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El Espejo por Tsunami Akira

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Notas del fanfic:

No olviden dejar sus comentarios con criticas o sugerencias.

 

¡¡¡LISTO!!! EL CAPITULO YA ESTA COMPLETO. NO OLVIDEN DEJAR COMENTARIOS.

Notas:

Ojala les guste, dejen comentarios, criticas construcitvas o sugerencias. 

Por si les interesa, tengo una historia más, esta es de aventuras y fantasía, si les interesa el género, échenle una ojeada y díganme que les parece.

ATENCIÓN, LA SIGUIENTE HISTORIA NO SE SUBIO COMPLETA, NO ME HABÍA DADO CUENTA, POR LO QUE LAS PERSONAS QUE YA LA LEYERON, LEYERON LA VERSIÓN INCONCLUSA, PERO ESTA QUE ACABO DE SUBIR, ES LA VERSIÓN COMPLETA Y YA ESTA TERMINADA. NO ES MUCHO, PERO ESPERO QUE IGUAL LES GUSTE.

NO SOY MUY BUENO ESCRIBIENDO TERROR, PESE A QUE ME GUSTA LEER EL GENERO, PUES CREO QUE HACER SENTIR AL LECTOR MIEDO, ES ALGO SUMAMENTE DIFICIL, AUN ASÍ, ESPERO LA DISFRUTEN Y COMO ESCRIBÍ ANTERIORMENTE, PASENSE POR MI OTRA HISTORIA Y DIGANME QUE LES PARECE.

HASTA LA PROXIMA.

¿Es posible conocer el futuro antes de que este se lleve a cabo?

            Fue la pregunta que me hice a mí mismo mientras yacía sentado y aburrido en el salón de la preparatoria. Mi asiento se encontraba al final de la última fila. Miraba por la ventana sin ver nada en realidad, el aburrimiento se había apoderado de mí como de costumbre. El profesor que se supone debería impartirnos la clase previa a la hora del descanso se encontraba, como siempre, retrasado. Bueno, no es como si me importara que llegase tarde, de todas formas, jamás he sido un buen estudiante.

            Siempre me he considerado alguien callado y tranquilo, nada que ver con el resto de mis compañeros que, mientras esperábamos al profesor, platicaban y discutían sobre cualquier cosa carente de importancia para mí, por lo que en la mayoría del tiempo, mi única diversión y forma de pasar el rato, era mirar con expresión indiferente, el lento y monótono pasar de las nubes a través de la ventana que estaba junto a mí.

            —Entonces dime, ¿a qué facultad vas a ir a presentar?

            Escuche como uno de mis compañeros, cuyo nombre no vale la pena recordar, pero que tenía cara de tonto, le preguntaba al chico sentado a mi lado. Es verdad, faltaban pocas semanas para que finalizara mi vida de joven preparatoriano y lo que le seguía era una tediosa y larga vida de chico universitario.

            No alcance a escuchar lo que el sujeto a mi lado le respondía, aunque no le di ninguna importancia; las facultades a las que vayan los otros no podrían importarme menos. Por lo que regrese mi vista a las nubes que pasaban flotando por el firmamento.

            Así que, ¿futuro? Como quisiera saber lo que pasaría antes de que pasase, de esa forma, mi vida sería un poco más divertida y no la inútil existencia que llevo en estos momentos. Sin mencionar que sería mucho más fácil, ya que podría moverme antes de que otros lo hiciesen. En fin, me dije a mi mismo resignado, las cosas nunca saldrán de esa forma, la realidad, después de todo, no es un lugar tan cómodo y fantástico.

            El maestro finalmente se dignó a traer su asqueroso y plano trasero al salón de clases, tan pronto hubo entrado, el silencio se hizo y mis compañeros regresaron a sus respectivos asientos sin que se les ordenara. Casi como robots programados.

            El resto del día no tiene nada digno de mencionar, solo las mismas y aburridas clases de siempre: español, física y matemáticas, siendo estas últimas con las que finalizamos las clases de hoy. La maestra de matemáticas, una mujer que debía de rondar los cuarenta y tantos años de edad, pero que aun así, mantenía un cuerpo esbelto y muy bello, con piernas largas y bien torneadas y que pese a su blusa, sus grandes pechos se hacían notar cada vez que se movía. No hace falta mencionar que como muchos otros de mis compañeros de esta clase, así como del resto de los salones que la conocen, yo era uno de los que se perdían en su fantástico trasero carnoso. Con tan solo echarle un ojo, cualquier hombre joven tendría ganas de lanzarse sobre ella, arrancarle los pantalones y soltarle una tremenda mordida como si de perros salvajes nos tratásemos. Sin mencionar que su rostro era tierno y lindo, poseía una buena personalidad y un cabello largo y bien cuidado. ¡Era una mujer increíble!

            Lamentablemente, era casada y con dos hijos, un chico como de mi edad, que rondaba los diecisiete o dieciocho años y una chica que debía de tener unos quince o catorce.

            La profesora siempre era la primera en irse, a mí me gustaba matar tiempo tardándome unos minutos en guardar mis cosas y al mismo tiempo esperar que el tráfico de estudiantes se agote.

            —Oyes, ¿ya leíste esa viaja leyenda que ronda el Internet?—pregunto el mismo chico con cara de tonto a mi compañero de al lado que como yo, nos gustaba esperar a que la manada de animales de afuera terminaran de salir para poder caminar con tranquilidad, esa podría ser la única cosa que tengamos en común, puesto que desde inicios del semestre, él y yo no hemos hablado más que de lo necesario.

            — ¿Que leyenda?—le pregunto mi compañero de al lado.

            Yo los miraba de reojo y escuchaba atento a todo lo que el “cara de tonto” le decía. Muchas cosas de esta vida me aburrían y no me motivaban, por lo que siempre me quejaba mentalmente de la realidad que estaba obligado a soportar, pero, a diferencia de las cosas normales y monótonas de la vida, los temas como las leyendas y mitos, siempre han captado todo mi interés.

            —Esa que dice que es posible engañar a tu reflejo del espejo y que si lo lograras, serás capaz de preguntarle cualquier cosa y él te responderá—fue lo que le respondió el “cara de tonto” a mi compañero de al lado. No mentiré, eso de poder engañar a tu reflejo me pareció algo fascinante e interesante, por lo que seguí escuchando atento sin que ellos se dieran cuenta.

            — ¿Qué estás diciendo? Está claro que eso es imposible. No se puede engañar al reflejo del espejo.

            Bajo circunstancias normales, yo también compartiría su opinión, pero dado que lo fantástico y sobrenatural me gustaba, es que decidí darle el beneficio de la duda al “cara de tonto.”

            — ¿Y bien?—continuó el chico de al lado poniéndose de pie, guardando sus cosas y listo para dejar el vacío salón de clases—. ¿Cómo logras engañar a tu reflejo?

            Seguí a mis compañeros para poder continuar escuchando la interesante conversación, pero procurando guardar la distancia suficiente para que no noten mi presencia.

            —De acuerdo a lo que leí, no cualquiera puede, pero si decides intentarlo, debes hacerlo de noche, con todas las luces apagadas y sosteniendo una vela que te ilumine el rostro y, por supuesto, estar frente a un espejo. Una vez cumplidas estas condiciones, debes permanecer quieto por algunos minutos frente a tu imagen sin moverte y sin dejar de verte, luego, le enseñas al reflejo tres dedos de tu mano, cualquier mano y, una vez hecho todo lo anterior, el reflejo te mostrada un dedo extra o un dedo menos. Cuando notes esto, es que podrás comunicarte con el reflejo, pero, según dice la leyenda, si al hacer esto te separas de tu imagen, ya sea por miedo o sorpresa, algo terrible te pasara, por lo que al terminar con el ritual, debes despedirte formalmente con tu reflejo y él te dejara marchar sin problemas.

            Esa fue toda la explicación que el “cara de tonto” le dijo a mi compañero. Ahora los tres salíamos de la preparatoria y ellos aún no notaban mi presencia.

            — ¡Eh!—exclamo mi compañero sorprendido—. Todo eso suena muy siniestro y oscuro. Ya sea verdad o no, no quisiera intentarlo—le respondió tras meditarlo unos minutos, luego continuó hablando—: ¿Y, qué clase de preguntas se le hace al reflejo?

            —Según la leyenda, te puede responder a lo que sea que le preguntes.

            Ambos cambiaron del tema y empezaron a hablar de deportes, cosa que a mí no me interesaba en lo absoluto, por lo que deje de seguirlos y me fui a casa para pensar en lo que había escuchado.

            Al llegar a mi casa, el silencio me dio la bienvenida, mi padre, como cualquier otro hombre responsable de la sociedad, se encontraba, como era natural, trabajando. ¿En que trabaja? Era una de las preguntas que yo mismo me hacía algunas veces. Sé que mi progenitor termino sus estudios en una facultad de comunicación, pero no sé de qué universidad y tampoco sé de qué trataba su trabajo. Cosa extraña, ya que de eso vivíamos mi madre y yo que, por supuesto, ya se habrá notado, soy hijo único. La verdad es que no me molesta, jamás me ha interesado la idea de tener hermanos; si he de ser honesto, la idea de tenerlos me supone una gran molestia. Ya que eso implicaría tener que cuidarlos, de cierta forma, me tendría que hacer responsable de ellos y ayudarlos cuando hiciera falta, sin mencionar que debido al tamaño de nuestra casa, tendríamos que compartir habitación y ya no tendría un lugar privado para mí, por lo que ser hijo único, para mí era una de las pocas bendiciones con las que fui dotado.

            No soy especialmente guapo, tampoco soy inteligente ni bueno en los deportes. Pero no malinterpreten mis palabras, no tengo baja autoestima ni poca confianza en mí mismo, solo soy alguien objetivo. Mi apariencia no es desagradable, poseo un rostro muy típico y normal, de esos que se te olvidan a los pocos momentos de despedirte. No soy inteligente, por lo que debo esforzarme para sacar notas aceptables y en cuanto a los deportes, puedo practicar cualquiera, jugarlo bien y entenderlo, así como trabajar bien en equipo pese a mi distante personalidad, lo que no tengo es una buena resistencia, es decir, me canso muy rápido y termino siendo una carga más que una ayuda en cualquier deporte y para cualquier equipo en el que este.

            Al entrar a mi cuarto, lance con indiferencia mi mochila sobre mi almohada y me deje caer sobre el colchón con la vista puesta en mi aburrido techo. Encendí el ventilador y vi como las aspas se movían a una gran velocidad, lo suficiente como para ver múltiples de ellas en lugar de las cuatro que normalmente son. Para ser un aparto viejo, la verdad es que echaba un excelente aire.

            Con las manos como almohadas, me la pase pensando en lo que el “cara de tonto” le decía a mi compañero de al lado. La verdad si se escuchaba bastante siniestro y oscuro el ritual ese, pero una gran parte de mí quería intentarlo y comprobar si era verdad o puro cuento, por lo que me levante de la cama y camine hacía el mueble de madera con cuatro largos cajones que contenían mis ropas normales y uniformes de la prepa. Sobre el mueble, había un espejo cuadrado lo bastante grande como para reflejarme completamente si me alegaba un poco. Como no tengo interés especial por mi apariencia, casi nunca me miro en un espejo, por lo general me pongo lo primero que encuentro y me echo una mirada de unos segundos para verificar que las ropas no tengan alguna mancha muy notoria y que mis prendas estén en buen estado antes de salir.

            Una vez, en secundaría, olvide mirarme en el espejo antes de salir de casa, por lo que no me di cuenta, hasta que ya era demasiado tarde, que el pantalón café claro, o sea el uniforme, se encontraba roto en el área del trasero y esa mañana en la escuela, por primera vez, yo era el centro de atención. Me di cuenta de inmediato, ya que siempre fui un tipo silencioso que disfrutaba de pasar desapercibido, ya saben, ocultarse en las sombras y disminuir mi presencia al límite, por lo que las muchas miradas burlonas, los susurros a mis espaldas, llamaron casi de inmediato mi atención. Como ninguno de esos malditos me dijo nada sobre el agujero en mi pantalón, seguramente para poder seguir burlándose, no me di cuenta hasta una hora después. Fue cuando fui al baño, cuando ya iba saliendo me volví sin ninguna razón aparente y gracias al reflejo de un espejo que estaba allí, pude ver el agujero en mis pantalones; no era muy grande, pero tampoco era pequeño.

            Como no podía salir hasta que terminaran las clases, tuve que pasar el resto del día soportando las miradas burlonas de mis compañeros, los insultos y los susurros a mis espaldas. Cuando regrese a casa le dije a mi madre sobre el pantalón y ella me explico que tal vez la lavadora había agrandado el pequeñito agujero que el pantalón ya tenía. Desde esa experiencia, siempre procuro revisar mis ropas antes de salir de casa.

            En fin, como aún era de día y la verdad, no tenía nada que preguntarle al reflejo del espejo, no realice ese ritual. Salí de mi habitación y fui al primer piso de la casa, mi madre debió de haber ido de compras, ya que su auto no estaba y el frigorífico estaba casi vacío, por lo que me prepare lo que pude y pase el resto del día viendo televisión.

            De esta forma pasaron los días y así las semanas. El ritual del espejo poco a poco se me fue olvidando hasta que cierto suceso me lo recordó. Faltaban tan solo cinco días para que iniciaran los exámenes finales y esos valían muchos puntos para pasar. A decir verdad, solo una materia me preocupaba, todas las demás estaban bajo mi control. Matemáticas, física, español, inglés y cívica, esas materias las usaba para limpiarme el trasero, no eran nada para mí, claro, siempre y cuando las estudiase como correspondía. No obstante, mi único talón de Aquiles, mi Némesis, la Gorgona que me petrifica con tan solo una mirada, era esa única materia imposible para mí. No solo yo, muchos otros de mis compañeros tan bien debían combatir contra esa temible bestia salida de algún lugar oscuro.

Química.

Era el nombre de ese abominable monstruo, terrible y despiadado, y lo que la volvía casi invencible era el profesor que la impartía. Un hombre de unos treinta y tantos, cabello negro y brilloso, peinado hacia atrás con gel y con porte atlético. Ese desalmado no sentía miramientos para nadie, salvo, claro está, con algunas ligueras excepciones.

            Ese profesor era todo un pedófilo. Ya que yo poseía un buen oído, escuchaba por los pasillos de la preparatoria algunos rumores sobre como se llevaba a algunas alumnas a su casa, así como algunos chicos lo sobornaban con dinero, boletos para conciertos y algunas cervezas. Ese era el tipo de maestro que era. Como no era feo, muchas de las perras en celo que tengo por compañeras, trataban de seducirlo y no de forma discreta, sino que lo hacían muy directamente y a la vista de todos. Mientras que los cerdos tramposos de mis compañeros, lo sobornaban como mejor podían. No obstante, el profesor de química solo aceptaba lo que le interesaba, por lo que no cualquiera podía ganarse uno de sus favores. Yo, por supuesto, era uno de ellos. Es decir, no tenía nada que ofrecerle a cambio del pase.

            De esta forma, el día del examen se había acercado peligrosamente rápido, era mañana por la mañana. Ayer presente español e inglés, mi limpie la mierda del trasero con esas materias, mientras que hoy fueron matemáticas y física; esas dos fueron un duro obstáculo, pero al final pude derrotar a esa hidra llena de números por cabezas y a ese temible cancerbero. Ahora, la Gorgona de mirada letal, era mi último oponente. Por más que estudiaba y estudiaba, no podía dar con su debilidad.

            Fuera de mi ventana las nubes de tormenta se acercaban, la lluvia se aproximaba con truenos y rayos. Estaba a punto de rendirme, pasaron las horas y nada de lo que leía se me quedaba en la cabeza. Al final, la lluvia azoto con toda su fuerza, tanto así que parecía que alguien había molestado a Zeus o a Thor.

            La luz de mi casa se fue, ya era de noche y todo estaba sometido a las tinieblas y al ruido de la lluvia de afuera. Mi madre apareció con unas cuantas velas y luego se fue. Me quede solo en mi habitación pensando en que mañana la Gorgona me materia sin piedad. No obstante, cuando estaba a punto de tirar todas mis esperanzas, un temible y ruidoso trueno rugió con fuerza cerca de mí ventana, iluminando con una luz azulada el espejo que allí yo tenía. En cuanto lo vi, recordé todo lo que el “cara de tonto” había dicho sobre el ritual del espejo.

            En estos momentos, todas las condiciones se habían reunido, tenía velas, era de noche, no había luz en mi casa y mis padres se encontraban juntos en el primer piso de la casa. ¡Era perfecto! Lo único que me detenía era la inseguridad y el temor de adentrarme en terreno desconocido y oscuro. Pese a estas dudas, aun así me anime a intentarlo.

            Me coloque frente al espejo, acerque el rostro junto con la vela y me quede mirando fijamente sin moverme con la tenue luz iluminándome la cara. No mentiré, en esos momentos, mi corazón empezó a latir con mucha fuerza, no por emoción, sino porque estaba asustado. Pese a que ese alguien a quien yo miraba era mi propio reflejo, con el pasar de los minutos lo veía cambiado y muy diferente, como si otra persona, totalmente diferente a mí, me estuviera viendo fijamente desde el otro lado. Olvide los minutos que habían pasado, puesto que ese alguien que no era yo me veía sin parpadear, pese a que yo lo hacía varias veces, fue entonces que lo hice, casi de forma inconsciente y mecánica, pero lo hice a fin de cuentas. Le mostré al espejo tres dedos de la mano derecha y el reflejo me devolvió solamente dos.

            Al ver esto, un terrible sentimiento se apodero de mí, la lluvia caía con fuerza fuera de mi casa, los truenos rugían furiosos y cada fibra de mi ser, cada molécula que conformaba mi cuerpo me gritaba que tenía que huir, escapar u apagar la vela. Pero era imposible para mí, me quede petrificado sobre el  suelo, mirando fijamente a ese alguien dentro del espejo, quien me devolvía una mirada vacía y afilada, con una pequeña mueca burlona en los labios. Así que, reuniendo todo mi coraje y valor, le hice una pregunta:

            — ¡Pu-puedes… escucharme!—me horrorice al ver que los labios de mi reflejo no se movían como los míos. Él solo se quedaba allí, mirándome con la poca luz que brindaba la vela.

            — ¿Qué es lo que quieres preguntarme?—me respondió el reflejo usando la misma voz que yo tenía.

            En esos momentos dos fuerzas opuestas luchaban dentro de mí ser. El temible Aquiles, quien me incitaba a proseguir con el ritual hasta el fondo y el poderoso Héctor, quien me decía que terminara con todo aquello de una vez y me olvide de todo. Lamentablemente, al igual que en la Ilíada, escrita por Homero, Aquiles fue el vencedor dentro de mí, por lo que proseguí hasta el fondo.

            Hable y hable por un rato con mi reflejo, al principio con inseguridad y con miedo, pero luego de tratarlo por varios minutos, comencé a perderle ese temor y a enfrentarlo con valor. Para estar seguro que ese ente del otro lado del espejo sabía lo que necesitaba preguntarle, es que le hice preguntas de lo que ya había vivido anteriormente y de las cuales, naturalmente conocía la respuesta. El reflejo, sin embargo, logro pasar la prueba que le hice y me las respondió a la perfección, por lo que pase a preguntarle cosas sobre el futuro. Ya que el examen de química ocupaba toda mi atención, le pregunte sobre todas las preguntas junto con sus respuestas de la prueba de mañana, el reflejo me las dijo todas, una por una, junto a sus respuestas. Yo las anote en una libretita que guardaba en el primer cajón, por lo que no rompí el contacto visual con ese ser durante toda la conversación que sostuvimos. Al finalizar el ritual me despedí formalmente de ese ser y él me dijo lo siguiente:

            —Ya nos veremos otra vez, tu solo espera—la forma tan fría en que me lo dijo, junto a esa mirada afilada y vacía, hizo que mi corazón se aceleraba por el miedo.

            Al final, rompí el contacto visual con el permiso del reflejo y no pasó nada. Me encontraba a salvo dentro de mi cuarto oscuro, la lluvia ya se había detenido, así como los truenos y minutos después, la luz regreso. No obstante, el sentimiento que el reflejo me dejo, junto a sus últimas palabras, aún seguían produciendo eco dentro de mi ser. Aun con la luz encendida, me seguía sintiendo inseguro.

            A la mañana siguiente, como de costumbre, me aliste para ir a la preparatoria, me vestí con mi uniforme y revise que todo estuviera en orden al mirarme en el espejo, el mismo que use para realizar ese ritual. No percibí nada diferente en la imagen que se mostraba, el reflejo se movía según mi voluntad, esto me hizo sentir un poco mejor y más tranquilo, no obstante, no podía quitarme el amargo sabor de bocas que me trajo hablar con ese ser del otro lado del espejo.

            Tome la libretita donde apunte preguntas y respuestas y sin nada mejor que hacer, me puse a estudiarla como si no hubiera un mañana. Las treinta preguntas, de las cuales veinte eran teóricas y diez eran problemas prácticos, las memorice sin muchos inconvenientes, pero aun así, por mayor seguridad, me guarde las hojas de papel donde estaban apuntados los problemas de química y algunas preguntas difíciles de memorizar. Al llegar al salón de clases estaba sumamente nervioso, me senté con intranquilidad en mi lugar y pude notar la tensión en el aire, yo no era el único que debía enfrentarse a la Gorgona ese día, con seguridad, muchos de mis compañeros terminarían convertidos en piedra.

            El maestro de química llego, el salón entero cambio de lugares y separamos bancos para evitar hacer trampa, luego que todo estuviera en orden, el profesor entrego examen por examen. Al ver la hoja blanca con las preguntas escritas en tinta negra, una sonrisa de triunfo se dibujo en mis labios contra mi voluntad. ¡Había ganado! Todas las preguntas, en el orden exacto, estaban allí, el reflejo acertó en todas. Como dentro de mi mente tenía el recuerdo fresco, pase a subrayar la respuesta correcta. Era un examen de opción múltiple con cuatro posibles respuestas: A), B), C) o D). Al llegar a la numero veinte, yo ya estaba en el cielo, a continuación siguieron los problemas prácticos. Oculte la hojita debajo de mi muslo derecho, por lo que al bajar un poco la mirada, podía ver con perfecto detalle la operación a realizar y el resultado final. Termine el examen dejando únicamente cinco preguntas mal, no quería llamar la atención, ya que esa materia jamás fue mi fuerte y no quería que nadie me tachara de tramposo. Aunque si lo era, pero nadie tenía que saberlo.

            Espere unos minutos, cuando diez de mis compañeros entregaron el examen y se fueron, es que me levante, procurando ocultar la hojita dentro de mi bolsillo, entregue la cabeza cercenada de Medusa al profesor y me fui con paso orgulloso, como todo buen héroe griego haría.

            El siguiente examen fue cívica, con esa materia me limpio los mocos de la nariz, no fue nada. Al final, todo salio bien y, sin darme cuanta, una nueva sensación de triunfo y superioridad se fue apoderando de mi, se trataba de una emocionante y excitante experiencia nunca antes sentida. ¡Tenía el futuro en mis manos! Fue lo que pensé.     

            A partir de ese día, repetí más de una vez el ritual del espejo. Cada vez que lo hacía esperaba a que se hiciera de noche, encendía una vela y permanecía mirándome fijamente por varios minutos. Podría jurar que cada vez que practicaba el ritual, el tiempo que debía esperar viéndome a mi mismo era mayor. Y, con cada minuto extra, mi rostro dejaba de ser el mismo, parecía que la piel se derretía y me quedaba arrugada y pegajosa, me volvía más siniestro y oscuro, mis ojos se tornaban posos negros y llegue al punto de no reconocer al ser que se reflejaba frente a mí; no obstante, pese al miedo que me daba ver a ese monstruo del espejo, yo no dejaba de preguntarle más y más cosas sobre el futuro. Una vez le pregunte los números ganadores de una lotería, el reflejo me los dijo y bueno, para no hacer el cuento largo, ya no me faltara dinero por un buen tiempo.

            Sin embargo, las cosas no salían tan bien como las describo. Llegue a un punto en que me daba terror verme a mi mismo reflejado, no solo en el espejo de mi habitación, sino en cualquier lado, por cualquier cosa que cause reflejo. Desde hace unos días, siento que mi reflejo ha dejado de moverse y que además, me sigue con la mirada. Con esos horribles posos sin fondo que mi reflejo tenía por ojos.

            Empece a cubrir el espejo de mi habitación con una manta negra, pues puedo jurar que mi reflejo se me queda viendo del otro lado toda la noche y todo el día, pero nadie más que yo parecía notarlo. Cuando salgo a la calle evito pasar junto a los autos lo más que pueda y evito los charcos de agua. En pocas palabras, evito cualquier cosa que me muestre a ese monstruo.

            Sin embargo, yo sabía que huir era inútil. Yo mismo había cavado mi propia tumba desde el primer intento. Me acorde de esa frase que dice así: “cada quien cosecha lo que siembra”, ¡cuanta razón tiene esa frase! Pues una noche tormentosa, parecida a la del primer y fatídico intento, me encontraba recostado en mi cama, ya era muy tarde y mis padres debían de encontrase dormidos en su recamara. Olvide cerrar la ventana, por lo que un fuerte viento se colaba por las rendijas de la malla y hacía mecer de forma peligrosa la manta negra que coloque sobre mi espejo.

            De alguna forma, supe que todo se había acabado esa noche. La lluvia comenzó a caer con fuerza, junto a truenos y rayos y yo, no podía levantarme de donde estaba, era como si las sabanas que me cubrían me abrazaran con una fuerza sobrehumana para mantenerme prisionero. Por más que forcejeaba no lograba aminorar el agarre y la voz no salía del interior de mi boca.

            Mis sospechas fueron comprobadas cuando un fuerte viento traspaso la malla de la ventana e hizo caer la sabana negra que cubría el espejo que yacía debajo. En él, el monstruo que había creado mi codicia y mi arrogancia me miraba fijamente con esos posos negros que tenía por ojos, estaba desnudo y su piel era mortalmente pálida, tan blanca como la nieve y no paraba de verme con esa siniestra sonrisa en los labios.

            El corazón comenzó a latirme con una fuerza violenta cuando vi lo que estaba ocurriendo. El reflejo del espejo se apoyo en los marcos del mismo y como si se tratara de la mismísima Samara, la niña que aparecía en la película del Aro; el monstruo que cree fue saliendo del interior del espejo, lentamente y con dificultad, pero con férrea determinación. Yo no pude hacer más que contemplar con horror aquella imagen sacada de alguna película de terror y esperar por lo peor.

            El monstruo del espejo se acercó a mí, aproximo su rostro y susurrando a mi oído derecho, me dijo lo siguiente:

            —Te dije que nos volveríamos a ver—me dijo con tranquila frialdad.

            A continuación se me quedo mirando directamente a los ojos y fue entonces que todo se torno negro para mi. La oscuridad engullo cada fibra de mi ser y ya nunca más volví a contemplar la luz del día.

Notas finales:

¡Disfruten de la lectura! 

 

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HISTORIA COMPLETA Y YA TERMINADA. ESPERO LES HAYA GUSTADO.

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