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¡Criminal clase S! por Fullbuster

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Notas del fanfic:

Espero que disfrutéis leyendo. Feliz lectura.

Notas:

Portada:


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Quiero aprovechar y agradecer a todos aquellos lectores por haber entrado a pasar un rato leyendo este fic. Espero lo hayáis disfrutado.

Sabaku No Temari POV

 

 

 

Caminaba sola bajo esta incesante lluvia de Konoha ¿Por qué había venido a visitar Konoha? Yo era de Suna y nunca debí haber salido de allí. Miré al cielo, el agua caía sobre mis mejillas y se llevaba mis lágrimas, pero no podía llevarse mi dolor por mucho que lo desease. ¿Por qué había venido? Había venido por Shikamaru, él lo era todo para mí, me enamoré de él desde el primer combate que tuvimos, me sacrifiqué una y otra vez en las batallas para que a él no le pasara nada, mi cuerpo aún tenía marcas y cicatrices de las veces que había luchado a su lado. Me hizo tan feliz el día que ese vago me dijo el primer “Te quiero”, me hizo aún más feliz cuando me propuso irnos a vivir juntos y quería hacerlo, por eso estaba aquí, había venido por él.

 

Volví a mirar a la ciudad y entonces me encontré con Naruto que venía corriendo quejándose por la lluvia, venía de la misma dirección donde estaba su restaurante de Ramen favorito y me quedé mirándole bajo la lluvia, venía tan contento como siempre, con esa brillante sonrisa y al verme, se le desdibujó, se detuvo frente a mí sin entender mi dolor.

 

- Ey Temari – volvió a dibujar su sonrisa tras reconocerme - ¿Qué haces aquí parada? Vamos date prisa en volver a casa o cogerás una pulmonía – sonreía.

 

- Sí – le dije forzando una sonrisa – volveré a casa – le comenté y él borró su sonrisa al darse cuenta de que me sucedía algo.

 

- ¿Temari? ¿Estás bien? – preguntó.

 

No respondí, empecé a caminar hacia la casa de Shikamaru, esa que tenía que haber sido nuestra pero ahora sentía que sólo era de él. No debí haber venido nunca, sólo podía pensar en eso. Llegué a la casa completamente empapada y metí la mano en uno de los bolsillos de mi kimono… porque ahora llevaba kimono para parecer más femenina, había desechado mi vestido por este kimono para agradarle a Shikamaru y ahora… me daba cuenta de que no había conseguido nada. Saqué la llave de la casa, esta misma mañana me la había dado y cuando abrí, Shikamaru vino enfadado hablándome sobre lo mal que estaba de la cabeza por haber salido con esta intensa lluvia.

 

- Déjame ya – le dije susurrando.

 

- ¿Qué? – me preguntó.

 

- Que pares ya – le repetí – no puedo más Shikamaru, me vuelvo a casa, no debí haber venido, lo siento – le dije devolviéndole la llave.

 

- ¿Pero qué te pasa? Eres problemática.

 

- Lo sé – le dije – yo no soy como Ino, lo siento.

 

- ¿Pero de qué me hablas?

 

- De que te he visto Shikamaru, no hace falta que continues fingiendo, te vi besarla, sólo quería dar una vuelta por la ciudad para conocerla, pero te vi en el campo de entrenamiento.

 

Shikamaru hizo silencio de golpe, creo que se daba cuenta ahora de la situación, ni siquiera me lo iba a desmentir, ni siquiera me estaba pidiendo perdón, yo sólo era esa mujer problemática para él, no era nada más que eso. Pasé de él y caminé hacia el dormitorio que esta noche íbamos a compartir ¡Pensar que iba a darle mi virginidad a él! Ahora no podía soportarlo y noté una lágrima derramarse por mi mejilla, empecé a pensar que quizá era poco femenina para él… incluso habiéndome cambiado mi indumentaria de combate por este absurdo kimono, yo sólo sería esa chica bruta que destrozó a TenTen en un combate, esa chica que de un golpe y una invocación me cargué a Kaguya, yo sólo sería esa ninja que no sabía hacer otra cosa que pelear y defender a mis seres queridos, yo no era femenina, era fuerte, pero no femenina, es lo que tenía haberse criado con dos chicos cuando uno de ellos, se había convertido en Kazekage, cuando era tratado como uno de los mayores asesinos hasta que cambió gracias a Naruto.

 

- ¿Cuánto has visto? – le escuché preguntarme y me detuve en el primer peldaño de las escaleras.

 

- Lo sufiente – le dije.

 

- ¿Cuánto?

 

Aún salieron más lágrimas, pero agaché la cabeza cubriendo mis ojos con el flequillo. Sé que no podía verme, estaba a mi espalda y también me daba la espalda, pero no podía evitar intentar camuflar mi tono de voz, intentar parecer segura.

 

- Vi como te la follabas contra aquel poste de entrenamiento – le dije y continué subiendo las escaleras.

 

Recogí las pocas cosas que había traído y volví a bajar. Shikamaru estaba ahora sentado en un cojín frente a una mesa de shōgi, siempre le habían gustado esos juegos de mesa donde tenía que pensar y creo que a mí también me gustaban, después de haber jugado miles de veces con él, me gustaban. Ni siquiera le dije nada, Caminé a la puerta cuando él habló.

 

- Fue sólo un error Temari – me dijo de golpe – te quiero a ti y lo sabes.

 

- No es cierto, no soy lo suficiente para ti, no soy suficientemente femenina pero tampoco lo seré Shikamaru, yo no esperaré sentada nunca a que me protejan, a que me rescaten.

 

- No te vayas así Temari, por favor.

 

- Tengo que irme, fue un error haber venido aquí.

 

- Tienes el permiso de la Hokage para quedarte en Konoha, vamos… perdóname, fue un error.

 

- Lo siento Shikamaru, me voy a casa.

 

- No te vayas con esta lluvia, podría pasarte algo, por favor.

 

- ¿Ahora te importa lo que pueda pasarme? – intenté sonreír – Adiós… Shikamaru – le dije saliendo por la puerta y volviendo a la intensa lluvia.

 

Miré una última vez atrás hacia la casa, sabiendo lo que perdía. Creí que empezaba una nueva vida, que estaría con Shikamaru, que me casaría con él, que tendría hijos con él, que acabaría mis días jugando al shōgi con él aquí en Konoha, pero no, que ilusa fui al pensar que un chico podría fijarse en mí, yo no era como el resto de las chicas de Konoha, ellas eran femeninas, cuidaban sus cabellos, se pintaban, se arreglaban y vestían de forma provocativa y llamativa… yo no era como ellas. Yo llevaba siempre un vestido con un abanico a mi espalda para moverme con mayor rapidez, llevaba mi cabello recogido en cuatro coletas porque era la forma más cómoda para pelear, para que no me obstaculizase a la visión, era fuerte y decidida, estaba llena de cicatrices y no trataba de ocultarlas, yo no era como las de Konoha… yo era de Suna, nací en un desierto, era como el propio desierto, dura, seca, árida, terrible, no era femenina ni delicada.

 

Salí corriendo y por fin me digné a llorar, me digné a sacar todo ese dolor que llevaba dentro y corrí hasta salir de la villa. Me estaba empapando y me daba igual, sólo quería volver a Suna, sólo quería volver con mi familia, con mis hermanos… ellos sí me querían por cómo era, no tenía que fingir, no tenía que tratar de agradarles siempre, podía ser yo misma.

 

Salí de Konoha con el juramento de no volver jamás, corrí de árbol en árbol y me decidí a no detenerme hasta llegar a Suna. Ante mí se abrió mi desierto cuando ya amanecía, había estado toda la noche corriendo sin detenerme, toda la noche corriendo bajo la lluvia y cuando llegué al desierto, me alivié porque por fin cesaba esa molesta agua.

 

Lo crucé andando, no podía correr más y alcancé Suna al anochecer. Estaba débil, no paraba de estornudar cuando vi las puertas y cuando ya estaba a punto de tocar las puertas con mis temblorosas manos, me derrumbé en el suelo aunque vi a los guardias bajar a por mí preocupados de verme tan débil. Me llevaron al hospital y cuando desperté, aún estornudaba con violencia, pero me calmé al ver a Gaara y a Kankuro conmigo en la habitación.

 

- Está despierta – dijo Kankuro de golpe y ambos se levantaron de las sillas acercándose a la camilla.

 

- ¿Estás bien? – preguntó preocupado Gaara.

 

Cómo había cambiado mi hermanito desde la pelea con Naruto, ahora hasta parecía humano y se preocupaba por los demás, había dejado de ser ese asesino sanguinario que destrozaba todo lo que se ponía en medio de su camino.

 

- Estoy bien – le dije estornudando.

 

- ¿Cómo se te ocurre hacer esta locura de viaje? – me preguntó preocupado – Podías haber esperado a que dejase de llover.

 

- Por favor Gaara… no me sermonees más, por favor – le repetí y él entendió que no estaba bien.

 

- ¿Qué ha sucedido? ¿Te ha hecho algo ese malnacido? Si es así yo mismo soy capaz de ir allí a decirle cuatro cosas.

 

- Déjalo Gaara, no quiero volver. Estoy en casa… de donde nunca debí salir.

 

- Temarí… me estás preocupando.

 

- Estoy bien, enserio Gaara. Sólo os echaba de menos

 

- Descansa ¿Vale? – me dijo – yo cuidaré tu sueño hoy

 

- Vale, gracias… Gaara, Kankuro.

 

Me dormí de nuevo, seguía sintiéndome débil y cuando conseguí despertarme, había oscurecido, era casi media noche y Gaara no estaba aquí en la habitación. Miré por la ventana, había fuego en las casas y me asusté ¿Había sido mi culpa acaso? Había traicionado al Hokage, me había marchado sin previo aviso pero no esperé que atacasen por esta tontería, sólo era una pelea amorosa.

 

Me levanté preocupada y me vestí con el kimono del armario para ir a mi casa. En la calle todos los aldeanos corrían y yo veía a Gaara en lo alto de su arena, luchando en el cielo. Tenía que ayudarle, él era el Kazekage, el encargado de proteger su villa, pero yo era su hermana, yo le protegería a él, era mi familia, haría cualquier cosa por ellos.

 

Entré por casa con rapidez y me cambié el dichoso kimono por mi vestido de combate, me era mucho más cómodo y cogí el abanico saltando por la ventana encima de él para alcanzar a Gaara. Llegué hasta él y bajé en su arena.

 

- Temari… márchate de aquí – me dijo completamente serio.

 

- No voy a irme, eres mi hermano, te ayudaré en lo que sea.

 

- Temari… estás enferma, tienes una pulmonía, no puedes ayudarme.

 

- Aún puedo luchar.

 

- Estás débil – me recalcó – no puedo defenderte y luchar al mismo tiempo, me distraes, por favor… regresa a casa y descansa, yo me ocuparé de todo.

 

Quizá tenía razón, no podía serle de mucha ayuda en este momento y decidí irme, pero al escuchar esa voz, me detuve.

 

- Vamos Kazekage, no nos lo pongas más difícil – escuché la voz de Kisame, uno de los de Akatsuki.

 

Entendí que esto iba mucho más allá de lo que yo creía, no era Konoha quienes nos atacaban, era Akatsuki quien lo hacía y de ellos no me fiaba nada. Con Konoha aún se podía negociar, pero estos tipos no negociaban, solo mataban, sólo eran un puñado de asesinos.

 

- Uh, que chica más guapa – dijo mirándome – quizá deberíamos llevárnoslas como recompensa – comentaba ahora Kisame hacia otro chico con la túnica de Akatsuki y un sombrero que no me dejaba ver quién era.

 

El otro individuo se quitó el sombrero y me dejó ver sus intimidantes ojos rojos. Itachi Uchiha, del clan más temido de Konoha, el hijo primogénito del líder del clan, el genio de su generación, estaba frente a mí serio como él era.

 

- Deja las tonterías y acabemos esta misión cuanto antes – le dijo con seriedad lanzando su sombrero al tejado del edificio en el que estaban.

 

- Gaara – le llamé.

 

- Márchate – me repitió.

 

- Lucharé contigo Gaara.

 

- Te he dado una orden, soy tu Kazekage, obedece – me amenazó.

 

- Y yo soy tu hermana mayor, no puedes darme órdenes, no te dejaré aquí solo contra ellos.

 

- Es una chica interesante – comentó Kisame de golpe.

 

- Céntrate en capturarle – amenazó Itachi a su compañero – quiero acabar pronto.

 

Ni siquiera me dio tiempo a ver lo que ocurría cuando tenía a Itachi tras de mí y por suerte, la arena de Gaara bloqueó su ataque aunque creo… que esto sólo era uno de sus famosos Genjutsus, frente a mí inmóvil… seguía estando él con sus ojos activados. Gaara empezó sus movimientos, la arena le seguía y yo le ayudé con mi viento, esta batalla sería nuestra, porque jamás dejaría que se llevasen a mi hermano unos simples criminales.

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