenernos ni un segundo y sin dormir en toda la noche. Creo que si hacemos eso, avanzaremos un buen tramo. ¿Están listas?

 

            — ¡Ehhh…! — Se quejó Summer —. ¿Correremos a velocidad normal? ¡Así tardaremos mucho en regresar a la ciudad! ¡Pasaremos todo el día de hoy corriendo!

 

            —No hay de otra, Jessenia todavía no controla la Energía Espiritual para avanzar más rápido, por lo que lo único que nos queda, además de caminar, es correr con normalidad. Ahora deja de quejarte y prepárate.

 

            — ¡Si, si, lo que digas…!

 

            Y así pasaron el resto del día los tres Cazadores: ya que Jessenia no podía controlar la Energía Espiritual a voluntad y por ende moverse con mayor rapidez, Alex y Summer tuvieron que correr usando una velocidad normal, pese a esto, la resistencia física de los Cazadores era muy superior a la de los humanos normales, puesto que los tres jóvenes corrieron por horas y horas y en ningún momento dieron señales de cansancio o fatiga. La única que empezó a dar señales de que estaba a punto de caer era Jessenia, pues a diferencia de sus compañeros, ella iba varios metros rezagada. Alex corría al frente, Summer lo seguía con una diferencia de un metro de distancia y Jessenia se mantenía a poco más de tres metros de ellos.

 

            En más de una ocasión, Alex giró la cabeza disimuladamente para ver el avance y el progreso de Jessenia y si bien la chica resultó ser la más lenta, desde que empezaron a correr hace un par de horas, la joven no se quejó ni dio muestras de arrepentimiento. Por lo que el Cazador volvió a fijar la mirada al frente y los tres siguieron corriendo sin hablar de nada en particular.

 

            Las horas se volvieron más y más horas; el sol de la mañana se convirtió en un sol de mediodía y luego en un sol de la tarde para concluir con una brillante luna sobre sus cabezas y con un sinfín de estrellas que resplandecían en el firmamento negro. Summer mantuvo el paso sin ningún problema, la peliverde continuó a cierta distancia de su amigo solo que con la mirada puesta en el cielo estrellado; Alex se mantuvo al frente del grupito y como ya lo había hecho en varias ocasiones, volvió a girar la cabeza para ver el avance y el progreso de Jessenia: ésta comenzó a correr con mayor lentitud, a respirar con dificultad, se encorvaba, tenía la mirada puesta en la tierra y no al frente del camino como debía ser y, por si fuera poco, su rostro se encontraba impregnado de sudor. Todo lo contrario a los dos Cazadores que la adelantaban por más de cuatro metros de distancia.

 

            Alex, sin tentarse el corazón, ignoró el rostro cansando y bañado en sudor de Jessenia y mantuvo el paso, consciente de que a un faltaban muchos kilómetros para llegar a Central y también siendo consciente de que si él y Summer seguían corriendo a esa simple velocidad, terminarían dejando a Jessenia tan atrás que la perderían de vista. Al igual que él, Summer también advirtió la condición en que Jessenia se encontraba.

 

            — ¿Y si nos detenemos por una hora? — Le preguntó al Cazador luego de alcanzarlo mientras seguían corriendo —. Jessenia se ve muy cansada, pareciera que está a punto de caer inconsciente en cualquier momento.

 

            —Ignórala y sigue corriendo — respondió —. Ella quería entrenar, bueno, ya está entrenando. Quiero que me demuestre cuanto puede soportar antes de caer rendida. Dependiendo de cuanto dure en esta prueba de resistencia, es que sabré cuanto puede aguantar su cuerpo ante otro tipo de entrenamientos.

 

            Summer sintió lastima por Jessenia pero decidió no decir ni hacer nada por ella. Una vez que Alex se metía en algo, no descansaba hasta conseguirlo. “Te lo advertí”. Pensó para sí misma. “Y esto no es más que el comienzo”.

 

            Las horas siguieron su curso, Alex y Summer continuaron corriendo sin disminuir la velocidad en ningún segundo y sin dar señales de que cansancio o fatiga, tampoco se les notaba sudor en el rostro ni en el cuerpo. Al contrario de ellos, la fatiga de Jessenia ya era claramente visible para cualquiera con un par de ojos: la chica se encontraba corriendo a varios metros de distancia de sus compañeros con la espalda encorvada, con la mirada perdida en el suelo y respirando trabajosamente con cada paso que daba. Summer creyó que era increíble que no se haya rendido ya.

 

            Alex también la vigilaba cada tanto y concluyó que, efectivamente, Jessenia no era una humana ordinaria, puesto que ninguna persona podía correr por horas y horas sin detenerse y sobrevivir en el proceso. También notó que su cuerpo, pese a que no estaba debidamente entrenado, poseía una fuerza y una resistencia bastante decente. El Cazador recordó que en sus inicios entrenando, antes de entrar al Gremio, él soportó un límite de tres horas corriendo antes de caer rendido. Summer soportaba poco más de cinco horas corriendo sin detenerse y luego de varias semanas entrenando sus cuerpos, ambos Cazadores llegaron a soportar más de ocho horas corriendo sin descansar. Luego de los primeros meses de entrenamiento físico, ambos consiguieron durar corriendo todo el día sin caer desmayados. Los dos notaron que sus velocidades también se incrementaron.

 

            El tiempo que Jessenia estaba durando corriendo en esos momentos, era lo que a Alex y a Summer les costó luego de varias semanas de entrenamiento. Sinceramente supero las expectativas del Cazador, pues éste no creyó que la chica durara más de dos horas corriendo y menos después de recordar que ella misma reconoció que no sabía controlar bien la Energía Espiritual…

 

            Se escuchó un golpe a varios metros detrás de Alex y Summer, ambos se giraron al mismo tiempo y vieron a Jessenia tirada en el suelo respirando con dificultad mientras su pecho subía y bajaba con rapidez. Summer corrió hacía donde estaba ella y se acuclillo a su lado mientras revisaba su pulso y su respiración. Alex llegó caminando con calma y tranquilidad.

 

            —Bueno, ya sabes cuánto dura antes de caer rendida, ¿satisfecho?

 

            — ¿Cómo está?

 

            —Se pondrá bien — le respondió la peliverde —, solo se quedó dormida. Parece que agotó todas sus energías.

 

            —No, no lo ha hecho — la contradijo —. Es solo que no sabe cómo usar a voluntad la Energía Espiritual, de saberlo ya habríamos llegado a Central y ciertamente no se abría desmayado por haber corrido a esa velocidad. Admito que tiene buena resistencia física, por lo que si ella aprende a manejar la energía de su cuerpo, Jessenia podría llegar a ser una Cazadora mucho más fuerte que nosotros dos juntos. Es posible.

 

            — ¿Y? ¿Qué haremos ahora?

 

            —Creo que eso es bastante obvio, Summer.

            Lo último que recordó antes de caer inconsciente es que se movía lentamente con la mirada puesta en el piso de roca mientras regresaba a ciudad Central. Sintió como el aire a penas le llegaba a los pulmones y cada bocanada resultaba ser dolorosa e insuficiente; podía sentir el pegajoso e incómodo sudor recorriéndole el rostro y la espalda. Tenía las piernas, los brazos y el torso húmedos. Sus ojos veían el suelo borroso, sin nitidez y sin las fuerzas para ponerse derecha y alzar la mirada. Estaba sumamente cansada y en más de una ocasión deseo detenerse, tumbarse en el duro suelo de roca y descansar, dormir hasta el día o hasta la semana siguiente. Pero no lo hizo. Lo quería, lo deseaba, lo anhelaba y lo necesitaba, pero no lo hizo. Jessenia se mantuvo firme y continuó corriendo. Se olvidó del dolor de las piernas, del dolor de las plantas de los pies; del de la espalda y sus ojos cansados. Se olvidó de su propio cuerpo con el fin de continuar corriendo hasta que su cuerpo literalmente ya no pudiera sostener su peso. Y así sucedió. Jessenia cayó sin ser consciente y antes de tocar el suelo, la Cazadora ya se había quedado dormida.

 

            Pasadas unas pocas horas, Jessenia escuchó un par de voces familiares. Poco a poco el sonido regresaba a sus oídos.

 

            — ¿Cuál era su habitación? — Escuchó una familiar voz femenina —. Ya se me olvido el número.

 

            —Sígueme y no hables tan fuerte, que hay gente en las demás habitaciones que tratan de dormir.

 

            También reconoció aquella familiar voz femenina. Jessenia se estaba moviendo pese a que no sentía el duro suelo bajo sus pies, era todo lo contrario, sentía que tenía las piernas elevadas en el aire y que su cuerpo y cabeza, estaban apoyadas contra algo duro y cálido.

 

            —Déjala sobre la cama y luego vámonos — le dijo la voz masculina.

 

            — ¿La dejaremos así como así? — Preguntó la voz femenina —. ¿Toda sudada y con la ropa sucia y olorosa?

 

            —Ella puede tomar un baño mañana luego de que se despierte, ahora ya déjala sobre la cama. Acabaras despertándola por tanto movimiento.

 

            —Como quieras, pero no me gusta. Yo odio irme a dormir sin antes darme un baño. No puedo descansar si no tengo el cuerpo limpio y fresco.

 

            —Duermes en la intemperie — le contestó el joven —, ¿qué tan limpia puedes dormir luego de que tomes un baño? 

 

            —Para tú información, escojo con mucho cuidado los lugares en lo que duermo — de repente, Jessenia sintió que la bajaban y la depositaban con cuidado sobre una superficie blanda y confortable —. Y otra cosa, ¿por qué tuve que ser yo quien cargara a Jessenia todo el camino de regreso? ¡Esa debería ser tu responsabilidad, no mía! 

 

            —La cargaste porque te lo ordene, además de que no quería ensuciarme con su sudor — dijo con sencillez —. Ya de por si es bastante desagradable tener que soportar mi propio sudor, no deseo tener el sudor de alguien sobre mi cuerpo. ¡Ahora, vámonos! Déjala dormir, que mañana tendrá un día difícil.

 

            Jessenia escuchó, mientras continua sumergida en la oscuridad, como las dos personas familiares se alejaron y luego oyó como una puerta se cerraba. Todo volvió a ser silencioso. Y, en tan solo unos segundos, la Cazadora se fue sumergiendo en un sueño cada vez más profundo e insensible a todos los sentidos de su cuerpo.

            — ¡Despierta! — Jessenia escuchó a lejos como una familiar voz masculina hablaba —. ¡Despierta de una vez, ya permití que durmieras ocho horas, eso debería ser suficiente para que recuperaras tus energías!

 

            La voz continuó escuchándose lejana hasta que de repente sintió un tambaleo en todo el cuerpo y, acto seguido, comenzó a sentir pulsadas de dolor a los lados de la cara mientras su cabeza se movía violentamente de izquierda a derecha. Aunque no lo deseaba, Jessenia empezó a recuperar la conciencia y ahora, la voz masculina se escuchaba mucho más cercana y el dolor comenzó a afectarla.

 

            — ¡Despierta, mujer! — La voz firme, acompañada de un fuerte dolor de lado izquierdo del rostro fue lo que la hizo despertar definitivamente. Jessenia abrió los ojos de golpe y ante ella vio la cara seria y severa de Alexander, el amigo y compañero de Summer. A la joven Cazadora solo le tomó un par de segundos entender que ella estaba recostada en una cama y que él estaba encima de ella mirándola con impaciencia —. ¡Hasta que al fin despiertas! Entiendo que estés cansada tras todo lo que corriste ayer, pero eso no justifica que duermas más de ocho horas. ¡Ahora levántate, quítate esa ropa apestosa, metete a bañar y luego baja al parque que esta frente al Gremio, ahí te estaré esperando! ¡Tienes veinte minutos!

 

            Jessenia se irguió sobre la cama tan pronto como Alex se bajó de la misma, recorrió la recamara con la vista y entendió que se encontraba en su habitación dentro de la torre del Gremio de ciudad Central.

 

            — ¿En qué momento llegamos a la ciudad? — Le preguntó al Cazador antes de que éste atravesara la puerta de salida.

 

            —Ayer en la noche — le respondió mientras abría la puerta —. Summer te cargó y te trajimos aquí mientras dormías. Le preguntamos a la recepcionista de la entrada por tú habitación, nos dio unas copias de tus llaves y luego te dejamos sobre la cama. Quítate esa ropa, date un baño y luego baja al parque, tienes dieciocho minutos. Te sugiero que te apresures. Odio que me hagan esperar.

 

            Y así sin más, Alex abandonó la habitación de Jessenia dejándola un poco confundida y adolorida del rostro. La joven se llevó la mano izquierda al cachete de ese mismo lado y se lo cubrió con gentileza. Sintió una ligera pulsada de dolor; soltó un amargo suspiró, se levantó de la cama solo para darse cuenta que seguía usando la misma ropa que llevaba el día anterior. Se la quitó rápidamente puesto que percibió el desagradable y amargo hedor del sudor que la impregnaba. Pese a las supuestas “ocho horas” que Alex le mencionó, Jessenia seguía sintiendo un ligero dolor muscular en las piernas, en las plantas de los pies y en la espalda media.

 

            Caminó hasta el baño completamente desnuda y antes de meterse a la regadera, Jessenia notó que tenía los cachetes rojos, luego recordó las pulsadas de dolor que sintió antes de despertar y fue entonces que razonó que Alex la había golpeado para despertarla. Una vez dentro y bajó los fríos chorros de agua, Jessenia se sintió renovada, rejuvenecida y mucho más ligera: como si todos los litros de sudor seco que tenía acumulada en la piel se le resbalaran junto al agua que golpeaba su cuerpo.

 

            Recordó que Alex le dijo que tenía dieciocho minutos para estar lista, lo cual era horrible tomando en cuenta lo mucho que disfrutaba de los baños de agua fría; con todo el gusto del mundo, la Cazadora fácil podría estar media hora en la regadera sin problemas, pero dado que tenía un tiempo límite y no quería hacer esperar a alguien que odia esperar; Jessenia uso diez de los dieciocho minutos para mojarse, lavarse y relavarse el cuerpo y la cabeza. Una vez que terminó y ya mucho más calmada, Jessenia se vistió y bajó con el cabello aun mojado al parque de ciudad Central.

 

            Cuando llegó a la recepción, luego de que las puertas metálicas del ascensor se abrieran y fuera recibida por un grupo de Cazadores que querían subir, Jessenia se percató que, una vez más, ella era el centro de atención. Los Cazadores, los Agentes Públicos y las recepcionistas la veían cínicamente para luego susurrarse cosas al oído. Al ver a esas personas y sus muy pocos disimulados cuchicheos, Jessenia soltó un suspiro de cansancio, no obstante, se alegró de que en esta ocasión, los nuevos rumores y chismes que se fueran a formar serían a causa de ella misma y no por culpa de Yura.

 

            La joven razonó, luego de que escuchó a Alex en su habitación que, muy probablemente, alguna persona, sea quien sea, vio llegar ayer por la noche al Cazador, a Summer y a Jessenia cargada por la peliverde y, a partir de ese momento, el chisme se propagó como un incendio forestal. La joven los ignoró, ya estaba más acostumbrada a ser el centro de atención, por lo que unos cuantos chismes y rumores no significaban nada para ella.

 

            Salió del Gremio y caminó varios metros hasta que al fin dio con Alexander y con Summer, éste se encontraba parado con los brazos cruzados, la cabeza ligeramente inclinada había abajo y dándole la espalda. Summer, por el contrario, estaba en el área de juegos jugando con los niños: se subía a la alta resbaladilla y se deslizaba con varios niños sentados delante de ella; cuando aterrizó, la Cazadora corrió a los columpios y empezó a mecerse con fuerza, alcanzando grandes alturas.

 

            —Ya estoy aquí — se anunció Jessenia.

 

            Alexander abrió los ojos y se giró para verla a la cara.

 

            — ¡Perfecto! A partir de hoy, comenzamos con tu entrenamiento

Notas finales:

Espero que les haya gustado el capítulo, para cualquier duda, critica o sugerencia, por favor, no olviden dejármelo en un comentario, Tratare de responderles lo más rápido que me sea posible y, si no es mucha molestia, les pido a los lectores y escritores que lean esto, si pudieran darle un poco de publicidad a mi historia. Me gustaría que más gente leyera esta historia y me dijera lo que opinan. 

 

 

 

Sin más por el momento, hasta el siguiente capítulo. CUIDENSE. :) :) :) 

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