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Stone Cold Touch ~~Adaptción SxS~~ por chloe_moony

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Notas del fanfic:

Segunda adaptación de la trilogia The Dark Elements, de Jennifer L. Armentrout

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Notas:

Hola! Aquí les traigo el primer capítulo del egundo libro de la saga The Dark Elements, de Jennifer L. Armentrout: Stone Cold Touch. Espero que os guste y no, no os precupéis, Sasuke vuelveeee! *-*

En fin, disfruten de su lectura ^^

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 1


Diez segundos después de que la Sra. Cleo llegó a la clase de biología, encendió el proyector y apago las luces, Bambi decidió que ya no estaba más cómoda alrededor de mi cintura. Deslizándose a lo largo de mi estómago, el muy activo tatuaje de serpiente demoníaca no era fan de quedarse quieta por mucho tiempo, sobre todo durante una conferencia aburrida de cadena alimentaria. Me puse rígida, resistiendo el impulso de reír como una hiena cuando ella cruzó mis pechos y apoyo su cabeza en forma de diamante en el hombro.


Cinco segundos más pasaron cuando Ino me miró con las cejas levantadas, forcé una tensa sonrisa sabiendo que Bambi no había terminado aún. No, su lengua salió haciendo cosquillas al lado de mi cuello. Sujeté mi mano sobre mi boca, ahogando una risita mientras me retorcí en mi asiento.


—¿Andas en drogas? —preguntó Ino en voz baja mientras alejaba su flequillo de sus ojos azules—. ¿O está mi pecho izquierdo colgando hacia fuera diciendo hola al mundo? Porque como mi mejor amiga estás obligada a decirme.


A pesar de que sabía que su pecho estaba en su camisa, o al menos eso esperaba ya que su suéter con cuello en V estaba bastante escotado, mi miraba se profundizó mientras bajaba mi mano.


—Tu pecho está bien, solo estoy... ansiosa.


Ella arrugó su nariz antes de volver a poner su atención al frente de la clase. Tomando una respiración profunda recé para que Bambi permaneciera donde estaba el resto de la clase. Con ella sobre mi piel era como tener una caja loca de tics. Contracciones a cada cinco minutos no ayudarían a mi popularidad o falta de ella. Por suerte, con el clima fresco y acción de gracias acercándose rápidamente, podía salir con cuello alto y mangas largas que escondían a Bambi de la vista.


Bueno, siempre y cuando ella no decidiera arrastrarse arriba, a la cara. Algo que le gustaba hacer cuando Naruto estaba cerca. Él era un Guardián absolutamente magnífico, un miembro de la raza de criaturas que podían verse como humanos a voluntad, pero cuya forma era lo que los humanos llaman gárgolas. Los Guardianes se encargaban de proteger a la humanidad, cazando lo que salía en la noche... y durante el día. Yo había crecido con Naruto y había cultivado un flechazo por él tipo cachorro- amo durante años.


Bambi se movió, su cola hacía cosquillas al lado de mi estómago. No tenía idea de cómo Sasuke había manejado a Bambi arrastrándose sobre él. Tomé un gran aliento y un indescriptible dolor golpeó mi pecho, sin pensarlo cogí el anillo con la piedra rota, el anillo que una vez había tenido la sangre de mi madre, la Kaguya, colgando de mi cuello. Sintiendo el frío metal entre mis dedos era relajante, no por el lazo familiar ya que yo realmente no tenía una relación con mi madre, sino porque además de Bambi, era mi último y único lazo a Sasuke, el Príncipe heredero del Infierno, que había hecho la cosa menos demoniaca.


Me perdí en el momento que te encontré.


Sasuke se había sacrificado siendo el que conserva a Paimon, el bastardo responsable de querer liberar una raza especialmente odiosa de demonios, en una trampa demoniaca manteniéndolo cautivo en el Infierno. Naruto había estado haciendo los honores de evitar que Paimon se escapara, pero Sasuke... él había tomado el lugar de Naruto. Y ahora él estaba en las fosas ardientes.


Inclinándome hacia adelante, apoye los codos en la mesa fría completamente inconsciente de lo que la Sra. Cleo estaba diciendo. Lágrimas quemaron la parte posterior de mi garganta mientras miraba la silla vacía frente a mí que solía pertenecer a Sasuke. Cerré los ojos. Dos semanas. Trescientas treinta y seis horas más o menos, habían pasado desde aquella noche en el viejo gimnasio y ni un segundo se había hecho más fácil. Me dolía como si hubiera sucedido hace una hora y no estaba segura si un mes o un año a partir de ahora lo haría diferente.


Una de las partes más difíciles eran las mentiras. Ino y Kiba habían tenido un centenar de preguntas cuando Sasuke no había regresado después de la noche que habíamos localizado La Llave Menor de Salomón (el antiguo libro que tenía las respuestas a todo lo que necesitábamos saber de mi madre) y que había sido capturado por Minato (el líder de los Guardianes en Washington quién me había adoptado cuando niña). Ellos se habían detenido eventualmente, pero había aún otro secreto que estaba ocultándoles, a mis dos amigos más cercanos.


A pesar de nuestra amistad ninguno de ellos sabía lo que yo era, mitad Guardián, mitad demonio, y ninguno de ellos sabía que Sasuke no había estado ausente simplemente por mononucleosis o que había sido transferido a otra escuela. Pero a veces era más fácil pensar en él de esa manera, decirme que estaba solo en otra escuela y no dónde está realmente.


La quemadura se movió en mi pecho, similar al ardor en mis venas que siempre estaba presente, la necesidad de tomar un alma, la maldición que mi madre me había dejado no había disminuido ni un poco en las últimas dos semanas. En todo caso había aumentado, la habilidad de sacar el alma de cualquier criatura que tenía una era la razón de por qué nunca me había acercado a un chico antes. No hasta que Sasuke había llegado. Debido a que era un demonio, el molesto problema de las almas era un punto discutible, ya que él no tenía una. Y a diferencia de Minato y casi todos los Guardianes, incluso Naruto, a Sasuke no le había importado que yo fuera una mestiza. Él me había aceptado tal como era.


Pasando las palmas de las manos sobre mis ojos me mordí el interior de mi mejilla. Cuando había encontrado y reparado mi collar el que Sasori, un Guardián quién resultó ser mi medio hermano, rompió mientras me atacó, en el apartamento de Sasuke, me aferré a la esperanza de que Sasuke no estaba en las fosas después de todo, que había escapado de alguna manera, pero cada día que pasaba, la esperanza se apagaba como un huracán. Creía más que nada en este mundo que si Sasuke hubiera podido llegar a mí, ya lo hubiera hecho y eso significaba...


Cuando mi pecho se apretó dolorosamente, abrí los ojos y deje salir lentamente el aliento que había estado conteniendo, la habitación estaba un poco borrosa a través de la bruma de lágrimas no derramadas, parpadeé un par de veces mientras me dejaba caer en mi asiento, lo que fuera que estaba en el proyector no tenía sentido para mí. ¿Algo que ver con el círculo de la vida? No, eso era el Rey León. Sí que iba a reprobar esta clase. Imaginándome que debería al menos intentar tomar notas, tomé mi pluma y...


Al frente de la clase, las patas metálicas de una silla arañaron el suelo chillando muy fuerte, un chico saltó de su silla como si alguien le hubiera encendido fuego a su trasero, un resplandor amarillo lo envolvió –su aura– yo era la única que podía verlo, pero tartamudeé erráticamente, parpadeando. Ver el aura de las personas, un reflejo de sus almas, no era nada nuevo para mí, eran de todo tipo de colores, algunas veces una mezcla de más de dos, pero nunca había visto una ondear así antes. Eché un vistazo alrededor de la habitación y la mezcla de las auras brillaban débilmente. ¿Qué demonios?


La mano de la Sra. Cleo se congeló encima del proyector y frunció el ceño.


—Dean McDaniel, que estás...


Dean giró sobre sus talones frente a los dos tipos sentados detrás de él, ellos estaban inclinados en sus asientos con los brazos cruzados y los labios curvados en sonrisas idénticas, la boca de Dean estaba presionada en una línea delgada y su rostro estaba enrojecido, mi boca se abrió mientras él plantaba una mano en la mesa de color blanco y estrellaba su puño contra la mandíbula del chico detrás de él, el golpe hizo eco en la habitación seguido de varios jadeos de sorpresa. ¡Santa barra de granola! Me senté con la espalda recta cuando Ino dio una palmada con sus manos en la mesa.


—Bolas de mierda para la cena del domingo —susurró boquiabierta mientras el chico que Dean había golpeado se desplomada a su izquierda y caía al suelo como un saco de patatas.


No conocía muy bien a Dean. Diablos, no estaba segura si había hablado con él más de un puñado de palabras durante los cuatro años de la escuela, pero era tranquilo y promedio, alto y delgado, muy parecido a Kiba. Totalmente no el tipo de chico que creerías que está dispuesto a golpear a otro chico, mucho más grande que él, la siguiente semana.


—Dean —gritó la Sra. Cleo, su amplio pecho expandiéndose mientras se apresuraba a la pared y encendía de un tirón las luces—. ¿Qué estás...?


El otro tipo se levantó cómo flecha con las manos en puños apretados a los lados.


—¿Qué demonios está mal contigo? —Rodeó la mesa, encogiéndose de hombros sacándose su sudadera—. ¿Quieres un poco de esto?


Las cosas se ponían serias cuando la ropa comenzaba a irse. Dean se rio mientras se dirigía al pasillo, sillas chirreaban mientras los estudiantes de quitaban de su camino.


—¡Oh, estoy a punto de conseguir algo de eso!


—¡Pelea de chicos! —exclamó Ino mientras buscaba en su bolso y sacaba su teléfono celular, varios de los otros estudiantes estaban haciendo la misma cosa—. Tengo que grabarlo.


—¡Muchachos! Deténganse ahora. —La Sra. Cleo estrelló su mano contra la pared golpeando en intercomunicador conectado directamente a la oficina principal, un pitido sonó y ella se volvió rápidamente hacia el—. ¡Necesito un guardia de seguridad en el salón dos–cero–cuatro inmediatamente!


Dean se lanzó contra su oponente, mandándolo al piso, brazos volaban mientras giraban y enrollaban sus piernas en la mesa de al lado, en la parte trasera de la clase estábamos a salvo pero Ino y yo nos paramos, un escalofrío recorrió mi piel cuando Bambi cambió de lugar sin previo aviso. Estaba agitando su cola en mi estómago. Ino estaba parada sobre las puntas de sus botas, aparentemente buscando un mejor ángulo para su teléfono.


—Esto es...


—¿Extraño? —le sugerí, estremeciéndome mientras el chico dio un buen golpe, pegándole a la parte trasera de la cabeza de Dean.


Ella arqueó la ceja hacia mí—. Iba a decir impresionante.


—Pero ellos... —Salté cuando la puerta del salón se abrió y golpeó contra la pared.


Los agentes de seguridad rodearon la clase, dirigiéndose directamente a la pelea, un tipo fornido envolvió sus brazos alrededor de Dean, arrastrándolo lejos del otro estudiante y la Sra. Cleo zumbaba por todo el salón como un colibrí nervioso agarrando su collar de perlas de mal gusto con ambas manos.


Un guardia de seguridad de mediana edad se arrodilló al lado del cuerpo del chico que Dean había golpeado, solo entonces me di cuenta que el muchacho no se había movido una sola vez desde que tocó el suelo. Un hilo de inquietud, que no tenía nada que ver con la forma en que Bambi se movía de nuevo, se formó en mi vientre mientras el guardia se inclinaba sobre el chico, colocando la cabeza sobre su pecho. El guardia se echó atrás, alcanzando el micrófono en su hombro, su rostro estaba blanco como el papel de mi cuaderno.


—Necesito un paramédico inmediatamente, tengo un varón adolescente aproximadamente de diecisiete o dieciocho años de edad, moretones visibles a lo largo del cráneo, no está respirando.


—Oh Dios mío —susurré apretando el brazo de Ino.


Un silencio descendió sobre la habitación, sofocando el parloteo excitado de la Sra. Cleo deteniéndose cerca de su escritorio. Ino contuvo el aliento mientras bajaba el teléfono. El silencio que siguió a la llamada urgente se rompió cuando Dean echó atrás la cabeza y rio mientras el otro guardia de seguridad le arrastraba desde el salón de clases.


Ino metió su largo cabello negro detrás de los oídos, no había tocado la rebanada de pizza en su plato o la lata de refresco, yo tampoco lo había hecho. Ella estaba pensando probablemente en la misma frase que yo. El Director Blunt y el consejo de estudiantes que nunca realmente le había prestado atención, le dieron la opción a todos los estudiantes de la clase a ir a casa. No tenía quién me llevara. Jiraya, el chófer del clan, el de mantenimiento y fabuloso hombre que hace de todo, estaba aún en la lista de prohibidos para un viaje junto a mí desde que, la última vez que estuvimos juntos en un carro un taxista endemoniado había tratado de jugar con nuestros vehículos. Y yo no quería levantar a Naruto o Guy, la mayor parte de los Guardianes dormían profundamente durante el día, sepultados en sus cascaras duras. Y Ino no quería estar en casa con su pequeño hermano. Así que aquí estábamos en una cafetería.


Pero ninguna de nosotros tenía apetito.


—Estoy oficialmente traumatizada —dijo ella tomando una respiración profunda—. En serio.


—No es cómo si el chico esté muerto —respondió Kiba con la boca llena de pizza, sus gafas deslizándose por su nariz, el pelo castaño dejándose caer por su frente. Su alma, una mezcla de color amarillo y azul, parpadeó como lo había estado haciendo la de todo el mundo ésta mañana, destellando, como si estuviera jugando al escondite conmigo—. He oído que revivió en la ambulancia.


—No cambia el hecho de que vimos a alguien ser golpeado en la cara con tanta fuerza que murió en frente a nosotros —insistió—. ¿O estás perdiendo el punto?


Kiba tragó el bocado de pizza.


—¿Cómo sabes que realmente estaba muerto? El hecho de que un aspirante a oficial de policía dice que alguien no está respirando, no significa que eso sea cierto.


—Miró a mi plato—. ¿Vas a comer eso?


Negué con la cabeza hacia él, en una especie de estupefacción.


—Es todo tuyo. —Un segundo después, arrebató la pizza con los pequeños cubos de pepperoni de mi plato. Su mirada parpadeó hasta la mía—. ¿Estás bien? —le pregunté.


Asintió mientras masticaba.


—Lo siento. Yo sé que no suena muy amigable.


—–¿Tú crees? —murmuró Ino secamente.


Un dolor sordo estalló detrás de mis ojos cuando me estiré en busca de mi soda. Necesitaba cafeína. También necesitaba averiguar qué demonios estaba sucediendo con las auras de todos que parpadeaban. El sombreado de colores alrededor de un humano representaba qué clase de alma llevaban: blanco para un alma totalmente pura, pasteles eran los más comunes y por lo general indica un alma buena, y los colores oscuros, es un cuestionable estado del alma. Y si un ser humano no tenía ese halo revelador en torno a él, eso significaba que estaba en el equipo que no tiene alma. Es decir, que era un demonio.


Yo no estaba etiquetando, otra habilidad que tuve gracias a mi madre. Si yo tocaba un demonio era equivalente a pegarle un letrero neón en el cuerpo, lo que hacía más fácil para los Guardianes buscarlos. Bueno, no funcionaba en los demonios de Nivel Superior. No mucho. No me detuve a causa de lo que había sucedido con Paimon y luego cuando me prohibieron etiquetar. Minato me había indultado de por vida después de la noche en el gimnasio, pero se sentía mal etiquetar de manera aleatoria a demonios, especialmente ahora que sabía que muchos de ellos podían ser inofensivos. Cuando sí etiquetaba, iba por los Posers, ya que eran peligrosos y tenían el hábito de morder gente, y dejaba tranquilo a los Fiends. Y la verdad, el cambio en mi rutina de etiquetar se debió todo gracias a Sasuke.


—Es sólo que esos dos idiotas probablemente molestaban a Dean. —Kiba continuó rematando la pizza en un nanosegundo—. La gente estalla.


—La gente por lo general no tienen puños que podrían ser consideradas armas letales —replicó Ino.


Mi teléfono sonó, llamando mi atención. Inclinándome, lo saqué de mi bolso. Las comisuras de mis labios se elevaron cuando vi que era Naruto a pesar de que el dolor en mis ojos aumentaba de manera constante.


Ah, el entrenamiento. Mi estómago dio un pequeño giro divertido, una reacción conocida cuando se trata de entrenamiento con Naruto. Debido a que en algún momento durante el ataque y técnicas evasivas, se ponía sudoroso, e inevitablemente su camisa saldría. Y, bueno, a pesar de que me dolía muchísimo la pérdida de Sasuke, ver a Naruto sin camisa era algo a lo que aspirar. Y Naruto... él siempre había significado el mundo y algo más para mí. Eso no había cambiado. Nunca lo haría. La primera vez que había sido llevada en el clan, había estado aterrorizada y me había escondido en un armario rápidamente. Fue Naruto quien me había engatusado, sosteniendo en sus manos un ya-nada-bonito oso de peluche que yo había apodado Sr. Snotty. Había estado pegada a su cadera desde entonces. Bueno, hasta que Sasuke había llegado. Naruto había sido mi único aliado, la única persona que sabía lo que era... y Dios, había estado ahí como mi roca las últimas semanas.


—Así que... —Kiba soltó las palabras mientras le envié a Naruto un rápido y dejé caer el teléfono en el bolso—. ¿Sabían ustedes que cuando las serpientes nacen con dos cabezas, se pelean entre sí por la comida?


—¿Qué? —preguntó Ino, surcando las cejas como dos pequeñas líneas de enojo.


Él asintió con la cabeza, sonriendo un poco.


— Sí. Algo así como un combate a muerte... con uno mismo.


Por alguna razón, un poco de rigidez salió de mi postura cuando Ino ahogó una carcajada y dijo—: Tu capacidad de conocimiento inútil nunca deja de sorprenderme.


—Es por eso que me amas.


Ino parpadeó y un calor infundió sus mejillas. Me miró, como si de alguna manera yo debía ayudarla con su amor platónico recientemente descubierto en Kiba. Yo era la última persona sobre la faz de la Tierra para ayudar en lo que respecta al sexo opuesto. Yo sólo había besado a un chico en toda mi vida. Y él había sido un demonio. Así que... Ella se echó a reír en voz alta y brillante mientras recogía su soda.


—Lo que sea. Soy demasiado cool para el amor.


—En realidad...


Kiba miró como si estuviera a punto de explicar algún tipo de hecho al azar sobre el amor y las temperaturas cuando el dolor en mi cabeza estalló. Tomando un gran respiro, me llevé las manos sobre mis ojos y los apreté contra la sensación punzante al rojo vivo. Era feroz y rápido, se fue tan pronto como empezó.


—¿Sakura? ¿Estás bien? —preguntó Kiba.


Asentí con la cabeza lentamente bajé la mano y abrí los ojos. Kiba miró hacia mí, pero...


Él inclinó la cabeza hacia un lado—. Te ves un poco pálida.


—Un mareo me inundó mientras seguía mirando.


— Tú…


—¿Yo? ¿Eh? —frunciendo el ceño, miró a Ino rápidamente—. ¿Yo qué?


No había nada que rodeara a Kiba, ni un solo rastro turquesa o el amarillo mantequilla suave. Mi corazón vaciló cuando me giré hacia Ino. El verde tenue de su aura también se había ido. Eso significaba que ni Kiba ni Ino tenían… no, tenían almas, yo sabía que las tenían.


—¿Sakura? —dijo Ino suavemente, tocando mi brazo.


Me di la vuelta, escaneando la cafetería. Todo el mundo parecía normal, excepto que no había halo alrededor de cualquiera de ellos, no había sombra suave de color. Mi pulso se elevó y sentí el sudor salpicar mi frente. ¿Qué estaba pasando?


Busqué a Eva Haster, con cuya aura estaba muy familiarizada, la encontré sentada a unas pocas mesas rodeada de lo que Ino amablemente se refería como la manada de perras. A su lado estaba Gareth, su novio intermitente, estaba inclinado hacia adelante, con los brazos cruzados sobre la mesa, la mirada pérdida en la nada, sus ojos estaban rojos y vidriosos. Le gustaba ir de fiesta, pero no podía recordar un día que lo hubiera visto drogado en la escuela. No había nada a su alrededor.


Cambié de nuevo mi mirada hacia Eva, normalmente había un halo de color púrpura rodeando a la morena, lo que significa que había caído en estado de alma deplorable hace bastante tiempo. La necesidad de probar su alma siempre fue grandiosa. Pero el espacio a su alrededor también estaba vacío.


—¡Oh, Dios mío! —susurré.


La mano de Ino se tensó sobre mi brazo—. ¿Qué está pasando?


Mi mirada revoloteó hacia ella. Todavía nada de aura. Y luego a Kiba. Nada. Yo no podía ver una sola alma.

Notas finales:

Esto es todo por hoy!

Espero que les haya agradado... no gustado porque es triste lo rota que está Sakura después de perder a Sasuke pero en fin...

Nos leemos el miercoles ^^

Abrazos virtuales

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