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Unchained ~~Adaptación SxS~~ por chloe_moony

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Notas del fanfic:

Adaptación de la historia homónima de J. Lynn

 

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Notas:

Bienvenid@s a mi nueva adaptación!

 

Espero que la disfruteis muchísimo y no dudeis en hacerme llegar vuestras opiniones.

 

Disfrutad de la lectura!!

 

 

 

Ni la historia ni los personajes me pertenecen.

Capítulo 1

 

El rítmico sonido de las botas de combate de Sakura Haruno hizo eco en la azotea de acero del Centro de Nancy Hanks, enviando a las palomas hacia el cielo oscuro. Nadie podía oírla por encima de la esquina de Twelfth y la avenida Pennsylvania

Sakura calculó que la distancia entre la torre del reloj y la plataforma de observación era de alrededor de un centenar de metros. Sus ojos esmeraldas se estrecharon en la torre mientras aferraba la bolsa cerca de su pecho. Su falda a cuadros se agitaba alrededor de sus muslos mientras daba la vuelta y saltaba sobre el hueco, aferrándose a la cornisa de la ventana de la torre. Después de levantarse, se sentó en el borde, con las piernas colgando en el aire. Metiéndose un mechón de pelo castaño rojizo detrás de la oreja, miró furtivamente por encima de su hombro.

Nadie la había seguido.

Abrió la bolsa para recibir su premio. Mientras hundía los dientes en la hamburguesa, inmediatamente gimió ante el sabor de la grasienta y misteriosa carne perfectamente cocida. En este mundo, donde pasaba la mayor parte de su tiempo deshaciéndose de criaturas estúpidas que pensaban que podían llevársela por delante, eran las pequeñas cosas  las que la hacían feliz. Denle una hamburguesa que obstruyera sus arterias, y ella estaba en el cielo. Patético como sonaba, necesitaba momentos como aquél.

Lanzó una fritura en su boca y luego se congeló. La sensación serpenteándole por la espalda era innegable. Vino tan cerca, tan rápido, que supo que era él.

—Maldita sea —murmuró. La soledad y el privilegio de comer en paz ni siquiera podían ser ganados sentada en la torre de un maldito reloj.

No hacerle caso sería un esfuerzo inútil. La sensación de hormigueo creció mientras Sakura se asomaba a la terraza de observación y, como siempre, la mera visión de él robó su capacidad de formar un pensamiento inteligente. Tenía un nombre, uno que no podía  comenzar a pronunciar o deletrear, así que siempre lo había conocido como Sasuke.

Y cuando él no estaba, ella simplemente lo llamaba un dolor en el trasero.

—Hola, mi Sakura.

Ella cerró los ojos. Maldita fuera su voz. El sonido, su timbre profundo, la forma en que había dicho su nombre, se arrastró hasta llegar a la boca de su estómago, donde ardía.

Abrió un ojo.

Los labios de Sasuke formaban una sonrisa depredadora. Un labio inferior lleno y uno más delgado en la parte superior, curvados de una manera que era francamente pecaminosa. Esos labios susurraban prometiendo placeres, y también llevaban una amenaza intensamente real. Tenía que recordar eso. Una mirada irónica parpadeó sobre su rostro, y ella reprimió un suspiro. Sabía que él era malo. Oh, era tan malo que casi todos los de su especie le temían. Ese conocimiento no hizo nada para frenar la apreciación de su belleza. Intimidaba tanto a hombres como mujeres. Después de todo, Sasuke había sido un ángel.

Esa noche, vestía pantalón negro y una camisa blanca abotonada. Debió de haberse aburrido de los botones, sin embargo. Sólo la mitad  de ellos estaban prendidos, y una dura y pálida carne se asomaba a través de la tela.

Sakura encontró una pizca de sentido común, junto con su voz.

—¿Qué quieres?

Su sonrisa se ensanchó.

—¿No es una pregunta capciosa?

Ella rodó los ojos, tomando un bocado de su hamburguesa.

—Estoy en la hora del almuerzo. Así que si esperas que te persiga, estás equivocado.

Se acercó un poco más, la brisa suave tiró su largo cabello negro sobre su hombro.

—¿Qué tipo de Nephilim no persigue a un ángel caído?

—Uno hambriento —murmuró ella.

—Tal vez comencé a gustarte.

Sakura pensó en eso por un momento. Él había sido su sombra durante casi ocho años. A veces esperaba sus interacciones con ansias. Por lo general, eran divertidas, si no otra cosa.

—No.

—No te creo —dijo él en tono bajo.

Su voz le hizo cosas raras en el estómago, y ella se movió, incómoda. Sus ojos se encontraron con su mirada azul brillante.

—¿No tienes nada mejor que hacer?

Él echó la cabeza hacia un lado, riendo.

—Después de todo este tiempo, ¿todavía me tienes miedo, mi Sakura?

¿Qué demonios le pasaba con esa mierda de "mi Sakura"? Odiaba cuando él la llamaba así. Era como si le perteneciera de alguna manera. Eso era un gran y gordo no. Sakura no pertenecía a nadie. Bueno, eso no era cierto, tampoco. Pertenecía al Santuario.

—¿Lo estás? —insistió cuando ella no respondió.

La piel se arrugó entre sus cejas. Podía matarla de un solo golpe, pero él nunca la había herido de gravedad. Ni siquiera la vez en que ella había logrado meter la espada entre sus costillas. Él simplemente la había apartado como a una mosca, y seguido con lo suyo. Recordaba aquella noche como si hubiese sido ayer. Era la segunda vez que lo veía. A los diecisiete años. Había estado cazando sola por primera vez, cuando fue acorralada por un Poseído, y tres más habían logrado colarse detrás de ella. Se había hecho cargo de uno sin problema, pero los otros estaban furiosos. Un movimiento en falso y Sakura había sido arrinconada. La habían rodearon como buitres y, justo cuando pensaba que estaba a punto de morder al más grande, Sasuke había aparecido de la nada, liberándola del horrible trío.

Sakura lo había apuñalado por ello. La segunda vez que él había salvado su vida era algo en lo que  ella se negaba a pensar. Siempre.

—No. No te tengo miedo —dijo finalmente.

Él mostró un conjunto de dientes blancos y perfectos.

—Mientes.

—Eres molesto. —Tomó otro bocado y consideró brevemente derramar las papas fritas en su cabeza.

—¿Cómo puedes comer esa basura? —preguntó.

—No es basura. Está delicioso, y estás interrumpiendo.

—Sólo me importa el estado de tus arterias.

Una completa mierda, y ella lo sabía.

—Tengo serias dudas de que esto sea lo que va a matarme.

—Me preocupo por ti.

Sus dedos se clavaron en el pan de sésamo, mientras ponía todas sus fuerzas en no tener en cuenta esa declaración.

—¿Por qué siempre me sigues?

—Tengo que hacerlo.

—¿Por qué? —Una mejor pregunta podría haber sido cómo era capaz de seguirla, en primer lugar. Los Nephilim como ella estaban protegidos por un escudo celestial que impedía a los caídos, y sus estúpidos, pequeños esbirros (un apodo cursi con los que otros de su especie llamaban a los Nephilim que habían sido corrompidos)  detectar su paradero.

Él le dirigió una sonrisa maliciosa mientras el tono de sus ojos se intensificaba.

—¿Cómo puedes encontrarme? —Puesto que él parecía estar en un estado de ánimo conversador, y no iba a ninguna parte, le preguntó algo que siempre había querido—. ¿Mi hechizo celestial no funciona o algo así?

—Tu escudo celestial está muy bien. —Echó la cabeza  hacia atrás, dejando al descubierto su cuello. Un movimiento estúpido teniendo en cuenta lo vulnerable que lo hacía, pero de nuevo, Sakura sabía que no tenía miedo de ella en absoluto—. Siempre sé dónde estás.

Un escalofrío recorrió su espalda.

—Eso es... eso es un poco escalofriante. ¿Te importaría explicarme?

—¿Te importaría venir aquí, mi Sakura?

—¡Deja de llamarme así!

Su risa era abiertamente masculina, oscura.

—Creo que te gusta cuando lo hago.

Su boca se abrió mientras lo miraba con incredulidad. Su temperamento, que ella nunca comprendió bien, estaba a la altura. Empujando su hamburguesa a medio comer en la bolsa, la colocó en la repisa y luego saltó de la torre del reloj. Aterrizando ágilmente en cuclillas a pocos metros del ángel caído, se paró, liberando los cuchillos de las pulseras de plata alrededor de sus delgadas muñecas. Los brazaletes brillantes no eran sólo accesorios.

Él sonrió aún más.

—Eres muy sexy cuando estás enojada.

Algo parecido a placer se contoneó sobre su piel, y eso sólo la enojó. Había una buena posibilidad de que estuviera más enojada con ella misma que con él, pero por lo menos podía actuar como un Nephilim se suponía que lo hiciera cuando se enfrentaba a su más peligroso enemigo.

—Estoy tan harta de ti esta noche. Tengo cosas que hacer. Como Poseídos que cazar, esbirros que matar, y una orden de papas fritas con mi nombre en ella. —Se detuvo frente a él, estirando el cuello para mirarlo a los ojos. Teniendo en cuenta que medía más de un metro noventa, aquello no era algo fácil de hacer para alguien que apenas llegaba al metro sesenta... en tacones—. Ahora, vete o…

—¿O qué? —Extendió la mano, corriendo la punta de su dedo sobre el borde afilado del cuchillo. La forma en que lo acarició causó  otro temblor en ella—. ¿Qué vas a hacer?

Sakura sonrió con dulzura. Un segundo más tarde, se dio la vuelta y golpeó un tacón en su parte media. Él gruñó, pero no hizo mucho más, lo que realmente la enojó. Se volvió hacia él. Sasuke le tomó la mano y la dio la vuelta, atrayéndola contra su pecho y fijando un brazo entre sus pechos jadeantes.

—Puedes hacerlo mejor que eso, Sakura.

Su primer pensamiento después de haberse sometido tan rápido fue Guau. El segundo, Mierda, estoy muerta. Tomó una respiración entrecortada, plenamente consciente de su cuerpo contra las duras losas de sus músculos y su... otra cosa, que parecía igualmente proporcional a su enorme cuerpo. Olía decadente, como un profundo y rico sabor a… hombre. Calor líquido se agrupó bajo en su vientre, lo  que estaba mal en muchos niveles diferentes. No era divertido. Y peor aún, detrás de la edificación de calor tentador dentro de ella, estaba el miedo. No era bueno. El miedo no era algo a lo que Sakura estuviera acostumbrada, pero Ino no había conocido el miedo, tampoco. ¿Y no estaba ella haciendo lo mismo que Ino había hecho? ¿Permitiendo que uno de los Caídos se acercara demasiado y se metiera bajo su piel? Su corazón se recogió en forma de hielo, empapando sus venas. Mira lo que pasó con Ino.

Ino estaba muerta, sacrificada como un animal.

Con el corazón acelerado, agarró el brazo de Sasuke mientras empujaba el codo contra su pecho con todas sus fuerzas. Él, sorprendido, la soltó. Sin perder tiempo, ella se alejó corriendo y dio la vuelta, levantando sus… ¿qué demonios? ¿Dónde estaban sus cuchillos? Movió las muñecas, liberándolas de las esposas de plata una vez más. —No vuelvas a hacer eso otra vez.

—Puedo oler tu miedo —dijo en voz baja.

—Oliste mi repugnancia. —Dio un paso atrás—. Nunca miedo. Yo no tengo miedo a nada, y mucho menos a ti.

—Eres una mentirosa terrible. —Merodeó hacia adelante, deteniéndose cuando ella se movió a una posición ofensiva. Sus manos se apretaron a los costados—. ¿Sabes a qué más huele este aire? Tu excitación.

Le ardían las mejillas. Gracias a Dios que era de noche o ella tendría que haberlo apuñalado de nuevo.

—Estás loco. No hay manera de que alguna vez fuera a…

Él chasqueó la lengua suavemente, y entonces estaba delante suyo, moviéndose más rápido de lo que ella podría.

—¿Quieres probar eso?

—No.

Trató de no respirar. Su olor era puramente embriagador. Tomando otro pequeño paso, se preguntó cómo demonios seguía terminando en situaciones como aquella. De todos los Nephilim en el mundo, ¿por qué era ella la que había quedado pegada a un Caído al que le gustaba jugar con su comida antes de devorarla?

Levantó la barbilla, y sus fosas nasales se abrieron. Una sonrisa de suficiencia adornaba sus labios.

—Ah, sí, tienes miedo y estás... excitada. Casi puedo saborearlo en mi lengua.

El calor estalló en algún lugar que no debía.

—Eso es asqueroso.

Su sonrisa se volvió indulgente cuando se inclinó hacia  adelante.

—¿Sabes qué?

Sakura inhaló. Su aroma le inundó los sentidos. Sasuke solía  quedarse a una distancia de un brazo a menos que se sintiera particularmente amistoso. Podía verse que esa noche iba a ser una de esas noches.

—¿Qué?

—Dos veces esta noche has desenganchado tus cuchillas.

Su mirada cayó. Maldita sea, tenía razón. Inconscientemente, las había liberado de nuevo. Realmente necesitaba apuñalarlo.

—¿Y quieres saber qué más? —Sus palabras agitaron los mechones de pelo que se le habían escapado de su agarre desordenado.

Conciencia corría por su cuello, y sus pezones estaban duros. Oh, mierda, tenía que escapar. Ahora mismo. Sin peros o excusas. Sus encuentros siempre eran relativamente breves, y Sakura sabía que no era bueno estar a su alrededor. Girándose para huir, se quedó sin aliento. Sasuke estaba delante de ella, tan cerca que las puntas de los zapatos de cuero italianos rozaban sus botas. Al menos tenía buen gusto para los zapatos.

—Sé a lo que realmente le temes. Te sientes atraída por mí, aunque detestas la idea.

Los ángeles no tenían sentido de la decencia o la capacidad de ser humildes. Al parecer, los Caídos no eran una excepción. Fijó una sonrisa en su rostro.

—No lo creo.

Su ardiente mirada se deslizó hacia abajo.

—¿Entonces por qué están tus pezones tan duros como guijarros, mi Sakura?

Se sonrojó hasta donde sus dedos del pie se curvaban dentro de sus botas. Sin poder hablar, se limitó a mirar.

Corre, Sakura, susurró la parte sensata de su cerebro. Corre ahora mismo y nunca mires atrás. Terminarás como Ino.

Sasuke hizo la cosa más extraña. Llevó una mano detrás de ella, desatando su cabello. Una masa de ondas castañas cayó sobre sus hombros y por su espalda. Satisfecho con  su trabajo, enroscó profundamente una mano en ellas.

—Te sonrojas como una virgen.

Por imposible que pareciera, ella estaba segura de que su cara se puso aún más roja. Los ojos de él se abrieron. Sakura no podía pensar en un momento en que lo hubiera visto tan sorprendido. Bueno, cuando ella lo apuñaló. Eso lo había sorprendido. Pero ahora estaba boquiabierto como si hubiera encontrado un diamante que no esperaba entre un montón de piedras.

—Eres virgen —susurró algo vacilante.

—No, no lo soy. —Con los puños temblando y el cuerpo quemándose, trató de alejarse, pero su agarre se apretó—. Y no es de tu incumbencia.

De forma relajada, los dedos de Sasuke encontraron su camino a través de la masa de pelo para llegar a la sensible piel del cuero cabelludo.

—No hay vergüenza en eso.

—¡No me avergüenzo! —Golpeó su mano—. Deja de tocarme el pelo.

Sus labios se separaron.

—¿Cómo es posible que seas virgen? Te he visto con chicos... Nephilim. Te gusta ir a ese club en el centro. Este es un desarrollo curioso.

Jesús, ¿la seguía a todas partes? Su vida sexual era algo que no iba a discutir con él. Le dio un puñetazo en el estómago, pero ni  siquiera se inmutó.

—Lo juro por Dios, si no me dejas ir...

Sin moverse, él negó con la cabeza. Un molesto mechón de cabello cayó sobre su frente mientras su mano le rodeaba la nuca.

—¿Qué hace un Caído con una virgen? Dios mío, hay muchas opciones.

—¡¿Podrías dejar de decir eso?! —Su corazón se aceleró, y la piel bajo sus manos hormigueó de una manera que no debería—. Y suéltame. —No había manera de romper su agarre sin romper su cuello. Campanas de advertencia sonaron por todas partes en ella—. ¿Qué bicho te picó?

Él no respondió. En cambio, dejó que su mano vagara libremente por su brazo. Ella se sacudió.

—No lo hagas.

—¿No hacer qué? —susurró misteriosamente—. No voy a hacerte daño. No estoy tratando de persuadirte o poseerte, ¿cierto?

No lo estaba. Sasuke no utilizaba cualquiera de los trucos mentales por los que los Caídos eran conocidos. No, el calor en ella era todo suyo. Por eso era tan malo, tan estúpido. Lo que estaba ocurriendo iba a meterla en problemas, de una u otra manera. Si cualquier otro Nephilim  los  veía,  estaría  en  un  mundo  de  dolor.  De  pie  allí,   sin matarlo, estaba rompiendo todo un conjunto de reglas, y mucho peor, estaba permitiendo que la tocara. Sasuke tenía que saber eso. Él le acarició el cuello. Sus dedos se pusieron a trabajar, calmándole los músculos tensos de una manera que la sorprendió. Nunca antes se había frotado el cuello, y realmente se lo había estado perdiendo. Se sentía muy, muy bien. Su cuello se arqueó en su mano sin darse cuenta, y sus entrañas se convirtieron en lava fundida. El calor en el estómago se extendió más abajo, mientras su cuerpo se relajaba y tensaba al mismo tiempo.

—Esos hombres… esos chicos… que te han tocado, ¿nunca les permitiste más que esto?

Su mano se movió hacia la punta de los dedos de Sakura, y luego a través de su estómago cóncavo. Ella se sacudió otra vez, acercándolos. Demasiado cerca. No podía respirar. Sus sentidos estaban vivos, rompiendo calor a través de sus venas. Él dejó caer la mano en la parte delantera de su falda, justo encima de su sexo. Y gruñó desde lo profundo de su garganta. Una parte de ella que todavía estaba operando a un nivel racional disparó innumerables razones por las que aquello era una de las cosas más estúpidas que jamás había permitido. Además del hecho evidente de que él era un Caído, y su deber era matarlo. Para eso había sido entrenada. Los Caídos eran malos, carentes de cualquier tipo de código moral. Él podría haberle roto el cuello en ese momento. Estaba expuesta, completamente vulnerable. Eso era lo que los Caídos hacían. Atraían a sus víctimas y las daban por muertas.

La mano de Sasuke viajó hacia el borde de la falda, mientras que su otro brazo se deslizaba alrededor de su cintura.

—Te puedo dar más placer que cualquiera de ellos.

Sus entrañas se apretaron.

—No.

Él le dio la vuelta, moviéndola con facilidad.

—Déjame darte esto.

Oh, Dios, eso no era bueno. Era una locura, y el aliento caliente contra su mejilla estaba volviéndola loca.

—No.

Sasuke la apretó contra él, deslizando una mano por su pierna.

—Déjame entrar.

Se mordió el labio contra el placer tentador de su mano subiendo por su muslo, deslizándose sobre una cicatriz rosada, del tamaño de una huella dactilar. Su toque suave debería haber servido como un recordatorio doloroso de lo que le ocurrió cuando uno de los Caídos se acercó demasiado. En cambio, un gemido se le escapó, y él se apretó contra ella con más fuerza. Su respiración se detuvo sobre la curva de su mandíbula y luego por la pendiente de su cuello. Esto era una locura, peligroso... y deliciosamente perverso.

Él levantó la cabeza, sus labios cerniéndose sobre ella.

—Pequeña y linda Sakura.

Sus oídos se agudizaron y nudos de hielo se formaron en su vientre. Un aullido quejumbroso resonó dentro de su cráneo. No había forma de confundir ese sonido. Sasuke también lo oyó. El aire a su alrededor cambió en un instante, pero la carga sexual aún vibraba a través de su sangre. Estirando el cuello hacia la derecha, identificó la ubicación exacta. A varias cuadras de distancia, en la parte de la ciudad donde los turistas no se atrevían a aventurarse, ella sabía que un alma recién engañada se había introducido profundamente en el cuerpo de un ser humano inocente. Malditos Poseídos. Los odiaba tanto como odiaba a los ángeles caídos.

—Déjame ir —ordenó.

Sasuke se centró en ella. El deseo había convertido su mirada en duras chispas de color azul brillante.

—Quédate conmigo un poco más.

Si se quedaba un segundo más, iba a arrepentirse. A lo grande. Por no mencionar el caos que estaba a punto de tener lugar una vez que el alma enganchara sus tentáculos en un cuerpo muy vivo y se acomodara. Era seguro que sería épico. Y ella sólo tenía minutos antes de que el humano una vez perfectamente humano se convirtiera en una loca juerga de muerte.

Sacó sus cuchillas y apretó el borde terriblemente afilado contra la parte inferior de la barbilla de Sasuke.

—Déjame. Ir.

Por un segundo, ella no pensó que fuera a hacerlo, y había una parte, una pequeñísima y diminuta parte de su cuerpo, que latía por ello.

—¿Por qué? —preguntó él.

La pregunta la hizo detenerse. ¿Por qué? Porque era un Caído, por eso. Por otra parte, Sasuke siempre había actuado de manera extraña cuando lo comparaba con otros Caídos. El aullido del Poseído llegó de nuevo, causando un dolor agudo al dispararse a través de su sien.

Sasuke la soltó, dando un paso atrás.

—Pequeña Nephilim ocupada. Será mejor que te vayas... antes de que cambie de opinión.

Ella se quedó sin aliento, pero antes de que pudiera responder, o incluso mostrarle el dedo medio, él desapareció. Sólo así. Con un suspiro de disgusto, se volvió hacia el Séptimo Distrito. Alguien estaba  a punto de recibir una patada en su profano culo.

 

Notas finales:

¿Cómo ha empezado la cosa? ¿Os ha gustado?

 

Espero que si

 

El siguiente capítulo, el miércoles!!

 

 

 

Abrazos virtuales!!

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