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Nieve por yuukychan

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Notas:

Aqui os traigo el nuevo capitulo

Todavía era noche cerrada cuando Arya despertó a Gendry que dormía en el suelo. Habían intentado compartir el estrecho catre de la habitación, pero la camarera tenía razón cuando les aviso de lo pequeño que era. De haber sido una pareja normal hubiesen podido dormir abrazados, pero Gendry no se atrevió a mencionarlo y a Arya ni siquiera se le paso por la cabeza. Cansada se limito a meterse en la cama pegada hacia la pared y se quedo dormida enseguida aunque Gendry sospechaba que el objeto duro bajo la almohada que notaba debía de ser un puñal. A mitad de la noche el aprendiz de herrero se despertó de golpe tirado en el suelo. Nunca había dormido tan pegado a la pequeña loba por lo que no había podido saber lo mucho que se movía está en sueños. Pensó en volver a la cama pero las piernas enredadas de Arya entre las sabanas no le iban a dejar pegar ojo en toda la noche.

 

Al despertarse Arya se sintió sola en la cama. Como cada mañana desde hacía cinco años se desperezo y durante un minuto se relajo para concentrarse totalmente en su cuerpo. Normalmente cuando viajaba cumpliendo las ordenes del hombre bondadoso aquellos segundos la servían para saber que partes de su cuerpo estaban magulladas pero en esos momentos solo sentía una intranquilidad que la recorría cada nervio de su ser. Se acostó pensando en Jon y deseando que amaneciera y todavía a través de la ventana podía ver la noche. Sin impórtale las horas que fueran se levanto y encendió la vela de la mesita con el cuchillo que tenia bajo la almohada y un trozo de pedernal. Las chispas cayeron en la mecha que ilumino lentamente aquel pedazo de habitación. Toda la posada estaba sumida en un gran silencio que solo los leves ronquidos de los otros huéspedes y los de Gendry lo rompían. Despacio y silenciosa como una sombra se vistió a la luz de la vela. Un sonoro ronquido de su amigo la hizo asustarse mientras se ponía la túnica por la cabeza. El hecho de compartir habitación con él no la molestaba que la encontrara desnuda era otra cosa. “Vaya estupidez” se reprocho pensando en las misiones que había llevado hasta el momento; en la última había estado prácticamente desnuda solo un pedazo de seda translucida había evitado que se viera su cuerpo. Estaba a punto de despertar a su compañero cuando se fijo en su rostro sereno. Era muy parecido al hermano del mejor amigo de su padre, Renly Baratheon, pero Sansa le había jurado que en los retratos del joven Robert se podía confundir al padre y al hijo.

 

 “Si era tan guapo porque mi tía prefirió a un Targaryan” pensó.

 

Desde que llegara a Poniente Arya se había preguntado muchas veces como era su tía. Añoraba a su madre, pero siempre creyó que ella jamás la comprendería. Era demasiado Tully para entender su corazón salvaje. “Deber, honor, familia” era un lema que su madre llevaba en la sangre y la loba que había dentro de ella era incapaz de entenderlo, sin embargo su tía debió ser como ella. Todo el mundo se lo decía. No solo físicamente sino también en su interior. Lord Karstark le explico que Lyanna era independiente. Era una loba solitaria que quiso volar lejos de las imposiciones de su padre y al final consiguió volar.

 

-          Pero acabo quemándose con el fuego Lady Arya. Tu todavía estas a tiempo de cambiar. Cásate con un buen hombre y ten familia. Es el mayor honor para una mujer. – Los ojos de la chica se mostraron inexpresivos al oír aquellas palabras pero el anciano Karstark había vivido mucho para saber que había errado. “Su corazón jamás aceptara la prisión que es llevar un apellido. Solo si encontrara otro corazón igual al suyo…” Suspiro. – Bueno niña. Es hora de empezar la fiesta.

 

Gendry se removió sin abrir los ojos y Arya le toco suavemente el hombro con la punta de la bota. El muchacho se despertó sobresaltado mirándola con aquellos profundos ojos azules que tantas veces Arya había recordado en sus viajes comparándolos con el mar. Gendry estaba a punto de hablarla cuando ella se llevo un dedo a los labios.

 

-          Shhh – siseo – todavía es de noche. Vístete. Hemos quedado con Mikke al alba en el bosque donde nos encontramos.

 

-          En el bosque. No sería mejor donde la montaña. Es por allí por donde dijo que estaba el pozo. – Gendry bostezo al intentar no levantar la voz.

 

-          Lo sé pero tengo que encontrar a Nymeria. ¡Ahora deprisa, vístete!

 

En silencio y sin hacer ruido Gendry se calzo las botas y la capa, el suelo estaba demasiado frio como para dormir desnudo. El cinturón de la espalda colgaba pesado de la silla cuando lo cogió para atárselo. Al echar un vistazo a la habitación comprobó que la muchacha Stark ya había recogido todo y ahora se enfundaba la daga dentro de una de las botas y se escondía otra en el antebrazo de la camisa. “Es una caja de sorpresas” pensó levantando la ceja.

 

-          ¡Vamos! – le ordeno sin inmutarse de su mueca burlona tirándole la mochila con las provisiones mientras ella hacia un hatillo con las mantas de la cama. Gendry la miro y ella se encogió de hombros. – Me quedo sin caballos y sin oro, pero me niego a morir de frio al otro lado del muro.

 

 

 

En silencio, escondidos entre las sombras, recorrieron el pueblo aunque la sonrisa burlona de Gendry la acompaño todo el camino hasta la salida, estaba a punto de golpearle cuando algo a lo lejos llamo su atención. En medio de las oscuras calles una lámpara tintineaba a la entrada del puente. El hombre medio dormido despertó de inmediato al oír las rudas pisadas del caballero contra el suelo aunque ni sus sombras se veían en aquella cerrada oscuridad.

 

-          ¡Alto quien va! – grito levantando una pesada lanza dos veces más grande que él tirando la bota que colgaba de sus piernas a levantarse. – Joder – rugió intentando recoger el preciado vino antes de que se derramase.

 

A la luz de la lámpara el rostro congestionado del hombre resoplaba con una punzante fatiga al intentar buscar la bota y mantener en alto la improvisada barrera. Al oír otro paso la mente embotada del extraño reacciono por instinto

 

-          ¡Alto y salga a la luz! – ordeno intentando escudriñar entre la oscuridad.

 

“No tengo tiempo para esto” suspiro Arya adelantándose unos pasos a Gendry que intento detenerla inútilmente. Con un sutil juego de manos cogió la bota del suelo y mezclo con el vino un polvo verduzco que saco de la costura de su manga. La casa de esa supuesta anciana la había proporcionado bastantes cosas interesantes entre ella el polvo de adormidera.

 

-          Tenga – le tendió con una sonrisa en el rostro a la vez que levantaba la bota hasta la altura de su mano.

 

-          Gra… gracias – contesto sorprendido al ver a la chica. Estaba a punto de beber cuando tras ella apareció un hombre de gran tamaño que le hizo volver a ponerse a la defensiva. - ¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?

 

-          Salir del pueblo buen hombre – contesto Gendry poniendo las manos en alto. – Tuvimos ayer un accidente pero ya todo está solucionado. Supongo que su jefe se lo habrá dicho. – Gendry se acerco hasta Arya, asegurándose de interponerse entre la verdadera arma de aquel tipo y la muchacha. Sus años en la guerra le habían enseñado a distinguir el verdadero peligro. “No es más que una afilada barrera. Ni siquiera puede con ella” pensó al ver en su cinturón el peligroso puñal con el que se defendía realmente.

 

-          Si. Es probable – susurro desconfiado. El borracho intento hacer memoria de lo que se hablo ayer en la sala de reunión del pueblo. Se acordaba vagamente de cómo el jefe les había hablado de un par de extraños que esperaba que se marchasen pronto, pero no se acordaba bien de cuáles eran las ordenes. La deliciosa cerveza de la reunión le había interesado más que cualquier tontería que ocurriese en el pueblo. “Estamos tan apartados que nunca sucede nada emocionante y precisamente hoy ocurre algo fuera de lo normal. Y para colmo en mi turno” pensó mirando ceñudo a la pareja.  – Creo que dijo que le avisáramos – respondió más para sí mismo. – No os mováis entendido – les amenazo mientras daba unos pasos vacilantes.

 

Aunque tranquila por fuera Arya se inquieto. Si dejaban que aquel hombre avisara al jefe Mikke seria descubierto. Si no era a la salida de su casa sería al ver la habitación vacía y el chico no se atrevería a desobedecer a su padre una segunda vez ni por todo el oro de Desembarco del rey y sin él no podrían localizar el pozo. La mayoría de los pozos dentro de las aldeas eran estructuras bien solidas creadas por el hombre para perdurar, pero los antiguos… no eran más que agujeros escavados en la tierra  alejados de la población y tapados con fuertes tablas para que nadie callera en ellos. “Con esta nieve no será imposible encontrarlo por mucho que sepamos que está cerca de la ladera de la montaña” pensó preocupándose por momentos. Rezo a los dioses de su padre por que el hombre diera un trago de vino, solo uno para caer inconsciente, pero parecía que sus responsabilidades como guardia habían superado a su deseo de beber. Impaciente al ver que estaba dispuesto a marcharse Arya se adelanto.

 

-          Muy bien esperaremos, pero déjenos la bota. – El hombre la miro arrugando el entrecejo a la vez que Gendry la lanzaba una mirada de incomprensión. – No querrá que su jefe descubra que ha estado bebiendo durante su guardia – sonrió Arya alargando la mano.

 

El hombre pareció dudarlo por un momento pero poco a poco su ceño se relajo.

 

-          Tienes razón – dijo con una gran sonrisa mostrando los dientes que le faltaban.

 

-          Eche un último trago y deme la bota. Yo se la guardo.

 

Obedeciendo ciegamente el hombre se llevo el pitorro a los labios. El tiempo para la joven Stark se detuvo al ver por un momento como el hombre dudaba. “Bebe o te mato” se dijo la loba más tranquila al ver como el borracho apretaba con ganas la vejiga de la que estaba hecha la bota. Al caer el liquido rojizo en la boca del hombre un suspiro de alivio salió de sus labios y se volvió hacia Gendry.

 

-          Ya podemos irnos. – Sin esperar respuesta Arya siguió caminando a pesar de las protestas del borracho.

 

-          Detente mujer. Detente te he…

 

Gendry no oyó el final de la frase. Al darse la vuelta se encontró con el cuerpo tirado del hombre boca arriba. Por un momento pensó que estaba muerto pero el leve ronquido que salió de su boca le tranquilizo.

 

-          Ponle de costado para que no se ahogue con su vomito y vamos – le ordeno la Stark que ya iba por medio del puente.

 

Al volverse el guerrero vio el espumoso liquido que empezaba a brotar del borracho y con el que se estaba ahogando. “Mierda” pensó corriendo hacia él para ponerle de costado. La voz lejana de la chica le ordeno que se apresurara.

 

-          ¡Qué demonios le has dado! - rugió Gendry al llegar a su lado agarrándola con violencia del hombro.

 

-          Era solo adormidera. Tranquilo. Dormirá unas horas y luego se despertara como nuevo, pero con tanto vino me imagine que también vomitaría un rato – le explico Arya encogiéndose de hombros.

 

-          Si me llego a ir sin darle la vuelta podría haber muerto – la respondió Gendry clavando sus ojos en los de ella. Esperaba ver vergüenza, lastima o arrepentimiento, pero sin embargo no vio nada. La mirada de la chica loba no había cambiado, ni siquiera la luz de sus ojos se había apagado aunque fuera solo un poco. - ¿Es que no te importa? – la pregunto temiendo la respuesta.

 

-          No – le contesto fríamente. – Con Jon en peligro no me importa nada. Si alguien intenta detenerme lo eliminare. – Gendry fue a contestarla pero ella le silencio. – Además – dijo recuperando su voz habitual – te he dicho que le dieras la vuelta ¿no? Sabía que lo harías por lo tanto no había nada por qué preocuparse.

 

Su sonrisa hubiese hecho que Gendry olvidara cualquier cosa, pero aquellos ojos no habían cambiado. En el fondo le daban igual aquel hombre. La chica que tenía de frente no era la misma que él conocía y a la vez sí. Siempre había sido consciente de lo peligrosa que podía llegar a ser. Lo sabía desde mucho antes de separarse, desde el momento en que se enfrento a los tres prisioneros de Joren con aquella escuálida espada de buen acero. Y aun así también era consciente de que la seguiría al fin del mundo si ella se lo pidiera. “Hasta el mismo infierno – pensó caminando tras ella al ver como seguía avanzando por el puente. – Y tal vez es allí donde la sigo” Al otro lado del muro un eterno infierno helado se llevaba la vida de los hombres. Los Otros.

 

Las formas distorsionadas del bosque empezaban a clarear para cuando Mikke llego. Gendry que caminaba nervioso de un lado para otro al ver como el tiempo pasaba suspiro aliviado al verle correr colina abajo hacia ellos. Fatigado y con la lengua fuera el chico era incapaz de articular palabra.

 

-          Ya era hora – se quejo malhumorado el caballero pateando la botas en un árbol para quitarse la nieve que tenia pegada a ellas.

 

-          Y esta vez no hay cerveza – se encogió de hombros Arya dejándole que recuperara el aliento.

 

-          No… es… nada. Estoy bien – dijo dejando caer una enorme mochila a su lado. Arya sintió curiosidad por saber qué clase de cosas se llevaría un muchacho para aprender a ser maestre pero no tenían tiempo que perder.

 

“Será mejor que se dedique a ser maestre de la ciudadela. Alguien como él moriría pronto en una guerra” pensó la chica loba al ver lo enclenque que era el muchacho y lo rápido que su cuerpo sucumbía. El movimiento tras ella la recordó que el chico no conocía su pequeño secreto peludo.

 

-          Bien. Pero antes de seguir y para que no te mees en los pantalones. ¡Nymeria! – grito. A su lado apareció el mayor lobo que Mikke había visto en su vida. Si no hubiese sido porque ya había meado antes de llegar a ellos estaba seguro de que ahora lo hubiera hecho.

 

-          Es un… es un… - tartamudeo sin llegar a nombrar al animal que veían sus ojos.

 

-          Es una loba huargo. A ver si te aprendes el emblema de la casa de tu señor. – Gendry le palmeo la espalda.

 

Mikke solo pudo asentir sin quitar la vista del enorme ser que tenía delante. Incluso Arya y Gendry podían notar el olor acre del miedo de aquel chico por lo que entendían que Nymeria gruñera de forma incontrolable cada vez que lo miraba. Arya se hacerco hasta el muchacho para tranquilizarle.

 

-          No atacara tranquilo, pero será mejor que no te acerques y te mantengas a distancia.

 

Sus huellas se perdían en la nieve entre la suave ventisca, al alba no quedarían de ellas ni si quiera el recuerdo. Rodearon el pueblo internados en el interior del bosque nocturno alumbrándose con la escasa luna de fondo y los débiles rayos del amanecer que anticipaban la mañana. Solo Mikke sabía por dónde iban mientras que Arya y Gendry le seguían a corta distancia, en la retaguardia y apartada Nymeria les seguía internándose de vez en cuando entre la maleza, siguiendo algún olor extraño, para salir después a su paso. El aullido de otros lobos congelo la sangre en la venas de Mikke que se paro al momento, pero Arya y Nymeria continuaron imperturbables a aquel aullido.

 

“No son tu manada. ¿Verdad?” se dijo mirando a su amiga y acariciándole la cabeza mientras la veía internarse de nuevo en el bosque en busca de olores que ella no conseguía captar con su piel humana. Cada vez que lo hacia una parte de Arya deseaba ir con ella. Tenía miedo. Tenía miedo de perderla de nuevo por aquel mundo más fascinante que el que tenía a su lado, que el que podía ofrecerla. La loba de Sansa, Dama, era como su hermana, prefería la seda y los cojines de plumas, la carne servida en cuencos de oro y el calor del fuego de una chimenea; Viento gris era un luchador como su hermano Robb y se quedo a su lado hasta el final, hasta que la muerte les sorprendió en aquella boda. Verano era tan despierto y curioso como Bran y desapareció junto con él. Cuando encontraron a Peludo seguía igual de salvaje que el pequeño Rickon pero al menos ambos ya no mordían. Y Fantasma. Fantasma era como Jon; podías no verles, pero siempre estaban allí. Todos ellos, todos los huargos de sus hermanos se quedarían para siempre junto a ellos, pero… Nymeria era como ella, la sangre y la libertad eran más tentadores que cualquier cosa servida por manos de un simple animal que olía a acero, a miedo, a… conformidad. Todavía recordaba los sueños de lobo que tenia allá al otro lado del mar. El olor de la tierra, el mar, el aire y la naturaleza era más poderoso y atrayente que el olor de los humanos. Los animales de dos piernas olían a comida aunque ella no los comiera. Si tenía que matarlo para sobrevivir lo hacía, pero luego ella se buscaba su propia cena dejando a sus hermanos disfrutar de aquel festín, de aquella carne que ella misma se negaba a probar. Alguien especial para ella tenía ese olor.

 

“Pero no era yo la que pensaba eso, era Nymeria. Era mi olor lo que la impedía comer aquella carne. – Jamás pudo controlarla al otro lado del mar, solo ahora era capaz de imponer su consciencia y no por mucho tiempo. – Era ella la que mandaba, pero eso me daba lo mismo. – Disfrutaba corriendo con ella, comiendo con ella y sobretodo cazando con ella. Los venados eran deliciosos aunque ambas preferían los jabalíes. – Recorríamos varias leguas solo para comer jabalí. Su carne era la más jugosa y el delicioso sabor de la sangre en la garganta…”

 

Meneo la cabeza y trago saliva. Tuvo que esforzarse en concentrarse y seguir a Mikke para no pensar en el hambre que le había provocado recordar sus sueños de loba. El desayuno consistente en un mendrugo de pan duro regado con simple agua le hacía rugir el estomago pero no podían malgastar los pocos alimentos que llevaban. 

 

Bordearon el bosque hasta llegar al otro lado de la aldea al amparo de las sombras. Desde lejos ya se podían distinguir a los primeros hombres que sacaban a pastar a las ovejas, más tarde oirían los relinchos de los caballos. “Hay que darse prisa – pensó Gendry mirando al muchacho que los acompañaba. – Si nos pillan no habrá otra oportunidad”. Se adentraron en la maraña de zarzas y arbustos que crecían entre las raíces arañándose las manos con las espinas congeladas. Arya encabezaba la marcha seguida de Nymeria. Mikke les había dicho que el pozo estaba cerca de la montaña, a menos de dos palmos de la pared rocosa cuya cumbre se perdía por encima de la nubes.

 

Cobijados junto a la montaña el viento parecía haberse detenido en aquel pequeño claro corriendo salvajemente a su alrededor internándose en el bosque. Una tregua que al otro lado no tendrían. No era extraño que los hombres de la guardia de la noche y los salvajes perdieran alguna extremidad por culpa del frio. “Pero eso no es lo peligroso. Los otros… - Gendry trago saliva. Si pensaba en el peligro su mente intentaría obligarle a retroceder, pero… sus ojos se clavaron en Arya. – Si ella continua yo también lo haré. No volveré a abandonarla”

 

Los arboles se cernían sobre ellos arropándolos con sus cientos de hojas que no dejaban ver el cielo mientras un gran arciano blanco los miraba expectantes. Nymeria aulló y Arya acaricio la corteza mirando fijamente a aquellos ojos rojos. En Invernalia había rezado con su padre ante aquellos mismos ojos, aunque cuando le cortaron la cabeza ninguno de ellos fue a ayudarle. “En el pasado os rece por ayuda y jamás me la concedisteis. Os rece por mi padre, por mi hermano, por mi madre y no hicisteis nada. No pienso rezaros ahora por Jon. – Golpeo con fuerza el árbol hasta sentir la mano entumecida. – Esta es mi fuerza, puede que no sea mucha, pero con ella os aseguro que seré capaz de salvar a Jon. Aunque me deje la vida en ello” cualquier otra maldición que pensara quedo olvidada al escuchar tras ella las maldiciones de Gendry.

 

-          ¿Dónde demonios esta el pozo? ¡Que los Otros se te lleven como nos hayas mentido! – amenazo a Mikke echando mano a la espada.

 

-          Juro que estaba aquí. Mi hermano lo llamaba El pozo del Arciano y el árbol está ahí. La nieve lo habrá cubierto.

 

-          Hay más de dos varas de nieve – le inquirió Gendry. – Como quieres que lo encontremos.

 

-          No lo sé…

 

-          ¡Maldita sea Mikke! – vocifero Gendry antes de que una bola de nieve se metiera en su boca. El enojo y la sorpresa brillaban en sus ojos cuando la miro. Allí parada a dos metros de él Arya se sacudía las manos.

 

-          Me das dolor de cabeza –. “Además de que con ese vozarrón serán capaces de escucharte hasta en el pueblo” pensó aunque con el genio del toro era mejor no seguir picandole. – Mikke esa zarzamora estaba la primera que vinisteis – El muchacho se fijo un momento en la planta antes de negar con la cabeza. Arya recogió las pequeñas y jugosas bayas rojas hasta dejar el arbusto prácticamente pelado. Después se volvió hacia Gendry. – Bien pues ahí es donde está el pozo. ¡Ponte a escavar!

 

-          ¿Y porque tengo que escavar yo?

 

-          No esperaras que escave yo.

 

Arya alzo la ceja y Gendry resoplo desenvainando la espada. Dejo a Corazón salvaje en manos de la pequeña loba y se puso a cavar con la funda. Gracias a los dioses había dejado la buena en Invernalia, la de plata con incrustaciones de zafiros y el grabado de un gran venado con grandes astas, antes de partir para las Islas del hierro. Su mente de guerrero le había aconsejado llevarse la antigua funda de hierro y cuero, le sería más útil si las cosas se pusieran feas. De haberse producido una revuelta y haber perdido la espada todavía hubiera podido defenderse empuñándola como un mazo. Sin embargo nada de eso había ocurrido y ahí estaba, usando su fiel funda como una simple pala.

 

El sudor recorría su frente apelmazando el pelo contra la cabeza. Después de cortar el arbusto que le molestaba tuvo que escavar casi una vara de profundidad entre la nieve y el hielo. Se sentía agotado cuando por fin su funda con punta de hierro hizo un sonido sordo al hundirse en el agujero aunque después de tanto tiempo cavando ni siquiera presto atención.

 

-          Llegaste – le dijo Arya poniéndose a su lado y entregándole un pañuelo con más de la mitad de las zarzamoras y algunas bellotas que había encontrado en los alrededores. Gendry había comido menos que ella para darla el pedazo más grande de pan y después del esfuerzo de cavar en la nieve el hambre le estaría devorando por dentro, aunque conociéndole no se quejaría. El toro nunca se quejaba.

 

-          Como lo…

 

La espada atravesó la madera podrida como si fuera mantequilla. Gendry no supo si se había sobresaltado más por el ruido de las astillas al caer en aquella profunda fosa negra o por ver a su querida espada siendo utilizada de esa manera. Arya golpeo un par de veces más la entrada del pozo antes de devolverle el arma.

 

-          Tranquilo. No volveré a utilizarla de esa manera. – Arya envaino la espada dentro de su funda antes de que el Baratheon reaccionara. La bolsa tintineo una última vez en sus manos antes de lanzársela al muchacho. – La deuda esta saldada. Puedes irte.

 

-          ¿Qué buscáis al otro lado del muro?

 

Arya le hubiese ignorado, pero sabía por el tono de su voz que no era curiosidad sino preocupación. Al mirarle vio en su rostro el sentimiento de culpabilidad. Les había llevado hasta la puertas de la muerte ya que eso era el otro lado del muro, un inmenso mar blanco de nieve y muerte. ¿Pues que eran los Otros sino la muerte andando por la tierra de los vivos?

 

-          Busco un futuro.

 

-          Allí no existe de eso. Por favor no vayáis, mi señora. – Mikke cayó de rodillas al suelo suplicándola detener aquella locura.

 

Arya echo un paso hacia atrás observando al muchacho que se postraba a sus pies. No entendía como la había descubierto aunque sospechaba que había sido por culpa de su amiga peluda.

 

-          ¿Desde cuándo? – fue su única pregunta.

 

-          Solo los hijos de nuestro difunto Lord Eddard Stark tenían lobos huargo. No sabemos si por magia, por su blasón o si son cosa de las leyendas pero nadie más que los Stark parecen poder controlar a esas criaturas – “Más que magia es familiaridad. Eran cachorros cuando los acogimos” pensó Arya recordando el día en que Jon y Rob encontraron los cachorros junto al cadáver de su madre, pero su silencio dejo continuar al hombre. – Se lo imploro mi señora – deposito la bolsa de oro junto a sus pies – volved a casa. Por la memoria de Lord Eddard Stark no me hagáis cargar con esta culpa sobre mi conciencia. Si algo os llegase a pasar…

 

-          Levántate – le pidió. El muchacho seguía con la cabeza baja mirando al suelo. Arya suspiro para sus adentros; no conseguiría nada pidiéndolo de buenas formas. - ¡Levántate! – le ordeno esta vez con la misma voz que le había oído a su padre cuando hablaba con sus hombres. El chico se levanto al momento mirándola con su suplica callada. Arya se acerco hasta coger sus manos entre las de ella. – Te lo agradezco de corazón, te agradezco que a pesar del tiempo y la… distancia todavía honres el recuerdo de mi padre.

 

-          ¿Cómo no hacerlo mi señora? – para su sorpresa la voz del muchacho sonaba cálida al hablar del difunto Lord. – Vuestro padre ayudaba más a los hijos de su tierra que ninguna otra casa en los siete reinos. Nunca antes vi llorar a mi padre y nunca después le he vuelto a ver, pero el día en que murió Lord Stark mi padre dijo que había muerto el rey del norte.

 

El aullido de Nymeria hirió el aire al igual que las palabras del muchacho la habían herido a ella. “Debo ser fuerte. Debo ser Gata; y Gata no tiene familia – clavo las uñas en las manos al sentir el nudo en la garganta. – Gata no tenía familia pero ahora soy Arya y yo…” Cerró los ojos un instante haciendo retroceder las lágrimas enfadada consigo misma ante su propia debilidad. Llevaba cinco años sin llorar la pérdida de su familia, no se daría el lujo de hacerlo ahora cuando el tiempo corría en su contra.

 

-          Agradezco tus palabras, Mikke, pero no retrocederé. – Puso la mano sobre el hombro del muchacho. – Tu destino es forjar esa cadena al igual que el mío es atravesar este muro.

 

-          Mi destino era quedarme en mi aldea y vos, mi señora, lo habéis cambiado. Por favor permitidme…

 

-          ¡Mikke! – le corto. – El rey se muere y la cura puede estar al otro lado. No tengo nada más que decirte.

 

Arya le dio la espalda volviéndose hacia Gendry esperando que el chico se marchara sin decir nada más en busca de su propio futuro y que no regresara a la aldea. Estaba tentando al destino y lo sabía; el muchacho podía volver a su casa y delatarlos pero había podido leer la lucha interna que sufría en su rostro y confiaba en que su intuición no la fallase; no quería tener que lastimar al chico. “No volverá. Seguro. No podría explicar de dónde ha salido el dinero, porque se ha marchado tan temprano o como me ha reconocido”. Mientras caminaba hacia él, Gendry la miraba tranquilo con aquella sonrisa divertida. La última zarzamora brillaba en sus manos cuando se la metió en la boca.

 

-          Que te aproveche porque tardaremos bastante en volver a probar bocado – le sonrió. Apenas dio un par de pasos cuando la mano de Mikke la agarro con fuerza. De haber sido otro hombre u otra circunstancia Arya habría sacado el puñal escondido en su muñeca pero el temblor del muchacho era evidente hasta por encima de toda la ropa que llevaba. “Tiene miedo. Acaba de tocar a una dama. Y no solo eso. A tocado a una de las hijas de Invernalia” Gendry ya se acercaba con la espada en la mano cuando un gesto de su mano lo tranquilizo aunque no hizo que envainara el arma. – ¿Qué quieres ahora Mikke? La conversación ha terminado, no cambiare de opinión.

 

-          Lo sé… moza. – Arya se sorprendió al oírle. Notaba como el agarre se debilitaba a la vez que le veía soltar el enorme fardo marrón, viejo y agrietado que había llevado consigo todo el camino. – Solo quería daros esto. A ti y a tu… esposo.

 

Gendry envaino la espada al ver como Mikke la soltaba el brazo para dejar caer a su lado la enorme mochila de piel, aun así su mente de soldado le hizo avanzar rápidamente hasta situarse al lado de su señora. Arya se fijo en como disimuladamente su amigo apoyaba las manos detrás de su espalda donde el cinturón que sostenía su espada y ataba su jubón hacia una rara hendidura dentro de su ropa. Supuso que era el viejo puñal de mango de madera con el que bromeo la noche anterior mientras se acostaban.

 

-          No creo que eso corte ya ni la mantequilla – se burlo al verlo encima de la mesa a la poca luz de la vela.

 

-          Es un recuerdo de la hermandad sin estandartes. Y no solo corta la mantequilla sino que me ayudo a salvar la vida de muchos hombres – le contestado de forma cortante antes de acostarse a su lado.

 

Ajeno a los pensamientos del guerrero Mikke ignoro por primera vez desde que le conocieran el brillo de la espada, sus ojos estaban clavados en el suelo. Una parte de él sabía que debía denunciarlos, pero creía en el destino. En el destino de ambos.

 

-          Me parecía que la información era poca por lo que traje la mochila para que el trato fuera más justo. No creo que os sirva de mucho en ese infierno helado lleno de demonios, pero es lo mínimo que podía hacer por… dos desconocidos. – Alzo los ojos. Le costaba hablar. – Espero que en un futuro nuestros caminos se encuentren en Invernalia. Lo espero de veras.

 

Sobraban las palabras y las despedidas. En cuanto Gendry cogió la mochila el muchacho se dio la vuelta internándose más en el espeso bosque. A un par de kilómetros encontraría el camino real que le llevaría a la Ciudadela a convertirse en maestre. Arya le vio alejarse con los hombros hundidos y las piernas torpes. El chico se sentiría culpable y ella lo sabía.

 

-          Cuando volvamos a Invernalia le escribiré.

 

-          ¿Para qué? – Gendry se encogió de hombros. – Solo es un muchacho.

 

-          A veces creo que dentro de tu cabeza no hay más que serrín – bufo Arya.

 

El chico le había demostrado una lealtad que pocas veces había visto. Miro a su amigo de nuevo y meneo la cabeza. Ni siquiera en él. El recuerdo de cómo dejo que Lord Beric Dondarrion y aquel monje rojo la trataran como un simple objeto por el que poder intercambiar la dolió. La dolió más que todas las piedras que se clavo en el camino, el hambre que paso o el miedo. “Confiaba en él. Confiaba ciegamente en él, pero y ahora… ¿Soy capaz de confiar en alguien? Salí de Bastion Kar sin decir nada a nadie porque…“ Se mordió el labio no quería admitirlo pero acaba de hacerlo. Cerró los ojos por un segundo y lo acepto, al igual que había aceptado muchas tantas cosas. Era incapaz de confiar en nadie. Se acercaba el invierno como decía su padre y ella se había vuelto una loba solitaria. “Y no me importa” se dijo cerrando los puños hasta notar la presión en los nudillos.  

 

Gendry la replico algo pero para entonces ya le había dado la espalda. El remolino de pensamientos que era su mente se esfumo tan rápido como apareció en cuanto sus manos se abrieron y tocaron la mochila. La intento levantar, pero apenas pudo alzar unos centímetros del suelo. “Al final no era tan enclenque – se dijo echando un vistazo por el camino que había seguido el chico. – Le irá bien haya donde vaya. Al final ha resultado ser un hijo del norte”

 

-          Te ayudo.

 

La voz de Gendry sonó a su lado cogiéndole la mochila. En brazos de él parecía tan ligera que casi engañaba; solo las venas de los brazos demostraban el esfuerzo que hacía por sostenerla. Estaba a punto de echársela sobre los hombros cuando Arya negó con la cabeza.

 

-          No sabemos que hay dentro.

 

Gracias a los dioses el muchacho había resultado ser más previsor que ellos mismos. Un par de cuchillos, un par de espadas y unas cuantas mantas tomadas prestado de la taberna con los pocos víveres eran su único equipaje.

 

-          Pensabas ir al otro lado del muro así – la recrimino Gendry.

 

-          No creo que tu hayas traído algo más.

 

El tono carmesí del cuello del toro lo delataba desde lejos. Tampoco se le había ocurrido llevar nada más, ni siquiera tenía pensado llegar hasta el otro lado del muro el día en que salió tras la muchacha loba. Su objetivo era llevarla de vuelta antes de que nadie les echara de menos no arrastrarse con ella al fin del mundo. “Y aun así lo estoy haciendo. En el fondo soy tan tonto como un toro”

 

Dentro de la mochila de Mikke encontraron su salvación. No había otras palabras con que describirlo. Además de carne seca y dos odres de vino que les calentaría la garganta había varias cuerdas de distintos grosores, un hacha de mano y una piedra de pedernal. Varias telas sin sentido que resultaron ser una tienda de campaña rudimentaria como las que llevaban los pastores cuando el tiempo era vehemente pero el frio se calaba hasta los huesos y un saquito con distintos tipos de yesca que les ayudaría a encender la hoguera. Hacia el final Arya encontró otro dos pares de guantes de lana que dejo en el fondo y varias prendas más que sin duda les haría falta. Al otro lado el frío era mortal y el cuero no los protegería, la lana que llevaban debajo sí. Si se les mojaba los guantes al menos tendrían unos de repuesto.

 

El sol iluminaba ya con mayor claridad dejando atrás la noche para cuando se pusieron en marcha. Al examinar el profundo pozo más cerca vieron unos viejos y desgastados peldaños de madera construidos sobre la misma tierra. La madera podrida y humedecía por los años todavía se mantenía lo bastante resistente para el peso de Arya y aun así no todos los escalones, pero bajo Gendry aquellos peldaños se partirían como ramitas.

 

-          Bajaras con la cuerda – sentenció Arya al ver el agujero que había dejado el primer escalón en el que Gendry se intento apoyar. – Después cuando llegues abajo te seguiré yo. Así si me caigo tendré algo blandito donde caer – le sonrió palmeándole el musculado pecho.

 

-          Serás tonta – la sonrió tocándose el vientre – soy puro musculo. – Arya le sonrió alzando una ceja pero no dijo nada más entregándole la cuerda más larga.

 

-          Vamos puro musculo – le apremio.

 

Ya estaba atada fuertemente la cuerda contra el árbol corazón cuando el aullido de Nymeria se le metió en la cabeza. La loba. Durante todo aquel tiempo el animal había estado desaparecido y ahora estaba junto a Arya lamiéndole la mejilla mientras intentaba quitarle un palo de entre las manos.

 

-          Bajare primero a la loba – le dijo Gendry acercándose a ellas.

 

-          No. – El ceño fruncido del toro la obligo a continuar. – Nymeria no viene. No sabemos si hay salida al otro lado o si podremos regresar por el mismo sitio. Lo he estado pensado y no estoy dispuesta a arriesgarme a tener que abandonarla en aquel infierno.

 

-          Pero si te vas a meter tu de cabeza.

 

-          Ya me conoces. – La sonrisa traviesa y el familiar gesto de los hombros hizo suspirar a Gendry. Si la diera una espada y la cortara el cabello podía transportarse cinco años al pasado y veía a la misma niña que atemorizaba a Pastel caliente.

 

 

 

Uno, dos, tres, cuatro… Arya contaba en voz baja el numero de golpes que daba Gendry desde el pozo. Cada dos golpes correspondía a un metro por lo que cuando llego a veinte el Baratheon debía haber bajado unos 10 metros. Al final pudo escuchar un fuerte sonido aunque no oyó el chapoteo del agua. Estaba a punto de gritar su nombre cuando la voz de este la llamo desde lo más profundo del agujero.

 

-          Todo bien. Tira la mochila. Con cuidado.

 

Sus gritos lejanos sonaban amortiguados al chocar contra las paredes del pozo. Despacio y con cuidado Arya dejo caer la mochila ayudándose del árbol. Solo cuando sintió que la bolsa no podía caer más deshizo el nudo. Por un momento pensó en que había roto la cabeza de Gendry pero la voz del muchacho la llamo desde lejos.

 

-          ¡Ahora tú! – fue lo último que le escucho.

 

Nymeria la miraba mientras se apretaba los guantes con las correas y se ataba bien las botas. Las orejas gachas y los ojos tristes la hicieron recordar el día en que tuvo que abandonarla. “Y otra vez lo hago” se dijo al tiempo que le acariciaba la cabeza.

 

-          Escúchame – la dijo alzándole la cabeza. – Quiero que vuelvas a Bastion Kar o a Invernalia. Busca el olor de Fantasma o de Sansa. No me importa cual, pero quiero que regreses. Estos bosques son peligrosos y tu manada no está aquí. ¿Me has entendido?. – La loba echo las orejas hacia atrás. – Espero que sí. ¡Ahora, ve! – la apremio.

 

Tan rápido la voz de Arya la incito la loba salió corriendo perdiéndose en la espesura. Los ultimo que escucho la muchacha fue el sonido de las ramas al partirse cuando el animal se escabullo entre los matorrales.

 

El pozo aunque no era precisamente estrecho la helo la sangre al apoyar sus manos en el borde de aquel agujero. La tierra endurecida y fría hasta sus entrañas la congelaba incluso antes de empezar a descender. El olor a moho casi la hizo vomitar pero Arya no se permitió el lujo; las pocas bayas y el pedazo de pan duro que tenía en el estomago era lo único que podría comer hasta dentro de varias horas. Los escalones de madera podridos por el tiempo y el agua crujían constantemente bajo su peso. Varios de ellos se deshicieron entres sus manos cuando se agarraba buscando desesperadamente un punto donde apoyarse. De haber habido rocas o raíces se hubiese sentido más segura, pero la oscuridad del pozo no la ayudaba a distinguir las formas inconexas que sentía a su alrededor. “Ya falta poco” se repetía una y otra vez cuando estaba a punto de perder el pie y caer al vacío. La voz de Gendry la llegaba amortiguada a pesar de que sabía que cada vez estaba más cerca. “No importa. Ya no puede quedar mucho. Solo un poco más, un escalón más – confiaba ciegamente en que el final del pozo estaba cerca aunque los músculos agarrotados de sus brazos la gritaban que descansara. Solo la voz de Gendry diciéndola que continuara la impedía parar. – Si me paro puedo caer” creía estar a mitad de camino cuando unas poderosas manos la agarraron de la cintura.

 

-           Bien hecho – rugió alguien a sus espaldas. – Pensé que bajar con la cuerda era complicado, pero por los siete infiernos estos peldaños son una trampa mortal. Toque varios a medida que bajaba y había sitios en los que no se podría apoyar ni el filo de una espada.

 

Arya respiro profundamente estirando todo lo que pudo los brazos. Gendry no se equivocaba, había tenido que dejarse caer dos veces a ciegas y solos sus dedos agiles la habían conseguido sostener de una muerte segura el tiempo suficiente para que sus pies buscaran el próximo escalón.

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