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No es otra historia de fantasía, ¿o quizás si? por K Dany

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Notas del fanfic:

Nunca he sido bueno dando estas notas. Pero, espero que esta historia sea de tu agrado.

Y si deseas comentar, no dudes en hacerlo.

Notas:

Primero que nada, muchas gracias por leer. Espero ser merecedor de sus comentarios y reviews (saber lo que piensan me ayudaría a mejorar).

Segundo, si quieren conocer cómo es Ynca a profundidad, publiqué el mapa en DeviantArt. Pueden buscarme como "KDanyT", o a pegando en su barra de búsqueda este enlace:

https://www.deviantart.com/kdanyt/art/Mapa-de-Ynca-903853952

 

Hace ya varios años que los héroes fueron invocados a Ynca. 4 de los 5 héroes en turno ya habían sido identificados.

Nombrados en clave por el arma con la cual se desenvuelven, se encuentra el héroe de la Maza, la de las dagas, la del tridente y el más prometedor, él de la espada a dos manos (o mandoble).

 

Paul es todo lo que se esperaría de un protagonista genérico de fantasía basada en la época medieval llena de magia y mazmorras: joven (de 17 años, igual que sus demás compañeros héroes), sin personalidad, de buen corazón, un prodigio en todas las artes en las cuales se inmiscuya, con un atractivo inexistente pero que por alguna razón enamora a toda chica que se le cruce en su camino, pero sobre todo (y más importante) un PRINCESO a la hora de corresponder los sentimientos de la chica que le gusta o las que se le insinúan.

Pero, en fin, en este momento, él junto a la ayuda de los demás héroes y sus ayudantes se encuentran librando la batalla más épica e impresionante jamás contada en la mansión del villano de la historia, aquel autoproclamado dios y etiquetado por las personas como el Rey demonio, soberano de la maldad y de la salsa que si pica.

 

Explosiones de magia por aquí y por allá, subordinados del mal cayendo uno por uno, ataques precisos por parte de los humanos, y el sentimiento de la victoria finalmente cerca.

Joseph (héroe de la maza) e Isabel (heroína del tridente) recorrían los pasillos preguntándose donde se encontraba su compañero y mejor amigo Zero.

Lana (heroína de las dagas) se encargaba de cuidar a todos los soldados heridos junto a David (No hace falta que se aprendan los nombres, no son importantes para la historia, aún).

Y Paul, él ya se encontraba en la sala principal en modo de batalla para finalmente dar el golpe final al villano del mundo. En lugar de iniciar un combate tan vistoso y con destellos de colores a lo Dragon ball, aquí se sentía un ambiente deprimente. El rey demonio no podía pelear. Se encontraba débil y envenenado desde días antes.

—Así es como se gana en la guerra —dijo Paul feliz por su inminente victoria. No solo planeó envenenar al enemigo en el combate que habían sostenido días antes, sino que estudió perfectamente sus horarios, sus fortalezas, sus debilidades y el día perfecto para atacarlo.

Pero al dar un paso, magia de agua contenida en un recipiente redondo (en realidad solo era un globo con agua siendo lanzado haciéndose pasar por magia) y una flecha lo hicieron retroceder. De las sombras aparecieron dos figuras conocidas para el héroe.

—A que no te esperabas este giro argumental, verdad —dijo la persona que atacó lanzando una flecha con su arco, de nombre Zero—. ¡No dejaré que lo mates!

Paul ciertamente se encontraba sorprendido. Nunca esperaría que alguien tan cercano como Zero fuese a traicionarlos, de nuevo…

 

 

 

Seguiría contando la historia, pero de seguro ahora mismo, lector, no simpatizas (e incluso ni te ha de importar) con este hecho, así que retrocedamos un poco para que comprendas la situación por la cual llegamos hasta este punto.

La historia comienza tiempo atrás, así que retrocedamos en el tiempo y viajemos a otra dimensión paralela de una realidad parecida a la Tierra, pero por cuestiones de comodidad, a este otro mundo simplemente también le llamaremos “Tierra”.

Igualmente, como dice la sinopsis, dejaremos de lado al Héroe perfecto al que todo le sale bien (o si no, la historia sería aburrida y predecible), y nos centraremos en Joseph y Zero de 16 años, justo después de salir de un día normal de preparatoria.

 

 

Ahora sí, podemos comenzar nuevamente…

Érase una vez, dos jóvenes que se encontraban campantes por los alrededores de su ciudad. Antes de regresar a sus casas, y después de la escuela, salían de los límites de la ciudad a explorar el terreno para encontrar tesoros dejados por la guerra de hace ya más de 20 años.

A mitad de su exploración por el prado sin árboles, y tal como sucedió desde hace unos días atrás, les reprendió Melanie, una chica de su aparente edad, de cabello oscuro, delgada, ojos color castaño oscuro y siendo en general bastante hermosa.

—No pueden estar aquí, puede haber minas enterradas.

Ambos chicos miraron a verla, después observaron el terreno y finalmente uno de ellos habló:

—Eso no puede ser posible —Zero, de cabello gris oscuro y alborotado, y ojos cafés, le respondió seguro de sí mismo—. Ayer averigüé que esta zona está libre de minas, al igual que de todo material peligroso por la guerra.

—No mientas de esa manera —respondió la chica—. Si eso fuera cierto, entonces ustedes no estarían buscando restos de la guerra.

—Tienes un buen punto —ahora habló Joseph, quien definitivamente era el más alto de los 3, de cabello castaño y ojos claros—. Pero lo que buscamos son los búnkeres y pasadizos secretos que tienen la zona.

—Eso es igual de peligroso —reprendió Melanie, pero los 2 chicos siguieron su camino—. ¡No me ignoren!

Sin tener otra alternativa, además de preocuparse por ellos, la chica los siguió.

Después de varios minutos de caminar y de pláticas acerca de series de televisión, encontraron el premio mayor escondido tras varios árboles, arbustos, maleza y unas casas en ruinas.

En el suelo se encontraba una entrada a lo que parecía era un sótano. Una vez dentro, Zero alumbró dentro con una linterna mientras Joseph limpiaba lo mejor que podía las telarañas por donde pasaba con la ayuda de un plumero.

Melanie, por su parte se encontraba en la parte de arriba diciéndoles que podría ser peligroso.

—Esto no puede ser un sótano normal, ¿o sí? —Joseph dijo lo que pensaba en el momento en el cuál observaba a través de la luz de la linterna toda clase de materiales de laboratorio llenos de polvo.

Zero se encontraba intrigado, por lo que comenzó a mirar más de cerca todo lo que tenía el lugar por ofrecer. Máquinas descompuestas, notas ilegibles por el paso del tiempo, estantes llenos de telarañas, y la electricidad que todavía funciona—. Espera espera. ¿Cómo es que todavía tiene electricidad este sitio? Parece que a alguien le saldrá caro el recibo de luz.

Sin saber que responder, ambos simplemente continuaron husmeando entre todas las cosas. Y ahora con luz, resultaba más fácil.

Joseph, de su mochila, tomó otros 2 plumeros, le dio uno a su amigo y gritó—: Melanie, ¡Ya que estás aquí, ayúdanos a buscar tesoros!

Ella volteó a ambos lados y suspirando bajó, sin dejar de insistirles del peligro.

Tomando un plumero también, los 3 empezaron a ordenar todo, buscaron en las demás habitaciones en las que se podía acceder. Encontraron utensilios viejos de limpieza (que no dudaron en utilizar también para su fin), más maquinaria extraña y artefactos de laboratorio desconocidos en más estantes.

Las pocas notas en la superficie que eran legibles, simplemente trataban sobre la guerra o cosas sin importancia.

Dentro de este misticismo, a ambos chicos solo se les vino una cosa en mente: Harían de este lugar algo así como su base secreta para guardar todo lo que encuentren en los alrededores. Y es por eso que se las arreglaron para dejar todo lo mejor posible, botaron lo que ya no servía y se adueñaron del sitio sin pensar que todo esto puede ser visto como allanamiento.

 

 

Así pasaron varios días. Melanie, quien también salía a la misma hora que ellos del colegio, los seguía para cuidar a este par de irresponsables. Pero juntarse con ellos hizo que también se interesara en el sótano.

Y una vez que el polvo de los cuartos ya no existía más, era hora de abrir a la fuerza los muebles que no pudieron antes. Al abrir el primero, encontraron el tesoro que los haría iniciar sus desventuras. Primeramente, se encontraba un libro y varias raras pulseras con pinta electrónica.

—Wow —Melanie se sorprendió al ver que éste si se encontraba en perfectas condiciones—. Este si se puede leer.

Las notas del libro eran variadas. Había 2 letras diferentes y las iniciales de los autores eran “A, T” y “L, R”. En cuanto al contenido, detallaba lo que parecía un diario personal, pero con tintes de enciclopedia, cuaderno de dibujo y diario de campo.

Pero, la segunda página destacó por sobre todas. Llevaba por título “La realidad de Ynca”. Destacaba principalmente por escribir acerca de un territorio todavía azotado por la guerra, donde la magia existía, y donde existían criaturas de cuentos de hadas.

—¿En serio? —Más que asombrarse, Zero se decepcionó—. Pudieron habérselas ingeniado mejor para no sonar tan genérico. Esa clase de historias estilo medieval ya me aburren.

—¿Habrá elfos, orcos, duendes y ese tipo de cosas? — Joseph le siguió la corriente. Ambos, como amantes de las historias ya no se impresionaban con la construcción de mundos de fantasía donde metían a ese tipo de criaturas. Tomaban al contenido del libro como una historia que seguramente sería promedio como muchas.

Sin tomarle importancia a ellos 2, Melanie siguió leyendo en voz alta. Lo siguiente que dijo fue la manera en cómo se hace magia, pero solo había una vaga descripción acerca de que la única manera de hacerla era “artificialmente”, y con la ayuda de dispositivos que se colocan en la muñeca de la mano dominante. También se encontraba la advertencia que, si estos dispositivos aparecían en otros mundos o realidades y alguien se lo coloca, eventualmente sería teletransportado a Ynca, para tener la oportunidad de convertirse en Héroe.

Al leer la descripción, los 3 voltearon a ver las pulseras, las cuales seguramente forman parte de la historia antes mencionada, y pensaron “que tontería, como si esas cosas pasaran”.

—¿Y si nos las ponemos? —por más tonto que le pareciese, aun así, Zero pensó que tener una pulsera no sería tan mala idea—. Ya que se ven geniales.

Nadie podía ignorar ese hecho. Las 11 pulseras tenían diseños únicos metálicos diferentes que se veían geniales. Sin mencionar que, por alguna razón, se encontraban limpias de polvo e imperfecciones. Muy misteriosa la cosa.

Joseph tomó una y se la puso. Al ver que ambos ya la tenían puesta, la chica suspiró y también se colocó una… Y… Nada pasó… Al menos no de momento.

Luego de burlarse de la historia que leyeron, simulando lanzar magia como estaba escrito y reír sin parar, partículas de luz comenzaron a emerger de la nada puesto que del otro comenzaba a hacerse el ritual de invocación a aquellos quienes aceptaron la tarea de probar ser dignos de ser llamados “Héroes”.

 

 

Y es así como inicia la travesía a través de una historia cliché de fantasía.

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