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Magiworld Parabellum. por EL_GAMER_LOCO

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Notas:

¡Buenas! Esta es mi primera historia tras mucho tiempo, se trata de una sencilla novela que decido escribir improvisando en mis tiempos libres.

Se basa en un juego de cartas creado por mi persona que aún más allá esta inspirado a la obra Yu-Gi-Oh!

Espero disfruten la lectura, muchas gracias.

"¡Y entonces activa desde la mano la evolución forzada, se pasa por encima a su rival y trae al campo al poderoso Milenario Dragon Tesorero! Que maravilla, que jugador."

Un televisor resonaba en la oscuridad de una habitación en la cúspide del abandono. Sintonizaba una batalla narrada con la mayor emoción en contraste de aquella sala.

- Tsk! Era evidente que su estrategia era esa, no la cambia desde los cuartos pero vas y lo ayuda con el estúpido duende. Esta arreglado, las peleas ya no son lo que eran. - Una voz resonaba desde la oscuridad; sentado frente al sofa más sin embargo la luz no lo alcanzaba. - Pero pronto... Pronto será que este jueguito basura vuelva a la gloria pero antes. -

Se levantaba de su asiento, la luz del televisor llegaba un poco más a quien la veía; Un traje negro tan bien cuidado que estaba de fuera de lugar. No obstante no tardo mucho en apagarla y retirarse de aquella sala.

De la silenciosa sala a una habitación llena de bullicio. Las rojizas luces eran las que reclamaban semejante escenario, personas bebiendo y festejando.
Algunos hasta peleando, la gente malviviente era la que disfrutaba de la pomposa fiesta. Ahí fácilmente se sentía fuerte olor del alcohol tirado, cigarros e incluso hasta el ferreo de la sangre fresca.

Aquí y allá música, bochinche alocado que se colmó una vez las luces se apagaron. Sorprendente fue la facilidad de conseguir un silencio tan abrupto de una multitud así, una persona emergió del escenario que allí se encontraba; Era un gordo y senil sujeto que vestía de camisa hawaiana; Su rostro feo como la peor blasfemia con una enorme nariz proveniente del fetido anciano.

- ¡Señoras y señores! ¡Es tiempo de las apuestas! Recuerden pasar por la barra, el barman se encarga de organzar el dinero. ¿¡Quienes luchan hoy se preguntaran? Por una parte, nuestro campeón de la Casa. ¡Aquel que ha conquistado los peores campos de batallas y se ha alzado airoso con un pie en la tumba! ¡Ni muerto podrás vencer al jugador de los Zombies Malditos! ¡Aquí viene el Marqués No Muerto, Gioco! Y por otra, un nuevo "Duende" esclavizado por El Santa. ¡El único mocoso que le queda vivo, El Sin Nombre! - Se alumbraron ambas pantallas detrás del carismático bastardo.

En una figuraba la foto de un sujeto de camisa negra algo abierta con una apariencia sombría y galante; sus cabellos oscuros algo cortos con unos ojos color negros como la noche.
Su nombre figuraba en la pantalla; Gioco Arlequín junto a una información.
"Treinta Victorias, Dos Derrotas."
"Baraja; Zombies Malditos."

Por otra parte, aparecía un jovencito de medianos cabellos dorados, tenía un paeche con una X rojiza. Sus ojos celestes y piel blanquecina lo hacían parecer casi un angel, más sus vestimentas estaban bastantes roñosas y esa pequeña melena se veía ciertamente descuidada.
"El Sin Nombre."
"Victorias; 0 Derrotas; 0."
"Baraja; ???"

- Ahora en cinco minutos empezará la batalla, ¡Asegurense de apostar! -
El bullicio se encendio en ese momento, las voces se alzaban mientras alocados se iban directos a las barras para empezar sus apuestas. Empujones, caídas, se veían extasiados ante la buena oportunidad de conseguir dinero.

El Barman, un cortés sujeto con pintas de caballero inglés atendía cortésmente apuesta por apuesta tomando notas. Él seguía y seguía anotando de forman tan automática como una maquina, tan fácil le era que se tomó la libertad de perderse en pensamientos. - (Vaya... Al parecer nadie apuesta por el muchacho. Nadie me ha avisado que esta apuesta estaba arreglada... Supongo será un asunto personal del jefe.) - Siguió así hasta que...

- Apuesto 5.000 Plateados por El Sin Nombre. - Una voz lo sacó de sus pensamientos, alzó la mirada al notar a ese hombre tan alto de traje oscuro.
Solo alcanzó a ver una sonrisa con un sedoso cabello blanco cayendo por sus hombros. Titubeó por momentos más al instante se recompuso y preguntó.
- ¿A nombre de quién... Señor? -


- A nombre de Luci. Un gusto. - Y tras eso se retiraba el singular sujeto.

Y ahora nos encontrabamos en una de las recamaras privadas. Una donde había diversos cachivaches, desde un vestuario, grandes espejos junto maquillajes, también mesas de juegos. Todo cubierto por la gruesa capa de polvo y dejadez, allí se encontraba nuestro joven luchador sentado frente a los grandes espejos, mezclando sus cartas y sacando la primera.

- Arquera Real... Escudero... Tomate un Descanso... Aaah! Estoy nervioso, quiero pelear pero, pero, aaah! Que nervios. - Tartamudeando aquel chiquillo mientras seguía jugando con su baraja antes de voltearla y revisar todas las cartas por sexagésima vez. - Me costó mucho conseguir esta oportunidad... ¡Más vale que lo logre! -

- Y si, es lo que más te conviene, mocoso. - Un peculiar acento, una presencia bastante abrumadora. Un hombre de cabellos blancos tan largos como despeinados cual permanente, lentes negros que cubrían sus ojos más no ocultaban sus cejas pobladas.
Su bigote ancho cual mostacho con blanco destacaba, vestía una camisa con un camperon oscuro.
Él entró a aquella habitación y lanzó un carta que quedó en la mesa.

- ¡Se-señor Santa! Es un gusto que este aquí. ¿Le paso su carta? - El llamado Santa negó con su cabeza mientras se acercaba y tomaba aquella carta asegurandose de no revelarla y la metía en la baraja del muchacho, tras eso procedió a mezclarla demostrando una inmensa agilidad en los diversos trucos.

El chico estaba maravillado por los trucos pero más incómodo por la carta introducida en su baraja, no le gustaba que se metiera con su perfecta baraja con una estrategia ideal.
- Tu Mazo es un total fiasco en este momento. Tienes buenas cartas pero contra tu enemigo no te servirán, los zombies malditos son más de lo que aparentan. Te di una carta, con ella podrás dar la vuelta al juego si tienes suerte, sino solo será una perdida de tiempo. No tengo nada más que decir; Nos vemos. -
Habló aquel excéntrico sujeto antes de retirarse de allí.

El Sin Nombre reaccionó con cierta curiosidad, la ocultó hasta que se fuera antes de revisar los cambios tan curioso como el niño que era. Buscó y buscó pero... No la encontraba, se sorprendió ante esto pero continuó revisando sin encontrar esa carta.
Se conocía al pie de la letra su baraja así que esto le sorprendía más cuando iba a indagar con mayor profundidad fue sorprendido por la campana que avisaba la hora del combate. Así que esbozando un suspiro se dirigió hacía la zona de batalla.

¿Cuál era? Esa sala llena de vicios tenía en el centro de todo una bajada que llevaba a un mesa. Allí es donde los dos jugadores empezaban. Por la puerta del este salió y se sorprendió ante las repentinas luces, todo estaba lleno de gente ya volviendo a divertirse hasta que lo notaron y se mostraron sorprendidos. Él con duda miró a todos lados antes de encontrarse a Santa en la barra quien se palmeó el rostro impresionado.

- Niño idiota. ¡Debías esperar a que te llamen para pasar! - Exclamó el viejo gordo desde aquel escenario antes de lanzarle un vaso, el cual afortunadamente no le dió. - Ya no importa, ve a tu lado, niñato de mierda. -

Se disculpó en voz baja antes de seguir su camino, las agresiones e insultos junto a las burlas del público no le importaban mucho. Él estaba acostumbrado a que así fuesen las cosas así que solo bajó la cabeza y caminó hasta aquella mesa y se sentó en su silla.
Ahí pudo observar el tablero, cuatro hileras.
La primera tenía una casilla con una flecha hacía adelante, la segunda dos con flecha entrecruzadas hacía ellas y en direcciones cruzadas.
La tercera tenía tres, también intercruzadas pero todas señalaban a la de adelante que era una al medio al costado izquierdo habia cuatro casillas que iban hacía él. Su enemigo contaba con el mismo tablero.

Las luces se apagaron finalmente, el chiquillo sabiendo lo que pasaba simplemente pensó - (Así que esta es mi primera batalla... Aah... Que nervios, enserio, enserio.) - Entonces se prendieron nuevamnte pero solo enfocando a la puerta del oeste.

- ¡Ahora demos entrada al Local del Bar! Nuestro campeón que vence dejando en la tumba a todos sus enemigos. Incapaz de rendirse, el poco conocido de la derrota y desconocido del empate; Solo busca ganar... ¡Aquí viene Gioco Arlequín! - Y era esa puerta donde llegaba aquel hombre, Gioco. Una sepulcral indiferencia lo acompañaba en su entrada. Pese a animos y algunos abucheos el miraba hacia adelante con total frialdad ante todo, llegó a la mesa.

Se sentó y tomó su baraja. - Empecemos con esta estúpida pelea. - Balbuceo el pelinegro antes de buscar velozmente de su baraja una carta la cual colocó en la primera zona. - Llamo como Rey a la carta "Chamán Maldito Zombificado." - Procedió a mezclar velozmente para luego acercar la baraja a su enemigo.

- ¿Cortas? Novato. - Habló friamente a su enemigo. Mientras le acercaba aquel mazo. Algo asustado él asintió, cortó su mazo y luego procedió a sacar su carta rey. - Y-yo coloco como rey a la Carta Sirviente Sapo Principe Guerrero! Aho-ahora mezcla... Digo corta Novato. - Sus ojos temblorosos como su voz mientras asustado se ponía a prueba ante la intensa mirada del pelinegro.
Y con la tensión rasgando el aire, todos podían observar lo que iba a suceder... La batalla que estaba por empezar.

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