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Nieve por yuukychan

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Notas:

Eyyy cuanto tiempo andaba algo perdida jejejejeje. Bueno pero aqui os traigo el capitulo

Todavía era de noche cuando los hombres empezaron a organizarse. El reducido grupo que había acompañado a su señor Greyjoy desde las Islas del hierro volvía a su hogar con el doble de personas, casi el triple si Jon contaba a los últimos caballeros errantes que se había unido al viaje en busca de fortuna. Casi despuntaba el alba para cuando todos los hombres ya estaban preparados. Jon se encontraba a la cabeza de la marcha junto a Theon seguidos de unos cuantos guardias y escoltando la carroza donde iba Jeyne dormida. La muchacha se había quedado traspuesta casi de inmediato, el embarazo incipiente iba bien, pero comenzaba a sentir las pequeñas incomodidades de las que tanto le había hablado la vieja tata cuando no era más que una cría.

 

A una orden la gran columna que formaba los hombres de Jon se puso en marcha. Paso tras paso seguían un ritmo tranquilo para pasar por la ciudad vacía. Era demasiado temprano para que ningún hombre o mujer se pusiera a trabajar, y menos con la helada mañanera que congelaba todo a su paso, ni siquiera el rocío que bebían las flores se había descongelado todavía. El galope impetuoso de algún hombre rezagado hizo que Jon y Theon se giraran a la vez. Una mancha oscura tapada con una gruesa capa ribeteada de piel cabalgaba velozmente entre los límites de la ciudad para llegar a su paso apareciendo y desapareciendo entre las casas. Segundos más tarde, justo en el callejón donde se situaba la cervecería más cara de la ciudad, salía el jinete de entre las sombras hasta situarse al lado de Jon. Un bufido de cansancio se escapo de labios de este al reconocer quien se escondía bajo aquella capa.

 

-          Te dije que te quedaras en Invernalia.

 

-          No. Me dijiste que me portara bien con Sansa durante tu ausencia. Como no lo voy hacer es preferible que me vaya contigo.

 

-          Ser Miken, Ser Giovanne. Llevadla de vuelta – les ordeno Jon a dos de sus guardias.

 

Ambos hombres vestidos con la capa grisácea de la guardia de Invernalia se adelantaron unos pasos con sus caballos. Intentaban rodear a la joven yegua de Arya para cogerla las riendas, pero la primera herida en la mano de uno de ellos les hizo retroceder a ambos. Ninguno había visto como la muchacha desenfundaba la fina espada para defenderse.

 

-          Atrás si no queréis que Aguja os cosa a punzadas – les amenazo. La espada, pequeña y fina, brillaba como el hielo con los tenues rayos del sol.

 

-          Arya – la grito Jon al verla herir a uno de sus hombres. La muchacha se volvió hacia él con los ojos entrecerrados por la ira.

 

-          No me pienso marchar. Jeyne se hizo pasar por mí y tengo todo el derecho a saber que ocurrirá con ella… - silencio – y conmigo. Ya no soy una cría, Jon. Sé cuando las cosas se pueden poner feas.

 

-          De tu vida me encargo yo. Ya no es necesario que te preocupes. – Jon supo que metió la patas incluso antes de acabar la frase. Su hermana jamás había consentido que nadie intentara controlar su forma de vivir y aquellos ojos le decían que eso no había cambiado con la edad.

 

-          No te equivoques, Jon – le amenazo levantando la espada y lanzándole una estocada a otro de los guardias que intentaba agarrarla las riendas. – Mi vida es mía y de nadie más. Si intentas controlarme de alguna forma, te arrepentirás – le contesto volviéndose hacia él con la espada todavía desenvainada por si algún otro guardia intentaba cogerla.

 

Jon clavo sus ojos en ella para después volverse hacia sus hombres.

 

-          Vendrá con nosotros. – Y sin decir nada más puso al trote a su caballo para salir cuanto antes de la ciudad. Mientras cabalgaba pensaba en las palabras de su hermana. A pesar de tenerla de vuelta hacía mucho que su hermanita se había independizado. Jamás tendría control sobre ella y eso le preocupaba.

 

 

 

El bosque de lobos se alzaba ante ellos inquebrantable y oscuro. El aullido de las bestias rompía de vez en cuando el silencio del amanecer hasta quedar en el olvido. Arya adoraba esos sonidos, la naturaleza tan llena de vida la hacia añorar sus correrías siendo niña. Ahora en el castillo todo se limitaba a obedecer. Sansa la atosigaba para que no se comportara como una salvaje. No la dejaba cabalgar, ni salir con Nymeria a cazar, ni coger una espada… nada.

 

-          La diversión de una dama comienza con esto – la decía Sansa enseñándole una aguja de coser. Arya le enseño la lengua y desenfundo a Aguja bajo la mirada horrorizada de su hermana.

 

-          Tienes razón que la diversión comienza con Aguja – se burlo de ella haciendo caso omiso de los gritos de su hermana por verla llevar una espada igual que si fuera un simple escudero.

 

 

 

No habían caminado ni un kilometro cuando Theon y Arya comenzaron a hablar animadamente como si toda la vida lo hubiesen hecho. La muchacha le contaba al Greyjoy alguna que otra aventura inocente que no delatara nada de su pasado. El hombre se reía a cada ocurrencia de la joven como si nunca antes la hubiera escuchado. Lo cierto era que jamás había sentido la necesidad de ningún tipo de acercamiento con la loba. Siempre había preferido la compañía de su hermana, no solo por ser más madura sino porque la consideraba la más hermosa de las dos, ahora, bueno, tenía otra opinión. Sansa había heredado la belleza de los Tully, su elegancia y forma de comportarse; era como el pez, sabía moverse con la corriente. Arya sin embargo era una loba en todo el sentido de la palabra. Su cuerpo y su rostro pertenecían al frío invierno de los Stark, a las rosas azules del norte, a esa belleza salvaje e indómita que cualquier hombre desea controlar, hacerla suya y coronar su cima. Hacia años que Theon pudo ver el retrato desgastado y envejecido de la hermana de Ned Stark, Lyanna. Nunca entendió que pudo ver el rey Robert en una niña como ella, ahora lo veía. Tenía frente así el vivido retrato de la Stark y entendía el deseo que podía producir conquistar el invierno.

 

Jon cerca de ellos no podía evitar enfurecerse al ver como su hermana trataba al traidor del kraken. A cada palabra, cada risa y carcajada apretaba más las riendas del semental que cabalgaba.

 

-          Si aprietas tanto al animal le encabritaras – le aviso Arya cuando Theon se acerco a ver a su esposa a la carroza.

 

-          No me gusta que os llevéis tan bien – le espeto Jon aflojando las riendas y notando como el animal se relajaba bajo sus piernas. – Detesto que hables con él.

 

-          Solo con él… Jon. – Los ojos de Arya se posaron en su hermano recordando la bofetada del día del banquete. Jon evito mirarla. – A mi tampoco me gustan muchas cosas y las acepto porque no tengo otro remedio – susurro antes de poner a su yegua al galope adelantándose varios metros sin que Jon pudiera evitarlo.

 

 

 

Las lágrimas le escocían los ojos sin llegar a salir. No importaba si estaba sola o acompañada, odiaba llorar y no iba a llorar. La costaba entender el comportamiento de Jon con ella y eso la dolía. El ruido de cascos detrás de ella la hizo ponerse a la defensiva. “Como sea Jon se va a enterar por no dejarme tranquila” pensó dispuesta a enfrentarse a él. Para su sorpresa no era Jon, sino Gendry. El semental del muchacho piafaba nervioso al estar al lado de su yegua.

 

-          Quieto muchacho. Sooo. No veas si corre esa yegua tuya – le dijo Gendry intentando calmar a su montura.

 

-          Si. Y al parecer es más dócil que el tuyo – se burlo Arya al ver como el semental coceaban en el aire. Alargo la mano hacia las bridas y de un rápido tirón calmo al caballo atándolo a su propia montura. La tranquilidad de la yegua parecía extenderse hasta el propio animal que agacho la cabeza y se mantuvo al paso que le marcaban.

 

-          Vaya – se sorprendió Gendry. – Buena con la espada, manejas los caballos como un autentico caballero y sabes bailar. ¿Hay algo que no sepas hacer? – sonrió intentando parecer seductor. Si lo consiguió no lo supo ya que Arya miraba al frente distraída con el paisaje. Después de un silencio corto le contesto.

 

-          No se cantar, ni coser, ni modales. No me sé historias de amor y hablar con coquetería. No se alagar a los grandes señores por mucho que me digan como se hace y no sabría llevar ni un castillo como Sansa aunque mi vida dependiera de ello. En definitiva no soy una dama, ni nunca lo seré. Creo por eso Jon y Sansa están decepcionados – “y también por eso Jon ama a Daenarys. Es una mujer hermosa y fuerte capaz de llevar una armadura y seguir siendo una dama” pensó sintiendo esa punzada de dolor en la boca del estomago. Siempre que pensaba en Dany y Jon sentía unas nauseas que no sabía de donde venían.

 

-          Pues a mi me gustas tal y como eres. Me encantaba viajar con aquella niña marimandona que con una espada en la mano creía que podía defenderse de cualquiera.

 

Arya levanto la cabeza. Era la primera vez desde que se volvieran a encontrar que Gendry volvía a hablarla con la misma calidez de cuando se conocieron. No intentaba agasajarla ni coquetearla, se mostraba sencillo, protector y tierno como el muchacho que conoció en el lecho de pulgas y la defendió de pastel.

 

-          ¿Y que haces aquí? – le pregunto cambiando de tema para que no se diera cuenta de la vergüenza que sus palabras le habían producido.

 

-          Tu hermano estaba preocupado y me ha mandado a buscarte para que te escolte. Iba a enviar a Ser Giovanne, pero el hombre sigue enfadado por el corte en la mano.

 

-          Se lo merecía por tratar de controlar mi montura como si yo fuera una niña. – Aquel mohín con los labios y esos pómulos inflados casi hacen que Gendry se callera del caballo.

 

-          No, desde luego que ya no eres una niña – se rio sosteniéndose con fuerza a su semental para no caerse.

 

Varios insultos se pasaron por la cabeza de Arya antes de contagiarse de la risa de su amigo. Solo el ruido de más cascos rompió la atmosfera divertida y cordial que se había formado entre ambos. A lo lejos Gendry distinguió el pendón de la casa Stark y se incorporo sobre su caballo. A pesar de que deseaba quedarse al lado de Arya y seguir riéndose no podía olvidar su lugar dentro de la casa Stark. Arya le devolvió las riendas de su semental ya calmado y tranquilo y espero a que la columna, con su hermano a la cabeza, les alcanzase.

 

-          Yo… siento lo del otro día. Te subestime y no debí hacerlo. También siento lo de la posada, no quise entrometerme solo es que… - meneo la cabeza inseguro – olvídalo. Solo quería decirte que lo siento mucho, lady Arya – acabo la frase Gendry al ver lo cerca que estaba Jon y el resto de los caballeros.

 

Arya le sonrió y volvió con él hacia la columna.

 

-          Sin rencores, Ser Gendry – le susurró antes de llegar a donde estaba su hermano. El muchacho no pudo evitar reírse al escucharla pronunciar la palabra “Ser”. Dicha por sus labios sonaba tan estúpida que haría que ningún niño desease convertirse en caballero.

 

 

 

El sol comenzaba a descender tras el horizonte cuando por fin alcanzaron las costas del norte. Desde tierra no se veían, pero allí de frente, en medio del mar, estaban las Islas del hierro. El viaje por tierra, aunque cansado, se podía hacer en un solo día si se obligaba a los caballos a caminar, trotar y cabalgar, siempre en ese orden para no agotarlos de golpe. El reciente pueblo pesquero que se había instalado en aquellas costas tras la guerra se encargaría de cuidar y custodiar los caballos del rey y sus hombres mientras estos se montaban en la gran embarcación que surcaba en esos momentos el tranquilo mar. Para ahorrarse más de unas horas de viaje Jon envió un cuervo a Puerto blanco pidiendo su barco más grande y rápido y que su mejor capitán les acompañara para ir a Pyke.

 

El enorme barco era pequeño comparado con las grandes embarcaciones que había visto Arya en Braavos. El espacio era especialmente reducido para un grupo como el suyo, pero entendía porque Jon lo había pedido así. Las enormes velas ocupaban casi todo el espacio, además de tener varios agujeros para los remeros si no soplaba el viento. El casco era tan puntiagudo y fino que rompería las olas tan suavemente como un cuchillo afilado cortaría la carne más tierna. No fue hasta escuchar las órdenes de Theon que Arya vio como otro barco todavía más puntiagudo con un kraken ondeando en su bandera apareció de entre las rocas. En uno de sus lados tiempo atrás alguien escribió el nombre del barco en letras rojas de las que ahora solo quedaban una simple Z solitaria que poco a poco perdía el color en la gastada madera.

 

-          Se llama “Zorra voladora” – le explico Theon al ver como Arya gesticulaba la Z sin apenas mover los labios.

 

-          Tu marcas el ritmo, pero en mi barco. Tus guardias pueden ir detrás. ¡Vamos! – le exigió Jon llevándose al kraken hasta su propio barco alejándole de su hermana.

 

 

 

Acostumbrada al mar y al olor de la sal Arya sentía nostalgia. Añoraba las tardes en el puerto de Braavos siendo Gata y ayudando a los pescadores con sus mercancías. Había sido entre las sucias calles del puerto donde había aprendido tantos idiomas y formas de lucha para defenderse. Los isleños de las Islas del verano le enseñaron a luchar sin cuchillos ni armas, solo con la fuerza de sus músculos y la agilidad de sus piernas. La primera vez que les vio luchar en serio y no solo los simples ejercicios que la enseñaban pensó que más que un arte de lucha parecía una extraña danza entre hombres. “Y que es la lucha sino eso” le contesto riéndose el capitán del barco cuando ella se atrevió a preguntarle. Los hombres libres de más allá de las ciudades libres, allí donde las montañas, cúpulas de los dioses como decían ellos, tocaban el cielo y se perdían por encima de él; le enseñaron toda clase de ungüentos y medicinas que de no verlo con sus propios ojos como las preparaban creería firmemente que aquello era magia. Se acordaba del muchacho pelirrojo empeñado en subir a lo más alto del barco; un día en que el viento soplaba ferozmente se escurrió y cayó al vacio. Manaba tanta sangre de su cabeza que Arya pensó que moriría en cuestión de segundos. Un anciano que apenas la hablaba cuando la veía le curo con la misma rapidez con la que ella podía disparar un arco. Suplico al hombre que la enseñase. Día y noche al pie de su barco le imploro; solo cuando las rodillas despellejadas por no moverse durante días y la piel tan tostada por los golpes del sol fue que se digno a enseñarla. No sabía si alguna vez volvería a su hogar, pero si lo hacia aquel era el milagro que necesitaba Bran, no maestres anticuados que no creían en nada que no les ensañase sus libros, sino la sabiduría de más allá de los océanos y desiertos.

 

Los gritos y órdenes de Jon acompañados por el rugir de las olas eran la música de fondo que se escuchaba en toda la cubierta. El joven rey caminaba nervioso sin dejar de mirar el horizonte por donde pronto aparecerían las islas. No dejaba de darle vueltas a como solucionaría el asunto si es que podía hacerlo sin recurrir a la guerra. Lo único que mantenía aquella endeble paz y cordialidad era que el pueblo orgulloso de krakens creía tener a una Stark en su poder. “Jeyne Pool es de familia noble. No de las más altas casas, pero si de la nobleza” le repitió varias veces Sansa antes de marcharse.

 

Jon se asomo por la borda apretando los puños contra la barandilla. Su mente era un remolino de pensamientos a los que no encontraba solución.

 

“Si no es una Stark no la querrán. A lo mejor una Karstark la hubiesen tolerado por nuestro pasado común, pero una Pool. Es una casa demasiado humilde para el orgullo de estos isleños. Si hay un levantamiento podríamos contra él ya que Dany esta avisada de lo que sucede por lo que si algo me pasa las islas quedarían reducidas a ceniza, pero no quisiera llegar a eso. Maldita sea”

 

Golpeo tan fuerte la barandilla sin fijarse si quiera quien estaba detrás. El dolor le recorrió la mano desde las uñas hasta el hombro haciendo hervir la sangre en la quemadura de su mano.

 

-          Lo que tenga que ocurrir, ocurrirá. De nada sirve ponerte nervioso – le dijo Arya posando su mano sobre su hombro calmando ligeramente el dolor. Jon la miro con preocupación. Si las cosas se ponían feas incluso ella podía salir herida o… algo peor.

 

-          Tenías que haberte quedado en Invernalia. Este no es sitio para ti – la recrimino. El leve tono de miedo en su voz hizo sonreír a Arya con ternura.

 

-          Jon ya no soy una cría – le susurro. – Además me preocupa más…

 

Sus ojos se desviaron hacia el bulto que se encontraba en el suelo cubierto de mantas y tiritando; era Jeyne. La muchacha era incapaz de levantarse y dar dos pasos seguidos sin tambalearse peligrosamente. El vaivén del mar la mareaba y el movimiento del barco no hacía más que empeorar aquella sensación de malestar general. No podía bajar ni a los camarotes ya que se ponía peor.

 

-          ¿Todo bien? – la pregunto Arya sentándose a su lado.

 

-          Soy una inútil. Si ni siquiera soy capaz de andar por el barco, como voy a poder ayudar a Theon. Las mujeres de la isla se reían a mis espaldas por no saber hacer ni siquiera un nudo de marinero. – La tristeza en la voz de Jeyne era mucho más profunda. Sus ojos revelaban la verdad, tenía miedo por su futuro ahora que todo se había descubierto.

 

-          Idiota – la susurro Arya cogiendo del suelo un pedazo de cuerda con la que se amarraba el barco. – Si tan inútil te sientes intenta aprender, pero no olvides que tu no eres del mar, sino del norte. Eres una mujer norteña nacida en el frio y la nieve. Los que esos orgullosos saben del mar y los peces, tú lo sobrepasas en animales y plantas; formas de cultivar y hacer que la leña arda durante días. No puedes compararte cuando eres mejor – la sonrió mostrándole un nudo de marinero.

 

Jeyne no la respondió. Se quedo en silencio agradecida por las palabras de la Stark. Nunca antes había hablado con ella de ese modo, ni se le hubiera pasado por la cabeza hacerlo. Siempre la vio como la niña tonta y marimandona que quería jugar fuera con la nieve y el barro en vez de aprender el arte del bordado. Ahora, a solas con ella, seguía sin entender porque era así, pero agradecía que fuera diferente del resto de mujeres a las que había conocido. En cierta forma le recordaba mucho a las hijas del hierro; eran mujeres, si, pero no se dejaban dominar por ningún hombre fuese o no su esposo. “Ella encajaría muy bien allí” pensó.

 

El resto de la noche, amparadas por la luz de la luna y los farolillos de aceite Arya le enseño los distintos tipos de nudos y cuerdas. Ella lo explicaba de una forma tan sencilla que Jeyne comprendió rápido el porque sus nudos se deshacían.

 

-          Mañana amarraras tu el barco – le dijo Arya levantándose para cederle su sitio a Theon que venia caminando tranquilo por la cubierta. Ni siquiera los dedos del pie amputados podían quitarle aquella forma tan provocadora de andar que había recuperado poco a poco. – Buenas noches – se despidió dejando a la pareja a solas en la cubierta bajo las estrellas.

 

Theon se metió bajo las mantas con su mujer y cogió los nudos que habían estado haciendo las chicas mientras él hablaba con Jon.

 

-          Estas preocupado. ¿Qué ha ocurrido?. – Jeyne le cogió con fuerza la mano para hacerle contestar. Era un truco que los años de matrimonio le habían enseñado a usar con el kraken.

 

-          No hemos llegado a ninguna conclusión porque no sé que pasara. Conoces a mi hermana. Asha es… Asha. No sé que puedo esperar de ella. – Theon agacho la cabeza para apoyarse en sus piernas. Siempre que pensaba en su hermana todo tipo de sensaciones le recorrían sus entrañas. El afecto y el cariño competían con el orgullo y las leyes de sus hombres. Ella le intentaba enseñar el equilibrio para tratar con su pueblo, pero el nunca entendía la lógica por la que se dictaban sus normas. “Naciste en Pyke, pero eres norteño hasta la médula de los huesos” le recrimino un día su hermana después de una fuerte discusión en la que él apoyo a Jon y la corona. – Los has hecho tú – le dijo a su mujer señalando los nudos e interrumpiendo sus propios pensamientos.

 

-          Arya esos y yo estos – le contesto Jeyne enseñándole el nudo de amarre que había hecho. – Arya me ha dicho que mañana amarrare el barco diga lo que digan los hombres. – No creía que fuera verdad, pero la hacia ilusión demostrar que ella también podía hacer algo tan importante sin la ayuda de nadie.

 

Theon no la contesto y la dejo hablar de cómo había estado haciendo los nudos. Por primera vez en mucho tiempo la veía sonreír de verdad y no esa típica sonrisa de mujer obediente a la que la habían acostumbrado desde pequeña. “Y esto lo a conseguido Arya” pensó. La pequeña loba indisciplinada empezaba a serle un enigma. Su forma de comportarse y de ver la vida rayaba con la realidad de su posición y eso le hacia preguntarse muchas cosas, pero solo una respuesta que quisiera saber de verdad. ¿Qué había estado haciendo la loba todos aquellos años? Sus movimientos, aquella agilidad, la forma de coger una espada y de moverse entre la gente sin usar movimientos bruscos ni de más.

 

-          En que piensas. – La voz de Jeyne entro en su mente dejando escapar la verdad de sus pensamientos. – Acaso importa – le contesto – Arya es Arya. No le des más vueltas.

 

 

 

El sol salía tras el horizonte cuando por fin el barco llego a tierra. En el puerto varios hombres con el kraken de los Greyjoy bordado en los jubones esperaban jugando a las cartas y bebiendo cerveza mientras bromeaban de las rameras con las que se habían acostado.

 

-          Las tetas de Sally no se pueden comparar con las de la dothraki; esas apenas se las puede comparar con uvas – se reía uno de los guardias. La saliva se le salía por la boca escabulléndose entre varios dientes rotos.

 

-          Mi señor – saludo otro de los hombres obligando al resto a que se pusiera de pie en cuanto vio a Theon bajar del barco. – Los caballos esperan en la misma posada donde los dejasteis.

 

Media hora después se encontraban otra vez en un empedrado y traicionero camino de piedra y tierra que les llevaría hasta el castillo de Pyke. Los hombres de las islas fruncieron el ceño al ver que volvían muchos más hombres de los que se fueron; y que la mayoría de los nuevos eran soldados y caballeros de los Stark. De vez en cuando miraban furtivamente hacia atrás para luego cuchichear cosas como “falta de respeto” ó “provocación”. Arya, al lado de Jon, observaba cuidadosamente el comportamiento de los hombres. Varias veces les pillo contando las armas y soldados, haciendo cuentas de a cuantos podían matar de una sola vez si la cosa se ponía fea. “Empezamos mal” pensó preocupada por lo que pudiera pasar al final del día.

 

El castillo de Pyke era una gran fortaleza que se extendía hasta el interior del mar. Grandes torres construidas sobre pequeñas islas unían varias zonas del castillo en una extraña y mortífera estructura. Los puentes por los que se cruzaba de una torre a otra siempre estaban húmedos y el viento soplaba con mayor fuerza a esa altura. Daba igual la forma de verlo, aquello no parecía un hogar.

 

En la puerta del castillo vestida de azul y negro de la cabeza a los pies y con las ropas de un hombre se encontraba una mujer que les miraba con hostilidad. La sonrisa de sus labios no podía disimular el desagrado que sentía.

 

-          Bienvenido rey Jon, hermano – saludo. Asha no era una mujer de formalidades, pero el creciente numero de hombres del norte la hacia intuir que algo pasaba o pasaría pronto. – Entrad. Mandaré que se os sirva una buena comida.

 

-          Asha – la llamo Theon antes de que su hermana se marchara. – Deja eso para más tarde. Tenemos que hablar. Solo que atiendan a los hombres; a todos los hombres – enfatizo.

 

Adelantándose a su hermana con su mujer, Jon y Arya detrás se encamino directamente hacia el salón más caliente del castillo que usaban. De un simple gesto Asha ordeno atender al resto de soldados para después seguir a su hermano. Se adelanto hasta la altura de este y hecho un vistazo atrás. No entendía que tenían que hablar con el rey, Arya y la extraña desconocida que se igualaba a ellos. “Podría ser una amante norteña” pensó fijándose detenidamente en el gris de sus ojos.

 

Al entrar en el salón las corrientes de aire caliente les golpearon como un puño ayudándoles a quitarse el frío del mar. Las mesas estaban dispuestas de manera similar que en Invernalia, con la excepción de que no había una mesa principal. Los Greyjoy siempre se sentaban con sus hombres desde que se fundo la casa allá durante la época de los héroes y eso no había cambiado. Asha camino tranquila hasta sentarse en una de las sillas y observo como el resto se sentaba. A la cabecera estaba Theon con Arya al lado de él y de ella; enfrente se sentaron el rey y la muchacha desconocida que les acompañaba. No se había equivocado, la chica tenía que ser importante y no una simple criada ó amante que para ella era lo más probable.

 

-          Y bien. Que demonios pasa. Y ve al grano hermanito.

 

-          Tenemos… tengo un problema. Mi matrimonio no es con Arya Stark – dijo Theon. Asha se adelanto varios centímetros casi de manera inconsciente para estar más cerca de él.

 

-          De que demonios hablas. Esa es Arya Stark – le espeto señalando a Jeyne que cabizbaja evitaba su mirada.

 

-          No. Ella no es Arya. Mi esposa se llama Jeyne Pool, una noble de baja alcurnia del norte. Y si, antes de que digas nada, sabía la verdad sobre ella.

 

-          Entonces donde coño esta Arya Stark – estallo Asha a punto de levantarse para golpear a su hermano. Lo único que la detuvo fueron las palabras de aquella desconocida.

 

-          Yo soy Arya de la casa Stark, hija de Lord Eddard Stark y Lady Catelyn Tully. Un placer en conocerte, Asha de la casa Greyjoy – la contesto con los ojos clavados en los suyos.

 

-          El placer es mío, querida – le devolvió la gentileza mordazmente la isleña. “Otra dama idiota del norte. Lo que me faltaba. Pero es una Stark y eso es lo que importa”. – Bien Theon. Pues ya que ha aparecido la autentica Arya Stark te casaras con ella y no se hable más. Esa otra – señalo a Jeyne – puede ser tu esposa de sal si quieres. Pero debes casarte con una Stark.

 

-          Eso va a ser imposible. – La voz ronca de Jon se encontró con la mirada enfurecida de la mujer.

 

-          Y eso por que, Targaryan. Las leyes del reino permiten tener más de una esposa ó – se rio – un esposo. O acaso tú no compartes mujer con otro hombre. – Jon la miro con indiferencia. No le importaba que Dany se acostase con su otro marido que también era su sobrino, para él aquello era un alivio. Así no tenía la responsabilidad de estar siempre con ella y tener que vivir en el sur. Eso lo mataría antes que cualquier espada o veneno.

 

-          Cierto que las leyes del reino lo permiten, yo no. Mi hermana no se casara de esta manera, y mucho menos lo hará para satisfacer las ansias de gloria y poder de vuestra gente.

 

-          Theon – se volvió Asha hacia su hermano esperando que este defendiera a su pueblo frente aquel lobo – dragón que se las tenía de creído.

 

-          Apoyo lo que dice Asha. No deseo contraer un matrimonio con Arya Stark solo para tener una especie de rehén. – Theon agarro la mano de su mujer por encima de la mesa para que su hermana lo viera. – Y ni esposa de sal, ni mil infiernos. Jeyne es mi esposa y lo será con todas las de la ley. El hijo de su vientre será mi heredero y llevara mi apellido.

 

Asha se sentó de golpe en la silla atontada por la respuesta de su hermano. Por más que quisiera hacer de él un hombre de hierro no dejaba de ser un norteño, peor, un Stark. El honor al que supuestamente renuncio para volver a casa se había fortalecido después de la guerra. Muchas veces le había pillado rezando ante aquellos arboles blanquecinos por aquellos norteños que le habían tenido preso y a los que llamaba padre y hermano. El nombre de Eddard Stark y Robb Stark siempre estaba presente en su cabeza; incluso en una pelea llego a decir la verdad de lo que sentía su corazón. “Desearía no haber traicionado nunca a mi familia, a mi autentica familia. Los Stark” la grito en un ataque de ira. De aquello habían pasado cuatro meses, pero las palabras todavía la dolían como cuchillos. Si su hermano se arrepentía de estar en casa significaba que ella no tenía familia. Sus tíos eran tres desconocidos perdidos en el mar de su propio mundo. Euron, su tío mayor, desapareció después de perder contra Theon el poder de las islas; volvió al mar a su vida de saqueo, mujeres y alcohol. Victareon, el mediano, acepto que su sobrino gobernase solo para fastidiar a su hermano, pero no había vuelto a verle desde entonces. Se pasaba la vida de burdel en burdel y buscando esposas de sal con las que distraerse; hacia tiempo que había dejado de contar los bastardos que se le otorgaban. Y Aeron pelomojado no lo había vuelto a ver desde que quiso bautizarse de nuevo con el Dios ahogado. Ni siquiera sabía si seguía vivo o se había reunido con su hermano y sus sobrinos en las profundidades del mar donde todos los isleños irían al morir según su religión. 

 

Jamás lloraba delante de la gente, pero sin poder evitarlo las lágrimas acudieron a los ojos de Asha que apretaba las uñas contra la palma de sus manos hasta sentir como la piel se abría bajo ellas.

 

-          Por esta afrenta, Targaryan, Stark o lo que demonios seas – levanto los ojos fríos como el mar y todavía húmedos y los clavo en los de Jon – iremos a la guerra. – Se esperaba oír cualquier cosa, desde que Theon era el señor y nadie la obedecería o alguna amenaza que implicara a su reciente arma, los dragones. Pero no fue el rey quien la sorprendió.

 

-          Me casaré – dijo de repente Arya. Jon sorprendido casi se atraganta. Estaba a punto de decirla algo cuando ella le indico que se callara con gesto firme. – Es mi vida Jon, no te entrometas. – Volvió su mirada hacia la de la hija del hierro y se fijo en el hacha que se escondía entre sus caderas. – Me casaré con Theon, viviré según vuestras costumbres y no habrá guerra. ¿Entendido?

 

Asha asintió. Daba todo por solucionado hasta que la muchacha con una sonrisa lobuna en el rostro se levanto y se quito la capa dejando ver la fina espada bastarda que colgaba de su cinto junto a un mortífero puñal. Los ojos de ambas se clavaron y una extraña y, porque no, curiosa idea comenzó a rondarle la cabeza a Asha.

 

-          ¿Y bien?. – Se acomodo Asha con los pies encima de la mesa esperando la respuesta de ella. Detrás de aquella sonrisa se encontraba una trampa de las que la gustaban, de las que implicaban armas y sangre.

 

-          Solo me casaré con Theon si me vences – la sonrió Arya. – Si quieres tu premio deberás luchar por él. Pero si pierdes no me casaré ni podrás ir a la guerra.

 

-          ¡JA! – se levanto excitada Asha desenfundado su pequeña hacha. – Me encantara tenerte de cuñada. A lo mejor consigo hacer de ti una hija del hierro.

 

La noticia sobre la verdad de la esposa de Theon Greyjoy y el inminente combate con la Stark recorrió las islas tan rápido como la pólvora. No paso ni una hora y el pequeño patio del castillo de Pyke se lleno de curiosos por ver como era en verdad la autentica loba.

 

En medio del patio las dos mujeres vestidas de arriba abajo con cota de malla y casco estaban irreconocibles. Una de ellas vestía el casco esmaltado de color rojo con la extraña forma de un pez imaginario, mientras que la otra usaba un casco negro en forma de perro. A su alrededor la gente murmuraba quien sería cada una, pero bajo aquella fachada era imposible de saberlo. Rápidamente el sonido de las personas quedo enmudecido por los golpes de las espadas. La mujer que vestía de rojo no dejaba de atacar y retroceder en un extraño baile que hipnotizaba a la gente. Golpe, golpe, paso y golpe; golpe, paso y otro golpe. La espada al chocar contra el metal entonaba una hermosa melodía que extasiaba al público. “Son buenas, pero la de negro perderá por no atacar” murmuraba la gente. Entre los cuchicheos y golpes de las espadas varias personaba apostaban en silencio en contra del perro.

 

A pesar de la sucesión incansable de golpes la otra mujer no parecía dar señas de rendirse, sino que a cada movimiento se iba acercando más a un extraño punto que al parecer solo veía ella. Un reflejo de luz y las tornas cambiaron. Ahora la que se defendía como podía de los ataques era la mujer que vestía el extraño casco del pez. Un paso tras otro retrocedía esquivando y deteniendo los constantes golpes que parecían venir de todos lados. En un momento creyó ver una salida por la que poder golpear y se lanzo a por el intento. Con la espada levantada a punto intento golpear y su espada quedo en el suelo. La habían engañado, nunca hubo una espacio libre, solo la ilusión que la mujer la hizo creer. La fuerza de la espada al caer hizo que callera detrás de ella para encontrarse de bruces en el suelo. Al darse la vuelta la afilada espada de su contrincante la apuntaba directamente al gorjal de su armadura dispuesto a atravesarlo. El silencio invadió el patio a la espera de cual de las dos mujeres era la vencedora del combate.

 

-          La próxima vez que quieras jugar hazlo en persona – grito la muchacha del casco de perro tirando al suelo la espada y desatándose la correa que sujetaba aquella mole de hierro que la impedía respirar con normalidad. Una densa y castaña melena, sudada por culpa del yelmo se desplomo para dejar ver unos enfurecidos ojos grises.

 

Asomado a uno de los balcones Jon respiro por fin aliviado al ver el rostro de su hermana. Desde que la cabezota aceptara el compromiso había sentido una presión en el pecho que al fin había desaparecido. Iba a bajar para felicitarla, pero al darse la vuelta se encontró con la hermana de Theon. Asha le miraba divertida asintiendo con la cabeza a algo que solo ella podía saber.

 

-          Veo que tu hermanita o mejor dicho, tú primita, es algo más que eso para ti, dragón.

 

-          Aunque no compartamos la sangre la veo como a mi hermana, kraken. Y eso en el norte significa mucho – la contesto Jon pasando por su lado para ir abajo. Ni siquiera se molesto en preguntarla quien había sido la mujer que compitió en su lugar.

 

Asomada al balcón Asha se sonreía de forma burlona al ver como Jon abrazaba a su supuesta hermanita de esa forma tan posesiva.

 

-          Hombres. No hay ni uno inteligente – murmuro para si misma. Al ver que Arya levantaba la cabeza la sonrió y luego se dirigió a su gente. – Esta chica es Arya de la casa Stark, hija del difunto Eddard Stark y Catelyn Tully. Por norma debería casarse con mi hermano, Theon Greyjoy, señor de las Islas del hierro, pero ella aposto ese matrimonio a un combate y yo acepte con el beneplácito de Theon. Aquí y ahora ha demostrado ser una autentica guerrera derrotando a Eleyne Stonehouse, mi mas fiel y querida amiga aparte de la mejor espadachín de todo Pyke. Visto el combate no hay nada que discutir señores; esta chica para mí siempre será bien recibida en mi hogar.

 

 

 

Podían ser los hombres más orgullosos del mundo, pero a Arya le encantaban sus fiestas. No importaba si se era de alta cuna o la más humilde de las criadas que la libertad de una mujer para beber todo lo que le entrase en el cuerpo o bailar con quien quisiera nadie se lo cuestionaba. De haber estado Sansa en la fiesta se habría desmayado al ver a su hermana vestida de hombre con aquellos pantalones tan apretados marcando su figura y bailando con uno de los hijos del hierro de aquella forma tan alocada dando saltos por todo el salón. Al otro lado de la sala Asha y Theon bebían callados uno en compañía del otro. La hija del hierro no podía evitar sonreír al ver a la norteña hacer cosas tan propias de su tierra. En ese momento intentaba bailar el baile del hacha y casi perdía medio dedo en el intento.

 

-          Me hubiese encantado tenerla aquí – murmuro sin darse cuenta de que lo hacia en voz alta.

 

-          No quiero más rehenes y lo sabías – le contesto Theon pensando que hablaba con él.

 

-          No quiero decir como rehén, aunque bueno, hubiese sido un buen premio. Pero no. Me refiero a que es distinta de tu mujer. Ella si lograría adaptarse a nuestro mundo de mar y pillaje. Ella no sembraría como nosotros – dijo recitando el lema de los Greyjoy.

 

Theon miro a Arya que ahora bebía cerveza con Eleyne Stonehouse y casi se ríe al ver como la muchacha no podía acabar la segunda cerveza mientras que la isleña de su tierra seguía y seguía, una jarra tras otra. Las risas de ambas hacían eco en las paredes de la sala cuando Eleyne rompió a reír de forma incontrolada al no poder contenerse; estaba demasiado borracha para hacerlo.

 

-          No me hubiese importado casarme con ella – soltó de repente Theon. Asha le miraba sin comprender entonces el porque no había aceptado. – Jon la ama. No se da cuenta o no quiere comprenderlo, pero esta enamorado de ella. Y no es de ahora, la quiere desde que era una mocosa salvaje.

 

-          ¿Y? A lo mejor ella… - Asha calló al ver como su hermano meneaba la cabeza. – Comprendo – dijo pensativa – ella también le quiere.

 

-          Sospecho que sí. Pero entre ellos hay demasiados tabúes y… otras personas.

 

-          Te refieres al caballero ese de los ojos azules y pelo azabache ¿no es verdad? Ese tal Gendy o Brendy.

 

-          Gendry. Lord Gendry de la casa Baratheon, hijo legitimizado del difunto Robert Baratheon – recito Theon mientras daba otro sorbo a su cerveza observando al muchacho que ya se había acercado a Arya y la sacaba a bailar.

 

Asha meneo la cabeza y levanto su copa contemplando el color dorado de la cerveza.

 

-          El mundo de estos ponientis es demasiado complicado para mí. El silencio, el honor y la modestia. Son solo nombres que se inventan para impedir la felicidad – se rio derramando algo de cerveza. Theon la miro por un momento para después romper a reír. – De que coño te ríes tu ¿eh?

 

-          Cuando bebes te vuelves una especie de maestre filosófico hermanita o septa mojigata – la contesto el Greyjoy sin parar de reírse.

 

 

 

El amanecer pillo dormido a casi todo el castillo. La fiesta se alargo casi hasta el alba. Muchos de los hombres, norteños e isleños, se quedaron dormidos al calor del fuego del gran salón mientras otros se escaqueaban hacia los rincones para descansar con alguna que otra mujer. Jon que se retiro pronto aquella noche se encontró a su hermana en la habitación que le habían ofrecido custodiada por Ser Gendry en la puerta.

 

“Y que siempre sea este chico el que la custodia” pensó molesto.  

Notas finales:

Pufff el capitulo 9 le he comenzado pero no se me ocurre nada que me guste. Se aceptan sugerencias XD

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