Zoids 3x3 por Yami Stark
Summary:

En un mundo caótico, lleno de muerte y destrucción, el sistema neural podría dar una nueva luz de esperanza. Tres Zoids muy especiales llevan consigo la llave para la salvación de la humanidad. 

Sólo cuando los tres se reúnan y sólo entonces, el pasado perdido podrá ser recuperado y la verdad saldrá a la luz


CategorŪas: ZOIDS, ANIME/MANGA Personajes: Ninguno
Generos: Accion/Aventura, Ciencia Ficción, Universo Alternativo
Advertencias: Muerte de un personaje
Desafio:
Serie: Ninguno
CapŪtulos: 2 Finalizado: No Numero de palabras: 3146 Leido: 442 Publicado: 23/09/2020 Actualizado: 07/10/2020
Story Notes:

Escrito pensado en los buenos recuerdos de la infancia y para los fans del género mecha. Espero lo disfruten.

1. Capítulo 1: Blue jäger. por Yami Stark

2. Capítulo 2: El mecánico. por Yami Stark

Capítulo 1: Blue jäger. por Yami Stark
Notas de autor:

Y ahora vamos a empezar con un clásico que todos debemos conocer. 

 

Este primer capítulo fue escrito hace mucho, así que es probable que tenga un poco de contraste respecto al segundo, pero va a mejorar. 

Capítulo 1: Blue jäger.

 

Hace mucho tiempo, ocurrió un evento cataclísmico en el planeta Zi, la vida del planeta casi fue aniquilada por completo. Sus civilizaciones desaparecieron, imperios, repúblicas, su pasado y su historia se perdió en las páginas del tiempo para siempre. Los pocos sobrevivientes que quedaron se reunieron en grupos buscando reconstruir su mundo perdido, nuevas naciones se alzaron, nuevas guerras comenzaron y también nuevas leyendas aparecieron para dejar su marca en un mundo caótico. Los humanos no estaban solos en su búsqueda de la tierra prometida, junto a ellos se encontraban maravillosas criaturas, únicas en el universo. Seres mecánicos, con aceite en lugar de sangre recorriendo su cuerpo, feroces y valientes, destinados a estar en el campo de batalla… los poderosos Zoids. 

 

 

Desierto gamma, año 3478.

 

Un lugar inhóspito lleno de formaciones rocosas que dificultan el acceso, el lugar perfecto para esconder algo valioso o transportarlo en secreto.

 

—¿Estas seguro que aquí encontraremos algo?

—Claro que si Keith. ¿Cuándo te eh fallado?

—¿Tengo que responder? —contestó Keith sarcásticamente.

—Vamos, no seas así. Te prometo que valdrá la pena estar aquí.

—¿Qué es lo que venimos a buscar exactamente?

—Un convoy pasará por aquí en un momento, según mis fuentes, lleva consigo un poderoso Zoid muy raro y valioso.

—¿Un convoy? ¿Estas loco? Es del imperio, nos mataran si nos acercamos.

—Se que es peligroso, pero, sí nos hacemos con ese Zoid, no tendremos problemas nunca más. Podemos venderlo a un alto precio o usarlo para aumentar nuestro botín.

—¿Qué hago yo aquí entonces? Sólo soy un mecánico.

—Es por eso que estás aquí, qué tal si necesita reparación o algo que no pueda hacer yo.

 

Mientras los jóvenes discutían la situación, el convoy se acercaba con rapidez, al centro un gustav rodeado de varios Panzer wolf y detrás, un remolque transportando un enorme Zoid cubierto por una lona para no llamar la atención.

 

—Mierda ya llegaron. ¡Da la señal! 

 

Keith disparó una bengala de color rojo que iluminó la oscura noche alertando a sus compañeros. El convoy detuvo su marcha mientras observaba caer la bengala. De las sombras, un grupo de viejos Zoid comenzaron el ataque, los desprevenidos comandos desconocían la ubicación de su enemigo, así que no podían disparar para defenderse. Una granada aturdidora rodó frente a ellos causando estragos entre sus filas.

—¡¡AHORA!!

—Nico, espera…

 

Nico saltó desde lo alto de la roca donde aguardaba con intención de caer sobre el valioso Zoid, con los guardias ocupados nadie notó el pequeño humano que se escabullo sobre ellos. Rasgó la lona con su cuchillo y procedió a entrar en la máquina.

 

—¡Demonios!

 

Siguiendo a su hermano, Keith también saltó sobre el cargamento, para su mala suerte, al caer se golpeó el hombro lo cual causó que soltara un quejido el cual fue escuchado por algunos de los soldados a pie en la retaguardia. Una lluvia de balas cayó sobre él, se sujetó de la lona y gateó hasta el agujero que hizo su hermano, entró a la cabina y pudo ver a Nico furioso sin entender el por que.

 

—¿Qué ocurre? —preguntó.

—¡No se mueve! —respondió Nico.

—¿Cómo que no se mueve?

—Mierda, no logro hacer que encienda. Esto está mal.

 

Mientras tanto, afuera la conmoción de los lobos mecánicos se terminaba, terminó el efecto de la granada y se reagrupaban nuevamente. Los viejos Zoids del grupo era fáciles de vencer, su atrasado sistema y fuerza de ataque eran nada más que un juego para esos Panzer wolf. En el transporte, los soldados seguían disparado a los hermanos dentro del Zoid mientras se acercaban con cautela a ellos.

 

—Mierda… quédate aquí.

 

Nico tomó su arma, salió de la cabina y comenzó a disparar a sus atacantes. Keith pasó al lugar del piloto y comenzó a presionar botones al azar.

 

—Deprisa, enciende. ¡Demonios! 

 

Mientras buscaba algún botón o algo parecido, en el lado derecho encontró algo parecido a un compartimiento, según su idea, era del tamaño justo para un brazo humano. Sin pensarlo mucho, metió su brazo derecho en ese hueco, algunos aparatos del sistema se encendieron. Keith sintió como algo atrapaba su brazo, algo frío y metálico, una terrible punzada le alertó que algo andaba mal, cuando quiso sacar su brazo, algo se lo impidió, la punzada se volvió un dolor insoportable.

Tiró con fuerza y finalmente pudo liberar su brazo del mecanismo, al revisar su extremidad, se encontró con un brazalete muy extraño un poco por arriba de su muñeca, parecido a un dispositivo de comunicación o control remoto, con un botón azul en un costado. Algo curioso, lo presionó y al momento la instrumentaría de la cabina se encendió por completo.

 

—“Acceso concedido, ingresando nuevo piloto” dijo la computadora.

Los mecanismos de la bestia mecánica empezaron a moverse.

—¿Qué diablos? —dijo Keith confundido.

—“Todos los sistemas en línea, encendiendo Blue Jäger”.

—«¿Blue Jäger?» —pensó.

 

Afuera, Nico seguía disparando a los soldados, las balas pronto se acabarían y sería el fin, los viejos Zoids de refuerzo se retiraron ante la superioridad de los enemigos dejándo a los hermanos solos. Una bala dio justo en su hombro haciendo que soltara su arma y cayera al suelo.

 

—¡Maldición! —dijo enojado.

Al mismo tiempo, el Zoid comenzaba a moverse levantando la lona que lo cubría. 

—Se mueve… jaja ese tarado lo logró. ¡Así Keith!

 

La lona cayó dejando ver al robot, un enorme león mecánico de color negro con franjas azules, ojos de cristal verde, dos minigun a los costados de los hombros y un largo rifle francotirador en el lomo…

 

—Se mueve, el Jäger se mueve —dijo uno de los soldados incrédulo.

El león sacudió su cabeza y levantó a Nico, saltó del remolque y apuntó al los enemigos.

—Buen trabajo Keith —felicitó Nico. Ahora déjame hacerlo.

Keith se movió del asiento principal y paso al de copiloto dejando a Nico tomar si lugar.

—“Sistema bloqueado” —habló la computadora.

—¿Qué? Vamos, ahora no.

—Sólo el piloto adecuado puede conducirme —habló una voz infantil.

—¿Quién dijo eso? —preguntó Nico.

El brazalete en el brazo de Keith se encendió y un rostro digital apareció en el.

—Mi nombre es Blue Jäger ¿Cuál es el tuyo?

—K-Keith… soy Keith Redline.

—Es un gusto, nuevo piloto.

—¿Piloto? —preguntó Nico asombrado. Él no es un piloto. ¡Yo soy el piloto aquí! 

—Negativo, el sistema indica que Keith Redline es el indicado para el sistema neural.

—¿Sistema neural? —preguntó Keith.

 

Al mismo tiempo, los Zoids enemigos comenzaba a disparar al Jäger, era preferible destruirlo que perderlo a manos del enemigo.

 

—¡¡FUEGO!! —gritó el capitán de la tropa.

—¡Ahhh maldición! Ya lo oíste, vuelve aquí Keith.

—¿Qué? Pero… no tengo idea de cómo manejar un Zoid.

—No importa, yo te diré que hacer, debemos salir de aquí.

Keith regresó al lugar del piloto y colocó sus manos en los controles. 

—“Enlace neural activado” —dijo la computadora.

 

Keith sintió una corriente recorriendo su cuerpo, luego vio oscuridad y después… el campo de batalla, no a través de una cámara, sino por los ojos mismo del Zoid. Podía sentirlo, el Jäger y él eran uno mismo. El poderoso león rugió con fuerza y los enemigos retrocedieron. Keith pensó en disparar y las minigun actuaron, abrieron fuego sobre el enemigo, aunque rápidos y potentes, todos los disparos fallaron.

 

—Mi sistema de puntería está mal calibrado. Usa las garras Keith —sugirió Jäger.

—¿Cómo hago eso? 

—¡Solo piensa en ello! —respondió en su cabeza.

 

Keith se concentró en garras y la máquina obedeció, un mecanismo en las patas del Jäger se puso en marcha y monto un par de enormes y afiladas garras metálicas.

 

—Enfoca tu mente Keith, tú eres el piloto… tú eres el Zoid.

 

Al escuchar estás palabras, Keith pensó de manera diferente, dejó de ver una máquina y empezó a ver su propio cuerpo, los movimientos mecánicos de Jäger se hicieron más naturales y fluidos. Cargó contra uno de sus enemigos y lo incapacito con un solo movimiento de sus garras, apuntó las minigun a las rocas y disparó sin perder tiempo, los disparos causaron un derrumbe que disperso a los enemigos con facilidad.

 

—¡¡MUY BIEN!! Así se hace hermanito —felicitó Nico.

 

El Jäger rugió y empezó su marcha en dirección contraria al convoy dejando a los enemigos atrás rápidamente. Mientras el Zoid azul se alejaba, refuerzos llegaron para apoyar al convoy.

 

—¡Deprisa! Vayan tras él —ordenó el hombre a cargo.

—¡Alto ahí! 

 

Una sombra se colocó delante de ellos, un Zoid terópodo, oculto en la oscuridad de la noche. Una cuchilla de color rojo apareció en el brazo del Zoid desconocido y se alzó contra ellos.

 

—Si quieren al Jäger, primero deberán vencerme a mi —amenazó el desconocido.

—¡Rayos! Acaben con él —gritó el hombre de mayor rango.

—S-señor… e-ese es… El Red Hunter…

 

El silencio nocturno fue consumido ante el choque del metal, los casquillos cayendo al suelo y los gritos de los pilotos. Los hermanos Redline ignoraban el problema en que se habían metido y la importancia del Zoid en el que escapaban. 

Capítulo 2: El mecánico. por Yami Stark

Capítulo 2: El mecánico.

 

 

 

Keith despertó dentro de su tienda por el sonido del martilleo constante, chocando metal contra metal una y otra vez. Caminó con los ojos entrecerrados hasta el espejo tropezando un par de veces con objetos en el suelo. Lavó su cara y luego vio su reflejo en el espejo, dio unos pasos para atrás en cuanto se percató del brazalete en su muñeca.

 

—¿Esto es? —los recuerdos de la noche anterior regresaron a su cabeza —. No, esto no puede ser.

Keith tomó unas pinzas sobre su mesa de trabajo y trató de romper el brazalete usando todas sus fuerzas. Forcejeó un rato hasta que las pinzas se rompieron y las observó con sorpresa.

—¡Ahhh, ya despertaste! —dijo Nico asomando la cabeza por la entrada —. Ven aquí un segundo.

—P-pero…

—Sin peros hermanito. Hay trabajo que hacer.

 

Nico lo tomó del cuello y lo arrastró hasta el hangar dónde ya tenía hombres trabajando en el blue jäger. El zoid estaba exactamente en la misma posición que lo dejaron la noche anterior cuando bajaron con prisa para atender la herida de Nico.

 

—¿Qué hacen? — preguntó Keith.

—¡Eso quisiera saber! — Nico llevo su mano a la barbilla —. No sé mueve para nada. Trata de hacerlo tú.

—¿Yo? — Keith tragó saliva.

—¿Ves a alguien más con un brazalete futurista en el brazo? — preguntó Nico con sarcasmo —. ¡Claro que tú tonto!

—P-pero no sé cómo — objetó el muchacho.

—¡Pues hazlo! — Nico encendió un cigarrillo —. Nos trajiste de regreso ayer, ¿no?

—S-si… pero.

—Entonces sólo hazlo — Nico expulsó humo de la boca —. Todo eso del sistema nervioso o lo que sea.

—¡Sistema neural! — dijo alguien.

—Si, si… sistema neural — Nico bajó el cigarrillo —. ¡¿Quién dijo eso?!

—No fui yo — contestó Keith.

—¡Yo lo hice! — exclamó la voz nuevamente.

—¡Keith esto no es gracioso! — advirtió Nico.

—No soy yo, estoy frente a ti.

—¡Aquí abajo cabeza hueca!

 

Nico dejó caer el cigarrillo, lo pisó para apagarlo y levantó el brazo de Keith con disgusto y observó el rostro digital en la pantalla.

 

—¡Que tonto! — Nico comenzó a reír —. Creí haber escuchado a tu brazalete llamarme cabeza hueca.

—Eso hice, cabeza hueca — respondió el dispositivo.

—Este trabajo va a matarme — se quejó Nico —. Necesito un descanso. Estoy muy seguro que me dijo cabeza hueca.

—Eso hizo, Nico — respondió Keith observando su brazo —. Te llamó cabeza hueca dos veces.

—Ya veo… — Nico tono el arma a su costado y la apunto al brazalete —. Ahora vas a ver hijo de…

—¡Alto, alto, alto! — objetó Keith apartando el brazo —. No puedes dispararle.

—¿Por qué no? —preguntó Nico de mal humor.

—¡Es mi brazo! Si le disparas, también me disparas a mi.

—Buen punto — Nico guardó el arma —. Así qué… ¿Puedes hablar chatarra?

—¡¿Chatarra?! — bramó el dispositivo —. Una sola parte de mi vale más que todo esté lugar.

—¿De verdad? — una mirada malicioso la apareció en el rostro de Nico.

—¿Cuál es tu nombre? — preguntó Keith.

—¡Soy blue jäger, el sistema neural número cero tres! Enlazado al prototipo de nano máquina…

—¡Ya sabemos todo eso! — se quejó Nico —. ¡Queremos saber tu nombre!

—¿Nombre? —el brazalete parecía pensativo —. Negativo, error en el sistema.

 

Entonces la pantalla se apagó y los dos hermanos se mostraron confundidos. Keith tocó la pantalla con su dedo pero nada pasó, observó el zoid un momento y luego dio la vuelta para ir de regreso a su carpa.

 

—¡¿A dónde vas?! — preguntó Nico.

—Tengo trabajo que hacer…

—¡No, no, no! — Nico tomó a Keith del cuello —. Tu único trabajo es mover esa cosa. Será un problema si alguien la ve.

—¿Molestando otra vez Nico? — preguntó una voz femenina con tono amenazante.

Nico soltó de inmediato a su hermano y quedó paralizado de miedo.

—H-hola… Sam — el muchacho tragó saliva —. ¿Qué te trae por aquí?

—Papá me envió por las piezas que encargó — respondió la joven.

—L-las piezas, claro… — Nico comenzó a sudar —. ¿Podrías traer las piezas Keith?

—¿Y-yo?

 

Con todo su trabajo nocturno los hermanos Redline olvidaron por completo su verdadero trabajo. Presentar su trabajo en tiempo y forma era indispensable para un buen mecánico les había dicho su padre cuando eran pequeños.

 

—Chicos — Sam sonrió y los observó con sus hermosos ojos azules —. No quisiera pensar que aún no están listas esas piezas.

—De ninguna manera, espera aquí — Nico tomó a su hermano y lo colocó frente a él —. Keith te hará compañía.

Nico salió corriendo a toda velocidad sin decir nada, Keith y Sam sólo lo observaron con mirada estoica y luego ella suspiró.

—¿No va a volver o si?

—No lo sé —respondió Keith. El chico se acercó al jäger y palpo la superficie metálica.

—¿Eso es? — preguntó Pam.

—L-lo conseguimos en apuesta —dijo rápidamente el chico.

—Una apuesta… Claro — Sam bajó la mirada —. Deberían dejar eso, ustedes son muy buenas personas para ser ladrones.

—Eso quisiera — Keith apretó los puños —. Pero Nico no me escuchará.

—Entonces deberías de…

—¡No puedo dejarlo! — interrumpió Keith —. Se lo prometí a mamá.

—Entiendo… — Sam dio la vuelta —. Creo que volveré otro día.

—¡Oye! — llamó Keith —. Seguro volverá en un rato con las piezas. ¿Quieres echar un vistazo?

—¿En eso? — Sam dudó —. ¿Puedes manejarlo?

—No lo sé… supongo. Ni siquiera se encenderlo, pero Nico no me dará ir hasta que lo haga.

Ambos subieron por la oxidada escalera a un lado de la máquina y entraron a la cabina. Keith tomó el asiento del piloto y se colocó el casco.

—Aquí hay… sangre — advirtió Sam.

—Venia con el zoid… — Keith tomó los controles —. Veamos que puedes hacer.

 

Nada ocurrió y Sam se burló, Keith observó el brazalete en su brazo y presionó el botón en el dispositivo. Nada ocurrió otra vez y el chico suspiró, luego recordó las palabras de la noche anterior y cerró sus ojos.

 

—«Se el piloto, se el zoid»

 

Keith formó una imagen mental de un interruptor, lo presionó y así logró encender la máquina. Sam se sujetó y luego se colocó el cinturón rápidamente.

 

—¡Lo lograste! — dijo sonriente.

 

El blue jäger comenzó a dar ligeros pasos para salir del hangar, los hombres de Nico le abrieron paso y comenzó a correr a gran velocidad en cuanto estuvo en terreno abierto. Dentro del zoid Keith se sentía libre, como si pudiera lograr cualquier cosa estando en el.

 

—Lo haces de maravilla — reconoció Sam —. Nico te enseñó muy bien.

—S-si, lo hizo — Keith decidió que era mejor mantener en secreto todo sobre el enlace — ¡Sujétate bien!

 

Keith subió la velocidad y el jäger aceleró increíblemente, ninguna otra máquina que el chico hubiera reparado o visto antes podía hacer tal cosa, era más que obvio que era un zoid muy especial. Llegaron hasta la zona montañosa y se toparon con un risco que les bloqueaba el paso y en lugar de detenerse Keith subió la velocidad, salto con seguridad y se aferró a la roca para subir lentamente. Al llegar a la cima el león rugió y observó el pequeño poblado al otro lado del valle. Keith y Sam bajaron a tomar aire y observar el panorama.

 

—Parece que además de buen mecánico eres buen piloto.

—Sólo es suerte.

 

Disparos y gritos llamaron la atención de ambos y dirigieron su atención al poblado. Algunos zoids estaban dentro el lugar apuntando sus armas contra un pequeño edificio y nadie se atrevía a detenerlos.

 

—¡Hay que hacer algo! — exclamó Sam apresuradamente.

—¿Cómo qué? Son muchos.

—Esas viejas máquinas no son nada para este muchacho de aquí.

—¡No podemos! — objetó Keith —. Podrían reconocerlo, es muy arriesgado.

—¿Quién podría reconocerlo?.

—Es mejor que no sepas, tenemos que irnos.

—¿No vamos a hacer nada? — Sam observó al chico con preocupación.

—Tal vez yo pueda ayudar con eso — la pantalla en el brazo de Keith se encendió —. La apariencia no es un problema Keith, sólo sube el jäger.

—¿Qué es eso? — preguntó Sam al ver el brazalete.

—Larga historia, sube rápido.

Una vez dentro se alistaron y Keith observó el brazalete.

—¿Ahora qué? — Sam también observó la pantalla.

—Sólo piensa en la apariencia Keith, la máquina hará el resto.

 

El chico pensó en una imagen menos llamativa y un color más práctico para el lugar. En respuesta al pensamiento de Keith, las minigun y el rifle comenzaron a desmontarse, los ornamentos se fueron y el color azul cambio por un camuflaje color café.

 

—Esta listo — dijo el brazalete.

—¿Qué fue todo eso? — preguntó el chico.

 

—El sistema neural vincula al piloto con el zoid y las nanomáquinas hacen el trabajo — respondió la IA al aparecer en la pantalla principal de la cabina —. Si lo piensas lo hace, siempre y cuando no altere la estructura de la máquina o se trate de crear cosas que excedan el poder del jäger.

 

—¡¿Entonces qué esperamos?! — Sam levantó el brazo —. ¡Andando!

—Tendremos problemas por esto — se quejó Keith.

 

El blue jäger rugió y salto del risco a toda velocidad en dirección al poblado. Las garras se montaron mientras se movía y Keith observó su destino con dudas en la cabeza.

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