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El tiempo va a pasar por BIAK

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Notas del fanfic:

Tenía ganas de escribir sobre el universo Gakuen y sobre las Nyotalias. Espero les guste este fic

Notas:

Este es un Twoshot, es de cir, que el siguiente capítulo será el fina. ¡Disfruten la historia! 

El tiempo va a pasar

 

                — Oh my god! Es Ivan  ¡Ivan! —Emily se encogió  en la mesa de la cafetería hasta su bolso para alcanzar su espejo, pero no lo encontraba—. Kiku, ¿cómo está mi maquillaje? 

                —Está normal—contestó, acercando la pajilla de la malteada hasta su boca.

                — ¿Normal bien o normal horrenda tipo después de haber corrido de un lado a otro por la escuela? —escrutó. Kiku no sabía cómo responder a eso.

                —Está perfecta, Emily-san. —Y agregó—. Se ha retocado el maquillaje hará unas tres veces  cuando ha visto a Ivan-san pasar. Y hace solo tres horas que comenzaron las clases.

                —Cierto. —Emily llevó el pintalabios a su boca. Hizo una mueca para comprobar que todo estuviera en orden—. ¿Te importaría  si te dejo aquí mientras me encuentro casualmente con Ivan en el pasillo? Please, prometo que te recompensaré después.

                —Descuide, Emily-san. Está bien. Puedo terminar yo solo los deberes. —Hizo una especie de sonrisa. Sus ojos permanecían estoicos bajo sus gafas.

                — ¡Eres un encanto de chico! —Lo abrazó. Él, que no estaba acostumbrado al contacto físico se tensó al recibirla. Sentía el sonrojo en sus mejillas—. ¡Eres el mejor amigo del mundo!

                «Ojalá fuera más que eso para usted», pensó. Hizo un apretado gesto de labios cuando ella se separó de su lado, tomó su bolso y se fue corriendo tras el chico por el que suspiraba. Entonces se quedó solo ahí, otra vez.

                Nunca iba a decirle que la quería. No había forma ¿Y para qué, además? Estaba más que claro que para ella solo era su mejor amigo y nada más. Además, era siempre testigo del profundo y apasionado amor que le profesaba a Ivan, el chico ruso que de paso tenía todo lo que a él le faltaba: altura, complexión, actitud, cabello claro, ojos encantadores, fuerza… y para colmo, hacía tan buena pareja con Emily mucho mejor de lo que él podría. No era el único que lo pensaba, había oído a algunas chicas comentarlo en los salones y los pasillos.

                Era cosa de tiempo para que terminaran saliendo. Adiós a los viernes de películas.  Adiós a las caminatas a casa después de la escuela en compañía de Emily. Adiós a todos esos momentos que compartían a solas. En cosa de nada Ivan lo reemplazaría en todas esas ocasiones. ¡Ah! ¿Por qué le dolía el pecho de solo imaginarlo? Era como si todo lo bueno de la vida se escapara por un agujero.

                Un agujero llamado Ivan. Cómo odiaba a ese tipo.

                Ni siquiera era listo ¿cómo pudo Emily-san fijarse en él? Parecía un sicópata con esa sonrisa  a todas horas ¡nadie podía ser tan feliz! Puede que haya sido eso, porque sonreír no se le daba bien. Nadie sabía tampoco lo que pasaba por la mente de Ivan cuando  no decía nada y sonreía. Seguramente le iba el sado. Bueno, tampoco él mismo era muy expresivo. Pero quería a Emily-san. Mucho. Su corazón hacía doki-doki cuando estaba junto a ella. Y cuando ella lo dejaba se encontraba a sí mismo sonriendo como idiota, completamente sonrojado y de buen humor.

                Sin importar cómo, por mucho que se hubiera preparado para confesarle sus sentimientos nunca se había encontrado listo para decírselos. Se ponía nervioso y su patológica timidez no ayudaba mucho. La lengua se le trababa cuando lo intentaba. Y sin darse cuenta, ella le animaba con alguna clase de conversación y su declaración de amor quedaba en el olvido.

                Y un día, Emily le dijo que estaba enamorada. De otro. Su corazón se había hecho pedazos. Se sorprendió de la tranquilidad con que había reaccionado  a tal confesión. Impasible ante sus ojos, quebrado por dentro en realidad. El mundo se había roto bajo sus pies. 

                « —No se lo he dicho a nadie—le dijo, secretándole al oído—. Por favor, Kiku, guarda el secreto, please. Eres el único al que se lo puedo decir ahora. »

                Las tardes de caminatas y salidas se habían convertido en “hablemos de lo maravilloso, cool y guapo que es Ivan Braginsky”. Una vez que Emily-san se obsesionaba con algo, no había quien la parara hasta que lo conseguía. Como la pelota de beisbol firmada que quería de su jugador favorito, o con el bate que se había empeñado a llevar a clases “por seguridad”  con el que varios profesores se empeñaron en decirle que llevarlo era como andar portando un arma. A ella no le importó y siguió trayéndolo a clases y cargándose a cuanto tipo quisiera sobrepasarse con ella. Finalmente todos acabaron por rendirse y ella consiguió lo que quería. Otra vez.

                Dudaba que Ivan fuera la excepción a la regla ¿Por qué no iba a enamorarse de la chica más guapa, simpática, dulce, decidida, maravillosa y cientos de otras cosas más en el mundo? Ese demonio tenía tanta suerte. Tanta suerte.

                Listo. Había acabado con los deberes de matemáticas. Solo faltaba darle una copia a Emily-san para que pudiera apuntarlos antes de que tuvieran que entregárselos al profesor.  Ya la habían regañado por no entregar los deberes a tiempo. Lo que menos deseaba era que ella reprobara una materia en que  fuera capaz de ayudarla. O facilitarle las cosas como era el caso. Pero no importaba, porque le servían de excusa para darle clases personales cuando llegara el examen. Ahí podrían estar juntos otra vez. Como en los tiempos antes de  Ivan Braginsky.

                — ¡Kiku! —Emily lo sorprendió por detrás. Kiku no se había dado cuenta de que se había hecho tarde mientras terminaba los deberes. Suerte que por hoy había terminado con todos sus pendientes. Solo que daba entregar la tarea…—. Dios, ¡Kiku, yo… no tenía idea!

                Kiku frunció el ceño ¿de qué estaba hablando Emily-san?

                —Sin lo hubiera sabido yo no… estoy tan apenada, Kiku

                — ¿Qué es lo que sucede, Emily-san? ¿Qué no hubiera hecho de haberlo sabido?

                —Dios, Kiku…—Ella, de pie a su lado, lo obligó a mirarlo a los ojos. Le tocó ambos hombros—. No tenía idea de que estabas enamorado de mí. No tenía idea…

                Él corazón le dio un vuelco. Tragar le era difícil. ¿Cómo lo había…? ¡Ah! ¿Tanto se le notaba? Seguramente alguien se lo dijo. Ella sola no se hubiera dado cuenta de nada, no lo había hecho hace más de cinco meses. No podía haberlo adivinado así de repente. Él corazón le latía desenfrenado sobre su pecho. No sabía dónde mirar. No quería estar ahí. No ahora.

                — ¿Es cierto Kiku? —le preguntó viéndolo a los ojos. Esos preciosos ojos azules suyos querían una respuesta.

                No era capaz de mentirle. Su honor no se lo permitía.

                — Es verdad, Emily-san. Usted… ¡usted me gusta mucho! —Bajó la mirada y fijó la vista hacia un lado. Se lo había dicho finalmente. Nunca se había imaginado un escenario como ese. Estaba muy nervioso. Tampoco sabía por qué se lo había dicho si ya no tenía caso.

                —Lo siento, Kiku. Yo no quise. Nunca quise lastimarte. —Ahí moría toda esperanza de ser correspondido. En ese instante todos sus sueños habían desaparecido. Apretó los puños a sus costados. Los hombres no lloran, se recordaba. Pero dolía de todas formas.

                —No se preocupe, Emily-san. Está bien—mentía. No estaba bien. Nada estaba bien con él. Lo único que quería era una escusa para ir a encerrarse en su habitación y no tener que volver a ver a nadie más.

                — ¡Pero te dije tantas cosas sobre Ivan y tú… y tú las escuchaste sin decirme que te estaba rompiendo el corazón! ¡Si lo hubiera sabido jamás te lo hubiera contado! —Lo tomó de las manos y las apretó entre las suyas. Ella no sabía que en lugar de aliviarle lo estaba hundiendo más en su miseria, porque sabía que ella no lo tocaría así  de no ser por lástima. Era un pedazo del cielo que no podía alcanzar.

                —No se preocupe. No pasa nada. —Tragó—. Era feliz escuchándola, sabiendo que confiaba en mí, Emily-san. Gracias. —Ahora ni siquiera entendía por qué le estaba agradeciendo por rechazarlo y por refregárselo en la cara todas esas ocasiones. Pero en el fondo de su corazón sabía la verdad: realmente estaba agradecido por la confianza que había entre ambos. De que entre todos, ella lo eligiera a él para ser su confidente.

                —Kiku… I´m sorry

                Se ajustó las gafas de forma en que su orgullo no se viera dañado. Se levantó de la mesa, tomó sus cosas y después se acordó. Dio la vuelta hacia ella para decírselo:

                —Le dejo mi cuaderno de matemáticas para que copie la tarea. Kudasai, dígale al profesor que no me he sentido bien y que iré a  la enfermería a que me revisen.

                —Pero Kiku…

                —Kudasai—se inclinó—. No me sentido bien desde esta mañana. 

                No le importaba haber parecido grosero al marchase después de eso. Tampoco le importaba que su disculpa fuera tan mala  que seguramente Emily no le había creído. Pero era verdad: estaba enfermo, tenía en corazón a pedazos. Y lo triste es que no había ninguna medicina para eso a excepción del tiempo.

 

XOX

               

                El día siguiente era uno de esos días en que no quería haberse levantado. El mundo le parecía diferente ¿cómo no si ya no había colores a sus ojos? Todo era gris. Nada era digno de contemplación. Nada era armonioso. Todo, absolutamente todo le producía tristeza.

                Y así partió a la escuela. Tampoco se extrañó que nadie se le hubiera acercado para preguntarle cómo se encontraba después de ayer, porque finalmente al ir a la enfermería descubrió que efectivamente tenía algo de fiebre y le permitieron quedarse ahí el resto del día hasta que se marchó a casa al atardecer. No era un chico amigable, lo sabía. Emily-san era una de las pocas personas ahí con las que podía sonreír. Por eso y otras razones se había enamorado de ella.

                Solo que no había podido hablarle en todo el día. Cada vez que la veía y se acercaba a su lado, ella lo mirada un instante y al otro se marchaba velozmente hacia otro lado. No lo entendía. Era como si lo estuviera evitando. Incluso se había saltado las clases que les tocaban juntos.

                Así pasó todo el día sin verla. Cuando llegó a su casa solo por primera vez en años, se derrumbó tras la puerta al cerrarla. Ahí, en el suelo, había sido capaz de entenderlo todo; ahí, pequeño como se sentía, era capaz de ver la realidad.

                Su peor temor se había hecho realidad: ella ya no lo quería cerca. Sin importar si cambiaba de opinión y volvían a hablarse, las cosas ya no serían como antes. Nunca más. Nada de charlas, nada de películas ni videojuegos.   Todo lo que hacía especial su relación se acabaría para siempre. Se mordió el labio con tanta fuerza que lo hizo sangrar. Tragó su propia sangre, abrazando sus rodillas y escondiendo la cabeza entre ellas.

                Todo porque la amaba. Todo porque se había enamorado de ella. Jamás debió hacerlo, no debió, no debió. Fue su estúpido amor el que lo echó todo a perder. Las cosas habían estado bien cuando ella no sabía sus sentimientos, pudieron haber seguido bien si ella no los sabía.

                No. El error había sido otro: el error había sido mantener esos sentimientos a pesar de saber que ella nunca le correspondería.

                Levantó la cabeza. Se sentía tan patético pensando tanto en cosas sin sentido. Pero se acabó. Iba a tomar las riendas del asunto con sus propias manos.  Por el bien de su amistad estaba dispuesto a lo que fuera.

 

XOX

 

                —Así que nos tocó juntos el trabajo, Emily—Ivan se acercó a su puesto. El corazón le dio un salto. ¡Ivan! Se obligó a mantener la calma para no gritar de la emoción. Por una vez, el idiota de profesor de química al asignar al azar los grupos de trabajo había hecho algo bueno ¡Con Ivan! ¡Era la oportunidad perfecta!

                — ¡Será estupendo! —rió. Ivan sonrió de una forma macabra e inocente que a todos los otros asustó, pero que ella no pareció notar.  

                Kiku a lo lejos los observó, hasta que una chica se acercó a él e interrumpió sus ensoñaciones. Cabello rubio, porte elegante, nariz respingada  y dos largas coletas. La inconfundible Rose.

                —Parece que nos ha tocado juntos, Honda—dijo con altivez y elegancia—. Bien

                Rose Kirkland era la clase de chica que no pasaba de ser percibida por nadie. Era el sueño de cualquier chico hacer equipo con ella, pues era hermosa a la par que inteligente y aplicada. No por nada era la presidenta del consejo estudiantil. A él le habría enloquecido ser su acompañante y estaba seguro era la envidia de todos los chicos de su clase en ese momento. Un ganador. Pero él no se sentía como tal.

                Rose podía ser mil cosas buenas, pero no era Emily.

                Se inclinó en una reverencia.

                —Haremos un buen equipo, Rose-san—dijo. No podía decir otra cosa.

                Entonces sus ojos volvieron a fijarse en Emily, tan feliz en su mundo con Ivan. Tan feliz sin él. Estaba claro que ella no lo necesitaba como él a ella. Apretó los puños mientras a los ojos de todos y de Rose se veía tranquilo. Sin embargo, había tomado una decisión anoche y no podía haber mejor ocasión que aquella para hacérselo saber a Emily.

                Se acercó hasta Emily todo lo sigilosamente que pudo para que ella no huyera como en las otras ocasiones. Ella estaba tan concentrada riendo con Ivan que no lo notó. Bien. No podía huir ahora.

                — ¿Emily-san? —A ella se le cortó la respiración cuando oyó su voz inconfundible. Lentamente se giró hacia él, Kiku. No. No ahora. No quería estropear su felicidad ¡Todo estaba tan bien hasta ese momento! —.  ¿Podemos hablar un momento en el pasillo? Onegai, le prometo que no tardaré demasiado.

                Diablos. Había olvidado que Kiku y ella tenían juntos química también ¡qué idiota! No  podía correr hacia ninguna otra parte ahora, el muy listo lo sabía. Además no quería ser descortés o parecer poco interesada en hacer equipo con Ivan ahora que estaba con él. ¡Siempre había querido algo así! Pero se lo  debía a Kiku. Lo había estado evitando desde ayer.

                —Ok, pero solo unos minutos. —Miró a Ivan y le sonrió—. Discúlpanos.

                —Te estaré esperando, Emily.

                Ella se sonrojó. Kiku odió aún más a ese sujeto.  Inclinó por respeto la cabeza ante él aunque no lo hubiera hecho de no haber sido tradición en sus costumbres japonesas. Odiaba a Ivan Braginsky.

                Kiku y Emily salieron del salón hacia el pasillo. Aún tenían tiempo hasta la siguiente clase. Emily se detuvo cuando él lo hizo. Ahí, apartado de los ojos de los demás, trató de verla a los ojos y ella comprendió que algo no iba bien. Él no estaba bien.

                Debió saberlo. Kiku ni siquiera era capaz de verla a los ojos sin querer morirse ahí mismo.

                —Emily-san—comenzó. Se inclinó con fuerza. Desde esa posición podía ver el suelo y sus zapatos—. Onegai, le pido me disculpe.

                ¿Disculparse? ¿Por qué? ¿Por qué estaba enamorado de ella? Emily no entendía. No veía qué de malo podía haber en eso. Claro, las cosas ya no podían ser como antes pero no había nada que no se pudiera arreglar.

                —… deme tiempo, onegai, y le prometo quitarme estos molestos sentimientos para no incomodarla. —Iba a ser difícil, lo sabía. No podía estar en la misma habitación que ella sin que su respiración se cortara, sin que su corazón dejara de latirle tan a prisa. Pero se había prometido olvidarla por el bien de su amistad—. Por favor. Prometo olvidarla. No quiero perder su amistad. Es… muy importante para mí.

                — ¡Pero Kiku! —Lo que le estaba diciendo era una estupidez tremenda.

                —La quitaré de mi corazón, Emily-san…—Levantó la cabeza para hablarle y después volvió a inclinarse—. Aprovecharé el final del trimestre para hacerlo. Por favor, no nos veamos durante ese tiempo. Y después… después todo podrá volver a ser como antes. 

                Quería creer que así sería. Que todo volvería a ser como antes de que ella supiera de sus sentimientos. Y con tal de no perder su amistad, era capaz de tragarse su orgullo y verla abrazada a Ivan Braginsky sin desear estar en su lugar con ella del brazo.

 

CONTINUARÁ…

                

Notas finales:

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