Fanfic Es
Fanfics en español

Nieve por yuukychan

[Comentarios - 42]   Tabla de Contenidos

- Tamaño del Texto +
Notas:

Bueno aqui os dejo otro capi y no seais crueles y comentar

-          Jon – susurro con un hilo de voz. No podía ser él, se negaba a creer que fuera él. “Dudabas de que saliera en tu búsqueda, niña tonta. Es Jon. El mismo que se enfrentaba a Eddard Stark para defenderte a pesar de ser un bastardo” le decía una parte de ella.

 

Torpe por el frio Arya salió a la carrera hacia donde había escuchado los rugidos. Nada. El eco del bosque la daba pistas falsas que la enviaban cada vez más lejos. La daba igual si se encontraba con un oso, un gato montes o un mismísimo cadáver viviente, tenía que encontrar a Jon, no iba a dejarlo solo. Las ramas y matorrales congelados la golpeaban como latigazos al pasar entre ellos arañándola los brazos con los que se protegía. La presencia a su lado de Nymeria la tranquilizaba. La loba corría a su lado mirándola, preguntándola con aquellos oscuros ojos. ¿Qué estas haciendo?

 

Arya se paro en seco. Sintió de golpe todo el cansancio, pero lo ignoro. Desesperada cogió la cabeza de Nymeria entre sus manos.

 

-          Busca a Jon, Nymeria. Por favor busca a Jon. El olor de Fantasma esta en él. Por favor encuéntralo; sé que puedes – la suplico.

 

La loba echo las orejas para atrás olfateando el aire. Una ráfaga fría se llevo unas cuantas hojas que bailaban por el aire y de pronto la loba se puso a correr por delante de Arya. Saltaba y zigzagueaba entre los arboles perdiéndose por momentos de vista. Asustada por perderla Arya corrió todo lo que pudo tropezándose con una raíz que sobresalía de la tierra. El dolor al caer de rodillas la recorrió el cuerpo sacando de su boca un quejido. Las lágrimas presionaron sus ojos sin llegar a salir, algo más había llamado su atención distrayéndola del dolor. Era un ruido sordo e irregular, pero sonaba metálico. “Jon” fue el único pensamiento que se la cruzo por la cabeza. El rugido del animal no se hizo tardar pero esta vez era diferente. Aquel le conocía; estaba segura de que era Nymeria. Ignorando el dolor se levanto. Su loba estaba cerca y eso significaba que Jon también.

 

Solo unos metros más adelante tras un muro de arboles centenarios Jon luchaba contra el enorme animal que se lanzaba una y otra vez contra él. Jon conocía ese juego. El animal no le estaba atacando en serio, solo estaba jugando con él, cansándolo; para después cuando ya no pudiera moverse matarle de una vez. Ya lo había intentado en dos ocasiones. La primera la vio venir, sus ojos se lo decían; pero la segunda había sido distinta. Le había engañado al rodearle y aprovecho para atacarle por detrás. Un movimiento certero desde abajo y le pudo herir una de las patas, pero le había costado caro. La mano se había cruzado con uno de los colmillos de la bestia y había perdido a Garra. La espada voló unos metros lejos de él perdiéndose entre la nieve, dejándole entre los arboles y el lobo sin más armas que su otra mano desnuda.

 

El olor a sangre excitaba al animal, solo el dolor en la pata lo incitaba a ser cauteloso con aquella presa.  El lobo no dejaba de dar vueltas a su alrededor, incluso con la herida de la pata no dejaba de moverse. Jon supo que estaba a punto de atacarle. Esos ojos amarillos le estaban controlando para saber por donde atacar. Busco a su alrededor alguna piedra, rama o lo que fuera pero la nieve lo cubría todo. No tenía escapatoria, aquel animal lo mataría.

 

Como si leyera su mente la enorme bestia se lanzo a por Jon. Una mancha borrosa y oscura salto por encima de él tirándolo al suelo. Con el rostro semienterrado en la nieve Jon pudo ver como otro par de patas se enfrentaba al animal. El gruñido de Nymeria lo sorprendió. La loba era un poco más pequeña que la otra bestia, pero parecía estar en mejor forma. Por lo menos no estaba famélica. Preocupado Jon miro en todas direcciones buscando a Arya, si su loba estaba allí ella tendría que estar cerca. Al fin la vio salir de entre los arboles cojeando un poco.

 

-          Tiene que estar vivo. Tiene que estarlo – se repetía una y otra abriéndose paso entre centímetros de nieve y arboles. Arya luchaba con todas sus fuerzas por no gritar el nombre de su hermano.

 

El miedo en sus ojos desapareció al verle. Estaba en el suelo y su mano sangraba, pero por lo demás parecía estar bien. Nymeria se encontraba en esos momentos enfrentándose al lobo más grande que Arya había visto en su vida. Los enormes colmillos del animal casi eran tan grandes como su daga. “Nymeria no podrá con él si la coge” pensó mirando con ansiedad a su amiga. Tirada en la nieve cerca de ella vio la espada de Jon. Despacio y atenta a los movimientos de los lobos iba acercándose lentamente al arma. Un momento de distracción y el aullido de dolor de su loba la corto la respiración. La pobre estaba tirada en el suelo lamiéndose la pata intentado cortar la sangre. Descartado el peligro el lobo se volvió hacia Arya y Jon. Ella supondría más energía que gastar para el animal, pero Jon ya estaba cansado. Relamiéndose el enorme lobo ignoro la presencia de Arya y se fue directamente hacia Jon.

 

-          Corre y no mires atrás. Me has oído. ¡Corre!. – grito Jon.

 

El muchacho no dejaba de mirar al animal y pensar en Fantasma. Llevaba más de cinco años sin separarse de él y justo aquel día había decidido dejarle en el castillo. Se volvió para ver a Arya y ella ya no estaba. Un suspiro de alivio salió de su boca al ver que le había hecho caso. Pasase lo que pasase ella estaría a salvo, sus hombres la encontrarían antes de la noche, estaba seguro de ello. Observo como Nymeria se ponía de pie con dificultad. La loba también tendría tiempo para marcharse, ese animal se saciaría más que suficiente con él. Una parte de él pensaba en la forma de huir, pero todo estaba en su contra. Si intentaba correr lo cogería, y tampoco le quedaban fuerzas para llegar hasta Invernalia. No encontraba nada que usar contra la bestia y su espada, era incapaz de encontrar el puño en forma de lobo entre la nieve.

 

El lobo cada vez estaba más cerca. Ya podía ver sus ojos amarillos y los enormes dientes a pocos metros de su cuerpo. “Este es mi fin” pensó Jon. Siempre creyó que los últimos momentos de la vida de un hombre recordaría cosas importantes, pero el no pensaba en nada. Simplemente estaba allí, esperando. Incluso se permitía comparar a Fantasma con ese lobo. Su huargo blanco de ojos rojos parecía una árbol arciano, el que tenia delante sin embargo le recordaba a Verano, el lobo de Bran. No era él, claro. Verano jamás abría atacado a Nymeria. Él podría no ser más que carne y comida, pero la loba era su hermana, entre ellos se respetaban. “Es hasta hermoso” pensó a una dentellada de distancia.

 

Su mente divagaba pensando en que jamás se imagino una muerte así. Cuando vivía en el castillo negro y era un guardia de la noche lo más probable es que muriera de viejo, de pulmonía o, quien sabe, algún salvaje renegado o unos de los otros lo matara. “Aunque fueron sus propios hermanos quienes lo intentaron” se recordó. Después durante la guerra estaba claro que podía morir en campo de batalla en cualquier momento y aun así sobrevivió y se convirtió en rey. Ahora de rey a lo único que temía era a las constantes obligaciones, cansadas y pesadas, a las que tenía que enfrentarse todo los días. “Ahora entiendo al rey Robert porque se dedicaba a comer y a beber” le confeso a su hermana Sansa. Y sin embargo había conseguido sobrevivir a todo aquello para morir a manos del animal que representaba su casa, o bueno la de su madre, pero que seguía considerándola suya. Era irónico.

 

Jon abrió los ojos. No iba a dejar que la muerte viera el temor en su rostro. “Que los dioses no te vean temer a tu destino” le había dicho una vez su padre.

 

La espada de acero valyrio atravesó la cabeza del animal como si fuera mantequilla. La sangre broto sobre el rostro sorprendido de Jon al ver a Arya detrás. La trenza llena de ramitas y hojas, la cara sucia y los brazos llenos de arañazos; aquella era su Arya. La muchacha le miraba aliviada. Sus ojos empezaron a llorar cuando tiro la espada ensangrentada y se abrazo a él. Entre sus brazos Jon podía sentir como temblaba y arañaba el cuero de su capa para tenerle más cerca.

 

-          Pensé que te perdía. Cuando oí al animal y luego tu voz, yo… - Las palabras se le atragantaban. Jon jamás la había visto tan indefensa a pesar de que había sido ella quien le había salvado la vida.

 

-          Tranquila. Aquí me tienes. – Jon la apretó con fuerza entre sus brazos. Llevaba 5 años sin tenerla para él. Muchas noches en el muro había soñado con Invernalia, con sus pasillos y habitaciones. Y siempre los buscaba, siempre. A Robb, a su padre y a ella.

 

Los ruidos de pasos y ramas rotas se oían cerca. Susurros y órdenes se entremezclaban con el viento sin llegar a distinguir que decían.

 

-          Tienen que estar por aquí. Mirar esas ramas de allí – decía uno de los guardias. Varias ramas y rastros de sangre se dibujaban en el suelo siguiendo una dirección. Las huellas eran demasiado pequeñas para ser de su rey, pero al menos encontrarían a la fugitiva de su hermanita.  – Muchachos aquí. Los encontré – grito un hombre saliendo de entre los arboles.

 

Gendry le seguía tan de cerca como podía. Al llegar vio al soldado ayudando a Arya a levantarse y tendiendo la mano a Jon. Una orden de este mientras se vendaba la mano y el guardia cargo a la muchacha entre sus brazos. La herida de la pierna todavía goteaba sangre y Jon se negaba a que ella se fuera andando hasta el castillo. Gendry se reprocho no haber llegado el primero.

 

El caballero iba unos pasos por delante de Jon cuando Arya estiro el brazo para coger a su hermano.

 

-          ¿Y Nymeria? – pregunto mirando a su loba cojear. El tono dulce y desvalido hizo que Jon la sonriera y acariciara su cabeza como cuando era pequeña.

 

-          Yo me encargo. Ahora tú tranquila. – El hombre siguió andando mientras él esperaba a otro de sus guardias. – Ser Gendry ayudadme con la loba. Tranquilo no os atacara. Y quiero que os llevéis la piel, las garras y los colmillos de ese – les dijo al resto de sus guardia señalando el cadáver del lobo. Algo se le ocurriría hacer con él.

 

Nada más atravesar las puertas de la ciudad Jon mando a uno des sus criados a por el maestre Kresos. Un hombre de mediana edad que empezaba a tener entradas y se pasaba media vida en la biblioteca era lo que les había enviado la Ciudadela para sustituir al anterior. El maestre Luwin murió durante el asalto de los Bolton y Jon culpaba a Theon de ello. Nunca se dio cuenta de lo importante que había sido el maestre para ellos hasta que volvió a Invernalia y no lo encontró. El maestre había sido no solo un sanador y consejero, sino que llego a ser un miembro importante de la familia hasta el punto de considerarlo un abuelo. El día que Rickson regreso a Invernalia Jon tuvo que mentirle y decirle que Luwin se marcho de nuevo a la Ciudadela. El niño se tiro una semana llorando por no haberse podido despedir de “su abuelo” como decía él. 

 

El hombre apareció preocupado al ver la herida del rey; sus tratos con Jon solían ser escasos, el muchacho no solía enfermar ni herirse con frecuencia por lo que cuando se veían las heridas tendían a ser bastante graves. Con un gesto rápido Jon negó con la cabeza y señalo a su hermana. Más tranquilo al ver la rapidez con el que el maestre comenzaba a atender a Arya se marcho hacia el gran salón. El guardia tenía órdenes estrictas de llevar a su hermana a una de las habitaciones de la torre nueva para que pudiera descansar después.   

 

Dentro del gran salón de Invernalia Jon tuvo que reunirse con los señores. Brevemente les explico la situación y comprobó aliviado que ya estaban informados. Agradeció interiormente a Sansa que se encargara de todo en su ausencia. Su hermana era una autentica señora de la casa y una dama capaz de controlar cualquier situación y se lo había demostrado, aunque sospechaba que Meñique la había ayudado, cosa que le molestaba. No le gustaba que aquel hombrecillo se tomase más poder y libertades del que él mismo le daba. Tampoco creía que descubrir cual de las dos Aryas era su hermana influyera mucho en el norte después de todo no estaba casada con ninguno de ellos, el problema estaba en las Islas del hierro. Theon estaba enamorado de su mujer o por lo menos eso era lo que parecía. Pero no creía que los isleños aceptaran a una simple plebeya como señora de las islas. Estaban orgullosos de haberse quedado con una Stark y este cambio, seguro, lo tomarían como una afrenta.

 

-          Mis señores no tengo escusas. Me retiro a descansar y a que me venden la mano en condiciones. Sobre el asunto de mi hermana ya veremos que ocurre con los isleños y si tenemos que tomar las armas para tranquilizarlos una vez más. Por lo demás Invernalia os ofrece la comodidad de su casa y espero que os encontréis a gusto.

 

Jon se levanto dejando a los hombres disfrutar de una noche en la que el vino y la cerveza aliviaran las groserías de aquella mañana. En el pasillo Sansa le esperaba apoyada contra la pared. Se había cambiado el vestido a uno más sencillo de color verde claro y se mordía la uña nerviosa.

 

-          Y Jayne – le pregunto a Jon nada más verle. Estaba preocupada por el destino que le esperaba a su amiga.

 

-          No será juzgada. El problema son las Islas de su esposo. Se sentían poderosos por tener a una Stark entre sus manos y ahora quien sabe.

 

-          Jon esta embarazada. Si al regresar a su hogar pueden hacerla daño prefiero que se quede aquí. – Unas diminutas lágrimas corrían por las mejillas de Sansa. La brutalidad de los hijos del hierro era bien conocida en todo Poniente. Tenía miedo por su amiga, demasiado como para ocultarlo.

 

-          Si el hijo es de Theon nadie la tocara un pelo. Puede que los isleños sean despiadados, pero respetan a sus esposas.

 

Sansa le sonrió aliviada antes de marcharse. Jon esperaba que durmiera esa noche sin mayor problema. Le había contado la verdad sobre las Islas del hierro, pero se había callado lo que en verdad temí. Si Jayne no era aceptada como reina pasaría a ser esposa de sal y eso les ponía en dificultad a ellos. “Me exigirán darles oro, plata, y alguna ley que les beneficie” pensó. Aquel problema tenía que solucionarlo cuanto antes sino quería un levantamiento. Tenía que hablar con Theon.

 

La habitación del Greyjoy era tan normal como el resto. La cama que ocupaba gran parte era más que suficiente para que cinco hombres durmiesen a sus anchas sin estorbarse. El color gris de las paredes resplandecía hasta casi ser blanco cuando el calor las iluminaba dando una calidez a la habitación que hizo que Jeyne sonriera al verla. La mesa era lo único que le molestaba a Theon. Era la misma que utilizaban ellos, Robb, Jon y él, cuando estudiaban con el maestre Luwin. “Me esta recordando mis errores” pensó Theon deslizando un dedo por la pulida mesa.

 

Los golpes en su puerta lo sobresaltaron. Fue Jayne quien abrió la puerta y se volvió para llamarle. Alguien quería hablar con él. No esperaba que nadie le llamase ni intentara hablarle. Solo Sansa se había molestado en ir a sus habitaciones y solo para saber como estaba Jayne. La dama seguía preocupándose por su amiga como cuando eran pequeñas y él se lo agradecía. No le importaba la humillación ni el desprecio que sintieran, siempre que solo fuera por él.

 

Jon entro por la puerta con aquel aire preocupado que invadía la sala. Sin necesidad de pedir permiso se sentó en una silla esperando a que Theon se sentara en la otra. El muchacho pareció dudar por un momento antes de ceder. Le preocupaba lo que tenía que decirle su antiguo hermano.

 

-          ¿Que ocurrirá cuando tus hombres se enteren de que no estas casado con Arya Stark?. – La pregunta de Jon le pillo de improviso, pero sabía cual era la respuesta.

 

-          Exigirán algo. El qué no lo sé. Y Jayne… – Theon miro a su mujer y trago saliva. Hubiera deseado que ella no estuviera escuchándolo. – Jayne se convertiría en mi esposa de sal y tendría que buscar a una nueva esposa con sangre noble. – Jayne se tapo la boca para ahogar un sollozo y Jon se quedo pensativo en el sitio mirando a la nada. De pronto sus ojos grises se clavaron en los del Greyjoy.

 

-          Cuando regreses a las Islas iré contigo. Yo y un pequeño sequito y arreglaremos esto. No pienso dejar que lastiméis a la chica. ¿Me has entendido?

 

Theon asintió y Jon se levanto. No podía hacer nada hasta entonces.

 

 

 

Sansa atravesó el patio interior donde descansaban los dragones. Sentía pánico por esos animales, pero necesitaba llegar a la torre. En esos momentos las bestias andaban volando sobre Invernalia sin prestar atención a nada en particular. El dragón verde de vez en cuando descendía hasta una de las ventanas para luego volver a ascender con rapidez. “Lo cierto es que son hermosos” pensó Sansa contemplándolos desde la puerta de la torre. Subió las escaleras hasta el tercer piso donde se encontraba la habitación de su hermana. En la puerta dos caballeros armaban guardia.

 

-          Caballeros – saludo Sansa con una corta inclinación de cabeza. – ¿Cómo esta mi hermana?

 

-          Durmiendo señora – le contesto el mismo hombre que había cargado con la chica desde el bosque. – El maestre dice que la herida es superficial y que mañana ya podrá andar. Le ha dado la leche de la amapola para que se durmiera. La señorita estaba empeñada en ver a su loba y se negaba a quedarse descansando.

 

Sansa les agradeció con un gesto y entro. Saber que su hermana no había cambiado tanto como parecía le alegraba. No sabía lo mucho que la había echado de menos hasta que la vio, bueno vio a Jeyne, pero el sentimiento no había cambiado al darse cuenta de que la otra era su autentica hermana. Sobre la mullida cama Arya descansaba igual de sucia que llego. Las doncellas solo pudieron lavarle el rostro y los brazos, antes de que el maestre la durmiera. Por el suelo, desperdigados, estaban los paquetes de la reina sin abrir. Sansa los guardo en el baúl a los pies de la cama y se quedo sentada un rato mirando como su hermana dormía.

 

-          Descansa hermanita. Mañana tenemos un largo día – la sonrió.

 

-          Sabía que te encontraría aquí. – La voz de Petyr la sorprendió por un momento. No esperaba que su marido la buscase precisamente allí. – Tienes que hablar para que organicen todo para mañana. Jon anda impaciente por celebrar cuanto antes el banquete.

 

Sansa asintió. Despidiéndose con un beso en la mejilla de su hermanita salió por la puerta junto a su esposo. Al volverse vio como los guardias seguían en pie protegiendo la puerta. Eso la aliviaba. Aquella diablesa no podría escaparse y hacer de las suyas.

 

 

 

Dany esperaba impaciente a que Jon apareciera. Había dormido gran parte del tiempo, pero ahora lo que quería era estar junto a él. Jon abrió la puerta cansado y se encontró con su mujer semidesnuda en la cama. Dany llevaba un camisón translucido del color azul de las Islas del verano; los tirantes que se ataban a la espalda parecían delicados afluentes de agua que se cruzaba en su pecho antes de perderse vientre abajo. La cascada plateada que era su pelo caía sobre su espalda dándola esa inocencia a su mirada que tanto había vuelto loco de deseo a Khal Drogo. Normalmente a Jon le encantaba encontrarla así y pasar una increíble noche de la que ninguno tenía quejas, pero en esos momentos estaba agotado.

 

-          Tengo problemas – fue lo único que la dijo. Se sentó en la cama para quitarse las botas y sintió la calidez de las manos de Dany abrazándole por la espalda. Era cierto que no amaba a la muchacha que era su tía; le gustaba y no le importaba darla un heredero, pero el amor no era algo que sintiese por ella aunque tampoco creía haberlo sentirlo por Ygritte. “Pero al menos a ella la elegí yo y tal vez la mate yo” pensó cabizbajo. Con ternura se quito las manos de su mujer y siguió quitándose la ropa. Tenía suerte de que la herida en la mano solo fuera un rasguño en comparación con la cicatriz que tenía en el ojo provocada por el maldito águila de salvaje cambiapieles y la mano abrasada por defender a su antiguo Lord Comandante.

 

-          Que clase de problemas. – El disgusto en la voz de Daenerys no paso desapercibido para Jon. La reina entendía que tuviera que ir a por su hermana, pero le molestaba que no la prestara atención a ella.

 

-          Las Islas del hierro. En cuanto Theon se marche iré con él y arreglare el asunto antes de que haya una posible rebelión. Lo más probable es que me exijan oro, o alguna cosa en especial.

 

-          Si solo es eso yo volveré a Desembarco de rey. – Dany se tumbo en la cama y se dio la vuelta dándole la espalda a Jon. No tenía ganas de que viera la frustración en su rostro. De pronto, a su lado sintió el cuerpo caliente de él. – Que… . – El beso la pillo desprevenida. La caricia de Jon sobre su estomago la extasiaba y deseaba que llegara más abajo. Deseaba que la besara allí abajo como hizo la primera noche en la que se acostaron, borracho y un poco torpe, pero excitante.

 

Aun cansado Jon decidió cumplir con sus obligaciones. Tener contenta a Dany significaba menos problemas con Ser Barristan al día siguiente y era lo que menos le apetecía. Discutir con aquel obcecado caballero empeñado en que él debería vivir en la fortaleza roja le agotaba más que cualquier día de entrenamiento con la espada. En la última discusión casi llegan a las armas.

 

-          Usted no es un rey ni es nada. Por lo menos hasta el usurpador de Robert Baratheon entendía que debía estar en Desembarco del rey. No perdido al otro lado del mundo haciendo vayan a saber los siete. – Jon le miro sin decir nada. Era triste ver a un hombre que como aquel tan pegado a sus convicciones que no veía nada más allá de ellas. Al final, tras pensarlo, le contesto.

 

-          Más triste es servir a tanto reyes, a uno le da en que pensar. – Ser Barristan retrocedió un paso como si le hubiesen lanzado una estocada. – Si soy o no un buen rey eso lo decidirá mi pueblo. Y ofenda a quien ofenda, mi pueblo es el norte. Puede que el que me engendrara fuera un Targaryan, al mismo que no supo proteger, pero mi padre fue Eddard Stark al que tampoco ayudasteis. – El rostro cenizo de Ser Barristan le devolvían una mirada mezcla de ira y culpabilidad. “Sabía que mi padre era inocente” se dijo Jon al ver aquellos ojos. – Aun así – continuo – no le culpo. Y espero por el bien de Poniente que cuide bien de la reina. Han tenido guerra más que suficiente.

 

 

 

El ruido de las espadas de los que entrenaban en el patio la llegaba a través de la ventana despertándola. Arya se sentía como nueva después de dormir tanto tiempo sin que nadie la molestase y el dolor de la pierna no era más que una molestia que se le pasaría a lo largo del día. Todavía en la cama deseaba pensar que aquellos ruidos los producían sus hermanos. Deseaba que el hombre que gritaba “más fuerte, más fuerte” fuera Robb y que Bran corriera tras ellos intentando imitarlos. Pero tenía que volver a la realidad, aquella no era la Invernalia de su pasado, era la de su presente.

 

Busco algo que ponerse de su baúl, pero solo encontró los vestidos que la regalo Daenerys. Se miro en el espejo de la habitación y todavía seguía vestida con la ropa del día anterior. La camisa estaba totalmente destrozada, aunque los pantalones se alegraba de tenerlos intactos. “Algo es algo” pensó abrochándose la capa.

 

Camino hasta la puerta y estaba a punto de abrirla cuando al otro lado escucho las voces de dos hombres. No entendían lo que se decían, pero reconocía la voz de Gendry incluso a través de la puerta. “Si te crees que por hacer guardia vas a conseguir hablar conmigo lo llevas claro” pensó irritada. Miro alrededor de su habitación buscando otra salida. La ventana era el único sitio por el que podría salir.

 

Sentir las piedras entre sus manos, las grietas y su rugosidad la hacían recordar su niñez. Las tardes en las que ella y Bran jugaban al escondite entre los tejados de Invernalia. “Siempre era mejor escalador que yo. Jamás conseguí atraparle” recordó. Cada piedra que tocaba la contaba en su cabeza, eso la ayudaba a no mirar hacia abajo. Paso a paso pensaba en lo extraño que sería que alguien la observara desde abajo. “Sansa diría que soy igual de salvaje y tendría razón” se dijo a si misma. Por fin llego al tejado de la herrería; debía ser muy temprano ya que no oía martillear a los hombres, ni voces, ni gritos en la plaza. Lo preferiría así, no quería tener que dar explicaciones a nadie de porque iba vestida tan sucia, o decir quien era a los que no la conocían. Ahora solo quería ir a un sitio.

 

 

 

-          Como que no esta en su cuarto. ¿Y donde esta? – los gritos de Sansa se escuchaban desde el patio donde le esperaba Jon y Dany. Sansa se había empeñado en ver como seguía la pierna de su hermana antes de ir desayunar. Nada más subir la habitación se encontró con los dos guardias que estaban relevando a Ser Gendry y Ser Minne. Con una inclinación de cabeza entro en la habitación y su ira exploto al no ver allí a su hermana. - ¿Cómo se os puede haber escapado? Por los siete. Jon – grito escaleras abajo – Jon se ha vuelto a ir.

 

-          Tranquilízate. Es Arya, estará dando una vuelta por el castillo. – Sansa no podía creer la tranquilidad de Jon. Parecía no entender las consecuencias que para ella eran grandísimas.

 

-          Jon. Va con la ropa sucia de ayer, despeinada y estoy segura que ni se ha lavado la cara. Es que no te das cuenta de que es parte de la familia real y por lo tanto tiene que fijarse mucho más en sus modales.

 

-          Sansa me voy a desayunar. Cuando queráis venís. Y si tanto quieres que Arya vista bien encárgale la ropa – la sonrió Jon cansado marchándose hacia el gran salón.

 

-          Pues eso haré – le espeto Sansa marchándose hacia el otro lado. No iba a permitir que su hermana la dejara en evidencia.

 

Atravesando el patio camino al salón Jon se fijo en que la puerta de las catacumbas estaba abierta. Solo conocía a una persona que bajase a esas horas y sin que nadie la viera. Arya jamás había tenido miedo de vagabundear sola entre aquella oscuridad, al contrario que él. A Jon no le gustaba bajar. Se sentía incomodo rodeado de todos los Stark y más ahora que ya no era Nieve, ni Stark, sino Targaryan. Iba a ir al salón pero al final cambio de idea. Esperaría a que su hermanita saludara a su padre y a su hermano. Un rato después la puerta se abrió del todo mostrando la cabellera castaña de Arya.

 

-          ¿Te apetece que tiremos con el arco? – le pregunto la alegre voz de Arya. Jon la miro y asintió. El hambre ya se le había pasado hacia un rato y simplemente esperaba por esperar. Por estar un rato con ella antes de tener que empezar a prepararse para el banquete. Caminaron juntos hacia el patio donde entrenaban los hombres, pero la voz de Daenerys les llamo desde atrás.

 

-          Jon. Ven. Tenemos trabajo – le sonrió entrando en una de las torres que hacia de biblioteca desde que la antigua se quemara.

 

-          Esto – “maldita sea porque ahora Dany” pensó irritado. – Nos vemos luego pequeña – se disculpo Jon dejando a Arya sola en mitad del patio.

 

 

 

Sola y aburrida Arya paseo por las perreras donde estaba Nymeria. Se sentía molesta con Jon. Ella quería pasar un rato tirando con el arco con él como cuando era niña. “Pero ahora esta casado y tú no eres más que su hermanita” se recordó. Ver a Nymeria la alegro. La loba parecía estar recuperada y se empeñaba en quitarse la enorme venda que le envolvía la pata.

 

-          Nymeria no – le ordeno Arya con un movimiento de la mano. Reticente la loba agacho las orejas no sin antes mirar malhumorada el vendaje.

 

Arya se tumbo un rato con la loba rascándola detrás de las orejas. Aquella noche era el banquete y todo el mundo andaba lo suficientemente ocupado para no molestarla por llevar aquellas ropas.

 

-          No tengo ganas de ir a ese estúpido banquete – se quejo Arya. No entendía porque ella también tenía que asistir. – Solo iré porque se lo prometí a Jon ayer, pero voy hacer el ridículo – susurro hundiendo la cabeza entre el pelaje del animal. Por una vez deseaba tener la elegancia de su hermana o de su madre para no avergonzar a la familia. Sansa le había dicho desde pequeña que se parecía más a un salvaje del otro lado del muro que a una dama, y ella la creía. Tampoco es que alguna vez hubiese deseado ser tan idiota como Sansa, pero prefería haber aprendido algo de modales antes de tener que ver a todos los señores del norte aquella noche.

Usted debe login (registrarse) para comentar.