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El Cielo en tu Mirada por Lily_de_Wakabayashi

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Notas del fanfic:

-          Genzo Wakabayashi, Karl Heinz Schneider y Hugo Ramírez son personajes creados por Yoichi Takahashi ©.

-          Elieth Shanks y Nela McGregor son personajes creados por Elieth Schneider y usados con su expreso consentimiento.

-          Lily Del Valle, Marcel Dubois y demás agregados culturales son personajes creados por Lily de Wakabayashi.

El Cielo en tu Mirada.

            Prólogo.

La llamada se cortaba por momentos, como si la señal fuese inestable y muy probablemente así era. Elieth Shanks se esforzaba por escuchar a su interlocutora, quien era también su mejor amiga, pero la voz de ésta se escuchaba distante, como si se encontrara en otro planeta y no en otro continente.

-          Las predicciones han cambiado, Eli.- dijo la voz femenina al otro lado del teléfono.- El huracán descendió muy rápido y va a tocar tierra muy cerca de en donde estoy. Creo que pronto perderemos todo tipo de comunicación, me sorprende que haya podido establecer una llamada con un teléfono que está al otro lado del océano.

-          Escapa mientras puedas a un lugar seguro, por lo que más quieras.- pidió Elieth, angustiada.- Vete a una zona menos riesgosa.

-          No puedo hacerlo ya, es demasiado tarde.- negó la otra.- No me fui antes porque las primeras predicciones aseguraron que el huracán entraría a tierra mucho más arriba, por la zona de Tuxpan, pero Roy avanzó muy rápido durante la madrugada y ahora que sabemos que va a entrar por aquí ya no podemos escapar, las carreteras están cerradas. Si me voy ahora, la tormenta me agarrará en el camino costero y será mucho peor. Nuestra mejor opción, para los que no nos pudimos ir, es quedarnos aquí y resistir los embates del huracán.

-          ¿Tienes todo lo necesario?.- quiso saber Elieth.- ¿Alimentos, agua, linternas?

-          No te preocupes… nosotros… con anticipación… .- la llamada comenzaba a cortarse.- Estaremos… pasará pronto…

            Y de repente sólo se escuchó el tono de marcar. Cuando la joven que estaba a punto de enfrentarse a un embate de la Naturaleza se dio cuenta de que había perdido la comunicación con su mejor amiga, quien afortunadamente se encontraba al otro lado del océano que estaba por enviarle un potente huracán de categoría 5, colgó el teléfono soltando una maldición. La lluvia arreciaba a cada segundo y se podía escuchar un sonido potente, un ruido parecido al que harían mil trompetas que estuviesen iniciando una fiesta apocalíptica. Por lo que la joven sabía en esos momentos, era seguro que ellos, un pequeño grupo de trabajadores de un hospital ubicado en Costa Esmeralda, en el estado de Veracruz, en México, estaban a punto de enfrentarse a un verdadero apocalipsis, un monstruoso huracán que lanzaba ráfagas a 305 km/h según los últimos reportes. El cambio climático, tan negado por tantas personas, estaba haciendo de las suyas pues era muy poco común encontrar un huracán de ese nivel estando tan avanzado el año, pero las temperaturas del agua en el Golfo de México se habían mantenido altas a pesar del cambio de estación y ahora se veían las consecuencias.

-          Doctora, prepárese porque Roy tocará tierra con todo en una media hora, más o menos.- le dijo Esperanza, la jefa de enfermeras.- Tenemos que estar listos para lo que venga.

-          ¿Alguna vez ha enfrentado a un huracán, Esperanza?.- preguntó la joven médica, ansiosa.

-          No, doctora, al menos no directamente.- negó la jefa.- Por supuesto, viviendo en la costa de un país que es constantemente atacado por huracanes, en algún momento me iba a tocar alguno pero hasta el momento sólo había recibido las lluvias colaterales, no el huracán de lleno.

-          Bueno, Esperanza, pues será nuestra primera vez.- dijo la médica, resignada.

-          Vámonos a la sala de juntas, doctora, es la zona más resguardada del lugar.- sugirió Esperanza.- Roy llegará pronto y será mejor que no nos encuentre afuera.

-          La alcanzaré allá, hay algo que debo hacer primero.- contestó la chica.

La enfermera asintió con la cabeza y se marchó. En teoría el hospital debería de resistir. En teoría. Las ventanas estaban tapiadas, las puertas atrancadas, contaban con su propio generador eléctrico y con una buena cisterna llena de agua relativamente potable, además de que habían logrado conseguir una buena cantidad de víveres, los suficientes para aguantar mientras Roy terminaba de descargar su furia sobre ellos. Cuando se hizo oficial que el huracán de máxima categoría entraría al país por Costa Esmeralda, el director del hospital ordenó que se dieran de alta a los pacientes menos graves y que se evacuaran a los demás a zonas más seguras, sólo se quedó una media decena de pacientes que por su extrema gravedad no podrían abandonar el hospital. Así mismo, el doctor Contreras dio la indicación de que el personal podía dejar sus labores y ponerse a salvo pero muy poca gente quiso marcharse, de cualquier manera el huracán golpearía con la misma fuerza en sus casas como en el nosocomio y muchos preferían enfrentarlo en este último lugar. La doctora de la llamada era una de ellas, su departamento en Costa Esmeralda no tenía algo de valor y no resistiría tan bien como el hospital, así que fue uno de los muchos voluntarios que habrían de permanecer al pie del cañón.

Pasaba del mediodía cuando ella decidió al fin enviar el mensaje; tenía miedo, como todos, y trataba de aguantarlo, como todos, pero presentía que ése bien podría ser su final. Ante la perspectiva de no poder volver a ver a una persona que era muy importante para ella, la joven doctora decidió aprovechar que aún contaban con la red de Internet del hospital para enviar un mensaje de voz a través del Messenger de Facebook.

-          Hola, Wakabayashi, soy Lily.- dijo ella, con voz temblorosa.- Debe sorprenderte que te esté llamando después de tanto tiempo… bien, iré directo al grano: estoy atrapada en el hospital en el que he estado trabajando durante el último año. Estamos a poco tiempo de que un huracán categoría 5 toque tierra a pocos metros de en donde me encuentro y, honestamente, estoy aterrada. No sé qué me asusta más, si la perspectiva de ahogarme o el temor de no poder volverte a ver para decirte lo que siento… lo que jamás dejé de sentir por ti, Gen… sé que no debería de estártelo diciendo ahora, cuando quizás tenga los minutos contados pero no puedo evitarlo… de verdad lamento el haber esperado hasta este momento cuando bien podría estar a punto de morir para decirte que debimos habernos esforzado un poco más… Gen, yo…

Las ventanas de los pisos superiores no resistieron y se estrellaron con hórrido estruendo. Ella inconscientemente gritó una fracción de segundo antes de que se apagaran todas las luces.

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