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When.... adaptación SxS por chloe_moony

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Notas del fanfic:

Hola! Que tal están?

Como prometí, aquí les dejo el prólogo de mi nueva adaptación. Se trata del libro When de Victoria Laurie y también se tratará de una adaptación SakuraxSasuke. Me gustaría avisar de que, en esta adaptación, algunos capítulos serán más largos que otros ya que cada uno, por lo general, es un día en la historia. Sin nada más, espero que les guste.

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Notas:

Hola! Que tal están?

Como prometí, aquí les dejo el prólogo de mi nueva adaptación. Se trata del libro When de Victoria Laurie y también se tratará de una adaptación SakuraxSasuke. Me gustaría avisar de que, en esta adaptación, algunos capítulos serán más largos que otros ya que cada uno, por lo general, es un día en la historia. Sin nada más, espero que les guste.

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Prólogo


No estoy exactamente segura de cuándo comencé a ver por primera vez los números. Mis recuerdos más antiguos están llenos con fragmentos de rostros tanto familiares como desconocidos, cada uno con un conjunto de dígitos pequeños y negros que flotaban como sombras por encima de sus frentes. El primer recuerdo más claro que tengo de verlos es de una mañana húmeda de verano, cuando papá se encontraba sentado frente a mí en la mesa, ya vestido para su turno de media mañana. Recuerdo el azul de su camisa haciendo juego perfectamente con el color de sus ojos. Esa mañana, el tráfico de la ciudad se oía alto y claro, colándose a través de las ventanas abiertas 11cuatro años, creo que cuatro; él me estaba mostrando en un pedazo de papel cómo escribir los números y sus nombres.


Ya me sabía las figuras: círculo, cuadrado y triángulo, así que avancé realmente rápido con la lección, y pensé que papá me estaba revelando finalmente el secreto. El secreto del por qué esas figuras pequeñas y extrañas seguían cerniéndose sobre la frente de todo el mundo.


Me enseñó el uno, dos y tres; me sentía tan emocionada. Pero el número más escurridizo fue el nueve. Pasamos por un montón de números para llegar a él, y finalmente tuvo un nombre. Recuerdo repetirlo en voz alta —la última pieza del puzle encajando en su lugar— y señalarlo de manera triunfante, gritando—: ¡Dos-tres-nueve-dos- círculo-círculo-cuatro!


Luego me reí y reí, y recuerdo pensar que estaría muy orgulloso de mí por decirle sus números. Pero cuando me recuperé, vi que tenía la expresión más desconcertada en el rostro. Me sonreía, pero de manera confusa. El recuerdo es agridulce. Todavía puedo ver su rostro claramente en mi cabeza: el azul de sus ojos, el negro de su cabello, la curva en su nariz, y esos números pegados permanentemente en su frente. Pequeñas lápidas negras contra un paisaje blanco y pálido.


Nos tomó un par de años averiguar lo que significaban. En realidad, nos tomó dos años y un día.


Mamá fue la primera en descubrirlo. Recuerdo que era martes, porque en mi clase de primer año teníamos lecciones orales los martes. Rin Beaumont (14-10-2074) había llevado su colección de muñecas para que las pasáramos alrededor del círculo, y me enamoré de una pequeña ardilla rayada. La sujetaba con entusiasmo cuando la señora Lucas (12-02-2041) tuvo que salirse del círculo para responder el teléfono de la clase, e incluso antes de que se volteara para mirarme con los ojos abiertos de par en par, supe que algo iba mal en casa.


Me puso el abrigo y me dijo que fuera con el tío Sasori (30-09- 2062), que me esperaba en la oficina del director. Corrí a lo largo del pasillo hacia él, y para el momento en que me vio, me levantó en brazos y corrió hacia su auto.


Había conducido bastante rápido por las calles, y podía sentir el auto entero vibrando con miedo. Atravesamos la puerta del apartamento para encontrar a mamá, pálida y temblando en el borde del sofá, marcando el número de papá una y otra y otra vez. En la mesa frente a ella había un boceto a crayones que había hecho el año anterior en kínder, de mamá, papá y yo. Lo dibujé con todos nuestros números, y mamá lo pegó con orgullo en el refrigerador, donde desapareció bajo otros dibujos, cupones y notas de amor de papá.


Pero ese día, mamá sacó el dibujo, encerró la figura de papá con un lápiz, y mientras la televisión transmitía las imágenes de un retraimiento entre una banda de traficantes y el departamento de policías de Brooklyn, siguió marcando y marcando y marcando.


Sasori se sentó en el sofá y me apretó en sus brazos, pero toda su atención se encontraba en el programa. Recuerdo vívidamente las imágenes de un helicóptero piloteando por encima de una mansión enorme, enviando imágenes difusas de hombres que lucían como hormigas desplazándose por el techo mientras pequeños destellos de disparos brillaban repetidamente desde los cañones de sus armas. El reportero seguía diciendo que había múltiples oficiales caídos, e incluso con seis años, sabía que esa escena significaba cosas terribles para nosotros.


Más tarde descubrimos que papá dejó su teléfono en su coche patrulla. Había entrado en la mansión para respaldar a sus compañeros, y nunca volvió a salir. Desde entonces, he sido perseguida por la sensación de que mamá no fue la única que lo comprendió mientras marcaba y marcaba y marcaba. ¿Qué si papá lo averiguó finalmente cuando entró en el edificio y esa lluvia de disparos hizo erupción a su alrededor? Y más importante… ¿por qué no lo comprendí a tiempo para salvarlo?


Esa es otra pregunta que no puedo responder.


¿Cómo es que puedo ver la fecha exacta de muerte de alguien, pero no el cómo, el dónde o incluso el por qué? ¿Qué tiene de bueno saber el cuándo, si no puedes saber al menos uno de los otros tres? Además, ¿por qué soy la única persona en el mundo que puede ver esos números? ¿Por qué el destino me eligió para un don así de horrible? Es una pregunta que me he hecho un millón de veces, y todavía estoy buscando una respuesta. Creo que puede que no haya una, porque el saber cuándo va a morir alguien nunca ha cambiado nada. Nunca he salvado a nadie o dado más tiempo. Soy sólo una mensajera.


Eso es lo que me dice mamá cuando uno de mis clientes no se toma las noticias muy bien. Pero saber que no hay nada que pueda hacer para ganarles un poco más de tiempo todavía es doloroso. Comencé a darle los números a extraños unos cuantos años después de que mamá perdiera su trabajo de medio tiempo. Sabía que en realidad le preocupaba el dinero, así que no discutí con ella cuando me propuso cobrarles a las personas por decirles sus fechas de muerte. Después de un comienzo lento, ahora recibimos casi una docena de clientes por mes.


Hay una pequeña habitación en la parte trasera de la casa, donde a mamá les gusta recibirlos. Es sombría y lúgubre. Nunca entro allí a menos que tenga un cliente.


Cuando hago una lectura, tengo que concentrarme en la frente del sujeto en cuestión, y los números son siempre iguales: algo pequeños, de menos de un centímetro en tamaño. Son negros y finos, aunque grabados a la perfección, como verlos impresos en obituarios. Se ciernen sobre las frentes de todos a los que veo, incluso en una fotografía o un vídeo son visibles para mí. Esa es la razón por la que no me gusta ir al cine o ver un montón de televisión. Sé cuándo morirá cada estrella en Hollywood.


Y debido a que los números son pequeños y finos, necesito estar a cerca de cuatro o cinco metros de una persona para verlos con claridad, aunque si alguien lleva un sombrero, o tiene flequillo o una piel bastante oscura, necesito estar incluso más cerca. Después de los cinco metros, las fechas se vuelven borrosas y comienzan a lucir como puntos ralos; manchas antiestéticas en rostros de otra manera indemnes. Cuando camino por los pasillos de mi secundaria, esas manchas son un constante recordatorio de que la muerte está a unos cuantos centímetros.


Trato de no pensar en las personas a las que no les quedan muchos años. Pero es realmente difícil. Al verlos en los pasillos de la escuela, o alrededor de la ciudad, quiero encogerme cuando me pasan; sus números destellando una y otra vez en mi mente, como luces estroboscópicas en un accidente de tráfico, retándome a pasar junto a ellos y olvidar haberlos visto.


Puede ser bastante difícil tratar con ello, así que, hace unos cuantos años, comencé una libreta donde escribo las fechas de todos a los que conozco o veo. Añado cerca de diez a quince nombres al mes; todos mis clientes son apuntados, lo que me ayuda a salir adelante.


Cuando comencé a ver por primera vez los números, esas fechas de muerte, se me hacían como un riachuelo eterno; ahora mi mente los pone a raya. 28-06-2021. Esa es la fecha de mamá. Crecí sabiendo que tendría veintitrés cuando ella muriera. Veintitrés años es demasiado joven para ser huérfana. Aun así, no es como si mamá cuidase de sí misma. Fuma, bebe, pero por lo general, no se preocupa. No desde que murió papá.


Un año después de que lo perdiéramos y nos mudáramos de Brooklyn a Konoha, a una hora y cuarenta minutos al norte, comencé a decirle a todos a los que conocía su fecha de muerte. Era una niña de siete años con una misión: salvar a todos a los que pudiera. No me sorprendió que no hubiese salvado ni un alma. En su lugar, me mandaron a casa con una nota de mi nueva maestra de segundo grado, la señora Gilbert (18-07-2006). Tenía cáncer y murió al verano siguiente, pero no le importó saber que se acercaba su muerte, y los padres de unos cuantos niños se quejaron. Después de eso, mamá me dijo que nunca le dijera a nadie sus números a menos que ella lo permitiera.


El número de mi vecina, la señora Senju, está realmente cerca. 28-02-2015. Aunque todavía no lo sabe, pero estoy tentada a decírselo. Es una anciana dulce a la que gusta redecorar su casa cada mes, sólo para hacer algo y hablar con alguien. Creo que le gustaría saber que le queda poco tiempo. Ni siquiera le cobraría, lo que podría no hacer feliz a mamá si lo descubriera, pero el negocio ha ido bastante bien últimamente, y mamá dijo que está pensando en subir el precio por una lectura, de quince dólares a setenta y cinco.


Con mamá y yo por nuestra cuenta, y sólo el dinero de la liquidación de papá para pagar las cuentas, la mayoría de lo que gano cubre las cosas extra, como reparaciones de la casa, comida o tragos para mamá.


Ha estado bebiendo un montón últimamente, que es el por qué espero que el negocio se ralentice. Aunque ni tanto. Hay bastantes personas allí afuera que tienen curiosidad o están desesperadas o que simplemente quieren preparase. Muchos de mis clientes me visitan con una lista y una pila de fotos, preguntándome por todos en su familia excepto por sí mismos.


Otros sólo preguntan por sí mismos. La mayoría de las personas quieren saber si pueden cambiar la fecha, si pueden conseguir más tiempo. Les digo que no sé. Y eso es lo que me mata. Sería más fácil si supiera que las fechas no pueden ser cambiadas, que están escritas en piedras tan sólidas como las lápidas en las que estarán impresas. Si estuviera completamente segura de que las fechas no pueden ser cambiadas, creo que me sentiría menos culpable por la muerte de papá.


Entonces miro a mamá, y la veo dejándome en sólo seis años, y un peso se asienta en mi pecho, haciéndome difícil el respirar.


Así que espero y deseo que un día, cuando un cliente se siente frente a mí, y le diga su fecha, un milagro suceda: veré que la fecha cambia. Simplemente por el acto de revelarle su fecha, seré testigo de haberle ganado más tiempo. Luego tendré una prueba sólida de que hay esperanza para cualquiera con una fecha demasiado temprana. Y finalmente seré más que sólo una mensajera.

Notas finales:

Bueno, esto es todo... 

Espero que les guste y nos leemos en el siguiente capítulo!

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