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Ofrenda a la tormenta por LDGV

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Disclaimer: Ni Evangelion ni sus personajes me pertenecen.

Ofrenda a la tormenta

Como ya era cotidiano desde hacía quince años, el insoportable calor, en la forma de aquel verano eterno que agobiaba al país entero, provocaba que los presentes en el salón de clases buscaran alivio en las tenues ráfagas de viento que entraban por las ventanas. Sin embargo, por más ilógico y absurdo que pareciese, Toji Suzuhara, empleando su clásica chaqueta de siempre, ni siquiera se inmutaba por ello.

Silencioso, sin prestarle atención de las lecciones que su maestro instruía, Toji, cruzado de brazos, mantenía sus ojos puestos en alguien en específico sentado a varias filas por delante de él. Normalmente, al ser una ciudad enorme con mucha población, aquella aula solía verse llena de alumnos, pero hoy, con más sillas vacías que personas, apenas si había un puñado de estudiantes.

Hasta hace unos cuantos días, lidiando con sus bajas calificaciones y demás deberes escolares, para Toji la vida avanzaba con un ritmo estable y monótono. Pasar las tardes en la cancha de baloncesto de la escuela o jugar videojuegos con Kensuke, teniendo más importancia para él que estudiar, eran las únicas prioridades que acaparaban sus pensamientos sin que nada perturbara aquella cómoda rutina.

No obstante, alterando la realidad misma de una manera que jamás sospechó, un demonio púrpura, haciendo temblar el suelo bajo sus pies al caminar, marcó un antes y un después tanto para él como para todos los habitantes de Tokio-3. Ese día en concreto, al estar tumbado en su cama mirando el techo, Toji ignoraba la tarea de matemáticas que esperaba pacientemente por él en su escritorio.

De repente, sintiendo un par de pequeñas sacudidas y vibraciones que estremecieron los muebles de su habitación, Toji arqueó una ceja al creer que aquello se trataba de un simple sismo; empero, al irse intensificando en potencia, para Toji aquellas oscilaciones pronto se convirtieron en un motivo real de intriga y preocupación, lo cual, siendo seguido por unos estruendos en las afueras, lo forzó a investigar.

¿Pero qué está sucediendo allá fuera?

Deslizando una cortina, echando un vistazo al exterior por medio del cristal de una ventanilla, Toji se quedó pasmado al ver como los transeúntes en las calles corrían aterrados como si un enemigo invisible los persiguiera; asimismo, notándose una creciente presencia militar tanto en tierra como en el aire, Toji no necesitó pensar demasiado para comprender que algo extraño y anómalo estaba ocurriendo.

Segundos más tarde, dándole más razones para preocuparse, los que fuesen unos tenues temblores comenzaron a hacerse tan fuertes que todo el edificio de departamentos donde vivía, moviéndose hasta sus cimientos, le dio la impresión que se derrumbaría por completo. Y si tales circunstancias, por sí solas, no fueran ya alarmantes, Toji, al escuchar los llamados de su hermana, recordó que no estaba solo.

¿Sakura, dónde estás? ¡Respóndeme!

Al encontrarse su padre en su trabajo, padeciendo también la ausencia de su madre quien murió años atrás, Toji cargaba en sus hombros el deber de cuidar a su hermana menor Sakura, la cual, llamándolo asustada, hizo que Toji corriera desesperado por encontrarla. Para su fortuna; a pesar del caos que iba ganando más fuerza con el transcurrir de los minutos, Toji la halló fácilmente al verla ante el televisor.

¿Hermano, qué está sucediendo? –Preguntándole al verlo llegar, nerviosa por las sacudidas que se repetían periódicamente, Sakura se aferró a su hermano confiando en que estaría segura con él–en la televisión están diciendo algo sobre una emergencia.

¿Qué dices?

Con rapidez, urgido por la apremiante necesidad de saber qué estaba pasando, Toji se giró hacia la pantalla encendida de la televisión, donde, repitiendo una y otra vez el mismo discurso, la imagen de uno de los tantos periodistas del noticiero local de Tokio-3 acaparó el interés de Toji.

Ha sido declarado un estado de emergencia especial dentro de las regiones de Kanto y Chubu, alrededor del distrito de Tokai. Todos los civiles deben dirigirse de inmediato a sus refugios designados. Esto no es un simulacro, repito, esto no es un simulacro.

Sin su padre con ellos, viéndose obligado a tomar decisiones apresuradas que podrían costarles la vida, el Toji Suzuhara al que le importaba un comino su futuro académico, fue reemplazado, instantáneamente, por un Toji Suzuhara serio cuyo único objetivo era que su hermana saliese ilesa y sin peligro. Sea lo que sea que estuviese ocurriendo, Toji, cargando a Sakura en brazos, la pondrá a salvo.

¿Qué está pasando, hermano? –Sakura, muy inquieta, se sujetó con fuerza a la inseparable chaqueta que Toji siempre traía puesta– ¿por qué todo se está sacudiendo?

Teniendo, exactamente, las mismas dudas que lo devoraban a él, Toji no fue capaz de responderle a su hermana; sin embargo, sabiendo lo asustadiza que era Sakura, Toji intentó aplacar sus nervios inventando la primera mentira que se le vino a la mente. Así pues, diciéndole que todo era un "juego", por más tonto que eso sonase, Toji se apresuró a salir de su hogar para luego abandonar el edificio.

¿Papá vendrá con nosotros? –Haciéndole más preguntas, demasiadas para el gusto de Toji, Sakura miraba como los demás residentes de aquel condominio hacían lo mismo que ellos, al bajar, apresurados, por las escaleras de emergencia– ¿qué clase de juego es este?

Nos veremos con él cuando lleguemos, no te preocupes por papá–agitado, hablando entrecortado, Toji luchaba por recuperar el aliento en tanto seguía bajando más escalones–es un juego muy simple, sólo tenemos que llegar a un lugar que está bajo tierra. Nos quedaremos allí un rato, después regresaremos a casa.

Una vez que llegaron a la planta baja, todavía percibiéndose las sacudidas que estremecían la ciudad, Toji cruzó la puerta principal de la edificación, encontrándose, frente a él, toda una división de tanques de guerra que avanzaba a gran velocidad en la misma dirección. Toji, pensando en Kensuke, imaginó que de poder estar allí con él, su amigo estaría maravillado grabando la actividad militar con su cámara.

En el cielo, casi eclipsando el sol al ser muy numerosos, varios aviones de combate pasaron por encima de sus cabezas al volar en formación hacia el mismo punto. Todo aquello parecía sacado de una película. Toji, en su joven vida, nunca antes había presenciado algo ni vagamente similar. Por ende, al voltearse por un instante, tratando de ver hacia dónde se dirigían, su búsqueda se vio interrumpida por una voz.

¡Oye tú, niño!

Un soldado, caminando hacia él, no tuvo problemas para intimidarlo gracias al robusto armamento que portaba consigo. Detrás de éste, asegurándose que las calles y avenidas estuviesen despejadas, otros soldados más les giraban órdenes a los pocos civiles que todavía se mantenían a la vista. De continuar con ese ritmo, haciendo que Tokio-3 se volviese una urbe fantasma, la evacuación acabaría pronto.

¡Ningún civil debe estar en las calles, dirígete de inmediato a tu refugio designado!

¿Qué es lo que está ocurriendo? –Por instinto, queriendo respuestas a sus dudas, Toji le preguntó– ¿qué son esos extraños temblores que están sacudiéndolo todo?

¡No es tiempo para hacer preguntas, niño! –Con firmeza; aunque compartiendo sus inquietudes, aquel hombre armado le vociferó– ¡lárgate a tu refugio designado, ahora!

No siendo necesario escuchar lo mismo dos veces, Toji, reanudando su huida sin entender qué causaba aquel pandemónium, empezaba a desear, con toda su alma, que las cosas volviesen a su cauce normal, para terminar, sin más distracciones, su tarea pendiente de matemáticas. Así pues, haciendo memoria, Toji se esforzó por recordar cuál de todos los refugios subterráneos era el correspondiente a su familia.

Desde que se mudó a Tokio-3 hacía un par de años, al encontrar su padre un empleo estable en la nueva capital de Japón, Toji no se demoró mucho en notar que aquella metrópoli no era como todas las demás en el país. Rodeando el perímetro de la ciudad, como si estuviesen esperando una futura invasión, Toji observó una incontable cantidad de cañones de artillería y demás fortificaciones del ejército.

Una vez que se instalaron en su hogar, tanto él como el resto de los recién llegados a la ciudad, fueron instruidos sobre la intrincada red de búnkeres que yacían a varios metros de profundidad por debajo de la superficie. Asimismo, recordándoles las terribles guerras que se dieron a raíz del Segundo Impacto, las autoridades de Tokio-3 alegaron que aquello era una medida de seguridad y protección para ellos.

En un inicio, sintiéndose afortunados por vivir en una de las ciudades más modernas, fortificadas y preparadas de toda la nación, los civiles, ingenuamente, no creyeron que llegase el día en que tuviesen que recurrir a tales contingencias. Pero viendo rota esa creencia, poniendo su fe en aquellos albergues bajo el subsuelo, Toji miró no muy lejos la entrada del refugio al que su familia le correspondía asistir.

¡No cierren la puerta, no la cierren!

Cada búnker poseía una sola entrada, la cual, funcionando como salida, también consistía en la única ruta para regresar a la urbe. A simple vista, teniendo un aspecto idéntico a la de una estación de un metro, para llegar a la zona segura en sus entrañas, se debía descender por una escalinata que terminaba ante una gruesa y pesada puerta de acero reforzado que era rodeada por duro hormigón.

¡Rápido, entra!

Mirándolo aparecer a ínfimos segundos de bloquear el acceso, el personal encargado de dirigir aquel sitio se detuvo justo a tiempo cuando Toji se presentó ante ellos. De inmediato, respirando tranquilo al estar allí adentro, Toji se volteó para ver cómo los rayos del sol eran bloqueados lentamente hasta que el mundo exterior fue dejado atrás por completo, hallándose, temporalmente, en una oscuridad total.

Casi instantáneamente, encendiéndose un amplio sistema de luces y bombillas en el techo, las tinieblas se esfumaron, revelándole, a Toji y Sakura, la muchedumbre que les hacía compañía en aquella caverna artificial. Hombres, mujeres, niños y ancianos, todos ellos, sin importar su edad, compartían la misma incertidumbre y desconcierto que, plasmándose en sus rostros, evidenciaban la confusión que reinaba.

¡Refugio 327, asegurado! –Escuchando a unos de los soldados que mantenía el orden comunicándose con alguien por medio de un teléfono, Toji, de soslayo, lo vio informar de la situación en aquel búnker– ¡permanecemos alertas y en espera de nuevas instrucciones!

¿Ya terminó el juego? –Sakura, sacando a Toji de sus pensamientos, lo hizo mirarla olvidándose de aquellos uniformados– ¿cuándo veremos a papá?

No, aún no ha terminado. Nos quedaremos con todas estas personas por un tiempo, luego regresaremos a casa y nos reuniremos con papá allí–si bien se sentía exhausto por correr y cargar a Sakura en sus brazos, Toji, negándose a separarse de ella, continuaba abrazándola contra su pecho–ahora busquemos un rincón donde descansar, ya verás que todo estará bien.

Necesitado de descanso, ansioso por recuperar sus fuerzas, Toji zigzagueó entre el gentío allí reunido poniéndose cómodo en una esquina libre y despejada en la parte trasera del refugio. Pese a que todavía se percibían las sacudidas que estremecían el suelo, gracias a la sólida estructura que constituía aquel recinto, dichas oscilaciones se reducían a unos leves temblores que, en apariencia, lucían inofensivos.

Ni Toji ni ninguno de los civiles ahí escondidos, imaginaba, ni remotamente, que tales estremecimientos se debían a una criatura bestial y sobrenatural que, a una velocidad lenta pero constante, iba aproximándose a la ciudad sin que nada de lo que hiciese el ejército por detenerla frenara su avance. Aún así, para desgracia de Toji, la lucha que se veía muy lejana acabará llegando ante sus propios ojos.

Al ver como aquella fugaz tranquilidad se iba disipando, una porción de los refugiados, cansados del secretismo y silencio de los militares que los custodiaban, empezaron a alzar la voz exigiendo explicaciones a sus cuestionamientos. Toji, manteniendo a su hermana lo más lejos posible de aquellas disputas, se limitó a escuchar los gritos y forcejeos que empezaban a esparcirse como un virus.

¿Qué demonios está ocurriendo allá afuera?

¿Por qué estamos escondidos aquí?

¡Tenemos derecho a tener respuestas!

Están aquí por su protección. Cuando la situación se haya controlado, se les permitirá regresar a sus hogares–no queriendo recurrir a las armas de fuego con las que contaban, aquellos militares, apelando a la concordia, buscaban tranquilizar los ánimos al no revelar la naturaleza de la amenaza que los atacaba.

¿Protección? –Susurrando, no queriendo que Sakura lo escuchase, Toji se preguntó a sí mismo al mantener encendidas sus dudas– ¿protección contra qué?

Las siguientes horas fueron tiñéndose con más ansiedad, al sentirse, gradualmente, como las vibraciones se fortalecían con el pasar de los minutos. El frío, el hambre y el temor, en especial este último, acabaron por consumir las energías del grupo de individuos en aquel búnker, provocando, en consecuencia, que las escaramuzas y discusiones cesaran al preferir estar allí adentro que afuera.

Aunado a eso, las luces, viéndose afectadas por los retumbos y estallidos que se originaban por encima de sus cabezas, empezaron a titilar en tanto pequeñas partículas de polvo se desprendían del techo y las paredes de concreto, llenando, con demasiada rapidez, el oxígeno que respiraban. Por ello, deseando aire fresco para él y su hermana, Toji, en cuestión de escasos segundos, se arrepentirá de tal deseo.

¿Es el fin del mundo?

Habiéndose esparcido el miedo y la zozobra entre los presentes, Sakura, quien normalmente solía hablar de más, se mantuvo callada por una prolongada eternidad, hasta que, justo ahora, rompió su afonía formulándole aquella pregunta a su hermano mayor. Toji, sorprendido por volver a escuchar su voz, se olvidó por un instante de lo que sucedía, bajando, muy suavemente, su mirada para verla cara a cara.

Allí, observando su rostro débilmente iluminado por las lámparas que fallaban, Toji Suzuhara pensó en primera instancia en decirle un simple "no"; sin embargo, al desconocer qué pasaba y qué ocurrirá con ellos, se vio incapaz de mentirle a Sakura. Así pues, acercándola más a él, Toji se disponía a responderle con un honesto "quizás" cuando una violenta e inesperada explosión, detrás de ellos, lo cambió todo.

Toji, quien salió expulsado a varios metros por la potencia del impacto a sus espaldas, no pudo sostener a Sakura en sus brazos, tal cosa, inmediatamente, generó que ambos se separaran sin que pudiesen verse el uno al otro. Los demás ocupantes del búnker, experimentando una situación similar, se hallaron cegados por la negrura de la noche, que se vio, más ennegrecida aún, a raíz de los escombros y el humo.

¿Acaso había caído una bomba sobre la capital?

¿La súbita detonación se debió a un atentado terrorista?

¿Este era el inicio de una nueva guerra mundial que destruirá el planeta?

Aquellas eran las inquietudes y cuestionamientos que revoloteaban en las mentes de algunos de los refugiados, pero Toji, preguntándose dónde se hallaba su hermana, no era uno de ellos. No obstante, antes de lograr encontrarla, debiendo superar primero el zumbido agudo y punzante que estremecía sus oídos, Toji se mantenía tumbado en el piso luchando por reponerse y recuperar la compostura.

¿Sakura, dónde estás? –casi sin voz, escupiendo una pizca de sangre que se acumuló en su boca, Toji Suzuhara intentó en vano reencontrarse con su hermana.

Con notoria dificultad, rodando sobre sí mismo al no recibir respuesta a su llamado, Toji apuntó su visión hacia el inmenso agujero que se produjo como secuela del estallido que destrozó el techo y uno de los muros del refugio. Y allí, en medio de la confusión y la agitación, Toji hizo un descubrimiento inusitado que puso en tela de duda lo que sabía, hasta ese entonces, del mundo donde vivía y creía conocer.

Una mano; una mano gigantesca, más grande que un autobús, cuyos dedos, igualmente monstruosos, se ubicaba frente a él al ser la causa de la destrucción que lo separó de su hermana. En un principio, como era natural suponer, Toji se negó a creer lo que sus sentidos percibían; empero, al ver como esa mano de color púrpura se cerraba al formar un puño, no tuvo más remedio que aceptar la increíble realidad.

Pronto descubrió también que aquella mano se conectaba a un brazo, y ese brazo a un hombro, el cual, al ser extraído desde las profundidades del búnker, le permitió a Toji poder mirar hacia el exterior como si estuviese en presencia de un portal dirigido a otra dimensión donde habitaban bestias colosales. Por ende, hipnotizado por lo que observaba, Toji se quedó pasmado ante el paisaje dantesco delante de él.

Un demonio metálico de piel morada, moviéndose y saltando como un demente sin control, corría a toda velocidad hacia otro engendro infernal que le esperaba para reanudar su pelea. Aquel robot, rugiendo y aullando como un animal salvaje, dejaba, tras de sí, una atroz ola de destrucción al derribar edificios con el mero hecho de tocarlos. Sus pies, al correr, hacían temblar el suelo sin ninguna piedad.

Los temblores; los temblores son culpa de esas malditas monstruosidades…

Empezando a unir las piezas del rompecabezas, sacándole provecho a un instante de claridad mental, Toji al fin entendió el génesis de la locura que ha vivido desde que escuchó aquella orden de evacuación en la televisión horas atrás. Los alrededores, cuyos rincones había recorrido miles de veces al transitar por la capital, convertidos en una zona de guerra, lucían como el epicentro mismo del apocalipsis.

Cubierto de polvo, con algunas heridas en su faz y petrificado como una estatua, Toji Suzuhara, sin parpadear, contempló como aquellos dos adversarios luchaban entre sí. Se hubiera quedado allí por un milenio completo viéndolos luchar si no hubiese sido por una voz infantil inconfundible para él, una voz que, cargada de dolor y sufrimiento, repetía su nombre una y otra vez en un clamor agónico de ayuda.

¡Sakura!

Reaccionando de inmediato, ignorando aquella contienda titánica que Kensuke estaría grabando extasiado, Toji entró en razón al contestar la solicitud de auxilio de su hermana menor.

¿Dónde estás, Sakura? –Desesperado, mirando en todas direcciones sin que pudiese ver nada debido a la oscuridad de la noche, Toji ignoró sus propias lesiones para buscar a Sakura– ¡respóndeme, no dejes de hablar!

Tambaleándose, manteniendo el equilibrio lo mejor que podía mientras la ciudad entera se sacudía por el encarnizado combate de aquellos titanes, Toji caminó entre los escombros y demás obstáculos en el suelo internándose en la penumbra que cubrió el dañado búnker. Gritos, quejidos, lloriqueos y plegarias, colmando el ambiente a medida que avanzaba, fueron los ruidos más reconocibles para Toji.

Contando los segundos que trascurrían desde la última vez que escuchó a Sakura llamándolo, temiendo no llegar a tiempo a su rescate, Toji comenzó a desesperarse al ver que su búsqueda a ciegas no le ofrecía ningún resultado positivo. Poco o nada le importó que gran parte de la debilitada estructura del refugio terminase de derrumbarse sobre él, su único pensamiento era hallar a Sakura pese a los riesgos.

De repente, en medio de las brutales explosiones que llenaban la metrópoli, un llanto muy tenue pero familiar para él, resonando más cerca de lo que esperaba, forzó a Toji a cambiar de rumbo acercándose a la fuente de dicho sonido. Si bien sus oídos le aseguraban que Sakura yacía no muy lejos de él, sus ojos, incapaces de ver a través de la espesura de las sombras, le impedían orientarse con exactitud.

Fue allí que Toji, con cruel y burlesca ironía, pudo verla gracias al fulgor de otra detonación provocada por aquel robot morado que destruía todo a su paso. El brillo del estallido duró apenas un parpadeo; no obstante, observando las condiciones en las cuales se encontraba Sakura, para Toji aquel instante fue lo suficientemente largo como para que se volviese eterno e interminable.

Tirada en el piso, con una expresión de agonía indescriptible, la pequeña niña lloraba sin descanso al sentir el peso de un grueso bloque de hormigón aplastándole la pierna derecha. En ese momento, a Toji no le interesó de dónde venía aquella bestia mecánica ni tampoco cómo era posible que existiese, luego de rescatar a Sakura de esa trampa mortal, Suzuhara ansiaba vengarse de quien pilotease esa cosa.

¡Por favor, necesito ayuda! –Habiendo localizado a su hermana, Toji, parándose junto a ella, imploró por ayuda a quienes se encontraban allí presentes– ¡por favor, alguien ayúdeme!

Sin embargo, sus súplicas no fueron respondidas. Los soldados que había visto al llegar desaparecieron en menos de un pestañeo; entretanto, los otros civiles allí reunidos, preferían salvar sus vidas antes que pensar en los demás. Así pues, viéndose solo, sin nadie que le tendiese una mano amiga, Toji Suzuhara asumió su responsabilidad de hermano mayor, y se encargó, por sí mismo, de rescatarla y sacarla de allí.

Aquí estoy; aquí estoy…–arrodillándose junto a Sakura, usando su sentido del tacto para sentirla y hacer contacto con ella, Toji intentó tranquilizarla– ¡voy a sacarte de aquí, te lo prometo!

De haber sabido que algo así pasaría, cargando un enorme sentimiento de culpa, Toji se arrepintió de haber obedecido aquella orden de evacuación que los llevó hasta ese lugar, pero ya no teniendo caso lamentarse por eso, Toji se prestó a cumplir su promesa. Mientras Sakura seguía llorando, casi quedándose sin voz a causa de las fracturas que sufría, Toji pensó en la manera más rápida de liberarla.

A pesar de contar con una escasa iluminación, reuniendo el coraje requerido para intentarlo, Toji se colocó de cuclillas, sujetando, firmemente, aquella pesada roca que cayó sobre Sakura. Una vez listo, rogándole al cielo por un milagro, Toji apretó los dientes al comenzar a levantar aquel voluminoso escombro, sintiendo, instantáneamente, como sus músculos y huesos se tensaban y crujían.

Un centímetro a la vez, sacándole aprovecho a las cuantiosas horas de actividad física que acumuló en las canchas de baloncesto, Toji fue logrando su objetivo en tanto continuaba escuchando los sollozos de Sakura. Fue tan grande su nivel de concentración, que Toji, por más difícil de creer, ni siquiera le prestó atención a la última y violenta explosión que estremeció a la ciudad justamente a sus espaldas.

Por ello, a su vez que una columna de luz con forma de cruz se elevaba a varios kilómetros de altura, superando, inclusive, a los más altos rascacielos de Tokio-3, Toji Suzuhara, sin asistencia ni apoyo, logró inclinar aquel peñasco de concreto lo suficiente como para que alguien sacara a Sakura de allí. Desgraciadamente para él, sin que nadie se acercara a ayudarlo, se vio atrapado en una encrucijada.

Si soltaba la roca para intentar extraer a Sakura, la gravedad, convirtiéndose en su enemiga, haría que el macizo bloque de hormigón la aplastara de nuevo. Si conservaba su posición, al no ser socorrido ni apoyado, terminaría por cansarse sin que su hermana pudiese escapar. Empero, empecinado a socorrer a Sakura, por mucho que el peso fuese excesivo para él solo, Toji encontró una solución a aquel dilema:

Seguir levantando aquella enorme piedra hasta volcarla.

¡Pagará por esto, lo juro! –Llevándose a sí mismo hasta sus límites, empleando cada gramo de su fuerza, Toji no escondió su deseo de vengarse del responsable de la tragedia que padecían su hermana y él– ¡no me importa quién sea, le romperé la cara al maldito piloto de ese robot!

Con heroísmo; un heroísmo que pasará inadvertido ante la magnitud de los acontecimientos que impactaron a la capital nipona, Toji vio su esfuerzo dar frutos cuando con un último empujón, nutrido por la adrenalina corriendo en sus venas, aquel trozo de concreto cayó con pesadez al devolverle su libertad a Sakura. Aún así, no hubo ninguna celebración ni festejo, no había motivos para hacerlo.

Llevando a Sakura en sus brazos, caminando hacia el agujero que aquel demonio púrpura creó al perforar el búnker, Toji ignoró el agotamiento muscular que lo azotaba, desesperado, ahora, por hallar alguna fuente lumínica que le permitiese comprobar el estado de su hermana. Si bien la electricidad en el refugio nunca regresó, el alumbrado público en la superficie, milagrosamente, todavía funcionaba.

Ya no pudiendo dar ni un paso más, cayendo arrodillado ante el duro y áspero asfalto, Toji bajó su mirada hacia Sakura viéndola inconsciente, pero con vida. Su pierna destrozada, sangrando con abundancia, lo hizo casi llorar al temer que no se recuperase. No obstante, una súbita sucesión de temblores le impidió a Toji expresar su agonía, forzándolo, sin que pudiese evitarlo, a levantar la cabeza.

Delante de él, avanzando a un ritmo lento en su dirección, aquel robot morado era coronado por numerosas ráfagas de fuego y humo, las cuales, dándole la apariencia de una criatura amenazante y diabólica, propia del mismísimo averno, se apagaron al quedarse inmóvil a varias calles de distancia. Ahí, sin temor a equivocarse, Toji juraría que los ojos brillantes de esa monstruosidad se clavaron en él.

Pese a eso, negándose a mostrar la más ínfima muestra de miedo o terror ante esa dantesca bestia, Toji, prometiéndose a sí mismo que lo sucedido no se quedará en el olvido, endureció sus facciones antes de desmayarse perdiendo el conocimiento. La próxima vez que despertase, encontrándose en un hospital muchas horas después, la idea de cobrar venganza seguirá latente en sus pensamientos.

– Pueden salir al receso, nos veremos de nuevo en veinte minutos para la siguiente lección.

Escuchando la monótona y aburrida voz de su maestro, Toji, despertando de su letargo, hizo a un lado sus recuerdos para verse en el presente. Siguiendo al profesor, murmurando sobre el incidente que sacudió a la ciudad tres días atrás, los escasos alumnos que se presentaron a clases salieron del salón. Sin embargo, uno de ellos, siendo la cara nueva, se mantenía en silencio sin pronunciar ni una palabra.

– Toji, acompáñame a la cafetería–Kensuke, quien siempre era su fiel amigo y acompañante, le habló al ponerse de pie mientras buscaba un poco de dinero en sus bolsillos–me muero de hambre, vamos a comprar algo de comer.

Kensuke, quien esperaba la usual reacción entusiasta de Toji ante su solicitud, se quedó pasmado al ver que esta jamás se dio; al contrario, manteniendo una seriedad anormal en él, Kensuke presenció cómo Toji se levantaba de su silla sin tan siquiera mirarlo. Siendo obvia la razón de dicho comportamiento, Kensuke, no haciendo preguntas, optó por acompañarlo intuyendo muy bien lo que estaba por suceder.

Al recorrer los pasillos casi vacíos de la escuela, encontrando a quien buscaban deambulando sin rumbo como si estuviese inmerso en su propio mundo, tanto Toji como Kensuke, al seguirlo, tuvieron intenciones muy opuestas la una de la otra. Kensuke, ansioso por saber más de aquel robot, se moría por cuestionarle al chico recién llegado los aspectos técnicos y armamentísticos que lo conformaban.

A Toji, importándole un bledo las capacidades de batalla de aquel coloso mecánico, meramente deseaba liberar la rabia y coraje que ardía en su alma, la cual, como una ardiente tormenta iracunda, no se aplacaría hasta que recibiese una ofrenda digna de su furia. Por ende, con la imagen de su hermana hospitalizada y convaleciente reapareciendo en su mente, Toji apretó el paso al verlo detenerse.

Controlado por su enojo, habiendo perdido temporalmente la capacidad de razonar, Toji no imaginaba que la golpiza que sus puños estaban por desatar será el inicio de una de las amistades más valiosas que atesorará en su vida. Una amistad que, soportando la prueba del tiempo, le hará valorar a quienes tenía a su lado apoyándolo, llegando a encontrar, incluso, el amor. Todo aquello gracias a una noche de dolor.

Así pues, ignorando el significado que Shinji Ikari tendrá para él en los años por venir, Toji Suzuhara, sujetándolo de un hombro para hacerlo girar, se dispuso a destrozarle el rostro.

Fin

Hola, les agradezco por haber leído esta nueva historia. Antes de pensar en mi próximo fic Asushin, quise dedicarles un fic a Toji Suzuhara y a su hermana. Uno de los pocos aciertos que le reconozco a Rebuild es la participación más activa de Sakura que, a diferencia de la serie original donde ni siquiera aparecía, en las películas ella llegó a convertirse en una enfermera de Wille a bordo del Wunder.

Lamentablemente, la última película de Rebuild prefirió darle más importancia a escenas innecesarias de su trasero en vez de desarrollarla. Yo sé que este tipo de cosas ya sucedían en la serie original, el fanservice siempre ha estado presente en Evangelion, pero considero que en la entrega final de Rebuild abusaron demasiado de ello. Y no olvidemos la escena del intento de matar a Shinji por parte de Sakura.

Aunque de esa escena me gustó el debate moral que Sakura planteó: Shinji era tanto su salvador como el responsable de sus desgracias. Pudieron haber desarrollado de ese conflicto de mejor forma, pero no, a Hideaki Anno le importó más hacer acercamientos ridículos al trasero de Sakura, destrozando, completamente, la tensión y el drama creado. En fin, tal vez intente, en el futuro, reescribir esa escena.

Sobre Toji, como lo expresé en el fic, su amistad con Shinji tuvo un comienzo muy malo que dio la impresión de ni siquiera llegar a existir, pero gracias a la empatía que experimentó Toji al ver con sus propios ojos el sufrimiento que Shinji padecía al pilotear, él pudo comprenderlo mejor volviéndose uno de los amigos más queridos que Shinji poseyó tanto en NGE como en Rebuild.

Eso me lleva a achacarle a Rebuild otra cosa que no me gustó: la ruptura tan forzada que sufrió la amistad de ellos dos. A mí me molestó que Shinji ni siquiera se despidiera de Toji y Hikari, quienes, en la primera parte de la última película, le brindaron su apoyo para hacerlo sentir mejor. Esa idea de romper con todas las amistades y vínculos afectivos para "avanzar", honestamente, me resulta algo horrible.

Es verdad que en la vida se suele encontrar a personas que sólo nos hacen daño, a esas personas definitivamente sí hay que dejarlas atrás, pero a las buenas amistades que nos apoyan y quieren no se les deben desechar como si no valieran nada. Considero que ese mensaje de abandonar todo para "madurar y progresar" que plantea la última cinta de Rebuild es una noción equivocada y terrible.

Creo que ya me fui demasiado por las ramas, muchas gracias por leer y hasta la próxima.

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