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Diosa ¿o mangaka? por BIAK

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Notas:

Este fue el primer cuento que escribí original después de mucho tiempo, para la dotación anual de crack de Halloween del 2010. La historia original mía -de ser lo otro estaría en fanfiction. net-tiene variaciones respecto a este universo y según veo también es más angst, pero está en proceso y espero publicarla aquí algún día :) Espero que este cuento sea de su agrado :D

Diosa

¿o mangaka?

 

 

 

Biak Songkey

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diosa ¿o Mangaka?

 

 

 

         ¿Quieres que  te cuente un cuento?  Te advierto que no sirvo por contar historias ¿Quieres una historia de Halloween? Eso suena mejor.

 

         Érase una vez...

 

         Esa no es la forma correcta de contar una historia como esta. Permíteme  comenzar de nuevo:

 

         Hubo una vez en Japón una joven que era Mangaka: se hacía llamar a sí misma Kamiko Yamashita. Tenía un genio terrible y decía odiar a todo el mundo. Era muy bonita, porque tenía un cabello lacio y negro que le llegaba hasta los hombros en un corte moderno, y unos ojos pardos que si sonriera más seguido brillarían con ilusión. Pero esta joven no sonreía. Sólo odiaba y maldecía. Y a pesar de su trabajo, era delgada porque hacía ejercicio continuamente. 

 

         Ocurrió entonces que una mañana de Octubre-y hay que aclarar que esa misma noche se celebraba Halloween para que se entienda el real desconcierto que le fue provocado esa noche-, esta muchacha estaba tomando un café con su editor, con el que se reunió ahí para presentarle el Nombre del siguiente capítulo de su manga.

 

         Ella esperó a que él leyera el boceto para escuchar su opinión con gran impaciencia. Su editor terminó de leer, ordenó las hojas y luego, con la vista hacia ella, pronunció con voz llorosa:

 

         -Eres cruel-le dijo, con lágrimas a punto de caerle de los ojos-. ¡Vas a matarlos! De una forma tan vil...

 

         Kamiko sonrió con arrogancia.

 

         -La vida no es color de rosa-declaró-. Hay que ser realista.

 

         -Pero tu manga es de temática fantástica-objetó su editor-. Un poco menos de realidad no haría gran diferencia.

 

         Ella se enfureció.

 

         -Sabes bien que a mi no me gusta dibujar Mangas fantásticos y que si lo hago es sólo por el contrato que tengo con la Jump.

 

         El editor la miró con desconcierto.

 

         -Hablas como si quisieras acabarlo de una vez.

 

         - ¡Y eso quiero!- gritó ella-. Jamás hubiera dibujado una historia tan estúpida como los "Cazadores Nocturnos" si no fuera porque están de moda las criaturas sobrenaturales-confesó con frustración-. Y yo quería hacerme un hueco en el mundo de los mangas para poder dibujar lo que realmente quiero: Mangas realistas. Si hubiese sabido que me vería atrapada dibujando esas estupideces de cosas sobrenaturales, óyeme bien: jamás, jamás hubiera dibujado "Cazadores Nocturnos".

 

         -Suenas como si odiaras lo paranormal.

 

         -Y lo odio-confesó ella sin culpa-. Odio también  a los idiotas que creen en estas cosas, a los estúpidos fans que adoran esta historia. -En esta parte el editor le hizo un gesto para que bajara la voz. Era una suerte que nadie conociera el rostro de Kamiko Yamashita y que nadie se sintiera herido por sus palabras al no saberlo-. Y odio a Taoshima.

 

         -Eso me recuerda-dijo su editor, con voz alegre e insinuante-, que él te volvió a dedicar el capítulo de su manga.

 

         Los ojos de Kamiko se abrieron de la impresión ¡Qué se creía ese idiota!, pensaba, pero la rabia que sentía le impedía soltar un insulto más hacia su persona. Y Kamiko casi creyó que iba estallar de furia cuando su editor le alcanzó la revista en la página de la dedicatoria.

 

         "Para mi querida Kamiko-rezaba-, con mucho amor de tu querido rival-acompañado de la onomatopeya de un beso"

 

         Ella se descolocó tanto que ni siquiera la dieron ganas de estallar.  Se quedó en blanco y su editor rió.

 

         -Tengo que decirte, tristemente-comentó el editor dejando atrás las risas-, que él ha vuelto a alzarse con el primer puesto. Tú has quedado segunda.

 

         A Kamiko le dio tanta rabia que deseó poder  echar abajo el café donde estaban. Se preguntaba qué tenía  Shinishi Taoshima además de un apodo estúpido y una personalidad patética que ella no tuviese para triunfar de la forma en que él lo hacía.

 

         -Deberías  darle un final más digno a tus personajes. -Volvió a comentar su editor-. Ya sabes, una vida más feliz. Shinishi siempre dice  que al final siempre queda la esperanza. Y yo estoy de acuerdo.

 

         Pero Kamiko no podía estar más en contra. Era una persona amargada. Imagina como estarías tú en el peor de tus días cuando no quieres hablar con nadie; así estaba ella siempre.

 

         -Son mis personajes. Y con ellos hago lo que quiero. Vamos-dijo, con total desden y menosprecio-, sólo son personajes: no es como si sufrieran realmente. Y la historia es lo bastante estúpida ya con esos vampiros y cazadores de monstruos como para colmo ponerle uno de esos cursis finales felices.

 

         Kamiko se levantó de la mesa bruscamente, lo fulminó con la mirada y sin decir adiós se marchó.

 

 

 

XOX

 

 

 

 

         Kamiko  no creía  en ningún ser sobrenatural, ni siquiera en Dios, por eso no se molestaba en decirle a sus asistentes que la llamaran "Kami-sama". Cuando llegó a su casa,  saludó afectuosamente con un abrazo a su gato Koko, la única criatura en el universo con la que era amable. Kamiko se dirigió al estudio donde sus asistentes estaban trabajando. La saludaron pero ella los ignoró, ¡Bah! Gruñía. Trabajaba mejor cuando estaba enojada, así que dibujo: dibujó y dibujó hasta que una inoportuna llamada por teléfono interrumpió su trabajo.  

 

         - ¡Qué alguien conteste!-vociferó, con un genio horrible.

 

         -Pero Kami-sama, estamos trabajando en el entintado...

 

         Maldiciendo a los inútiles de sus asistentes, Kamiko contestó el teléfono:

 

         - ¿Moshi-moshi?

 

         - ¡Hi! ¡Yuri-chan! -Al oír su verdadero nombre, Kamiko se molestó aún más. Pensó ¿quién más en el mundo podía molestarla aún con su nombre real? No era difícil imaginar pues que fuera alguien que la conociera antes de que usara su apodo: un ser tan, tan malévolo que supiera quién era ella realmente.

 

         - ¡Cállate, Ronald!-exclamó, con gran disgusto y vergüenza: temiendo que sus asistentes escucharan su nombre real.

 

         - ¿Por qué?

 

         -Porque sabes que me molesta que me llamen por mi verdadero nombre.

 

         - ¿Y eso? Tú me llamas Ronald aún. Y todos me conocen por Shinishi Taoshima.

 

         -Idiota.

 

         -Yo también te quiero-contestó él con voz alegre, como si ella no  acabara de insultarlo.

 

         - ¿Por qué llamas? -preguntó ella, fastidiada. Su tiempo era valioso y lo estaba perdiendo por culpa de él.

 

         -Quería invitarte a mi fiesta de Halloween esta noche. -Kamiko no entendía ¿cómo podía alguien adulto celebrar esa fiesta tan absurda y de niños? Al oírlo, el poco respeto que sentía hacia su colega mangaka se fue por los suelos-. Es de disfraces.

 

         Entonces Kamiko estalló:

 

         - ¡¿Qué te crees?! -Le gritó al teléfono- ¿Qué puedes ir y llamarme para molestarme con tus locuras? ¿Ah? ¡IDIOTA! ¡Cómprate una vida y piérdete! ¿Me oíste? ¡PIERDETE!

 

         Los asistentes, que estaban trabajando arduamente, tuvieron que cubrirse los oídos cuando su jefa comenzó a descargar su frustración con el pobre receptor del otro lado de la línea. La tinta al lado del papel se cayó por culpa de la resonancia y desesperadamente trataron de limpiar la hoja  antes de que Kami-sama se diera cuenta y los regañara con el horrible humor que tenía ese día.

 

         - ¿Eso quiere decir que no vendrás? -preguntó Ronald del otro lado de la línea con la voz más tranquila e ingenua del mundo.

 

         Kamiko hubiera hecho erupción como un volcán si eso fuera posible para los seres humanos:

 

         -¡¡IMBÉCIL!! ¡¡REVERENDO IDIOTA! ¡NO, NO Y NO! ¡NO IRÉ!, ¿ME OISTE? ¡NO IRÉ!

 

         -Ok-Y colgó. Kamiko tuvo que respirar mentalmente contando hasta diez para recuperarse del arrebato de ira que sólo él podía causarle.

 

         Horrorizados, los tres asistentes  no le dijeron nada sobre el accidente con la tinta y decidieron solucionar solos el problema.

 

         Y así, la malvada bruja a la que llamaban Kami-sama los dejó trabajando hasta tarde, muy tarde en la noche. Ellos alegaron que querían ir a festejar Halloween, pero ante la mera mención de esa absurda fiesta, Kamiko se enfureció aún más y les dio más trabajo para hacer. Sólo los dejó ir cuando vio satisfecha sus propias expectativas pocas horas antes de la medianoche, y sólo porque uno de ellos le preguntó cómo celebraría ella Halloween.

 

         - ¡Yo no celebro una fiesta tan absurda como esa!-había dicho-. No lo celebraba, no lo celebro y  no lo celebraré nunca.

 

         Así pues los asistentes se quedaron trabajando con ella hasta que  los dejó ir cuando al fin el sueño la llamó. Eso a una hora de la medianoche.

 

 

 

XOX

 

 

 

 

            Ocurrió después que Kamiko decidió encender la televisión, pero al ver las propagandas  que llenaban los canales promocionando la fiesta de Halloween decidió apagarla. Kamiko pensaba que todo ser viviente que celebrara esa fecha era un idiota que sólo era superado por aquellos que eran creyentes en esas tonterías. Ella se sentía inteligente por pertenecer al grupo de personas sensatas que no creía en esas babosadas: ni en brujas, ni en vampiros, ni en hombres lobos, ni en momias, ni en fantasmas, ni en finales felices ni en vivieron comiendo perdices.

 

         Había una sola cosa que Kamiko sabía era verdad, y esa era que la realidad era dura, que si no plantabas los pies firmemente en la tierra al primer remezón te caerás. Y con su trabajo ya estaba más que hasta de los seres sobrenaturales que no existían.  Lo único que deseaba era conseguir un  buen contrato con un manga realista, histórico o contemporáneo, le daba igual: mientras no hubiera ahí ni una pizca de magia ella se podía dar por satisfecha.

 

         Como estaba aburrida, comenzó hacer un Nombre del siguiente capítulo de su manga. Estaba de lo más feliz  haciendo los bocetos ¿la razón? Estaba matando a Amen Ra  de una forma dolorosa y  cruel: Amen Ra se encontraba con su amado, el cazador de monstruos Zaden, quien lo había matado en su otra vida, pero más que eso, Kamiko había hecho algo mucho más terrible: había hecho que ambos se intentaran matar mutuamente ¿Dices que es cruel? Por supuesto que lo era, pero a ella no le importaba ¡No! Esta joven sólo quería descargar su odio  y frustración en  sus personajes. Eran suyos después de todo. ¿Lo eran en verdad?  Ella los creo, así que sí lo eran. Y si no podía dibujar historias más realistas, al menos  podía darles un final más pegado a la realidad: doloroso y triste.            

 

         Kamiko se acostó en su cama apenas se hubo puesto el pijama, porque estaba muy cansada para seguir dibujando, por lo que dejó el Nombre incompleto sobre el escritorio de su estudio. Se echó las mantas encima y se durmió. 

 

         Si se dijera en este punto de la historia que ella durmió y soñó cosas hermosas y que despertó tranquilamente a la mañana siguiente, entonces no habría historia que contar. Afortunadamente eso no fue lo que sucedió, por lo que podemos continuar con el relato.

 

         Estaba durmiendo placidamente cuando una voz en el silencio la llamó:

 

         -Yuri...-decía la voz espectral. Kamiko se cubrió la cabeza con la almohada, porque odiaba escuchar su nombre-Yuri...-insistía la voz.

 

         Kamiko  no creía en fantasmas, ni en criaturas espectrales, por lo que, cuando se descubrió el rostro tras de la almohada, no dio crédito a lo que sus ojos veían. Su sensei, el señor Himura, estaba frente a ella, borroso como una niebla espesa con forma humana.

 

         Hay que aclarar en este punto de la historia que el señor Himura había muerto hace años atrás, y Kamiko lo sabía, porque había estado con él el día que murió en el hospital y había asistido al entierro. El señor Himura había sido su mentor en vida y ella había sido su asistente. De él  había aprendido todo sobre la vida de mangaka y gracias a él era ahora la mangaka que era, porque de no ser por él, seguramente habría optado por una aburrida profesión como oficinista.

 

         Pensándolo bien, él era el culpable de que estuviera dibujando cosas absurdas y sin sentido para personas sosas y sin vida. Comparado con eso, pensaba Kamiko, una vida como oficinista sonaba mucho mejor para ella.  Pero antes de que pudiera abrir la boca, el fantasma chilló de una forma lamentable.

 

         - ¡Mi Yuri! ¡Oh mi dulce Yuri!-se lamentaba el fantasma, recorriendo la habitación de un lado a otro con falsas lágrimas de humo-. Mi hermosa Yuri ¿qué le han hecho?

 

         Kamiko abrió la boca, pero se dio cuenta antes de hablar de lo ridículo que era razonar con una criatura de un sueño, porque eso era un sueño indudablemente ¿o no? Kamiko ni siquiera podía concebir la idea de que no lo fuera. Estas cosas solo pasaban en los sueños, se decía a sí misma.

 

         -Mi Yuri-volvió a chillar el fantasma. Tenía las facciones que poseía el señor Himura antes de morir. Kamiko imaginaba que si la niebla tuviera color, podría apreciar su cabello castaño claro y sus ojos verdes. Pero él era una ilusión ¿qué caso tenía escucharlo? -. Mi Yuri ¿Por qué te has vuelto tan amargada y tirana? ¿Qué pasó con la dulce Yuri que conocí? ¿Con la dulce Yuri que amaba?

 

         La dulce Yuri que este espectro amaba había muerto el mismo día que él lo había hecho, pero por supuesto, Kamiko nunca le diría a una criatura de sueños una cosa tan personal como esa.

 

         -Lárgate-le pidió. Aunque fuera un sueño, ella no podía ser sólo ruda con una criatura que se asemejaba a su amado fallecido. Se cubrió con las sábanas y fingió dormir. Se le ocurría que si lo hacía de esa forma despertaría y podría tomarse algo contra lo que le había provocado aquel malestar a la hora de dormir. Ella rememoró el helado de chocolate que se había devorado a media noche, que sería seguramente el causante de aquella pesadilla. No más helado de chocolate antes de dormir, se juró en ese momento.

 

         -Escúchame, Yuri. -Kamiko realmente odiaba oír su verdadero nombre con la voz de su sensei venir de ese falso fantasma de sueños, pero no le reprochó nada, pues deseaba oír esa voz tantas veces como le fuera posible, aunque fuera sólo una ilusión-. No deberías ser tan cruel con tus personajes ¡A ellos les duele! ¿No fuí yo quien te dijo hace años que, sin importar lo que pasara, siempre hay una esperanza? -Kamiko no pudo estar menos de acuerdo con eso, puesto que cuando él había muerto, a ella no le había quedado ninguna esperanza. Sólo tenía el manga, aquello que los había unido-. ¡Oh! ¡Los lastimas! Un personaje enfadado con su creador es algo todo mangaka debería tener en cuenta.

 

         Kamiko no pudo soportar más esa palabrería, así que se quitó las mantas de encima y encaró a la criatura pese al frío excesivo que sintió su cuerpo cuando ya las sábanas no la separaban de él. Si sintió miedo-y en verdad lo sentía- lo disimuló muy bien.

 

         -Escúchame, criatura de sueños resultado de un dolor estomacal. -Señaló ella con el dedo al espectro, poco importándole si eso era vulgar o no-. Estoy harta de tu palabrería. Primero, no son reales. Segundo,  son míos y hago con ellos lo que se me vega en gana. Y ahora deja que me acueste para despertar de este absurdo sueño.

 

         - ¿No crees que soy real?-preguntó el fantasma, aparentando estar dolido. Kamiko recordó el peculiar sentido del humor de su sensei y se entristeció.

 

         -Exacto, no creo que seas real-contestó, cruzándose de brazos y de pie al lado de su cama, justo en frente del fantasma.

 

         -Hoy es Halloween, la noche en que la barrera entre el mundo de los muertos y de los vivos se debilita. -El fantasma se dio vueltas por la habitación, presumiendo la ligereza de su cuerpo-... y la de los otros mundos. Deberías respetar más este día, ¿qué harás cuando tus personajes vengan a visitarte esa noche si les dices que no existen?-Se sorbió la nariz, como si fuera capaz de llorar-. Esta es una noche mágica, donde ocurren cosas extrañas e inexplicables.

 

         - ¿Y se supone que debo creerte?

 

         - ¿No me crees?

 

         -Honestamente, no. -Kamiko frunció el ceño, disgustada-. Así que lárgate o mi mágico e inexplicable zapato golpeará tu trasero. -Kamiko miró el vaporoso y fantasmal trasero y realmente en ese momento dudó que pudiera cumplir su palabra.

 

         - ¡Oh! ¡Mi linda Yuri!-volvió a chillar-. Mucho me temo que has de aprender esta lección por las malas. Bien: dejaré entonces que tus muchachos se presenten esta noche a tu casa, y que sean ellos mismos quienes te digan lo mucho que han sufrido a causa de tus caprichos y desquites.

 

         - ¡Uy! No puedo esperar a que vengan a tomar el té-contestó ella con sarcasmo a su amenaza.

 

         El fantasma hizo como que lloraba y entre la bruma y la niebla se fue, tan mágica y raramente como había aparecido.

 

         Kamiko volvió a la cama deseando volver a dormir, pero, si así hubiera sido, esta historia no sería del todo interesante.

 

 

 

XOX

 

 

 

         Había pasado alrededor  de una hora cuando otro chillido interrumpió su sueño.

 

         - ¡Georgeta! ¡Georgeta! -chillaba la voz. Kamiko no podía hacer otra cosa que pensar en que otra vez estaba teniendo un mal sueño, ¡Pero esa voz era tan molestosa!

 

         - ¿Quieres callarte? -gritó Kamiko, pero recordó entonces que vivía sola, y debía estar despierta, porque ¿cómo podría dormir con semejante llanto?

 

         Se dijo a sí misma que debía de tratarse de algún vecino borracho. No obstante, justo cuando iba a retomar su interrumpido sueño vio a alguien completamente de negro salir de su cocina.

 

         -Georgeta... -se lamentaba. Vio el florero que Kamiko tenía en su escritorio personal y cogió las flores antes de seguir su camino por la casa.

 

         ¿Cómo se atrevía  a tomar sus hermosas flores? Se preguntaba Kamiko con rabia, mucha rabia. Se levantó de la cama y lo persiguió, acusándolo. Pero este tipo no se volteaba a verla: la ignoraba completamente. De pronto, el sujeto se detuvo, se dio vuelta, la miró y entonces lloró con más fuerza. Kamiko vio su cabello albino, sus ojos rojos, las capa oscura... y sus dientes, sobre todo sus dientes ¡pero que colmillos más grandes tenía! Le tomó un poco de tiempo reconocerlo pero ¡Era Lucian el vampiro de su manga! O eso hubiera pensado si hubiera sido más crédula, pero como no lo era, lo primero que pensó Kamiko fue que se trataba de un friki haciendo cosplay de su personaje.  Y que de alguna forma, había dado con su dirección.

 

         - ¡Hey, tú, otaku de pacotilla! -gritó, con enojo evidente-. ¿Quién te crees para venir a mi casa en plena noche y tomar mis flores? -Mas él, sin escucharla aún, la tomó de la mano. Ella se quedó horrorizada ¡la estaba tocando un loco! Y la arrastraba hacia la estantería donde guardaba sus mangas publicados. Kamiko tenía el presentimiento de que iban a chocar,  porque iban directo hacia ahí y él no la soltaba ni parecía cambiar el rumbo. Kamiko cerró los ojos esperando el inevitable golpe, pero misteriosamente este nunca llegó.

 

         Al abrir sus ojos, Kamiko se encontró en un lugar completamente distinto al que había estado hace un momento. Era un sitio oscuro y lúgubre, como un bosque. Si no fuera una escéptica total, juraría que había sido transportada a otro sitio, pero como en su mente no había cabida para la fantasía, no lo creyó. Ese sujeto debió de haberla drogado. Y hablando de él,  ¿dónde estaba Lucian? O quién fuera ese sujeto. Miró a su alrededor, pero no lo vio. ¿Podía alguien ver en esa oscuridad? Ella ciertamente no podía ver nada más que la negrura.

 

         -Georgeta...-oyó chillar a su espalda. Ella se volteó  y lo vio en el suelo, llorando frente a una tumba que ponía el nombre de Georgeta. Ella se acercó hasta quedar tras él para contemplar la tumba, ahora con sus flores puestas.

 

         Quien fuera ese sujeto, realmente había montado una buena escena de su manga, o eso pensaba Kamiko. Recordó la historia del vampiro Lucian y la cazadora Georgeta en su manga. Que Georgeta había sido enviada  a  Transilvania  para una misión, porque supuestamente ahí vivía un vampiro. Y lo había de hecho. Ella iba a matarlo, pero desde la primera vez que él la mordió, se dio cuenta de que esta profundamente enamorada de ese vampiro: Lucian, pero su amor estaba prohibido, porque él era malo, y mordía a la gente del pueblo, y no lo podía controlar. Y ella tenía que matarlo. Lucharon durante muchas páginas hasta que Lucian salió victorioso y ella muerta, pero en lugar de estar feliz, Lucian lamentaba la perdida, tanto que ahora no hacía otra cosa que llorarla en su tumba.  ¡Ah, que tragedia de amor! Ella había dejado que él se bebiera toda su sangre, porque el mito del vampiro señalaba que sólo la sangre de la persona amada calmaba la sed del vampiro. Gracias a eso, Lucian no necesitaría beber más sangre en su vida. ¡Ah, cruel amor!

 

         Kamiko observó con compasión al vampiro, porque que ella entendía su dolor. Y esa escena tristemente le recordaba al primer día que fue a visitar al sensei en su tumba, tan fría, tan helada, tan no él que era tan cálido ¡Ah! ¡Cómo le dolía el pecho al recordarlo! Kamiko pensaba que esa clase de sufrimiento debería estar prohibido, porque nadie merecía padecer el dolor de perder al ser amado, por muy monstruoso que este o estos fueran.

 

         -Te amo, Georgeta-chilló el vampiro y a Kamiko se le encogió el corazón. Lucian volvió el rostro hasta donde ella estaba, y llorón aún más fuerte-. ¡Pero ella no quería que viviéramos amándonos! ¡Ella no me mató a mí también! ¡Yo hubiese preferido morir y estar a tu lado que permanecer en este mundo sin ti! ¡Bruja malvada la que nos creó!

 

         En este punto, Kamiko comprendió que Lucian se parecía mucho a ella: ella era así de ingenua, frágil  e inocente al lado de su sensei: era un ser pequeño, pequeñísimo, como una estrella junto a la luna cuando estaba cerca del señor Himura. Y cuando Georgeta lanzaba fuego de sus manos  para impedir que Lucian se acercara a ella y la matara, era una alusión a  cuando ella se sentía capaz de atravesar el infierno mismo y las barreras de la edad  para estar al lado de su sensei. Sin embargo, reflexionaba Kamiko, eso no había resultado ser suficiente a fin de cuentas, porque la voluntad a veces no era nada contra el destino.

 

         Lucian el vampiro se levantó de la tumba, secó de sus lágrimas con la manga de su traje y se encaminó de nuevo. Kamiko lo siguió como una sombra, preguntándose como sería que saldrían ambos de ahí. Estaba comenzando a creer que todo podía ser extrañamente real cuando, al parpadear y abrir los ojos nuevamente, estaba sentada en su cama. Kamiko levantó la mirada, extrañada, y vio al vampiro  despedirse con un gesto de mano de ella, antes de meterse nuevamente a la estantería.

 

         Kamiko pensó que con eso no podría dormir otra vez, pero se durmió en cosa de segundos.

 

 

 CONTINUARÁ...

Notas finales:

Los reviews son bien recibidos :) 

 

Para saber más, visita este link http://biak-songkey.blogspot.com/2010/11/notas-de-la-autora-diosa-o-mangaka.html

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