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El nuevo trío de oro por Susy_MW

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Notas del fanfic:

¡Hola!


El día de hoy les traigo mi "primer fic" serio. Hace varios años entre en este mundo del fanfic, pero aún era muy joven e inexperta, por lo que los pocos fics que empecé escribir por una u otra razón, nunca los terminaba. Ahora, más sabia y con más experiencia, he decido regresar. La verdad lo pensé mucho antes de decidirme a escribir este fic, pero... amo escribir, poder expresar y darle forma a todo lo que pasa por mi mente.


Debo admitir que soy una Dramione de corazón. Siempre he idolatrado a los chicos malos y Draco Malfoy es uno de mis favoritos. Se preguntarán entonces por qué este fic no es un Dramione. Bueno, eso es por que lo único que amo más que el Dramione es… a los hijos de ellos, por separado, claro.


Imagino a Scorpius como una miniatura de Draco, siendo inculcado por sus padres con valores contrarios a la supremacía de sangre. Después de todo, una guerra te obliga a cambiar mentalidades y cuestionarte los valores que se te habían inculcado hasta ese momento.


En cambio, a Rose la imagino como una extraña mezcla de sus padres. El habitual temperamento explosivo de los Weasley junto con la mente académica brillante heredada de su madre. Segura y determinada.


Debo advertirles que este fic será lento en cuanto al transcurso del tiempo. Siempre he pensado que hay mucho por explotar aún de los todos personajes que nos dio J.K. Rowling. Por lo demás, espero que les gusto este fic tanto como a mi me esta gustando escribirlo.


En lo referente a las actualizaciones, trataré de que sean semanales. No prometo mucho, pero les aseguro que pondré todo mi esfuerzo en ello. Nunca he considerado que escribir sea sencillo. La perspectiva siempre cambia de un momento a otro por lo que siempre trato de leer mis capítulos más de dos veces.


Sin más por el momento y esperando verlos más seguido por aquí, me despido.


Derechos de autor: Los personajes son propiedad de J.K. Rowling, así como los lugares mencionados aquí y algunos extractos del fic. La historia e ideas son de mi entera propiedad.

1


DESAYUNO WEASLEY


 


Rose se despertó aquella mañana al oír una lechuza gris golpeando con su pata en la ventana de su habitación, con un sobre en el pico. Rápidamente se puso de pie y fue directamente a la ventana, abriéndola ampliamente. La lechuza entró, dejó el sobre suavemente sobre la cama y regreso a la orilla de la ventana, donde espero pacientemente.


—Debes estar sedienta, pequeña —murmuró Rose y colocando un pequeño contenedor con agua fresca a lado del animal, agregó—: Bebe un poco.


La lechuza bebió un poco del líquido ofrecido y una vez hubo terminado, extendió la pata. Rose coloco cinco knuts dentro de la bolsita de cuero que la lechuza llevaba atada a su pata y esta salió volando por la ventana.


Cerrando la ventana, camino hacia su armario de donde tomo la ropa que usaría ese día. Su maleta hecha estaba en una esquina de la pequeña habitación. Mañana sería su primer día en Hogwarts. Finalmente, después de once largos años de espera. Con una mirada emocionada, rápidamente se quitó su pijama, se vistió con las prendas que había elegido y arregló su cama. Aún era temprano pero ya podía oír unas suaves voces provenientes del piso inferior y otras voces, más fuertes, en los pisos de arriba. Sin duda, su madre, su tía Aubrey y su abuela ya estarían charlando animadamente en la cocina mientras preparaban el desayuno. Ellas siempre eran las primeras en levantarse los días de vacaciones. Los demás miembros de la familia seguramente estarían remoloneando en sus respectivas camas.


Con manos nerviosas, tomó el sobre que había traído la lechuza minutos antes y se sentó al borde de su cama. Llevaba varios días esperándola. El hecho de que su primo Albus la hubiera recibido la semana pasada, sólo había aumentado su nerviosismo. Con una gran sonrisa, abrió el sobre y leyó:


31 de agosto de 2017


COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA


Querida señorita Weasley:


 Tal cual se le comunico en la carta anterior, estamos complacidos de su próximo ingreso al Colegio Hogwarts de Magia y para ello, le hacemos entrega de la lista del equipo y libros necesarios para su óptimo desarrollo.


Muy cordialmente,


Minerva McGonagall


Directora del Colegio Hogwarts de Magia


UNIFORME


Los alumnos de primer año necesitarán:



  • Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).

  • Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.

  • Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).

  • Una capa de invierno (negra, con broches plateados).


(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)


LIBROS


Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:



  • Libro reglamentario de hechizos, primer curso, Miranda Goshawk.

  • Historia de la magia, Bathilda Bagshot.

  • Teoría mágica, Adalbert Waffling.

  • Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.

  • Mil hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore.

  • Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.

  • Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.

  • Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.


RESTO DEL EQUIPO



  • 1 varita.

  • 1 caldero (peltre, medida 2).

  • 1 juego de redomas de vidrio o cristal.

  • 1 telescopio.

  • 1 balanza de latón.


Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.


SE LES RECUERDA A LOS TUTORES QUE LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO TIENE PERMITIDO TENER ESCOBAS PROPIAS.


Justo cuando estaba leyendo la última línea de la tan deseada carta, oyó la voz de su abuela Molly indicando que el desayuno estaba listo. Su voz resonó alrededor de toda la madriguera.


Rose dobló la carta, salió velozmente de su habitación y empezó a bajar por la escalera torcida que atravesaba la casa en zigzag. Si se demoraba, aunque sea un poco, al llegar a la cocina ya habría dos docenas de Weasley’s famélicos atacando el desayuno y se tendría que conformar con las sobras. No podía dejar que eso pasará. Era una característica familiar mundialmente conocida. Si eras un Weasley, definitivamente tenías que poseer un gran apetito.


Al llegar al penúltimo escalón, deliciosos aromas inundaron sus sentidos y por su mente empezaron a desfilar imágenes de los magníficos alimentos que su abuela Molly acostumbraba preparar. Con un pequeño saltó, terminó de bajar las escaleras y su madre, quién había fruncido el ceño al ver a su primogénita bajando las escaleras de esa manera, la regaño:


—¡Rose, esa no es manera de bajar las escaleras!


Rose le dedico una tímida sonrisa acompañada de un par de ojos de cachorrito hasta que Hermione bufó:


—Esa táctica funcionará con tu padre, pero no conmigo, señorita —Rose hizo un mohín desilusionado. Su madre se rindió y suavizando su mirada, indicó—: Anda, siéntate. En un momento serviremos el desayuno.


Rose le dedico una gran sonrisa, tomó asiento y lanzó una mirada alrededor.  Nunca se cansaba de ver la casa de sus abuelos. La cocina de la Madriguera era pequeña y todo en ella estaba bastante apretujado. En el medio había una larga mesa de madera que había ido agrandándose con el pasar de los años por las múltiples adiciones a la familia y a cada lado de la mesa había dos largos bancos haciendo la función de sillas.


Su tía Aubrey leía el periódico sentada en una de las esquinas de la mesa mientras frente a la estufa, su abuela preparaba el desayuno sin poner demasiada atención en lo que hacía y Hermione la mantenía al tanto de las últimas noticias sobre el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, donde llevaba un par de años trabajando. La castaña estaba cortando unas rebanadas de pan y a untándolas con mantequilla cuando se acordó de algo repentinamente e interrumpió su plática con la matriarca de la familia, dirigiendo una mirada hacia su hija.


—¿Rose, ya ha llegado? — preguntó con curiosidad a la pelirroja, sacándola de sus pensamientos. Al ver que los ojos azules de Rose se llenaban de confusión, aclaró—: Hace algunos minutos oí unos pequeños golpes en la ventana de arriba.


Rosie abrió sus enormes ojos azules, asintió emocionada y le mostró la carta que le había traído la lechuza. Su tía Aubrey abandonó momentáneamente la lectura de su periódico matinal y le sonrió a su sobrina.


—Justo a tiempo…


Antes de que Hermione pudiera decirle otra palabra, empezaron a oírse pasos corriendo en los pisos de arriba, seguidos de gritos, risas y maldiciones. Una puerta se abrió.


 —¡Mamá! ¡Papá! —gritó una vocecilla enfadada, seguida de una puerta azotándose. Más pasos corriendo se oyeron, seguidos de otros gritos—: ¡James y Fred me han quitado a Cindy! ¡Dénmela!


—¡Fred! ¡Dale a tu prima su muñeca! —demandó la madre del susodicho. Angelina Weasley, anteriormente Johnson, bajó las escaleras con el ceño fruncido.


—Esos dos se parecen tanto a Fred y George a su edad —murmuró la señora Weasley. Sus ojos se entristecieron un poco al mencionar a su hijo fallecido hace algún tiempo, pero al instante se recompuso y agregó—: Adoraban hacer enfadar a Ginny. Sin embargo, ella se defendía como una banshee, así que optaron por cambiar el blanco de sus bromas. Ronald era más bien dócil y nunca la tuvo fácil con ellos.


Hermione rio suavemente al oír esto último.


—Nunca cambiarán —sentenció la morena y procedió a saludar a su familia—. Muero por un café.


Hermione le ofreció una enorme taza de café humeante dedicándole una mirada de simpatía para posteriormente dedicarle una seria mirada a su hija, quien, aprovechándose del descuido de su madre, le había robado un pan tostado.


—¡James, devuélvele a tu hermana su muñeca! —se oyó el grito de Ginny Weasley desde otra habitación en el piso de arriba, seguido de pasos apresurados.


—¡Ey! Eso dolió —se quejó una voz masculina—. Ya estas grandecita para estar jugando con muñecas, Lils —se burló. Un pisotón, un nuevo quejido y pasos ligeros corriendo—: ¡Ven acá, pequeño demonio! ¡Fred, no la dejes escapar!


Otro gritó, una maldición y un quejido después, una pequeña niña pelirroja bajó las escaleras corriendo descalza. Tenía los ojos llorosos pero una sonrisa maliciosa se asomaba en sus labios, mientras sostenía una muñeca rubia en sus manos. Un par de muchachos bajaron rápidamente después de ella y la miraron enojados. La niña huyó y se escondió detrás de su abuela.


—James, Fred, dejen a Lily en paz —advirtió la abuela Molly al ver las miradas asesinas de sus dos nietos—. Siéntense.


—Pero abuela…


—¡Pero nada, James Sirius Potter! —regaño la voz de Ginny desde algún lugar de la casa— Otra más de tus travesuras y olvídate de tu preciada Nimbus 3500, que tanto le haz estado rogando a tu padre que te compre.


El aludido palideció visiblemente y dedicándole una última mirada de odio a su pequeña hermana, tomó a su primo del brazo y se sentaron frente a Rose. La niña, sintiéndose segura, salió de detrás de su abuela y también se sentó en la mesa, en el asiento más cercano a su abuela. Niña inteligente.


Rose le dedicó una sonrisa a su prima Lily. Ella junto con su hermano Hugo eran la última generación de Weasley’s y aún les faltaban dos años para ir a Hogwarts. La directora McGonagall seguramente pensaba que su familia estaba planeando invadir Hogwarts. Cada año, más Weasley’s se añadían a la lista de alumnos de la famosa escuela.


—Me alegra que mañana nos vayamos a Hogwarts —murmuró James a su primo con malicia—. No veremos al pequeño demonio hasta navidad. 


Lily le saco la lengua al oír su declaración, pero antes de que pudieran enzarzarse en otra discusión, oyeron más pasos bajando las escaleras.


El primero en aparecer fue Louis Weasley, quien jugaba distraídamente con una quaffle y detrás de él, venían sus dos hermanas mayores, Victorie y Dominique, charlando animadamente con su madre, Fleur. El cuarteto de Weasley’s era toda una visión. Rubios y de ojos azules. La parte veela de su madre había ganado contra los genes Weasley de su padre, dando por resultado, los primeros Weasley’s rubios en la historia. Con suaves sonrisas, se acercaron a la mesa, saludaron a todos los presentes y se sentaron a un lado de James y Fred. Minutos más tarde, James, Fred II y Louis se lanzaban la quaffle entre ellos ante la mirada divertida de las hermanas del rubio.


Los siguientes en bajar fueron los adultos faltantes. Teddy Lupin, Harry Potter, George y Ron Weasley entraron riéndose de una broma que les había dicho el mayor de ellos mientras que Percy Weasley hablaba con sus hermanos mayores Bill y Charlie, quien estaba de visita en esos momentos, de alguna clase de nueva ley mágica. Ginny bajó murmurando por lo bajo, con su hijo menor Albus y su sobrino Hugo pisándole los talones.


—¡Mamá, lo prometiste! —se quejó Albus, mirando a su madre seriamente— Prometiste conseguir boletos para el próximo partido de las Arpías de Holyhead.


Hugo asintió, dándole la razón a su primo. Su tía siempre conseguía los mejores boletos en todos los partidos de ese equipo, gracias a las buenas amistades que habían hecho los pocos años que trabajo ahí.


Ginny miró a su hijo y sobrino durante dos largos minutos antes de claudicar.


—¡Muy bien! De acuerdo, lo haré. Ustedes dos son de lo peor —se quejó al ver que su hijo y sobrino menor chocaban las manos en señal de triunfo—. Atosigar así a su madre y tía preferida debería ser un crimen —y dedicándole una mirada asesina a su hijo, agregó—: No quiero ningún reporte de McGonagall, Albus Severus Potter. Tampoco de los demás profesores. Y realmente espero algo más que un Aceptable en todas tus asignaturas.


En cuanto su tía accedió a conseguir los boletos, Hugo corrió a sentarse junto a Lily mientras que Albus solo sonrió y dirigió su mirada a algún punto en particular en la mesa.


—Con Rosie a mi lado, puedes estar segura que tendré las mejores calificaciones, mamá —sentenció, guiñándole un ojo y sin esperar respuesta, se alejó velozmente de su madre.


Ginny Potter observó a su hijo menor caminar hasta sentarse junto a Rose y suspirando, se acercó a Hermione.


—Te doy a Albus y me quedó con Hugo —bromeó al ver a Albus poniéndole ojos de cachorrito a Rose y a su hija Lily bromeando con Hugo—. Si no fuera por que yo lo parí, creería que es hermano de Rose.


Hermione asintió y agregó:


—Yo podría decir lo mismo de Hugo. Hugo y Lily no se separan ni un minuto.  


Ambas madres observaron a sus hijos con una sonrisa.


—Albus, te amo y eres mi primo preferido, pero no pienso perder el tiempo estudiando contigo —sentenció Rose, dándole un mordisco a su pan tostado. Al ver que su primo la veía alarmado, cedió y agregó—: Esta bien. Sólo si prometes tomar tus propios apuntes.


—Eres muy mala, Rosie —se quejó James frente a los dos chicos más pequeños y cuando la pelirroja lo miró confundida, aclaró, fingiendo limpiar una lágrima falsa de su mejilla—: Pensé que yo era tu primo preferido. Solamente tú podrías ser tan mala.


—Eres mi segundo primo preferido, Jamie —consoló Rose—. Perdiste el puesto cuando quemaste junto con Fred mi tablero de ajedrez favorito hace unos años.


—Han pasado muchos años, Rosie —le quitó importancia y al ver que la pelirroja iba a decir algo más, agregó—: Además, no puedes quejarte. Nuestros papás nos obligaron a comprarte uno nuevo con todos nuestros ahorros de ese año.


Fred asintió tristemente. Ese año había sido muy duro. Habían pasado las vacaciones castigados y sin dinero. Aún no olvidaba ese fatídico día. Su prima casi se volvió loca y estuvo a punto de maldecirlos cuando uno de los experimentos fallidos de él y James ocasionó que su tablero de ajedrez se incinerará hasta hacerse polvo, más allá de toda reparación.


—Es cierto, Rosie —se lamentó el pelirrojo—. Además, eres cruel con Albus, también. Todos sabemos que es pésimo para la escuela. Creo que ni siquiera sabe que es un apunte.


—¡Oye! —se quejó el aludido mientras James asentía dándole la razón a su primo.


Justo cuando ambos hermanos iban a enzarzarse en una nueva discusión, que como era habitual, terminaría con Rose separándolos, una voz los interrumpió.


—Buenos días, familia —saludó Arthur Weasley entrando a la madriguera con una enorme sonrisa y sentándose en la cabecera de la mesa—. Veo que ya todos están despiertos y llenos de energía. Me alegro.


Finalmente, llegaron las hijas de Percy, Molly y Lucy junto con la hija de George, Roxanne y se sentaron al otro lado de Rose. La mesa no tardó en llenarse de alimentos.


Rose se sirvió un poco más de jugo de calabaza y un par de tostadas más bajo la atenta mirada de su primo, dejando la casi-discusión en el olvido.


—Tu buen apetito me indica que ya has recibido tu lista de útiles.


La pelirroja estaba a punto de contestarle cuando la voz molesta de su abuela, interrumpió todas las conversaciones:


—¡Fred Weasley! ¡James Potter! ¡Louis Weasley! ¿Qué les he dicho sobre traer pelotas a la mesa?


Los aludidos, que hasta ese momento se estaban divirtiendo lanzándose la quaffle, borraron las sonrisas de sus rostros y con un sonoro puff dejaron caer la quaffle al suelo.


Poco a poco la cocina de la madriguera se fue llenando de risas, bromas y unos cuantos regaños más, mayormente dirigidos a James y Fred. Todos los desayunos en la casa de los abuelos Weasley eran exactamente iguales. Su familia era bulliciosa y llena de vida.


Rose tomó una tostada, la untó con mermelada y justó cuando se la llevaba a la boca, su prima Roxanne la interrumpió. Se parecía mucho a su madre. Piel color chocolate, ojos marrones y cabello negro liso y hermoso.


—No puedo creer que este año entres a Hogwarts, Rose —murmuró con anhelo—. ¡Que envidia! ¡Ya quiero que sea mi turno!


—Solo te falta un año, Rox —apaciguó Rose al ver los ojos llorosos de su prima—. Se pasará rápido y cuando menos te lo espereces, estarás en Hogwarts. Lucy y Louis entrarán el año que viene también.


Roxanne la miró con un puchero, pero no siguió discutiendo y dirigió su mirada a su desayuno. Rose por su parte, le dio un anhelado mordisco a su tostada y finalmente dirigió su mirada azulada a su primo.


—Si, Al. La carta llegó por la mañana.  


—Te lo dije, Rose —murmuró­—. Seguramente la lechuza que trajo tu carta era vieja y esa es la razón por la que se tardó en llegar.


Rose movió su cabeza, dándole la razón y agregó:


—Tenemos que darnos prisa, Albus. Hoy tenemos que ir al callejón Diagon a comprar nuestros útiles —Y con una mirada soñadora, agregó—:  Ya quiero comprar mi varita. Y mis libros. 


Albus rodó los ojos. Su prima era definitivamente igual a su madre, Hermione. Su padre Harry y su tío Ron siempre la molestaban, diciéndole que era una mini Hermione pelirroja. Además había heredado el placer por los estudios de su madre y nadie dudaba que Rose sería la mejor de su generación. Brillante y sumamente talentosa.  


Con algo de aburrimiento, le dio otro mordisco a su pan tostado y estiró la mano para tomar el vaso de jugo frente a él.


—¡Piensa rápido, Al! —gritó la voz de su primo Louis, desde el otro extremo de la mesa.


Demasiado tarde.


La quaffle que Fred II, Louis y James habían estado lanzándose, a pesar de la advertencia de su abuela, cruzó velozmente la mesa del desayuno y acabó sobre el desayuno de Albus. La cocina quedó en un completo y aterrador silencio. Albus permaneció inmóvil, viendo como su cabello goteaba jugo y su tostada a medio comer había terminado en el suelo.


—¡James Potter! —vociferó Ginny, mirando enfadada a su hijo mayor—. Mira lo que has provocado. No habrá ninguna Nimbus 3500, de eso me encargó yo.


—¡George Weasley! Mira lo que ha hecho tu adorado hijo—regañó Angelina, mirando al padre e hijo con fuego en los ojos—. Lo has malcriado demasiado.  Esto es tu culpa.


Fleur por su parte le lanzó una mirada enojada a su único hijo que sólo podría significar problemas.


Molly Weasley miró al trío de chicos seriamente durante varios minutos, negó con la cabeza y lanzó un suspiro derrotada. No podía enojarse con sus nietos. Ella los adoraba a todos y cada uno de ellos. Con un movimiento de su varita, limpio todo el desastre.


—Cuando regresen del callejón Diagon, tendrán que desgnomizar el jardín —anunció y se sentó a desayunar nuevamente—. Sin magia.


Los tres chicos no pronunciaron una sola queja, bajaron la mirada y continuaron desayunando en silencio. Ginny, Fleur y Angelina se vieron con resignación y siguieron desayunando. La abuela Molly era muy blanda con sus nietos y esa era la principal razón por la que la madriguera siempre parecía una zona de guerra.


—Mamá ha perdido el toque—cuchicheó cómicamente George Weasley a nadie en particular, ganándose una mirada asesina de parte de su esposa—. En nuestros tiempos, nos hubiera perseguido con una escoba y tal vez lanzado un par de hechizos. Pero no. Ellos hacen un desastre en la mesa del desayuno y ella sólo los manda a desgnomizar el jardín.


Ron asintió, dándole la razón. Varias veces, él también había sido víctima del carácter de su madre y definitivamente en los últimos tiempos, sus castigos y regaños hacia sus nietos no eran nada severos.  


Al oír las palabras de George, varios de los presentes soltaron una risita. Era de conocimiento público que Molly Weasley amaba a sus nietos y era incapaz de regañarlos enserio. Sin embargo, al ver que la matriarca de la familia dejaba de desayunar y volteaba a ver a su hijo echando chispas, se callaron.


—¡Te he oído, George Weasley! —amonestó Molly Weasley, causando que su hijo se sobresaltará y palideciera. Con una sonrisa maliciosa, agregó—: Veo que estás inconforme, hijo. Tú también vas a ayudar a los muchachos, para que no pienses que he perdido el toque. Eso va para ti también, Ronald Weasley.


El aludido casi se atragantó con la tostada que comía tranquilamente hasta ese momento al oír las palabras de su madre.

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