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Segadores (Saga Primera) por Tsunami Akira

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Notas:

Tercer capitulo del primer Arco.

 

Reescribí este capitulo, por lo que es un poco diferente del original que algunos leyeron, para los que lo han leído, ¿creen que la versión original es mejor o esta mejor este que he vuelto hacer? Lo pregunto porque pienso reescribir los 6 primeros capítulos. Todo seguirá igual, solo pienso modificar el diseño de la escritura, por lo que pido su opinion.

Jessenia se despertó de golpe, como si en realidad no estuviera durmiendo, sino pensando con los ojos cerrados. Al abrir los ojos, la chica permanece por algunos segundos contemplando el techo alto y elegantemente decorado de su amplia habitación; se endereza sobre el colchón para terminar sentada sobre la cama. Habían pasado años desde la última vez que había tenido aquel sueño. Ese fue el momento exacto, en aquel desolado camino en mitad de la nada, cuando la vida de Jessenia cambio para siempre. Conoció a esa extraña mujer con habilidades para conceder deseos, cumplió el de Jessenia y luego, de la misma forma misteriosa en que apareció, se había desvanecido, como si la tierra se la hubiese tragado de un solo bocado.

            Diez años habían pasado desde aquel suceso y por un tiempo, Jessenia vivió muy complacida con el deseo que había pedido aquella noche, no obstante, en algún punto del tiempo, las personas que fueron afectadas por los sucesos de esa noche, terminaron volviéndose irritantes y molestos. La niña había deseado, después de todo, ser amada y aceptada sin importar que, es decir, y en palabras más sencillas, que todas las personas que la vean, ya sea por primera vez, la amen, la quieran y acepten sin importar nada. No fue sino hasta unos años después que Jessenia se dio cuenta que nadie la amaba y la quería por quien era ella en realidad. Ese amor no era más que una mentira, una ilusión creada mediante alguna clase de magia extraña. Jessenia lo sabía ahora.

            Sentada sobre su cama, con la luz de la luna bañando la amplia habitación y con el viento meciendo su larga cabellera plateada, es que Jessenia se arrepiente del deseo que pidió tiempo atrás.

            Sin embargo, había algo extraño, Jessenia lo noto al sentir el viento fresco de la noche. Estaba segura de que antes de irse a dormir había cerrado las puertas de cristal que conectaban con el palco y que había corrido las cortinas para que la luz del exterior no la moleste, de ser así, ¿porque el viento se filtraba al interior del cuarto?

            La joven se vuelve hacía donde se encontraba el palco y allí, de pie fuera de su habitación y mirándola con un par de penetrantes y fríos ojos azules que brillaban dentro de la oscuridad de su capucha, un individuo yacía observándola desde la distancia, sin moverse.

            Al momento de verlo, Jessenia reconoció ese par de fríos e indiferentes ojos azules. ¡Eran los mismos que había visto cuando fue a dar un paseo por el reino! Así que no se trataba de su imaginación. ¡Él era real y lo que más importaba en esos momentos es que él no había caído presa del deseo que Jessenia le pidió a la extraña mujer años atrás! Ella lo sabía, lo veía en esos fríos orbes azules, ese individuo la observa con indiferencia, no había ni una pizca de deseo en sus tranquilos ojos. Él la veía sin sentir nada de nada, como si Jessenia no fuera la gran cosa, solo una persona más del montón.

            A la mayoría aquella penetrante y fría mirada podría parecer ofensiva y hasta insultante, pero para Jessenia, quien ha tenido que soportar diez largos años de bobas y ridículas miradas de deseo, al mismo tiempo que ridículas y muy exageras declaraciones de amor de todo tipo de personas, así como aguantar todo tipo de halagos injustificados; el recibir aquella mirada repleta de apatía la hacía sentirse realmente bien. Ya que una persona, finalmente, la veía por quien era en realidad: una simple chica como cualquier otra, no un ser divino ni milagroso. A los ojos de ese extraño encapuchado, Jessenia sentía que finalmente alguien la veía por quien era en realidad.

            ”Tú…tú eres… la persona que vi en la tarde en las calles del reino”inquirió la chica con cautela mientras salía de la cama. Se sentía fascinada por aquel extraño personaje, no obstante, Jessenia seguía teniendo cuidado, después de todo, aquel individuo era un extraño; ella no sabía cuáles podrían ser sus intenciones, si era bueno o malo. Tampoco sabía cómo le hizo para llegar directamente a sus aposentos.

            No obstante, antes de que la chica pudiera acercarse mucho al individuo encapuchado o éste pudiera responder, unos pesados pasos comenzaron a escucharse en los pasillos fuera de la habitación de Jessenia. Eran muchos y se acercaban con rapidez. Cuando la joven se volvió hacía la puerta de entrada de su recamara, un fornido y alto hombre que vestía una armadura plateada yacía de pie bajo el arco. Abrió la puerta con rapidez y con fuerza y a penas lo hubo hecho, sujeto con su mano derecha el mango de su espada pero sin blandirla; empezó a acercarse lentamente junto con otros hombres detrás de él. El pasillo se encontraba rodeado de guardias de la corte. Que al igual que el primero, vestían pesadas armaduras de color plateado, ninguno llevaba casco y en las miradas de todos esos hombres, unos profundos ojos carentes de brillo miraban sin ver al extraño personaje encapuchado.

            Los guardias de la corte comenzaron a acercarse lentamente al encapuchado sujetando los mangos de sus espadas pero sin blandirlas. Tal vez porque no querían asustarlo o advertirlo. No obstante, pese a que el número de guardias era grande, probablemente unos veinte quizás treinta, todos grandes, musculosos y entrenados en combate así como portando armas y listos para blandirlas; el encapuchado se quedó quieto, tranquilo, mirando en dirección hacia los guardias sin inmutarse o amedrentarse por el numero o la apariencia de estos hombres. El aura que desprendía aquel individuo era relajado pero al mismo tiempo, fuerte, penetrante y de cuidado; con tan solo verlo allí parado, bajos los rayos de la luna, cualquiera con experiencia en combate podría darse cuenta que ese sujeto no era alguien corriente, algo emanaba de él que lo hacía peligroso.

            Jessenia, por el momento, no sabía nada de esto, ni de peleas con armas, ni de combates ni nada relacionado con la violencia. La chica creía firmemente que ese individuo de complexión esbelta no tendría oportunidad contra los guardias del castillo que, a diferencia del encapuchado, poseían cuerpos grandes y musculosos, sin duda alguna, gracias a horas y horas de férreos entrenamientos físicos. Sin mencionar que ellos eran más y portaban armas. Algo debía de hacer. Ese sujeto era el primero que conocía que no se volvía loco por ella con tan solo verla y pasara lo que pasara, debía protegerlo, ya que él representaba su escape de una vida solitaria y aislada. Por lo que Jessenia, pese a no estar acostumbrada, se puso firme frente a sus hombres, se colocó frente al encapuchado extendiendo los brazos de lado a lado, dando a entender que ella lo protegería como si de una hermana se tratase.

            ” ¡Deténganse!”ordeno Jessenia poniendo toda su autoridad que le confería el título de princesa de ese reino, aun cuando la chica sabía que ese título era falso y que dentro de ella, no corría ni una triste gota de sangre real”. Esta persona no es mala, si lo fuera, me hubiera hecho daño a penas hubiese entrado o apenas yo lo hubiera descubierto, pero él no me ha hecho nada, por lo que no es necesario que se le trate mal. ¡Así que retírense!

            Lamentablemente y para sorpresa de Jessenia, los guardias hicieron lo contrario a la orden. Avanzaron unos cuantos pasos más y esta vez desenfundaron sus espadas y las mantuvieron firmemente sujetas frente a sus cuerpos, listos para iniciar el ataque y pese a tener a Jessenia frente a ellos, a la princesa de ese reino, ninguno de los guardias dio señal de retroceder o dudar ante lo que estaban a punto de hacer.

            ” ¡No me escucharon, les dije que se retiraran!

            Pero ninguno de los guardias dio señales de escucharla. Al contrario, los hombres siguieron acercándose paso a paso con espadas en mano y con unos semblantes vacíos de emociones. Al darse cuenta que esos hombres no obedecerían, a Jessenia se le acabo toda la autoridad que pudo hacer sonar en su voz. Ahora era ella la que retrocedía asustada llevándose ambas manos cerca del pecho y mirando con una expresión atemorizada a los que fueron alguna vez sus guardias.

            La siguiente vez que Jessenia se dirigió a esos hombres, ya no lo hizo con una voz potente y autoritaria, sino más bien con un tono inseguro y temeroso.

            ” ¿Por qué no hacen lo que les dijo?”pregunto la joven con voz suplicante”. Siempre han obedecido hasta la más simple de mis peticiones, aun cuando no deseaba que hicieran algo por mí. Entonces, ¿Por qué ahora no me escuchan?

            La respuesta que ninguno de los guardias pudo darle comenzaba a aproximarse. Del otro lado de la puerta, una estridente y fría risa que no podría ser de alguna persona normal, comenzaba a aproximarse por el pasillo. Los hombres dejaron de moverse y abandonaron las poses amenazadoras de ataque, se pararon derechos y sujetaron la espada vertical junto a sus pechos. Los guardias que bloqueaban la entrada se hicieron a un lado y al igual que los otros hombres, ellos también se pararon lo más derechos que podían. Del otro lado de la puerta y emergiendo de la oscuridad, una pequeña criatura que vestía una larga túnica negra con capucha había entrado a la habitación de Jessenia. Era ridículamente pequeño, debía medir a lo mucho un metro de altura y toda su anatomía yacía oculta por la túnica negra, todo su cuerpo menos una larga y ancha cola que el Ser mecía con orgullo detrás de sí. Esa única parte de su fisiología era mucho más grande y larga que todo su cuerpo junto. Tan pronto lo vio, Jessenia no pudo evitar sentir asco y terror por aquella criatura cuya cola larga y verde era mucho más grande que todo su cuerpo.

            La extraña criatura se acercó a Jessenia quien yacía frente al encapuchado; tan pronto el pequeño ser entro, la vista del misterioso personaje se clavó en él, escrutándolo con sus fríos ojos indiferentes; el pequeño ser hizo lo mismo con el encapuchado; ambos pasaron largos segundos analizándose, estudiándose y midiéndose a través de la vista, como tratando de descifrar, usando ese único sentido, cuál de los dos era superior al otro. Al final, fue la voz de Jessenia la que recupero la atención del pequeño ser con cola.

            ” ¿Por qué? ¿Por qué ninguno de mis hombres escucha lo que les dijo? Jamás se han resistido a una orden mía, ¿qué es lo que les has hecho monstruo?

            Al escuchar el tono de voz inseguro y temeroso de Jessenia, el pequeño ser deja escapar una risa mordaz.

            ” ¡Lo lamento mucho, princesa, pero esos caballeros ya no están bajo sus órdenes!”le hablo el pequeño ser con voz profunda y áspera, como arrastrando las palabras.

            ” ¿Eso qué significa? ¿Qué les has hecho?

            ” ¡Nada que te interese, princesa de pacotilla! Esa carroña que intentas proteger debe morir esta noche y tú, tienes una visita con el pasado.

            Jessenia no entendió el significado de las palabras del pequeño ser de un metro de altura, pero cuando estaba a punto de replicar, repentinamente, esa criatura se movió a una velocidad impresionante y en tan solo un segundo se había aproximado a Jessenia. Antes de que ésta pudiera reaccionar o defenderse, el pequeño Ser la sujeto por la cintura con su larga y ancha cola y la elevo en el aire con la fuerza de la misma. Una vez capturada, corrió hacía la puerta donde los guardias seguían esperando ordenes con sus espaldas rectas y ojos carentes de brillo.

            ” ¡Mátenlo!”ordeno el pequeño Ser a los guardias”. ¡Háganlo pedazos! ¡Cientos, miles de pequeños pedacitos, quiero que ese individuo quede irreconocible! 

            Y acto seguido, desapareció en la oscuridad del pasillo llevándose a Jessenia con él. Al momento de salir, todos los guardias allí reunidos sujetaron sus espadas, listos para acatar las órdenes. Los hombres entraron a la vasta y elegante habitación, cinco de los guardias se habían puesto en posición de ataque con sus largas y anchas espadas de acero sujetas fuertemente con sus manos, listos para blandirlas en ataques repetitivos. El encapuchado, por el contrario, continuaba quieto donde mismo, ni cuando Jessenia lo descubrió, ni cuando los guardias llegaron, ni cuando el pequeño Ser apareció, el misterioso individuo que vestía una larga y vieja capa de viaje, se movió ni un centímetro de su lugar. La única parte de él que se había movido, eran ese par de indiferentes y brillantes ojos azules.

            Uno de los guardias estaba listo para atacar. Sujeto con fuerza su espada y corrió rápidamente hacía el encapuchado, claramente con la intensión de enterrarle toda la espada al nivel del pecho y matarlo de un solo golpe, no obstante, debajo de las anchas y largas mangas de la capa de viaje del encapuchado, un par de largos y anchos cuchillos habían aparecido. El individuo evadió con un simple y sencillo movimiento el ataque del guardia y sin mucho esfuerzo, clavo la hoja de su arma justo en el cuello de aquel hombre, le enterró toda la hoja y de un solo movimiento, el encapuchado le había cortado la cabeza. La cabeza de aquel guardia había caído hacia atrás y, como una pelota llena de aire, rodo por unos cuantos metros, deteniéndose frente a los pies de uno de sus compañeros. De la herida, litros y litros de sangre roja, que casi parecía negra, saltaban como agua en una fuente, empapando el techo, las paredes y el suelo con el precioso liquido carmesí de la vida.

            Pese a que los demás guardias presenciaron aquel acto tan sangriento y la muerte de uno de sus compañeros, ninguno de ellos ni siquiera pestaño. Seguían mirando sin ver a su objetivo con ojos carentes de brillo y con unos semblantes limpios de emociones. No había miedo, rabia o algún otro sentimiento dentro de aquellos guardias de la corte.

            “¡Pobres infelices, manipulados con magia!”

            Menciono de pronto una suave y hermosa voz femenina. No obstante, nadie dio señales de escucharla, pese a que sonaba fuerte y clara.

            “Mátalos a todos, que no quede ni uno con vida. Asegúrate de hacerlos pedacitos.”

            Los guardias, ignorando la muerte de su compañero, se preparaban para un ataque en grupo, fieles a obedecer las órdenes del pequeño Ser que se había llevado a Jessenia.

            Varios hombres atacaron a la vez. En esta ocasión, el encapuchado adopto una posición de pelea con ambos cuchillos al frente de su cuerpo. Cuando aquellos guardias atacaron en conjunto, el misterioso individuo bloqueo y evadió varios de los tajos de aquellos hombres con suma felicidad y sin miramientos, el personaje ataca a diestra y siniestra con sus amedrentadores cuchillos. En medio de la acción, evadía una estocada al tiempo que degollaba cuellos, bloqueaba un espadazo al momento de atacar con una patada la quijada de uno de los hombres y rompérselas en pedazos, provocando que el golpe también dañara el cráneo y por ende el cerebro. Cortó cabezas, degolló cuellos y pese a las armaduras que debían de proteger a aquellos hombres, brazos, piernas y torsos yacían desparramados por aquí y por allá. Los muchos guardias que acudieron a la habitación de Jessenia, eran asesinados uno por uno de manera sádica y rápida; pese a que estaban perdiendo rápidamente, ninguno de ellos mostro duda, miedo, rabia o cualquier otra emoción, eran como muñecos listos para el matadero.

            Los últimos que quedaban atacaban por su cuenta, sin organización y sin preparar algún plan de ataque; en cuanto uno de esos hombres trato de empalar al encapuchado con su larga y ancha espada, este dio una voltereta por encima del cuerpo del guardia y le clavo ambos cuchillos justo en los ojos. Las puntas de sus armas salían por la parte trasera del cráneo goteando sangre y partes de cerebro. Otro de los hombres aprovecho que ya no tenía sus armas para atacar, pero con fuerza y destrozando una parte del cráneo de aquel guardia, el encapuchado recupera uno de sus largos cuchillos, evade con facilidad cada ataque del hombre y en cuanto vio la oportunidad, penetro en su defensa y le clavo verticalmente todo el cuchillo bajo la barbilla. Parte de la hoja de éste salió por la parte superior de la cabeza de aquel hombre, los ojos se le llenaron de sangre, de la boca, nariz y orejas, sangre y más sangre salía despedida. Solo quedaba un único guardia.

            Ambos yacían solos en una habitación que antes era hermosa, acogedora, elegante y repleta de todo tipo de lujos, pero que ahora y debido a la fiera batalla, toda la recamara yacía teñida del color rojo de la sangre. Las elegantes paredes, la hermosa alfombra azul rey del piso, el bello y alto techo, la enorme y suave cama de sábanas blancas, el mobiliario y el amplio espacio para caminar, todo esto, repleto de cadáveres mutilados y bañado con el líquido carmesí de la vida. Si antes ese lugar era un lugar para que una bella y joven princesa durmiera, ahora parecía más bien una habitación donde se practicaban las más horrendas torturas o ejecuciones que se pudieran imaginar. Literalmente hablando, no había forma de caminar por ese suelo sin tropezar o pisar algún cadáver, alguna parte mutilada de los mismos, caer sobre un charco fresco de sangre o pisar algunos órganos e intestinos que habían caído por allí. Así que, pese a estos obstáculos, el último guardia corrió hacia el encapuchado con espada en mano, cuando ya estaba frente a él, levanto la espada sobre su cabeza y la bajo con fuerza para partir al intruso por la mitad, lamentablemente, el misterioso personaje sostuvo con la mano derecha desnuda la hoja de la espada. Del miembro de éste, ni una sola gota de sangre se asomaba, así como no se podían percibir heridas o un ligero corte. El hombre apretaba la espada con toda su fuerza, pero no podía hacerla avanzar o recuperarla. El individuo encapuchado la tenía fuertemente agarrada y sin problema alguno, le dio la vuelta a la hoja y mientras el hombre aun la sostenía, tratando de recuperarla, es que el misterioso personaje se la clava en el cuerpo del guardia sin ningún problema al nivel pecho. Luego, el individuo toma por el cuello a ese hombre que le doblaba el peso y sin ningún problema lo levanto. Mientras lo sostenía en el aire, el encapuchado aplica fuerza al agarre hasta que se escucha un horrendo crujido. Le había roto el cuello. Una vez muerto, el despiadado asesino que ni siquiera parpadeo ante lo que hacía lo arrojo hacía cualquier dirección, como si de un saco de basura se tratase. El hombre curiosamente cayó sobre la cama que momentos atrás, Jessenia había usado para dormir.

            Ahora lo único que quedaba en la habitación en una pila de cadáveres cortados, degollados y mutilados, así como litros y litros de sangre por doquier. Toda aquella recamara se había convertido en una grotesca pintura rebosante de muerte y sadismo puro. El viento soplo y las cortinas se mecieron, fuera del castillo, la luna estaba alcanzado su punto más alto. Lo que distrajo al encapuchado de la vista de la luna, fue un grito desgarrador que provenía de la entrada de la habitación, allí, parada con los ojos bien abiertos y con los orbes brillantes por las lágrimas, una de las doncellas de Jessenia yacía clavada al suelo, siéndole imposible apartar la mirada de aquella grotesca pintura rebosante de muerte. Los ojos de la sirvienta pasaban de cadáver en cadáver, de sangre en sangre y se detuvieron en la figura que se erguía en medio de aquella masacre. No podía reconocerlo debido a la capucha que ocultaba su rostro, pero reconoció unos afilados ojos pegados a una mirada indiferente.

            El encapuchado recupero sus armas de donde se encontraban atascadas. Al momento de blandirlas, los restos de sangre que había en las hojas salieron despedidas por doquier, unas pequeñas gotas habían caído en el semblante blanco de la doncella y manchando su delantal de igual color. La bella joven, al ya no poder resistir más, cae de rodillas frente a la puerta abierta y ya sea por la imagen tan cruda o el olor a muerte que se respiraba, la sirvienta se lleva ambas manos a la boca, tratando de reprimir lo que se aproximaba, pero al no poder hacerlo, deja que todo lo que llevaba en su estómago saliera esa noche. La doncella de nombre Jane comenzó a vomitar frente a la que una vez fue la habitación de Jessenia, pero que ahora solo era un campo repleto de cadáveres y muerte.

            El misterioso individuo comienza a moverse con sus dos cuchillos aun sujetos con ambas manos, pasa por encima de los cuerpos muertos, los pisaba o los apartaba de su camino con una patada. Al ver que el responsable de aquella masacre se acercaba a ella, Jane se imaginó lo peor, se echó para atrás y dominada por el miedo, se llevó las rodillas lo más cercanas que podía a su barbilla y se cubrió la cabeza con ambas manos, llorando con los ojos cerrados y suplicando por su vida. No obstante, el encapuchado paso junto a ella sin reparar en su presencia. Poco a poco, se iba alejando de la doncella y de esa habitación, empezaba a adentrarse en la oscuridad de los largos pasillos del castillo.

Todo sucedió anormalmente rápido. Jessenia se encontraba cerca del encapuchado, hablando con aquella extraña criatura de un metro de altura y larga y ancha cola verde, cuando de pronto, éste mismo Ser desapareció de su campo de visión y sin que ella se diera cuanta, se colocó a su lado, la envolvió por la cintura con su larga cola, la levanto por los aire, pese a su tamaño, sin ningún problema, luego, sin tiempo para resistirse, se la había llevado. Antes de percatarse de algo, ambos ya se encontraban sobre la torre más alta. Pasaron por largos pasillos oscuros hechos de ladrillos y con algunas antorchas clavadas en las paredes para iluminar el camino, luego, llegaron a unas escaleras que subían en forma de caracol a pisos superiores. Al llegar arriba, el pequeño Ser de un metro de altura, abre de golpe la puerta de madera y del otro lado, un fuerte viento que hace mecer con violencia los largos cabellos de Jessenia la recibe.

            Del otro lado, lo primero que vio, fue una figura esbelta, más alta que el pequeño monstruo de un metro que la había raptado y llevado a la cima de la torre más alta, envuelta por una vieja túnica negra y con los brazos separados de lado a lado y con la vista figa en el cielo. La extraña figura estaba parada sobre un enorme dibujo en forma de círculo que brillaba intensamente.

            El pequeño Ser se acercó a la figura, Jessenia reconoció que junto a la persona vestida de negro, había otra pequeña criatura, exactamente igual que el que la sostenía en el aire con su larga cola. De la misma altura, los dos, vistiendo con pequeñas túnicas negras y ocultando sus cuerpos a excepción de sus largas colas verdes que sobresalían llamativamente. La joven princesa se preguntó cómo era posible que el fuerte viento de la noche no hiciera caer esas capuchas hacía atrás, cuando claramente, hacía mecer la parte baja de sus túnicas negras.

            ”Como me lo ordeno, Ama, aquí le traigo a la chica”hablo el pequeño Ser con educación e hizo una reverencia a unos metros de la figura alta y esbelta, parada en medio del dibujo circular.

            La figura ataviada con una larga túnica negra se volvió hacía ellos; Jessenia no lograba verle el rostro a esa persona, la sombra que proyectaba la capucha era total, casi igual a la del individuo que entro a sus aposentos esa noche. Al recordarlo, Jessenia se preguntaba a sí misma si él se encontraba bien, si había logrado escapar y quería también preguntarle porque había entrado a su habitación esa noche, ¿Cómo había logrado entrar?, ¿Quién era él?, y por qué estaban ocurriendo todas esas cosas precisamente esa noche, cuando ese individuo fue a visitarla. También quería saber que les había pasado a esos guardias, ellos jamás se habían opuesto a una orden que Jessenia les diera, ya fuera intencional o no, para ellos, no, mejor dicho, para cualquier persona que la escuche, sea quien sea, las palabras de Jessenia eran como una orden absoluta, después de todo, era precisamente por el deseo pedido diez años atrás que cada ser humano que la viera, aunque fuera una sola vez, caía enamorado o enamorada de la chica, por lo que nunca le negaban nada de nada. Razón también por la que Jessenia no se dejaba ver en público, ella sabía que el efecto que producía en otros no era normal ni mucho menos natural, por lo que deseaba minimizarlo todo lo que fuera posible, para ello, la joven pasaba largas horas y hasta días, recluida por voluntad propia dentro de su castillo o, más precisamente, leyendo dentro de la Gran Biblioteca, donde no se aburría gracias a la vasta colección de libros que allí había. Al mismo tiempo, por efecto del deseo que pidió tiempo atrás, la joven evitaba hablar con los demás, puesto que los otros escuchaban de ella órdenes, peticiones y solicitudes que jamás podían rechazar. Bajo esa influencia, Jessenia sentía que los manipulaba o los controlaba como si de meros títeres se tratasen, este hecho le desagradaba, no obstante, ahora que finalmente les había dado órdenes explicitas, ¿Por qué ninguno de ellos la había obedecido? Todo esto era demasiado extraño. Había demasiadas preguntas y Jessenia suponía que la figura de negro que se encontraba a unos metros de ella tendría las respuestas.

            Antes de que la joven pudiera exigir respuestas a sus preguntas, la figura envuelta por una túnica negra alarga el brazo derecho hacía ella, de éste, una extraña luz color chocolate empieza a emanar, a continuación, Jessenia sintió como su cuerpo empezaba a elevarse alta por los cielos, miro hacia abajo y vio como el suelo se alejaba de ella. Comenzó a flotar mientras todo su cuerpo era envuelto por una luz color chocolate y junto con ella, el brazo de la figura también se movía, dirigiendo el desplazamiento de la joven. Jessenia se detiene a unos metros en el aire, desde donde estaba, pudo ver la figura circular dibujada sobre el techo plano de la torre más alta. ¡Era enorme y estaba repleta por símbolos y runas extrañas que jamás había visto! No obstante, logro reconocer el funcionamiento de aquel círculo. Jessenia lo había leído en un libro de la Gran Biblioteca, en ese volumen, cuyo nombre no alcanzaba a recordar, ponía que las Brujas, Hechiceros y otros seres que usaban magia, se valían de los llamados: “Círculos Mágicos”, estos servían para canalizar los poderes de sus usuarios y permitirles usar magia, sin embargo, el uso de cada Círculo Mágico dependía del usuario, por lo que no todos eran iguales y al mismo tiempo, cada uno de ellos era diferente en cuanto al diseño o la lengua que se ponía dentro de los mismos. Esa lengua eran los símbolos geométricos y las runas, cada una de esas escrituras significaba una cosa determinada.

            Jessenia nunca antes había visto una, pero si la información de ese libro era algo real y ese enorme circulo brillante no era una broma, eso solo significaba una cosa. La persona que estaba sobre él, no podía ser otra que una Bruja.

            ”Ha pasado tiempo, Jessenia”la joven reconoció aquel tono de voz. ¿Cómo olvidarlo? Le pertenecía a la persona que cambio su vida para siempre, a esa extraña mujer que apareció de repente ante ella diez años atrás y le había concedido aquel fatídico deseo”. ¡Pero mira cómo has crecido! ¡Te has vuelto una joven muy hermosa y atractiva! Nada que ver con la asquerosa, maloliente y hedionda niña que me encontré tirada como perra abandonada diez años atrás, suplicando por la muerte. Espero que hayas disfrutado del deseo que te cumplí, aunque…, con solo ver el castillo, las finas ropas y todo lo que te rodea, yo creo que le has dado un uso muy útil a la magia que te concedí esa noche. Espero que lo hayas disfrutado, porque, no sé si lo recuerdas, pero ese día te dije que regresaría para cobrar el pago”la mujer alzo la cabeza y le mostro una fría sonrisa, mostrando los filosos colmillos que tenía por dientes y pasándose una larga lengua por los labios”. Espero que tu alma sepa deliciosa.

Dentro del castillo y caminando con tranquilidad por el mismo sendero que el pequeño Ser de un metro trascendió, el encapuchado llega a un estrecho pasillo que conducía a unas escaleras con forma de caracol que ascendían a algún piso superior y frente a las mismas, más guardias armados yacían apostados firmemente con espadas en mano. Todos grandes y a simple vista, musculosos, con ese singular par de ojos carentes de brillo, como si no tuvieran pupilas. Nada que ver con los brillantes orbes del encapuchado, sus irises eran de un llamativo color zafiro y sus pupilas azabaches, eran totalmente diferentes a las humanas. No eran circulares, sino rasgadas verticalmente, iguales a las pupilas de las serpientes.

            Estos hombres, con movimientos mecánicos, empuñan sus espadas, listos para comenzar con el ataque. El encapuchado, por el contrario, los veía con poco o ningún interés. La pelea ya había comenzado.

 

 

 

           

Notas finales:

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