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VICIOUS (SasuSaku) por Yona

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Notas del fanfic:

Adaptacion.


Vicious Cycle #1 Katie Ashley

Notas:

Hola, Volvi.... Esta Adaptación es para dos de las mejores personas del mundo que tengo el placer de llamar amigas <3

Karla. Caro... ¡Disfruten!

SARADA

 

Balanceando sus piernas en el gastado sofá de cuero, Sarada felizmente siguió junto a Dora mientras ella se dedicaba a la exploración. No importaba a dónde fuera la caricatura, siempre era mejor que el decadente edificio de apartamentos donde vivía Sarada. Ante el sonido de fragmentos de cristal astillado estrellándose a través del suelo de la cocina, Sarada abandonó el mundo de Dora, metió su gastado oso de peluche bajo su brazo, y salió rápidamente de la sala de estar. A pesar de que solo tenía cinco años, sabía muy bien lo que iba a venir detrás de las voces airadas y las cosas comenzando a volar. Había aprendido a leer las señales, y por desgracia, nunca estaba equivocada. No había muchos lugares para refugiarse en el pequeño apartamento donde ella y su mamá vivían. Pero había un lugar con el que siempre podía contar para capear las violentas tormentas.

 

Para otros niños de su edad, los recovecos oscuros debajo de la cama eran un lugar aterrador. Pero para Sarada, el conocido horror que a menudo la rodeaba era mucho menos escalofriante que lo desconocido. Levantando la gastada colcha de retazos celeste y blanco, se arrastró por la alfombra sucia y debajo del colchón raído que olía a humo y orina. Pelusas de polvo se aferraron a su ropa, nublando sus pulmones y haciéndole difícil respirar.

 

Una vez que se instaló, apretó los ojos con fuerza y se imaginó a sí misma a kilómetros y kilómetros de distancia. Cada vez que estaba asustada, se iba para estar con su Mami Ángel. En el mundo de Mami Ángel, todo era feliz, hermoso y puro. Arcoíris se extendían por el cielo sobre castillos llenos de unicornios. Pero lo mejor de todo era Mami Ángel en sí misma. Mami Ángel nunca bebía demasiado de las botellas con líquido oscuro que ponían a su verdadera mami enojada y triste. Mami Ángel nunca tenía novios que le gritaban a Sarada o la golpeaban en la cara o en el trasero. Para Mami Ángel, Sarada era su mundo entero, el único enfoque de su amor y atención. Ellas jugarían durante horas y horas, corriendo por el prado cubierto de hierba o jugando al escondite en uno de los castillos en la ladera.

 

Había empezado a soñar por primera vez con Mami Ángel dos años antes de la época navideña. Después de que su verdadera mami había bebido de las malas botellas y el novio de mami se había pinchado a sí mismo con la escalofriante aguja, ellos habían comenzado a gritarse el uno al otro. Acurrucada en el sofá, Sarada había tratado de esconderse detrás de las almohadas. Cuando las voces de Mami y su novio subieron más y más fuerte, empezaron a empujarse y golpearse entre sí. Cuando mami se tropezó con uno de los zapatos de Sarada, perdió el equilibrio y cayó hacia el pequeño árbol de Navidad en la esquina. Los adornos se habían roto y esparcido por el suelo.

 

Después de que Mami le había gritado a Sarada y arrojado el zapato infractor, golpeándola en la cara, Sarada había tratado de recoger el desorden para que Mami estuviera menos molesta. Un ángel con una larga túnica blanca fue lo único que no se había roto. Tenía el cabello suave y oscuro que podía acariciar como a una de sus muñecas, y también tenía ojos marrones suaves que le daban a Sarada la tranquilidad que tan desesperadamente necesitaba. Sarada no había dejado que Mami viera que ella conservaba al ángel. Y ese mismo día, Sarada la nombró Mami Ángel y siempre mantuvo el adorno cerca de su lado.

 

Debajo de la cama, dejó que su mano se arrastrara hasta el bolsillo de sus pantalones cortos, donde Mami Ángel esperaba para darle consuelo.

 

Sarada acarició el cabello de la muñeca mientras los gritos en la sala se hacían más fuertes. Justo cuando estaba a punto de taparse los oídos con sus dedos, hubo el golpe de la puerta principal abriéndose violentamente y golpeando la pared, como cuando el novio de Mami llegaba a casa enfadado. Más voces ahora. Más gritos. Más vidrio roto. Sonaba como que la sala de estar estaba siendo destrozada.

 

Mami estaba rogándole a alguien con una voz que a la que Sarada no estaba acostumbrada. Sonaba con miedo, y era por lo general Sarada quien tenía miedo, no Mami. Pum, pum, pum. El cuerpo de Sarada comenzó a temblar con tanta fuerza ante el sonido de sus dientes traqueteando. Ella trató de averiguar lo que estaba haciendo el ruido.

 

¿Eran botas golpeando? A Mami no le gustaba cuando los zapatos de Sarada hacían ruidos fuertes. Sus manos ahora húmedas fueron a limpiar su nariz que moqueaba. Conteniendo el aliento, rezó a Mami Ángel que el hombre de las botas no la encontrara. Pero incluso mientras ella estaba diciendo las palabras una y otra vez en su cabeza, la escalofriante persona entró en su dormitorio. Ella pudo decir de inmediato por el tamaño de sus pies que se trataba de un hombre. Él se dirigió al arChio. Ropa y juguetes comenzaron a lanzarse al suelo mientras pasaba a través de sus posesiones como si estuviera buscando algo en particular.

 

Luego se acercó a la cómoda. Uno por uno, sacó los cajones y los tiró al suelo. Cuando uno aterrizó, demasiado cerca de ella, saltó y se golpeó la cabeza contra el colchón, lo que la hizo soltar un chillido. El pequeño ruido hizo que el hombre se congelara.

 

El corazón de Sarada comenzó a golpear salvajemente, y se sentía como si no pudiera respirar. Mientras trataba de ocultarse más debajo de la cama, el colchón cubriéndola fue arrancado. Con un grito, se quedó mirando a un hombre que era una visión de sus peores pesadillas, largo y fibroso cabello negro, una furiosa cicatriz roja que corría por su cara y hacia el cuello, y un parche en uno de sus ojos. Sarada cerró sus ojos apretados por el miedo. ¡Por favor, por favor, ayúdame, Mami Ángel!

 

Pero entonces el hombre de botas grandes la atrapó y la levantó por encima de su hombro. Apenas podía respirar, mucho menos llorar o gritar.

 

Era como si su voz le hubiera sido arrebatada en el momento en que su preciado escondite había sido invadido. Su cuerpo temblaba de miedo cuando él salió de su habitación y a la sala de estar. Él la arrojó como una maltratada muñeca. Cuando por fin se detuvieron, le dio la vuelta de forma que ella estaba de espaldas a su pecho. Su brazo estaba envuelto con fuerza alrededor de su cintura, pegándola a él.

 

Su voz volvió momentáneamente ante la horrible vista ante ella.

 

—¡Mami! —gritó. Mami y su novio, Suigetsu, estaban atados con una cuerda a dos sillas de la mesa de la cocina. Suigetsu la miró con la misma seriedad con que siempre lo hacía. Pero Mami no estaba hablando ni mirándola. La sangre goteaba de su nariz y boca; su cabeza colgaba inerte. Cuando ella no respondió, Sarada le dio una patada al hombre de botas grandes para tratar de escapar—. ¡Mami! —chilló.

 

Fue recompensada con un golpe en la cabeza y la cara.

 

—¡Cierra la boca, mocosa!

 

Aunque no debería haberlo hecho, gritó de dolor. Su rostro picaba como si alguien estuviera pinchándola repetidamente con algo pequeño y agudo. Esto envió lágrimas a nublar sus ojos.

 

Saltó ante el sonido de una ronca y áspera voz detrás de ella.

 

—Kabuto, contrólate. Ella no sale lastimada hasta que yo lo diga, ¿entendido?

 

—Sí, señor — respondió Kabuto.

 

Sarada volvió su dolorida cabeza para ver a un hombre malo mirándola. La mirada que le dio hizo temblar todo su cuerpo. Sus ojos negros estaban centrados en ella con tanto odio, a pesar de que nunca antes se habían conocido.

 

—Eres una cosita linda —dijo él.

 

Ya que ella no se atNarutoía a hablar, solo miró al hombre malo. Luego él volvió su mirada de ella a uno de los hombres que estaban parados detrás de su mami.

 

»Despierta a la perra —ordenó el hombre malo.

 

El hombre agarró el cabello de mami y jaló su cabeza hacia arriba. Ella gritó, sus ojos parpadeando furiosamente. Cuando se encontró con la mirada de Sarada, tomó un aliento áspero.

 

—Déjala fuera de esto. Ella no tiene nada que ver con mis asuntos —dijo en un susurro dolorido.

 

—Ah,  pero  verás,  ella  es  parte  de  ustedes  dos,  por  lo  que  ella  es mi asunto. Desde que decidiste jugar a la traidora con los federales y joder mis asuntos, voy a joder los tuyos. —Sin apartar sus ojos de su mami, él dio un paso más cerca de Sarada—. Creo que es el momento de mostrarle a tu hija lo que sucede cuando traicionas alguien. —El hombre malo agitó un brillante cuchillo plateado delante de la cara de Sarada. Cuando la cuchilla presionó contra su cuello, el miedo la abrumó, enviando líquido caliente goteando por sus piernas.

 

El hombre de botas grandes, que sostenía a Sarada, la apartó de la hoja para darle una sacudida tan fuerte que sus dientes resonaron.

 

—¡La   pequeña Chica simplemente se orinó toda sobre mí! —exclamó.

 

El hombre malo entrecerró los ojos.

 

—No seas tan Chica, Kabuto. Ahora, mantenla jodidamente quieta, ¿me oyes? —Kabuto refunfuñó, pero mantuvo sus brazos apretados alrededor de Sarada. El hombre malo miró a mami y a Suigetsu antes de que una vez más presionara la cuchilla en el cuello de Sarada—. Ahora, vamos a intentar esto de nuevo, ¿eh? ¡Si malditamente no nos dicen dónde está el embarque, voy a empezar a cortar pedazos de su niña!

 

Suigetsu puso los ojos en blanco y dio un resoplido de desprecio, del tipo que por lo general le daba a Sarada cuando ella trataba de hablar con él acerca de muñecas o sus programas de televisión favoritos.

 

—Sigue adelante y degolla a la mocosa. Me importa una mierda.

 

Las cejas del hombre malo subieron por la sorpresa.

 

—¿Solo juegas conmigo, hombre? Porque lastimaré seriamente a la pequeña mierda.

 

—Me has oído bien. Me importa una mierda si tú derramas su sangre por todo el piso, porque no va a ser la mía saliendo de ella.

 

—Si no es tuya, ¿de quién es hija?

 

—Es la bastarda de Uchiha.

 

El hombre malo siseó ante la mención del nombre.

 

—¿Cual Uchiha?

 

—Suigetsu, no lo hagas —protestó Mami, pareciendo asustada. Toda su joven vida, Sarada se había preguntado quién era su papi. Cada vez que ella le preguntaba, Mami llamaría a su papi por malos nombres. Ella nunca había visto una foto de él. Ahora parecía que Mami había estado ocultando quién era su papi porque estaba asustada. Sarada no pudo evitar preguntarse si su papi era tan malo como estos hombres.

 

—Cierra la boca, perra —gruñó el hombre malo. Luego hizo un gesto con la barbilla hacia Suigetsu—. Dime a cual Uchiha pertenece esa mocosa.

 

—Es de Sasuke.

 

Un nombre. Sarada finalmente había oído el nombre de su papi. Por alguna razón oírlo la hizo sentir como si lo conociera de alguna manera. Su felicidad fue efímera. Oír el nombre de su papi pareció hacer al hombre malo muy feliz, y Sarada se imaginó que no podía ser bueno. Una sonrisa curvó sus labios.

 

—Bueno, ahora. Esto ciertamente cambia las cosas, ¿no?

 

Su cuchillo bajó de la garganta de Sarada. Cuando se acercó más a ella, Sarada se encogió contra el hombre de botas grandes.

 

»Este parece ser tu día de suerte, niña. Dejarte ir ahora va a servir a mi propósito mucho más a largo plazo. —El hombre malo ladeó sus cejas y la miró fijamente. Sus ásperas manos llegaron a agarrar su barbilla, inclinando su cabeza para mirarla desde varios ángulos—. No puedo creer que no me haya dado cuenta antes. Eres la jodida viva imagen de ese hijo de puta.

 

Mami se inclinó hacia adelante en su silla.

 

—Solo déjala ir, ¿de acuerdo? Usarla no va a hacerte ningún bien. Sasuke ni siquiera sabe que es suya, yo lo dejé antes de que lo averiguara. No le gustan los niños, por lo que no va a dar una mierda por ella.

 

El hombre malo chasqueó la lengua hacia mami.

 

—Puede que no le importe al principio, pero voy a darle un poco de tiempo. Incluso si él no la quiere, garantizo que su hermano Naruto lo hará. Y voy a utilizar cualquier influencia que pueda contra Sasuke y sus hermanos. —Hizo un gesto hacia Kabuto—. Bájala.

 

El alivio llenó a Sarada cuando sintió el suelo bajo sus pies otra vez. El hombre malo se agachó a su lado.

 

»Quiero que me escuches, y escucha bien. Tú no le dices a nadie lo que viste aquí esta noche, ¿entiendes?

 

Aunque Sarada balanceaba su cabeza furiosamente para mostrar que entendía, no pareció satisfacer al hombre malo. Se inclinó hasta donde ella podía sentir su aliento caliente quemando contra su mejilla.

 

»Si dices una maldita palabra a alguien sobre mí o lo que viste, vendré por ti en la noche y arrancaré tu corazón. ¿Lo entiendes?

 

Aparte de los momentos en los que ella exploraba con Dora o escapaba con Mami Ángel, Sarada pasaba mucho tiempo temerosa. Pero, hasta ahora, nunca había experimentado tal miedo intenso. Los temblores parecían inundar cada parte de su cuerpo. Aunque se sacudía de pies a cabeza, no podía lograr responder.

 

Pero de alguna manera el hombre malo estaba satisfecho con su falta de respuesta. Él se volvió hacia Mami.

 

»¿Ella tiene algún lugar a dónde pueda ir?

 

Las lágrimas corrían por las mejillas de Mami.

 

—Sí. Se queda bastante tiempo con la mujer al otro lado del pasillo.

 

El miedo de Sarada se disipó un poco ante la idea de la señora Chiyo, en cuyo cálido y acogedor apartamento se quedaba durante los momentos en que Mami se iba con Suigetsu o trabajaba. La señora Chiyo siempre cocinaba algo para Sarada, e incluso dejaba que la ayudara a preparar la comida. Dejaba que Sarada la llamara mamá Chi, y era como llegar a tener una abuela de la forma en que sus amigos en la escuela la tenían.

 

—Bien. Ella se va por el pasillo, y terminamos esto.

 

—¿Pu… puedo al menos decir adiós? —preguntó Mami, su pecho subiendo y bajando con sus sollozos. Ver llorar a Mami hizo que Sarada empezara a llorar.

 

—Date prisa —respondió hombre malo, empujando a Sarada hacia la silla donde Mami estaba sentada.

 

Trepando lo mejor que pudo en el regazo de Mami, Sarada hundió la cabeza en el cuello de Mami. Todavía atada con fuerza por su miedo, ella parecía que no podía hacer que sus labios se movieran para decir las palabras que estaba gritando en su mente. No importa qué tan molesta y mala era Mami, Sarada siempre la amó. Ella quería nada más que ser abrazado y besada por Mami, pero muy rara vez conseguía lo que quería.

 

—Te amo, Sarada. Se una buena chica con la señora Chiyo. Ella va a llevarte con tu papi. Se buena con él, ¿de acuerdo? —Sarada asintió.

 

Mami empezó a llorar más fuerte—. Lo siento, fui una mala madre, nena. Espero que tengas una mejor ahora.

 

Sarada se echó hacia atrás para mirar a los ojos de Mami. ¿Qué quiso decir con una “mejor mami”? ¿Ella iba a alguna parte? Si Sarada iba a vivir con su papi, ¿eso significaba que nunca volvería a ver a Mami otra vez? Esto la hizo llorar, y su barriga se retorció.

 

—Te amo, Mami —susurró, finalmente, encontrando las palabras que desesperadamente quería decir.

 

—Yo también te amo, Sarada.

 

—Está bien. Suficiente mierda sentimental. Kabuto, lleva a la niña al final del pasillo. Dile a la mujer que saque la mierda del edificio por las próximas horas si sabe lo que es bueno para ella.

 

El hombre de botas grandes respondió jalando a Sarada de nuevo y marchando con ella hacia la puerta. Cuando Sarada miró por encima del hombro, el hombre malo cerró la brecha entre él y Mami. Justo cuando ellos comenzaban a salir del apartamento, el cuchillo del hombre malo fue a la garganta de Mami. Mami miró a Sarada.

 

—Te amo… —sus palabras fueron cortadas cuando el cuchillo se deslizó por su cuello.

 

La boca de Sarada se abrió en un grito, pero nada salió. Por mucho que intentó cerrar los ojos frente a la vista de la sangre roja vertiéndose del cuello de su Mami, no pudo. Lo último que vio, cuando fue sacada del apartamento, fue al hombre malo volverse hacia ella mientras él se llevaba sus dedos a los labios para recordarle guardar silencio.

 

Sarada sabía que nunca lo diría. Ella nunca, nunca quería ver al hombre malo de nuevo. No importa lo que le había hecho a ella, nunca lo diría.

Notas finales:

Espero que les guste,,, en el siguiente cap comenzamos con Sasuke... :3 

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