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Crónicas de una bruja adolecente por Chioban

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— ¡Ojala te mueras ahí, zorra!

Grito antes de cerrar el casillero en mi cara. Pude escuchas como arrastro una silla para bloquear la puerta. Luego se fue, riendo junto su ‘’Grupito de amigas’’.

¡Ha! Solo son unas matonas, todos en la escuela lo piensan pero le temen demasiado para decírselo en la cara.

¿Qué? ¿Qué por eso estoy aquí? Error, no me encerraron porque tuve el valor de confrontarla. Si hiciera eso me desfigurarían la cara a golpes.

Fue una estupidez la verdad, lo que comprueba que Mariana es solo una bomba temperamental.

En mitad de la clase Fray dejo caer su bolígrafo y de casualidad rodo hasta mi escritorio. Sin malas intenciones lo tome y se lo devolví. Él respondió con su sonrisa típica y reluciente de chico popular, esa que vuelve locas a sus seguidoras.

Debo admitir que es... Atractivo... Muy atractivo. Capaz de aparecer en una portada de Ídolos sin mucho problema. Ojos verdes felinos y una cabellera rubia que parece brillar...

Pero conozco mis límites, y sé que Fray es un NO mayúsculo en mi escala.

¿Por qué? Tres cosas:

Primero dudo ser su tipo... Además de chaparra soy plana como una pared, y mis gafas me quedan fatal. Quizá si tuviera un cuerpo sexy bien proporcionado podría sacar el encanto seductor de ellas. Pero no es el caso.

Segundo, la competencia. Hay demasiada y muy peligrosa. Entre sus principales admiradoras esta Mariana y apoyándola el resto de buscapleitos.

Detestaría meterme en esa jaula de leonas en celo.

Tercero y más importante, tiene fama de usar y tirar. Varias veces llegan chicas llorando diciendo que sus promesas de amor incondicional fueron rotas.

Recuerdo la vez que se burlo en público de una... La pobre casi se suicida.

En conclusión es un bastardo. Un bastardo guapo pero un bastardo al final.

Esas personas solo traen problemas.

Mi meta es mantener un perfil bajo así que no me convienen. Ya ven todas las consecuencias que trae devolver un boli.

Suspire y le propine una patada a la puerta. Eso no la abrirá pero disminuyo mi frustración.

Allí encerrada mi visión se limito por las rendijas del casillero. Pero no me asuste, sé que hay más de lo que mis ojos pueden ver, aunque la gente corriente lo desconozca.

Baje mis parpados y me concentren en mí alrededor.

Con unos minutos basto para abrirlo, mi Tercer Ojo.

Fue como si mi visión se ampliara en 360 Grados, mí mirada pudo atravesar cualquier objeto solido. Aunque mi cuerpo no podía moverse logre ver donde quisiera. Incluso alejarme hasta la azotea de la escuela.

Pero eso es innecesario y agotador.

Me limite a mirar la silla que bloqueo el casillero. Concentre mi fuerza mental y la termine arrojando contra la pared. Un poco más arriba y sale volando por la ventana del vestidor... Ups.

Escape, satisfecha de mi logro.

Te habrás dado cuenta... Pero soy diferente. Poseo Súper poderes, o magia, o como quieras llamarlo.

Soy una bruja.

No, no tengo la piel verde y menos un sombrero de pinchos. Escuche que algunas de mis antepasadas seguían el estereotipo, pero la verdad fueron muy pocas.

Las brujas de verdad preferimos mezclarnos con el resto de personas. Manteniendo ocultas su identidad y dones.

En una época de tecnología y escepticismo hay demasiadas complicaciones en revelarnos. Lo mismo ocurre con muchos otros seres mágicos, así que no estamos solas.

A veces me gustaría liberarme y mostrar quien soy... Pero es una idea idiota. Tal como vivimos ahora estamos en paz, sin romper el estatus quo.

Debo concentrarme en vivir como una persona normal. Solo soy Sarah Nightfallen, una joven de 15 años demasiado corriente para un apellido tan extraño. Soy tan simple que puedes arrojarme dentro de una multitud y no me volverías a encontrar.

Solo Sarah. Nada más.

Bajo el atardecer mientras caminaba devuelta a casa, pudo sentir una presencia oscura tomando forma detrás de mí.

La silueta se transformo en un animal, un gato negro y demacrado de ojos bicolores. El gato avanzo hasta adaptarse a mi paso. Sin mover la mandíbula se comunico.

— Debiste enseñarles una lección. Tienes el poder para aterrorizarlas tanto que se orinarían encima... ¿Por qué nunca haces nada?— Escuche su rasposa voz en mi cabeza.

Pero lo ignore. Las chicas normales no conversan con gatos.

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