Fanfic Es
Fanfics en español

Nieve por yuukychan

[Comentarios - 42]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

Wenas!!! Muchas gracias por los comentarios la verdad es que saber que la historia gusta me anima a terminarla e incluso ha hacerla más larga. 

No se si los capitulos son muy largos o muy cortos pero espero que os guste 

Un temor más antiguo que el propio miedo a la oscuridad se apodero de ellos al encontrarse ante las puertas del otro mundo. Un enorme arciano blanco tan ancho como una torreta se alzaba inmenso ante el azul del cielo, pero en vez de tener aquel sabio y penetrante rostro de ojos rojos que los vigilaba lo que había era un gran agujero que se adentraba hasta el interior de la tierra perdiéndose en la oscuridad.

-          Dentro encontrareis quien os diga dónde encontrar la rosa del invierno, aunque yo no iría. Es mi último aviso, lady Stark.

-          Y yo ya os he escuchado, señor; aun así seguiré adelante con vuestra ayuda o sin ella.

Durante el descanso Arya consiguió hacer una pequeña antorcha utilizando el musgo y la sabia de los arboles que la rodeaban mientras que Gendry dormitaba y Manosfrias se mantenía a distancia siempre mirando en dirección al norte. “Deserto” fue el único pensamiento que se le cruzo por la mente cuando el hombre les dijo que su lugar estaba allí y no sobre la cima del muro, pero la pregunta que rondaba su cabeza era ¿Por qué? Porqué un hombre que parecía tan disciplinado abandono su lugar en la guardia. Su mente jugaba con mil ideas a cada cual mas descabellada. “Lobos” se dijo a si misma dejando que una de todas esas ideas fuera calando hasta el fondo de su razón.

Para cuando se pusieron de nuevo en marcha la antorcha que hizo era pequeña y su fuego no duraría mucho pero si rezaba porque ahora, enfrente de aquella oscuridad, no se la consumiera antes de llegar ante la persona que podía ayudarla. “El miedo hiere más que las espadas” se recordó la palabras de Syrio al poner el primer pie dentro de aquel agujero. Si la primera espada de Braavos no temió enfrentarse a la muerte con una espada de madera ella no lo haría ante la simple oscuridad. “Has comido con ella, vivido con ella e incluso has sido parte de ella. Ha sido tu amiga, cómplice y aliada; no lo olvides” se dijo a si misma pensando en su vida como Gata de los canales.

El silencio que se respiraba era sofocante aunque se agradecía el calor que proporcionaba lejos del continuo frio que calaba hasta en los huesos. Paso a paso notaban la presencia de miles de ojos a su alrededor y sin embargo solo podían percibir el vacio absoluto como si estuviesen en una cámara desierta. Descendieron hacia el interior de la tierra donde las raíces del árbol se abrían paso permitiéndoles pasar a través de sus estrechos huecos. Tras ella Gendry bufo al intentar pasar a través de una grieta el doble de pequeña que él. Aquello era imposible pensó la pequeña Stark pero sus ojos no la engañaban. A medida que ella avanzaba las raíces del árbol se abrían a su paso para permitirla pasar pero se cerraban inmediatamente al paso de su compañero.

-          ¡Mierda! – oyó que se quejaba entre dientes el antiguo aprendiz de herrero frotándose el hombro dolorido. - ¡Arya! ¡Arya!

-          Tranquilo estoy aquí – le respondió acercándose hasta la rama que los separaba.

-          Regresa y encontremos otra forma de entrar. Seguro que hay otra entrada cerca del maldito árbol.

-          No. – El antiguo aprendiz fue a decirla algo pero no le dejo. – Sabes que no hay otra entrada Gendry y no voy a echarme atrás. No ahora que la rosa del invierno esta tan cerca – susurro mirando a la oscuridad que tenía delante. – Ten – dijo entregándole la antorcha a través del agujero. – Te hará mas falta que a mí. Sal y enciende una gran hoguera.

-          ¡Espera Arya no vayas sola! Intentare volver a pasar. ¡Por favor espera!

Los gritos de Gendry quedaron atrás cuando la muchacha se encamino hacia la oscuridad total. No era capaz de ver ni el contorno de sus manos pero no la asusto. El hombre bondadoso la castigo una vez dejándola ciega por otorgar a alguien el don del Dios de muchos rostros, aquello era igual. Sola con sus propios sentidos comenzó a percibir ruidos y sonidos que antes no era capaz de escuchar. Los murmullos agudos a su alrededor avanzaban junto a sus propios pasos. El repiqueteo agudo se fueron volviendo palabras. Palabras inconclusas, desconocidas, pero otras le sonaban a su propia lengua.

-          Ya la queda poco. Como es posible. Que haremos con el grandullón – se decían unas a otras deslizándose a su alrededor.

“Grandullón” Los pelos de la nuca se la erizaron al pensar en Gendry solo. Atrapado en aquel maldito agujero con un desconocido fuera, los Otros alzándose cada noche y un montón de cosas extrañas dentro de la cueva.

-          Si tocáis a Gendry – su voz corto el aire al agarrar un fino brazo, como el de un niño, entre sus dedos – os mato.

Una manita temblorosa le clavo las uñas y soltó a su presa. Escucho el suave roce de unos pies alejándose de ella, corriendo por poner distancia entre sus manos y su vida. Debía haber sentido temor por no saber a lo que se enfrentaba pero la ansiedad era lo único que ahora recorría cada vena de su cuerpo. “Necesito la rosa y no parare hasta encontrarla” se repitió como si cada palabra de ese pensamiento la infundieran fuerzas a seguir en aquella oscuridad, a darse más prisa. Pero también porque alguien la esperaba. No podía dejarle solo en aquel infierno blanco.

Como surgida de la tierra a lo lejos se veía una tenue luz que iluminaba el túnel por el que descendía. Las raíces blancas del arciano serpenteaban sobre su cabeza como serpientes buscando el calor que emanaba de aquel lugar. Difuminadas en las paredes podía percibir el movimiento de extrañas sombras que se iban aproximando a la luz, retándola a seguirlas. A medida que avanzaba la luz iba desapareciendo como si alguien la cerrase tras una puerta de tierra y corteza. Miro hacia atrás una última vez y solo la oscuridad le devolvía la mirada.

-          Si pensáis que me echare atrás estáis muy equivocados. – Sin dejar a su mente pensar en los peligros que podía haber tras aquella puerta se lanzo a la carrera. Solo faltaba una rendija cuando atravesó aquella hendidura chocando de frente con aquella luminosidad.

Nada. Tanto tiempo en la oscuridad le había dejado ciega. Veía puntitos blancos y dorados sin llegar a distinguir nada de lo que la rodeaba. Se froto los ojos sintiéndose en peligro y noto el filo de una punta contra su garganta.

-          ¿Quién eres? – La voz de la mujer sonaba suave aunque eso no significaba que fuera débil. La presión del arma ante su silencio se lo dejo más claro que cualquier amenaza.

La posición del filo, el tacto, su forma. “¿Una espada? No. Un tridente – se dijo convencida la Stark intentando calcula la longitud de su púa central. ¿Pero qué hacia un arma de agua tan lejos de mar o los pantanos? – Y eso que más da. Puede atravesarte la garganta de un solo movimiento. ¡Adelántate a ella y mátala! – la decía la parte de su cabeza que siempre buscaba sobrevivir” Estaba a punto de hacerse con el arma o morir en el intento cuando la voz de alguien que jamás creyó volver a escuchar la inmovilizo cuando empezaba a descender la mano.

-          Alguien que podría matarte si no bajas el arma, Meera.

-          ¡Bran! – dijeron ambas muchachas a la vez.

El golpe de Arya pillo desprevenida a la chica lanzándola junto a su arma a un lado. Al abrir los ojos, todavía veía borroso, pero distinguió una enorme raíz blanca como la nieve de donde salían el resto y en su centro estaba el rostro de Bran. La sorpresa por encontrar a su hermano dio paso al miedo al ver lo que había sido de él. Arya no reconocía el cuerpo del niño con el que había jugado en Invernalia.  La parte de arriba era la de un joven bastante delgado pero bien formado. Su pecho, sus brazos, todo era parte del mismo ser, pero sus piernas, su cintura, toda su parte inferior se confundían con el árbol hasta perderse dentro de él. Su rostro también había cambiado, era más maduro, más afilado, con una pelusa que se había hecho barba recorriéndole el mentón y las mejillas, pero los ojos eran los de siempre. Eran los de Bran.

-          ¿Bran? – repitió Arya pero el tridente de la muchacha volvía a interponerse entre ellos.

-          No te acerques más. – No hacían falta más palabras.

-          ¿Quién demonios eres? - la inquirió Arya harta de ver aquel filo tan cerca de ella.

-          Soy Meera Reed y sirvo a la casa Stark. Al príncipe Brandon de la casa Stark – la contesto la muchacha recalcando el nombre de su hermano. Era bajita para ser una muchacha de veintitantos años calculo Arya, pero era guapa. Se recogía el pelo en una trenza que le llegaba hasta la mitad de la espalda y vestía unos pantalones negros y una camisa de lana basta que seguro no eran suyos. “En el norte hay muchos cadáveres que murieron vestidos, pero… Manosfrias” pensó en el hombre que había dejado a la entrada del árbol.

-          Tranquila Meera déjala que se acerque. Es mi hermana Arya. – La muchacha se echo a un lado sin dejar de desconfiar de la desconocida de ojos grises que la miraba directamente a los ojos.

-          Bonitos pantalones – la susurro una vez la dejo unos cuantos pasos más atrás haciéndola enrojecer, no sabía si de furia o de vergüenza o tal vez de ambas cosas. Ante ella estaba el rostro de su hermano mirándola. Sus ojos se posaban en cada parte de su cuerpo como si intentara descifrar algo que no entendiese. Al final la sonrió.

-          Has crecido poco – bromeo el muchacho aunque su voz no sonaba precisamente alegre.

-          No soy la única – el tono de tristeza de su voz no paso inadvertido para nadie. La dolía ver a su hermano en aquel estado y no entendía como había llegado a ser parte de un árbol. – ¿Bran que has hecho?

-          Buscar un futuro como hiciste tú. Pero yo no podía ser caballero, ni herrero, ni panadero. Era Bran el roto, Bran el inútil y ahora soy Bran el arciano. Soy el cuervo de tres ojos que puede ver todo, incluso donde está la rosa del invierno. – Los ojos de su hermana se clavaron en él. – La tienen los Otros.

-          ¡Bran! – aturdida Arya cayó de rodillas. ¿Cómo podría conseguir la rosa? ¿Y ayudar a sus hermanos, no solo a Jon, sino también…?

Sorda a los murmullos, a los sonidos que había a su alrededor, a las palabras gentiles de la muchacha solo podía escuchar el creciente palpitar de su corazón. “He llegado tan lejos…” La sensación de impotencia la recorría, no se sentía con fuerzas para levantarse, ni siquiera para volver a casa. “No quiero volver a un sitio en donde no esté Jon para decirme hermanita o… - miro a las manos de su hermanito – donde no esté él para llamarme lianta mientras corre detrás de mi agitando esas manos” Se mordió el labio como cuando era pequeña deseando que su padre solucionase todo como siempre hacia.

Por fin la voz de Bran atravesó aquel muro de angustia.

-          La reina de los Otros no es como esos seres que andan por ahí fuera, se parece más a…

-          Lo sé – le corto Arya levantándose de repente. Las lagrimas que le amenazaron con salir ya no estaban solo la sangre del labio que se limpio con el puño. – Bien pues ese cabrón me llevara y después tú te vendrás a casa.

-          Ya estoy en casa Arya. Este – dijo alzando las manos a la cueva iluminada donde hombrecitos del tamaño de niños se movían a sus anchas nunca sin acercarse a ellos – es mi hogar. Los niños del bosque se han convertido en mi familia.

-          Familia. Familia es lo que has perdido. Lo que esta maldita guerra nos hizo perder. Pero eres un lobo, Bran, y un lobo tiene que estar con su manada. Jon, Sansa, Rickon, yo… - le tendió la mano – todos te esperamos.

Bran miro a Meera. La muchacha aunque callada se mostraba ansiosa. “Quiere volver a casa. Pero y yo. Realmente puedo volver” Se miro reflejado en los ojos grises de su hermana. Estaba tan unido al árbol que ya no veía ni sus piernas. ¿Y si se iba? No volvería a ser Brandon “el roto”.

-          No puedo volver Arya. Ya no. Pero Meera y su hermano deben regresar contigo – Su rostro se volvió hacia el de la chica. – Este no es vuestro lugar.

-          Ni el tuyo. Bran aquí no está tu familia – le respondió tercamente la chica loba.

-          ¿No? Y entonces que soy yo.

Si con la voz de Bran a Arya se le paro el corazón con los susurros casi inaudibles de su madre se le congelo. Al darse la vuelta vio a Lady Catelyn como en uno de sus sueños de lobo, como el día en que saco su cadáver del rio y le lamio el rostro esperando que se levantase. Su rostro blanquecino y demacrado, translucido y a la vez colgando de los huesos eran lo único que la sostenía. Los mechones grises que crecían de su calva encuadraban un rostro que a pesar de su siniestralidad la miraban con una ternura que Arya no recordaba haberla visto en Invernalia. A su lado un muchacho bajito de extraordinarios ojos verdes la observaban tranquilo como si ya supiese de su llegada y tras él apareció el lobo de Bran, una enorme bestia tan grande como Nymeria y algo más pequeño que Fantasma. Los ojos del animal se clavaron en Arya olisqueándola desde donde estaba mostrándole los colmillos. El gruñido de su garganta murió al notar en aquella extraña el olor olvidado de una hermana, de una familia, de una camada.

-          Madre. – Los brazos de la mujer rodearon a Arya por los hombros. Bajo la capa que cubría el cuerpo de su madre la muchacha podía notar cada uno de los huesos pegados a la piel. – Pensé que habías muerto – fue lo único que pudo decirla inmóvil ante aquella muestra de afecto. No era capaz de abrazarla, de tocarla, hasta se sentía incomoda entre aquellos brazos. “Llore por ti. Cuando viaje con el Perro llore por ti. Quise entrar a rescatarte pero el Perro me lo impidió” quiso haberla dicho pero no era capaz.

Jojen se adelanto hasta ellas y ante el gesto sutil de la cabeza de la mujer se dirigió a Arya mientras Verano se sentaba a los pies de Bran lamiéndole la mejilla.

-          El sacerdote rojo la trajo de vuelta y ayudo durante la guerra, pero cuando acabo su sitio era estar al lado de su hijo como quiso estar en vida. Y ahora también puede estar a tu lado si te quedas.

-          Si… me… quedo… – repitió Arya mezcla de confusión y enfado separándose de su madre. – Bran no debe estar aquí. Ninguno de vosotros debería estar aquí. Nuestro sitio está en el norte – meneo la cabeza confusa a la vez que su madre se ponía junto a su hermano. – Nuestro sitio está en Invernalia con los demás. Con Jon, con Sansa y Rickon.

Los ojos de Lady Catelyn se abrieron y las fosas de su nariz aletearon al escuchar el nombre de Jon. A Arya no la hubiese hecho falta que Jojen le dijera lo que pensaba su madre, pero el muchacho se lo dijo.

-          Tu madre no quiere que Bran vaya a Invernalia donde ese usurpador les ha quitado el puesto que les pertenece a tus hermanos por derecho.

-          Jon no es el hijo de mi padre. Era su sobrino.

-          Los sabemos – dijo Jojen. – Nos enteramos por Bran. Él, de alguna forma que no comprendemos puede ver a través de los ojos de los arboles corazón, estuvo observando el día que le coronaron pero…

-          Jamás… permitiré… que Bran… vuelva con ese… advenedizo. Rob… autentico… rey – la interrumpió su madre acallando ya de por si la voz suave del muchacho. Los susurros de Catelyn atravesaban a Arya como puñaladas.

¿Cómo era posible? A pesar del tiempo, de la distancia, de aquella maldita guerra; su madre seguía odiando a Jon. No importaba si era un bastardo, un advenedizo o simplemente lo que era realmente, su sobrino. Murió odiándolo y viviría el resto de su vida odiándolo todavía más por ser el rey de Poniente, algo que no consiguió Rob.

Decidida como nunca antes Arya alzo el mentón y se enfrento a los ojos muertos de su madre.

-          Me da igual si sigues odiando a Jon porque creas que era el hijo de mi padre cuando resulto ser el hijo de Lyanna y el Targaryan. Ahora Jon es el rey y necesita mi ayuda. Así que cuando encuentre la rosa del invierno me iré con ella y con mi hermano a casa. Te guste o no. – El sonido de la bofetada resonó como un eco por toda la cueva. Incluso Bran se intento levantar al ver la rojez que poco a poco se iba amoratando en el rostro de su hermana y Verano gruño a la mujer. Aun así Arya no dijo nada sino que clavo los ojos en los de su madre y con la cabeza bien alta la susurro para que solo ella le oyera. – Solo eres un cadáver. Debí dejar que los lobos te comieran al menos tu alma habría descansado.

La mejilla inflamada de Arya todavía le latía cuando salió de la cueva jurándole a Bran que por la buenas o por las malas se iría con ella, que volverían juntos a casa. El silencio de su madre la decía todo lo contrario. Cada aleteo de su nariz parecía susurrarle que aquello sucedería por encima de su cadáver.

Afuera, a la entrada del árbol, Gendry había encendido una fogata que mantenía alejados los aullidos infernales de los Otros. En la creciente oscuridad que se iba acercando podían distinguir unos cuantos pares de ojos mirándolos escondidos entre las sombras más oscuras. De espaldas y cerca de ellos pero apartado del fuego Manosfrias sacaba filo a su espada en un constante rechinar que sacaba chispas a su espada.

-          Lleva así desde que he salido – le dijo Gendry tendiéndole un pedazo de conejo. – Hay buena caza pero le he ofrecido y dice que no tiene hambre. – Se encogió de hombros el muchacho cuando Arya miro el resto del animal que seguía cocinándose.

-          Me parece bien ¿Y tú? – pregunto a la oscuridad mordisqueando la corteza crujiente del conejo.

-          ¿Arya? – Gendry se quedo sorprendido al ver a una muchacha salir con un tridente en la mano y una red en la otra.

-          Como sabías…

-          Respiras fuerte en las subidas y en cada obstáculo cambias el ritmo de tus pisadas – le corto la Stark tirando al fuego los restos del conejo. – Por cierto Gendry esta es Meera Reed. Meera este es Gendry Baratheon. Puedes sentarte. La noche se aproxima y no saldremos hasta el alba.

El crujido de la nieve bajo sus pies alerto a Manosfrias de que alguno de los chicos se acercaba. Sin preguntarle Arya se dejo caer a su lado y le quito la piedra de amolar que descansaba en su regazo. No le dijo nada más ni se movió solo espero a su lado desenvainando la daga que llevaba en la cintura, afilándola con cuidado, esperando a que el sol desapareciera al otro lado de las copas de los arboles. Los minutos pasaban en aquel intenso silencio sin que ninguno de los dos dijera nada. Manosfrias se dedicaba a verla afilar una y otra vez aquella arma con tanta parsimonia y meticulosidad que sabía que aquel filo cortaría hasta las piedras. Alzo la cabeza cuando el sintió ese frio que le recorría por las venas acercándose a ellos.

-          Ya vienen – susurro sin darse cuenta de que no solo hablaba en sus pensamientos. – Deberías ir junto al fuego. Es peligroso quedarse aquí.

-          ¿No deberías acercarte tu también?. – Las chispas saltaban iluminando sus manos antes de ir a morir en la nieve.

-          Yo estaré bien. ¡Ahora ve!. – Se estaba impacientando por momentos al ver las sombras que se acercaban.

-          Solo iré si me respondes a una pregunta… tío. – Las manos del hombre se tensaron sobre su espada y su espalda se quedo tan rígida como un árbol. Arya pensó que no le respondería, que su silencio la obligaría a marcharse antes de que aquellos ojos azules se acercaran más a pesar de su miedo a la luz. Le miro desafiante. Estaba dispuesta a aguantar todo lo que pudiera.

-          ¿Cómo? – fueron al final las palabras de su tío cuando dejo reposar la espada entre sus manos.

-          Esta mañana cuando me encontraste. Dijiste que era la primera vez que veías una loba perdonando a su presa. ¿Cómo sabias que era una loba tío Benjen?

-          Tu padre decía que mi bocaza me perdería – se rio el hombre con aquella risa llena de melancolía y oxidada que tenían los viejos al final de sus días.

-          ¿Y fue tu bocaza lo que hizo que te convirtieras en esto? – Arya le echo la capucha para atrás sin que él lo impidiera. Lo hizo lo suficiente para que solo ella pudiera verle los ojos. Unos ojos azul cristalino que la miraban llenos de tristeza. – ¿Te lo hizo esa a la que llaman la reina de los Otros? – El hombre asintió. – ¡Bien! Pues prepárate para reencontrarte con ella. ¡Mañana me llevaras! – dijo levantándose y sacudiéndose la nieve de la capa.

-          Arya no… no permitiré que la hija de mi hermano corra semejante peligro.

Ni siquiera lo pensó cuando acerco la daga de vidriagon al cuello del que fue su tío. El filo brillaba con los primeros rayos de la luna dejándola ver las venas azuladas que recorrían su cuello, tenia medio cuerpo sobre él y sus ojos clavados en aquellas profundas aguas cristalinas. “Ya no son grises, ya no son los ojos de un Stark del norte. Simplemente no son humanos” Susurrando para que los demás no la oyeran se encaro con él.

-          Jon necesita la flor que ella guarda. El mismo chico al que tu le llenaste la cabeza de tonterías sobre el honor y la vida en la guardia de la noche. Podría haber tenido un futuro en Invernalia, Rob le hubiera dado tierras a pesar de que fuera un bastardo, para él era tan hermano como Bran y Rickon pero tu tuviste que aparecer. ¡Maldije el momento en que llegaste aquel dia a la fiesta y te lo llevaste! ¡Mi padre debería haber cerrado sus puertas. A ti y al bola de sebo Robert! Solo nos trajisteis la desgracia. – Deseaba cortarle el cuello. La mano le temblaba ansiosa por ver si aquel monstruo al que llamó tío todavía tenía sangre en las venas, pero se controlo. “Una asesina sin rostro no muestras sus emociones” se recordó. Tras respirar un par de veces logro hablar de nuevo calmada. – ¿Lo sabías? Sus hermanos, sus propios camaradas casi le mataron. Y tu dónde estabas ¿eh? Para ser un cadáver andante piensas bastante bien y te mueves mejor, y aun así no volviste a ayudarle. Acaso temías por tu vida. – El filo del cuchillo no llego atravesar más de un milímetro de piel pero Arya creyó ver como una gota de sangre negra deslizarse por su cuello hasta perderse en el interior de la túnica y la piel se quemaba en el contorno de la herida. – Si mañana al alba no me llevas donde ese demonio, óyeme bien querido tío, el fuego será lo que menos te preocupe.

Al levantarse la daga ya había desaparecido de sus manos y descansaba escondida en alguna parte de sus mangas. Los bostezos tranquilos de Gendry y las risas nerviosas de Meera la esperaban junto a la hoguera. La ira y la rabia que sentía contra su tío se la guardo para quemarla junto al fuego. Lo necesitaba. No podía dejarse llevar por sus impulsos y discutir con él como lo había hecho con su madre. “Que los Otros se lo lleven” maldijo entre dientes acurrucada junto a la hoguera sin apartar la vista de él. La llevaría ante la reina o ella misma acabaría con su vida, fuese la que fuese.

El alba los sorprendió despiertos y preparados. El camino no era largo pero el peligro no andaba lejos de su destino.

-          Deja las cosas aquí y llévate lo indispensable. Tus armas y comida. Pasareis frio pero más vale que puedas correr si es necesario – le aviso Manosfrias a Gendry cuando le vio cargar con la mochila. Este miro a Arya y la chica asintió, en cuanto tuvieran la rosa lo demás seria correr. Correr de vuelta a por Bran; correr de vuelta al muro; correr de vuelta a Bastion Kar.

El camino por el que les llevo el extraño era más fácil de seguir que el que recorrieron para llegar hasta Bran. La nieve apenas alcanzaba un palmo e incluso en ocasiones desaparecía de forma temporal bajo la maraña de copas entrelazadas que les hacía perder de vista el cielo. A medida que avanzaban la montaña del norte, la misma por la que habían bajado Arya y Gendry se acercaba más a ellos, por un momento la muchacha creyó que les estaba llevando de vuelta para que volvieran a casa, pero unos metros más adelante vio como la dejaban atrás y se adentraban todavía más en el espeso bosque. Siguieron el invisible camino que les indicaba aquel ser hasta llegar a un rio de aguas congeladas. A sus orillas el agua intentaba fluir formando barrizales de donde los animales parecían beber y comer los escasos hierbajos que crecían. El sonido de sus pisadas alerto a los ciervos que pastaban tranquilamente. Arya no supo si aquellos animales eran los mismos a los que ella había asustado o simplemente eran otros. “Tuve que hacerlo. De gente confiada y bondadosa están los cementerios llenos” pensó al verles correr escondiéndose entre el bosque.

-          No eran tus ciervos – le susurro su tío al pasar junto a ella.

Siguieron el curso del rio durante un par de horas hasta que llegaron a un cruce. El rio estaba formado por el agua de dos montañas distintas unidas en su centro por un valle que se perdía de vista. Sin hablar ni avisar a lo demás, solo esperando que le siguieran, Manosfrias condujo al alce por lo que debía ser un vado cuando el rio se descongelaba. Jon la había dicho de pequeña que al otro lado del muro el agua de los ríos se descongelaba solo durante dos meses, en los que más calor hacia, pero que ni siquiera los salvajes sabían cuales eran. Pero que cuando lo hacía cambiaba la estación.

-          Acaso no es como aquí. Que tenemos años de verano y años de invierno – le preguntaba a su hermano dejando de lado los bordados que tan mal la salían.

-          No. Allí siempre es invierno. El invierno duro o el invierno clemente que solo dura dos meses o a veces un poco más – le sonreía Jon revolviéndole el pelo.

-          ¿Y eso de que te vale aprenderlo Arya? – la regañaba su hermana con aquel aire de dama de alta cuna cuando no había cumplido ni los nueve años. – Además aquí también siempre hace frio, aunque sea verano. – Sansa hacia un mohín con la boca siempre que pensaba en la capital del los siete reinos. – Que envidia me dan los habitantes de Desembarco del rey. Sus veranos son calurosos, los vestidos que usan sus damas son vaporosos de suave seda y lino, incluso las campesinas pueden disfrutar de esos días de sol. Y los caballeros… – la mayor de las Stark se dedicaba a soñar hasta que Arya la estropeaba sus fantasías.

-          Los caballeros huelen a sudor por estar todo el día chorreando dentro de sus armaduras, las damas se tiran pedos como los demás incluso con esos bonitos vestidos y la ciudad huele como un millón de porquerizas.

-          ¡Maldita seas Arya! Siempre tienes que hablar de más.

Siempre conseguía que Sansa se fuera llorando o quejándose a los brazos de su madre. Eso era lo más divertido que podía hacer cuando la tocaba clases de bordado y la Septa las dejaba solas por un momento. “Pero me pasaba mucho con ella” La sonrisa que afloro en su rostro desapareció al cruzar el hielo. No debería romperse pero nunca estaba de más ser cauto. Bajo sus pies nada se movía, pero eso no significaba que alguna de las capas no estuviese realmente congelada o que el hielo se estuviera deshaciendo. Al llegar a la otra orilla Arya, como el resto, pensó que cruzarían el otro rio, pero su tío los llevo por aquella lengua de tierra hacia el norte, siempre caminaban hacia el norte. Aunque estrecha a primera vista, aquel pedazo de tierra se iba haciendo más grande a cada kilometro que avanzaban. Dejaron atrás la playa rocosa por la que habían llegado al atravesar el rio y se adentraron en un frondoso bosque alimentado por los dos ríos. Cientos de ojos los observaban y salían volando cuanto más se acercaban para volverse a posar unos metros por delante. Solo los cuervos se mantenían quietos, observándolos y graznándoles.

El sol empezaba a ponerse tras el cielo cuando Manosfrias paro de repente.

-          ¿Por qué nos paramos? – espeto Gendry desconfiado.

-          Contra más al norte, antes anochece y antes amanece. Si no paramos ahora, esta noche acabareis muertos.

-          El sol…

-          Volverá a salir mañana – le atajo Arya. – Busquemos leña y… he visto unas bellotas por allí, a un par de metros. Vienes, Meera. – Sin dar tiempo a nadie a responder retrocedió sobre sus pasos.  

Meera la siguió en silencio dejándose llevar por sus propios pensamientos. Había decidió ir con ellos cuando vio a Arya enfrentarse a su madre y jurar que se llevaría a su hermano de vuelta a casa. Allá donde fuera Bran ella le seguiría. Su hermano y ella habían encadenado su vida a la de aquel chico, pero eso no significaba que no tuviera sueños propios. Soñaba con vivir junto a Bran en un castillo, tal vez pasear a caballo, volver a ver a su padre, decirle todo lo que había hecho ese tiempo. Explicarle cómo era capaz de cazar varias perdices de una sola vez o en cómo hacer trampas en arboles tan grandes como casas, decirle que Bran era una parte muy importante de su vida y que quería, quería… ahí era donde sus sueños se acababan. “No eres más que una comeranas que se ha pasado cinco años al otro lado del muro. Quien querría una… chica así” se decía a si misma una y otra vez.

La sonrisa triste que se dibujo en sus labios no paso desapercibida. Arya la observaba a su lado con la mirada perdida en el mar tormentoso que tenían que ser sus pensamientos.

-          ¡Suéltalo!. – Meera levanto la cabeza confusa. – Esos pensamientos que te rondan la cabeza. Suéltalos antes de que nos encontremos con los Otros. No quiero que seas un estorbo porque tu mente este lejos de tu cuerpo.

-          ¿¡Estorbo!? ¡Eres una bruta animala! – la grito.

-          ¿Y qué? Acaso me considerabas una dama – la contesto alzando una ceja.

-          Se supone que eres la hija de Lord Eddard Stark y Lady Catelyn Tully. – Arya alzo todavía más la ceja y se echo a reír dejando caer algunas de las bellotas que estaba recogiendo. - ¿De qué te ríes?

-          Soy más loba que pez. O más bien, más animal que persona. – Resoplo. Agachada recogiendo las bellotas se dio cuenta de lo mucho que hacía que no reía. Más tranquila estaba a punto de preguntarla que rondaba por su cabeza cuando Meera se la adelanto.

-          ¿Y eres feliz? Quiero decir… te quieren así.

-          No. – La respuesta la salió sola. Tan simple y sencilla que incluso a ella la extraño. Pero… ¿para que guardárselo? – Mi madre intento hacer de mi una dama. Está visto que no lo consiguió – sonrió – mi padre… bueno. Siempre pensó que el tiempo y la edad me harían más femenina. En eso no se equivocaba, soy una chica, pero también lo son las campesinas y eso no hace de ellas damas – dijo alzando el dedo como si estuviera bebiendo té igual que lo hacia su hermana. Meera no pudo evitar reírse al verla. Cuando la risa aminoro Arya siguió hablando. – Pero hay alguien que siempre me quiso así. No le importaba si prefería cazar y montar a caballo que aprender a cantar y coser. Jugaba conmigo a “entra en mi castillo” y me dejaba ser un soldado más o incluso el temible monstruo, y cuando me manchaba de barro hasta la cabeza e iba corriendo hacia él me alzaba y me abrazaba a pesar de que acabara de cambiarse y de asearse y que ya no tendría tiempo, además de que le regañarían y seguro que más que a mí. – Suspiro – Me quería tal y como era, con todos mis defectos.

-          ¿Quién era? Tu padre. Espera, me has dicho antes que no, entonces… - dudo –  tú hermano, Rob.

-          No. Rob me quería, pero se llevaba mejor con Sansa. Desde pequeño tenía muy asumido que sería el señor de Invernalia y tenía que relacionarse con damas más elegantes y finas que yo. Yo siempre andaba sucia, con el vestido roto y el pelo lleno nudos. – Silencio. Sus labios esbozaron una sonrisa triste. – Era Jon. Los maestres dijeron que le daban una semana, dos como máximo. La primera semana se va a cumplir y por eso no volveré sin esa maldita rosa.

-          ¿Y qué ocurrirá si…? – La daga de Arya atravesó el aire hasta clavarse cerca de su pie. Una serpiente albina, o dragón de las nieves como se llamaba allí en el norte, se había deslizado enroscándose a su tobillo sin que se diera cuenta. El veneno que salía de su boca era tan mortal como las de las serpientes de la arena.

-          No será la primera serpiente que muera. Escucha – dijo agarrándola de la muñeca – el problema de mis hermanos, de ambos, tiene cura. En Braavos hay gente capaz de hacer que las personas anden. No me importa que pensamiento se te pasan por la cabeza. Si quieres a mi hermano, si te importa aunque solo sea un ápice, permanece viva. ¡Entendido! – Las mejillas de Meera se ruborizaron. ¿Sería por el frio o por su hermano? La verdad es que ni la importaba. Fuera lo que fuese esperaba que la mantuviera con vida. “Ella no es mi prioridad” pensó soltándola para recoger algunas bellotas más.

El sol desaparecía cuando llegaron al campamento aunque todavía quedaba bastante claridad. El pequeño claro donde habían dejado a los demás estaba vacío, no se veían huellas ni pisadas recientes. Arya dejo caer las bellotas dejándolas desperdigadas por el suelo mientras corría preocupada dejando atrás a Meera. Al no ver a Gendry, ni una hoguera ni nada su mente se temió lo peor y pensó en su tío. En su piel pálida y sus manos negras, en sus ojos sin vida cuando la miraban.

“Es uno de ellos y los he dejado a solas – se recrimino. Temblaba de arriba abajo como una hoja sin poder controlarse. Su mente intentaba buscar una solución a los gritos que sentía en su cabeza. – ¿Y si esta muerto? ¿Y si..? ¿Y si es uno de ellos?”

Una arcada la obligo a encogerse sobre su estomago; si se derrumbaba ahora, si lloraba por Gendry, no podría levantarse de nuevo. Meera llego a su lado sin aliento preguntándola con la mirada, no entendía tampoco nada y eso la asustaba. La intento agarrar del hombro pero la loba se la sacudió. Ciega ante todo, Arya desenfundo la daga sin saber qué hacer con ella. Estaba a punto de gritar el nombre de su tío, el de su compañero o simplemente gritar hasta quedarse sin alieno cuando unas cuantas hojas cayeron sobre sus cabezas. Ajena a todo fue Meera quien la dijo que mirase. Al levantar la vista se encontraron al ex aprendiz de herrero sentado sobre la rama de un árbol intentando no perder el equilibrio.

-          Siempre he sido un chico de ciudad – las sonrió saltando al suelo con ellas. El abrazo de Arya le pillo desprevenido. La sintió temblar bajo su ropa, apenas unas sacudidas que duraron el tiempo justo en que él la abrazo. – Tranquila – la susurro acariciándola el cabello. Al igual que el abrazo el golpe en las costillas no lo vio venir.

-          ¡Eres un imbécil! ¡¿Dónde está la hoguera?!. – El miedo que había sentido por él, por perderle dio paso a la vergüenza y a la ira. ¿Cómo se atrevía a tranquilizarla como a una chiquilla? Peor. Como a un dama indefensa. A ella. Ella que llevaba una daga en la mano.

-          ¡Estás loca! ¡Estas como una puta regadera! – la grito sujetándose las costillas. El dolor le había enrojecido el rostro o eso era lo que prefería pensar. A pesar de las punzadas todavía sentía el calor de la muchacha pegado a su cuerpo.

-          Eso no es nuevo, ya lo sabías. Ahora, ¿dónde está el fuego? – le volvió a preguntar. Aunque no saliera Arya podía escuchar la risilla ahogada de Meera a su lado.  

-          Manosfrias me dijo que nada de fuego. Si los Otros ven el humo o las llamas la reina sabrá que estamos aquí. Dijo que subiéramos a los arboles y rezásemos porque nuestro calor no les atrajera.

-          ¿Con el calor les atrae? – repitió Arya en voz alta pensado para sí misma. Aquello tendría que ser una ventaja o al menos conseguir que lo fuera.

-          Es verdad. - Meera se agacho para recoger unas cuantas bellotas y se las metió en el bolsillo. Cuando se levanto vio que ambos la miraban. – Llevo años en este mundo congelado. No siempre he podido cazar de día y muchas veces me ha pillado la noche. Las primeras pude refugiarme en cuevas y grutas y protegerme con fuego pero una de ellas me pillo en medio del bosque y tuve que refugiarme entre los árboles. Aunque pueden andar, esos demonios helados son incapaces de trepar.

-          Bien. Pues a los arboles. Yo hago la primera guardia. – Al igual que Meera, Arya recogió unas cuantas bellotas y corto el trozo de carne seca que llevaba en tres partes. – Dejarlo para la noche. Rumiarlo os mantendrá despiertos.

Con todo decidido y la luz desapareciendo por instantes los chicos se subieron a los arboles. Arya y Meera con lo delgadas que eran podían esconderse en cualquiera de los robles por lo que dejaron a Gendry el único arciano que habían visto. Las capas que les había dado Mikke era de color marrón rojizo por lo que entre aquella mata de hojas rojas como la sangre que coronaban al árbol Gendry pasaría desapercibido. Antes de subirse Arya le dio una cuerda sin poder evitar la sonrisa burlona que dibujaba su rostro.

-          Ya te he dicho que me crie en la ciudad no entre salvajes como tú. – A pesar de sus palabras la sonrisa no desaparecía. - ¡Bah! Déjame en paz – bufo cogiéndole la cuerda antes de marcharse.

Meera ya estaba escalando el árbol pero Arya seguía quieta en el sitio. No dejaba de preguntarse dónde estaba Manosfrias y si podía fiarse de él. Gendry la había dicho que había ido a buscarla pero de eso hacía ya una hora. “Y si me ha traicionado” Las dudas la recorrían por dentro pero no podía esperar más, los murmullos de su amigo la apremiaban y el bosque parecía despertarse ante la extraña oscuridad.

-          Ya vienen – susurro casi para sí deslizándose veloz hacia el árbol sin hacer ruido.

Ligera como el aire sus manos recorrían rápidamente los surcos de la corteza hasta subirla a una de las ramas más altas. Desde allí podía ver todo lo que sucedía en su claro aunque no podía distinguir ya la silueta de sus compañeros. Arya volvió a preguntarse dónde estaría su tío cuando al fin lo vio salir de entre los arbustos y quedarse escondido entre ellos. La luna enmarcaba su rostro cuando su mirada se poso en ella. De haber seguido vivo sus ojos la mirarían aliviados, pero aquellas cuencas cristalinas no eran capaces de expresar nada. “Ni siquiera miedo” pensó al recordar cómo sus ojos simplemente mostraban indiferencia cuando ella le amenazo con la daga. “Lo que te asusta de ellos son lo parecidos que son a los tuyos – le dijo una parte de ella que enseguida volvió a desterrar a su interior. Era cierto. Fueron parecidos a los suyos pero el día en que vio a Jon tumbado en la cama. – Sentí…“

-          Miedo

 

 

 

 

 

Notas finales:

Y hasta aqui el capitulo de hoy. Ya me direis que os ha parecido.

Usted debe login (registrarse) para comentar.